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¿Me siguen queriendo mis nietos?

Por Andrea Ballina

¿Me siguen queriendo mis nietos?

Esta pregunta me la hicieron mis padres hace poco tiempo. Y esta pregunta tan simple nos llevó a una reflexión y plática familiar profunda. Pero antes de compartirles dicha platica y reflexión, déjenme contarles un poco de nosotros. Soy la hija mayor de 2 hijos en total. Solo somos mi hermano y yo. Y mis 4 hijos son los únicos nietos. Por azares del destino vivimos separados. Mis padres viven en la Ciudad de México y yo en Los Estados Unidos. Desde el principio, en cuanto mis padres supieron que iban a ser abuelos por primera vez, han estado presentes en nuestras vidas. Han estado con nosotros en los nacimientos, bautizos, navidades, años nuevos, alguno que otro cumpleaños, juegos de futbol, competencias de danza, primeras comuniones, etc. Ahora están con nosotros porque su nieta mayor se gradúa de preparatoria y empieza la etapa de la universidad. Por supuesto, ¡los abuelos tenían que estar presentes en una fecha tan especial!

Pero en esta visita se encontraron no con sus nietos “chiquitos”, sino con tres adolescentes y una preadolescente. Sus nietos han crecido, han cambiado y la relación Abuelo-Nieto cambió también. Ya no son los niños chiquitos que mis papás consentían dándoles un dulce. O que mis papás ayudaban a dormir y los arrullaban. Ya no quieren estar todo el tiempo jugando con ellos y cargados o en sus piernas. Mis hijos tienen más independencia y sus intereses, como buenos adolescentes, son otros. La relación entre abuelos y nietos se quedó como estancada, en el pasado, sin pies ni cabeza. Ninguna de las dos partes siente una conexión. Se sienten distanciados.

Entonces, volvemos a la pregunta: ¿nos siguen queriendo nuestros nietos?

Al preguntarme esto empezamos a platicar de cómo la relación entre ellos ha ido transformándose. Yo, como hija y como madre estoy en medio de las dos partes, pero eso me permitió analizar las diferencias entre las 2 generaciones. Al estar yo en la generación de en medio pude tomar el papel de “mediadora” y al final de la plática llegamos a los siguientes puntos y propuestas para restablecer la conexión entre mis padres y mis hijos:

1) Las dos partes (en este caso los abuelos y los nietos) tienen que hacer el esfuerzo para estar en comunicación constante. De las dos partes tiene que surgir el interés de saber qué pasa con sus vidas, qué han hecho en la semana, cómo les ha ido en sus actividades, etc. Si no se puede en persona, la tecnología nos ayuda bastante: FaceTime, una llamada, un texto.

2) Los abuelos estarán abiertos a escuchar lo que pasa con sus nietos, aunque “en sus tiempos así no se usaba”. La vida es muy distinta ahora que hace unos años. Cada generación ha vivido costumbres y modo de vida diferentes. Si escuchan y no juzgan, es más fácil que la comunicación entre abuelos y nietos fluya.

3) Tener un día a la semana o al mes en que los abuelos vengan a comer o desayunar con sus nietos. Si no se puede físicamente, entonces por FaceTime o por teléfono. Tener la fecha anotada en el calendario.

4) Acordarse y llamar para felicitar en todos los cumpleaños y aniversarios.

5) Tener una tradición familiar. Puede ser un viaje, o un día en donde se haga algo diferente (una pijamada, ir a un día de campo, al zoológico, cocinar todos juntos, tener un maratón de juegos de mesa, tomar una clase juntos, etc.). Importante: la tradición tiene que ser entre los abuelos y los nietos, no colados (o sea yo no estoy invitada).

6) Todos los nietos serán tratados por igual. No mostrar predilección por algún nieto(a).

7) Los abuelos consienten y los nietos se dejan consentir.

8) Los abuelos seguirán asistiendo a todas las actividades de los nietos que les sea posible.

9) Los abuelos seguirán contando sus historias de cuando eran niños. Las travesuras y aventuras que vivieron. A los nietos les gusta conocer más de sus abuelos y saber cómo eran sus vidas cuando eran más jóvenes.

10) Cuando se tenga la bendición de estar juntos físicamente, aprovechar los momentos con risas, comentarios positivos, conversación. No reproches.

Al concluir la plática y las propuestas, nos dimos cuenta de que tanto mis padres como mis hijos están a tiempo de retomar la relación. De que al abrirnos y compartir lo que sentimos podemos caminar hacia delante y reparar los lazos que se hayan atrofiado.

Al final, Mis padres obtuvieron su respuesta: ¡Claro que los queremos abuelitos…y mucho!

Las soluciones que buscas

 Por Alba Liliana Jaramillo (Psicóloga)

En la vida sexual

¿Cuándo y cómo comienzan los problemas sexuales?
Otoniel y Carmenza son un matrimonio que lleva 5 años de casados y durante este tiempo no han hablado de sus necesidades sexuales y esta situación está generando, sobre todo a Carmenza, sensaciones de  apatía y rechazo cada vez que su esposo le propone hacer el amor. Este y muchos casos parecidos dejan ver que en gran proporción las dificultades que los esposos encuentran en su comunicación corporal o sexual tiene que ver también con las dificultades para comunicarse a través de la palabra. El diálogo es entonces clave.

La sexualidad es sin duda un aspecto muy importe en la vida de un matrimonio pues genera muchos dinamismos que colaboran con el desarrollo y fortalecimiento de la relación conyugal. Lograr por tanto un buen nivel de diálogo corporal es importante. Por eso se recomienda tener en cuenta:

  • La sexualidad ocupa un lugar primordial en la vida matrimonial. Se debe evitar por eso que el afán por el trabajo, los problemas domésticos o las preocupaciones por los  hijos la afecten.
  • Durante la etapa de crianza de los hijos y de mucho trabajo, los esposos deben escapar de vez en cuando de la rutina, buscar quién se encargue de los niños por unas horas y planear un momento romántico “solo para ellos”.
  • Los dos deben decidir, de común acuerdo cuándo tener relaciones, teniendo en cuanta el estado de ánimo cada cual y su uso responsable de la planificación natural.
  •  La sexualidad comprende todos los gestos, palabras y actitudes que facilite expresar, mediante nuestro cuerpo, el afecto, respeto y atención por el otro. Por eso no se reduce a los gestos en la cama sino que incluye y comienza con los detalles, el ambiente de buena comunicación y de solidaridad en la vida diaria.
  • La sexualidad es una forma de expresar y celebrar el amor. Por eso, supone que el amor en general se esté alimentando mediante actitudes de confianza, entrega y deseos de agradar al otro. No se puede por eso llegar a la intimidad de la alcoba bravos, con resentimientos o miedos que el diálogo previo no haya resuelto.
  • Durante la relación sexual cada miembro del matrimonio debe expresar abiertamente cuales son sus necesidades sexuales, así como lo que le agrada y le desagrada. De esta forma los dos sentirán que han sido satisfechos. Y concluida la relación, debe también haber espacio para la comunicación abierta, que permita conocer el grado de satisfacción que cada uno logró.
  • Así como la intimidad en las conversaciones va creciendo, también la intimidad en la relación sexual debe estar abierta a la posibilidad de que los esposos crezcan en el conocimiento mutuo de sus cuerpos, descubran cada vez mejor lo que más agrada al otro y les permita romper la rutina de los gestos.
  • Es importante llegar a la relación sin estrés por las responsabilidades externas a la relación,  y sin la presión de pretender que el sexo debe ser perfecto. Se debe hacer de ese momento un verdadero espacio de intimidad donde cada cual escuche las necesidades del otro, respete su ritmo y preferencias  y lo acompañe, con paciencia y delicadeza, hasta su satisfacción.

Más sobre este tema en Intimidad y sexualidad. Algunos libros: Zig Ziglar , Cómo hacer que el romance no muera con el matrimonio. Ed. Norma, 1991; Hendrix Harville Amigos y amantes: la relación de pareja ideal. Editorial Norma 1991; Dagmar O´Connor , Cómo hacer el amor con la misma persona por el resto de su vida y con el mismo entusiasmo, Ed. Planeta, 1989

En el manejo de las finanzas

El caso de Antonio y María:
Ellos son un matrimonio que llevan dos años de casados, con unos ingresos suficientes para suplir sus necesidades económicas, sin embargo, desde novios cada uno respondía por sus propios gastos y nunca hablaron cómo, una vez casados, manejarían su dinero. Ahora hay conflictos permanentes, porque ninguno de los dos se pone de acuerdo en lo que cada uno debe pagar y en las responsabilidades que deben asumir.

Para tener en cuenta:
El manejo de las finanzas es fundamental en la vida cotidiana, y por tanto también en la convivencia matrimonial. Por eso se recomienda:

  • Tener un solo fondo común, donde ambos aporten todo lo que ganan y poseen.
  • Hacer una lista de los compromisos económicos que han adquirido como esposos, así como las proyecciones, de acuerdo al nivel económico que se tenga.
  • El fondo común debe ser manejado por aquel miembro del matrimonio que demuestre mayores habilidades financieras y disciplinarias para hacerlo.
  • En ningún momento el que gane más debe hacer sentir que tiene privilegios en las decisiones y manejo del dinero.
  • Quien maneje el fondo debe consultar siempre al otro sobre una inversión extra e informar periódicamente al otro sobre el estado de las cuentas.
  • Se debe dejar un porcentaje para los gastos individuales de cada uno de los esposos. Así se permite a una cierta independencia para que cada cual supla sus necesidad básicas y sus gustos personales.
  • Cuando haya puntos de vista diferentes frente al manejo del dinero es muy importante que, juntos, escuchen lo que cada uno piensa con respecto al dinero y traten de llegar a acuerdos donde el resultado sea “Ganar-Ganar” para ambos.
  • Si estos acuerdos no son posibles, se hace necesario buscar ayuda especializada (que ojala no sea un pariente) que medie y facilite solucionar este conflicto.

Más consejos y cómo realizar un presupuesto en El manejo de las finanzas, Las finanzas: Presupuesto Familiar.

Lectura complementaria: Victoria Collins, Mi dinero, tu dinero, nuestro dinero: cómo resolver los conflictos del dinero en la vida de pareja. Ed. Norma. 1991

La vida de fe en matrimonio

El caso de Hernando y Mariana:
Los dos pertenecen a la misma religión, pero la manifestación de la fe de cada uno es distinta. Hernando viene de una familia muy religiosa, donde su fe se manifiesta a través de la oración, la celebración de los sacramentos, el apostolado, entre otros. Mariana, en cambio viene de una familia poco practicante. Esto ha generado conflictos, porque Mariana es apática frente a todas las invitaciones que le hace Hernando para participar en la parroquia.  Además cuando Hernando piensa en tener hijos, esta situación lo frena, porque para él, el compartir con los hijos sus creencias y su fe es primordial.

Recomendaciones:

  • La fe es muy importante en la vida de una persona y puede dar grandes beneficios a los esposos cuando se comparte y se manifiesta en prácticas comunes.
  • Sin embargo, no es necesario que los dos tengan el mismo credo  ni manifiesten el mismo interés por la vida espiritual para que puedan tener un buen matrimonio. Lo importante es que cada cual, movido incluso por su fe y caridad,  respete la religión y el proceso espiritual del otro (Véase, Catecismo de la Iglesia Católica, 1634).
  • El diálogo inter-religioso al interior de un matrimonio debe llevarlos a desarrollar y apoyarse mutuamente en el desarrollo de lo que les es común en su fe, y a respetar sus diferencias (CIC, 1636).
  • Ciertamente el mayor problema se presenta en cuanto a la formación cristiana de los hijos. Los esposos deben entonces recordar que, en la celebración de su matrimonio se pidió expresamente que los hijos sean formados en la fe católica. Este acuerdo debe entonces hacer que quien sea realmente practicante asuma la responsabilidad de la formación religiosa, y que el otro cónyuge respete y apoye este proceso (CIC, 1635).
  • En algunos casos, la persona que tiene una mayor fortaleza y conocimiento de la fe, puede también indagar si detrás de la apatía religiosa o rechazo de la fe del cónyuge se esconde un desconocimiento o incluso una tergiversación de muchos aspectos de la religión. Este diálogo franco puede permitir la intimidad y comprensión que facilite incluso el inicio de una conversión y de un camino mutuo hacia la fe.
  • Finalmente, la Iglesia invita también a los esposos practicantes a que oren para el Señor los sostenga en su amor y en su testimonio y para que sus oraciones puedan preparar al cónyuge no creyente a recibir la gracia de la conversión (CIC 1637).

Más sobre este tema en En Proceso de devenir en una sola alma y Matrimonios Mixtos.

La relacion con la familia de mi esposo(a)

El caso de Augusto y Carolina:
Augusto y Carolina se enamoraron perdidamente y a los dos mese de conocerse resolvieron casarse. Después de varios meses de estar casados cada uno empezó a percibir grandes diferencias en el trato y en la manera de ser de los miembros de la familia de su esposo(a). Carolina además comentó con su familia algunos conflictos que empezaba a tener con Augusto.  Esto generó rechazo de su familia hacia Augusto, y sin darse la ocasión de conocerlo por ellos mismos, se hicieron ideas sobre él a partir de los que Carolina les decía.

Recomendaciones:

  • Aceptar a una persona en matrimonio implica necesariamente entrar en relación con su familia y con la forma de ser de esa familia.
  • Cada uno de nosotros hereda comportamientos, formas de pensar y reacciones emocionales provenientes de la familia donde crecimos. Es natural por eso que tengamos diferencias que se manifiestan en la convivencia (Véase, Gelasia Marquez, Las marcas de nuestros padres y nuestra cultura).
  • Precisamente porque cada familia ve las cosas desde su punto de vista, no se debe involucrar en las crisis o conflictos del matrimonio a ninguno de los miembros de la familia, ni política, ni de consanguinidad, pues esto casi siempre lleva a tomar posiciones radicales que, en vez de ayudar al esposo(a), en la mayoría de los casos generan distorsiones de lo que realmente está pasando en la relación.
  • Los esposos deben tener siempre presente que primero esta su relación matrimonial y después están todas las demás relaciones, incluso las familiares. Por eso es muy importante tener presente que el matrimonio que conforma un nuevo hogar , debe hacerlo a partir de las convicciones y costumbres, que ambos decidan, desde el momento de casarse. Las costumbres y convicciones de sus respectivas  familias, solo deben ser incorporadas, cuando ambos estén de acuerdo y vean la conveniencia para hacerlo. Así no se presentaran discusiones como “es que en mi casa se hacia de esta o tal manera”, sino, “así lo hacemos en nuestro nuevo hogar”.

Cuando se presenten conflictos y crisis en el matrimonio es necesario buscar ayuda externa que permita a los esposos ver otros puntos de vista y encontrar otras formas de solucionar el conflicto.

El balance familia-trabajo

El caso de Juanita y José Manuel
Aunque Juanita y José Manuel llevan apenas dos años de casados, ya casi ni si ven y su tiempo para compartir es muy reducido. Ambos trabajan en dos horarios laborales que no coinciden y por lo tanto, mientras el uno termina una primera jornada de trabajo, el otro la empieza. En consecuencia, el poco tiempo que tienen para verse lo tienen que emplear en resolver situaciones cotidianas y conflictos que se han creado por la falta de comunicación. No hay espacio para salir un poco juntos a descansar de la rutina y la vida íntima ha casi desaparecido.

Elementos a considerar:

  • La vida matrimonial necesita ser nutrida permanentemente para que ésta no empiece a morir, pues el amor es una realidad que requiere constante creatividad y sobre todo, espacios de vida en común.
  • Cuando el trabajo empieza a ser la prioridad en la vida y las personas se dedican obsesivamente a él, la relación conyugal y la familia quedan relegados y acaban por ser realmente “abandonados”. Por eso esta situación ha terminado con muchos matrimonios.
  • En importante advertir igualmente que cuando el trabajo absorbe a una persona, lo más seguro es que empiece a presentar síntomas de estrés y enfermedad que pueden llevar a la persona a no responder adecuadamente a su trabajo. Así, se cae en un circulo vicioso, porque se empieza a trabajar más para no fallar, pero el mismo estrés lleva a fallar y enfermarse. Es decir, el trabajo, como todo lo que se vuelve obsesivo, puede convertirse en un vicio y debe ser tratado como tal.
  • Ante esta situación es importante que las personas en el matrimonio analicen dos factores:
    • ¿Hasta dónde realmente nos está afectando esta situación? ¿Qué aspectos de nuestra vida en común se están deteriorando por la falta de tiempo para compartir? Este diagnóstico les ayudará a tomar medidas.
    • ¿Por qué se ha dado esta situación? ¿Será que el trabajo se ha convertido en una forma para escapar de una situación que no hemos afrontado? ó, ¿Estamos tal vez demasiado apegados a un estilo de vida o a ambiciones que están primando sobre nuestra vida afectiva y de familia?

Más sobre este tema en Trabajo fuera y dentro de casa.

Para compartir las labores del hogar

El caso de Antonia y Gustavo
Antonia y Gustavo llevan 5 años de casados. Antonia siempre se queja que Gustavo no colabora en ninguno de los oficios domésticos y por el contrario, muchas veces le aumenta el trabajo doméstico  por el desorden que éste siempre deja en su habitación y después de comer. Esto los lleva a tener discusiones frecuentes al punto que cada vez más la relación gira alrededor de esta situación y dejan de comunicarse en muchos otros aspectos, porque este conflicto siempre sale a flote.

Recomendaciones:

  • El matrimonio es como una empresa que requiere un trabajo en equipo. Cada uno es responsable de aportar, incluso en aquellas cosas simples de la vida cotidiana, como el arreglo de la casa, ir al supermercado, pagar las cuentas, entre otros.
  • Se deben distribuir las labores del hogar de acuerdo al tiempo que cada uno permanece en él. Si solo uno sale a trabajar fuera del hogar y la otra persona trabaja en el hogar, el que sale a trabajar debe colaborar en los fines de semana para que quien trabaja en casa pueda sentir un alivio frente a sus obligaciones. Así mismo el cónyuge que sale a trabajar fuera debe colaborar entre semana no haciendo desorden, ni aumentando el trabajo para el otro.
  • Cuando ambos trabajen fuera del hogar se deben distribuir equitativamente las labores del hogar, para que ninguno sienta una carga extra. Estas labores se pueden incluso intercambiar cada semana o de acuerdo al tiempo que cada uno de los esposos considere pertinente. Así también, pueden encontrar cuales son las cosas en que cada uno se siente más a gusto y cuales son aquellas en que se tiene más habilidad, para sacarle provecho a este espacio para compartir las labores del hogar.
  • Pueden incluso elaborar un cronograma semanal, donde se establezcan prioridades y además, los fines de semana pueden adelantar ciertos oficios que hacen en los días de semana y esto también puede contribuir a no sentir una carga tan pesada después de sus horarios laborales.

Más sobre este tema en Roles en el matrimonio.