Category Archives: Vida Familiar y Crianza de los Hijos

Una de las Mayores y más Silenciosas Pérdidas

Por Verónica López Salgado

El 15 de octubre se conmemora el Día Internacional de la Pérdida del Embarazo y la Pérdida Infantil. Tristemente, desde hace dos (2) años conozco bien esta fecha.

La muerte de quienes amamos es quizá el dolor más desgarrador que existe en el mundo. Aunque como católica comprendo que la muerte es parte natural de la vida, creo que no existe nadie que esté completamente preparado para enfrentar la pérdida de un ser querido, mucho menos la de un hijo. Tan fuerte es este tipo de pérdida, que ni siquiera existe la palabra para describir la muerte de un hijo para los padres.

Como mujer y madre, experimentar dos abortos espontáneos (este es el término médico oficial – el cual me desagrada totalmente y me causa un nudo en el estómago) en menos de un año fue, y continúa siendo, un proceso de sanación muy difícil en varias áreas de mi vida. Siento que mi corazón se quedó con un hueco que lleva el nombre de mis dos hijas.

Vivir el duelo por la pérdida del embarazo es un proceso verdaderamente imponente, sin importar el mes de gestación o bajo qué circunstancias se produjo la pérdida. En mi caso, durante la primera pérdida sufrí demasiado; experimenté mi propia Pasión y, junto a Cristo, también mi camino al Calvario. Estuve tres (3) meses en cama sin lograr recibir mejor atención médica de mi ginecólogo de aquel entonces, sin poder entender los violentos síntomas que padecía y enfrentándome, en total, a tres (3) legrados (término médico) porque mi vida corría peligro. Paradójicamente, dentro de un período de nueve meses volví a perder un segundo embarazo – otra niña. Sin embargo, esta vez el dolor más grande no era precisamente el físico, sino el dolor emocional además del psicológico: el corazón de mis hijas había dejado de latir y yo no pude hacer nada para evitarlo.

Fue en ese tiempo – entre la pérdida de la primera bebé y la segunda – que aprendí cuan común es la pérdida espontánea de un embarazo. Varias amigas, conocidas e incluso familiares habían pasado por lo mismo, ¡y yo lo desconocía! De acuerdo con Mayo Clinic, “alrededor del 10 al 20 por ciento de los embarazos conocidos terminan en un aborto espontáneo”. Es muy probable que el porcentaje sea mayor, “ya que muchos abortos espontáneos ocurren en una etapa tan temprana del embarazo, que una mujer no llega a saber que estaba embarazada”. Conocer esto fue tan alarmante que provocó en mi un gran deseo por ‘hacer más’. En medio de mi depresión, sentí el cariño de mucha gente; me dediqué a buscar información y recursos (ej. libro en inglés que me regaló un amigo Grieving Together A Couple’s Journey Through Miscarriage); cómo honrar mejor la vida de mis hijas (un sacerdote jubilado en mi parroquia me escuchó en el Sacramento de la Reconciliación y luego me ayudó a planear la liturgia de una Misa especial que ahora se celebra anualmente); y de qué forma podía dar espacio a tantas mujeres que habían sufrido, tal como lo hice yo, para que pudieran sentirse acompañadas. Durante este tiempo, comprendí también que la madre no es la única persona que sufre cuando se experimenta la muerte gestacional, perinatal o neonatal. Los padres y la familia también sufren de alguna manera.

Pero ¿por qué suceden este tipo de pérdidas? Existen varias causas, factores de riesgo y complicaciones de salud (Causas y síntomas) que aumentan el riesgo de perder a un hijo durante el embarazo o al nacer. No obstante, muchas veces se desconoce a ciencia cierta lo que pudo haber causado le muerte de un bebé en el vientre de su madre o a las pocas horas o días de nacido.

Es imperativo subrayar que no por ser una pérdida tan común, es más fácil de afrontar. El duelo perinatal es una realidad poco visibilizada. Los padres y madres que pierden un bebé antes de su nacimiento se enfrentan a una situación tan lamentable que la sociedad no sabe muy bien cómo acompañar a los padres dolidos.

El impacto emocional en los padres después de una pérdida gestacional, perinatal o neonatal puede ser tan profundo y doloroso que el apoyo y reconocimiento de la vida de sus hijos es tan importante y necesario, como lo es el acompañamiento durante el proceso de duelo y sanación.

Si bien la Iglesia Católica ofrece algunos excelentes recursos para caminar con las familias que han perdido a un hijo en el embarazo o al nacer, descubrí que no es fácil encontrarlos. Por lo que es extremadamente importante para los familiares y amigos de quienes han sufrido una pérdida así, buscar en su comunidad de fe el apoyo que los padres necesitarán para sobrevivir el trauma.

Por experiencia propia, sé que el tratar de comprender el proceso de este tipo de duelo puede provocar diversas emociones en otros seres queridos del/la bebé que murió. El acompañamiento, respeto y simpatía son esenciales en todo momento.

Hoy, 15 de octubre, recuerdo y honro la memoria de las niñas que soñé cargar en mis brazos, de las hijas que no podré ver crecer aquí en la tierra y de las hermanas que mi hijo mayor no conocerá en esta vida. Me conmueve tener la certeza de que son santas gozando del paraíso con Dios, donde yo anhelo llegar un día.

Hoy quiero especialmente dirigirme a ti. A ti que has sufrido la muerte de tu bebé durante el embarazo o al nacer. Te abrazo y te comprendo. No estás sola. María, la Madre de Jesús, conoce mejor que nadie tu dolor y el mío.

Hoy también me dirijo a ti. A ti que conoces a alguien que ha experimentado este tipo de pérdida tan frecuente pero tan callada. Acércate a los padres del bebé. Hazles saber que su dolor no es ajeno. Comparte esperanza.

Este día es especial porque es una oportunidad para honrar la memoria de los bebés tan anhelados que no nacieron o que murieron al nacer. Es un momento de concientización sobre el valor de cada vida; la vida que comienza en el momento de la concepción y la vida que sufre el dolor de haber perdido un hijo.

 

Otros recursos:

Reflexiones de la Arquidiócesis de Dubuque para todos los afectados por la pérdida de un/a niño/a (parejas, madre, padre, abuelos, hermanos, profesionales de la salud y ministros)

Padres devotos luego de un aborto espontáneo (Artículo de la USCCB)

Consuelo y fortaleza ante la pena de un aborto espontáneo (Inserto para boletines de la USCCB)

Programa Este es tu hijo de la Arquidiócesis de Dubuque (pónganse en contacto con el Director de Matrimonio y Vida Familiar para información sobre cómo implementar el programa en su diócesis en inglés y/o español)

Orden Para El Nombramiento y Encomendamiento de un Bebé Fallecido antes de Nacer
– Arquidiócesis de St. Louis

Ceremonia de Nombramiento de un niño perdido por aborto espontáneo o muerte fetal
– Diócesis de Fargo

Hábitos Saludables para la Familia en el verano

Por Silvio Cuéllar

 

El verano y las vacaciones fuera de la escuela, nos presentan una excelente oportunidad para fortalecer nuestras relaciones de familia y poder disfrutar de inolvidables recuerdos entre los padres y los hijos, visitando bonitos lugares y haciendo actividades divertidas en familia.

Aquí les compartimos algunos consejos para fortalecer nuestra relación como familia católica durante las vacaciones.

Primeramente, no nos olvidemos que nuestra fe no se toma vacaciones. Entonces, es importante el asistir a la misa dominical y si estamos en algún lugar lejos de nuestra casa de vacaciones, podemos buscar en el Internet los horarios de las iglesias que estén en el lugar que está visitando la página masstimes.org.

Durante el verano frecuentemente está la tentación de apoyarnos demasiado en la tecnología como niñeros, dejando que nuestros hijos pasen demasiado tiempo enfrente de la televisión, los juegos electrónicos, las tabletas o teléfonos celulares. Planifiquemos el tiempo que permitiremos que ellos usen la tecnología cada día y busquemos otras actividades sanas para llenar el tiempo vacío, y también tengamos cuidado de poner filtros para qué nuestros hijos no estén expuestos a programas inapropiados, violencia o pornografía.

Qué bonito sería también poder tener una reunión de familia y planificar juntos las cosas que vamos hacer y los lugares que podemos visitar como, por ejemplo:

  • Una visita a un lago, o a la playa,
  • ir a visitar algún familiar o
  • hacer un picnic con alguna otra familia en un parque donde se pueden practicar deportes y juegos al aire libre,
  • visitar un museo de ciencias, artes, tecnología y
  • hacer un peregrinaje a algún santuario o lugar de devoción del área donde vives.

Cada vez más las ciudades están diseñando lugares especiales donde podemos llevar las bicicletas y podría programar tal vez una o dos veces a la semana ir a pasear juntos y hacer ejercicio.

También es importante que nuestros hijos puedan experimentar diferentes actividades como deportes, arte y música para encontrar sus habilidades y talentos. Hay muchos clubes de deportes en nuestras comunidades y también en el YMCA dónde podemos registrarlos para que vayan probando diferentes cosas hasta que encuentren lo que realmente les apasiona. Lo importante es que por lo menos estén en una actividad de deportes o artes que no estén simplemente en la casa sin hacer nada enfrente de monitor.

Otro consejo es de cuidar la tradición de compartir alrededor de la mesa. En nuestro hogar tratamos de tener una cena familiar todos los días y por lo menos una noche a la semana tener nuestra cena oficial de familia, donde nos reunimos alrededor de la mesa, rezamos juntos y cada uno nos turnamos yendo alrededor de la mesa compartiendo algo por lo que estamos agradecidos a Dios en nuestras vidas.

Una vez a la semana también puede tener una noche de película en el hogar donde escogen una película preferentemente que tenga un mensaje positivo y pueden verla juntos en familia y hacer algo bonito como tal vez tener unos helados después de la película.

También no nos olvidemos de ayudar o visitar algún familiar o amistad que esté pasando por un momento de tristeza o enfermedad. Enseñemos a nuestros hijos de la importancia del servicio y ser generosos con nuestro tiempo, talento y tesoro.

Finalmente, la familia que reza unida permanece unida, practiquemos esta frase diariamente en nuestros hogares y el señor nos bendecirá abundantemente. En nuestro hogar tenemos la tradición de rezar el Rosario familiar todas las noches a las 9 pm. Es bonito momento para orar juntos por nuestras necesidades y un hábito que nos lleva a la santidad.

A final de nuestros días nuestros hijos no se recordarán de cuantas cosas materiales acumulamos si no los recuerdos de momentos hermosos que pasamos juntos en familia.

Silvio Cuéllar es músico pastoral, compositor, periodista y conferencista en temas de liturgia, vida y familia. Sirve como coordinador diocesano de la Oficina del Ministerio Hispano de la Diócesis de Providence, Rhode Island, Editor Asociado del periódico El Católico de Rhode Island y director de música en la parroquia San Patricio en Providence, donde dirige coros en inglés y español. 

 

Usado con permiso, este artículo fue publicado en El Católico de Rhode Island en julio 2021.

 

 

 

¿Me siguen queriendo mis nietos?

Por Andrea Ballina

¿Me siguen queriendo mis nietos?

Esta pregunta me la hicieron mis padres hace poco tiempo. Y esta pregunta tan simple nos llevó a una reflexión y plática familiar profunda. Pero antes de compartirles dicha platica y reflexión, déjenme contarles un poco de nosotros. Soy la hija mayor de 2 hijos en total. Solo somos mi hermano y yo. Y mis 4 hijos son los únicos nietos. Por azares del destino vivimos separados. Mis padres viven en la Ciudad de México y yo en Los Estados Unidos. Desde el principio, en cuanto mis padres supieron que iban a ser abuelos por primera vez, han estado presentes en nuestras vidas. Han estado con nosotros en los nacimientos, bautizos, navidades, años nuevos, alguno que otro cumpleaños, juegos de futbol, competencias de danza, primeras comuniones, etc. Ahora están con nosotros porque su nieta mayor se gradúa de preparatoria y empieza la etapa de la universidad. Por supuesto, ¡los abuelos tenían que estar presentes en una fecha tan especial!

Pero en esta visita se encontraron no con sus nietos “chiquitos”, sino con tres adolescentes y una preadolescente. Sus nietos han crecido, han cambiado y la relación Abuelo-Nieto cambió también. Ya no son los niños chiquitos que mis papás consentían dándoles un dulce. O que mis papás ayudaban a dormir y los arrullaban. Ya no quieren estar todo el tiempo jugando con ellos y cargados o en sus piernas. Mis hijos tienen más independencia y sus intereses, como buenos adolescentes, son otros. La relación entre abuelos y nietos se quedó como estancada, en el pasado, sin pies ni cabeza. Ninguna de las dos partes siente una conexión. Se sienten distanciados.

Entonces, volvemos a la pregunta: ¿nos siguen queriendo nuestros nietos?

Al preguntarme esto empezamos a platicar de cómo la relación entre ellos ha ido transformándose. Yo, como hija y como madre estoy en medio de las dos partes, pero eso me permitió analizar las diferencias entre las 2 generaciones. Al estar yo en la generación de en medio pude tomar el papel de “mediadora” y al final de la plática llegamos a los siguientes puntos y propuestas para restablecer la conexión entre mis padres y mis hijos:

1) Las dos partes (en este caso los abuelos y los nietos) tienen que hacer el esfuerzo para estar en comunicación constante. De las dos partes tiene que surgir el interés de saber qué pasa con sus vidas, qué han hecho en la semana, cómo les ha ido en sus actividades, etc. Si no se puede en persona, la tecnología nos ayuda bastante: FaceTime, una llamada, un texto.

2) Los abuelos estarán abiertos a escuchar lo que pasa con sus nietos, aunque “en sus tiempos así no se usaba”. La vida es muy distinta ahora que hace unos años. Cada generación ha vivido costumbres y modo de vida diferentes. Si escuchan y no juzgan, es más fácil que la comunicación entre abuelos y nietos fluya.

3) Tener un día a la semana o al mes en que los abuelos vengan a comer o desayunar con sus nietos. Si no se puede físicamente, entonces por FaceTime o por teléfono. Tener la fecha anotada en el calendario.

4) Acordarse y llamar para felicitar en todos los cumpleaños y aniversarios.

5) Tener una tradición familiar. Puede ser un viaje, o un día en donde se haga algo diferente (una pijamada, ir a un día de campo, al zoológico, cocinar todos juntos, tener un maratón de juegos de mesa, tomar una clase juntos, etc.). Importante: la tradición tiene que ser entre los abuelos y los nietos, no colados (o sea yo no estoy invitada).

6) Todos los nietos serán tratados por igual. No mostrar predilección por algún nieto(a).

7) Los abuelos consienten y los nietos se dejan consentir.

8) Los abuelos seguirán asistiendo a todas las actividades de los nietos que les sea posible.

9) Los abuelos seguirán contando sus historias de cuando eran niños. Las travesuras y aventuras que vivieron. A los nietos les gusta conocer más de sus abuelos y saber cómo eran sus vidas cuando eran más jóvenes.

10) Cuando se tenga la bendición de estar juntos físicamente, aprovechar los momentos con risas, comentarios positivos, conversación. No reproches.

Al concluir la plática y las propuestas, nos dimos cuenta de que tanto mis padres como mis hijos están a tiempo de retomar la relación. De que al abrirnos y compartir lo que sentimos podemos caminar hacia delante y reparar los lazos que se hayan atrofiado.

Al final, Mis padres obtuvieron su respuesta: ¡Claro que los queremos abuelitos…y mucho!

La clave del Padre efectivo con sus hijos

Por Silvio Cuellar

Carlos llegó a los Estados Unidos buscando el sueño de darle una mejor vida a su familia. En su afán por conseguir sus sueños, trabajaba doble turno y casi nunca tenía tiempo para compartir con sus hijos. Con el tiempo sus hijos se fueron metiendo en dificultades y la relación de padre e hijo se fue distanciando y enfriando, hasta que los hijos se pusieron bastantes rebeldes durante la adolescencia.

Alberto por su parte trabajaba mucho también, pero siempre se daba tiempo para compartir con sus hijos y hacer que ellos se sientan amados y apreciados. Ellos crecieron con mucho aliento sintiendo mucho amor y aliento en sus vidas, convirtiéndose en líderes juveniles en la iglesia y en la comunidad.

Carlos por su parte se preguntaba en qué había fallado, ¿Por qué si siempre trabajó para darle lo mejor a sus hijos ellos le salieron rebeldes?

Tal vez es la respuesta gire en torno a que Carlos estaba siempre ocupado trabajando y cuando llegaba a la casa siempre estaba con un mal humor y les gritaba bastante a sus hijos.

Veamos algunas sugerencias prácticas basadas en lo que la psicología y las Sagradas Escrituras enseñan.

Primero: Ser un buen padre no es sólo ser un proveedor de dinero o cosas materiales.

Dicen las estadísticas que un alto porcentaje de hijos que se crían con padres ausentes o sin la presencia de un padre en sus vidas tienden a desarrollar desbalances emocionales, envolverse en muchos problemas, terminando muchas veces con adicciones, embarazos en adolescencia, o en la cárcel. En mi propia familia mi esposa y yo decidimos que ella estaría en la casa dedicándole su atención a tiempo completo a nuestros hijos, y que yo sería el que saldría a buscar un sustento. Esto implica que yo tendría que tener más de un trabajo y que mi tiempo sería limitado, pero así, aun cuando regreso del trabajo completamente agotado; saco energías de donde se pueda, para compartir un poco con mis hijos, leyéndoles un cuento antes de acostarse o simplemente jugando algún juego de mesa o compartiendo un tiempo cualitativo con ellos. Frecuentemente llevo a cada uno de mis hijos individualmente a cenar o al cine o hacer algo divertido para que ellos tengan ese tiempo con su papá y se sientan amados y valorados.

Segundo: Los buenos padres saben escuchar y comunicarse positivamente con sus hijos.

La carta de Santiago 1,19 dice: “Hermanos muy queridos, sean prontos para escuchar, pero lentos para hablar y enojarse”. También en Efesios 4, 26.29 leemos: “Enójense, pero sin pecar. Y, que el enojo no les dure hasta la puesta del sol, pues de otra manera se daría lugar al demonio… No salga de sus pocas ni una palabra mala, si no la palabra justa y oportuna que hace bien a quien la escucha”.

Este es un punto que todos necesitamos corregir, ya que una gran parte de las personas de nuestra cultura hemos crecido con gritos y arrebatos. Necesitamos aprender a controlar nuestras emociones, frustraciones y tratar a nuestros hijos con calma, amor y respeto.

Tercero: Discipline a sus hijos con amor y aliento.

Estamos acostumbrados a actuar reactivamente y castigar a nuestros hijos cuando hacen algo malo, sin embargo, es mucho mejor prevenir y anticipar las cosas que puedan pasar y usar las consecuencias en vez de los castigos, golpes o gritos; usando la motivación y el aliento cuando nuestros hijos hacen cosas buenas que deban ser reconocidas.

Cuarto: Quieres ser un buen padre, entonces sé un buen esposo y trate a su esposa como usted quiere que sus yernos traten a sus hijas. 

En Efesios 5, 25.33 leemos: “Maridos, amen a sus esposas como Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella… En cuanto a ustedes, cada uno ame a su esposa como así mismo, y la mujer, a su vez, respete a su marido”.  En el hogar nosotros tenemos la primera escuela para enseñarles a nuestros hijos a ser un buen esposo. Todo lo que nosotros hagamos ellos aprenderán y la forma en que nosotros tratemos a nuestras esposas ellos imitarán.

Finalmente, enseñe con el ejemplo.

Las estadísticas nos muestran que nuestros hijos seguirán solamente una parte pequeña de nuestros consejos, y más bien aprenderán de nuestro ejemplo. ¿Queremos que ellos sean buenos esposos, honestos, trabajadores, y fieles? entonces enseñémosles lo que eso significa con nuestra propia vida y con nuestro propio ejemplo.

 

Silvio Cuéllar es músico pastoral, compositor, periodista y conferencista en temas de liturgia, vida y familia. Sirve como coordinador diocesano de la Oficina del Ministerio Hispano de la Diócesis de Providence, Rhode Island, Editor Asociado del periódico El Católico de Rhode Island y director de música en la parroquia San Patricio en Providence, donde dirige coros en inglés y español. 

 

Usado con permiso, este artículo fue publicado en El Católico de Rhode Island en julio 2019.

La bendición sorprendente de educar en casa

Escuela en Casa durante Covid-19

Por Verónica López Salgado

Hablar de la familia como iglesia doméstica significa proclamar que el hogar es “la primera escuela de vida cristiana”.[1] Y aunque invariablemente me fascinaba esta expresión – iglesia doméstica – y sé que, como padres de familia somos los principales educadores de nuestro hijo, ¡jamás imaginé que literalmente sería la maestra de mi hijo no solo en la fe, pero también en la escuela secundaria!

La pandemia motivó algunas transiciones drásticas para mi familia: uno de esos cambios fue el comenzar homeschooling – como se conoce en inglés – o educación en el hogar con nuestro hijo Santiago. Después de varios meses de discernimiento, a principios de septiembre de 2020 decidimos darlo de baja de su escuela y comenzar la educación en casa. Nuestro hijo actualmente tiene 13 años y está por terminar el 8vo grado.

Nos dimos a la tarea de empezar una exhaustiva investigación sobre los recursos para la educación en casa, los métodos de enseñanza y aprendizaje y los requisitos que el estado solicita a los padres para poder educar a sus hijos en casa. Finalmente, cuando nos decidimos por un programa escolar a distancia y plan de estudios, debíamos completar cada uno de los requisitos del estado donde vivimos el año pasado – cabe mencionar que cada estado tiene sus exigencias particulares.

Al haber completado todos los pasos necesarios, nos sentimos totalmente preparados para la aventura. ¡O al menos eso creímos! Pues resulta que no alcanzamos a inscribirnos a tiempo y pagar la colegiatura porque aproximadamente 2.500 estudiantes ya se habían inscrito y no había más cupo para nuestro hijo. Aun así, elegimos el currículo de la escuela que más nos agradó: Madre de la Divina Gracia (Mother of Divine Grace por su nombre oficial en inglés) y decidimos que sería yo quien implementaría el programa de estudios, sin apoyo de los maestros o asesores escolares que al habernos inscrito hubiéramos tenido. Sin embargo, algo que sí tuve y agradezco demasiado es haber buscado los consejos de madres con extensa experiencia en homeschooling. Eso me ayudó a saber cómo podía personalizar el programa de estudios de mi hijo de acuerdo con sus necesidades de aprendizaje. Así elegimos complementar el plan de estudios con otros recursos y sustituir algunas clases.

A finales de septiembre, después de haber ordenado los libros necesarios y armar lo que parecía un horario escolar adecuado, comenzamos la escuela en casa/educación en el hogar. Si dijera que todo empezó estupendo y sin complicaciones, estaría mintiendo puesto que el camino no ha sido fácil. Nuestro trayecto no ha estado libre de obstáculos, inhibiciones y un sinfín de cambios en la rutina. Hoy, después de ocho meses y aún con trabajo escolar por completar, puedo decir con total franqueza que la experiencia de enseñar a mi hijo en casa ha merecido la pena en TODO momento. Él, por su parte, piensa lo mismo porque, aunque frecuentemente me pide hacer algo fuera de lo común en nuestro día de escuela, hemos aprendido juntos que la disciplina desde el amor siempre trae buenos resultados.

Para terminar, me gustaría incluir sugerencias, recursos y estrategias que me han servido a mi como maestra de mi hijo durante este año escolar. No sin antes subrayar una frase de san Juan Pablo II que me parece de suma importancia. Existen innumerables estudios afirmando que “ninguna influencia es más formativa de la identidad de las personas que su socialización primaria”.[2] Esta primera socialización sucede precisamente en la esencia de una familia, a la cual san Juan Pablo II nombró “pequeña sociedad” y afirmó, que “la familia es en sí misma una pequeña sociedad, y la existencia de todas las grandes sociedades (nación, estado, Iglesia) depende de ello”.[3] Por esta razón, querido lector, si tú también haces escuela en casa con tus hijos – de cualquier edad –  lo hiciste al principio de la pandemia, o has optado por la educación en casa por un período de tiempo más largo, espero que al leer este artículo comprendas la labor tan fundamental que forjas, realizaste y continuarás haciendo durante la vida de tus hijos que serán parte de la gran sociedad que tú estás formando en tu hogar.

Tres consejos sobre la escuela en casa

  1. Si como yo, la escuela en casa fue una decisión motivada debido a la situación con el Covid-19, ¡ánimo! no estás solo y el mundo entero tuvo que aprender a navegar esta realidad. Si ya tus hijos han regresado a la escuela de ladrillo y cemento, ¡felicidades! por haber hecho tu mejor esfuerzo por enseñar a tus hijos en casa el tiempo que lo hayas hecho. Si tus hijos continúan la escuela en casa no por decisión propia, ¡adelante!, existe una plétora de recursos para ayudarte a seguir. Y si has optado por la escuela en casa por un período de tiempo más largo o permanentemente, ¡enhorabuena!, seguramente has elegido lo que es mejor para tus hijos y familia.
  2. Los padres de familia con amplia experiencia sobre la educación en casa me dijeron que por lo general – sin Covid – el primer año es el más difícil. ¡Ama más, no seas tan duro contigo mismo o con tus hijos! Pues cualquiera que sea tu situación actual, recuerda que la familia es la célula primera y vital que también tiene una función social y política: tus hijos serán en la sociedad el reflejo de lo que viven en casa.
  3. Pide apoyo SIEMPRE que lo necesites, haz preguntas y tómate el tiempo de investigar. Es esencial que tengas una lista integral de otros padres, amigos y familiares que pueden ayudarte o aconsejarte. Únete a un grupo de ayuda para padres en tu ciudad o en redes sociales. Mi papá, por ejemplo – ingeniero químico – es el tutor de álgebra de mi hijo.

Tres sugerencias concretas para la escuela en casa

  1. Asegúrate de conocer cuáles son las expectativas sobre la educación en el hogar del estado en donde vives. Cuál es la ley, requerimientos, etc. Por ejemplo, yo aprendí que los requisitos del estado de Carolina del Norte son mucho más estrictos que los del estado de Mississippi.
  2. Ahorra tiempo en la planeación y compra únicamente los materiales escolares que necesites, imprime lo que sea posible, y organiza todo en carpetas por materia.
  3. Lee con anticipación el material que tus hijos aprenderán o que les ensenarás, esto te ayudará a tener una visión más clara de cómo presentárselos.

Recursos para la escuela en casa

  1. Nosotros escogimos la escuela Madre de la Divina Gracia, que es un programa de educación a distancia que ayuda a los padres a implementar una educación clásica católica en su hogar. Encuentra más información aquí: Mother of Divine Grace School.
  2. Nosotros quisimos un programa y plan de estudio católico, sin embargo, también hay una gran cantidad de programas no católicos que puedes elegir. Hoy en día hay un sinnúmero de información sobre todos estos programas en línea. Encuentra más información aquí: Lista bilingüe de programas católicos.
  3. Aprende sobre las diferentes filosofías y métodos de aprendizaje, así podrás saber cuál es el más adecuado para tus hijos: Lista (no exhaustiva) sobre los métodos de aprendizaje.
  4. Actualmente hay varios programas de matemáticas para la escuela en casa. Nosotros elegimos el programa Teaching Textbooks. Antes de decidirnos por este programa, utilizamos su versión gratis. Encuéntralo aquí: Clase de matemáticas.
  5. Lista de libros de la historia medieval y poesía, entre otros: Aquí puedes encontrar una lista de libros que puedes ordenar. Escoge las edades que les correspondan a tus hijos en la barra dorada Librería Madre de la Divina Gracia.
  6. En casa, también decidimos continuar con la formación en la fe utilizando un programa desarrollado por las Hermanas Dominicas de Santa Cecilia. El programa se enfoca en el aprendizaje de las virtudes para niños en los grados prekínder a secundaria (Middle School): Virtudes en práctica.

Tres estrategias prácticas para la escuela en casa

  1. Diseña un horario y establece una rutina escolar. Revisa este horario y rutina cada mes y haz las adaptaciones o cambios necesarios para tu familia.
  2. Otorga un espacio especial y determinado para la escuela en casa, organiza ahí todos los materiales escolares y asegúrate de que sea un lugar ameno para ti y tus hijos.
  3. Dos ventajas de la escuela en el hogar o la educación en casa son a) la flexibilidad y libertad que otorga, y b) el hecho de que tus hijos y tú, eligen el ritmo de trabajo con que llevan el plan de estudios (o syllabus en inglés). Por lo tanto, si vas a salir de viaje, tienes un cambio inesperado en tu día, o simplemente quieres cambiar de “aula de clases”, lleva contigo siempre el programa de estudios (de preferencia impreso) y cumple con el horario y la rutina diaria en la medida de lo posible.

 

Verónica López Salgado, M.A.
Feliz esposa y mamá/Teóloga, traductora, consultora e instructora independiente
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[1] 1 “La Iglesia Doméstica,” Catecismo de la Iglesia Católica, (consultado el 9 de mayo de 2021) §1657, en la Santa Sede. http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p2s2c3a7_sp.html

[2] Groome, Thomas H. Will There Be Faith? A New Vision for Educating and Growing Disciples. (New York: Harper One, 2011) 205, Kindle Edition.

[3] Karol Wojtyla, Love and Responsibility (San Francisco: Ignatius Press, 1993), 217.

No pierdan la esperanza en su matrimonio: Dios tiene un plan divino

Cuando los hijos tardan en llegar o nunca llegan

“Confía en el Señor y de todo corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia”. (Proverbios 3,5)

 

Por:    Wanda F. Vasquez y el Padre Lorenzo Ato

Oficina del Ministerio Hispano

Arquidiócesis de Nueva York

 

Uno de los fines primarios del matrimonio es la procreación, pero no siempre es posible

El Código de Derecho Canónico del año 1917 no concretó explícitamente un matrimonio católico, pero sí especificó de una manera muy clara dos propiedades esenciales del matrimonio, mientras que la regla distingue entre sus fines primarios y secundarios. El Código dice: “La procreación y la educación de la prole es el fin primario del matrimonio; la ayuda mutua y el remedio de la concupiscencia es su fin secundario” (Canon 1013, 1917).  Según este Código, las parejas que han recibido el Sacramento del Matrimonio tienen los componentes iniciales de la construcción de una planificación familiar para su futuro ideal de tener hijos y una familia propia. Muchos disfrutan de las recompensas de los fines primarios del Código, pero, para algunos matrimonios esto no es una realidad donde tener hijos es una imposibilidad.

La infertilidad es una de esas dificultades que nadie menciona porque es un tema difícil que la sociedad tiende a dejar en un segundo plano. Muchos otros a través de influencias sociales, culturales, o ideológicas ejercen la infertilidad como un pecado, una restricción social que ridiculiza (a veces de manera violenta) a las parejas infértiles que causan depresión mayor, ansiedad, violencia doméstica, suicidio, infidelidad, divorcio y abuso de sustancias.

Según la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva (Elizabeth Hervey Stephen, 1998) los análisis de infertilidad en mujeres para los Estados Unidos van en aumento donde, “El número de mujeres que experimentan infertilidad oscilará entre 5.4 y 7.7 millones en [el año] 2025, y el número más probable será de poco menos de 6.5 millones”. En la infertilidad masculina, “el factor masculino es una causa principal o contribuyente en aproximadamente el 50% de las parejas” (Ashok Agarwal, 2021) y las estadísticas de la infertilidad en los hombres, también, va en aumento.

Parejas infértiles pueden enfrentar estigmas y otros retos

Las normas sociales dictan que la pareja recién casada debe concebir después del primer año de matrimonio. Estos estigmas y presiones sociales contribuyen al desorden de la persona humana (y posiblemente la relación) por parte del grupo dominante: parejas capaces de concebir, familia, amigos y comunidades parroquiales, por nombrar algunos. Además, muchas parejas que han intentado concebir durante muchos años después de su boda, se encuentran en un estado de mayor vulnerabilidad, especialmente cuando se descubre que uno o ambos son infértiles. Para las parejas infértiles, los estigmas sociales y culturales pueden ser devastadores ya que generan preocupaciones físicas, emocionales y psicológicas en la relación. La maternidad es una aceptación social para muchas parejas: eleva el estatus de la pareja y, para muchas, mantiene las promesas establecidas durante la preparación del matrimonio en la Iglesia Católica. En una circunstancia no planificada como la infertilidad, el potencial de maternidad y paternidad se vuelve sombrío y afecta las aspiraciones de la pareja a convertirse en padres. Además, las enseñanzas culturales de la no conformidad de la infertilidad durante estas circunstancias traumáticas contribuyen a la disfunción del matrimonio donde la culpa, el fracaso y la depresión dan lugar a la posible disolución del matrimonio.

¿Qué debe hacer la pareja cuando no hay hijos biológicos?

Queridas parejas, tengan fe: ¡Dios tiene un plan para cada uno de ustedes!

Después del Vaticano II, la ley sobre el matrimonio se ha enmendado (Código de Derecho Canónico de 1983) y dice lo siguiente: “La alianza matrimonial, por el cual un hombre y una mujer constituyen entre sí es un consorcio de toda la vida …” (Canon 1055). Este fue un gran cambio de paradigma, donde se cambió la “definición” de matrimonio de tener hijos a la unificación de los cónyuges (hombre y mujer unidos como uno).

¿Qué puede hacer un matrimonio católico que quiere tener hijos y no pueden hacerlo de forma natural?

Si una pareja no puede tener hijos en el destino de su matrimonio, el matrimonio puede continuar como un consorcio que no pierde su significado y/o importancia. El Santo Papa Juan Pablo II definió el matrimonio como mucho más que un simple acuerdo entre un hombre y una mujer, redefiniendo el matrimonio no solo como un éxodo de procrear, sino como un éxodo de toda la vida.  En su Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, él nos dice: “El don del sacramento es al mismo tiempo vocación y mandamiento para los esposos cristianos, para que permanezcan siempre fieles entre sí, por encima de toda prueba y dificultad, en generosa obediencia a la santa voluntad del Señor: lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre” (Familiaris Consortio, 55). Los dones definidos en la exhortación reordena la forma en que se ve y se experimenta el matrimonio en la vida de la pareja.

Por la pareja que no puede tener hijos, el amor en el matrimonio es fundamental y los componentes de la relación alcanzan una nueva perspectiva:

La fecundidad también puede provenir de la fidelidad a Dios

La fecundidad puede venir de muchas formas y no necesariamente a través del nacimiento de un bebe. También puede manifestarse de nuestra propia fidelidad a Dios. Cuando la pareja se abre al divino plan de Dios, hay esperanza para el éxodo del matrimonio. Además, en la Exhortación Apostólica Postsinodal del Papa Francisco, Amoris Laetitia (La alegría del amor), el Santo Padre nos indica sobre las “situaciones imperfectas” y cómo esas situaciones afectan a la persona humana, la pareja y la familia. Él anima a una “cultura de encuentro,” como una manera de ser fructífero a través de la búsqueda de la vida familiar de una manera inclusiva que envuelve tíos, primos, parientes, familiares de parientes y amigos, quitando el enfoque a la familia nuclear y elevando una mayor concentración a las relaciones. Esto incluye el cuidado pastoral y el apoyo que recibimos de nuestros párrocos y comunidades parroquiales, acompañando a las parejas en su camino matrimonial. (cf. Amoris Laetitia 58-88, 165-198)

Dejen que la luz de Dios brille en, y a través de su matrimonio

“No se nieguen el uno al otro, a no ser de común acuerdo y por algún tiempo, a fin de poder dedicarse con más intensidad a la oración; después vuelvan a vivir como antes, para que Satanás no se aproveche de la incontinencia de ustedes y los tiente” (1 Corintios 7,5). 

Jesucristo es la luz del mundo y el matrimonio debe ceder a las alegrías del matrimonio. Dios está haciendo lo que es mejor para los cónyuges, aunque no es evidente, y Él es soberano sobre su matrimonio, incluyendo su éxodo. ¡Entréguense a Él y Él le revelará Su divino plan!

Los cónyuges católicos tienen muchas razones para tener un matrimonio feliz y perpetuo. Si una pareja casada que no puede procrear, o se ven impedidos de adoptar, no se puede concluir que sea por razones egoístas. La pareja debe discernir, ayudada por la fe y la oración, para encontrar buenas alternativas. Lo importante es reconstruir su matrimonio con esperanza y optimismo, con la suficiente amplitud de miras para acoger la voluntad del Señor.

Otro artículo relacionado: Aquí pueden leer la experiencia de una pareja que anheló un hijo por cinco años y pudieron concebir con la ayuda de NaProTECNOLOGÍA.

 

Bibliografía

Elizabeth Hervey Stephen, Anjani Chandra, Updated projections of infertility in the United States: 1995–2025, Fertility and Sterility, Volume 70, Issue 1, 1998, Pages 30-34, ISSN 0015-0282, https://doi.org/10.1016/S0015-0282(98)00103-4. (https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0015028298001034)

Ashok Agarwal, Saradha Baskaran, Neel Parekh, Chak-Lam Cho, Ralf Henkel, Sarah Vij, Mohamed Arafa, Manesh Kumar Panner Selvam, Rupin Shah, Male infertility, The Lancet, Volume 397, Issue 10271, 2021, Pages 319-333, ISSN 0140-6736, https://doi.org/10.1016/S0140-6736(20)32667-2. (https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0140673620326672)

Buscando tratamientos para la infertilidad que respetan al plan de Dios

Por Roberto y Claudia Vargas

Nunca sabes lo que tienes, hasta que recuerdas como era tu vida antes de tenerlo. Cualquiera que tiene hijos sabe que la vida cambia radicalmente al darle la bienvenida a un pequeño retoño de amor. Para nosotros fueron más de cinco largos años anhelando tener un bebé.

Nuestros primeros años sin poder concebir

Nos casamos en septiembre del 2012. A los pocos meses de casados, decidimos mudarnos a otro estado y comenzamos a intentar tener un bebé a finales de ese mismo año. No lo teníamos todo resuelto; rentábamos un departamento pequeño de una habitación, dirigíamos una pequeña empresa y yo había comenzado un nuevo empleo como auditora para el gobierno estatal. No vivíamos en la casa de nuestros sueños y nuestros ingresos no eran los mejores; de hecho, estábamos pagando algunas deudas que habíamos adquirido el invierno anterior. Sin embargo, pensamos que un bebé sería increíblemente amado a pesar de nuestras circunstancias. En fin, teníamos la convicción de que Dios nos concedería el regalo de tener un bebé en Su tiempo y supliría todas nuestras necesidades, como siempre lo había hecho.

Pasaron dos meses y no había quedado embarazada. Luego cuatro meses, seis, ocho, diez… un año. Mis amigas, cuñadas, concuñas y conocidas comenzaron a tener bebés, y nuestro turno parecía estar aún muy lejano. Me parecía extraño, ya que siempre había tenido ciclos regulares. Desde que nos casamos, habíamos estado usando métodos naturales de planificación familiar. Estaba muy en sintonía con mi cuerpo y muy segura de que estaba ovulando – pero por alguna extraña razón, no lograba quedar embarazada. De repente, me encontré sumergida en blogs, videos, foros, etc. que hablan sobre tratando de concebir. Comencé a llevar un registro meticuloso de mi ciclo usando múltiples métodos. Luego cambié mi dieta por una más saludable, me hice una limpieza desintoxicante y comencé a tomar suplementos para apoyar la fertilidad. Comencé a hacer más ejercicio y me propuse hacer cosas que me relajaran. Nada parecía funcionar. En lo profundo del corazón sabíamos que solo Dios nos podía conceder un milagro, y que, con esta fe en Él, seguíamos orando e implorando por un bebé.

Nuestra primera cita médica

Dejamos pasar unos meses más, con la esperanza de que en cualquier momento sucedería. Finalmente, después de muchas desilusiones y de pruebas negativas de embarazo, decidimos buscar ayuda médica. Solo quien ha pasado por la sola y dolorosa trayectoria de la infertilidad conoce la pena y la vergüenza que se experimenta al imaginarte que tu cuerpo pudiera estar roto y que no funcione como debería. Este fue el sentimiento que cargaba sobre mis hombros al entrar a mi primera consulta de infertilidad. Pronto me di cuenta de que para la doctora mi caso no era nada novedoso ni especial, y rápidamente me dejó saber cuál era el protocolo: análisis para mí y para mi esposo, y una histerosalpingografía para revisar que mis trompas de Falopio no estuvieran bloqueadas. Indicó que, si los estudios no arrojaban ninguna anormalidad, las opciones de tratamientos eran primero tomar un medicamento para provocar la ovulación, luego la inseminación intrauterina, y la fecundación in vitro como último recurso. Si nada de esto funcionaba, había las opciones de buscar donantes de espermatozoides y/o de óvulos – ella explicó. Sus sugerencias me causaron conmoción e incomodidad. ¿Cómo es que estos tratamientos pueden ser “soluciones” a un problema que ni siquiera ha sido diagnosticado? – me pregunté. Me angustió demasiado enterarme de esta realidad, pero tenía la esperanza de que los estudios revelaran alguna anormalidad y así poder dar con la raíz del problema para poder encontrar una solución de acuerdo con ello.

Incomodidad y desánimo sobre los tratamientos sugeridos

Al salir de la cita repasamos los materiales informativos. Investigamos más acerca de los tratamientos que sugería la doctora. Pronto nos dimos cuenta de que de que la inseminación intrauterina y la fecundación in vitro no eran aprobados por la Iglesia Católica porque descartan el acto sexual conyugal en el cual es concebida una nueva vida, según el plan perfecto de Dios. Aparte de no ser aprobados, no nos sentíamos cómodos con la idea de experimentar con tratamientos que no ayudaban a encontrar cual era la raíz del problema. Nos envolvía un sentimiento de desanimo y confusión, pero a la vez una extraña ilusión de que los estudios revelaran lo que realmente estaba pasando.

Llegó el día de los análisis y pronto recibimos los resultados – todo estaba totalmente normal tanto conmigo como con mi esposo. A los pocos días me hicieron la histerosalpingografía; los resultados fueron instantáneos – todo parecía estar en orden y no había bloqueo en las trompas de Falopio. Cualquiera diría que estas eran buenas noticias, pero para nosotros saber que todo estaba “normal” era confuso ya que esto no nos daba ninguna indicación del por qué no se lograba un embarazo. A concluir la cita de la histerosalpingografía, la doctora indicó que tenía infertilidad inexplicable y que el siguiente paso era tomar un medicamento para provocar la ovulación. Sugirió que, si no quedaba embarazada en tres meses, volviera con ella para probar la inseminación intrauterina, y si eso no funcionaba podíamos intentar fecundación in vitro. Salimos de la consulta desalentados; buscábamos una solución a un problema, no un vendaje que simplemente tapara cualquier complicación que pudiera haber. Además, deseábamos ser files a la enseñanza de nuestra Santa Madre Iglesia, y las opciones presentadas eran contrarias a nuestra fe.

Anhelos continuos de un hijo y sugerencias de amigos y familiares

Dejamos pasar otro año, aferrados a la esperanza de que Dios nos sorprendería en cualquier momento. Las familias en nuestro entorno seguían creciendo; más bebés nacían y nuestro corazón cada vez era más sensible al gran anhelo de tener nuestro propio bebé en brazos.  Para este tiempo, ya todos nuestros familiares y amigos nos habían preguntado si queríamos tener hijos. Nuestra respuesta siempre era muy casual – “Claro, le estamos pidiendo a Dios. Él nos lo dará cuando crea que es conveniente”. Recibíamos consejos de vitaminas que podíamos tomar, o recomendaciones de alguna “sobandera” que tenía manos milagrosas. Nos hablaron de remedios antiguos tales como tomar un huevo de pato crudo en ayunas o preparar un menjurje de hierbas hervidas con una cola de chivo. El deseo de ser papás era muy grande pero no fuimos lo suficiente valientes para intentar estos remedios, que nos parecían ser supersticiosos. Esto sería otra forma de ir en contra de la enseñanza de la Iglesia. El Catecismo dice “La superstición es la desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que impone. Puede afectar también al culto que damos al verdadero Dios” (n. 2111). Seguimos confiando en el poder de Dios.

Otra sugerencia – esta vez 100% católica

Entre todos estos consejos y recomendaciones, me llegaron dos mensajes de dos tías que radican en México; las dos me recomendaban al mismo médico. Investigué un poco y me di cuenta de que se trataba de un ginecólogo-obstetra especializado en una técnica reproductiva llamada NaProTECNOLOGÍA. Continúe investigando y supe que esta técnica fue descubierta por el mismo doctor quien creó el método de planificación familiar llamado “Creighton”. Aprendí también que todo esto era 100% católico, así que no nos demoramos y buscamos un médico NaPro en el estado donde vivimos, ya que se nos hacía muy complicado consultar a un doctor de México.

Pronto me di cuenta de que no había más que una pediatra NaPro en nuestra área. Aunque no era ginecóloga, pensamos que podía ayudarnos a identificar la raíz del problema. En la primera cita con ella me di cuenta que tenía que llevar una gráfica usando el método Creighton para que ella me pudiera orientar. Aprendimos a hacerlo y regresé después de tres meses. Me hizo muchas pruebas que la doctora anterior no me había hecho… pero tristemente, no había nada fuera de lo común. Después de casi un año de estar consultándola, refirió mi misterioso caso al Instituto San Pablo VI en Omaha, Nebraska. A la vez, decidí buscar a la ginecóloga NaPro más cerca de nosotros, aunque tuviéramos que viajar a otro estado. Se nos hacía más practico esto que ir hasta México. Después de repasar una larga lista, encontré una ginecóloga NaPro en California. Agendé cita y emprendimos nuestro viaje.

Nuestra primera cita con una ginecóloga NaPro

Llegamos a la cita con emoción y miedo a la vez. Miedo de pensar que sería el comienzo de otra larga espera, pero con la emoción de que cada vez estábamos más cerca de presenciar un milagro. La cita fue breve pero muy efectiva. Llevaba mis gráficas, y fue impresionante ver cómo después de analizarlas por tan solo unos minutos, la doctora nos comentó algo que nunca se había considerado por ningún médico que había consultado. Nos indicó que de acuerdo con mis gráficas y los análisis que ya se habían realizado, parecía que existía una posibilidad que tuviera endometriosis. Al escuchar esto mi corazón saltó, pues tenía sentido. Tenía todos los síntomas, pero ningún médico se había interesado en investigar sobre esta enfermedad. ¡Por fin recibíamos un diagnostico más claro! Aclaro que la doctora no podía asegurar que este fuera el caso y que solo con una cirugía se podía confirmar. Nos dio información acerca de la operación e indicó que su asistente se estaría en contacto con nosotros para darnos detalles del costo.

El siguiente obstáculo – el costo del tratamiento

Saliendo de la cita lo platicamos, oramos, y decidimos que sería bueno proceder con la cirugía. A los pocos días, recibimos la llamada de la clínica. Nos explicaron que los honorarios de la doctora eran más o menos $7,000 dólares y los costos de hospital eran $40,000 dólares. Por supuesto que esto no estaba dentro de nuestro presupuesto. Vimos opciones con médicos tradicionales en el estado donde vivimos, pero era complicado porque ellos no habían hecho el diagnóstico y tenían que empezar desde cero.

Consulta con el doctor NaPro en México

Finalmente, decidimos contactar al doctor que me habían recomendado mis tías de México. Mi esposo llamó a la Clínica NaPro en Puebla, MX y le explicaron que el doctor Miguel Ángel Domínguez Mena atendía a pacientes de todo el mundo, así que agendamos una cita para vernos por Skype. Llegó el día de la consulta y nuevamente fue impresionante como el doctor al ver mi gráfica, también concluía que podía ser un caso de endometriosis que requería cirugía para confirmar y corregir. Pronto decidimos proceder con la cirugía en México. Ya habían pasado muchos años y no había más tiempo que perder. Llegó la fecha de la cirugía, y efectivamente se descubrió que no solo tenía endometriosis severa, sino que una de las trompas de Falopio estaba adherida a la pared pélvica. El doctor Mena removió la endometriosis y corrigió la adherencia.

El milagro y las lecciones

La recuperación fue rápida, y para no hacer la historia más larga – a los cinco meses de haber tenido la intervención quirúrgica ¡quedé embarazada sin absolutamente ningún medicamento! Ahora gozamos de un hermoso niño de 16 meses quien nos ha venido a endulzar la vida después de tantos años de desilusión y lágrimas.

En nuestro corazón siempre existía la certeza de que Dios, en Su inmensa bondad, nos otorgaría el regalo de la paternidad un día. Pero aprendimos en el caminar que las cosas suceden en Su tiempo y que no podemos forzar algo que está fuera de nuestro control. La sociedad secular busca resultados instantáneos y las soluciones que ofrece la medicina moderna para la infertilidad no siempre tienen la dignidad del ser humano como prioridad ni como fin resolver el problema de raíz. Además, la inseminación intrauterina y la fecundación in vitro descartan el acto sexual conyugal en el cual es concebida una nueva vida, según el plan perfecto de Dios. En el proceso de la fecundidad in vitro, muchos embriones son descartados por “imperfecciones”, haciendo que los humanos tomen el lugar que solo le pertenece a Dios, y así atentando contra la dignidad del ser humano. En cambio, la NaProTECNOLOGÍA es una técnica científica muy avanzada que no solo busca identificar la raíz del problema que afecta la salud reproductiva de la mujer para así restaurarla, sino que respeta la dignidad de la vida humana y del acto sexual de los esposos que Dios mismo diseñó.

Somos conscientes de que muchas parejas no saben que las técnicas artificiales de reproducción asistida no están en el plan de Dios, y también sabemos que muchas otras parejas desconocen la NaProTECNOLOGÍA. Por esta razón, cuando sabemos de una pareja que enfrenta problemas de infertilidad, les compartimos nuestra historia y los encomendamos a María Santísima bajo la advocación de Nuestra Señora de la Dulce Espera, ya que ella fue una gran intercesora en nuestra historia de infertilidad y lo sigue siendo en nuestra nueva vocación como padres de familia.

María de la Dulce Espera, ruega por nosotros.  Haz clic aquí para una Novena a María de la Dulce Espera.

Otro artículo relacionado:  No pierdan la esperanza en su matrimonio: Dios tiene un plan divino (Aun cuando los hijos tardan en llegar o nunca llegan)

Para aprender más sobre lo que la Iglesia enseña sobre las tecnologías reproductivas: El amor vivificante en una era tecnológica

“La Iglesia siente compasión por aquellas parejas que sufren a causa de la infecundidad y desea prestarles una verdadera ayuda. Al mismo tiempo reconoce que algunas de estas ‘tecnologías reproductivas’ no son moralmente válidas para resolver esos problemas. Nosotros, los obispos de Estados Unidos, ofrecemos esta reflexión para explicar el por qué. La ofrecemos, también, para darles esperanza: una esperanza verdadera que las parejas puedan ‘recibir de Dios responsable y amorosamente los hijos’ y establecer una familia a la vez que muestran respeto absoluto por el plan de Dios para su matrimonio y por el don de los hijos.”

 

Roberto y Claudia Vargas, junto con su hijo Pablo, radican en el estado de Washington. Sirven como coordinadores generales de La Comunidad Católica Carismática de Alianza, “La Alegría del Evangelio” dentro de la Arquidiócesis de Seattle. También son parte del equipo pre-matrimonial en su parroquia y han sido facilitadores del programa Ambiente Seguro. Roberto es Caballero de Colon y sirve en en el programa de formación en la fe en la parroquia local. Claudia es actualmente una de 15 miembros del consejo pastoral arquidiocesano, está por cursar una maestría en la Universidad de Washington, y en sus tiempos libres (que nos son muchos) escribe acerca de su experiencia como esposa y mamá desde la perspectiva de la fe católica en en su blog homewithclaudia.com

 

 

 

 

 

 

Las Familias Tienen una Misión Única

Por el Diácono Leonel Yoque

 

¿Cómo sería nuestra Iglesia y nuestra sociedad si cada familia encontrara su misión?

La pandemia nos ha desafiado a todos pues ha quedado al descubierto nuestra vulnerabilidad. De una manera u otra nos ha tocado lidiar con muchas pérdidas. Pérdida de salud, de trabajo, de un ser querido, de reunirnos en persona, de celebrar juntos, etc. Sin embargo, debido al confinamiento en casa hemos aprendido a compartir más tiempo con nuestra familia inmediata, y sobre todo, hemos experimentado y valorado nuevamente el significado de una Iglesia doméstica. Las familias de hoy tenemos la misión de ver la realidad que estamos viviendo con el corazón, de tomarnos el tiempo para reflexionar y dialogar sobre los desafíos a la luz de la fe, y de comprometernos con acciones concretas que edifican la construcción del Reino de Dios aquí y ahora.

Ver la realidad con el corazón: Estamos viviendo una crisis enorme pues con la pandemia se han agravado muchos de los desafíos de un mundo postmoderno con los que ya estábamos lidiando anteriormente.  Hoy más que nunca, las familias tenemos que detenernos para ver la realidad de una manera diferente. El Papa Francisco nos ha recordado que, “de una crisis no se sale igual: o salimos mejores o salimos peores” (Videomensaje con ocasión de la 75 asamblea general de las Naciones Unidas, 25 de septiembre de 2020). Como familias, ¿cómo queremos salir de esta crisis? Para esta reflexión surge la necesidad de ver la realidad con los ojos de una fe que brota desde lo más profundo de nuestro corazón.

La unidad familiar es crucial no sólo para superar la crisis, sino para salir de la crisis como mejores esposos, padres de familia, hijos e hijas, hermanos y hermanas. En Amoris Laetitia (AL) – La Alegría del Amor (Exhortación apostólica postsinodal sobre el amor en la familia) el Papa Francisco nos recuerda que “la Iglesia es un bien para la familia y la familia es un bien para la Iglesia. El amor vivido en las familias es una fuerza constante para la vida de la Iglesia. En este amor celebran sus momentos felices y se apoyan en los episodios difíciles de su historia de vida” (AL 87-88). Para ver la realidad con el corazón es necesario que las familias nos reencontremos con el amor. Así como los metales son puestos a prueba a través del fuego, así también el amor familiar es puesto a prueba ante las adversidades. Viendo la realidad con los ojos de la fe cristiana nos ayudará a salir de la crisis como mejores familias. Y por qué no decirlo, como mejores cristianos.

Reflexionar y dialogar en los desafíos a la luz de la fe: ¿Has considerado tu hogar como un lugar de misión? Es importante que las familias de hoy tengamos un espacio de reflexión y diálogo y así poder identificar la misión que el Señor quiere para cada una de las familias de hoy. La Sagrada Familia de Nazaret cumplió con su misión. “La alianza de amor y fidelidad, de la cual vive la Sagrada Familia de Nazaret, ilumina el principio que da forma a cada familia, y la hace capaz de afrontar mejor las vicisitudes de la vida y de la historia. Sobre esta base, cada familia, a pesar de su debilidad, puede llegar a ser una luz en la oscuridad del mundo” (AL 66).  Para identificar nuestra misión en familia debemos seguir el ejemplo y misión de la Sagrada Familia – José, María y su Hijo Jesús – quienes encontrándose en situaciones difíciles en sus vidas se dejaron guiar por Dios y llevaron a cabo el plan salvífico del Padre.

Como católicos pertenecemos a una Iglesia Universal – pero también somos una Iglesia Doméstica.  San Juan Pablo II decía que las familias son como “Iglesias en miniatura”. Imagínate que vas entrando a tu hogar y piensa que estás entrando en el templo donde celebramos nuestra fe cada domingo. ¿Cómo sería nuestra vida familiar si nuestro hogar lo consideráramos un lugar sagrado? O inclusive, ¿cómo nos trataríamos unos a otros en la familia?

Imaginemos a la familia como el primer lugar donde se experimenta el amor de Dios. En familia reflexionen y dialoguen sobre cómo están compartiendo ese primer amor. Amor de papás, de hijas e hijos, de hermanas y hermanos. ¿De qué manera nos estamos cuidando y respetando unos a otros?

Compartir el amor de Dios con otros: Los espacios y lugares para compartir el amor no se limitan a la familia. Una vez se va experimentado el amor en la familia, la tendencia es que compartimos ese amor con nuestras familias extendidas, familiares, amigos, vecinos y comunidades de fe. Experimentamos que el amor de Dios no tiene límites porque el amor de Dios es como una fuente inagotable que nos lanza hacia las “periferias”, es decir, a los lugares donde Jesús nos invita a experimentar un encuentro para compartir su amor con los más desamparados de la sociedad.

Las familias cristianas están llamadas a dar frutos para la Iglesia Universal y la sociedad y para esto es necesario una pastoral desde y con las familias. “Las familias cristianas, por la gracia del sacramento nupcial, son los principales sujetos de la pastoral familiar, sobre todo aportando ‘el testimonio gozoso de los cónyuges y de las familias, iglesias domésticas’. Se trata de hacer experimentar que el Evangelio de la familia es alegría que ‘llena el corazón y la vida entera’, porque en Cristo somos ‘liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento’” (AL 200). La misión de las familias de hoy es alcanzar juntos la plenitud.

Ser familia misionera: En la familia, por excelencia, descubrimos nuestra vocación de vida, es allí donde descubrimos, valoramos y desarrollamos nuestros dones y talentos; y los ponemos al servicio de la Iglesia, de nuestra sociedad y del mundo entero. Encontrar tu vocación de vida es encontrar tu misión. En palabras del Papa Francisco: “Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo” (Evangelii Gaudium 273). Una familia discípula es una familia misionera. Reflexionen y dialoguen constantemente sobre cómo pueden ser una familia misionera que comparte el Evangelio de la alegría en su familia, comunidad de fe y en la sociedad.

Empezar por los papás: Desde las primeras comunidades cristianas, el testimonio ha sido una vía eficaz de evangelización y misión. Por excelencia los padres de familia damos testimonio con el ejemplo de buenos cristianos en nuestra vida diaria. Si queremos hijos e hijas misioneros tendremos que ser buenos discípulos misioneros nosotros primero. “Los hijos que crecen en familias misioneras a menudo se vuelven misioneros, si los padres saben vivir esta tarea de tal modo que los demás les sientan cercanos y amigables, de manera que los hijos crezcan en ese modo de relacionarse con el mundo, sin renunciar a su fe y a sus convicciones” (AL 289). Papá y mamá esta es específicamente nuestra misión, aquí y ahora.

 

Acciones concretas para construir familias misioneras:

  • Comprométanse a utilizar palabras como: “por favor”, “permiso”, “gracias”, “perdón”, “sugiero”, etc. en su comunicación familiar de forma cotidiana hasta que sea parte de un hábito interno. A menudo pensamos que para criar buenos hijos e hijas tenemos que hacer grandes cosas, sin embargo, con pequeños gestos y palabras podemos edificar grandes valores en la familia (cf. AL 264-266).
  • Sirvan en la comunidad: Una vez identificados nuestros valores, dones y talentos en la familia, ahora los ponemos al servicio de nuestra comunidad. Invitemos constantemente a nuestras hijas e hijos a servir como voluntarios. En nuestras parroquias y organizaciones comunitarias hay muchas maneras en las que podemos hacerlo. Por ejemplo: Caridades Católicas, San Vicente de Paul, etc.  Cantando, leyendo, enseñando, dando la bienvenida, como voluntarios en ministerios de justicia y servicio social, etc. Empiecen de a poco, quizás donando una hora a la semana de su tiempo y después compartan en familia cómo se sintieron al dar este servicio a los demás.
  • Salgan a las periferias: Promover en las familias su natural vocación misionera (cf. AL 230). El amor no tiene límites y es como una fuente inagotable, pues el Espíritu Santo nos lanza hacia los más necesitados. Identifiquen en familia a las personas más necesitadas cercanas y lejanas y comprométanse en una acción concreta para tener encuentro con Dios en las periferias.
  • Ver y compartir los recursos del Año “Familia Amoris Laetitia” (March 19, 2021 to June 26, 2022): Sitio web del Vaticano, sitio web de la USCCB y muchas diócesis tienen sitios web con información local.

El Diácono Leonel Yoque nació y creció en Guatemala y ha vivido en California por 30 años. Está casado y tiene tres hijos. Leonel es diácono permanente de la Arquidiócesis de Los Ángeles, asignado a la Parroquia Santa Cruz. Al mismo tiempo, Leonel lidera el equipo de educación y animación misionera Hispana/Latina con los Padres y Hermanos Maryknoll. Leonel obtuvo una maestría en Teología Pastoral en Loyola Marymount University, Los Angeles.

Esposos y Padres como San José

Por José Juan Valdez, MA.

Hola ¿qué tal? Me dirijo a todos los esposos y padres que siguen esta página web y sus excelentes contenidos. En esta ocasión es para compartirles sobre mi devoción a San José, esposo de la Virgen María y padre adoptivo de Jesús. El Papa Francisco tuvo a bien llamar a toda la Iglesia el pasado 8 de diciembre a dedicar, celebrar y reflexionar la vida de San José a propósito del 150 Aniversario de que el Beato Pio IX lo declarara como patrono de la Iglesia Católica.

Tengo que confesarles que esta noticia me llenó de alegría como devoto de un santo tan impresionante como lo es San José. ¿Cómo nació mi devoción? Comienzo haciendo una confesión de la que inicialmente no me siento orgulloso. El nombre que me dieron mis padres es José Juan y bueno para serles honestos no me gustó por un tiempo (debió ser cuando tenía entre 10-13 años), porque, para empezar, al menos del pueblo del que soy originario, Romita, Guanajuato, México, estos son los dos nombres más comunes. Solía pensar y decir que la mitad de mi pueblo se llamaban JOSÉ y la otra mitad JUAN. Así que, tenía la impresión de que en realidad mis padres no se habían complicado en absoluto y tomando estos dos, los pusieron juntos y listo… no me gustaba por lo común.

A los 15 años ingresé al seminario. Quería ser sacerdote y fue ahí donde me di cuenta de la importancia de nuestro(s) nombre(s) y como en la vida cristiana, el nombre a menudo representa al santo del día en que naciste. Y, además, representa al amparo y cuidado del nombre del santo que recibes, o si no coincide con la fecha, pues se escoge el nombre en honor y consagración al santo al que quedas encomendado. JOSÉ JUAN: San José (19 de marzo) y San Juan Bautista (24 de junio) ¡qué bendición más grande había heredado de mis padres! Tremendos pilares en el cielo interceden por mí. Desde este descubrimiento me siento muy honrado del nombre que llevo, sin mencionar que el primer nombre de mi papá (que en paz descanse) a quien tanto quiero, extraño y admiro, es José también. Desde aquel entonces, en los inicios de mi formación en el seminario, comenzó mi devoción al señor San José y al Precursor de nuestro Señor Jesucristo, San Juan Bautista.

Con el llamado a celebrar al señor San José durante todo este año desde el 8 de diciembre del 2020, el Papa Francisco tuvo a bien escribir una Carta Apostólica Patris Corde (Con Corazón de Padre) en la que nos invita a voltear a ver las virtudes del padre de Jesús y esposo de María. Les recomiendo como lectura espiritual leer cada una de las siete cualidades que nos presenta en el documento y preguntarnos cómo puedo yo como esposo y/o como padre imitar o vivir estas las virtudes san José.

Estuve 11 años en el seminario: 7 en México y 4 en Estados Unidos. Casi terminaba mis estudios eclesiásticos cuando tuve una crisis vocacional. Surgió después de haber participado en las nupcias de mi hermano mayor Sabino, a quien admiro y quiero mucho, con quien es su esposa, María Graciela. Como dicen en México, “me movió el tapete”. Pero bastaron algunos meses para que se me pasara de alguna manera y me volviera a enfocar en mi preparación hacia el orden sacerdotal. Un año antes de tomar la decisión de suspender mi preparación, mi hermano mayor y su esposa tuvieron a su primogénito, Jesús “Chuy”. Al ver la ternura con la que mi hermano miraba y cargaba a su hijo y la felicidad que proyectaba, fue la estocada final a mi crisis vocacional. A partir de ese momento en mi oración le decía a Dios que Él sabía que yo quería entregar mi vida, que yo quería servirle en su pueblo, pero que no sabía si iba a ser capaz de hacerlo sin eso que tenía mi hermano mayor: UNA FAMILIA.

Fue muy duro, muy difícil, porque no fue que me desencanté del anhelo de ser sacerdote, la cuestión es que quería tener una familia como la de mi hermano. Después de un año de darle vueltas y cuando me acercaba a la recta final de mi vida en el seminario, decidí que no podía continuar. Decidí que le serviría a Dios el resto de mi vida pero que quería hacerlo desde el seno de una familia. Decidí no ser sacerdote, sino esposo y papá, y luchando cada día por ser el mejor, alcanzar la santidad a la que todos hemos sido llamados. La figura de San José tomó entonces más fuerza en mi vida y mi devoción se acrecentó.

 

Ahora tengo 15 años de casado con mi esposa Alba Iris, casi ya 16. Dios en su misericordia y su providencia nos ha concedido la dicha de tener 3 hijos (1 niña y 2 niños).  Dios nos ha bendecido de manera impresionante, ha caminado con nosotros a cada instante. Pero ha habido momentos difíciles en el trayecto, momentos que por nuestras limitaciones y algunas circunstancias externas la tormenta ha dado fuerte contra nuestra casa y ha amenazado con destruirla. En esos momentos, en los más difíciles me he vuelto a Dios y de manera particular también he volteado a ver a San José y he implorado su intercesión. San José se mantuvo fiel a su llamado de ser esposo y padre, de cuidar, defender, custodiar, educar, pero sobre todo amar a los que Dios puso bajo su encargo. Le pedía que intercediera por mí y he sentido su respuesta.

¿A qué les invito, una vez más, a los que son esposos y padres, a los que Dios les ha confiado este don y esta responsabilidad? A que acudamos a San José de dos maneras:

  1. Imitando sus virtudes de, con valentía y desde la humildad, decirle sí al llamado de Dios. Y luego vivirlo desde el silencio en fidelidad profunda, protegiendo a su familia. Hoy ante tantas ideologías y distorsiones, ante tantas situaciones contrarias a la familia y la estabilidad de esta, que sepamos como San José custodiar y cuidar a nuestra esposa e hijos.  Que en las responsabilidades sencillas y que a menudo pasan desapercibidas de cada día sepamos ser como San José. Y que, por nuestra entrega y nuestro ejemplo, nuestros hijos vayan “creciendo en sabiduría y en gracia delante de Dios y de los hombres” (Lc 2, 52).
  2. Cuando la tormenta llegue, la dificultad, la debilidad, el desánimo o cualquier cosa que se interponga y quiera destruir lo que Dios ha ido levantando con nosotros, cuando los recursos humanos y las fuerzas no alcancen, voltear a ver a San José y pedirle por su intercesión que Dios nos conceda lo que necesitamos.

Tengo claro que cuando salí del seminario, mi camino hacia la santidad había cambiado. Ahora sería a través de ser el mejor esposo y papá, a ejemplo de San José. Pido a Dios que nos conceda vivir nuestro llamado como San José para un día llegar al cielo y que como lo hizo con él, nos diga: “siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor” (Cf. Mt. 24, 14-30).

Concluyo este compartir/reflexión con la oración de la Carta Apostólica Patris Corde para que así sea con nosotros también, que sepamos ser como San José, reflejo “sombra” del Amor del Padre a los que Él nos ha confiado:

Salve, custodio del redentor y esposo de la Virgen María.

A ti, Dios, confió a su Hijo, en ti María depositó su confianza, contigo Cristo se forjó como hombre.

Oh, bienaventurado José, muéstrate padre también a nosotros y guíanos en el camino de la vida.

Concédenos la gracia, misericordia y valentía, y defiéndenos de todo mal. Amen.

~ Papa Francisco, Patris Corde, 2020

 

José Juan Valdez es autor de varios libros, junto con su esposa Alba Iris son los fundadores y directores de diferentes esfuerzos de evangelización y formación, tales como: Ministerio Nazareth de Sanación y Desarrollo Integral de las Familias; Familia Hispana Magazine una revista de formación y valores para las familias hispanas en USA; y Paulus Media una plataforma con recursos para la Evangelización y la Formación en la Fe.

Guías de Reflexión: San José, Hombre de Familia

Los miércoles son tradicionalmente dedicados a San José.  Los invitamos a reflexionar en pareja o en familia cada miércoles sobre una de las cinco angustias de San José. 

Para descargar el paquete completo de las reflexiones sobre las 5 angustias de San José, haga clic aquí: San José Hombre de Familia-Reflexiones Completas.

 

Estructura para cada semana:

 

Primera Angustia

Segunda Angustia

Tercera Angustia

Cuarta Angustia

Quinta Angustia

 

Para aprender más sobre el Año de San José y cómo celebrarlo en su hogar, visite: portumatrimonio.org/sanjose