Skip to content
Por Tu Matrimonio

Category Archives: Enriqueciendo Tu Matrimonio

Documentos de la Iglesia

Dora Tobar

La siguiente bibliografía incluye la mayor parte de los documentos de la Iglesia sobre el matrimonio, a partir del Concilio Vaticano II. Muchos abordan directamente el tema del matrimonio, y otros traen referencias indirectas pero muy importantes.

Documentos del Vaticano / Y del Papa:

Todos los documentos producidos por el Vaticano y por El santo Padre están disponibles electrónicamente en: www.vatican.va /La Santa Sede/Español

  • Catecismo de la Iglesia Católica,  #s. 369-373, #s. 1601-1666, y #s. 2331-2400. Estos números exponen de manera concisa las enseñanzas de la Iglesia referentes a la unión del hombre y la mujer y el sentido y propósito del matrimonio.
  • Papa Juan Pablo II. Código de Derecho Canónico, Cánones:  1055-1165. Enero 25, 1983. Ayudan a entender la base canónica de las enseñanzas de la Iglesia sobre le matrimonio.
  • Papa Juan Pablo II. Código de Derecho Canónico para las Iglesias Orientales, Octubre 8, 1990. Capítulo VII. La organización del Código oriental difiere del Código de la Iglesia Latina (de Occidente).
  • Concilio Vaticano II: Constitución Pastoral de la Iglesia en el mundo Moderno (Gaudium et Spes), #s. 47-52. Diciembre 1965. Aborda principalmente la dignidad el matrimonio, el papel de la familia, y la responsabilidad de la sociedad y de la Iglesia en la defensa y apoyo a la familia.
  • Congregación Para la Doctrina de la Fe: Fundamentos de los Derechos de la Familia, Octubre 22, 1983. Dirigido a los gobernantes, este documento presenta los principios fundantes del derecho a la familia que deben estar a la base de las leyes y normas legislativas sobre la familia.
  • Congregación para La Doctrina de la Fe: Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales. July 2003. Principales tópicos: naturaleza del matrimonio y sus invariables características; afirmaciones sobre el problemas de las uniones entre personas del mismo sexo y posiciones esperadas de los políticos católicos sobre legislaciones a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo.
  • Congregación para La Doctrina de la Fe: Instrucción sobre Matrimonios Mixtos/Matrimonii Sacramentum, Marzo 18, 1966.  Carta Apostólica sobre Matrimonios Mixtos /Matrimonia Mixta,  1970. Los dos documentos abordan el hecho del creciente número de matrimonios entre católicos y personas de diferentes religiones, y ofrece apoyo a estas parejas de novios y matrimonios.
  • Congregación para La Doctrina de la Fe: Instrucción sobre el respeto de la vida humana naciente y la Dignidad de la Procreación- Donum Vitae. Febrero 22, 1987. Provee guías morales sólidas para las parejas y y los científicos ocupados en la investigación bio-médica. Reafirma el hecho de que la procreación debe ocurrir al interior de un acto sexual marital y ofrece respuestas pastorales a parejas con dificultades de infertilidad
  • Congregación para La Doctrina de la Fe: Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la recepción de la comunión  eucarística por parte de los fieles divorciados que se han vuelto a casar- Annus Internationalis Familiae.  Sept. 14, 1994. Reconfirma la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio y la condición los divorciados y vueltos a casar.
  • Pontificio Concejo para la Promoción de la Unidad Cristiana. Directorio para la Aplicación de Principios y Normas del Ecumenismo. Marzo 25, 1993. Revisión del Directorio Ecuménico – Ad Totam Ecclesiam. Útil para conocer las normas y requisitos aplicables a Matrimonios Mixtos  y parejas mixtas (entre católico y persona de otra religión) que se preparan al matrimonios.
  • Congregación Para las Iglesias Orientales. Matrimonios entre Católicos Romanos y Ortodoxos – Crescens Matrimonium. Feb. 22, 1967.

Enseñanzas del Papa

Todas las enseñanzas del Papa están disponibles en la red vaticana (www.vatican.va ), excepto las que se notifican.

  • Pope Benedict XVI. Dios es amor – Deus caritas est.  Diciembre. 25, 2005. En esta primera encíclica del papa Benedicto XVI incluye referencias a la unión que nace del amor, tal cual fue deseada desde la creación, en la historia de salvación y la práctica del amor en la Iglesia, “Comunidad de Amor.”
  • Papa Juan Pablo II.  El Evangelio de la Vida – Evangelium Vitae. Marzo 25, 1995. Esta Encíclica contrasta el conflicto entre la cultura de la vida y la cultura de la muerte. Las declaraciones de las autoridades a favor de la muerte de inocentes, abortos y eutanasias.
  • Papa Juan Pablo II. Sobre la Familia /Familiaris Consortio. Diciembre15, 1981. Fundamentos sobre la naturaleza y la tarea de la familia y el cuidado pastoral de la Iglesia a las familias necesitadas. Describe el matrimonio como una relación de alianza y a la familia como Iglesia Doméstica.
  • Papa Juan Pablo II. Sobre la Dignidad y la Vocación de la Mujer – Mulieris Dignitatem. Agosto 15, 1988. Esta Carta Apostólica subraya la naturaleza y la dignidad de la mujer, su complementariedad al varón en el matrimonio, y el papel esencial de María en la Iglesia.
  • Papa Juan Pablo II. Carta a las Familias – Gratissimam Sane. Febrero 2, 1994. Escrito durante el año internacional de la Familia, el papa ofrece una reflexión sobre la comunión de personas como los fundamentos de la civilización del amor.
  • Papa Juan Pablo II. Varón y Mujer. Teología del Cuerpo. Audiencias generales del Papa Juan Pablo II de Sep. 5 de 1979 – Nov. 28 de 1984. Versión en español disponible a través de : www.vatican.va y en www.corazones.org. Editado en Español como : Juan Pablo II, Varón y Mujer. Teología del Cuerpo, Ed. Palabra, Madrid1995. Estas catequesis del papa ofrecen una profunda reflexión, basada en la antropología moderna, sobre el misterio del amor propuesto en el Génesis y en las Cartas de San Pablo, principalmente,  y que explica la grandeza y dignidad de la sexualidad y la vocación humana al amor.
  • Papa Pablo VI. Sobre la Regulación de la Natalidad – Humanae Vitae. July 25, 1968. Esta Encíclica presenta con autoridad el llamado de la Iglesia a la maternidad y paternidad responsable y los graves efectos morales y humanos de dejar esta responsabilidad a la arbitrariedad de la mentalidad y los métodos anticonceptivos y no en el uso responsable de la sexualidad.

Pontificio Consejo para la Familia
Casi todos los documentos editados por este Concilio están a disposición en español, excepto aquellos expresamente mencionados.

  • Enchiridion de la Familia: Compendio de la Doctrina de L Iglesia sobre la Familia, desde el Concilio Vaticano II hasta el presente. Introducción del Cardenal Alfonso López Trujillo. Ed. Palabra, Madrid 2001 (2ª. Edición). Una espléndido trabajo del Consejo Pontificio para la Familia, que da a conocer todos los documentos magisteriales y pastorales entorno a la familia y a la vida de pareja.
  • Familia, Matrimonio y “Uniones de Hecho” de Noviembre 21, 2000. Propone una serie de reflexiones para que los políticos y jefes de estado defiendan la dignidad de las familias constituidas por un matrimonio. Responde al intento de legitimizar las uniones de hecho o uniones libres.
  • Preparación al Sacramento del Matrimonio, Mayo 13, 1996. Contiene extensas comentarios y guías sobre la importancia de la preparación al matrimonio, las etapas de la preparación y la celebración del sacramento del matrimonio.
  • Vademecum para los Confesores sobre algunos temas de moral conyugal. Febrero 12, 1997. Ofrece recomendaciones a confesores sobre temas como el uso de los anticonceptivos yen el matrimonio y otros relacionados.

Enseñanzas de los Obispos de los Estados Unidos:

Los documentos citados provienen de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos  (USCCB) ó de la Conferencia Nacional de Obispos Católicos (NCCB), y son asequibles, en su mayoría a través de la página electrónica de la Conferencia: www.usccb.org.

  • Sigan el camino del Amor: Mensaje pastoral de los Obispos Católicos a las Familias, con motivo del año Internacional de la Familia, 1994. Noviembre 17, 1993. Este documento afirma la dignidad fundamental de la familia y ofrece una amplia presentación de la Familia Doméstica.
  • Entre Hombre y Mujer: Preguntas y Respuestas sobre el matrimonio y las uniones del mismo sexo, Noviembre, 2003. Un documento conciso sobre las razones por la cuales la Iglesia no considera válida la unión entre personas del mismo sexo.
  • Amor matrimonial y el regalo de la vida. (Married Love and the Gift of Life), Noviembre 14, 2006. Versión en español a través de store.usccb.org. Responde a preguntas sobre el uso de anticonceptivos en el matrimonio. Presenta de manera sólida y clara la propuesta católica de la Planificación Natural.
  • Siempre Serán nuestros hijos: Un Mensaje pastoral a padres con hijos homosexuales y sugerencias para agentes pastorales. 1997.) Versión en español a través de store.usccb.org. Es una respuesta de compasión y misericordia a las familias que afrontan el homosexualismo de alguno de sus miembros.
  • Bendición de la edad. Un Mensaje Pastoral para quienes avanzan en edad en la comunidad de fe, 1999. Refiere la realidad del creciente aumento de personas de edad en la sociedad y la Iglesia, y recuerda la obligación de todos de darles apoyo.
  • U. S. Norms for Marriage Preparation (Canon 1067), approved in 2000. (Sólo en Inglés) Los Obispos de Estados Unidos establecen aquí normas y guías para una buena preparación de las parejas al Sacramento del Matrimonio, casado en el Código de Derecho Canónico.
  • Cuando pido ayuda: Respuesta Pastoral a la violencia Doméstica contra las mujeres. (10º. Aniversario) Noviembre 12, 2002.  When I Call for Help: A Pastoral Response to Domestic Violence Against Women (10th Anniversary Edition). Con mucha compasión los Obispos abordan el caso de la violencia doméstica contra la mujer y envían su palabra a las víctimas, los abusadores y la comunidad de fe. Disponible en español a través de store.usccb.org.

Evaluación de la relación

Evaluación de la relación

Evaluar la relación no es poner en duda el amor, es más bien notar aquello en lo cual se puede o debe mejorar.

Por Alicia Pérez

Durante la vida matrimonial la pareja se va descubriendo a sí misma. En el día a día de su convivencia los esposos aprenden a acoplarse el uno al otro y también encuentran la manera de pulir asperezas.  Juntos van escogiendo los valores que van a abrazar y deciden cómo los van a vivir.

Importancia de evaluar la relación:

Toda pareja experimenta etapas en el matrimonio en que está más o menos satisfecho con su relación. Con todo, es importante que, con cierta frecuencia dedique tiempo para evaluar su relación y se ponga de acuerdo en el tipo de ajustes que deberán hacer para que su relación sea más satisfactoria y feliz.

Con mucha frecuencia, creyendo evitar con eso conflictos, las parejas cometen el error de callar sus insatisfacciones. De esta forma los problemas pueden crecer o se va creando el clima de insatisfacción que va dañando la relación poco a poco.

En una relación de adultos, donde cada uno se ve de igual a igual, es importante que haya un ambiente de confianza donde se puedan expresar sus necesidades sin temor a que la otra persona se moleste o no desee escuchar.

¿Cada cuanto deberá hacerse esta evaluación?

La pareja debe decidir cuándo y cómo lo hace. Parejas con buena comunicación, evalúan su relación, hasta sin darse cuenta, cada vez que surge un reto, en algún aspecto de su vida, y que lo afrontan honesta y directamente.

Si hay algo en lo cual la pareja o uno de sus miembros no está satisfecho y en lo que desea que surja un cambio, es importante que no deje pasar mucho tiempo.

Evaluar la relación no es poner en duda el amor, es más bien notar aquello en lo cual se puede o debe mejorar. Este proceso debe medir todos los aspectos de la vida matrimonial pues todos son importantes.

Sugerencia:

A continuación encontrarás algunas sugerencias para que inicies con tu pareja la evaluación de su relación. Pero es conveniente que, por separado, cada uno lea la lista  y circule el número que refleja mejor cómo se siente en este aspecto de su relación. Al terminar compartan sus observaciones, escuchen con suprema atención las respuestas que expresan las necesidades o insatisfaccionessu pareja y permítanse compartir respetuosamente las sugerencias o puntos de vista que cada uno presenta.

Es importante recordar que para que una pareja sea feliz no tiene que tener todas sus diferencias resueltas. No hay pareja que esté 100% satisfecha. La gran mayoría de las parejas aprenden a resolver una parte de sus diferencias más importantes, y aprende a vivir con las realidades del otro que no puede cambiar.

Los puntos en común son el tesoro que la pareja debe siempre resaltar por encima de las dificultades, y en el cual debe apoyarse para las discusiones. Pero cuando es necesario negociar, es importante, con mente abierta y corazón dispuesto, entrar en el “tira y afloje” de aprender a relativizar las diferencias y a ceder, unas veces uno y otras el otro.

Test para evaluar nuestra relación:

Marque con una x el número que mejor refleja su grado de satisfacción, siendo el 5 el mayor grado de satisfacción y el 1 el de poca satisfacción.

Satisfacción en la comunicación:12345
Satisfacción en forma de resolver conflictos:12345
Satisfacción en manejo del dinero:12345
Satisfacción en la intimidad sexual:12345
Satisfacción en la toma de decisiones:12345
Satisfacción en forma como educamos a los hijos:12345
Satisfacción en forma de expresar nuestra fe:12345
Me siento apreciada/o – amado/a:12345
Satisfacción en relaciones sociales:12345
Satisfacción en el uso del tiempo libre:12345
Satisfacción por relaciones con los parientes:12345
Satisfacción en la manera como nos divertimos:12345
Satisfacción en distribución de tareas domésticas:12345
Satisfacción en el tiempo dedicado al trabajo:12345
Satisfacción por valores compartidos:12345

OBISPOS LANZAN NUEVO PORTAL ELECTRÓNICO MARRIAGE: UNIQUE FOR A REASON

Incluye contenidos en español, respuestas a preguntas comunes, videos y artículos
El propósito del nuevo sitio Web es la promoción y defensa del matrimonio
Es una fuente confiable de enseñanza de la Iglesia

WASHINGTON—Los católicos que busquen información confiable sobre lo que la Iglesia Católica enseña a cerca del matrimonio ahora pueden visitar www.marriageuniqueforareason.org, un portal electrónico que contiene una sección de respuestas a preguntas comunes sobre el significado del matrimonio, una recopilación de la enseñanza católica sobre el matrimonio, un blog y los videos “Made for Each Other” (Hechos el uno para el otro) y “Made for Life” (Hechos para la vida).

El sitio web, que fue lanzado por el Subcomité para la Promoción y Defensa del Matrimonio de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), también invita a quienes lo visitan a suscribirse al blog. Algunos contenidos del portal serán traducidos al español.

“El lanzamiento del sitio web “Marriage; Unique for a Reason” demuestra los continuos esfuerzos de los obispos para educar a los fieles sobre el significado único del matrimonio entendido como la unión de un hombre y una mujer y sobre el lugar fundacional que el matrimonio tiene para el florecimiento de cualquier sociedad”, dijo el obispo Salvatore Cordileone de Oakland, California, presidente del subcomité. “El sitio web establecerá una presencia en la red para el trabajo del subcomité y servirá como un lugar confiable donde los católicos y otras personas pueden encontrar enseñanza auténtica sobre el matrimonio. Animo a todos aquellos que trabajan para educar a otros sobre el significado del matrimonio a que aprovechen el portal electrónico, especialmente los sacerdotes, diáconos, catequistas y maestros.”

El portal “Marriage: Unique for a Reason” es el esfuerzo más reciente en la labor catequética y educativa que USCCB viene realizando con respecto al matrimonio. La iniciativa comenzó en junio de 2010 con la publicación del video“Made for Each Other”, y continuó el pasado mes de junio con la publicación de otro video, “Made for Life”. Entre los futuros recursos en video que se están desarrollando se incluyen un video en español y otros videos sobre el matrimonio y el bien común, y elmatrimonio y la libertad religiosa, cuya publicación está prevista para el próximo año.

Se anima a los sitios web católicos a incluir un banner o botón que enlace con el sitio web. Estos pueden descargarse yendo a www.marriageuniqueforareason.org/media-toolkit Marriage: Unique for a Reason viene a sumarse a las iniciativas de los obispos For Your Marriage (www.foryourmarriage.org) y Por Tu Matrimonio (www.portumatrimonio.org) para proporcionar recursos en la red informática para el fortalecimiento, promoción y protección del matrimonio.

Etiquetas: matrimonio, Subcomité para la Promoción y Defensa del Matrimonio, Obispo Salvatore Cordileone, obispos católicos, Marriage: Unique for A Reason, “Made for Each Other,” “ Made for Life,”For Yor MarriagePor tu Matrimonio, defensa del matrimonio, hijos

Retiro matrimonial virtual: Semana Nacional del Matrimonio 2020

Únete a nosotros para celebrar la Semana Nacional del Matrimonio (del 7 al 14 de febrero de 2020) tomándote unos momentos cada día, junto con tu cónyuge, para reflexionar y orar. El tema de este año es Historias de la iglesia doméstica. Este retiro te ayudará a reflexionar más sobre cómo tú y tu cónyuge comparten el llamado particular de construir el Cuerpo de Cristo y formar una iglesia doméstica (cf. LG, 11).

Para más instrucciones o inspiración, visita www.portumatrimonio.org o marriageuniqueforareason.org.

Disponible en PDF

Día uno: Diez años de “sí, quiero”

Una historia sobre la promesa del amor

Un momento memorable en nuestro matrimonio fue la celebración de nuestro décimo aniversario de bodas. Nuestro párroco había aceptado realizar una bendición especial y la renovación de nuestro compromiso con nuestros votos matrimoniales durante la Misa matinal. Después de la homilía, nos llamó a los dos ante el altar, uno frente al otro, tomados de la mano, tal como en nuestra boda una década antes. Sin embargo, a diferencia de nuestra boda, el peso de las palabras era profundamente diferente. Como una pareja comprometida dichosamente esperanzada que se preparaba para el sacramento, pensábamos que entendíamos lo de “en lo próspero, en lo adverso, en la riqueza, en la pobreza, en la enfermedad y en la salud”, incluso tal vez imaginando qué formas podrían tomar estos altibajos de la vida. Diez años después, ya no eran palabras de expectativa, sino una realidad.

Nuestra mirada compartida como recién casados captaba la promesa de nuevas oportunidades que, sin embargo, se desvanecerían muchas veces… para convertirse en pérdida de empleo y deudas por desempleo, en incertidumbre cuando los cimientos de nuestra primera casa dieron paso a casi una ejecución hipotecaria durante la crisis inmobiliaria, en la alegría de una nueva vida y la desilusión que se produjo con la prolongada estadía de nuestra hija en la UCIN y los grandes cambios en nuestra vida para financiar problemas médicos constantes, en la esperanza de crecimiento dentro de nuestra familia y las heridas de la pérdida por nuestro primer aborto involuntario.

Llevar todo nuestro ser ante el altar, no sólo las alegrías sino también las penas, bajo el Cristo crucificado, y expresar verbalmente nuestro renovado compromiso con nuestros votos fue una fuente de fortaleza y un poderoso recordatorio de nuestro llamado sacramental como marido y mujer que sigue vibrando y llevándonos hacia adelante. Ciertamente, nuestra familia ha sido bendecida con tiempos de gran alegría, por supuesto, pero las cosas que parecían tan abrumadoras y difíciles de sobrellevar en su momento han sido las mismas experiencias que nos unieron aún más.

El “sí, quiero” de nuestra boda nunca debe convertirse en un “sí, quería”; nunca será en tiempo pasado. Nuestros votos, como la alianza que Dios nos juró, son una promesa de decir siempre “sí, quiero”, de elegir al otro, en cada momento de nuestra vida, en lo bueno y en lo malo. Así el amor vivificador de Cristo se realiza dentro de nosotros y permitimos que la gracia sane nuestras heridas y nos acerque cada vez más a su corazón misericordioso.

—Mike y Evie

Para pensar
Para comenzar esta semana de reflexión, pregúntense individualmente y como pareja:

(a) Reflexiona sobre el día de tu boda y los votos. ¿Cómo los has visto hacerse realidad en tu matrimonio? ¿Cuáles tienen un nuevo significado?

(b) ¿Cuáles son las fuentes de fortaleza en tu matrimonio? ¿Dónde hay posibles oportunidades de crecimiento?

(c) ¿De qué maneras tu experiencia matrimonial y tu vida familiar han revelado la presencia de Cristo?

Oración a la Sagrada Familia (desplazarse hacia abajo)

Día dos: Cristo en medio de nosotros

Una historia sobre la vida hogareña

El papa Francisco habla a menudo sobre la importancia de tener un encuentro con Cristo, especialmente para el viaje del cristiano. Nunca se cansa de repetir las palabras de Benedicto XVI: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”. (EG, 7) Nuestras oraciones siempre comienzan con gratitud por los signos visibles de la presencia de Cristo
en nuestra vida. Los encuentros con Cristo a menudo llegan cuando menos los esperamos, a través de las pequeñas personas que nos plantean desafíos únicos: nuestros hijos. Como la mayoría de las familias católicas, nuestra vida hogareña celebra la belleza del año litúrgico con tradiciones. Leemos historias sobre los santos y celebramos sus fiestas. Encendemos la corona de Adviento y montamos las figuras del Nacimiento en la época de Navidad. Estos momentos son lo más destacado de nuestro año a medida que vivimos las estaciones de la Iglesia en nuestro propio hogar.

Sin embargo, en cualquier día, nuestra vida hogareña también es desordenada y frustrante (¡no muy diferente de la historia de la Iglesia!). Manchas de espagueti en la ropa dominguera, el piso de la cocina pringoso, pucheros y lágrimas antes de acostarse o solicitudes interminables de contar cuentos que prueban la paciencia de un padre o madre cansados. Todos los días Dios entra y nos encuentra en la fragilidad de este mundo y en el desorden de nuestras familias. Incluso cuando nuestros hijos se las apañan para exhibir nuestras miserias, se nos ofrece también allí la oportunidad de acoger la humildad y la santidad en medio de nosotros. Nuestras propias fallas en la crianza de los hijos permiten que el amor y la misericordia de Dios nos encuentren justo allí donde estamos.

—Ramie y Jake

Para pensar
Elige una o más de las siguientes preguntas para reflexionar con tu cónyuge:

(a) ¿Cómo puedes afirmar, respetar y conectarte con tus hijos o tu cónyuge durante sus rutinas diarias juntos?

(b) Piensa en un momento reciente de mal humor que tuviste con tu hijo. ¿Podría esa situación haber sido un momento de encuentro con Cristo?

(c) ¿Con qué rapidez y facilidad le otorgo perdón y le demuestro misericordia a mi hijo o cónyuge? ¿Qué tan rápido y sinceramente les pido perdón a ellos?

Oración a la Sagrada Familia (desplazarse hacia abajo)

Día tres: El misterio de la fe conyugal y su fruto

Una historia sobre la adopción

La fe es la voluntad de emprender un viaje, sin saber exactamente a dónde vamos o cómo vamos a llegar allí. Si hay algo parecido a la certeza, está en los compañeros que elegimos para compartir nuestro viaje.

San Pablo habla del marido y la mujer convirtiéndose en “una sola carne” como “un gran misterio” (Efesios 5:32), un misterio que refleja a Cristo y su novia, la Iglesia. Parte del misterio, creemos nosotros, es que Dios hace que nuestro corazón sea capaz de dejar atrás nuestras relaciones pasadas, ya sean bellas o quebrantadas, para entrar libremente en la esperanza compartida de que nuestro matrimonio será vivificador.

En nuestra experiencia, esa fe fundamental del marido y la mujer, emprender un viaje juntos, también ha llegado a significar la fe en lo que Dios está haciendo para unir a nuestra familia. La nuestra comenzó como una historia común: chico conoce a chica, campanas de boda… pero, el cochecito de bebé… tardó un tiempo. Esperamos año tras año, hasta pasar por todas las pruebas invasivas y desgarradoras que acompañan la infertilidad. Sí, Dios estuvo con nosotros en todo momento, y nos sostuvo con gracias extraordinarias que, en retrospectiva, a menudo fueron exquisitamente cronometradas. Pero él no siempre nos evita sufrir. En cambio, hemos descubierto que Dios se acerca para compartir nuestro sufrimiento.

Ir a ese lugar de sufrimiento con Dios fue lo que abrió nuestro corazón a la semilla que Dios había plantado: la semilla de la adopción. Una vez que comenzó a dar fruto, comenzaron a suceder cosas maravillosas. Había nueva esperanza, discernimiento de posibilidades y nuevos descubrimientos. Después de mucha lucha, trajimos a casa a nuestra hija mayor desde China, descubriendo lentamente que un lugar al otro lado del mundo podía comenzar a sentirse como otro hogar. Tres años después, trajimos a casa a nuestra segunda hija. Y, sorpresa de sorpresas, nueve años después regresamos a China y trajimos a casa a nuestro hijo.

Todos los años, celebramos tres días de adopción además de tres cumpleaños, por lo que tenemos recordatorios constantes de lo extraño y sin embargo hermoso que ha sido nuestro viaje con Dios. Rara vez ha sido claro el camino que se abría delante, y sin embargo nos infundió valor la fe en que Dios guiará. “No pido ver la escena distante”, escribió san John Henry Newman, “un paso es suficiente para mí”. Esa ha sido nuestra experiencia.

—Tim y Sue

Para pensar
Elige una o más de las siguientes preguntas para reflexionar con tu cónyuge:

(a) ¿Dónde ha resultado fructífero tu matrimonio de la manera que menos esperabas?

(b) ¿Qué nuevas formas de fructificación puede estar llamando Dios a que produzca tu matrimonio?

(c) ¿Cuándo se ha acercado Dios a ustedes para compartir sus sufrimientos como pareja?

Oración a la Sagrada Familia (desplazarse hacia abajo)

Día cuatro: Parentalidad entre amigos

Una historia sobre parentalidad espiritual

John y Patti, buenos amigos nuestros, son excelentes ejemplos de cómo el amor conyugal está llamado a ser, y puede ser, fructífero tanto biológica como espiritualmente. Además de su familia inmediata, su iglesia doméstica, su matrimonio ha dado fruto espiritual para muchos otros, entre ellos nosotros mismos.

Cuando conocimos a John y Patti, ya llevaban casados algunos años y tenían tres (de sus ahora seis) hijos. Nos hicimos amigos al instante y pronto nos encontramos en su casa la mayoría de los viernes por la noche para saborear una deliciosa cena, rezar una década del rosario con su familia, y luego, después de meter a los niños a la cama, pasar una velada relajante juntos. Tenemos muchos buenos recuerdos de cuando nos hundíamos en los cómodos sofás de la sala de estar con una copa de vino en la mano para simplemente ponernos al corriente de la semana transcurrida y disfrutar de la compañía mutua.

También nos invitaron a sumarnos a su grupo de amigos que llevaban algunos años reuniéndose mensualmente para rezar y cenar. Tuvimos el honor de ser invitados y sus amigos se convirtieron rápidamente en nuestros amigos. Y ellos, como John y Patti, ayudaron a nutrir la semilla de la fe en nuestra vida. Además de las reuniones mensuales de oración y compañerismo, pronto celebramos juntos las alegrías (nacimientos, cumpleaños, finales deportivas, etc.) y nos acompañamos mutuamente en las pruebas (enfermedades, desempleo, dificultades familiares, etc.).

Sin embargo, hace cinco años, con la llegada de una nueva oportunidad de trabajo a 2,000 kilómetros de distancia, dejamos este increíble grupo, fortificados en la fe pero con la duda de que alguna vez encontraríamos amigos que nutrieran nuestra fe tanto como ellos. Pero los encontramos, por la gracia de Dios. Inspirados por ese grupo, invitamos a algunas parejas en nuestra nueva parroquia a formar un grupo similar. Desde hace ya cuatro años, este nuevo grupo de parejas continúa agraciando nuestras vidas de maneras ricas y significativas. Y algunos miembros de nuestro grupo han seguido difundiendo este don ayudando también a otros grupos a formarse en nuestra parroquia. Y gracias a ello, ahora hemos creado materiales para la formación de nuevos grupos en otras partes del país.

Por lo tanto, agradecemos a Dios por John y Patti y por todas las parejas de ambos grupos, antiguas y nuevas, y por el fruto espiritual que estas relaciones han dado en nuestra vida. Verdaderamente, todas estas parejas han sido padres espirituales para nosotros, dándonos a nosotros y a nuestro matrimonio una vida más significativa. ¡Y alabamos a Dios por el fruto que ahora también está trayendo a muchas otras parejas!

—Kari y Stephen

Para pensar
Elige una o más de las siguientes preguntas para reflexionar con tu cónyuge:

(a) ¿Qué significa para ustedes la parentalidad espiritual? ¿Cómo se puede vivir de diferentes maneras?

(b) ¿Quién los ha ayudado a ustedes y a su matrimonio? ¿A quién han ayudado ustedes a tener un mejor matrimonio?

(c) ¿Qué pueden hacer para encontrar parejas que puedan acompañarlos a ustedes como mentores y guías? ¿Qué pueden hacer para acompañar a las parejas que pueden necesitar ayuda a lo largo del viaje?

Oración a la Sagrada Familia (desplazarse hacia abajo)

Día cinco: El árbol que Dios hace crecer

Una historia sobre la imperfección perfecta

Este pasado Adviento comencé un árbol de Jesé. Tuve la tentación de hacerlo todo yo misma, al estilo bricolaje, con la ayuda de mamás artesanas más experimentadas que organizan su intercambio anual de árboles de Jesé en la ciudad. Pero la tentación no fue tan fuerte debido a mi completa falta de habilidad y paciencia para lidiar con cualquier cosa que requiera pegamento, pintura o mondadientes. En cambio, me atrajo la hermosa exhibición de discos de madera perfectamente pintados a mano que representaban cada símbolo del árbol de Jesé que encontré en una tienda de regalos local. Por unos cuantos dólares pude dejar de lado el caótico asunto de palillos de dientes pegajosos y los dedos manchados de pintura; sonaba a un plan glorioso.

Más tarde, en una fiesta del elefante blanco, noté un simple pero radiante arbolito de Jesé sobre el piano de la anfitriona. Estaba decorado con símbolos caseros de diferentes proporciones, colores y texturas. Era multidimensional y dinámico; hizo que mi árbol de Jesé pareciera soso y poco inspirador.

Mientras observo a mis hijos, cada uno único y exquisito a su manera, recuerdo el árbol de Jesé casero. Cada rama tenía un símbolo esculpido por la mano de una persona diferente, con el sello de la creatividad e ingenio del artesano. Cada niño lleva la marca del Creador y su imagen de una manera única. Cada niño es una flor en mi árbol genealógico o un árbol joven que necesita ser cultivado, regado y podado. Pero, al igual que el desafío del árbol de Jesé, a menudo me siento inepta ante los desafíos de criar estos árboles jóvenes. Mi habilidad no se pone a prueba, pero mi calma sí. Mi Etsy interno no se pone a prueba, ¡pero mi autocontrol sí!

Parte del gran privilegio parental es que Dios nos da su gracia, y es suficiente. Basta con confiar en su graciosa ayuda para ayudarnos en cada desafío. Sin embargo, con las redes sociales inundadas de imágenes que transmiten un mensaje de perfección externa —tanto que “instagramable” es una palabra nueva—, es difícil no sentirse inepta e insuficiente. Es difícil admitir que no soy “del tipo Etsy” y que la guardería de mis hijos no es “instagramable”. Del mismo modo, es difícil admitir una y otra vez en la confesión que he fallado en ser paciente y tolerante con mis hijos.

Una y otra vez, sin embargo, con la gracia de Dios, como pareja, se nos recuerda que simplemente amemos bien a cada uno de nuestros hijos y reconozcamos que Dios es el artesano de nuestro árbol, nuestra pequeña iglesia doméstica, y de cada una de sus flores, y que él lo hará crecer.

—Julia y Francis

Para pensar
Elige una o más de las siguientes preguntas para reflexionar con tu cónyuge:

(a) ¿En qué áreas de tu matrimonio o familia se sientes inepto o incapaz?

(b) ¿Cómo pueden tú y tu cónyuge o familia establecer una mayor confianza en la gracia de Dios?

(c) Piensa en un desafío actual en la vida de ustedes. ¿Cómo enfrentarán tú y tu cónyuge este desafío con la ayuda de Dios?

Oración a la Sagrada Familia (desplazarse hacia abajo)

Día seis: Amor en la verdad

Una historia sobre desafíos inesperados

Hemos sido bendecidos en nuestros 42 años de matrimonio con cuatro hijos hermosos e increíbles. Nuestros hijos, la fuente de nuestro mayor orgullo y alegría, también han sido la fuente de nuestro mayor sufrimiento. Con la muerte repentina de nuestro primer hijo, de sólo seis meses de nacido, experimentamos nuestra primera prueba. El primer fruto de nuestro amor se había marchitado, poniendo a prueba nuestro propio amor como pareja. Fue una experiencia que cambió la vida de nuestro matrimonio, pero, afortunadamente, nuestro dolor nos llevó a un compromiso más profundo el uno con el otro y con nuestra fe. Esto nos preparó para enfrentar otros desafíos que vendrían después, poniendo a prueba nuestra unidad como pareja y como familia.

Nuestra hija, mientras estaba todavía en la universidad, anunció que estaba embarazada de nuestro primer nieto, fuera del vínculo matrimonial. Aunque sorprendidos y entristecidos por las circunstancias, acogimos el don de una nueva vida que bendeciría a nuestra familia. Durante el tiempo turbulento que rodeó estos sucesos, acompañamos a nuestra hija en su lucha por reconocer y seguir el plan de Dios. Estamos orgullosos de ser los abuelos de un joven con una fe profunda que ahora sirve a nuestro país en el extranjero como infante de marina de los Estados Unidos.

Un día, nuestro hijo menor anunció que experimentaba atracción hacia personas del mismo sexo y que había adoptado un estilo de vida contrario a su dignidad humana a los ojos de Dios. El dolor de perder a nuestro hijo por las mentiras del mundo es difícil de describir.

Como hijo nuestro, le hicimos saber que nuestro amor es incondicional. Sin embargo, también necesitábamos permanecer firmes en la verdad, como lo manda el verdadero amor. Cuando no asistimos a la unión con su pareja del mismo sexo, ambos lados sentimos un profundo dolor. Su apartamiento de cualquier práctica de una vida en la fe católica es nuestra mayor tristeza, que suscita una oración constante que surge de nuestro corazón para que María lo guíe de regreso a su Hijo.

En el día de nuestra boda, nos prometimos mutuamente que aceptaríamos a los hijos recibidos amorosamente de Dios y los educaríamos de acuerdo con la ley de Cristo y su Iglesia. Poco nos dimos cuenta del gran don que estábamos aceptando recibir, ni de la tremenda responsabilidad que ello conlleva. Seguimos educando a nuestros hijos y nietos en la fe, desafiándolos a seguir el verdadero discipulado.

Si bien nuestro trabajo de construir nuestra iglesia doméstica no está terminado, confiamos en que la fe que establecimos como el fundamento de nuestra familia sea para nuestros hijos un recordatorio de la inquebrantable fidelidad y el amor inagotable de Dios. Incluso las mayores bendiciones pueden florecer en medio de espinas.

—Christine y Rick

Para pensar
Elige una o más de las siguientes preguntas para reflexionar con tu cónyuge:

(a) ¿Cómo has enfrentado los desafíos y decepciones experimentados en tu matrimonio o causados por tus hijos? ¿Dónde has encontrado la gracia y la misericordia de Dios presentes en esos momentos?

(b) ¿De qué maneras puede Dios estarte pidiendo que des un mayor testimonio de la verdad en el amor dentro de tu familia?

(c) ¿Cómo has notado la mano de Dios en medio del sufrimiento y la pérdida?

Oración a la Sagrada Familia (desplazarse hacia abajo)

Día siete: Aprendizaje en una etapa posterior

Una historia contada por abuelos

En nuestros primeros tiempos de abuelos, aprendimos una lección sobre cómo enseñar a los niños a rezar mientras cuidábamos a nuestro nieto de 4 años. A la hora de dormir, los padres aún no habían vuelto a aparecer, así que tuvimos la oportunidad de hacer con el pequeño Antonio la rutina antes de dormir: cuento, bocadillo, baño, pijama. Teníamos mucha experiencia con eso, ¡aunque no habíamos recordado cuánta energía consumía!

Cuando el pequeño finalmente se acostó, estábamos exhaustos. Rápidamente dijimos una breve oración de memoria con él, “Ahora que me acuesto a dormir…” Muy bien, besos y luces apagadas. ¿Verdad? ¡No! Antonio comenzó a gemir: “¡Quiero la oración larga! ¡Quiero la oración larga!” Lloró y lloró. Estábamos desconcertados. ¿Cuál podría ser la oración larga? Nos sentamos en la cama y compartimos con él nuestras propias oraciones nocturnas, comenzando con el Padre Nuestro, el Ave María, Gloria, intenciones especiales, bendiciones por todas partes. Antonio se calmó y se durmió como un corderillo.

Cuando sus padres llegaron a casa, les contamos el drama y les preguntamos “¿Cuál es la ‘oración larga’?”. Se rieron y dijeron: “Oh, solemos hacer con él una rutina de oración más larga antes de dormir, incluyendo toda una letanía de intenciones, seguidas por el Padre Nuestro, el Ave María y Gloria, tal como ustedes nos enseñaron. Es nuestro tiempo especial juntos, y él lo espera con expectativa. Pero cuando está alborotando mucho, y ya nos estamos quedando sin fuerzas, sólo decimos con él una breve oración simple. ¡Debe de haber pensado que lo estaban castigando al no decir la oración larga!”

Al orar juntos como familia, habíamos inculcado a nuestro hijo un amor por la oración familiar compartida que él había transmitido a su propia familia. Habíamos sido testigos de cómo el hábito de la oración, instituido cuando nuestros hijos eran pequeños, todavía resonaba en ellos como adultos.

Nuestra responsabilidad parental de fomentar la fe en nuestro hogar continúa como abuelos, ahora en los hogares de nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos. La oración es una excelente manera de fomentar la fe, incluso cuando se ha debilitado en nuestros familiares. Orar juntos es un momento para reconectarse, renovarse y reconciliarse. A la hora de acostarse, a la hora de comer, a la hora de pasear en auto, en la enfermedad y en la salud, una familia construye sus lazos de amor cuando se vuelven a Dios juntos.

Las costumbres, tradiciones y celebraciones son oportunidades potenciales para la oración y la edificación de la fe. Basándose en las prácticas espirituales caseras de antaño, se puede forjar un futuro de fe para las próximas generaciones, una celebración a la vez.

Así como Dios estuvo con nosotros durante las largas noches y los agotadores días de nuestro propio viaje como padres, él está ahora con nosotros en este nuevo capítulo de la vida en la iglesia doméstica más grande. Ahora decimos la “oración larga” por nuestros hijos y nuestros nietos, compartiendo el amor reconfortante y alentador de nuestro Padre celestial.

—Lauri y John

Para pensar
Elige una o más de las siguientes preguntas para reflexionar con tu cónyuge:

(a) ¿Qué tradiciones puedes compartir con tus nietos para fomentar la fe? ¿Oras regularmente por tus hijos y tus nietos?

(b) ¿Cómo la fe y la oración moldean tu responsabilidad como abuelo o abuela?

(c) Si no eres abuelo o abuela, ¿qué otras formas de “ser abuelo” puedes brindar a alguien que lo necesita?

Oración a la Sagrada Familia

Jesús, María y José
en vosotros contemplamos
el esplendor del verdadero amor,
a vosotros, confiados, nos dirigimos.
Santa Familia de Nazaret,
haz también de nuestras familias
lugar de comunión y cenáculo de oración,
auténticas escuelas del Evangelio
y pequeñas iglesias domésticas.
Santa Familia de Nazaret,
que nunca más haya en las familias episodios
de violencia, de cerrazón y división;
que quien haya sido herido o escandalizado
sea pronto consolado y curado.
Santa Familia de Nazaret,
haz tomar conciencia a todos
del carácter sagrado e inviolable de la familia,
de su belleza en el proyecto de Dios.
Jesús, María y José,
escuchad, acoged nuestra súplica.
Amén.

(AL, 325)

 

Documentos de la Iglesia

AL – Papa Francisco, Exhortación apostólica Amoris laetitia, 19 de marzo de 2016, Vaticano, https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20160319_amoris-laetitia.html.

EG – Papa Francisco, Exhortación apostólica Evangelii gaudium, 24 de noviembre de 2013, Vaticano, https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html.

LG – Concilio Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium, 21 de noviembre de 1964, Vaticano, https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html.

Retiro Matrimonial – El Matrimonio, hecho por una razón

Acompáñanos a celebrar la Semana Nacional del Matrimonio (del 7 al 14 de febrero de 2019), tomándote unos momentos cada día para reflexionar y orar con tu cónyuge.  El tema de este año es: El matrimonio, hecho por una razón. Este retiro te ayudará a reflexionar sobre lo que hace que el matrimonio sea algo único, tal como fue establecido por Dios, entre un hombre y una mujer, como la base de la familia y la sociedad.

Para más instrucciones o inspiración, visita los sitios web foryourmarriage.orgmarriageuniqueforareason.org.

Día 1 – El matrimonio: hecho por Dios

Abriendo el tema
A pesar de las grandes diferencias entre las culturas, sociedades y religiones, el matrimonio siempre se ha considerado un vínculo sagrado que expresa una forma profunda y comprometida de amor mutuo. El matrimonio no es, sin embargo, una institución puramente humana: “el estado matrimonial fue establecido por el Creador y dotado por él con sus propias leyes… Dios mismo es el autor del matrimonio” (GS, 48).

¿De qué manera es Dios el autor del matrimonio?

Primero, “Dios creó al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Gén. 1:27). Dado que el hombre y la mujer son creados a imagen de Dios, quien es Amor, el amor es una vocación innata del hombre y de la mujer. El matrimonio responde a un deseo fundamental y a la necesidad de dar y recibir amor.

Segundo, como varón y hembra, Dios creó al hombre y a la mujer con una complementariedad anatómica única que posibilita la colaboración con Su trabajo de creación. La naturaleza misma del hombre y de la mujer está preparada para la posibilidad del matrimonio y del recibimiento de una nueva vida.

Tercero, la Sagrada Escritura afirma que es bueno que un hombre y una mujer se pertenezcan el uno al otro y formen un vínculo de comunión: “No es bueno que el hombre esté solo” (Gén. 2:18)…”Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer,  y los dos serán una sola carne (Gén.  2:24). En el Nuevo Testamento, Jesús invoca el plan original de Dios para la humanidad como una unión inquebrantable de dos vidas, recordando el plan inicial del Creador: “Así que ya no volverán a ser dos, sino una sola carne” (Mt. 19: 6)

En el plan divino, el matrimonio es la comunión exclusiva e indisoluble de vida y amor entre un hombre y una mujer. Entre dos cristianos bautizados, esta alianza es un sacramento.

Reflexión
Como católicos, la comprensión del plan de Dios para el matrimonio y la familia es una parte esencial de vivir el llamado a la santidad. Los esposos católicos han sido bendecidos con la certeza de que el sacramento del matrimonio proporciona las gracias necesarias para santificarse como esposo y esposa, padre y madre. Esta gracia otorga fuerza a la alianza  matrimonial y la fortalece en momentos de dificultad. También se traslada a la iglesia doméstica, el hogar, donde la familia crece y se convierte en un testigo del amor de Dios hacia los demás.

Sin embargo, el plan de Dios para el matrimonio no se limita a los católicos. Como se explicó anteriormente, está enraizado en la naturaleza e identidad del hombre y de la mujer, creados a imagen de Dios. La dignidad del matrimonio con su propósito y características específicas es un bien que debe sostenerse y defenderse para beneficio de todas las personas.

Para pensar
Para iniciar esta semana de reflexión, pregúntense individualmente y como pareja:

a) ¿Qué hace al matrimonio distinto de otras relaciones? ¿Por qué el amor y el compromiso matrimonial son únicos? ¿Qué significa cuando se dice que Dios creó el matrimonio en el mismo momento en que creó al ser humano?

b) Como pareja, ¿cómo nos complementamos en nuestras necesidades, deseos y atributos? ¿De qué manera nos otorga Dios los diferentes dones, como hombre y mujer, que contribuyen al matrimonio?

(c) ¿Cómo podemos, como pareja, dar testimonio de la belleza y la sabiduría del diseño del matrimonio hecho por Dios?

Oración de las parejas casadas
Dios todopoderoso y eterno,
bendijiste la unión de marido y mujer
para que podamos reflejar la unión de Cristo con su Iglesia:
míranos con bondad.
Renueva nuestra alianza matrimonial.
Incrementa tu amor hacia nosotros
y fortalece nuestro vínculo de paz
para que [con nuestros hijos]
podamos siempre regocijarnos en el regalo de tu bendición.
Te lo pedimos a través de Cristo nuestro Señor. Amén.

Día 2 – El matrimonio: hecho para el amor

Abriendo el tema
El matrimonio entre un hombre y una mujer responde al anhelo más profundo del corazón humano por el amor y la pertenencia. Anhelamos ser amados y recibir amor. Lo mismo puede decirse de la vida familiar: en una familia, los hijos son recibidos para ser amados y retornar ese amor.

A pesar de las limitaciones humanas, la pareja casada y la familia son reflejos de Dios, quien es tres personas divinas en una comunión de amor. En el matrimonio, el hombre y la mujer se convierten en “una sola carne” (Gén. 2: 24), una comunión de amor que genera nueva vida. De manera similar, la familia humana se convierte en una comunión de amor a través del intercambio de amor entre sus miembros.

El matrimonio y la vida familiar son escuelas de amor. Nos enseñan cómo alcanzar una comunión de amor en el contexto de la vida cotidiana: llena de alegrías, sacrificios, pruebas y esperanzas. En todo esto, el amor se purifica y se perfecciona, se hace auténtico y completo. Como el ejemplo del sacrificio de Cristo en la cruz, el amor es dar la vida del uno por el otro. Los cónyuges y los miembros de la familia están llamados a hacer lo mismo todos los días.

Reflexión
A pesar de nuestros mejores esfuerzos para amar fiel e incondicionalmente, el matrimonio y la vida familiar pueden ser difíciles y desafiar nuestra capacidad de amar continuamente. Sin embargo, el amor conyugal que es bendecido por el sacramento del matrimonio es fortalecido y sostenido por una gracia única que pretende “perfeccionar el amor de la pareja y fortalecer su unidad indisoluble” (CCC, 1641). En virtud de esta gracia, la pareja se ayuda mutuamente para alcanzar la santidad.

La fuente de esta gracia es Cristo. “Así como en la antigüedad Dios se encontró con su pueblo a través de una alianza de amor y fidelidad, así nuestro Salvador, el cónyuge de la Iglesia,  se encuentra ahora con esposos cristianos a través del sacramento del matrimonio” (GS, 48). Cristo vive con ellos, les da la fuerza para tomar sus cruces y puedan seguirlo, levantarse de nuevo después de haber caído, perdonarse el uno al otro, sobrellevar el uno la carga del otro, “someterse el uno al otro por respeto a Cristo, “y amarse el uno al otro con amor sobrenatural, tierno y fructífero” (CCC, 1642).

Para pensar
Elige una o más de las siguientes preguntas para reflexionar con tu cónyuge:

(a) ¿Qué hace que el amor entre el hombre y la mujer sea único, especialmente dentro de la relación matrimonial? ¿Qué hace que el amor de los miembros de una familia sea una comunión entre personas?

(b) ¿Cómo son nuestras escuelas de amor matrimonial y familiar? Como pareja y familia, ¿demostramos una comunión de amor que se nutre a sí misma, que es pura y sacrificada?

(c) Como pareja, ¿qué tanto confiamos en la gracia del sacramento del matrimonio para que nos ayude en los momentos de retos y dificultades?

Oración de las parejas casadas
Dios todopoderoso y eterno,
bendijiste la unión de marido y mujer
para que podamos reflejar la unión de Cristo con su Iglesia:
míranos con bondad.
Renueva nuestra alianza matrimonial.
Incrementa tu amor hacia nosotros
y fortalece nuestro vínculo de paz
para que [con nuestros hijos]
podamos siempre regocijarnos en el regalo de tu bendición.
Te lo pedimos a través de Cristo nuestro Señor. Amén.

Día 3 – El matrimonio: hechos el uno para el otro

Abriendo el tema
Dios creó al hombre y a la mujer juntos y quiso que fueran el uno para el otro. “No es bueno que el hombre esté solo. Voy a crear a alguien adecuado a sus necesidades para que lo ayude” (Gén. 2:18). La mujer que Dios ‘fabrica’ de la costilla del hombre, hace que él exclame maravillado, con amor y comunión: “Ésta, por fin, es hueso de mis huesos y carne de mi carne” (Gén. 2: 23). Este hermoso relato del libro de Génesis sobre la creación de Eva  del costado de Adán demuestra cómo la mujer fue creada específicamente como ayudante, compañera y pareja  adecuada para el hombre. A diferencia de cualquier otro ser creado, el hombre descubre a la mujer como su otro “yo”, como alguien que comparte su misma humanidad (ver CCC, 371).

“El hombre y la mujer fueron hechos ‘el uno para el otro’, no es que Dios los haya dejado a medias e incompletos: él los creó para que sean una comunión de personas, en donde cada uno puede ser ‘compañero’ del otro, ya que son iguales como personas (“hueso de mis huesos…”) y complementarios como  masculino y femenino” (CCC, 372).

Debido a que son personas iguales en cuanto a su humanidad, pero complementarios debido a  sus diferencias como  masculino y femenino, el hombre y la mujer contribuyen al matrimonio con dones únicos, especialmente a causa de las diferencias físicas de sus cuerpos que permiten la transmisión de la vida humana. Solo a través de la diferencia sexual, un esposo y una esposa pueden darse completamente a sí mismos.

Por lo tanto, la verdadera unión marital no es posible sin la diferencia sexual; la diferencia sexual es esencial para el matrimonio. La diferencia sexual es el punto de partida necesario para comprender por qué no es arbitrario ni  discriminatorio proteger y promover el matrimonio como  la unión entre un hombre y una mujer. Más bien, es una cuestión de justicia, verdad, amor y libertad real. Solo un hombre y una mujer, en todos los niveles de su identidad: biológicos, fisiológicos, emocionales, sociales y espirituales, son capaces de hablar auténticamente el lenguaje del amor conyugal, es decir, el lenguaje de la entrega de sí mismos, abiertos al don del otro y al regalo de la vida.

Reflexión
Nuestra masculinidad o femineidad es esencial para nuestra identidad como personas. Nuestro género no se añade a nosotros como algo posterior, ni tampoco es una parte incidental de quienes somos. El hombre y la mujer son dos tipos diferentes de seres humanos, en cuerpo y alma. Cuando negamos nuestra identidad como seres sexualmente diferenciados, reducimos nuestra humanidad.

Una unión conyugal o matrimonial se produce solo a través de la diferencia sexual. Solo un esposo y una esposa tienen el espacio o la capacidad para recibir verdaderamente el don  sexual distintivo del otro, y solo de esa manera un esposo y una esposa pueden regalarse el uno al otro el don de sí mismos. La belleza de la enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio, basada en esta base antropológica, arroja luz sobre la responsabilidad del hombre y la mujer de colaborar con Dios en Su plan para la raza humana.

Para pensar
Elige una o más de las siguientes preguntas para reflexionar con tu cónyuge:

(a) ¿Por qué la razón y la fe no entran en conflicto cuando se trata del matrimonio? En otras palabras, ¿de qué manera el sacramento del matrimonio, que se realiza entre un hombre bautizado y una mujer bautizada, reafirma y no le resta valor a las verdades básicas y razonables esenciales de todo matrimonio?

(b) ¿Piensas que la diferencia sexual de hombre a mujer y de mujer a hombre se entiende y aprecia hoy? ¿Por qué sí o por qué no?

(c) Como pareja, ¿cómo pueden ayudar a otros a reflexionar sobre la importancia de la diferencia sexual y la complementariedad?

Oración de las parejas casadas
Dios todopoderoso y eterno,
bendijiste la unión de marido y mujer
para que podamos reflejar la unión de Cristo con su Iglesia:
míranos con bondad.
Renueva nuestra alianza matrimonial.
Incrementa tu amor hacia nosotros
y fortalece nuestro vínculo de paz
para que [con nuestros hijos]
podamos siempre regocijarnos en el regalo de tu bendición.
Te lo pedimos a través de Cristo nuestro Señor. Amén.

Día 4 – El matrimonio: hecho para toda la vida

Abriendo el tema
“Creó al varón y a la hembra. Los bendijo y les dijo: “Sean fructíferos y multiplíquense” (Gén. 1: 27-28).

El matrimonio es el contexto humano natural para concebir y recibir correctamente un hijo como el “regalo supremo del matrimonio” (GS, 50). Y con esta actitud de apertura y aceptación, destinada a marcar todos los aspectos del amor conyugal, un esposo y una esposa se acercan más entre sí. Entregar el don de sí mismo al otro como cónyuge y estar abierto a los hijos es a la vez elección y acción. Como el Papa Juan Pablo II enseñó:  “Así,  mientras los esposos se dan el uno al otro, no solo se están dando a sí mismos sino también a la realidad de los hijos que son un reflejo vivo de su amor, un signo permanente de unidad conyugal y una síntesis viviente e inseparable del hecho de ser padre y madre”. (FC, 14).

En otras palabras, en el matrimonio, el amor y la vida son inseparables. Esto es lo que quiere decir la Iglesia cuando enseña que el sentido de unión y procreación del amor conyugal son inseparables. Al abrazarse el uno al otro, el esposo y la esposa abrazan su capacidad de concebir un hijo y son llamados a no hacer nada deliberado para cerrar parte de sí mismos al don del otro.

Esto no significa que con cada acto de intimidad sexual tenga que concebirse un hijo. El matrimonio no es una fábrica mecánica de  producción de niños en masa.  La Iglesia enseña a las parejas, en su sinceridad con la vida, a practicar la paternidad responsable, discerniendo si tienen o no razones serias, de acuerdo con el plan de Dios para el matrimonio, para posponer el ser padres y madres en un momento determinado.

“La tarea fundamental de la familia es servir a la vida, hacer realidad a lo largo de la historia la bendición original del Creador de transmitir a través de la procreación la imagen divina, de persona a persona (…) Sin embargo, la fecundidad del amor conyugal –  entendida incluso en su dimensión específicamente humana – no se limita únicamente a la procreación de los hijos, sino que se amplía y enriquece con todos aquellos frutos que el padre y la madre deben entregar a sus hijos y, a través de los hijos, a la Iglesia y al mundo”(FC, 28).

Reflexión
Cualquier consideración honesta del matrimonio debe incluir a los hijos, la esperanza de nuestro futuro. Durante milenios, personas de todas las generaciones y de todas las culturas han comprendido que el matrimonio de un hombre y una mujer es la principal institución social en pro de los hijos, y la roca de la familia natural. El matrimonio reúne a un hombre y a una mujer que se unen como marido y mujer para formar una relación única, dispuesta a recibir y cuidar de una nueva vida. Tratándose de la unión de marido y mujer, el matrimonio es una unión abierta desde dentro a la bendición de la fecundidad. Los hijos nacen “desde el mismo corazón” del matrimonio, a partir de la entrega mutua entre marido y mujer (CCC, no. 2366). Son el “regalo supremo” del matrimonio y su “máxima corona” (GS, n. 50, 48).

Así como las plantas necesitan los elementos adecuados no solo para comenzar a crecer sino también para florecer, los hijos  también necesitan los elementos adecuados. Se necesita un hombre y una mujer, con la ayuda de Dios, para traer un hijo a la existencia. Tiene sentido que si la diferencia sexual es esencial para el comienzo de la vida, también es vital para el cuidado de esa vida. Las madres y los padres son importantes para la vida de un hijo.

El matrimonio es la institución destinada a garantizar que un hijo sea recibido como un regalo que debe ser nutrido y criado con el amor singularmente diferente que solo una madre y un padre pueden dar. Así como una semilla necesita la presencia de tierra, luz solar y agua para crecer y florecer, también un hijo necesita los cimientos naturales de la vida y el amor que solo proporcionan el matrimonio amoroso de un hombre y una mujer abiertos al regalo de un hijo.

Para pensar
Elige una o más de las siguientes preguntas para reflexionar con tu cónyuge:

(a) ¿Cómo se relacionan la apertura a la vida y la diferencia sexual? ¿Por qué es esto tan importante para entender el significado del matrimonio?

(b) ¿Cómo entiendes y acoges la enseñanza de la Iglesia sobre la santidad de la vida humana, incluida la enseñanza de la Iglesia sobre el uso de la anticoncepción?

(c) ¿De qué manera puedes dar testimonio como pareja de la santidad y la dignidad de la vida humana, y de la importancia de las madres y los padres en la vida de sus hijos?

Oración de las parejas casadas
Dios todopoderoso y eterno,
bendijiste la unión de marido y mujer
para que podamos reflejar la unión de Cristo con su Iglesia:
míranos con bondad.
Renueva nuestra alianza matrimonial.
Incrementa tu amor hacia nosotros
y fortalece nuestro vínculo de paz
para que [con nuestros hijos]
podamos siempre regocijarnos en el regalo de tu bendición.
Te lo pedimos a través de Cristo nuestro Señor. Amén.

Día 5 – El matrimonio: hecho para la libertad

Abriendo el tema
“Amar a alguien es desear el bien a esa persona y tomar las medidas efectivas para asegurarlo. Además del bien del individuo, hay un bien vinculado a vivir en sociedad: el bien común. Es el bien de ‘todos nosotros’, compuesto por individuos, familias y grupos intermedios que juntos constituyen la sociedad (CV, 7).

El bien común es responsabilidad de todos. Los esfuerzos que hacemos diariamente para estar atentos a las necesidades de los demás son una contribución al bien común. La familia es un componente esencial del bien común, arraigado en el matrimonio entre un hombre y una mujer.

Los matrimonios saludables son modelo de muchas virtudes y buenos hábitos que son  vitales para la vida social. Por ejemplo, el amor gozoso y el amor sacrificial entre un hombre y una mujer en el matrimonio sirven de ejemplo a sus hijos de lo que significa amar a otras personas en general. El matrimonio promueve una “genuina ecología humana”, que incluye el respeto y la comprensión adecuada del cuerpo humano y la sexualidad. En un nivel fundamental y básico, un matrimonio intacto entre marido y mujer sigue siendo la fuente más fértil y el entorno mejor integrado para los nuevos miembros de la sociedad.

Los hijos que se crían en hogares con sus propios padres y madres casados disfrutan de la estabilidad que no ofrece ninguna otra estructura familiar. Si consideramos estos puntos, queda claro que el matrimonio es importante para el bien común de la sociedad: la alianza matrimonial, entendida correctamente como un hombre y una mujer unidos entre sí y con sus hijos, ayuda a que todos en la sociedad prosperen. Anima a los hombres y mujeres jóvenes a hacerse promesas el uno al otro si desean constituir “una pareja”; proporciona un reconocimiento social a tal promesa y la inversión de la comunidad para ayudar a la pareja a cumplirla, al tiempo que  les da a los hijos los hogares estables que merecen.

Reflexión
“La familia fundada en el matrimonio es una institución natural insustituible y un elemento fundamental del bien común de todas las sociedades” (Papa Juan Pablo II, Discurso a los  participantes en la asamblea plenaria del Consejo Pontificio de la Familia, 20 de noviembre de 2004).

El Catecismo enumera tres componentes esenciales del bien común: el respeto por la persona, el bienestar y desarrollo social, y la paz. (CCC, 1905-1917) En otras palabras, la sociedad debe ordenarse de tal manera que a las personas les resulte más fácil ser buenas, desarrollar sus dones y capacidades en paz, cumplir con sus deberes y responsabilidades sin tener que luchar contra la opresión o el miedo, y poder actuar según sus conciencias. El bien común está destinado a garantizar que las personas puedan vivir una “vida verdaderamente humana” (CCC, no. 1908).

Los matrimonios sólidos, aquellos matrimonios en los cuales un hombre y una mujer permanecen juntos durante toda su vida, son buenos tanto para la sociedad como para la pareja. Sirven como ejemplos para la comunidad de las virtudes del amor, la fidelidad y la perseverancia. Demuestran la capacidad del ser humano para cumplir sus promesas.

Para pensar
Elige una o más de las siguientes preguntas para reflexionar con tu cónyuge:

(a) ¿Cuáles son las tres características del matrimonio que lo hacen bueno  para toda la sociedad?

(b) ¿De qué manera contribuye tu matrimonio a tu propio potencial y crecimiento como persona? ¿Cómo contribuye esto a su vez al beneficio de tu familia y sociedad?

(c) ¿De qué manera reconoces el beneficio para el bien común de un matrimonio estable entre un hombre y una mujer?

Oración de las parejas casadas
Dios todopoderoso y eterno,
bendijiste la unión de marido y mujer
para que podamos reflejar la unión de Cristo con su Iglesia:
míranos con bondad.
Renueva nuestra alianza matrimonial.
Incrementa tu amor hacia nosotros
y fortalece nuestro vínculo de paz
para que [con nuestros hijos]
podamos siempre regocijarnos en el regalo de tu bendición.
Te lo pedimos a través de Cristo nuestro Señor. Amén.

Día 6 – El matrimonio: hecho para el bien común

Abriendo el tema
“Amar a alguien es desear el bien a esa persona y tomar las medidas efectivas para asegurarlo. Además del bien del individuo, hay un bien vinculado a vivir en sociedad: el bien común. Es el bien de ‘todos nosotros’, compuesto por individuos, familias y grupos intermedios que juntos constituyen la sociedad (CV, 7).

El bien común es responsabilidad de todos. Los esfuerzos que hacemos diariamente para estar atentos a las necesidades de los demás son una contribución al bien común. La familia es un componente esencial del bien común, arraigado en el matrimonio entre un hombre y una mujer.

Los matrimonios saludables son modelo de muchas virtudes y buenos hábitos que son  vitales para la vida social. Por ejemplo, el amor gozoso y el amor sacrificial entre un hombre y una mujer en el matrimonio sirven de ejemplo a sus hijos de lo que significa amar a otras personas en general. El matrimonio promueve una “genuina ecología humana”, que incluye el respeto y la comprensión adecuada del cuerpo humano y la sexualidad. En un nivel fundamental y básico, un matrimonio intacto entre marido y mujer sigue siendo la fuente más fértil y el entorno mejor integrado para los nuevos miembros de la sociedad.

Los hijos que se crían en hogares con sus propios padres y madres casados disfrutan de la estabilidad que no ofrece ninguna otra estructura familiar. Si consideramos estos puntos, queda claro que el matrimonio es importante para el bien común de la sociedad: la alianza matrimonial, entendida correctamente como un hombre y una mujer unidos entre sí y con sus hijos, ayuda a que todos en la sociedad prosperen. Anima a los hombres y mujeres jóvenes a hacerse promesas el uno al otro si desean constituir “una pareja”; proporciona un reconocimiento social a tal promesa y la inversión de la comunidad para ayudar a la pareja a cumplirla, al tiempo que  les da a los hijos los hogares estables que merecen.

Reflexión
“La familia fundada en el matrimonio es una institución natural insustituible y un elemento fundamental del bien común de todas las sociedades” (Papa Juan Pablo II, Discurso a los  participantes en la asamblea plenaria del Consejo Pontificio de la Familia, 20 de noviembre de 2004).

El Catecismo enumera tres componentes esenciales del bien común: el respeto por la persona, el bienestar y desarrollo social, y la paz. (CCC, 1905-1917) En otras palabras, la sociedad debe ordenarse de tal manera que a las personas les resulte más fácil ser buenas, desarrollar sus dones y capacidades en paz, cumplir con sus deberes y responsabilidades sin tener que luchar contra la opresión o el miedo, y poder actuar según sus conciencias. El bien común está destinado a garantizar que las personas puedan vivir una “vida verdaderamente humana” (CCC, no. 1908).

Los matrimonios sólidos, aquellos matrimonios en los cuales un hombre y una mujer permanecen juntos durante toda su vida, son buenos tanto para la sociedad como para la pareja. Sirven como ejemplos para la comunidad de las virtudes del amor, la fidelidad y la perseverancia. Demuestran la capacidad del ser humano para cumplir sus promesas.

Para pensar
Elige una o más de las siguientes preguntas para reflexionar con tu cónyuge:

(a) ¿Cuáles son las tres características del matrimonio que lo hacen bueno  para toda la sociedad?

(b) ¿De qué manera contribuye tu matrimonio a tu propio potencial y crecimiento como persona? ¿Cómo contribuye esto a su vez al beneficio de tu familia y sociedad?

(c) ¿De qué manera reconoces el beneficio para el bien común de un matrimonio estable entre un hombre y una mujer?

Oración de las parejas casadas
Dios todopoderoso y eterno,
bendijiste la unión de marido y mujer
para que podamos reflejar la unión de Cristo con su Iglesia:
míranos con bondad.
Renueva nuestra alianza matrimonial.
Incrementa tu amor hacia nosotros
y fortalece nuestro vínculo de paz
para que [con nuestros hijos]
podamos siempre regocijarnos en el regalo de tu bendición.
Te lo pedimos a través de Cristo nuestro Señor. Amén.

Día 7 – El matrimonio: hecho para la eternidad

Abriendo el tema
El hombre ha sido creado para conocer, amar y servir a Dios en esta vida y disfrutar de Su presencia para la eternidad. La recompensa eterna es una bienaventuranza que supera toda comprensión humana. Es el don de la verdadera felicidad que proviene de buscar el amor de Dios por encima de todo lo demás. El camino hacia la santidad o la bienaventuranza está pavimentado con elecciones y consecuencias: rendir tributo a Dios o a la riqueza, servirse a sí mismo o al prójimo.

Todos los cristianos en toda situación o condición social están llamados a la santidad, o a la perfección de la caridad. “Para alcanzar esta perfección, los fieles deben usar la fuerza que les ha sido otorgada por el don de Cristo, de manera que. . . “haciendo la voluntad del Padre en todo, puedan dedicarse de todo corazón a la gloria de Dios y al servicio de su prójimo” (LG, 40). El camino de la perfección también pasa a través de la Cruz, que exige sacrificio, mortificación y la renuncia a  uno mismo.

Reflexión
El matrimonio es una oportunidad para lograr la santidad. El día de su boda, los cónyuges se convierten en los principales compañeros el uno del otro para el viaje de la vida, hasta la muerte. El viaje hacia el cielo debe ser sostenido mutuamente por los cónyuges.  Una vida sacramental y de oración compartida puede contribuir a que el uno ayude al otro a progresar en la santidad.

El camino de la vida matrimonial también es sostenido por las gracias proporcionadas en el sacramento del matrimonio que ayudan a los esposos en su vocación particular de amar y servir a los demás.

Para pensar
Elige una o más de las siguientes preguntas para reflexionar con tu cónyuge:

(a) ¿Cuáles son algunas de las maneras en las cuales experimentas cada día que las elecciones y consecuencias nos acercan o nos alejan de alcanzar la santidad?

(b) ¿De qué manera tu matrimonio te desafía para alcanzar la santidad?

(c) ¿Crees que estás llamado a la beatitud con Dios? ¿Cómo se sostienen el uno al otro en el camino hacia la santidad?

Oración de las parejas casadas
Dios todopoderoso y eterno,
bendijiste la unión de marido y mujer
para que podamos reflejar la unión de Cristo con su Iglesia:
míranos con bondad.
Renueva nuestra alianza matrimonial.
Incrementa tu amor hacia nosotros
y fortalece nuestro vínculo de paz
para que [con nuestros hijos]
podamos siempre regocijarnos en el regalo de tu bendición.
Te lo pedimos a través de Cristo nuestro Señor. Amén.

Documentos de la Iglesia
CCC – Catecismo de la Iglesia Católica, Librería Editrice Vaticana, 1993, Vaticano, https://www.vatican.va/archive/ENG0015/_INDEX.HTM#fonte.

GS – Concilio Vaticano II, Constitución Pastoral sobre la iglesia en el mundo moderno Gaudium et Spes, 7 de diciembre de 1965, Vaticano, https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_cons_19651207_gaudium-et- spes_en.html.

FC – Papa Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, 22 de noviembre de 1981, Vaticano, https://w2.vatican.va/content/john-paul- ii/en/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html

LG – Concilio Vaticano II, Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, 21 de noviembre de 1964, Vaticano, https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_en.html.

CV – Papa Benedicto XVI, Carta Encíclica Caritas in Veritate, 29 de junio de 2009, Vaticano,

https://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/en/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html.

 

¿“TU o YO”?

Desde pequeños vamos desarrollando la tendencia a poseer y comenzamos con cosas simples como juguetes, plato o cuchara favorita, cama, silla, etc. El lenguaje común que utilizamos es: “mi pelota”, mi carrito”, “mi plato” e incluso decimos “mi papá”, “mi mamá”.

De manera que conforme vamos creciendo no solo la tendencia sigue, sino que ahora con mayor conciencia buscamos poseer más y más cosas: autos, casa, joyas, muebles, etc. Incluso llegamos a marcar un territorio y decimos: “por favor no invadas mi espacio”.

Cuando iniciamos una relación, naturalmente esta costumbre continúa, ya que igualmente nuestra pareja creció de la misma forma y aquello es un continuo tuyo y mío. Por esta razón, cuando la relación se formaliza y deciden llevarla a los altares, muchos son los casos en los que se realizan arreglos prenupciales para proteger las propiedades previas al matrimonio, (En algunos países, existe el régimen de bienes separados); otros son aquellos que se fundan más bien por intereses económicos y se pudiera decir que, más que unión sacramental, son sociedades financieras.

Ciertamente, en unos casos más que en otros, la costumbre en la relación matrimonial es referirse igualmente con el lenguaje que indica propiedad: “mi trabajo”, “tu dinero”, “tu casa”, “mi carro”, “tu familia”, etc.

Está forma de relacionarse tiene un alto porcentaje de fracasar cuando alguno de los bienes empieza a perderse ya que, en una gran cantidad de situaciones donde las finanzas decaen, la pareja termina separándose antes que perder también lo que es propio.

En 44 años que tenemos de matrimonio, “Erika y yo” aprendimos que el “Tú” y “Yo” o “Tuyo” y “Mío”, no era el mejor camino para llevar nuestra relación: además de provocar envidia, creaba molestia cuando una ó otra cosa se dañaba o perdía; poco a poco fuimos cambiando nuestra forma de referirnos a las cosas, ya que la fuerza de la costumbre es impresionantemente difícil de erradicar de la noche a la mañana. Así fue como gracias a que fuimos viendo que nuestra relación mejoraba cada día, perseveramos en el cambio que nos propusimos y así hemos logrado hasta ahora tener una hermosa, pacífica y feliz relación durante todos estos años.

El punto de partida para comprender que en el matrimonio la palabra clave es “NOSOTROS” o “NUESTRO”, lo encontramos en las Sagradas Escrituras en el libro del Génesis 2, 24: “Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola carne”. Por lo tanto, dejan de ser un él y ella para convertirse en una sola carne, en un “NOSOTROS”.

 

Autor: Jose Luis Romero

Detalles y Mas Detalles

El amor se vive en los pequeños detalles. Detalles en el diccionario tiene una amplia definición, pero en el contexto de la familia y en las relaciones matrimoniales me voy a referir a ellos como un gesto amable o cortes. Tener detalles es mostrar respeto o cariño.

Para muchos puede que no tengan la más mínima importancia y para otros son considerados como esenciales para una vida matrimonial feliz. Los signos muchas veces hablan con más significado que las palabras. Una sonrisa oportuna, una caricia amorosa, un saludo afectuoso y un detalle cariñoso pueden contribuir a que las relaciones sean agradables y apacibles.

Tenemos que trabajar para que nuestro matrimonio y nuestra familia lleguen a ser un campo de fraternidad y de regocijo; vale la pena el autoevaluarse en este aspecto de los detalles en una vida matrimonial y familiar.

Dejar y renunciar a los prejuicios, a la soberbia, a los celos, a la negligencia y decidirse a trabajar por el bien común de todos en la familia vale la pena. Necesitamos trabajar constantemente por el otro para que en el día de mañana nos encontremos más cercanos.

Trabajar por el otro es trabajar por un futuro, por nuestra tranquilidad y nuestra realización.

La mujer interpreta los acontecimientos afectuosos como expresiones impregnadas de amor. En nuestra familia ella estaba rodeada de hombres. Experimentaba la felicidad cuando se sacaba la basura sin ella tener que decir una palabra; su cara resplandecía. La pareja saca mayor provecho de acciones y palabras afectuosas, o de un signo de amor, que, de un discurso rico en contenido, pero vacío de comprensión.

En el matrimonio, cada día sirve para el nacimiento de nuevas vías de comunicación. Gastate en crear cuidadosas atenciones y detalles para esa esposa y madre que te acompaña y no olvidemos esa expresión que dice, “un detalle vale más que mil palabras”. No te canses de dar detalles, no te canses de defender el amor de la familia, con ellos estas conservando los valores y eternizando el amor.

El que da con generosidad recibe el doble con amor. En Amoris Laetitia el Papa Francisco nos dice “…El que es tacaño consigo mismo, ¿con quién será generoso? […] Nadie peor que el avaro consigo mismo” (Si 14,5-6)[1].

También nos dice el Papa, “Pero el mismo santo Tomas de Aquino ha explicado que pertenece más a la caridad querer amar que querer ser amado y que, de hecho, las madres, que son las que más aman, buscan más amar que ser amadas.”[2]

Los detalles no cuestan nada, hay que desprenderse, poner al otro primero, porque el amor nos hace llegar y buscar en el más allá. Nuestros matrimonios se van construyendo en los pequeños detalles del diario vivir, donde cada día se vive el resultado de cada uno de ellos, el cual lo recibimos con amor y así llevando nuestra vida con felicidad.

Nuestro matrimonio ha sido un largo camino de aprendizaje, con equivocaciones que nos llevan a un nuevo comenzar, donde no nos damos por vencido, porque vale la pena la lucha de lo aprendido.

El amor se vive en los pequeños detalles. Hay que ver lo importante que puede ser un detalle…  ¡Haz algún acto importante por el o por ella!   Recuerda que los detalles son importantes no por un solo día, no solo para una persona de la familia sino para cada miembro de ella, que es merecedor o merecedora de recibir pequeños detalles como muestra de nuestro amor. Los detalles son importantes y hacen la diferencia.

Autores: Olga y Ramon Tapia

 

[1] Amoris Laetitia 101.

[2] Ibid 102.

Renovando Nuestra Mente

El mundo de las comunicaciones va cambiando de una forma vertiginosa; algunas veces no podemos asimilar los cambios ni aun comprenderlos. En lo tecnológico no hemos terminado de aprender a usar un equipo nuevo cuando ya hay una nueva versión de este en el mercado. Muchas veces nos resistimos a tantos cambios tan rápidos que el mundo moderno nos presenta; algunos de estos cambios son buenos otros no tan buenos porque pueden traer consecuencias nefastas a nuestras vidas y a la sociedad.

De la misma manera van cambiando las relaciones humanas. La misma tecnología nos va alejando de aquellos que tenemos cerca para acercarnos a aquellos que están lejos, aun cuando muchas veces nuestros encuentros con esas personas fueron pasajeros.

Vemos como en el presente se va perdiendo el calor humano y muchas veces el calor del hogar. Debemos decir que NO a todo aquello que acaba con la ilusión de que mi familia sea diferente. Hay que renovar nuestra mente, madurando y resaltando nuestro espíritu critico y nuestro sentido común. Me comprometo a trabajar por el bien de mi familia.

Cuando los hijos van creciendo, y cada cual va desarrollando sus propios gustos, sus preferencias en sus estudios, es tiempo de que los padres miren y gocen de la obra   maestra del creador. Nosotros solo dimos direcciones y valores de vida, Dios los doto de todos sus talentos. Los padres de familia tenemos que abrir nuestros corazones y entrar en la capacidad de discernir la voluntad de Dios, o como dice San Pablo “Y no os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto.[1]

Entendemos que en la familia no tan solo hay un vínculo de sangre y de parentesco, sino además hay un amor muy grande donde queremos desarrollar personas libres y responsables. Queremos que se puedan comunicar con principios de solidaridad y que compartan un núcleo solido con principios éticos y valores morales acordes con la realidad presente. Es bueno pensar en el pasado para evaluar el presente, pero de ninguna manera vivir solo de recuerdos. Muchas veces vivimos de sueños no realizados que nos impiden trabajar para el bien del aquí y ahora.

Estamos llamados como padres a fomentar la caridad con nosotros mismos, para que nuestros hijos puedan seguir el ejemplo y lo puedan llevar a los demás. Si en nuestro hogar faltara la caridad, la convivencia se tornaría en pleitos y muy difícil de manejar, con tantos caracteres diferentes. Construyendo sobre la caridad y el respeto se fomenta la solidaridad con el prójimo que nos motiva cada día a trabajar por el bien desde el amor y la fraternidad. En palabras del papa Francisco esto “indica que el amor beneficia y promueve a los demás. Por eso se traduce como servicial.”[2]

Este trabajo de familia va a repercutir en la sociedad cuando nuestros hijos ya formando sus propias familias trabajen también por el bien de ellas.

La renovación de la mente nos crea un programa de vida que nos llena de toda esperanza, sin cabida para el miedo y donde todo quedara reforzado con la perseverancia en la oración. Si en la familia aparece un mal no podemos reaccionar con lo negativo; ya la sociedad vive mucho de eso. Tomemos conciencia que el mal se vence con el bien. El bien irradia amor y con el amor podemos llevar el perdón tan necesario.

[1] Romanos 12:2.

 

[2] Amoris Laetitia 93.

Historias con un final feliz

Acompañando y Sosteniendo
Dr. Gelasia Márquez

El Papa Juan Pablo II en su Exhortación Apostólica Familiaris Consortio (65) nos dice que ayudar a las parejas es “acompañarles en su caminar a través de las diversas etapas de su formación y desarrollo”.

Las Ciencias Sociales y la experiencia nos enseñan que tanto las personas como los matrimonios, desde su mismo inicio, pasan por fases de crecimiento que son predecibles.

Crecemos cuando adquirimos nuevas formas de ver la vida, de entender, de relacionarnos, de comunicarnos, de tomar decisiones, y de actuar dentro de la experiencia matrimonial y familiar. Cuando un miembro de la pareja o de la familia crece, la pareja como tal se ve retada a hacer ajustes en su relación que correspondan a las nuevas circunstancias y necesidades de cada persona y de la pareja o la familia en general.

El crecimiento dentro del matrimonio y de la familia conlleva un período inicial llamado crisis. La palabra crisis se asocia con las palabras reto, cambio, desbalance, inestabilidad. La crisis es una oportunidad de crecimiento pero puede ser también una ocasión de estancamiento y de deterioro en las relaciones matrimoniales y en las relaciones familiares.

Algunas crisis son esperadas o predecibles, pero su magnitud o impacto no es igual en cada pareja. Muchos factores individuales y sociales intervienen para  facilitar o para entorpecer los cambios necesarios en el procesos de crecimiento. Entre los factores personales que pueden entorpecer la resolución de una crisis matrimonial están las dificultades psicológicas tales como depresión, inmadurez emocional, alcoholismo o tendencias obsesivas en uno de los miembros de la pareja. De modo similar, entre las situaciones sociales que pueden influir pero no necesariamente entorpecer podemos anotar el no tener vivienda propia y tener que vivir agregado en casa de un familiar, o el que uno de los miembros de la pareja  tenga que añadir horas extras de trabajo para poder cubrir los gastos básicos semanales.

Además de las crisis predecibles a veces surgen crisis no esperadas, cuyo impacto puede ser enorme. Tal es el caso, para los padres, de la muerte de un hijo, o para la familia, la separación  de la pareja, la aparición de una enfermedad terminal a temprana edad, la pérdida del trabajo cuando hay un solo proveedor en la familia, y la migración con el consiguiente periodo de ajuste y aculturación a las nuevas condiciones de vida.

Ante la crisis la pareja y la familia  están llamadas a ejercer el poder creativo que Dios puso en sus manos, para que cuide del amor y de la vida (Véase, Familiaris Consortio, 17). Este cuidado, dicen los sociólogos, implica cuatro tareas: regenerar la especie humana a través de la reproducción, introducir a los nuevos miembros de la familia en la comunidad étnica y cultural a la cual pertenecen los padres, cubrir las necesidades básicas (tanto fisiológicas como psicológicas) para que cada persona pueda desarrollar sus capacidades, y formar miembros maduros, productivos y solidarios de la sociedad (Winch, 1977). Para poder llevar a cabo estas tareas el matrimonio y la familia necesitan estar en una continua relación e intercambio con el grupo comunitario al que pertenecen (Bronfenbrenner, 1986). Esta relación entre el matrimonio y la familia con la comunidad en que vive debe ser recíproca, donde ambas partes se articulen la una con la otra y se reconozcan y apoyen mutuamente.

Ahora bien, según datos del Censo del año 2000, el 40% de los hispanos residentes en los Estados Unidos nacieron en un país Latino Americano. Esto significa que casi la mitad de los Hispanos han dejado atrás sus comunidades de origen y con ellas, la fuente de su cultura, su ambiente vital, su contexto humano emotivo, económico, social y hasta eclesial. Por eso, a la desorientación inicial normal que sufren los inmigrantes, se une la confusión que acarrea las diferencias de idioma, valores, costumbres, formas de relacionarse, etc., así como la urgente necesidad de cubrir las necesidades vitales de empleo, vivienda, abrigo, salud, escuela para los hijos, y la falta de guía práctica en la comunidad que ayude a sortear estas dificultades con prudencia y caridad.

Esta situación representa por tanto una crisis que puede llevar a un proceso de crecimiento o acarrear graves dificultades para la pareja y la familia. Cuando revisamos los estudios científicos llevados a cabo con los matrimonios y con las familias inmigrantes hispanas vemos que el proceso de transición cultural que sigue al momento de la migración  conlleva que la propia identidad de la persona sea puesta a prueba, y que se creen interrupciones, estancamientos, retrocesos, deterioros y reacciones negativas dentro de las dinámicas de crecimiento psico-social y de madurez no sólo en los individuos sino, sobre todo, en los matrimonios migrantes y sus familias.

En la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio (77) el Papa Juan Pablo II desea que las familias de emigrantes puedan “tener la posibilidad de encontrar siempre en la Iglesia su patria”, donde sean asistidas en su propio idioma y cultura. De ahí que “Por tu Matrimonio” tiene un espacio especial para acompañar y sostener a los matrimonios y las familias inmigrantes hispanas en transición cultural. Las historietas ilustradas que podrán apreciar a continuación desean mostrar esta problemática y dar a las parejas que se encuentran en este proceso de crisis por la migración, luces para que puedan seguir un camino de crecimiento y superación, más allá y a través de las dificultades.

Historias 1: Nina y Eddy

Educación de los hijos(as)

Nina y Eddy llevaban varios años viviendo en los Estados Unidos pero sus problemas de adaptación no habían terminado. Eddy le echaba la culpa a “este país” y a que su mujer “se le quería salir del corral”. Nina culpaba la tozudez de su esposo y continuamente le decía “tú no acabas de pasar la frontera”. Las dificultades eran de todo tipo pero se agudizaban alrededor del deseo de su esposa de aprender ingles, estudiar computadoras y educar a los hijos “como si fueran americanos”.

Eddy continuamente le recordaba a Nina que ellos no habían venido a los Estados Unidos a hacerse americanos sino a “juntar unos pesos y regresar”. Nina le hacía ver que  “mientras estés aquí tienes que aprovechar lo que este país ofrece”. Cuando se trataba de la educación de los hijos las diferencias entre ellos eran aún mayor. Eddy se resistía a que sus hijos hablaran inglés entre ellos “porque yo no entiendo lo que se están diciendo”; peleaba cuando los muchachos iban después de la escuela a hacer actividades deportivas, o culturales, o sencillamente de entretenimiento con sus compañeros de la escuela. Cuando alguno de los hijos tenía el valor de traer un compañero o compañera de escuela a la casa él se esforzaba más en hablarle en español a los hijos.

Nina asistía a las clases de inglés de la parroquia, iba a la escuela a actividades para los padres, y se sentaba con ellos a hacer las tareas escolares para aprender con ellos, más que para supervisar. Los niños y ella se llevaban muy bien pero le tenían miedo al papa por sus actitudes tan extremas.

Cuando el mayor de los hijos se iba a graduar de Octavo Grado la consejera de la escuela llamó a ambos padres  para explicarles las posibilidades que su hijo tenía, gracias a su buen promedio académico. Nina insistió para que Eddy estuviera presente. Cuando llegaron él se llevo tremenda sorpresa al ser saludado en español y oír los elogios que la consejera hacía de todos sus hijos. “Necesito felicitarles a ustedes, porque no siempre nos encontramos con padres que apoyen la educación de sus hijos y se mantengan al tanto de sus progresos”. Eddy bajó los ojos y el resto de la tarde estuvo pensando.

Cuando llegaron a la casa, Eddy invitó a Nina a dar una vuelta para conversar. Y hablaron, discutieron, conversaron y finalmente fueron capaces de ponerse de acuerdo en algo: la familia estaba por encima de todo. Ellos eran los responsables de mantener la familia en sus países de origen o en los Estados Unidos. La vida y el crecimiento de todos y de cada uno de ellos no podía detenerse. Juntos debían  rehacer la unidad familiar adaptándose a nuevos parámetros para responder a las necesidades de crecimiento de cada uno de ellos. Día a día la comunicación que había entre ellos, antes de la migración, volvió a restablecerse y las discusiones fueron disminuyéndose. Todos crecían teniendo en cuenta una realidad: su aquí y su ahora.

Si desea profundizar en las enseñanzas que este testimonio de la vida real nos ha dejado, vea “Retos de la vida” y “Altibajos en el camino”.