Tag Archives: Valores

La Bendición de tener una vocación religiosa en nuestro hogar

Por Silvio Cuéllar

Era una tarde de fines de septiembre y estábamos reunidos mi esposa Becky y yo, junto con nuestras hijas Grace y Gabriela a punto de despedirnos de nuestra hija mayor Emily Rose, quien comenzaba su jornada como candidata con las Hermanas Franciscanas de la Renovación en el convento Blessed Solanus Casey en New York. Trataba de contener mis lágrimas, pues mis hijas estaban muy emocionadas y con lágrimas en los ojos y aunque no era un adiós para siempre, sabíamos que de ahora en adelante sería limitado el tiempo que podríamos compartir con ella al comenzar su jornada en la vida religiosa.

Fueron muchos años de discernimiento de nuestra hija, y también de nosotros como padres fomentando un ambiente en nuestro hogar desde antes de que Emily naciera, donde haya un terreno fértil para que las vocaciones puedan surgir y florecer.

Recuerdo que cuando era más joven mi esposa estaba envuelta como parte del equipo de los retiros de Youth 2000, que justamente eran facilitados por los Franciscanos de la Renovación. Inclusive ella estuvo en más de un retiro embarazada o a punto de dar a luz. Cuando estábamos esperando nuestro primer hijo Alex, recuerdo que yo estaba participando de un retiro de la búsqueda juvenil y saliendo del retiro al día siguiente fuimos al hospital y Alex nació un día después.

Muchos se preguntarán tal vez ¿Cómo podemos fomentar las vocaciones en nuestros hijos? No sé si hay una fórmula para todos, pero puedo compartir alguna de nuestras experiencias qué tal vez puedan ayudar a otras familias. De hecho, en mi trabajo con el ministerio hispano he podido observar que muchos de mis amigos sacerdotes hispanos, vienen de familias numerosas. Teniendo con mi esposa una familia numerosa de siete hijos, siempre tuvimos la esperanza de que alguno de ellos pudiera seguir el sacerdocio o la vida religiosa.

Desde chiquito siempre tratamos de crear un ambiente donde ellos estén expuestos a la fe y a otras familias que estén tratando de vivir los valores cristianos en su hogar.

La educación fue siempre muy importante y nuestros hijos fueron casi todos educados en casa o estuvieron en escuelas religiosas.

Con mi esposa nos envolvimos en la asociación de Home School (padres que educan a sus hijos en casa), también estuvimos como entrenadores voluntarios de futbol por varios años.

Siempre motivando a que nuestros hijos encuentren sus talentos y las cosas que le atraían como la música, el teatro, el arte, los deportes; invirtiendo mucho tiempo y recursos para que ellos puedan desarrollar estas actividades, frecuentemente privándonos de lujos, y vacaciones a lugares exóticos, para poder apoyarles en sus talentos.

Nosotros no podemos obligar a nuestros hijos a creer en Dios, pero podemos tratar de crear oportunidades donde ellos mismos puedan desarrollar una experiencia personal con Jesús.

Varios de nuestros hijos pudieron beneficiarse de participar de los retiros juveniles Search, o la búsqueda y de los retiros de Steubenville East que se realizaban una vez al año en el verano.

También al ir desarrollando el talento de la música, ellos se envolvieron en ministerios de música y por consiguiente comenzaron a servir en el grupo juvenil parroquial y luego en los grupos de jóvenes adultos.

A pesar que desde afuera muchos nos ven como una familia donde parece todo estar bien, sin embargo; también hemos tenido bastante cruces y pruebas, especialmente en el área de la salud.

Mi esposa Becky desarrolló la enfermedad de Lyme, y después una enfermedad cardiaca que le ocasionaba mucha fatiga y palpitaciones del corazón. Varios de nuestros hijos han sufrido de insomnio o deficiencia de atención y dos de ellos desarrollaron la enfermedad de Crohn que afecta y ocasiona infecciones intestinales.

Hemos tenido muchísimas visitas a los hospitales y momentos que tal vez pudieran desesperar a cualquier padre. Pero cuando tienes fe, y a Dios en tu corazón Él te da las fuerzas que necesitas para soportar los momentos de pruebas y tormentas.

Y así pues en medio de partidos de futbol, retiros juveniles y sirviendo en los ministerios de música, nuestra hija mayor Emily Rose creció en su adolescencia sirviendo en la parroquia y en la pastoral juvenil diocesana.

Cuando llegó el momento de ir a la escuela secundaria, no teníamos los recursos para mandarle a una escuela católica pues era demasiado costosa, entonces fue a una escuela pública que requiere entrar tomando un examen y sólo aceptan buenos estudiantes. A pesar de que la escuela tiene un muy buen nivel académico nos preocupaba un poco el ambiente secular al que iba a estar expuesta. Sin embargo, ella se juntó con otras dos o tres amiguitas que también eran parte del grupo juvenil y formaron un club de alabanza organizando algunos eventos en la escuela, evangelizando y también haciendo colectas para niños pobres durante diciembre. Realmente pudimos ver con mucho agrado cómo los valores que le inculcamos y la fe que ella fue desarrollando en Dios la llevó a sobrellevar sus años de escuela rodeada de presiones en un ambiente a veces hostil a la Fe.

Después ella fue a la Universidad de Salve Regina donde estuvo jugando futbol por dos años y durante esos años organizó horas santas y también fue instrumento para que su mejor amiga Raquel, recibiera los sacramentos y más adelante se convirtió en su cuñada al casarse con nuestro hijo mayor Alex.

Nuestra hija cuenta en su testimonio que ella hizo un rosario de 52 días para discernir su vocación y en ese momento estaba saliendo con un muchacho que era de una familia muy envuelta en la parroquia, y en el día 27 él decidió terminar la relación. Ella lo tomó como una señal de continuar discerniendo ese llamado que sentía a servirle a Dios a través de la vida religiosa.

Cuando terminó la universidad visitó varias órdenes y se sintió atraída por las Hermanas Franciscanas de la Renovación, pero teníamos un impedimento y era que tenía deudas universitarias, que superaban los $46,000.

Parecía una montaña tan grande para superar, pero gracias a la generosidad de muchísimas personas y a una campaña qué hicimos para ayudarle; Dios puso en el corazón de muchas personas el colaborar y nuestra hija Emily Rose pudo recaudar los fondos que necesitaba justo dos semanas antes de entrar al convento.

Dios ha sido muy bueno con nosotros y con nuestra hija, y nos complace mucho verla muy decidida y entusiasmada, entregando su vida a Dios.

Creo que nosotros como padres lo mejor que podemos hacer es desde chiquitos siempre tratar de vivir la fe en nuestro hogar, orar en familia, cuidar mucho las amistades que ellos van desarrollando al ir creciendo y buscar otras familias con las cuales podamos apoyarnos.

También buscar esos momentos, en eventos y retiros donde ellos puedan tener su propia conversión, experimentar el amor de Dios y desarrollar una relación personal con nuestro Señor Jesús.

Como padres preparamos el terreno, abonamos, plantamos la semilla, la regamos todos los días y luego Dios será quien llame y haga florecer la vocación. Oremos por todos los jóvenes que en estos tiempos tan difíciles están considerando el sacerdocio y la vida religiosa.

Silvio Cuéllar es músico pastoral, compositor, periodista y conferencista en temas de liturgia, vida y familia. Sirve como coordinador diocesano de la Oficina del Ministerio Hispano de la Diócesis de Providence, Rhode Island, Editor Asociado del periódico El Católico de Rhode Island y director de música en la parroquia San Patricio en Providence, donde dirige coros en inglés y español.

Usado con permiso, este artículo fue publicado en El Católico de Rhode Island en noviembre del 2021.

 

Otros recursos para apoyar las vocaciones:

“Deja a Dios que tome la iniciativa, confía en Él, deja a Él que camine contigo, Él te llevará a lugares maravillosos.” ~ Obispo Cepeda en Naturaleza de la Vocación

Recursos de la USCCB para la Semana sobre las Vocaciones

Oraciones por las vocaciones

Herramientas para los padres de familia (en inglés)

Iniciativa de la USCCB sobre las vocaciones hispanas

20 Maneras de Promover Vocaciones en su Parroquia y Escuela

Perfectamente Imperfectos

El Día después de la Boda sucede que abres los ojos,  respiras profundo, te detienes a pensar y puedes llegas a preguntarte ¿Qué hice? Esta pregunta puede surgir muchas veces a lo largo de la vida matrimonial, te has embarcado en uno de los retos más grandes de tu vida; por un lado es una fuente constante de aprendizaje y crecimiento donde vivirás las más grandes experiencias de la vida. El matrimonio cristiano es un sacramento, no se sostiene solo con la voluntad de los contrayentes, es un misterio en donde también se encuentra Dios dándonos su gracia.

En nuestra experiencia como Matrimonio Creyente y como Coaches Profesionales, hemos experimentado en carne propia como venimos al matrimonio con nuestras cosas buenas, pero también con nuestras limitaciones, desde los ojos de la Fe esto nos abre una gran oportunidad para aprender a Amar, venimos al matrimonio “Perfectamente Imperfectos” con una larga vida por construir. Las limitaciones del otro no son un problema sino una gran oportunidad, en un lenguaje católico diríamos que son una fuente de santificación, como dice el Papa Francisco: La “Santidad de la Puerta de al Lado”, de aquellos que viven cerca de nosotros (cfr:GE.7); en el hogar tenemos el lugar perfecto para conocernos a nosotros mismos y conocer a los demás, un camino de humildad donde aparece lo que somos, por eso es tan importante la Visión de Esperanza del Creyente para sembrar cada día nuevas semillas de servicio, de buenas palabras, de comunicación, de paciencia, entrega, de pequeñas y grandes decisiones que hacemos buscando el bien común y el bien del otro. ¿Qué hice al casarme por la Iglesia?.. Elegiste hacer el bien: Seguiste el llamado de Dios para llegar a Ser la Mejor Persona posible, elegiste el Camino de la Santidad de la mano de alguien muy especial en tu vida. Porque definitivamente, esta carrera es de tiempo y paciencia, de largo alcance, cuando menos te imaginas tus imperfecciones son un gran reto que hace crecer la paciencia. Y por otro lado, también te toca recibir las consecuencias de las imperfecciones de tu pareja. Así que nadie queda excluido en cuanto a esto.

Todos pasamos por este camino hacia la santidad como matrimonio. La pregunta es como desea nuestro corazón vivir esta experiencia: con la queja de “No sé que hice al casarme”… O Pasar de la queja a la aceptación de las imperfecciones mutuas para mirarlas con amor, paciencia y esperanza, hasta que la muerte nos separe. No hay medias tintas en mi elección diaria: pensar que mi matrimonio es insoportable y una desgracia o decido amar entregando el corazón y elijo sentirme amado dando gracias Dios por mi Matrimonio “Perfectamente Imperfecto”.

 

 

Por: Carlos y Elsy Canseco-Acatitla

¿“TU o YO”?

Desde pequeños vamos desarrollando la tendencia a poseer y comenzamos con cosas simples como juguetes, plato o cuchara favorita, cama, silla, etc. El lenguaje común que utilizamos es: “mi pelota”, mi carrito”, “mi plato” e incluso decimos “mi papá”, “mi mamá”.

De manera que conforme vamos creciendo no solo la tendencia sigue, sino que ahora con mayor conciencia buscamos poseer más y más cosas: autos, casa, joyas, muebles, etc. Incluso llegamos a marcar un territorio y decimos: “por favor no invadas mi espacio”.

Cuando iniciamos una relación, naturalmente esta costumbre continúa, ya que igualmente nuestra pareja creció de la misma forma y aquello es un continuo tuyo y mío. Por esta razón, cuando la relación se formaliza y deciden llevarla a los altares, muchos son los casos en los que se realizan arreglos prenupciales para proteger las propiedades previas al matrimonio, (En algunos países, existe el régimen de bienes separados); otros son aquellos que se fundan más bien por intereses económicos y se pudiera decir que, más que unión sacramental, son sociedades financieras.

Ciertamente, en unos casos más que en otros, la costumbre en la relación matrimonial es referirse igualmente con el lenguaje que indica propiedad: “mi trabajo”, “tu dinero”, “tu casa”, “mi carro”, “tu familia”, etc.

Está forma de relacionarse tiene un alto porcentaje de fracasar cuando alguno de los bienes empieza a perderse ya que, en una gran cantidad de situaciones donde las finanzas decaen, la pareja termina separándose antes que perder también lo que es propio.

En 44 años que tenemos de matrimonio, “Erika y yo” aprendimos que el “Tú” y “Yo” o “Tuyo” y “Mío”, no era el mejor camino para llevar nuestra relación: además de provocar envidia, creaba molestia cuando una ó otra cosa se dañaba o perdía; poco a poco fuimos cambiando nuestra forma de referirnos a las cosas, ya que la fuerza de la costumbre es impresionantemente difícil de erradicar de la noche a la mañana. Así fue como gracias a que fuimos viendo que nuestra relación mejoraba cada día, perseveramos en el cambio que nos propusimos y así hemos logrado hasta ahora tener una hermosa, pacífica y feliz relación durante todos estos años.

El punto de partida para comprender que en el matrimonio la palabra clave es “NOSOTROS” o “NUESTRO”, lo encontramos en las Sagradas Escrituras en el libro del Génesis 2, 24: “Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola carne”. Por lo tanto, dejan de ser un él y ella para convertirse en una sola carne, en un “NOSOTROS”.

 

Autor: Jose Luis Romero

Las Marcas de Nuestros Padres y Nuestra Cultura

Por Gelasia Márquez

Hay muchas teorías que tratan de explicar por qué elegimos y nos casamos con una persona y no con otra. ¿Elegimos porque se parece a nosotros? ¿Elegimos porque es distinto que nosotros y de esa forma nos complementan? La elección del compañero(a) es un proceso que ambas partes van haciendo, la mayoría de las veces a un nivel inconsciente. Tal vez el primer momento sea de una mera atracción física pero después, y según el grado de madurez de las personas, algunas parejas se interesan realmente por saber si son compatibles, es decir, por buscar los valores y características que comparten y que los pueden unir.

Ahora bien, cuanto más similitud existen en una pareja, más fuerte y mejor se establece la unidad y la mutua valoración entre ellos. Pues, como dice la Teoría Social de la Validación cuanto más coincidencia existe en valores, criterios, expectativas e ideales que comparten los miembros de la pareja, más se refuerzan la propia imagen y el propio valor de cada uno de ellos (Véase Valores en Común).

La búsqueda de esta similitud es algo que, según estudios, cada uno de nosotros realiza de forma inconsciente, pero regidos por los parámetros que traemos desde la niñez. Así, las muchachas eligen un compañero cuya forma de ser sea “similar” a la de los hombres de su casa, con los que se crió (padre, padrastro, hermano, primo, tío). De igual forma, el muchacho elige a una joven “similar” a aquellas que le ayudaron a desarrollar su definición de lo que es una mujer (madre, hermana, madrina, tía, prima).

Así mismo, las ideas acerca de las funciones y el papel que el hombre y la mujer deben tener dentro de un matrimonio las recibimos de lo que el medio ambiente y las tradiciones culturales nos enseñan al respecto. Por eso, cuando los miembros de una pareja crecieron y se educaron en ambientes culturales distintos, el proceso de ajuste entre ellos les supone más esfuerzo. Les exige que continuamente se pregunten entre sí el por qué de sus actitudes y se vean obligados a discernir de común acuerdo qué tipo de rol van a escoger dentro de su vida matrimonial.

El caso de Jennifer y Ángel, que pueden ver ilustrado en las viñetas Historias con un final feliz, puede servirles de ejemplo.

Historias 3: María Elena y Javier

Lo difícil de la distancia

María Elena y Javier habían crecido juntos en el mismo pueblo y en el mismo barrio. Habían ido a la misma escuela y hasta habían tomado la Primera Comunión en la misma iglesia.

Ya después de los quince de María Elena ellos fueron descubriendo que se querían no sólo como amigos. El noviazgo fue recibido con mucha alegría por todos menos por los padres de María Elena. La situación política y de seguridad habían hecho que ellos decidieran migrar a los Estados Unidos. La mamá de María Elena habló con ella, su padre habló con ella, ambos hablaron con ella., pero María Elena prefería quedarse sin su familia que alejarse de Javier. Como una solución “negociada” la familia de María Elena propuso que se casaran y que ella más tarde le llenase los papeles de visa para reclamarle como esposo. Así, tres días antes de salir del país, María Elena y Javier se casaron, tuvieron una pequeña fiesta familiar y dos días en la playa como luna de miel. Ambos se prometieron el uno al otro que cada año en el aniversario de su boda, ellos renovarían sus votos de fidelidad y de entrega. Lo harían por teléfono si se podía, si no lo harían por carta.

María Elena y Javier no contaban con la serie de cambios que sucederían en sus vidas. Antes de que pasaran sus 6 meses como residente y que ella pudiese presentar la petición de visa para traer a su esposo, Javier fue reclutado de forma mandataria para servir en el Ejército. Al terminar los tres años de entrenamiento una nueva ordenanza determinó que hasta que no tuviese 29 años no podía emigrar porque estaba en edad de servir a la Patria. Javier escribió a María Elena y le dijo que le liberaba de su compromiso con él y que tratara de rehacer su vida en el extranjero mientras él trataba de rehacer su vida también.

María Elena no aceptó la propuesta de Javier, escribió y llamó por teléfono una y otra vez recordándole la promesa matrimonial: “en lo bueno y en lo malo, hasta que la muerte los separe”. Javier parecía determinado a no ceder en su punto de vista y le aseguró muchas veces que no era que él se hubiese enamorado de otra mujer sino que le parecía injusto mantenerla atada a él y a un futuro incierto. “Por incierto que sea, es el que elegimos los dos cuando tomamos la decisión de casarnos”, respondió ella. Así, año tras año ellos renovaban su compromiso –por teléfono o por carta-hasta que  finalmente cuando llevaban ya 6 años “casados a distancia” se presentó la oportunidad  de que María Elena viajase a su país de origen. En el aeropuerto estaba Javier esperándola. Conversaron, se amaron, y ambos entendieron que la separación impuesta de 10 años era una prueba que ambos querían y debían superar sin desesperarse pero cada día añadiendo esperanza a la llama de su amor. Nueve meses después el fruto de su amor les dio a ambos nuevas razones para esperar y no desmayar. María Elena volvió a su país de origen y en la iglesia del pueblo bautizaron a Luisa. Tres años después Javier y María Elena pudieron reunirse finalmente para empezar juntos su ciclo de crecimiento matrimonial –con mucho amor pero desde el mismo inicio –aprendiendo a vivir juntos, ajustándose el uno al otro.

Historias 4: Jennifer y Ángel

Nueva definición de roles

Jennifer nació en los Estados Unidos, hija de padres inmigrantes Hispanos. Ella fue criada con los valores de un hogar típico “hispano”, pero aprovechó igualmente las ventajas que le ofreció la “sociedad americana”: Hizo estudios universitarios hasta alcanzar una maestría y, puesto que salió a temprana edad de su casa y vivió en una ciudad lejos de las de sus padres, aprendió a ser independiente y eficaz. Usaba el español para comunicase con la familia, pero era más hábil con el Inglés que usaba en todas sus otras circunstancias. Jennifer conoció en una fiesta a Ángel, quien acababa de llegar de su país, y que vivía aún en casa de sus padres. Después de unos meses, Ángel y Jennifer se comprometieron y poco después se casaron.

Casi al cabo de un año de casados Ángel le planteó a Jennifer que se sentía muy inconforme dentro del matrimonio y creía que habían cometido un error casándose. A Jennifer todo le tomó de sorpresa y pensó que Ángel “debía de tener otra mujer”. La crisis entre ellos era obvia. Entonces Ángel le propuso a Jennifer que se tomaran unos días, en un lugar distinto del medio ambiente habitual, para juntos discutir la situación de su matrimonio. Jennifer aceptó pero no entendía qué podía estar pasando pues ella hacía “todo” para que las cosas funcionaran bien.

Los días fuera de la rutina ayudaron a Ángel a verbalizar el por qué de su descontento: se sentía ignorado en la relación. Jennifer tomaba todas las decisiones y no siempre le informaba lo que decidía ni el por qué. Al inicio Jennifer se sintió muy dolida y le costaba entender que Ángel no le agradeciera sus contribuciones, ya que ella  sabía mejor que él cómo funcionaba este país y lo único que pretendía era aliviarle a él la carga de “tener que llevar la casa”. Por otro lado también ella se sentía poco escuchada cuando trataba de comunicarse con él en español, una lengua que ella poco usaba.

Gracias al diálogo, ambos pudieron entender que las expectativas de los dos respecto de la distribución de oficios estaban basadas en sus diferencias culturales. Entonces decidieron que, por encima de las costumbres de sus antepasados, lo importante era que ellos, como pareja, tomaran las decisiones sobre sus propias vidas. Juntos aceptaron igualmente que el aporte de cada cual es muy importante, pues el hecho de hablar mejor un idioma que otro no  hace a un miembro de la pareja sea superior o sepa llevar las cosas mejor que el otro.

Si desea profundizar en los retos  presentes en matrimonios entre personas que crecieron en diferentes culturas, como fue el caso de Jennifer y Ángel, lea nuestra sección, “Las marcas de nuestros padres y nuestra cultura.”

Oración

Por Dora Tobar

Familia que reza unida permanece unida. La oración es por tanto un ingrediente que solidifica y sostiene la unida de la pareja y de la familia.

Como se dice en nuestra sección Espiritualidad del Matrimonio, hay muchas formas de orar y de hacer de la vida una oración misma. La oración no remplaza la vida sino que es la toma de conciencia profunda del paso de Dios por nuestras vidas. Por eso, es la forma como una pareja puede conectarse con la gracia sacramental para que, al contemplar desde Dios el proceso de su amor, puedan:

  • Agradecer los dones con los cuales han sido bendecidos.
  • Contemplar las maravillas divinas en los sentimientos que los une, en el perdón que han podido darse, en la pasión que aún se profesan o en el rostro encantador de los hijos que Dios les ha encargado amar, cuidar y formar.
  • Suplicar su asistencia para aprender con Su amor a manejar los retos que la convivencia y las dificultades de la vida les presenten.

La Santísima Virgen es una excelente madrina en asuntos del corazón y por eso puede ser su intercesora favorita para presentar sus oraciones al Padre. También santos como Tomás Moro y tantos otros esposos y esposas que realizaron gozosos su camino de santidad en la defensa y vivencia del matrimonio, pueden unirse también a su lista de intercesores.

Lo ideal es que cada pareja, así como construye una forma de vivir y un lenguaje corporal o gestos propios para expresarse el amor, también construya poco a poco, su lenguaje espiritual en común. Algunas personas son muy tímidas o reservadas para compartir esta dimensión de su vida íntima. Pero de pronto, una tomada de manos durante la elevación de la Eucaristía, o el rezo del Padre Nuestro sea una forma de participar en su vida espiritual. Quien sea más expresivo puede ser quien encabece la oración antes de comer, antes de acostarse o antes de comenzar un viaje o un aconteciendo. Esto irá creando rutinas e irá facilitando la espontaneidad espiritual de los otros miembros de la familia o de la pareja.

Lo importante es por tanto no perder oportunidad para celebrar e invocar con palabras o gestos el don divino del amor. Para amar hemos nacido, por tanto la oración por el amor debe ser la gimnasia espiritual que, ya sea en pareja o individualmente, debe mantenernos en el camino.

Más sobre este tema en Espiritualidad y Fe y Espiritualidad del matrimonio.

Lecturas complementarias: Centre de Pastoral Litúrgica, Rezar en Pareja, Barcelona 1997. Reimpresión Noviembre 2006; Stormie Omartian, El poder de una esposa que ora, 2001; El poder de los padres que oran,  2001;  El poder de un esposo que ora, 2002, Ed. Unilit.

Recursos – Alimenta Tu Matrimonio

Contacta las Oficinas de Vida familiar de tu diócesis (Family life Office). Ellos te informarán sobre recursos y programas que se estén ofreciendo en tu región. La lista de diócesis y sus direcciones electrónicas están disponibles en: www.usccb.org/dioceses

Talleres y Recursos de crecimiento en pareja

  • Talleres y Artículos para mejorar la comunicación en la pareja:
    • Catholic.net
    • Retrouvaille

Para parejas y Familias víctimas de adicciones

Para víctimas de violencia doméstica

Retiros y Programas de asistencia a matrimonios

Diferentes diócesis de Estados Unidos ofrecen programas específicos de ayuda a las parejas de matrimonios. Infórmate de ellos en las Oficinas de Vida Familiar de tu diócesis o a través de tu párroco. Los siguientes son programas ofrecidos a nivel nacional o de varias diócesis en conjunto:

  • Encuentros Matrimoniales (retiro de fin de semana) Encuentro Matrimonial Mundial and Retrouvaille
  • Renovación Conyugal: Disponible en varias diócesis del sur este de los Estados Unidos: www.renovacionconyugal.org

Apoyo de la Iglesia a separados y divorciados

Roles en el matrimonio

Por Valentín Araya

Los roles y funciones que se le adjudican a los hombres y a las mujeres, dentro del matrimonio, se aprenden en el hogar de origen y en el contexto cultural en que crecimos. Tanto el hombre como la mujer pueden llegar al matrimonio con expectativas preestablecidas de lo que será su rol como cónyuge y con los hijos. Por tanto, es muy importante confrontar estas expectativas con su pareja, puesto que la falta de congruencia en este punto puede causar conflictos en el matrimonio.

Lo primero que habría que decirse aquí es que no hay papeles predeterminados para el esposo y la esposa dentro de la vida matrimonial.

Cada miembro de la pareja debe evaluar los roles y expectativas que tiene frente a su cónyuge y ajustarlos a las necesidades reales de la pareja.

Tradicionalmente, y sobre todo en nuestra mentalidad latina, el hombre se definió como el proveedor de todo lo necesario y la mujer como la que se quedaba en casa, encargada del cuidado de los hijos y  de las mil tareas domésticas. Como consecuencia, el hombre aprendía que no tenía responsabilidades en los oficios domésticos ni en el cuidado de sus hijos, pues esas eran “cosas de mujeres”. La mujer por su parte, aceptaba además que ella era la que debía atender al esposo.

Eso fomentaba una división muy drástica entre las actividades masculinas y femeninas dentro de la relación matrimonial y traían un desbalance poco sano al matrimonio.

En algunos hogares latinos, aún en épocas actuales, la mujer tiene que trabajar muchas horas, sin goce de salario, sin derechos y sin ese “tiempo personal” para recargar sus baterías. Todavía hay quienes no consideran el trabajo doméstico como propiamente un trabajo, sino como una “obligación” que tiene la esposa en el matrimonio.

Hoy en día, por el contrario, la sociedad reconoce que el hombre y la mujer participan por igual en el campo laboral fuera de casa y el trabajo doméstico, aunque no es siempre remunerado, es visto como un verdadero trabajo. Así mimo, los hombres están tomando conciencia de que también ellos deben participar por igual en los oficios domésticos, tradicionalmente asignados a las mujeres.

El matrimonio es como un regalo que tanto el esposo como la esposa reciben. En ese regalo vienen ciertos privilegios y derechos, pero también vienen ciertas responsabilidades, obligaciones y tareas y no hay manuales que especifiquen cuáles tareas debe hacer el hombre y cuáles la mujer.

El que la mujer esté naturalmente mejor dotada para realizar ciertas tareas en el hogar, no impide que el hombre pueda aprender a hacerlas. El hogar, el matrimonio y los hijos no son sólo de uno, sino de los dos. Cada miembro de la pareja debe evaluar los roles y expectativas que tiene frente a su cónyuge y ajustarlos a las necesidades reales de la pareja. Comunicación clara y precisa es siempre una herramienta importantísima en este proceso.

Más sobre este tema también en “Profesión y familia”.

Valores en común

 Por Dora Tobar

Muchos expertos en consejería matrimonial y de pareja coinciden en afirmar que si bien el compromiso o promesas matrimoniales establecen y sellan la relación con la solidez de un vínculo estable, los valores en común crean la unión diaria que favorece y sostiene la convivencia. Ellos son los que hacen posible que dos personas, aunque provengan de mundos muy distintos, se descubran como “almas gemelas”, con “espíritus afines”, o en términos populares, como la “media naranja” con la cual se puede lograr la comunión de vida y de propósitos deseables en un matrimonio.

Qué es un valor

Los valores tienen que ver con lo que motiva a una persona, lo que la hace actuar, lo que le da sentido a su vida. En pocas palabras, “los valores de una persona son, en cierto modo, la propia misma”. Ellos constituyen “el centro de donde salen los intereses; son la razón que hace vibrar a una persona, sus amores, lo que le es más sagrado e importante (Véase, Geneviève Hone y Julien Mercure, las Estaciones de la Pareja”, Sal Terrae, 1993).

Los valores en común crean la unión diaria que favorece y sostiene la convivencia.

Importancia de los valores en la construcción de un matrimonio

Cada persona, a lo largo de su vida, y de acuerdo a los mensajes recibidos y asimilados, crea una lista de valores que constituyen, por así decirlo, “su tesoro.” Esta lista le sirve de parámetro para juzgar si algo le agrada, si va con él o con ella, o por el contrario, si le disgusta, le desagrada o le ofende. De ahí la importancia que los valores tienen para la relación de una pareja: si las dos listas o códigos de valores coinciden, la armonía y el bienestar estarán en gran medida garantizados; será fácil llegar a acuerdos sobre los objetivos en el manejo del dinero, la crianza de los hijos, la distribución de los oficios, etc. En fin, les resultará bastante fácil crear planes juntos y sobre todo diseñar un proyecto común de vida donde ninguno se sienta frustrado, limitado o forzado.

Para tener esta coincidencia en valores no se necesita ser de la misma religión ni del mismo país, pero ciertamente haber crecido en hogares con principios morales y espirituales similares favorece la coincidencia. Cuando, en cambio, son muchos más los valores en los cuales no se coincide, que aquellos que se tienen en común, es de esperarse que la relación sea, si no conflictiva, por lo menos muy difícil.

¿Qué hacer cuando no hay perfecta coincidencia en los valores?

Nadie coincide total y perfectamente con los valores del otro. Siempre habrá entre los cónyuges, gustos, preferencias o formas diferentes de ver la realidad. Eso no debe ser sin embargo la causa de dificultades en la relación. El amor supone la aceptación del otro tal cual es y no implica que el otro sea mi idéntico. Por el contrario, su diferencia puede aportarme formas de ver la vida y de actuar de las cuales puedo aprender mucho y terminar integrándolas en mi propio esquema de valores.

Se trata por tanto de aprender a “manejar” las diferencias, lo cual es diferente de “soportar” o someterse. En la negociación y búsqueda de acuerdos, aprender las técnicas de comunicación y las herramientas para la solución de conflictos será siempre de gran ayuda. Con todo se debe tener igualmente en cuenta los siguientes:

  • Son negociables los valores que no afecten o dañen el bien de ninguno de los cónyuges ni de los hijos: Valores que sean esenciales o fundamentales, tales como: la responsabilidad por la vida y el bien de las personas de la familia; el respeto, la fidelidad, la honradez, la veracidad, la delicadeza en el trato, etc., no son negociables ni renunciables.
  • Valores que son más gustos o apreciaciones se pueden negociar o simplemente aceptar como una característica propia del cónyuge.
  • La pareja debe poder construir su propio código de valores que los identificará como familia y como matrimonio. En esta elaboración el consejo de amigos y parientes puede ser tenido en cuenta pero no debe sustituir la decisión de común acuerdo de la pareja.
  • Todos evolucionamos y las circunstancias pueden hacer que tengamos que renunciar, no a nuestros principios, pero sí a ciertas formas de aplicarlos (Por ejemplo, si ya no se puede cenar todos juntos, por lo menos se puede buscar un día en que se puedan reunir). Tener esta flexibilidad puede facilitar la convivencia.
  • Comprometerse juntos con los valores cristianos y esforzarse por cumplirlos creará en su pareja el tesoro más rico y fructífero que garantizará su unidad y fortaleza como pareja. Recuerden “lo que Dios ha unido no lo separa nadie”.

Lecturas Complementarias:

  • Geneviève Hone y Julien Mercure, las Estaciones de la Pareja”, Sal Terrae, 1993.
  • Doris Helmering, Cómo alcanzar la felicidad con su pareja: Una técnica para logar la armonía en su relación afectiva. Editorial Norma.1988.
  • Elena Llanos, Cómo vivir bien en pareja. Editorial Grijalbo, 1989.
  • J. Dominian, El matrimonio: Guía para fortalecer una convivencia duradera, Ed. Paidos 1996.

Más sobre este tema en Errores y aciertos al escoger pareja y Conflictos y diferencias de carácter.¿Qué valores compartimos?, ¿Somos compatibles?