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Matrimonios libres de adicciones, matrimonios sanos y felices

El matrimonio es un sacramento de servicio que presupone una entrega total, libre, fiel y fructífera al cónyuge.  Para que la relación matrimonial sea una sana y feliz, estos cuatro pilares que fundamentan el amor conyugal según el plan de Dios deben siempre mantenerse presentes íntegramente.  Por tanto, no podemos esperar tener un matrimonio sano y feliz si alguno de estos pilares que sostienen la estructura del matrimonio está comprometido, dañado o ausente.

Uno de los elementos mas importantes del amor entre esposos es que éste sea libre.  Ofrecer a nuestra pareja un amor que sea libre no implica solo que el cónyuge no haya tenido un matrimonio sacramental válido previamente o que nada o nadie le haya forzando a contraer matrimonio.  El elemento de libertad que fundamenta el amor conyugal también requiere que el esposo y la esposa estén libres de ataduras y yugos que limiten, roben o comprometan su capacidad de amar plenamente.  Las adiciones ciertamente son cárceles que le roban al cónyuge la libertad y la capacidad  de amar de una manera total, fiel y fructífera.

Cuando una persona está presa por una adicción como el alcohol o las drogas, su voluntad – que es donde reside su capacidad de obrar libremente- se compromete de tal manera que nubla o elimina la habilidad del cónyuge para amar a su pareja con entrega, respeto, delicadeza y fidelidad, siempre buscando el bien para el otro.  Pero recientemente ha surgido una nueva adición que está socavando como ladrón noche, los cimientos del matrimonio, ya que un cónyuge puede hacerse adicto en la privacidad su habitación y hasta por los efectos electrónicos móviles con fácil acceso y sin que nadie se percate.  Hablamos de la adicción a la pornografía, que se ha convertido rápidamente en una de las principales causas de destrucción de miles de matrimonios.

Muchos no saben que la adición a la pornografía causa daños tanto físicos como emocionales que llevan a la persona adicta a necesitar la estimulación de las imágenes pornográficas para poder alcanzar una excitación sexual.  El acceso repetido a imágenes pornográficas causa también una necesidad física tan fuerte que la persona tiene que acudir a ellas, aun para conseguir una relajación de sus tensiones diarias.  La adicción puede llegar a tal punto que la persona esta tan habituada a ver imágenes pornográficas, que ya no pueda alcanzar estimulación o clímax al compartir íntimamente con su pareja.  Y en el peor de los casos, la adicción a la pornografía puede causar impotencia.

No olvidemos también que el acceso a la pornografía lleva a la persona a sustituir ya sea mental o físicamente a su pareja en la intimidad sexual por la persona que protagoniza la imagen pornográfica, intimidad que está reservada en el matrimonio solo para el cónyuge.  Como bien dijo el Señor Jesús en la Escritura, el que mire a una mujer para codiciarla, ha cometido adulterio en su corazón (Mateo 5:28).  Si usted o su cónyuge han perdido la libertad de amar correctamente por el yugo de la adicción a la pornografía, le invitamos a buscar ayuda profesional confidencial.  También le motivamos a abrir su corazón a la Misericordia infinita de Jesús, quien vino a liberar a los cautivos y quien es especialista en nuevos comienzos.  Para más información y recursos, visite Pornografía: un ataque al templo de Dios vivo.

¿Matrimonios entre personas de distintas nacionalidades funcionan?

Dora Tobar

Estamos en un mundo global donde las fronteras se cruzan fácilmente y donde, por razones de migración o de trabajo, personas de todas partes del mundo se encuentran y pueden terminar formando pareja.

Esta situación permite entrar en contacto con tradiciones, costumbres y hasta valores desconocidos que pueden enriquecer la vida de pareja o, por el contrario, perturbarla.

Para que este factor no sea causa de conflictos, es importante tener en cuenta lo siguiente:

  • Después de la familia, el amor a la tierra ocupa un lugar muy importante en los afectos de una persona. Casarse por tanto con alguien de otro país es estar dispuesto a compartir con esa persona el amor por su patria y a evitar cualquier comentario que pueda ofender su orgullo nacional.
  • Las tradiciones y costumbres de un país son parte esencial de la identidad cultural de una persona. Y a su vez, la cultura es la forma como una persona expresa su alegría, su fe, su tristeza o su honor, es decir, como manifiesta su interioridad. No poder expresarse con los propios signos culturales es como negarle la palabra a una persona. Por eso, es importante conocer muy bien esas costumbres y tradiciones, antes de casarse, para estar seguro de que podremos compartirlas. Y si no, de que podremos llegar a acuerdos en la mayoría de ellos. Piénsese por ejemplo en las formas diferentes de celebrar  fiestas: en unos países se baila, mientras en otros se celebra comiendo y en otros cantando en ceremonias públicas.
  • Establecer acuerdos sobre el estilo de vida que la pareja adoptará y el lugar que le va a dar a tradiciones y formas de ver la vida es particularmente importante cuando personas del occidente del mundo (Ej.: América y Europa) contraen matrimonio con personas del medio o extremo oriente (Ej.: Irán, India, China o Japón), o el África,  donde hay muchas costumbres, familiares y sociales, diferentes a la cultura occidental. Por ejemplo, en el vestuario exigido a la mujer, o en el  rol que culturalmente se le adjudica a la mujer y al hombre dentro del matrimonio.
  • Puede darse el caso que los acuerdos en una pareja no sean necesariamente aceptados o del gusto de las respectivas familias. Por eso, la pareja debe ser muy fuerte en defender su derecho a escoger y vivir, como un núcleo familiar independiente, los acuerdos culturales que estableció.
  • Cuando nacen los hijos y cada cual quiere compartir sus tradiciones con ellos es cuando se nota más la importancia que las costumbres y valores culturales tienen en una familia. Antes de casarse la pareja debe por eso decidir qué tradiciones o costumbres, de los respectivos países quieren y están de acuerdo en transmitir a sus hijos.
  • Antes de casarse la pareja debe igualmente decidir en cuál de los países va a vivir, y discutir si, llegado el momento, ambos podrían escoger vivir en el país del otro cónyuge. Si deciden vivir en un país diferente de las naciones de origen de los dos, entonces se debe llegar al acuerdo de que, en la medida de lo posible, irán de visita tanto a un país como al otro de las respectivas parejas.
  • Compartir la misma religión facilita mucho las cosas pues significa que se compartirán valores y ritos importantes en nuestras vidas. Esto facilitará igualmente el acuerdo sobre la formación de los hijos y sobre prácticas de fe en común.
  • Con todo, hay parejas que profesan credos diferentes y que han logrado vivir niveles de diálogo y mutuo respeto admirables. Esto, siempre y cuando quede claro que formarán los hijos en la fe católica, como se promete en el rito matrimonial.
  • Hablar diferentes idiomas maternos puede ser una ventaja y una desventaja. Puede causar dificultades en la comunicación cuando uno de los cónyuges debe aprender el idioma del otro. Pero puede ser una gran ventaja pues al usar un lenguaje extranjero solemos interpretar las palabras desde su sentido más literal, quitándole así toda la carga emocional que a veces problematiza las comunicaciones entre las parejas. Así por ejemplo, en las discusiones entre parejas con el mismo idioma es común oír reclamos de este tipo: “¿Qué me quieres decir con eso…. Ó, porqué me lo dices de ese modo, pudiste usar otra palabra que me hiriera menos, etc., etc. . Con todo se debe recordar que, no hay mejor incentivo para el entendimiento que tratar de escucharse con el corazón.

En conclusión, mientras las fronteras de la mente y el corazón estén suficientemente abiertas a aceptar la diferencia y a compartirla, matrimonios entre personas de distintos países son no sólo posibles sino muy enriquecedores. Por propia experiencia sé que eso es así y que, esta es también la ocasión para aprender que, como en toda relación, la clave es apoyarse en los elementos en común y no dejar que las diferencias se vuelvan el centro de nuestra atención o de nuestras discusiones.

Más sobre este tema en: “Valores en común”, “Las marcas de nuestros padres y de nuestra cultura”

Manejo de las finanzas

Por Cinthya Arcega de Montalvo

Es probable que el tema de las finanzas te haga pensar en todos los gastos y compromisos económicos que tú y tu pareja tienen en estos momentos, y que esto te produzca hasta escalofríos. Estás en el proceso de unir tu vida al ser amado y esto incluye los bienes, las entradas y las deudas que los dos tienen.

Por eso es muy importante que aborden con objetividad y seriedad este tema, no sólo para ver cuánto se pueden gastar en la boda, sino, sobre todo, para que examinen realmente con cuánto cuentan para mantenerse. No es preciso ser rico para casarse, pero sí es importante contar con lo mínimo indispensable para vivir.

El manejo del dinero, es un tema que desde un principio debe quedar bien claro, porque al pasar el tiempo las parejas comienza a tener problemas, no por cuánto gastan, sino por quién gasta el dinero y cómo lo gasta. Los dos deben trabajar juntos en elaborar un presupuesto, y posteriormente tomar la decisión de quién será el responsable de llevar las cuentas, o cómo se dividirán la administración, si lo prefieren así.

Para más detalles sobre un presupuesto para la boda consulten: Gastos para la Boda

Otros aportes al tema los encontrarán en Las soluciones que buscas, Las finanzas: Presupuesto Familiar.

Sexualidad y cohabitación

 Por Dora Tobar

El número de parejas que deciden irse a vivir juntas, sin casarse, está creciendo en los últimos años. Por eso, no es raro que tu pareja te proponga esta opción o que tu mismo(a) la estés considerando.

Pero seguramente el hecho de que otros lo hagan no es razón suficientes para que tú también te decidas por eso. La cohabitación, como lo muestran las estadísticas y lo repite la Iglesia, trae graves consecuencias para el futuro de tu relación y de tu familia, que vale la pena que consideres y discutas con tu pareja:

Datos estadísticos

  • Contrario a lo que muchas parejas piensan, cohabitar, en vez de preparar para el matrimonio crea precedentes en la relación que hacen que el 46% de las parejas que antes de casarse vivieron juntas terminen divorciándose (véase Why Marriage Matters: 26 Conclusions from the Social Sciences y Marriage and the Public Good: Ten Principles, Witherspoon Institute, 2006).
  • Mucho menos de la mitad de las parejas que cohabitan, alguna vez se casan.
  • La mitad de las parejas que cohabitan terminan sus relaciones antes de los cinco años, aunque tengan hijos en común.
  • El aumento en la unión libre ha incrementado igualmente el número de niños que no crecen con su padre. Entre la comunidad hispana por ejemplo, el 42% de todos los niños hispanos nacidos en Estados Unidos en el 2006 son hijos de madres solteras, cuyos compañeros, en vez de responder por el hijo engendrado, encontraron en la inestabilidad de la unión libre una excusa para dejar sola a la madre (véase Pew Hispanic Center, Statistical Portrait of Hispanics in the United States, 2006, Tabla 11).
  • Las parejas casadas tiene  mejor estabilidad económica y posibilidades de progreso que las que cohabitan.
  • Las madres solas o abandonadas, y sus hijos, están entre la población más pobre.
  • Quienes iniciaron su vida de pareja en cohabitación tienden a seguir cambiando de pareja en relaciones igualmente inestables.
  • En cambio, la gran mayoría de los adultos no casados declararon que preferirían casarse. Así mismo, las estadísticas revelaron que los adultos casados son mucho más felices y tienen menos riesgos en todos los aspectos, que los que no están casados (véase Pew Research Center Publications, As Marriage and Parenthood Drift Apart, Public Is concerned about Social Impact. Executive Summary, July 1, 2007, p.1).

Los argumentos de la Iglesia

La Iglesia, más que juzgar a las parejas que optan por la unión libre y por iniciar su vida sexual fuera del contexto del matrimonio, se preocupa por los riesgos que corren y le duele ver que, por falta de buena información o por anti-testimonios, muchos jóvenes desconocen las enormes ventajas que el matrimonio aporta a la sexualidad y el amor:

  • La sexualidad, nos dice la Iglesia y lo confirma la psicología moderna, es la expresión más íntima y personal entre dos seres humanos. Por ella y a través de ella expresamos nuestra innata vocación a ser, no seres solitarios sino seres de comunión y encuentro. Como lo dice bellamente el Papa Juan Pablo II, la sexualidad es la huella divina en nuestra carne que nos recuerda que, no nacimos para algo, sino “para alguien” (Véase, Juan Pablo II, “Audiencia General #15 de Enero 16, 1980).
  •  En sí misma la sexualidad tiene por tanto la capacidad de unir no sólo dos cuerpos sino dos personas. Es decir, es el gesto que expresa y realiza la mutua donación que una mujer y un hombre pueden hacer de su ser (“carácter unitivo de la sexualidad”). La sexualidad es también la fuerza que nos conecta con el principio de la vida. Dios quiso que naciéramos por amor, y en el amor delegándonos, a través de la sexualidad, el sagrado encargo de colaborar en la procreación (carácter procreador de la sexualidad). Por eso, lo queramos o no, toda relación sexual interpela lo más profundo y sagrado del ser humano y lo expone, a él y a sus hijos,  a la posibilidad de ser recibidos y respetados o por el contario, de ser usados o minusvalorados.
  • Como lo advierte Pontificio Consejo para la familia, (Véase, Sexualidad Humana. Verdad y Significado, 11), cuando la sexualidad pierde su sentido de auto-donación, la civilización de “lo impersonal’ toma el poder: las mujeres se convierten en objetos de placer para el hombre y los hijos en estorbos para los padres.
  • El daño psicológico de vivir la sexualidad fuera de un compromiso de amor  se ve claro en la mujer quien, dada su estructura bio-química, al entregarse a la relación sexual genera una sustancia llamada “oxitocina” que la deja dependiente emocionalmente del hombre al cual se entregó. Si después de su entrega el hombre la deja, es por eso lógico que la mujer se sienta usada, se afecte emocionalmente, y hasta se deprima (véase Anonymous, M.D., Unprotected. A Campus Psychiatrist Reveals, Ed. Pinguin Group, 2006, p. 6-7).
  • Y ni hablar de las consecuencias para los hijos: Los hijos nacidos en concubinatos son con más frecuencia víctimas de toda clase de abuso y son sometidos emocionalmente a la inestabilidad de crecer en una relación sin garantía (véase Importancia del matrimonio para los hijos).
  •  Por eso, aunque la sociedad llama el concubinato como “amor libre” pues no está regido por ningún tipo de compromiso legal ni religioso, la Iglesia Católica no cesa de recordar que, precisamente la ausencia de dicho compromiso no sólo expone a la pareja y a sus hijos a toda clase de incertidumbre sino que impide, a veces a nivel muy inconsciente, que se genere en la vida de pareja la confianza profunda que debe corresponder a su nivel de intimidad sexual y de vida. Siempre habrá por eso quien sienta que esta situación en vez de darle libertad para amarse más, le da la ocasión para salir corriendo cuando se canse o deba enfrentar las dificultades normales del ajuste de una pareja.
  • Cuando en cambio una pareja tiene el coraje y el amor suficiente para declararse públicamente sus afectos y comprometerse  a una entrega de todo su ser, de cara a Dios y al mundo, no sólo le está dando a su pareja la mayor prueba de amor y respeto, sino que está creando una unión a la cual Dios mismo decide unirse para con su fuerza de Amor sellarla y garantizarla para siempre (véase CIC, #s. 2350; 2353,2390-2391; Familiaris Consortio, 81).

¿Por qué entonces conformarse con menos y arriesgar tanto? Si te decides por el amor y lo haces al estilo de Jesús, como un amor de entrega, tendrás a Dios mismo a favor de tu amor.

Más sobre este tema en Cohabitación, unión libre y matrimonio católico, Elementos para un matrimonio feliz y El compromiso.

Hijos propios e hijos de mi pareja

Por Cinthya Arcega de Montalvo

Estás por comenzar una nueva etapa en la vida de pareja donde no sólo constituirás un matrimonio sino también una familia. De hecho, la presencia de los hijos es una realidad que transforma de manera muy especial la vida de pareja. Por eso es esencial que desde ya dialogues con tu pareja sobre temas como éstos:

  • ¿Cuántos hijos queremos y podemos tener?
  • ¿Nos conviene esperar un tiempo razonable para tener nuestro primer hijo?
  • ¿Con cuánto tiempo nos gustaría espaciar el nacimiento de nuestros hijos?
  • ¿Qué sabemos de los métodos de planificación familiar natural? ¿Cuál de ellos utilizaremos?
  • ¿Qué haríamos o cómo reaccionaríamos si alguno de los dos es infértil?
  • ¿Si no podemos concebir, estaremos dispuestos a adoptar?
  • ¿Quién cuidara a nuestros hijos si ambos trabajamos?
  • ¿Qué es lo más importante que deseo ofrecer a mis hijos?
  • ¿Cómo podemos prepararnos para la responsabilidad de la paternidad y la maternidad?

Es posible también que alguno de los dos, o los dos ya tenga hijos de relaciones precedentes. Por tanto, su matrimonio supondrá ajustes y cambios a los cuales todos tendrán que adaptarse. Por eso desde ahora deben dialogar sobre:

  • ¿Qué van a decirles a los hijos?
  • ¿Cómo se mantendrán las relaciones de sus hijos con su padre o madre natural, y sus familias?
  • ¿Cómo se manejará el tema de la disciplina y la autoridad?
  • ¿Cómo se dividirán las responsabilidades de la casa?

Algunos de estos puntos deberán discutirse con los hijos, tanto propios como de la pareja, tratando de establecer, desde ya, acuerdos a los cuales todos se comprometan, y un ambiente sano de diálogo y confianza que facilite la convivencia futura. No olviden que, al igual que ustedes, sus hijos deberán adaptarse a esta nueva vida.

 

Prepararse a tener hijos no es sólo pensar en las responsabilidades que supone el cuidado y atención que las creaturas merecen, sino también prepararse a ser padres. Esto es, a ser formadores. “Nuestros hijos harán lo que hacemos, no lo que les digamos.” Por eso, debemos  desde ya cultivar las virtudes y valores que queremos que nuestros hijos nos imiten y estar muy de acuerdo en aquello que como pareja deseamos transmitir. Así la familia será la cuna no sólo de buenos hijos sino de buenos ciudadanos y personas de Iglesia.

¿Errores y aciertos al escoger pareja?

Por Edgar Montalvo de Arcega

Dicen que “uno no manda en las cosas del amor”, que “el amor llega a su momento”, y hasta que “el amor es ciego”. Estos dichos populares son ciertos en el sentido que el amor no es algo que se pueda inducir, ni mucho menos forzar a que pase. Pero también es cierto que el amor es una entrega que supone nuestra libre decisión.

Al conocer a una persona, nos atraen de ella algunas de sus características: su físico, su carácter y hasta su manera de resolver esta o aquella situación. Pero, ¿pueden estas características que nos atraen ser la prueba suficiente para considerar a esa persona como la pareja para el resto de nuestras vidas?

Con el objetivo de ayudarte en tu búsqueda y discernimiento, queremos que consideres los siguientes consejos:

  • Evita que la presión social de amigos y parientes te induzca a casarte: Frases como “vamos a hacer una rifa a ver si ya sales”, “te estás quedando para vestir santos”, “si te sigues tardando, vas a tener nietos en lugar de hijos”, entre otras, pueden crearnos malestar y hacernos creer que de verdad debemos “apurarnos”. Sin embargo, por más buena voluntad de nuestros parientes y amigos, esa no es la razón para decidirnos por una persona. Por el contrario, podría inducirnos a tomar una decisión que nos lleve al fracaso. Mantén una actitud positiva, toma las cosas con calma y date el tiempo que necesitas para buscar y escoger la persona que mereces. Dios puede ser tu gran ayuda en esta búsqueda.
  • No escojas a alguien seducido sólo por su apariencia física: Cuantas veces no hemos oído “por su belleza, a éste o a ésta se le perdona todo” ó “De la vista nace el amor”, pero usar la belleza como único método de selección es altamente riesgoso. Es natural que lo bello y agradable nos atraiga. Sin embargo, además de ser una característica pasajera, también es cierto que, una vez nos acostumbremos al físico de la otra persona, lo que realmente nos retiene a su lado son las características que nos permitan admirarla y no sólo desearla: los valores que tenemos en común, su capacidad de amar, su inteligencia, etc… Como solía decir mi papá: “Al elegir pareja, recuerda que esa es la persona que va a educar a tus hijos y que estará contigo el resto de tu vida”.
  • Debes escoger a la persona con la cual encuentres mayor afinidad. Es decir, debes decidirte por alguien con quien puedas realmente compartir lo que eres: tus gustos, tus valores; tu forma de ver la vida. Para descubrir el grado de afinidad con tu pareja, la mejor técnica es el diálogo. Pregúntale a tu pareja, por ejemplo: ¿cuál es tu punto de vista en este o aquel tema?, ¿cuáles son tus metas a largo, mediano, y corto plazo?, ¿cómo es tu vida familiar?, ¿cuál es tu concepto de familia?, ¿qué importancia tiene para ti la espiritualidad?, ¿qué religión practicas?, ¿qué opinas del matrimonio?, etc.
  • Creer que tu pareja te dará la felicidad que buscas es un gran error: No podemos basar nuestra felicidad en otra persona. La felicidad es un sentimiento personal, una forma de asumir la vida que depende sólo de nosotros mismos y de nuestra disposición a ser felices. Por eso pensar que mi felicidad depende de otro no es realista. Es mejor decir, “Soy feliz a su lado porque puedo hacerlo o hacerla feliz.” Al dar lo mejor de nosotros mismos por el bien del otro encontraremos virtudes y cualidades que ni nosotros mismos sabíamos que teníamos. Así, dando, nos vamos haciendo seres más maduros y completos.
  • Recuerda: “La pareja perfecta no existe, la pareja perfecta soy yo”. Esto no significa que de hecho ya soy todo lo que debo ser. Cada cual debe madurar e irse adaptando a los cambios de la vida. Así que no te tortures ni seas duro e inflexible en el camino de elegir a tu pareja. Sé suficientemente humilde para saber que como tú, también la otra persona está en proceso. Cuenta además con el hecho que hay hábitos, costumbres y temperamentos que una persona nunca podrá cambiar. Y, mientras esas realidades no sean destructivas para nosotros o para los hijos, estamos invitados a, por amor, acogerlas con aceptación y respeto. Esto te hará más tolerante y traerá paz a tu relación.

Más sobre este tema en ¿Somos compatibles? y Valores en común.

Detalles prácticos

Cinthya Arcega de Montalvo

Esperamos que al llegar a este punto, tú y tu pareja hayan seguido todas las recomendaciones para prepararse como personas y como pareja a la maravillosa pero comprometedora acción de dar la vida por el otro (Véase “¿Cómo sé si el matrimonio es para mí?” y “¿Somos compatibles?“). Y eso es sin duda lo más importante. Sin embargo, vale la pena también preparar bien el rito y los festejos con los cuales celebrarán ese momento sagrado en que comenzarán su entrega mutua. Por eso aquí tenemos algunas recomendaciones que les pueden ser muy útiles:

Principales pasos para la Preparación del Matrimonio

  • Hagan una cita con el sacerdote de la parroquia de la novia, o donde desean casarse, lo antes posible. Con él establecerán las fechas para su curso de preparación pre-matrimonial y recibirán información general.
  • Aparten la fecha de la boda en el templo con 6 meses de anticipación, por lo menos. Consulten este artículo para entender por qué tiene que ser un templo (y no la playa o algún parque).
  • Asistan al Curso de preparación Matrimonial, en los lugares y fecha que el sacerdote o el diácono de la parroquia les haya indicado. Generalmente este curso se desarrolla en dos etapas, con tres meses de distancia entre ellos, para que la pareja tenga tiempo de reflexionar sobre los temas presentados.
  • El curso de preparación matrimonial lo ofrece la Iglesia y es la ocasión para que la pareja dialogue sobre temas importantes y conozca mejor la naturaleza del sacramento del matrimonio.
  • Los cursos pre- matrimoniales tienen distintos nombres, según la diócesis donde se van a casar. Algunos de ellos son: Cursos Prematrimoniales, FOCUS, “El rito del matrimonio, sacramento y vocación”, “Pre-Cana.
  • También pueden realizar por su propia cuenta un  “inventario prematrimonial”, que les servirá de ayuda y base para evaluar su relación de pareja y saber en qué deben aún dialogar o prepararse. Para efectuarlo, entren a las siguientes conexiones: Inventario pre-matrimonial y después confronten sus respuestas con “Respuestas inventario pre-matrimonial.”
  • Preparen juntos las citas bíblicas y seleccionen la música que les gustaría para su celebración Eucarística.
  • Decidan cuáles símbolos opcionales quieren incluir: “Opciones para la liturgia de matrimonios“

Documentos y requisitos

Preparen los siguientes documentos y preséntelos al sacerdote:

  • Certificado de bautizo actualizado (reciente, menos de 6 meses).
  • Certificado de confirmación (En algunas parroquias de algunos países, viene mencionado en el certificado de Bautismo).
  • En caso de estar ya casados por lo civil, presentar el certificado de la corte.
  • Si han tenido un matrimonio previo, con otra persona, por lo civil, deben presentar acta civil de matrimonio y acta de divorcio.
  • Si han enviudado deben presentar acta de defunción del cónyuge.
  • Si alguno de los dos estuvo antes casado por la Iglesia, deben presentar acta de anulación matrimonial, y acta de divorcio.
  • Si no están casados por lo civil, presentar licencia de la corte (“marriage license”). En los Estados Unidos no es necesario casarse por lo civil antes de la boda religiosa. La boda religiosa cuenta para las dos.
  • Certificado de que ya asistieron al curso de preparación al matrimonio. Las pláticas prematrimoniales son validas por un año.
  • Si van a casarse en una parroquia diferente a aquella a la cual pertenece la novia, necesitan obtener una carta del sacerdote de la parroquia donde se van a casar. En dicha carta debe de establecerse la fecha en la que contraerán nupcias matrimoniales y el nombre de los  contrayentes y la petición del sacerdote de ser aceptado como ministro autorizado por la Iglesia. Esa carta se presenta a la diócesis o al lugar donde el sacerdote les recomiende entregarla. También deberá tener el membrete con letra visible para facilitar o agilizar el correo fuera de los E.E.U.U.

Para que el matrimonio eclesial sea válido a nivel Civil

  • Llenar la forma titulada licencia de matrimonio (marriage license)
  • Presentar una identificación actualizada con fotografía (ID)
  • Elegir el lugar donde contraerán matrimonio ya sea una Capilla Ecuménica o un Templo Religioso.
  • Entregar la licencia de matrimonio al que oficia el matrimonio eclesial. Les pedirá firmarla el día de la boda y se encargará de mandarla a la corte local.

Exámenes Médicos Prenupciales

En la mayoría de los condados de los E.E.U.U. no es necesario realizarse exámenes de sangre para tener el conocimiento de la salud de uno mismo o la pareja, pero como recomendación y consejo es importante que tú y tu pareja se realicen los exámenes médicos que aquí anotamos, por lo menos dos semanas antes de que se lleve a cabo la boda. Estos análisis prenupciales se hacen con la finalidad de que los dos conozcan cómo esta la salud de su pareja y para saber si alguno de los contrayentes padece alguna enfermedad que represente un impedimento para la procreación o la salud y bienestar del matrimonio. En los exámenes se determina lo siguiente:

  • Tipo de sangre y si se tiene compatibilidad con la pareja, pues de lo contrario los problemas se podrán presentar al momento en el que decidan procrear.
  • Detectar infecciones virales.
  • Saber si existe alcoholismo, drogadicción, impotencia o enfermedades venéreas, incluido el VIH o SIDA, así como enfermedades crónicas o contagiosas que sean incurables o hereditarias.

Presupuesto para la Boda

Al contraer matrimonio, ya sea civil o religioso se debe realizar un presupuesto de boda, tomando en cuenta que lo importante es el valor que tú le des a tu matrimonio, no qué tan grande o lujosa sea tu fiesta de boda. Crea un presupuesto de boda para que tengas una guía amplia y detallada de los artículos y símbolos que desees incluir en tu boda. También puedes ver Bodas Sencillas, para ayudarte a decidir sobre la forma en que les conviene festejar este bello acontecimiento.

Los testimonios de las siguientes parejas sobre su proceso de preparación a la boda pueden darte ideas importantes:

¿Dónde se puede celebrar el Sacramento del Matrimonio?

¿Nos podemos casar en un parque o en la playa?

Hoy en día, muchas parejas sueñan con casarse en un lugar exótico: una playa, un escenario natural elaborado, una ciudad ajena a sus vidas cotidianas. Esto se conoce como “bodas de destino” y su práctica se hace cada vez más popular entre parejas de novios. Sin embargo, para nosotros, los católicos, y según las enseñanzas de nuestra Iglesia, las bodas de destino no son una posibilidad. Tampoco se puede tener una boda católica en un parque, ya que el templo parroquial es el lugar apropiado para la celebración del matrimonio.

¿Por qué hay que casarnos en la parroquia?

El templo parroquial es un espacio sagrado donde contamos con la presencia real, sacramentada, viva y presente de Nuestro Señor Jesucristo en el Tabernáculo. Recordemos también que fue en la iglesia donde fuimos recibidos como hijos de Dios en la comunidad de fe a través del bautismo, donde recibimos por primera vez el cuerpo y la sangre del Señor y donde fuimos confirmados en nuestra fe. Los Sacramentos son signos y símbolos del amor infinito de Dios, y nos ayudan crecer en madurez espiritual. En fin, todas nuestras grandes alianzas y experiencias de fe ocurrieron dentro del templo parroquial y por ello es justamente allí donde debemos celebrar este evento único en la vida. Un evento en el cual contraeremos una alianza de amor de por vida con nuestra pareja y con Dios: nuestro matrimonio. El matrimonio es un sacramento, o sea, un signo visible de la gracia de Dios que es invisible en el cual Dios sella la pareja con su amor, su gracia y su presencia, que será la roca firme que sustentará el matrimonio.  

Es esta gracia divina que se recibe en el Sacramento del Matrimonio la que ayudará a pareja en los momentos difíciles a superar las pruebas que trae la vida. Es la presencia de Dios, quien es el amor mismo, la que ayudará a la pareja a mantener viva la llama de su amor, a amarse como Dios ama, buscando siempre el bien del ser amado, aun en los momentos en los que se “termina la luna de miel”. Los ayudará a crecer en perdón, humildad, respeto, responsabilidad, confianza, y más. Por ello, debemos celebrar nuestra boda en el templo parroquial, pues la celebración del Sacramento es un evento sagrado y, por lo tanto, infinitamente más importante que cualquier otro escenario, por más hermoso e impresionante que este sea.

Poner el sacramento encima de la fiesta

Por este motivo, la Iglesia no autoriza la celebración de un matrimonio sacramental fuera del recinto santo del templo parroquial. Exhortamos a todas las parejas comprometidas a que planeen el lugar de su recepción (la cual sí puede ser en la playa o cualquier otro lugar exótico) alrededor de la iglesia, y no la celebración del matrimonio en la iglesia alrededor de su lugar predilecto para la recepción. Es importante que la pareja tenga sus prioridades en orden y no pierda la perspectiva de lo que es realmente importante, ya que sin duda recibir el sacramento es supremamente más importante que cualquier fiesta.

Casarse en la iglesia es crucial para el éxito del matrimonio ya que para recibir el sacramento la Iglesia nos pide que recibamos una buena preparación matrimonial. Este requisito no está diseñado para hacerle el proceso difícil a la pareja. Más bien, la Iglesia en su sabiduría y su amor por sus hijos, exige una preparación matrimonial para que la pareja tenga un concepto claro de la alianza indisoluble a la cual se comprometen. También se requiere esta preparación ya que está comprobado que las parejas que lo reciben (a través de un sólido curso pre-matrimonial y un inventario matrimonial) perciben una reducción de 50% en la incidencia de divorcio. Adicionalmente, las parejas que abrazan un método de planificación familiar natural en su vida matrimonial reducen el índice de divorcio a menos del 5%, lo cual podemos considerar como un “seguro matrimonial”.

Recordemos, como hemos compartido en otros artículos, que la boda es un día, pero el matrimonio es para toda la vida. Es después de la boda, cuando se consuma el matrimonio en el acto íntimo que comienza el camino del matrimonio. Un camino que es mucho más hermoso, pleno y seguro cuando lo caminamos de la mano de Dios.

¿Cómo sé si lo que siento es verdadero amor?

 Por Dora Tobar

Es muy fácil confundir el amor con los sentimientos de agrado y fascinación que una persona nos despierta y terminar así haciendo promesas y entregas de amor cuando aún no estamos listos.

Afortunadamente, varias ciencias modernas como la psicología y hasta la bio-química han salido hoy al paso de los enamorados para ayudarles a clarificar sus sentimientos. Con base en esos datos podemos por eso decir, desde ya, que el amor a primera vista no existe. Toda relación de pareja, por tratarse del encuentro entre dos personas, pasa por distintas etapas hasta llegar, algunas veces, al amor.

Identificar en qué etapa de la relación vas con tu pareja te ayudará a saber también qué tipo de opción les conviene más y cómo pueden orientar su relación hacia la conquista del amor verdadero.

Las etapas del amor:

La relación de pareja pasa por distintas etapas que se pueden identificar como el enamoramiento o atracción, la etapa romántica o del “Te quiero” y finalmente “El amor”.

  1. El enamoramiento:

    Es la etapa rosa y apasionante en que una pareja se siente fuertemente atraída y fascinada por otra la otra persona. Estas sensaciones son tan fuertes y placenteras que muchas parejas creen que este es el amor.

    Sin embargo, la atracción que une a los enamorados no es más que el efecto de unas sustancias llamadas feromonas que, además de alterar nuestros sentidos y hacernos sentir gran goce y pasión ante el más mínimo contacto con la otra persona, nos hace creer que con nadie podríamos ser tan felices.

    Es decir, el agrado físico es tan fuerte que la mente también queda como enceguecida o fascinada. Por eso los enamorados no ven los defectos de su pareja e incluso dudan que pueda tenerlos. Todo parece perfecto.

    A esta falta de objetividad se suma el hecho que, los enamorados, si no mienten sobre ellos mismos, por lo menos esconden sus errores y exageran sus virtudes pues desean conquistar a todo precio la persona que les proporciona tan gratas sensaciones.

    En conclusión, el enamoramiento es una fase donde prima el placer pero donde se carece de realismo pues no sabemos aún cómo es realmente la otra persona. De hecho, durante el enamoramiento, lo que amamos del otro no es lo que él o ella es, sino lo que sus caricias, detalles y compañía me producen cuando me toca, me habla o me invita.
    Estas sensaciones son además pasajeras pues el efecto de las feromonas dura máximo 3 años. Si durante este tiempo la pareja no se ha dado la oportunidad de dialogar mucho y esforzarse por conocer la realidad del otro, en vez de quedarse engolosinada en encuentros llenos de caricias pero con poco contenido, la relación se acaba. Si además se tienen relaciones sexuales durante esta etapa, el efecto enceguecedor de las feromonas se duplicará creando una sensación ficticia de intimidad.

    El enamoramiento no es la etapa para la entrega que supone la vida sexual y matrimonial.

  2. Etapa Romántica o del “Te-Quiero”

    En la etapa romántica la pareja empieza a compartir más y por tanto a conocerse mejor. Al ir entrando en el mundo de la otra persona, de sus gustos, de sus ideas, de sus características, de sus habilidades, etc., empiezan a aparecer las cosas que realmente nos atraen de la persona, y no sólo de su cuerpo. Se empieza a disfrutar de lo que la persona es, y no únicamente de lo que esa persona causa en mí.

    Algunas de las característica que descubrimos en la pareja son reales. Podemos ya ver algunos defectos,  pero también puede haber todavía mucha fantasía o idealización (amo los sueños que el otro despierta en mi). Por eso es importante recordar que apenas se está comenzando el conocimiento de la otra persona.

    Junto a la pasión de las feromonas, en la etapa romántica aparece la ternura. Ésta busca llegar a lo profundo de la otra persona para halagarla o hacerla sentir bien.

    Con todo, la etapa romántica no es todavía el amor. Aún no conozco a la otra persona como para saber si estaría ya dispuesto(a) a entregarle las  llaves de mi casa o la clave secreta de mi cuenta bancaria. Y si eso es así, entonces es signo de que aún no estamos listos para una entrega total como la que supone la sexualidad o el matrimonio.

  1. El Amor:

    El amor no es el arrebato ciego y apasionado de los enamorados. Tampoco es la idealización rosa de los románticos. El amor es la unión estrecha, la confianza profunda y el deseo de buscar en todo el bien de la otra persona. Este sentimiento surge cuando se conoce a la pareja y se es feliz con lo que se sabe ella. Entonces nace el impulso confiado de dar todo de sí y de recibir todo lo que el otro es, para formar un “nosotros”.

    En otras palabras,en el amor la confianza y la generosidad son los elementos claves y se relacionan mutuamente: porque confiamos, deseamos entregar generosamente toda nuestra vida. Pero no se puede llegar a la confianza sin el conocimiento mutuo.

    Por eso podemos decir que el amor se compone de cuatro elementos:

    Conocimiento:

    Y conocerse significa al menos que:

    • Sé de dónde vienes y a dónde vas.
    • Sé cómo reaccionas cansado, con rabia, bajo estrés, cuando estás contento.
    • Sé gran parte de tus defectos y cualidades.
    • Sé tus valores y los comparto.
    • Aunque no eres perfecto(a).

    Aceptación:

    • Admiro lo que eres.
    • Me gusta tu físico y tu manera de ser.
    • Entre todas las personas que pueden gustarme, te escojo a ti.
    • No espero que cambies para amarte. Aunque no cambies así te quiero.

    Confianza:

    1. Sé que en ningún momento quieres hacerme daño.
    2. Puedo confiarte mi salud, mi dinero, mi futuro porque sé que deseas cuidar de mi.

    Deseo de entrega:

    • Verte feliz me satisface.
    • Conozco tus aspiraciones y estoy dispuesto(a) a apoyarlas.
    • Ofrezco todo de mi para que buscar tu bien tanto material, sexual como emocional.
    • Estoy dispuesto (a) invertir todas mis energías en acompañarte, entenderte y servirte, aún cuando me implique renuncia y sacrificio.

Para quien es creyente es claro que no hay mejor definición de amor que la que Jesús nos dio: “No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos” (Juan 15,13). Así, el amor deja de ser sólo un sentimiento y se convierte en la permanente acción de auto-donación o entrega por el bien del otro.

En una pareja no siempre los dos llegan juntos, o al mismo tiempo a desarrollar este tipo de amor. Si después de un periodo uno de los dos, o los dos, no avanzan hasta alcanzar este amor de entrega es porque no están listos para ser un matrimonio.

El amor debe ser alimentado permanentemente. Por eso, el hecho de que una pareja se case amándose, no implica que ya tiene su felicidad garantizada. Cada cual debe esforzarse por cuidar y avanzar en la entrega, la confianza, el mutuo conocimiento y la aceptación del otro.

Más sobre este tema en El compromiso y Qué estoy dispuesto a compartir. Lecturas Complementarias: M. Scott Peck, Nueva Psicología del Amor, MC Editorial, 1998.

¿A qué nos comprometemos?

Por Cinthya Montalvo

Estás por casarte, por dejar tu soltería, por unir tu vida a la persona que te hace suspirar, y eso supone que vas a entregar o comprometer tu vida en una relación muy especial. Es importante por eso que tú y tu pareja reflexionen juntos en las características de este compromiso para que estén seguros que los dos han entendido bien a qué se comprometen. Aquí te damos una serie de nociones para que su diálogo de pareja se centre en los objetivos o compromisos fundamentales a los cuales deben prepararse:

Características del compromiso matrimonial:

  1. Me comprometo a entregar todo de mi y a recibir todo de ti: Cuando pronuncies tu compromiso o consentimiento ante el altar, vas a declarar que tienes la voluntad, que se transformará en decisión, de compartir tu vida y todo lo que ella implica (tu cuerpo y tu interioridad, tus conocimientos, tus habilidades, tus posesiones y tus planes), con la otra persona. Con dicha entrega deseas unirte a la otra persona para formar una sola realidad con ella. Así, lo que le duela, le haga falta o le moleste al otro, será lo que a ti también te duela o te afecte. El otro aspecto de la entrega es también la acogida o aceptación del otro, tal cual es. Por eso en el consentimiento se dice: “Yo me entrego a ti como esposo(a)…” Y la segunda parte es: “Y te recibo a ti como esposo(a)”, es decir será una entrega generosa y un acto de permanente dedicación mutua.
  2. Es un compromiso “para toda la vida” Todos hemos oído o visto en películas que el día de la boda los esposos se dicen: “Yo te prometo a Ti, serte fiel en prosperidad, o adversidad, en salud y en enfermedad, y amarte y respetarte todos los días de mi vida….” Esto significa que la fidelidad del matrimonio no se reduce a amar sólo a la pareja y nunca dejarla o dejarlo por otra persona, sino a estar con ella y para ella, buscando en todo y en toda circunstancia la ocasión para complacer, servir y hacer feliz a la otra persona. Ahora bien, podemos decir que amar a la pareja cuando todo es prosperidad, cuando hay salud y bienestar, es relativamente fácil. Pero, de lo que se trata es de saber si estás dispuesto(a) a amar, aunque no todo salga bien, cuando lleguen las enfermedades o cuando ya no se tenga la belleza, ni el vigor y salud de la juventud. Debes entonces preguntarte si realmente estás dispuesto(a) a continuar con los detalles, con los gestos de amor, con el respeto y la decisión de demostrar siempre tu amor con hechos de servicio y de dedicación a tu pareja y a los hijos que nazcan de su unión.

Se trata también de una tarea continua de cultivar el amor pero también de hacer que la relación crezca en intimidad y unión. Y este es un acto de voluntad o decisión que debes hacer siempre.

  1. Es un compromiso generoso con la vida y a favor de la vida: El amor matrimonial supone que la pareja sea lo suficientemente generosa como para trascender más allá de los dos y abrirse a la posibilidad de la procreación. Es decir, el amor matrimonial está llamado a colaborar con amor y responsabilidad en la obra creadora de Dios por la cual entrega nuevas vidas al mundo. Esta bella misión hará de la pareja una familia y traerá sin dudas las grandes alegrías que los hijos aportan, pero también una gran responsabilidad y retos para la pareja. Por eso, la procreación supone que la pareja no piense sólo en tener los hijos que quiere, sino también en los que puede criar y educar. Por eso está llamada a que haga uso de su sexualidad de manera generosa y responsable, absteniéndose de relaciones sexuales en los días en que no es conveniente engendrar y disponiéndose a la vida en los días en que pueden abrirse al don de la fertilidad, sin forzarla ni atrofiarla. Este compromiso debe por eso ser también acordado y discutido por la pareja antes de iniciar su vida sexual, como parte de su preparación a la maternidad y paternidad. Los dos deben informarse sobre los métodos de Planificación Familiar Natural (PFN) y escoger de común acuerdo aquel que seguirán. En fin, el matrimonio te dará la ocasión de realizar el sueño de toda pareja de amarse totalmente y para siempre. Pero este ideal es un compromiso al cual deberás dedicar todas tus energías al tiempo que pides la gracia de Dios para que más allá de tus fuerzas y de las dificultades, sea Dios quien anime y sostenga tu amor y el de tu pareja, en la difícil pero bella misión de ser una sola carne, o lo que es igual, un matrimonio unido y feliz.

Más sobre el tema en Sentido y propósito del matrimonio.