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Proceso de Convalidación Matrimonial

¿CÓMO PODEMOS CASARNOS POR LA IGLESIA CATÓLICA?

Consulten el artículo Detalles Prácticos para ver: Principales pasos para la Preparación del Matrimonio, Documentos y requisitos, Para que el matrimonio eclesial sea válido a nivel Civil, Exámenes Médicos Prenupciales y Presupuesto para la Boda.

Somos una pareja de novios y nos queremos casar, ¿qué debemos hacer?

Ya vivimos juntos en unión libre, y nos queremos casar, ¿qué debemos hacer?

Ya nos casamos por lo civil, ¿cómo podemos recibir la bendición de la Iglesia para nuestro matrimonio?

  • ¡Felicidades! La Iglesia Católica les ofrece el proceso de convalidación que les ayudará a obtener el Sacramento del Matrimonio. A continuación, se explica el proceso. Otros artículos que los podrían ayudar son: ¿Por qué casarse?, El Compromiso.
La convalidación es el proceso de casarse por la Iglesia Católica cuando ya se casaron, pero no fue un matrimonio válido en la Iglesia. Un ejemplo común es cuando uno o dos católicos bautizados se casaron solamente por lo civil. El proceso de convalidación matrimonial es un proceso que les ayudará a convalidar su unión y recibir el Sacramento del Matrimonio por la Iglesia Católica. No es simplemente una "bendición" de una unión existente. En los ojos de la Iglesia es el comienzo del matrimonio. Requiere que se realice una nueva alianza de consentimiento libre.
El Código de Derecho Canónico de la Iglesia normalmente requiere que los católicos romanos bautizados se casen ante un sacerdote o diácono dentro de una Iglesia Católica. A menos que hayan recibido una “dispensa de la forma canónica”, los católicos que intercambian sus votos en presencia de ministros de otras tradiciones religiosas o funcionarios civiles no se consideran válidamente casados en la Iglesia Católica. Por lo cual, la Iglesia Católica les exhorta e invita a darle un nuevo sentido a sus vidas al aceptar la vocación del sacramento del matrimonio.
Tengan en cuenta que la forma canónica de matrimonio se requiere solo cuando el matrimonio involucra al menos una persona católica. Si su matrimonio se formó entre dos no católicos y, en consecuencia, se celebró fuera de una ceremonia católica, no necesitan buscar la convalidación, incluso cuando una o ambas personas estén ingresando a la Iglesia. El matrimonio se considera válido ya que el formulario era apropiado para su estado en ese momento.
Al igual que con la preparación del matrimonio, algunos de los detalles ceremoniales dependerán de la pareja individual. Pero una convalidación es una verdadera celebración del matrimonio, por lo tanto, sigue el Ritual del Matrimonio de la Iglesia Católica. Ya sea que el rito se lleve a cabo dentro o fuera de la Misa, incluye una Liturgia de la Palabra (lectura de las Escrituras y homilía), Oraciones de los Fieles, el Rito del Matrimonio, Padre Nuestro, Bendición Nupcial y Bendición Final y Despedida. Las convalidaciones suelen ser mucho más sencillas que otras bodas en cuanto a los demás detalles ceremoniales (número de asistentes, vestimenta, música, etc.), pero debe haber al menos dos testigos además del sacerdote o diácono.
  1. Contacten a su parroquia local y hagan una cita con su párroco o su delegado para discutir situación y determinar qué se debe hacer.
  2. Obtengan una copia reciente del certificado de bautismo católico para ambos. Haga esa solicitud a la parroquia donde cada persona fue bautizada. Si la parroquia ya no existe o los registros de bautismo no están disponibles, comuníquese con la oficina de la Cancillería de esa diócesis católica para obtener ayuda.
  3. Comiencen a recopilar toda la documentación necesaria para la investigación prenupcial.
  4. Participen en sesiones formativas con una pareja de mentores, sacerdote o diácono en la parroquia para prepararlos para el matrimonio sacramental; tomen una clase de planificación familiar natural (Buscar una clase local).
  5. Si hay un matrimonio católico anterior para cualquiera de las partes, busque una declaración de nulidad de la Iglesia siguiendo las recomendaciones de su párroco o delegado.
  6. Como parte de sus sesiones formativas, se le puede pedir que complete un inventario pre matrimonial para identificar las fortalezas y áreas de crecimiento en la relación.
  7. Si están casados civilmente por dos años o menos, se recomienda asistir a un programa parroquial o diocesano de preparación para el matrimonio. Cada diócesis tiene normas distintas sobre esto. Si se ha casado anteriormente, hay que platicar con el sacerdote o su delegado las opciones de preparación especializada.
  8. Si están casados civilmente o viven en unión libre por más de dos años, es muy recomendable que asistan a un fin de semana o evento de enriquecimiento matrimonial. Cada diócesis tiene normas distintas sobre esto.
  9. Determinen la fecha y el tipo de ceremonia más adecuado. Para dos católicos, se sugiere una Misa nupcial para que la primera comida compartida por los novios sea la Eucaristía, fuente y cumbre de nuestra fe. Planifiquen una reunión o fiesta familiar en seguida del servicio litúrgico para celebrar el matrimonio por parte de la Iglesia.
  10. Celebren el Sacramento de la Reconciliación y participen activamente en su comunidad parroquial.
Si existe un matrimonio católico anterior para cualquiera de los dos cónyuges, es necesario que la Iglesia Católica haya emitido una declaración de nulidad (también llamada anulación) del matrimonio anterior o que el cónyuge de la unión anterior haya fallecido para así poder casarse por la Iglesia.

Nota: Este texto es una descripción básica del proceso de convalidación matrimonial. Es basado en el contexto de los Estados Unidos. Debido a que la situación de cada pareja es única y el proceso puede variar de una parroquia a otra, de una diócesis a otra y de un país a otro, las personas interesadas en casarse en la Iglesia Católica, obtener una convalidación matrimonial y/o una declaración de nulidad deben hablar primero con su párroco para obtener orientación personal y específica.

Segundos Matrimonios

¿Cuándo se puede casar por segunda vez un(a) católico(a)?

Para casarse en la Iglesia católica, una persona católica tiene que estar en un estado de libertad para contraer el matrimonio. Hay que consultar con un sacerdote sobre su caso específico. Algunos ejemplos comunes de posibles segundos matrimonios serían:

  • Cuando un viudo o viuda, constituye una nueva pareja y desea casarse con ella.
  • Cuando una persona o las dos, estuvieron casadas solamente por vínculo civil (no sacramental) y disolvieron su vínculo anterior mediante un divorcio, y ahora contraerán matrimonio eclesiástico (sacramental).
  • Cuando una persona de la pareja o los dos, que estuvo casada por la Iglesia, obtuvo la anulación eclesiástica (a través de un tribunal de la Iglesia) del vínculo matrimonial que tenía con una pareja anterior, y desea ahora hacer de su nueva relación un sacramento.
  • Cuando una persona de otra religión cristiana o de otro culto ha disuelto su vínculo anterior ante un tribunal de la Iglesia y desea ahora contraer matrimonio sacramental con una persona católica en estado de libertad.

¿Los divorciados se pueden volver a casar en un templo parroquial?

El divorcio como tal no existe en el concepto de matrimonio de la Iglesia Católica puesto que el vínculo que une a los esposos es indisoluble, como es irrompible el amor de Jesús por la humanidad y su Iglesia, que el sacramento del matrimonio representa. Lo único que hace que una relación matrimonial-sacramental anterior quede disuelta es que la misma Iglesia pueda probar que, por unas circunstancias claras, el vínculo anterior no fue nunca un matrimonio como tal (Véase Declaración de Nulidad). En estos casos el proceso es conocido como “anulación” o “declaración de nulidad/invalidez” y permite que las personas de este vínculo disuelto puedan casarse de nuevo, de forma válida con una pareja diferente.

El divorcio es un proceso civil que se lleva acabo frente a un tribunal civil y disuelve sólo el vínculo civil que unió a una pareja.

¿Qué es una Convalidación o bendición nupcial?

La convalidación es el proceso de casarse por la Iglesia Católica cuando ya se casaron, pero no fue un matrimonio válido en la Iglesia. Un ejemplo común es cuando uno o dos católicos bautizados se casaron solamente por lo civil. El proceso de convalidación matrimonial es un proceso que les ayudará a convalidar su unión y recibir el Sacramento del Matrimonio por la Iglesia Católica. No es simplemente una “bendición” de una unión existente. En los ojos de la Iglesia es el comienzo del matrimonio. Requiere que se realice una nueva alianza de consentimiento libre.

Para más información lean este artículo: Proceso de Convalidación Matrimonial

Recomendaciones

No se pueden predecir todos los problemas que pueden surgir durante un segundo matrimonio. Los segundos matrimonios implican realidades y ajustes muy diferentes a los matrimonios por primera vez, sobre todo cuando hay hijos de por medio (Véase Hijos propios e hijos de mi pareja).

Si el anterior cónyuge y los hijos viven en otro país, es especialmente importante preguntar qué apoyo tienen. Muchas veces el divorcio civil, especialmente si se obtiene aquí, no enfatiza adecuadamente estos asuntos. La Iglesia tiene una responsabilidad particular de ver que la gente no sea forzada a la pobreza debido al abandono de un ex cónyuge: La Iglesia establece que los padres tienen la responsabilidad de proveer una educación católica a su descendencia. Esto se aplica para niños y niñas nacidos de cualquier unión, puesto que es una responsabilidad paterna.

Cursos importantes:

Muchas diócesis recomiendan que la pareja tome el inventario prematrimonial FOCCUS (Véase Inventario Pre-Caná) y asistan a un encuentro pre-matrimonial especial u otro programa de preparación matrimonial que se les indique, aparte de la preparación que el Sacerdote, Diácono o persona encargada hará con ellos.

Documentos necesarios:

  • Certificado de Bautismo católico recién emitido (dentro de los últimos seis meses) con todas las anotaciones apropiadas, incluida la fecha y el lugar de la Confirmación.
  • Certificados de Primera Comunión y Confirmación (Fotocopias pueden ser suficientes. En algunos países, la comunión y la confirmación aparecen anotadas en el certificado de Bautismo).
  • El no-católico deberá traer algún record o información que compruebe su bautismo cristiano; dos testigos confiables (de preferencia padres, hermanos o hermanas) por cada uno de los que van a casarse.
  • Si el no-católico estuvo casado antes por un matrimonio de su Iglesia, la Iglesia reconoce la importancia de dicha unión y pide se haga una especie de disolución eclesial de dicho vínculo previo, ante un tribunal de la Iglesia. Consulten con el sacerdote de su parroquia sobre esto.
  • Si alguna de las partes es viudo(a), deberá presentar un certificado de defunción del anterior esposo o esposa.
  • En caso de haber recibido una anulación de un vinculo previo, el decreto de nulidad.
  • Una licencia de matrimonio emitida por el estado.

Otros artículos relacionados: Proceso de Convalidación Matrimonial, Declaración de Nulidad, Planeando una Boda Católica

 

Nota: Este texto es una descripción básica de los segundos matrimonios. Es basado en el contexto de los Estados Unidos. Debido a que la situación de cada pareja es única y el proceso puede variar de una parroquia a otra, de una diócesis a otra y de un país a otro, las personas interesadas en casarse en la Iglesia Católica, obtener una convalidación matrimonial y/o una declaración de nulidad deben hablar primero con su párroco para obtener orientación personal y específica.

Lecturas bíblicas para la liturgia nupcial

Lecturas de la Sagrada Escritura para la liturgia nupcial

Las lecturas en la liturgia de una boda católica son una proclamación de la Palabra de Dios y de la fe de la Iglesia sobre el matrimonio. Por esta razón, se limitan a lecturas de la Sagrada Escritura (la Biblia). Hay nueve opciones para la primera lectura del Antiguo Testamento, catorce opciones para la segunda lectura del Nuevo Testamento y diez opciones para el Evangelio. Se elige una de cada una de estas categorías.

Puede resultarle útil reflexionar en oración sobre cada lectura y elegir las que hablan de sus esperanzas y sueños para su matrimonio cristiano. Los enlaces que aparecen a continuación incluyen las opciones de lectura en su totalidad, así como los comentarios para proporcionar algo de contexto y destacar los temas clave de cada lectura.

Opciones para las lecturas de una Boda Católica:

Lecturas del Antiguo Testamento

Salmos Responsoriales

Lecturas del Nuevo Testamento

Lecturas de los Evangelios

Para más información sobre cómo se utilizan la Sagrada Escritura durante la Misa, visite este artículo sobre la escucha de la Palabra de Dios o la página de Liturgia en el sitio web de la USCCB.

¿Nos casamos?

Con cuanta ilusión llegamos a la contestación de esta pregunta. Después de 18 meses de pensarla y volverla a pensar con actitud reflexiva, jamás paso por nuestra mente que podíamos fracasar. Todas las parejas tienen ilusiones cuando llegan al matrimonio, y realmente no piensan en la posibilidad de un fracaso. De otra forma seria mejor no casarnos. Todas las parejas llegan al matrimonio porque quieren ser feliz en él. Nos casamos para ser felices. El papa Francisco dice “Seamos sinceros y reconozcamos las señales de la realidad: quien esta enamorado no se plantea que esta relación pueda ser solo por un tiempo; quien vive intensamente la alegría de casarse no esta pensando en algo pasajero…” [1]

Llegamos al matrimonio cargados de ilusiones, dos mundos, dos pensamientos, dos sentimientos, pero un solo ideal; encontrar la felicidad juntos. Como nos dice el papa Francisco “El amor nos lleva a una sentida valorización de cada ser humano, reconociendo su derecho a la felicidad”[2]. Para llegar a la plenitud del amor tenemos que romper prejuicios, de tal forma que se puedan establecer nuevas formas de comunicación que nos lleven a la comprensión del otro. Abriendo nuestros corazones, y dejándonos descubrir cómo somos. Honestidad y sinceridad son las mejores aliadas para encontrarme con el otro. No dejándome llevar por la negatividad y entrar en una competencia, que será una piedra de tropiezo al bien que buscamos.

Tengo la tarea de preocuparme por entender a mi pareja, dándole la oportunidad de que entre a mi vida y se enriquezca con lo mejor. Lo positivo de mi pensamiento, llevándole esperanza, sin olvidar que las diferencias que podamos tener se pueden llevar con amor, para que así alcancemos un mutuo enriquecimiento. Cuando yo comprendo al otro, estoy poniendo mi capacidad de convivencia y de relación.

El matrimonio este sujeto a nuestros ideales y todo lo que podamos pensar, sabiendo que vale la pena el esfuerzo y las energías.   ¿Qué es lo que quiero? ¿A dónde quiero llegar? Preguntas valiosas y válidas para no perder el sendero de nuestro norte. No nos podemos acobardar ante los retos, que llegaran, sino mirarlos de una forma serena, con la frente en alto y reconociendo que la familia ideal se construye y se modela desde los valores y la capacidad de superación.

Una vez mas tenemos que poner nuestro matrimonio y familia por encima de cualquier conflicto, no permitiendo que nos lleve a la oscuridad y a callejones que no tienen salida. Nos dice el papa Francisco “El dialogo es una forma privilegiada e indispensable de vivir, expresar y madurar el amor en la vida matrimonial y familiar. Pero supone un largo y esforzado aprendizaje,”[3]. Saldremos airosos de los problemas si nos damos al dialogo y comprensión. No podemos dejar que lo negativo domine nuestros sentimientos. Mas bien, poner nuestra fe en Dios y confianza en lo valioso de nuestra familia. Así pidiéndole a Dios que derrame luces para que traiga nueva esperanza ante la vida.

Hay que tener presente que toda persona se casa para ser feliz. Esperando que los problemas se conviertan en retos, que nos lleven a madurar en la relación. Crisis superada, madurez y felicidad encontrada.

 

Autores: Olga y Ramon Tapia

 

[1] Amoris Laetitia 123.

[2] Ibid 96.

[3] Ibid 136.

Realidad del matrimonio hoy

Por Dora Tobar, PHD

Los datos de la realidad:

En general, se puede decir que para los hispanos el matrimonio es una realidad deseada y practicada en un alto grado. Según las estadísticas de la Oficina del Censo de los Estados Unidos (2007), el 67%  de las familias hispanas residentes en Estados Unidos está constituido por una pareja casada con hijos menores de 18 años. También, comparados con el resto de la sociedad, las cifras de divorcios o separaciones no son tan altas, ya que 66% de esos hijos reportaron vivir con sus dos padres.

Con todo, cuando vemos las cifras de los matrimonios católicos como tal constatamos con tristeza que son mucho menos los hispanos católicos que  los católicos blancos no-hispanos que viven bajo el sacramento del matrimonio (el 64%, comparado con el 82%). Asimismo, el porcentaje de los católicos hispanos que se divorcian es mayor que el de los no-hispanos (27% comparado con el 13%) y el número de los que nunca se han casado es del 6%, comparado con el 1% de los no-hispanos (Véase: CARA, Marriage in The Catholic Church: A Survey of U.S. Catholics, October 2007, Pág. 28).

Esta situación puede tener diferente causas:

  • Por un lado, podemos decir que, si bien la Buena Nueva del Matrimonio llegó a los países hispanos con el anuncio del Evangelio, las barreras culturales y sociales, desde épocas de la colonia, hicieron creer a muchos que el matrimonio era un privilegio merecido sólo por los señores y “las señoritas”. Por eso, entre muchos jóvenes sencillos o de origen campesino se formó la “tradición”, en cierto modo aún vigente, de “irse a vivir juntos” o “acompañarse,” aunque esto sometía su relación y sus hijos a la “ilegalidad”. Por eso es fácil ver que todavía hoy, en ciertos sectores de la población hispana se ve “normal” el irse a vivir juntos en vez de pensar primero y sobre todo en el “matrimonio.”
  • Junto al influjo ancestral de esta tradición negativa, y en tiempos más recientes, los jóvenes hispanos han visto también amenazada su  fe e ilusiones por un amor indisoluble desde dos corrientes: el secularismo y el relativismo. El primero, el secularismo, desde su visión anti-religiosa de la realidad, despoja al sexo y al matrimonio de su valor sagrado y los reduce a ser sólo una expresión natural de los sentimientos humanos, donde el sacrificio, la entrega total y la fidelidad indisoluble, suenan a cosas de abuelas y dejan de ser retos deseables y características inherentes al verdadero amor.
  • Igualmente, el relativismo, fruto en gran parte del anti-testimonio de millones de parejas que terminan su matrimonio en divorcios o que hacen de su convivencia una realidad conflictiva, ha llevado a los jóvenes a desconfiar del valor perenne de las promesas matrimoniales hechas ante el altar e incluso ante un juez. En consecuencia, y en contradicción con sus mismos ideales de un “amor libre y sin barreras”, quienes renuncian al matrimonio terminan arriesgando su amor en la inestabilidad y desconfianza de la “unión libre o cohabitación” y, sobre todo, hacen que sus hijos sufran las consecuencias de su falta de responsabilidad y compromiso.
  • Así por ejemplo, como los muestras las estadísticas, el 42% de todos los niños hispanos nacidos en Estados Unidos en el 2006 son hijos de madres solteras. En contraste, sólo el 26% de los niños blancos y el 13% de los asiáticos nacieron de madres solteras (Véase: Pew Hispanic Center, Statistical Portrait of Hispanics in the United States, 2006, Tabla 11).
  • Esta realidad está alarmando a las entidades del gobierno por cuanto significa poner en riesgo la institución del matrimonio, base de la familia y de la sociedad (Véase: Pew Research Center Publications, As Marriage and Parenthood Drift Apart, Public is Concerned about Social Impact”, July 1, 2007). Y alarma también a la Iglesia que siempre se ha pronunciado sobre los riesgos y males que trae vivir la sexualidad y el amor de pareja fuera del vínculo estable y bendecido del sacramento del matrimonio (Véanse nuestras secciones Sexualidad y cohabitación y Unión libre o cohabitación).
  • Sin embargo, nada ha afectado tanto los matrimonios hispanos residentes en Estados Unidos como las condiciones actuales de la migración: La separación geográfica de la pareja, la soledad, el no poder estar con los hijos, la falta de buena comunicación y las crisis normales por la cuales pasa la familia desde cuando comienza a planear la migración ponen a los matrimonios de los migrantes retos mucho mayores que los que normalmente enfrenta una pareja en la construcción y desarrollo de su relación matrimonial (Véase Problemas por la migración).

Los factores que pueden estar amenazando tu matrimonio no son más fuertes que la gracia y beneficios que el matrimonio aporta y por los cuales vale la pena esforzarse y luchar.

Con todo, es importante recordar que estos factores que pueden estar amenazando tu matrimonio no son más fuertes que las gracias y beneficios que el matrimonio aporta y por las cuales vale la pena esforzarse y luchar. Así lo mostraremos en nuestras siguientes secciones (beneficios para la salud, para los hijos, para la economía, para el amor, entre otros).

Y si estás viviendo las consecuencias de la migración te invitamos a ver las viñetas de nuestra sección Historias con final feliz y a buscar alimento para tu amor en Elementos para un matrimonio feliz, así como en Sentido y propósito del matrimonio católico.

Las soluciones que buscas

 Por Alba Liliana Jaramillo (Psicóloga)

En la vida sexual

¿Cuándo y cómo comienzan los problemas sexuales?
Otoniel y Carmenza son un matrimonio que lleva 5 años de casados y durante este tiempo no han hablado de sus necesidades sexuales y esta situación está generando, sobre todo a Carmenza, sensaciones de  apatía y rechazo cada vez que su esposo le propone hacer el amor. Este y muchos casos parecidos dejan ver que en gran proporción las dificultades que los esposos encuentran en su comunicación corporal o sexual tiene que ver también con las dificultades para comunicarse a través de la palabra. El diálogo es entonces clave.

La sexualidad es sin duda un aspecto muy importe en la vida de un matrimonio pues genera muchos dinamismos que colaboran con el desarrollo y fortalecimiento de la relación conyugal. Lograr por tanto un buen nivel de diálogo corporal es importante. Por eso se recomienda tener en cuenta:

  • La sexualidad ocupa un lugar primordial en la vida matrimonial. Se debe evitar por eso que el afán por el trabajo, los problemas domésticos o las preocupaciones por los  hijos la afecten.
  • Durante la etapa de crianza de los hijos y de mucho trabajo, los esposos deben escapar de vez en cuando de la rutina, buscar quién se encargue de los niños por unas horas y planear un momento romántico “solo para ellos”.
  • Los dos deben decidir, de común acuerdo cuándo tener relaciones, teniendo en cuanta el estado de ánimo cada cual y su uso responsable de la planificación natural.
  •  La sexualidad comprende todos los gestos, palabras y actitudes que facilite expresar, mediante nuestro cuerpo, el afecto, respeto y atención por el otro. Por eso no se reduce a los gestos en la cama sino que incluye y comienza con los detalles, el ambiente de buena comunicación y de solidaridad en la vida diaria.
  • La sexualidad es una forma de expresar y celebrar el amor. Por eso, supone que el amor en general se esté alimentando mediante actitudes de confianza, entrega y deseos de agradar al otro. No se puede por eso llegar a la intimidad de la alcoba bravos, con resentimientos o miedos que el diálogo previo no haya resuelto.
  • Durante la relación sexual cada miembro del matrimonio debe expresar abiertamente cuales son sus necesidades sexuales, así como lo que le agrada y le desagrada. De esta forma los dos sentirán que han sido satisfechos. Y concluida la relación, debe también haber espacio para la comunicación abierta, que permita conocer el grado de satisfacción que cada uno logró.
  • Así como la intimidad en las conversaciones va creciendo, también la intimidad en la relación sexual debe estar abierta a la posibilidad de que los esposos crezcan en el conocimiento mutuo de sus cuerpos, descubran cada vez mejor lo que más agrada al otro y les permita romper la rutina de los gestos.
  • Es importante llegar a la relación sin estrés por las responsabilidades externas a la relación,  y sin la presión de pretender que el sexo debe ser perfecto. Se debe hacer de ese momento un verdadero espacio de intimidad donde cada cual escuche las necesidades del otro, respete su ritmo y preferencias  y lo acompañe, con paciencia y delicadeza, hasta su satisfacción.

Más sobre este tema en Intimidad y sexualidad. Algunos libros: Zig Ziglar , Cómo hacer que el romance no muera con el matrimonio. Ed. Norma, 1991; Hendrix Harville Amigos y amantes: la relación de pareja ideal. Editorial Norma 1991; Dagmar O´Connor , Cómo hacer el amor con la misma persona por el resto de su vida y con el mismo entusiasmo, Ed. Planeta, 1989

En el manejo de las finanzas

El caso de Antonio y María:
Ellos son un matrimonio que llevan dos años de casados, con unos ingresos suficientes para suplir sus necesidades económicas, sin embargo, desde novios cada uno respondía por sus propios gastos y nunca hablaron cómo, una vez casados, manejarían su dinero. Ahora hay conflictos permanentes, porque ninguno de los dos se pone de acuerdo en lo que cada uno debe pagar y en las responsabilidades que deben asumir.

Para tener en cuenta:
El manejo de las finanzas es fundamental en la vida cotidiana, y por tanto también en la convivencia matrimonial. Por eso se recomienda:

  • Tener un solo fondo común, donde ambos aporten todo lo que ganan y poseen.
  • Hacer una lista de los compromisos económicos que han adquirido como esposos, así como las proyecciones, de acuerdo al nivel económico que se tenga.
  • El fondo común debe ser manejado por aquel miembro del matrimonio que demuestre mayores habilidades financieras y disciplinarias para hacerlo.
  • En ningún momento el que gane más debe hacer sentir que tiene privilegios en las decisiones y manejo del dinero.
  • Quien maneje el fondo debe consultar siempre al otro sobre una inversión extra e informar periódicamente al otro sobre el estado de las cuentas.
  • Se debe dejar un porcentaje para los gastos individuales de cada uno de los esposos. Así se permite a una cierta independencia para que cada cual supla sus necesidad básicas y sus gustos personales.
  • Cuando haya puntos de vista diferentes frente al manejo del dinero es muy importante que, juntos, escuchen lo que cada uno piensa con respecto al dinero y traten de llegar a acuerdos donde el resultado sea “Ganar-Ganar” para ambos.
  • Si estos acuerdos no son posibles, se hace necesario buscar ayuda especializada (que ojala no sea un pariente) que medie y facilite solucionar este conflicto.

Más consejos y cómo realizar un presupuesto en El manejo de las finanzas, Las finanzas: Presupuesto Familiar.

Lectura complementaria: Victoria Collins, Mi dinero, tu dinero, nuestro dinero: cómo resolver los conflictos del dinero en la vida de pareja. Ed. Norma. 1991

La vida de fe en matrimonio

El caso de Hernando y Mariana:
Los dos pertenecen a la misma religión, pero la manifestación de la fe de cada uno es distinta. Hernando viene de una familia muy religiosa, donde su fe se manifiesta a través de la oración, la celebración de los sacramentos, el apostolado, entre otros. Mariana, en cambio viene de una familia poco practicante. Esto ha generado conflictos, porque Mariana es apática frente a todas las invitaciones que le hace Hernando para participar en la parroquia.  Además cuando Hernando piensa en tener hijos, esta situación lo frena, porque para él, el compartir con los hijos sus creencias y su fe es primordial.

Recomendaciones:

  • La fe es muy importante en la vida de una persona y puede dar grandes beneficios a los esposos cuando se comparte y se manifiesta en prácticas comunes.
  • Sin embargo, no es necesario que los dos tengan el mismo credo  ni manifiesten el mismo interés por la vida espiritual para que puedan tener un buen matrimonio. Lo importante es que cada cual, movido incluso por su fe y caridad,  respete la religión y el proceso espiritual del otro (Véase, Catecismo de la Iglesia Católica, 1634).
  • El diálogo inter-religioso al interior de un matrimonio debe llevarlos a desarrollar y apoyarse mutuamente en el desarrollo de lo que les es común en su fe, y a respetar sus diferencias (CIC, 1636).
  • Ciertamente el mayor problema se presenta en cuanto a la formación cristiana de los hijos. Los esposos deben entonces recordar que, en la celebración de su matrimonio se pidió expresamente que los hijos sean formados en la fe católica. Este acuerdo debe entonces hacer que quien sea realmente practicante asuma la responsabilidad de la formación religiosa, y que el otro cónyuge respete y apoye este proceso (CIC, 1635).
  • En algunos casos, la persona que tiene una mayor fortaleza y conocimiento de la fe, puede también indagar si detrás de la apatía religiosa o rechazo de la fe del cónyuge se esconde un desconocimiento o incluso una tergiversación de muchos aspectos de la religión. Este diálogo franco puede permitir la intimidad y comprensión que facilite incluso el inicio de una conversión y de un camino mutuo hacia la fe.
  • Finalmente, la Iglesia invita también a los esposos practicantes a que oren para el Señor los sostenga en su amor y en su testimonio y para que sus oraciones puedan preparar al cónyuge no creyente a recibir la gracia de la conversión (CIC 1637).

Más sobre este tema en En Proceso de devenir en una sola alma y Matrimonios Mixtos.

La relacion con la familia de mi esposo(a)

El caso de Augusto y Carolina:
Augusto y Carolina se enamoraron perdidamente y a los dos mese de conocerse resolvieron casarse. Después de varios meses de estar casados cada uno empezó a percibir grandes diferencias en el trato y en la manera de ser de los miembros de la familia de su esposo(a). Carolina además comentó con su familia algunos conflictos que empezaba a tener con Augusto.  Esto generó rechazo de su familia hacia Augusto, y sin darse la ocasión de conocerlo por ellos mismos, se hicieron ideas sobre él a partir de los que Carolina les decía.

Recomendaciones:

  • Aceptar a una persona en matrimonio implica necesariamente entrar en relación con su familia y con la forma de ser de esa familia.
  • Cada uno de nosotros hereda comportamientos, formas de pensar y reacciones emocionales provenientes de la familia donde crecimos. Es natural por eso que tengamos diferencias que se manifiestan en la convivencia (Véase, Gelasia Marquez, Las marcas de nuestros padres y nuestra cultura).
  • Precisamente porque cada familia ve las cosas desde su punto de vista, no se debe involucrar en las crisis o conflictos del matrimonio a ninguno de los miembros de la familia, ni política, ni de consanguinidad, pues esto casi siempre lleva a tomar posiciones radicales que, en vez de ayudar al esposo(a), en la mayoría de los casos generan distorsiones de lo que realmente está pasando en la relación.
  • Los esposos deben tener siempre presente que primero esta su relación matrimonial y después están todas las demás relaciones, incluso las familiares. Por eso es muy importante tener presente que el matrimonio que conforma un nuevo hogar , debe hacerlo a partir de las convicciones y costumbres, que ambos decidan, desde el momento de casarse. Las costumbres y convicciones de sus respectivas  familias, solo deben ser incorporadas, cuando ambos estén de acuerdo y vean la conveniencia para hacerlo. Así no se presentaran discusiones como “es que en mi casa se hacia de esta o tal manera”, sino, “así lo hacemos en nuestro nuevo hogar”.

Cuando se presenten conflictos y crisis en el matrimonio es necesario buscar ayuda externa que permita a los esposos ver otros puntos de vista y encontrar otras formas de solucionar el conflicto.

El balance familia-trabajo

El caso de Juanita y José Manuel
Aunque Juanita y José Manuel llevan apenas dos años de casados, ya casi ni si ven y su tiempo para compartir es muy reducido. Ambos trabajan en dos horarios laborales que no coinciden y por lo tanto, mientras el uno termina una primera jornada de trabajo, el otro la empieza. En consecuencia, el poco tiempo que tienen para verse lo tienen que emplear en resolver situaciones cotidianas y conflictos que se han creado por la falta de comunicación. No hay espacio para salir un poco juntos a descansar de la rutina y la vida íntima ha casi desaparecido.

Elementos a considerar:

  • La vida matrimonial necesita ser nutrida permanentemente para que ésta no empiece a morir, pues el amor es una realidad que requiere constante creatividad y sobre todo, espacios de vida en común.
  • Cuando el trabajo empieza a ser la prioridad en la vida y las personas se dedican obsesivamente a él, la relación conyugal y la familia quedan relegados y acaban por ser realmente “abandonados”. Por eso esta situación ha terminado con muchos matrimonios.
  • En importante advertir igualmente que cuando el trabajo absorbe a una persona, lo más seguro es que empiece a presentar síntomas de estrés y enfermedad que pueden llevar a la persona a no responder adecuadamente a su trabajo. Así, se cae en un circulo vicioso, porque se empieza a trabajar más para no fallar, pero el mismo estrés lleva a fallar y enfermarse. Es decir, el trabajo, como todo lo que se vuelve obsesivo, puede convertirse en un vicio y debe ser tratado como tal.
  • Ante esta situación es importante que las personas en el matrimonio analicen dos factores:
    • ¿Hasta dónde realmente nos está afectando esta situación? ¿Qué aspectos de nuestra vida en común se están deteriorando por la falta de tiempo para compartir? Este diagnóstico les ayudará a tomar medidas.
    • ¿Por qué se ha dado esta situación? ¿Será que el trabajo se ha convertido en una forma para escapar de una situación que no hemos afrontado? ó, ¿Estamos tal vez demasiado apegados a un estilo de vida o a ambiciones que están primando sobre nuestra vida afectiva y de familia?

Más sobre este tema en Trabajo fuera y dentro de casa.

Para compartir las labores del hogar

El caso de Antonia y Gustavo
Antonia y Gustavo llevan 5 años de casados. Antonia siempre se queja que Gustavo no colabora en ninguno de los oficios domésticos y por el contrario, muchas veces le aumenta el trabajo doméstico  por el desorden que éste siempre deja en su habitación y después de comer. Esto los lleva a tener discusiones frecuentes al punto que cada vez más la relación gira alrededor de esta situación y dejan de comunicarse en muchos otros aspectos, porque este conflicto siempre sale a flote.

Recomendaciones:

  • El matrimonio es como una empresa que requiere un trabajo en equipo. Cada uno es responsable de aportar, incluso en aquellas cosas simples de la vida cotidiana, como el arreglo de la casa, ir al supermercado, pagar las cuentas, entre otros.
  • Se deben distribuir las labores del hogar de acuerdo al tiempo que cada uno permanece en él. Si solo uno sale a trabajar fuera del hogar y la otra persona trabaja en el hogar, el que sale a trabajar debe colaborar en los fines de semana para que quien trabaja en casa pueda sentir un alivio frente a sus obligaciones. Así mismo el cónyuge que sale a trabajar fuera debe colaborar entre semana no haciendo desorden, ni aumentando el trabajo para el otro.
  • Cuando ambos trabajen fuera del hogar se deben distribuir equitativamente las labores del hogar, para que ninguno sienta una carga extra. Estas labores se pueden incluso intercambiar cada semana o de acuerdo al tiempo que cada uno de los esposos considere pertinente. Así también, pueden encontrar cuales son las cosas en que cada uno se siente más a gusto y cuales son aquellas en que se tiene más habilidad, para sacarle provecho a este espacio para compartir las labores del hogar.
  • Pueden incluso elaborar un cronograma semanal, donde se establezcan prioridades y además, los fines de semana pueden adelantar ciertos oficios que hacen en los días de semana y esto también puede contribuir a no sentir una carga tan pesada después de sus horarios laborales.

Más sobre este tema en Roles en el matrimonio.

Las finanzas: Presupuesto Familiar

Por Valentín Araya

El matrimonio es un espacio que exige a los cónyuges compartirlo todo. Esto es, se comparten los cuerpos, los sueños, las actividades y tareas del hogar, las responsabilidades y proyectos; se comparten igualmente el tiempo, los momentos hermosos y los que no son tan hermosos y entre todo ello, se comparte también el dinero. Poder compartirlo todo hace que un matrimonio crezca con raíces fuertes y profundas.

Algunas parejas, envueltas en la magia del enamoramiento y la luna de miel, inician su matrimonio pensando que lo único que tienen que compartir son sus sentimientos, sus cuerpos y algunas otras cosas, y excluyen completamente la parte económica. Conozco incluso parejas con 5 y hasta más años de casados que todavía no han aprendido a compartir el dinero: Ella no sabe cuánto gana él ni qué hace con su dinero y viceversa. Mantienen cuentas de banco separadas; se dividen los gastos de la casa pero no logran hacer la comunión de bienes e intereses que les permita ser “una sola carne” (Gn 2,24).

La falta de una verdadera solidaridad y comunión de bienes puede terminar enfriando la relación e incluso destruyéndola. A continuación se exponen dos tipos de mentalidades que impiden la sana integración de las finanzas en el hogar, para luego hacer algunas recomendaciones.

Mentalidades que llevan a conflictos por las finanzas:

  1. Considerar el dinero como símbolo de poder. Es la mentalidad de quienes creen que las personas valen por lo que tienen, o por lo que pueden aportar. En consecuencia, el que tiene más o gana más se cree superior y con más poder. Cuando esta mentalidad se trae al matrimonio las parejas experimentan resistencias para compartir el dinero (Véase 1 Timoteo 6,10), desigualdades e injusticias que desequilibran el interior de la relación matrimonial.
  2. Actitudes machistas. Desde esta actitud se cree que el hombre es el que debe, no sólo ganar el dinero, sino también manejarlo y tomar todas las decisiones relacionadas con el mismo. En muy raros casos él y ella ganan la misma cantidad de dinero. Si el dinero de ambos no se pone en un fondo común, entonces quien gana más y aporta más a la economía del hogar podría, consciente o inconscientemente, percibirse como la persona con más derechos y por tanto, como la que debe tomar todas las decisiones relacionadas con dinero. Correlativamente esto puede poner en una situación injusta a la persona que no trabaja o que gana menos dinero.

Sugerencias para manejar el dinero en el matrimonio:

Es responsabilidad de cada pareja encontrar una manera sana y justa para manejar las finanzas en el matrimonio. Ciertamente no hay una sola manera. La clave está en buscar una, en la que los dos se sientan confortables para así reducir a un mínimo los conflictos en el matrimonio.

Permítanme mencionar una que ha trabajado muy bien en mi relación matrimonial y en otros matrimonios con los cuales trabajo. Me refiero específicamente a la elaboración y manejo de un  presupuesto familiar. Esta es una herramienta de gran ayuda para manejar sabiamente las finanzas.

Para realizar este Presupuesto Familiar se recomienda a las parejas que:

  1. Abran una sola cuenta de banco en donde se depositen todos los ingresos. Por ejemplo: Siéntense en pareja y apunten la cantidad mensual que cada uno de los dos gana. Apunten también otros ingresos provenientes de pensiones, rentas, etc. No dejen ningún ingreso sin listar. Sumen las cantidades para obtener el total de ingresos del matrimonio.
  2. Hagan una lista de todos los gastos mensuales. Por ejemplo: Ofrenda a la Iglesia, Pago de renta o hipoteca, seguros de la casa y carros, teléfonos, gas y luz, cable, Internet, impuestos sobre la casa, arreglos de casa, comida, pago y mantenimiento de carros, gasolina, ropa, gastos personales de ambos, cuidados médicos y medicinas, niñera, tarjetas de crédito, diversión, regalos, vacaciones, etc. Sume las cantidades para obtener el total de gastos mensuales del hogar.
  3. Obtengan el excedente. Réstenle al total de ingresos, el total de gastos mensuales, para obtener un excedente o dinero sobrante. De ese excedente, tomen una parte para gastos extras como educación, jubilación, ayuda a las familias, emergencias y cuenta de ahorros.
  4. Revisen su presupuesto periódicamente. Tengan en cuenta que las situaciones en el hogar son cambiantes. Por lo tanto, es necesario revisar el presupuesto familiar cada cierto tiempo.
  5. Es recomendable que uno de los dos sea el que escriba los cheques y se responsabilice de llevar las cuentas. Aun así, debe siempre informar al otro pues el hogar es de los dos y los dos son responsables y tienen el derecho de saber cómo va la situación económica.

Este manejo de las finanzas en el matrimonio reduce a un mínimo los conflictos relacionados con dinero.

Más sobre este tema puede verse igualmente en Las soluciones que buscas y Manejo de las finanzas.

Bibliografía complementaria: Victoria Collins, Mi dinero, tu dinero, nuestro dinero: cómo resolver los conflictos del dinero en la vida de pareja. Ed. Norma. 1991

Información y ayuda a matrimonios

Contacte a las Oficinas de Matrimonio y Vida Familiar de su diócesis. Ellos le informarán sobre recursos y programas que se estén ofreciendo en su región. En la página For Your Marriage de la USCCB puede encontrar un directorio de las oficinas de Matrimonio y Vida Familiar. La lista de todas las diócesis de los Estados Unidos y su información de contacto está disponible en la página de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB). 

Talleres y recursos de crecimiento en pareja

  • Para aprender técnicas de resolución de conflictos se recomiendan los siguientes talleres:

Comunicación Activa de Active Relationship Center.
Habilidades para Familias Saludables de Family Wellness Association.

  • Otros talleres y artículos para mejorar la comunicación en la pareja se encuentran disponibles en:

Kelly Simpson: https://www.activerelationships.com/spanish-speaking_comm.php
The Granato Group: https://www.fitrelationship.com/

Para parejas y familias víctimas de adicciones

Para víctimas de violencia doméstica

Retiros y programas de asistencia a matrimonios

Diferentes diócesis de Estados Unidos ofrecen programas específicos de ayuda a las parejas de matrimonios. Infórmese con ellos en las Oficinas de Vida Familiar de su diócesis o a través de su párroco local. Los siguientes son programas ofrecidos a nivel nacional o regional:

Para preparación al matrimonio

  • Cada diócesis ofrece un programa obligatorio de preparación al matrimonio y cuyo certificado es indispensable para la celebración del sacramento. Su párroco le informará sobre él.
  • Programas complementarios: Programa Foccus y Catholic Engaged Encounter. Consulte también el test para saber si ya están listos como pareja en Inventario Pre-Caná y Respuestas al Inventario.
  • Para preparar la boda y evaluar los gastos lee Gastos de la Boda/Bodas Sencillas.

Apoyo de la Iglesia a separados y divorciados:

¿Qué valores compartimos?

Por Dora Tobar

Los valores tienen que ver con lo que una persona considera más importante o de más valor en su vida. Ellos determinan las preferencias, los gustos, las opciones y hasta los sacrificios que una persona está dispuesta a hacer. Conocer a una persona es por eso conocer, hasta donde sea posible, cuáles son sus valores. Este es por tanto un tema decisivo para saber si realmente estás por casarte con la persona que más te conviene.

Cuando una pareja tiene muchos valores en común, o por lo menos coinciden en los valores que los dos consideran fundamentales, podrán fácilmente entenderse y tomar decisiones en conjunto. Esos valores comunes son como el tesoro del cual se nutren las decisiones diarias, tanto para la vida de pareja como para el manejo del dinero, la crianza de los hijos, las relaciones con las familias respectivas, etc.

Hay que tener además en cuenta que no todos los valores tienen para cada persona la misma importancia. Así, aún reconociendo el valor del dinero, una persona puede decidir que conservar una amistad es más valioso que pelear por dinero con un amigo, etc. Por eso, junto a la lista de valores de una persona debemos percibir el grado de importancia que les da. Hay valores  que podemos llamar “fundamentales” o irrenunciables, valores a los cuales podemos renunciar y valores que estamos dispuestos a “negociar” con los demás.

Hay muchas maneras de descubrir los valores más importantes para una persona

  • Para comenzar, no te fijes sólo en cómo se comporta contigo ni en lo que te dice, pues durante el romance es siempre posible que la persona trate de impresionar positivamente a su pareja exagerando sus virtudes o escondiendo lo que piensa que al otro puede no gustarle.
  • Fíjate más bien en cómo se comporta y actúa con los demás: Por ejemplo, nota lo que más le preocupa a tu pareja, o lo que más admira de sus amigos y de su familia. Fíjate igualmente en la clase de personas de cuales se rodea pues, como dice el dicho, “dime con quién andas y te diré quién eres”.
  • Examina también en qué invierte su dinero y qué importancia le da a las personas y las relaciones con su familia, con sus amigos y con Dios.  Y por supuesto, infórmate qué opinan o admiran de él otras personas como los compañeros de trabajo y amigos.

Un test que puedes aplicar:

Para ayudarte en tu diálogo y descubrimiento de los valores que tienes en común con tu pareja te sugerimos que trates de llenar, primero tú solo(a) las siguientes columnas. Después pídele a tu pareja que haga lo mismo y finalmente, intercambien sus respuestas y analicen sus acuerdos y desacuerdos:

Valores que considero fundamentalesValores que puedo negociarDefectos que no puedo aceptarMis prioridades
ResponsabilidadOrdenPereza1. La vida familiar
FidelidadPuntualidadSuciedad2. El trabajo
Sensibilidad por el que sufreMaltrato3. Cuidar la figura y la salud.
ColaboraciónCelos.4. Seguir estudiando
Veracidad
Ser creyente

Más sobre este tema en “Valores en Común” y “¿Somos compatibles?”

¿Somos compatibles?

Por Dora Tobar

Para amarnos no tenemos que ser idénticos. Es más, las diferencias de temperamento o formas distintas de reaccionar dan a la pareja la oportunidad para la sana complementariedad que requerimos los seres humanos. Así por ejemplo, una persona espontánea enriquece y alegra al tímido y reservado que no sabe cómo expresar de manera suelta y despreocupada sus sentimientos. También, alguien aplomado y sereno ayuda al temperamento explosivo a calmarse y expresarse con serenidad y cordura.

Cuando hablamos de compatibilidad nos referimos en cambio a la sintonía, afinidad o parecido en gustos, formas de vivir y de ver la vida que dos personas comparten y que les permite coincidir en muchos aspectos de la vida y la convivencia.

Gracias a la compatibilidad una pareja no tiene que explicar por qué le gusta o le disgusta algo. Simplemente se da un entendimiento tácito, fruto de la coincidencia. Entre dos personas compatibles la necesidad de adaptación a la forma de vida de la otra es menor y requiere menos esfuerzo. Esto no quiere decir que no haya diferencias, pero que las divergencias no son oposiciones o extremos difíciles de conciliar.

Ahora bien, las personas somos cuerpo, interioridad e intelecto. Ser compatibles por tanto tener afinidades en estos tres aspectos:

Somos compatibles a nivel corporal si:

  • Existe ”química” entre los dos.
  • Si toda la persona me es agradable.
  • Me gusta su estilo para vestirse, caminar, presentarse (deportivo, formal o informal).
  • Me agrada el olor natural de su cuerpo (Ej.: olor del sudor de detrás de la oreja).

Si somos compatibles a nivel corporal podremos ser buenos amantes.

Somos compatibles a nivel intelectual si:

  • Los dos pensamos bien de nosotros mismos (buena auto-estima);
  • compartimos los mismos principios y valores;
  • coincidimos en ideas sobre la vida (ej.: pensamos que lo más importante en la vida es la familia, o las relaciones personales, o por el contrario, pensamos que triunfar en el trabajo es lo más importante);
  • tenemos el mismo nivel cultural (ej.: temas de conversación parecidos, tradiciones en común, el mismo interés por conocer; el mismo nivel de desarrollo intelectual);
  • tenemos el mismo estilo de vida (ej.: los dos somos bohemios, o formales o informales, o modernos o clásicos en el estilo de vida o en la forma de decorar y crear un ambiente en la casa. Si no coincidimos en esto un día encontraré en mi casa un sofá que me parece feo y que además fue pagado con el dinero que tenemos en común);
  • tenemos los mismos gustos (ej.: tenemos formas de divertirnos afines, nos gustan el mismo estilo de muebles, de ropa, de música, etc.).

Si somos compatibles a nivel intelectual podremos ser compañeros inseparables; tendremos siempre temas para conversar y sentiremos interés en compartir nuestras ideas con nuestro esposo(a).

Somos compatibles a nivel interior si:

  • Siento que nadie me entiende como mi pareja.
  • Si tengo algún problema o duda recurro primero a mi pareja.
  • A veces no tengo ni qué hablar y mi pareja percibe cómo me siento.
  • Confío en la bondad y buenas intenciones de mi pareja.
  • No tengo secretos que deba ocultarle.
  • Siento que tenemos un proyecto en común.
  • Sé lo que puede ofenderle.
  • Jamás hablaría mal de mi pareja a sus espaldas o me burlaría de ella.

Cuando una pareja coincide en este nivel de compatibilidad emocional o interior pueden llegar a ser “amigos íntimos”.

Si al revisar todos estos aspectos descubres que tu y tu pareja tienen al menos un 80% de compatibilidad en estos tres distintos aspectos es una buen signo de que podrán tener una convivencia agradable. El hecho que una persona no sea muy compatible con nosotros no hace que sea mala. Simplemente no es la persona con quien me entenderé mejor.

Al contraer matrimonio escoges y aceptas a la persona tal cual es. Por eso tienes el derecho de escoger a la persona con quien te sientas mejor, no sólo a nivel corporal, sino también en todos los niveles. Recuerda que la vida de pareja supone el compartir muchas más cosas que la sola cama. Si no hay comunión y acuerdos en todos los otros aspectos, también la pasión terminará por apagarse.

Más sobre este tema en Valores en común, Errores y aciertos al escoger pareja y Conflictos y diferencias de carácter.

Lecturas complementarias: Carlos Cuauhtémoc Sánchez, Juventud en Éxtasis #1, Ediciones Diamante, 1994; Alfonso Van Steenwegen, Amor: Palabra de acción. Reglas de juego para la relación de pareja. Ed. Lumen 1998