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Cómo celebrar el Año de San José en su hogar

Queridas Parejas y Familias en Cristo,

Del 8 de diciembre de 2020 al 8 de diciembre de 2021, el Papa Francisco ha proclamado el Año de San José en su Carta Apostólica Patris corde (“Corazón de Padre”), en donde describe a San José como un padre amado, un padre en la ternura, un padre en la obediencia, un padre en la acogida, un padre de la valentía creativa, un padre trabajador y un padre en la sombra. En síntesis, un santo que es cabeza de la Sagrada Familia de Nazaret y será aliado perfecto de todas las parejas y familias, especialmente en el año declarado también por el Papa Francisco como el Año de la Familia, un año de reflexión sobre su exhortación apostólica “Amoris Laetitia” (19 de marzo de 2021 – 26 de junio de 2022).

Con motivo de tan especial acontecimiento, deseamos acompañar a todas las parejas y familias a descubrir y conocer mejor la figura de San José, un hombre que en el silencio y lejos del protagonismo ama sin medida, protege con su propia vida y con su valiente “fiat” nos enseña a hacer la voluntad de Dios Padre.

Para más información sobre el Año de San José y cómo Por Tu Matrimonio los quiere apoyar este año visite este artículo.

A continuación, una lista de diversos recursos que esperamos utilice en pareja y con su familia durante este Año de San José.

Aviso: En https://portumatrimonio.org, los enlaces a otros sitios web se proporcionan únicamente para la conveniencia del usuario. USCCB no asume ninguna responsabilidad por estos sitios web, su contenido o sus organizaciones patrocinadoras.

 

DON DE INDULGENCIAS ESPECIALES CON OCASIÓN DEL AÑO DE SAN JOSÉ

De acuerdo con el decreto de la Penitenciaría Apostólica, “Todos los fieles tendrán así la oportunidad de comprometerse, con oraciones y buenas obras, para obtener, con la ayuda de San José, cabeza de la celestial Familia de Nazaret, consuelo y alivio de las graves tribulaciones humanas y sociales que afligen al mundo contemporáneo”.

Pasos a seguir para obtener una Indulgencia Plenaria

 

EJEMPLO DE INTERCESIONES GENERALES POR EL AÑO DE SAN JOSÉ

Aquí encontrará un documento en formato PDF desarrollado por la Diócesis de Davenport, con una lista de intercesiones que se pueden utilizar durante el mes sugerido y adaptarse a su ubicación personal.

Intercesiones Generales Mes por Mes

 

¿QUIERE CONSAGRARSE A SAN JOSÉ?

Existen varios escritos de consagración a San José. Este es uno de ellos escrito por el Padre Guillermo Serra, L.C. Esta consagración se lleva a cabo durante 33 días.

Consagración a San José

Consagrarte a San José precisamente en el Año de la Familia puede ser una inversión sin igual para usted y su familia. Lea en este artículo de Aleteia por qué la consagración a San José podría cambiarte la vida.

En este artículo de AciPrensa podrá encontrar una oración de consagración a San José.

Además, en esta página podrá encontrar una oración corta para consagrarse a San José diariamente. Inténtelo con su esposo/a e hijos.

 

ORACIONES A SAN JOSÉ

En este enlace, San José, podrá encontrar oraciones con ocasión al Año de San José tales como letanías a San José que puede rezar al final del rosario, una oración escrita por el Papa León XIII, una oración para el día del papá que este año se celebrará el 20 de junio, entre otras. Le invitamos a rezarla con su familia.

 

ORACIÓN A SAN JOSÉ ESCRITA POR EL PAPA FRANCISCO

Al final de su carta apostólica, Patris corde, el santo Papa Francisco dedica una corta oración a San José que puede rezar con su familia cada día.

Oración a San José

 

DEVOCIÓN DE LOS SIETE DOMINGOS

La Devoción de los Siete Domingos es una antigua tradición de la Iglesia en preparación de la fiesta de San José, el 19 de marzo. La devoción comienza el séptimo domingo antes del 19 de marzo y honra las siete gozos y siete dolores que San José experimentó como esposo de la Madre de Dios, fiel guardián de Cristo y cabeza de la sagrada familia. La devoción es una oportunidad de oración para “ayudarnos a descubrir lo que Dios nos dice a través de la vida sencilla del esposo de María” (San Josemaría Escrivá; Es Cristo que pasa, nº 39). De acuerdo a National Catholic Register, esta devoción de los siete domingos se desarrolló alrededor del siglo XVI después de que San José se apareciera a un par de frailes que estaban a bordo de un barco que se hundió.

Le invitamos a conocer cuáles son los siete gozos y siete dolores de San José al practicar esta devoción con su familia: Los siete domingos de San José

 

 

DEVOCIÓN A SAN JOSÉ DORMIDO

Existe una devoción poco conocida a San José dormido que el Papa Francisco califica como una de sus favoritas. Conozca más sobre esta bella devoción y sus orígenes. Puede ponerla en práctica con su familia e incluso inventar una divertida forma para realizarla con sus hijos.

San José Dormido

 

RETIRO ESPIRIUAL

Viva desde su casa un retiro espiritual dedicado a San José. Con este retiro podrá adentrarse en las escrituras y conocer más sobre San José. Puede hacer las reflexiones a su propio ritmo. Le recomendamos utilizar este formato de retiro con la Lectio Divina (descubra qué es la Lectio Divina explicada en un video aquí Lectio Divina) para que pueda verdaderamente reflexionar sobre este admirable santo, Patrono de la Iglesia Católica.

 

HIMNOS A SAN JOSÉ

Conozca y escuche algunos bellos himnos y canciones a San José que le ayudarán a enamorarse aún más de este extraordinario santo, esposo castísimo de la Virgen María.

Himno a San José

Canción a San José

San José carpintero

Glorioso San José

Cuídanos San José

Himno #2 a San José

San José, silencios

Oblatos a San José

Besos de San José

Déjame en tus brazos

Tu eres un nuevo José

Mañanitas a San José

 

CORONILLA A SAN JOSÉ

Durante este año dedicado a San José, aprenda a rezar la Coronilla a San José en familia.

Coronilla a San José

 

NOVENA A SAN JOSÉ

San José, que cuidó fielmente los inicios de los misterios de la salvación humana en la vida de Cristo, cuida fielmente de nosotros mientras estos misterios se perpetúan en nuestros corazones, hogares y comunidades.

La USCCB ha compuesto esta novena para ser rezada anualmente del 10 al 18 de marzo, los nueve días que preceden a la Solemnidad de San José el 19 de marzo. La novena también puede adaptarse para su uso en otros momentos del año, especialmente en las fiestas en las que se celebra San José y en las ocasiones en las que los fieles solicitan su intercesión.

Si no lo ha hecho anteriormente, este año podría comenzar una nueva tradición y rezar esta bella novena a San José.

Novena escrita por la USCCB

Aquí tiene también otras opciones:

Novena a San José

Novena en honor a San José (Diócesis de Jefferson City)

 

OTROS RECURSOS – DOCUMENTOS OFICIALES DE LA IGLESIA

  • El Papa Pío IX declara a San José Patrono de la Iglesia Universal – 8 de diciembre de 1870 – Quemadmodum Deus
  • Encíclica del Papa León XIII sobre la devoción a San José – 15 de agosto de 1889 – Quamquam Pluries
  • San José es nombrado Patrón del Concilio Vaticano II – 19 de marzo de 1961 – Le Voci
  • Exhortación apostólica en San José de Juan Pablo II – 24 de noviembre de 2013 – Redemptoris Custos
  • El Papa Benedicto XVI considera la importancia de la persona de San José – 19 de marzo de 2006 – Angelus
  • El Papa Francisco inserta el nombre de José en las Plegarias Eucarísticas II, III y IV – d 1 de mayo de 2013 – Paternas vice

 

ACTIVIDADES PARA NIÑOS – PARA TODA LA FAMILIA

La transmisión de la fe en los niños comienza en casa. Le invitamos a desarrollar estas actividades (manualidades) con sus hijos.

Las siguientes actividades se recomiendan para niños en prescolar – primaria.

Manualidades para San José

Recetas de comida

¿A que niño no le gusta dibujar y colorear? Puede realizar esta actividad con sus niños más pequeños en casa.

Dibujos para colorear y aprender de la vida de San José

Las siguientes actividades se recomiendan para niños en secundaria.

30 visitas con el Silencioso José

Las siguientes actividades se recomiendan para los niños de todas las edades (realizar la actividad en familia).

Crear un altar en honor a San José: Cómo hacer un altar en casa, Haz un altar el día de San José (#6 en la lista)

12 maneras de honrar a San José en marzo (también se pueden realizar durante todo el año en familia.)

Maryknoll tiene un Ministerio Hispano llamado Discípulos Misioneros y han creado unas increíbles “Guías para Familias en Misión” para vivir esta Cuaresma y aprender más sobre San José. Existen varias opciones para usar estas “guías para las Familias en Misión”, pero primero deberá completar un formulario para acceder a su recurso – Maryknoll – Guías de reflexión sobre San José

Si le es posible, imprima estas tarjetas sobre la vida de San José y repáselas con su familia durante el mes de marzo – Tarjetas sobre la vida de San José

 

ARTİCULOS SOBRE LA VIDA DE SAN JOSÉ

Se dice comúnmente que nadie puede amar lo que no conoce. Es por eso, que este año le invitamos a adentrarse más en el misterio de la figura de San José, ¡le prometemos que se va a enamorar de él!

¿Era San José un anciano o un esposo sin vigor?

Mira cómo ha aumentado la devoción a San José en los últimos siglos

12 motivos para confiar nuestras suplicas a San José

Antigua oración a San José conocida por no fallar nunca

 

CONGREGACIONES RELIGIOSAS EN HONOR A SAN JOSÉ

Siervas de San José – Siervas de San José

 

LIBROS

Si le gusta leer, este es un año muy especial para profundizar más acerca de la vida de San José. Aquí le dejamos algunas ideas de títulos que puede adquirir:

Los silencios de San José – Consígalo aquí

Consagración a San José – Consígalo en EWTN

La sombre del Padre – Consígalo aquí

Descubriendo a San José – Consígalo aquí

José, esposo de María – Consígalo aquí

Dolores y Gozos de San José – Consígalo aquí

Yo también vivía en esa casa – Consígalo aquí

La devoción de San José – Consígalo aquí

 

Fuente: Esta lista fue elaborada por Verónica López Salgado

Retiro Matrimonial – El Matrimonio, hecho por una razón

Acompáñanos a celebrar la Semana Nacional del Matrimonio (del 7 al 14 de febrero de 2019), tomándote unos momentos cada día para reflexionar y orar con tu cónyuge.  El tema de este año es: El matrimonio, hecho por una razón. Este retiro te ayudará a reflexionar sobre lo que hace que el matrimonio sea algo único, tal como fue establecido por Dios, entre un hombre y una mujer, como la base de la familia y la sociedad.

Para más instrucciones o inspiración, visita los sitios web foryourmarriage.orgmarriageuniqueforareason.org.

Día 1 – El matrimonio: hecho por Dios

Abriendo el tema
A pesar de las grandes diferencias entre las culturas, sociedades y religiones, el matrimonio siempre se ha considerado un vínculo sagrado que expresa una forma profunda y comprometida de amor mutuo. El matrimonio no es, sin embargo, una institución puramente humana: “el estado matrimonial fue establecido por el Creador y dotado por él con sus propias leyes… Dios mismo es el autor del matrimonio” (GS, 48).

¿De qué manera es Dios el autor del matrimonio?

Primero, “Dios creó al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Gén. 1:27). Dado que el hombre y la mujer son creados a imagen de Dios, quien es Amor, el amor es una vocación innata del hombre y de la mujer. El matrimonio responde a un deseo fundamental y a la necesidad de dar y recibir amor.

Segundo, como varón y hembra, Dios creó al hombre y a la mujer con una complementariedad anatómica única que posibilita la colaboración con Su trabajo de creación. La naturaleza misma del hombre y de la mujer está preparada para la posibilidad del matrimonio y del recibimiento de una nueva vida.

Tercero, la Sagrada Escritura afirma que es bueno que un hombre y una mujer se pertenezcan el uno al otro y formen un vínculo de comunión: “No es bueno que el hombre esté solo” (Gén. 2:18)…”Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer,  y los dos serán una sola carne (Gén.  2:24). En el Nuevo Testamento, Jesús invoca el plan original de Dios para la humanidad como una unión inquebrantable de dos vidas, recordando el plan inicial del Creador: “Así que ya no volverán a ser dos, sino una sola carne” (Mt. 19: 6)

En el plan divino, el matrimonio es la comunión exclusiva e indisoluble de vida y amor entre un hombre y una mujer. Entre dos cristianos bautizados, esta alianza es un sacramento.

Reflexión
Como católicos, la comprensión del plan de Dios para el matrimonio y la familia es una parte esencial de vivir el llamado a la santidad. Los esposos católicos han sido bendecidos con la certeza de que el sacramento del matrimonio proporciona las gracias necesarias para santificarse como esposo y esposa, padre y madre. Esta gracia otorga fuerza a la alianza  matrimonial y la fortalece en momentos de dificultad. También se traslada a la iglesia doméstica, el hogar, donde la familia crece y se convierte en un testigo del amor de Dios hacia los demás.

Sin embargo, el plan de Dios para el matrimonio no se limita a los católicos. Como se explicó anteriormente, está enraizado en la naturaleza e identidad del hombre y de la mujer, creados a imagen de Dios. La dignidad del matrimonio con su propósito y características específicas es un bien que debe sostenerse y defenderse para beneficio de todas las personas.

Para pensar
Para iniciar esta semana de reflexión, pregúntense individualmente y como pareja:

a) ¿Qué hace al matrimonio distinto de otras relaciones? ¿Por qué el amor y el compromiso matrimonial son únicos? ¿Qué significa cuando se dice que Dios creó el matrimonio en el mismo momento en que creó al ser humano?

b) Como pareja, ¿cómo nos complementamos en nuestras necesidades, deseos y atributos? ¿De qué manera nos otorga Dios los diferentes dones, como hombre y mujer, que contribuyen al matrimonio?

(c) ¿Cómo podemos, como pareja, dar testimonio de la belleza y la sabiduría del diseño del matrimonio hecho por Dios?

Oración de las parejas casadas
Dios todopoderoso y eterno,
bendijiste la unión de marido y mujer
para que podamos reflejar la unión de Cristo con su Iglesia:
míranos con bondad.
Renueva nuestra alianza matrimonial.
Incrementa tu amor hacia nosotros
y fortalece nuestro vínculo de paz
para que [con nuestros hijos]
podamos siempre regocijarnos en el regalo de tu bendición.
Te lo pedimos a través de Cristo nuestro Señor. Amén.

Día 2 – El matrimonio: hecho para el amor

Abriendo el tema
El matrimonio entre un hombre y una mujer responde al anhelo más profundo del corazón humano por el amor y la pertenencia. Anhelamos ser amados y recibir amor. Lo mismo puede decirse de la vida familiar: en una familia, los hijos son recibidos para ser amados y retornar ese amor.

A pesar de las limitaciones humanas, la pareja casada y la familia son reflejos de Dios, quien es tres personas divinas en una comunión de amor. En el matrimonio, el hombre y la mujer se convierten en “una sola carne” (Gén. 2: 24), una comunión de amor que genera nueva vida. De manera similar, la familia humana se convierte en una comunión de amor a través del intercambio de amor entre sus miembros.

El matrimonio y la vida familiar son escuelas de amor. Nos enseñan cómo alcanzar una comunión de amor en el contexto de la vida cotidiana: llena de alegrías, sacrificios, pruebas y esperanzas. En todo esto, el amor se purifica y se perfecciona, se hace auténtico y completo. Como el ejemplo del sacrificio de Cristo en la cruz, el amor es dar la vida del uno por el otro. Los cónyuges y los miembros de la familia están llamados a hacer lo mismo todos los días.

Reflexión
A pesar de nuestros mejores esfuerzos para amar fiel e incondicionalmente, el matrimonio y la vida familiar pueden ser difíciles y desafiar nuestra capacidad de amar continuamente. Sin embargo, el amor conyugal que es bendecido por el sacramento del matrimonio es fortalecido y sostenido por una gracia única que pretende “perfeccionar el amor de la pareja y fortalecer su unidad indisoluble” (CCC, 1641). En virtud de esta gracia, la pareja se ayuda mutuamente para alcanzar la santidad.

La fuente de esta gracia es Cristo. “Así como en la antigüedad Dios se encontró con su pueblo a través de una alianza de amor y fidelidad, así nuestro Salvador, el cónyuge de la Iglesia,  se encuentra ahora con esposos cristianos a través del sacramento del matrimonio” (GS, 48). Cristo vive con ellos, les da la fuerza para tomar sus cruces y puedan seguirlo, levantarse de nuevo después de haber caído, perdonarse el uno al otro, sobrellevar el uno la carga del otro, “someterse el uno al otro por respeto a Cristo, “y amarse el uno al otro con amor sobrenatural, tierno y fructífero” (CCC, 1642).

Para pensar
Elige una o más de las siguientes preguntas para reflexionar con tu cónyuge:

(a) ¿Qué hace que el amor entre el hombre y la mujer sea único, especialmente dentro de la relación matrimonial? ¿Qué hace que el amor de los miembros de una familia sea una comunión entre personas?

(b) ¿Cómo son nuestras escuelas de amor matrimonial y familiar? Como pareja y familia, ¿demostramos una comunión de amor que se nutre a sí misma, que es pura y sacrificada?

(c) Como pareja, ¿qué tanto confiamos en la gracia del sacramento del matrimonio para que nos ayude en los momentos de retos y dificultades?

Oración de las parejas casadas
Dios todopoderoso y eterno,
bendijiste la unión de marido y mujer
para que podamos reflejar la unión de Cristo con su Iglesia:
míranos con bondad.
Renueva nuestra alianza matrimonial.
Incrementa tu amor hacia nosotros
y fortalece nuestro vínculo de paz
para que [con nuestros hijos]
podamos siempre regocijarnos en el regalo de tu bendición.
Te lo pedimos a través de Cristo nuestro Señor. Amén.

Día 3 – El matrimonio: hechos el uno para el otro

Abriendo el tema
Dios creó al hombre y a la mujer juntos y quiso que fueran el uno para el otro. “No es bueno que el hombre esté solo. Voy a crear a alguien adecuado a sus necesidades para que lo ayude” (Gén. 2:18). La mujer que Dios ‘fabrica’ de la costilla del hombre, hace que él exclame maravillado, con amor y comunión: “Ésta, por fin, es hueso de mis huesos y carne de mi carne” (Gén. 2: 23). Este hermoso relato del libro de Génesis sobre la creación de Eva  del costado de Adán demuestra cómo la mujer fue creada específicamente como ayudante, compañera y pareja  adecuada para el hombre. A diferencia de cualquier otro ser creado, el hombre descubre a la mujer como su otro “yo”, como alguien que comparte su misma humanidad (ver CCC, 371).

“El hombre y la mujer fueron hechos ‘el uno para el otro’, no es que Dios los haya dejado a medias e incompletos: él los creó para que sean una comunión de personas, en donde cada uno puede ser ‘compañero’ del otro, ya que son iguales como personas (“hueso de mis huesos…”) y complementarios como  masculino y femenino” (CCC, 372).

Debido a que son personas iguales en cuanto a su humanidad, pero complementarios debido a  sus diferencias como  masculino y femenino, el hombre y la mujer contribuyen al matrimonio con dones únicos, especialmente a causa de las diferencias físicas de sus cuerpos que permiten la transmisión de la vida humana. Solo a través de la diferencia sexual, un esposo y una esposa pueden darse completamente a sí mismos.

Por lo tanto, la verdadera unión marital no es posible sin la diferencia sexual; la diferencia sexual es esencial para el matrimonio. La diferencia sexual es el punto de partida necesario para comprender por qué no es arbitrario ni  discriminatorio proteger y promover el matrimonio como  la unión entre un hombre y una mujer. Más bien, es una cuestión de justicia, verdad, amor y libertad real. Solo un hombre y una mujer, en todos los niveles de su identidad: biológicos, fisiológicos, emocionales, sociales y espirituales, son capaces de hablar auténticamente el lenguaje del amor conyugal, es decir, el lenguaje de la entrega de sí mismos, abiertos al don del otro y al regalo de la vida.

Reflexión
Nuestra masculinidad o femineidad es esencial para nuestra identidad como personas. Nuestro género no se añade a nosotros como algo posterior, ni tampoco es una parte incidental de quienes somos. El hombre y la mujer son dos tipos diferentes de seres humanos, en cuerpo y alma. Cuando negamos nuestra identidad como seres sexualmente diferenciados, reducimos nuestra humanidad.

Una unión conyugal o matrimonial se produce solo a través de la diferencia sexual. Solo un esposo y una esposa tienen el espacio o la capacidad para recibir verdaderamente el don  sexual distintivo del otro, y solo de esa manera un esposo y una esposa pueden regalarse el uno al otro el don de sí mismos. La belleza de la enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio, basada en esta base antropológica, arroja luz sobre la responsabilidad del hombre y la mujer de colaborar con Dios en Su plan para la raza humana.

Para pensar
Elige una o más de las siguientes preguntas para reflexionar con tu cónyuge:

(a) ¿Por qué la razón y la fe no entran en conflicto cuando se trata del matrimonio? En otras palabras, ¿de qué manera el sacramento del matrimonio, que se realiza entre un hombre bautizado y una mujer bautizada, reafirma y no le resta valor a las verdades básicas y razonables esenciales de todo matrimonio?

(b) ¿Piensas que la diferencia sexual de hombre a mujer y de mujer a hombre se entiende y aprecia hoy? ¿Por qué sí o por qué no?

(c) Como pareja, ¿cómo pueden ayudar a otros a reflexionar sobre la importancia de la diferencia sexual y la complementariedad?

Oración de las parejas casadas
Dios todopoderoso y eterno,
bendijiste la unión de marido y mujer
para que podamos reflejar la unión de Cristo con su Iglesia:
míranos con bondad.
Renueva nuestra alianza matrimonial.
Incrementa tu amor hacia nosotros
y fortalece nuestro vínculo de paz
para que [con nuestros hijos]
podamos siempre regocijarnos en el regalo de tu bendición.
Te lo pedimos a través de Cristo nuestro Señor. Amén.

Día 4 – El matrimonio: hecho para toda la vida

Abriendo el tema
“Creó al varón y a la hembra. Los bendijo y les dijo: “Sean fructíferos y multiplíquense” (Gén. 1: 27-28).

El matrimonio es el contexto humano natural para concebir y recibir correctamente un hijo como el “regalo supremo del matrimonio” (GS, 50). Y con esta actitud de apertura y aceptación, destinada a marcar todos los aspectos del amor conyugal, un esposo y una esposa se acercan más entre sí. Entregar el don de sí mismo al otro como cónyuge y estar abierto a los hijos es a la vez elección y acción. Como el Papa Juan Pablo II enseñó:  “Así,  mientras los esposos se dan el uno al otro, no solo se están dando a sí mismos sino también a la realidad de los hijos que son un reflejo vivo de su amor, un signo permanente de unidad conyugal y una síntesis viviente e inseparable del hecho de ser padre y madre”. (FC, 14).

En otras palabras, en el matrimonio, el amor y la vida son inseparables. Esto es lo que quiere decir la Iglesia cuando enseña que el sentido de unión y procreación del amor conyugal son inseparables. Al abrazarse el uno al otro, el esposo y la esposa abrazan su capacidad de concebir un hijo y son llamados a no hacer nada deliberado para cerrar parte de sí mismos al don del otro.

Esto no significa que con cada acto de intimidad sexual tenga que concebirse un hijo. El matrimonio no es una fábrica mecánica de  producción de niños en masa.  La Iglesia enseña a las parejas, en su sinceridad con la vida, a practicar la paternidad responsable, discerniendo si tienen o no razones serias, de acuerdo con el plan de Dios para el matrimonio, para posponer el ser padres y madres en un momento determinado.

“La tarea fundamental de la familia es servir a la vida, hacer realidad a lo largo de la historia la bendición original del Creador de transmitir a través de la procreación la imagen divina, de persona a persona (…) Sin embargo, la fecundidad del amor conyugal –  entendida incluso en su dimensión específicamente humana – no se limita únicamente a la procreación de los hijos, sino que se amplía y enriquece con todos aquellos frutos que el padre y la madre deben entregar a sus hijos y, a través de los hijos, a la Iglesia y al mundo”(FC, 28).

Reflexión
Cualquier consideración honesta del matrimonio debe incluir a los hijos, la esperanza de nuestro futuro. Durante milenios, personas de todas las generaciones y de todas las culturas han comprendido que el matrimonio de un hombre y una mujer es la principal institución social en pro de los hijos, y la roca de la familia natural. El matrimonio reúne a un hombre y a una mujer que se unen como marido y mujer para formar una relación única, dispuesta a recibir y cuidar de una nueva vida. Tratándose de la unión de marido y mujer, el matrimonio es una unión abierta desde dentro a la bendición de la fecundidad. Los hijos nacen “desde el mismo corazón” del matrimonio, a partir de la entrega mutua entre marido y mujer (CCC, no. 2366). Son el “regalo supremo” del matrimonio y su “máxima corona” (GS, n. 50, 48).

Así como las plantas necesitan los elementos adecuados no solo para comenzar a crecer sino también para florecer, los hijos  también necesitan los elementos adecuados. Se necesita un hombre y una mujer, con la ayuda de Dios, para traer un hijo a la existencia. Tiene sentido que si la diferencia sexual es esencial para el comienzo de la vida, también es vital para el cuidado de esa vida. Las madres y los padres son importantes para la vida de un hijo.

El matrimonio es la institución destinada a garantizar que un hijo sea recibido como un regalo que debe ser nutrido y criado con el amor singularmente diferente que solo una madre y un padre pueden dar. Así como una semilla necesita la presencia de tierra, luz solar y agua para crecer y florecer, también un hijo necesita los cimientos naturales de la vida y el amor que solo proporcionan el matrimonio amoroso de un hombre y una mujer abiertos al regalo de un hijo.

Para pensar
Elige una o más de las siguientes preguntas para reflexionar con tu cónyuge:

(a) ¿Cómo se relacionan la apertura a la vida y la diferencia sexual? ¿Por qué es esto tan importante para entender el significado del matrimonio?

(b) ¿Cómo entiendes y acoges la enseñanza de la Iglesia sobre la santidad de la vida humana, incluida la enseñanza de la Iglesia sobre el uso de la anticoncepción?

(c) ¿De qué manera puedes dar testimonio como pareja de la santidad y la dignidad de la vida humana, y de la importancia de las madres y los padres en la vida de sus hijos?

Oración de las parejas casadas
Dios todopoderoso y eterno,
bendijiste la unión de marido y mujer
para que podamos reflejar la unión de Cristo con su Iglesia:
míranos con bondad.
Renueva nuestra alianza matrimonial.
Incrementa tu amor hacia nosotros
y fortalece nuestro vínculo de paz
para que [con nuestros hijos]
podamos siempre regocijarnos en el regalo de tu bendición.
Te lo pedimos a través de Cristo nuestro Señor. Amén.

Día 5 – El matrimonio: hecho para la libertad

Abriendo el tema
“Amar a alguien es desear el bien a esa persona y tomar las medidas efectivas para asegurarlo. Además del bien del individuo, hay un bien vinculado a vivir en sociedad: el bien común. Es el bien de ‘todos nosotros’, compuesto por individuos, familias y grupos intermedios que juntos constituyen la sociedad (CV, 7).

El bien común es responsabilidad de todos. Los esfuerzos que hacemos diariamente para estar atentos a las necesidades de los demás son una contribución al bien común. La familia es un componente esencial del bien común, arraigado en el matrimonio entre un hombre y una mujer.

Los matrimonios saludables son modelo de muchas virtudes y buenos hábitos que son  vitales para la vida social. Por ejemplo, el amor gozoso y el amor sacrificial entre un hombre y una mujer en el matrimonio sirven de ejemplo a sus hijos de lo que significa amar a otras personas en general. El matrimonio promueve una “genuina ecología humana”, que incluye el respeto y la comprensión adecuada del cuerpo humano y la sexualidad. En un nivel fundamental y básico, un matrimonio intacto entre marido y mujer sigue siendo la fuente más fértil y el entorno mejor integrado para los nuevos miembros de la sociedad.

Los hijos que se crían en hogares con sus propios padres y madres casados disfrutan de la estabilidad que no ofrece ninguna otra estructura familiar. Si consideramos estos puntos, queda claro que el matrimonio es importante para el bien común de la sociedad: la alianza matrimonial, entendida correctamente como un hombre y una mujer unidos entre sí y con sus hijos, ayuda a que todos en la sociedad prosperen. Anima a los hombres y mujeres jóvenes a hacerse promesas el uno al otro si desean constituir “una pareja”; proporciona un reconocimiento social a tal promesa y la inversión de la comunidad para ayudar a la pareja a cumplirla, al tiempo que  les da a los hijos los hogares estables que merecen.

Reflexión
“La familia fundada en el matrimonio es una institución natural insustituible y un elemento fundamental del bien común de todas las sociedades” (Papa Juan Pablo II, Discurso a los  participantes en la asamblea plenaria del Consejo Pontificio de la Familia, 20 de noviembre de 2004).

El Catecismo enumera tres componentes esenciales del bien común: el respeto por la persona, el bienestar y desarrollo social, y la paz. (CCC, 1905-1917) En otras palabras, la sociedad debe ordenarse de tal manera que a las personas les resulte más fácil ser buenas, desarrollar sus dones y capacidades en paz, cumplir con sus deberes y responsabilidades sin tener que luchar contra la opresión o el miedo, y poder actuar según sus conciencias. El bien común está destinado a garantizar que las personas puedan vivir una “vida verdaderamente humana” (CCC, no. 1908).

Los matrimonios sólidos, aquellos matrimonios en los cuales un hombre y una mujer permanecen juntos durante toda su vida, son buenos tanto para la sociedad como para la pareja. Sirven como ejemplos para la comunidad de las virtudes del amor, la fidelidad y la perseverancia. Demuestran la capacidad del ser humano para cumplir sus promesas.

Para pensar
Elige una o más de las siguientes preguntas para reflexionar con tu cónyuge:

(a) ¿Cuáles son las tres características del matrimonio que lo hacen bueno  para toda la sociedad?

(b) ¿De qué manera contribuye tu matrimonio a tu propio potencial y crecimiento como persona? ¿Cómo contribuye esto a su vez al beneficio de tu familia y sociedad?

(c) ¿De qué manera reconoces el beneficio para el bien común de un matrimonio estable entre un hombre y una mujer?

Oración de las parejas casadas
Dios todopoderoso y eterno,
bendijiste la unión de marido y mujer
para que podamos reflejar la unión de Cristo con su Iglesia:
míranos con bondad.
Renueva nuestra alianza matrimonial.
Incrementa tu amor hacia nosotros
y fortalece nuestro vínculo de paz
para que [con nuestros hijos]
podamos siempre regocijarnos en el regalo de tu bendición.
Te lo pedimos a través de Cristo nuestro Señor. Amén.

Día 6 – El matrimonio: hecho para el bien común

Abriendo el tema
“Amar a alguien es desear el bien a esa persona y tomar las medidas efectivas para asegurarlo. Además del bien del individuo, hay un bien vinculado a vivir en sociedad: el bien común. Es el bien de ‘todos nosotros’, compuesto por individuos, familias y grupos intermedios que juntos constituyen la sociedad (CV, 7).

El bien común es responsabilidad de todos. Los esfuerzos que hacemos diariamente para estar atentos a las necesidades de los demás son una contribución al bien común. La familia es un componente esencial del bien común, arraigado en el matrimonio entre un hombre y una mujer.

Los matrimonios saludables son modelo de muchas virtudes y buenos hábitos que son  vitales para la vida social. Por ejemplo, el amor gozoso y el amor sacrificial entre un hombre y una mujer en el matrimonio sirven de ejemplo a sus hijos de lo que significa amar a otras personas en general. El matrimonio promueve una “genuina ecología humana”, que incluye el respeto y la comprensión adecuada del cuerpo humano y la sexualidad. En un nivel fundamental y básico, un matrimonio intacto entre marido y mujer sigue siendo la fuente más fértil y el entorno mejor integrado para los nuevos miembros de la sociedad.

Los hijos que se crían en hogares con sus propios padres y madres casados disfrutan de la estabilidad que no ofrece ninguna otra estructura familiar. Si consideramos estos puntos, queda claro que el matrimonio es importante para el bien común de la sociedad: la alianza matrimonial, entendida correctamente como un hombre y una mujer unidos entre sí y con sus hijos, ayuda a que todos en la sociedad prosperen. Anima a los hombres y mujeres jóvenes a hacerse promesas el uno al otro si desean constituir “una pareja”; proporciona un reconocimiento social a tal promesa y la inversión de la comunidad para ayudar a la pareja a cumplirla, al tiempo que  les da a los hijos los hogares estables que merecen.

Reflexión
“La familia fundada en el matrimonio es una institución natural insustituible y un elemento fundamental del bien común de todas las sociedades” (Papa Juan Pablo II, Discurso a los  participantes en la asamblea plenaria del Consejo Pontificio de la Familia, 20 de noviembre de 2004).

El Catecismo enumera tres componentes esenciales del bien común: el respeto por la persona, el bienestar y desarrollo social, y la paz. (CCC, 1905-1917) En otras palabras, la sociedad debe ordenarse de tal manera que a las personas les resulte más fácil ser buenas, desarrollar sus dones y capacidades en paz, cumplir con sus deberes y responsabilidades sin tener que luchar contra la opresión o el miedo, y poder actuar según sus conciencias. El bien común está destinado a garantizar que las personas puedan vivir una “vida verdaderamente humana” (CCC, no. 1908).

Los matrimonios sólidos, aquellos matrimonios en los cuales un hombre y una mujer permanecen juntos durante toda su vida, son buenos tanto para la sociedad como para la pareja. Sirven como ejemplos para la comunidad de las virtudes del amor, la fidelidad y la perseverancia. Demuestran la capacidad del ser humano para cumplir sus promesas.

Para pensar
Elige una o más de las siguientes preguntas para reflexionar con tu cónyuge:

(a) ¿Cuáles son las tres características del matrimonio que lo hacen bueno  para toda la sociedad?

(b) ¿De qué manera contribuye tu matrimonio a tu propio potencial y crecimiento como persona? ¿Cómo contribuye esto a su vez al beneficio de tu familia y sociedad?

(c) ¿De qué manera reconoces el beneficio para el bien común de un matrimonio estable entre un hombre y una mujer?

Oración de las parejas casadas
Dios todopoderoso y eterno,
bendijiste la unión de marido y mujer
para que podamos reflejar la unión de Cristo con su Iglesia:
míranos con bondad.
Renueva nuestra alianza matrimonial.
Incrementa tu amor hacia nosotros
y fortalece nuestro vínculo de paz
para que [con nuestros hijos]
podamos siempre regocijarnos en el regalo de tu bendición.
Te lo pedimos a través de Cristo nuestro Señor. Amén.

Día 7 – El matrimonio: hecho para la eternidad

Abriendo el tema
El hombre ha sido creado para conocer, amar y servir a Dios en esta vida y disfrutar de Su presencia para la eternidad. La recompensa eterna es una bienaventuranza que supera toda comprensión humana. Es el don de la verdadera felicidad que proviene de buscar el amor de Dios por encima de todo lo demás. El camino hacia la santidad o la bienaventuranza está pavimentado con elecciones y consecuencias: rendir tributo a Dios o a la riqueza, servirse a sí mismo o al prójimo.

Todos los cristianos en toda situación o condición social están llamados a la santidad, o a la perfección de la caridad. “Para alcanzar esta perfección, los fieles deben usar la fuerza que les ha sido otorgada por el don de Cristo, de manera que. . . “haciendo la voluntad del Padre en todo, puedan dedicarse de todo corazón a la gloria de Dios y al servicio de su prójimo” (LG, 40). El camino de la perfección también pasa a través de la Cruz, que exige sacrificio, mortificación y la renuncia a  uno mismo.

Reflexión
El matrimonio es una oportunidad para lograr la santidad. El día de su boda, los cónyuges se convierten en los principales compañeros el uno del otro para el viaje de la vida, hasta la muerte. El viaje hacia el cielo debe ser sostenido mutuamente por los cónyuges.  Una vida sacramental y de oración compartida puede contribuir a que el uno ayude al otro a progresar en la santidad.

El camino de la vida matrimonial también es sostenido por las gracias proporcionadas en el sacramento del matrimonio que ayudan a los esposos en su vocación particular de amar y servir a los demás.

Para pensar
Elige una o más de las siguientes preguntas para reflexionar con tu cónyuge:

(a) ¿Cuáles son algunas de las maneras en las cuales experimentas cada día que las elecciones y consecuencias nos acercan o nos alejan de alcanzar la santidad?

(b) ¿De qué manera tu matrimonio te desafía para alcanzar la santidad?

(c) ¿Crees que estás llamado a la beatitud con Dios? ¿Cómo se sostienen el uno al otro en el camino hacia la santidad?

Oración de las parejas casadas
Dios todopoderoso y eterno,
bendijiste la unión de marido y mujer
para que podamos reflejar la unión de Cristo con su Iglesia:
míranos con bondad.
Renueva nuestra alianza matrimonial.
Incrementa tu amor hacia nosotros
y fortalece nuestro vínculo de paz
para que [con nuestros hijos]
podamos siempre regocijarnos en el regalo de tu bendición.
Te lo pedimos a través de Cristo nuestro Señor. Amén.

Documentos de la Iglesia
CCC – Catecismo de la Iglesia Católica, Librería Editrice Vaticana, 1993, Vaticano, https://www.vatican.va/archive/ENG0015/_INDEX.HTM#fonte.

GS – Concilio Vaticano II, Constitución Pastoral sobre la iglesia en el mundo moderno Gaudium et Spes, 7 de diciembre de 1965, Vaticano, https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_cons_19651207_gaudium-et- spes_en.html.

FC – Papa Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, 22 de noviembre de 1981, Vaticano, https://w2.vatican.va/content/john-paul- ii/en/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html

LG – Concilio Vaticano II, Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, 21 de noviembre de 1964, Vaticano, https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_en.html.

CV – Papa Benedicto XVI, Carta Encíclica Caritas in Veritate, 29 de junio de 2009, Vaticano,

https://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/en/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html.

 

Perfectamente Imperfectos

El Día después de la Boda sucede que abres los ojos,  respiras profundo, te detienes a pensar y puedes llegas a preguntarte ¿Qué hice? Esta pregunta puede surgir muchas veces a lo largo de la vida matrimonial, te has embarcado en uno de los retos más grandes de tu vida; por un lado es una fuente constante de aprendizaje y crecimiento donde vivirás las más grandes experiencias de la vida. El matrimonio cristiano es un sacramento, no se sostiene solo con la voluntad de los contrayentes, es un misterio en donde también se encuentra Dios dándonos su gracia.

En nuestra experiencia como Matrimonio Creyente y como Coaches Profesionales, hemos experimentado en carne propia como venimos al matrimonio con nuestras cosas buenas, pero también con nuestras limitaciones, desde los ojos de la Fe esto nos abre una gran oportunidad para aprender a Amar, venimos al matrimonio “Perfectamente Imperfectos” con una larga vida por construir. Las limitaciones del otro no son un problema sino una gran oportunidad, en un lenguaje católico diríamos que son una fuente de santificación, como dice el Papa Francisco: La “Santidad de la Puerta de al Lado”, de aquellos que viven cerca de nosotros (cfr:GE.7); en el hogar tenemos el lugar perfecto para conocernos a nosotros mismos y conocer a los demás, un camino de humildad donde aparece lo que somos, por eso es tan importante la Visión de Esperanza del Creyente para sembrar cada día nuevas semillas de servicio, de buenas palabras, de comunicación, de paciencia, entrega, de pequeñas y grandes decisiones que hacemos buscando el bien común y el bien del otro. ¿Qué hice al casarme por la Iglesia?.. Elegiste hacer el bien: Seguiste el llamado de Dios para llegar a Ser la Mejor Persona posible, elegiste el Camino de la Santidad de la mano de alguien muy especial en tu vida. Porque definitivamente, esta carrera es de tiempo y paciencia, de largo alcance, cuando menos te imaginas tus imperfecciones son un gran reto que hace crecer la paciencia. Y por otro lado, también te toca recibir las consecuencias de las imperfecciones de tu pareja. Así que nadie queda excluido en cuanto a esto.

Todos pasamos por este camino hacia la santidad como matrimonio. La pregunta es como desea nuestro corazón vivir esta experiencia: con la queja de “No sé que hice al casarme”… O Pasar de la queja a la aceptación de las imperfecciones mutuas para mirarlas con amor, paciencia y esperanza, hasta que la muerte nos separe. No hay medias tintas en mi elección diaria: pensar que mi matrimonio es insoportable y una desgracia o decido amar entregando el corazón y elijo sentirme amado dando gracias Dios por mi Matrimonio “Perfectamente Imperfecto”.

 

 

Por: Carlos y Elsy Canseco-Acatitla

¿“TU o YO”?

Desde pequeños vamos desarrollando la tendencia a poseer y comenzamos con cosas simples como juguetes, plato o cuchara favorita, cama, silla, etc. El lenguaje común que utilizamos es: “mi pelota”, mi carrito”, “mi plato” e incluso decimos “mi papá”, “mi mamá”.

De manera que conforme vamos creciendo no solo la tendencia sigue, sino que ahora con mayor conciencia buscamos poseer más y más cosas: autos, casa, joyas, muebles, etc. Incluso llegamos a marcar un territorio y decimos: “por favor no invadas mi espacio”.

Cuando iniciamos una relación, naturalmente esta costumbre continúa, ya que igualmente nuestra pareja creció de la misma forma y aquello es un continuo tuyo y mío. Por esta razón, cuando la relación se formaliza y deciden llevarla a los altares, muchos son los casos en los que se realizan arreglos prenupciales para proteger las propiedades previas al matrimonio, (En algunos países, existe el régimen de bienes separados); otros son aquellos que se fundan más bien por intereses económicos y se pudiera decir que, más que unión sacramental, son sociedades financieras.

Ciertamente, en unos casos más que en otros, la costumbre en la relación matrimonial es referirse igualmente con el lenguaje que indica propiedad: “mi trabajo”, “tu dinero”, “tu casa”, “mi carro”, “tu familia”, etc.

Está forma de relacionarse tiene un alto porcentaje de fracasar cuando alguno de los bienes empieza a perderse ya que, en una gran cantidad de situaciones donde las finanzas decaen, la pareja termina separándose antes que perder también lo que es propio.

En 44 años que tenemos de matrimonio, “Erika y yo” aprendimos que el “Tú” y “Yo” o “Tuyo” y “Mío”, no era el mejor camino para llevar nuestra relación: además de provocar envidia, creaba molestia cuando una ó otra cosa se dañaba o perdía; poco a poco fuimos cambiando nuestra forma de referirnos a las cosas, ya que la fuerza de la costumbre es impresionantemente difícil de erradicar de la noche a la mañana. Así fue como gracias a que fuimos viendo que nuestra relación mejoraba cada día, perseveramos en el cambio que nos propusimos y así hemos logrado hasta ahora tener una hermosa, pacífica y feliz relación durante todos estos años.

El punto de partida para comprender que en el matrimonio la palabra clave es “NOSOTROS” o “NUESTRO”, lo encontramos en las Sagradas Escrituras en el libro del Génesis 2, 24: “Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola carne”. Por lo tanto, dejan de ser un él y ella para convertirse en una sola carne, en un “NOSOTROS”.

 

Autor: Jose Luis Romero

Las Marcas de Nuestros Padres y Nuestra Cultura

Por Gelasia Márquez

Hay muchas teorías que tratan de explicar por qué elegimos y nos casamos con una persona y no con otra. ¿Elegimos porque se parece a nosotros? ¿Elegimos porque es distinto que nosotros y de esa forma nos complementan? La elección del compañero(a) es un proceso que ambas partes van haciendo, la mayoría de las veces a un nivel inconsciente. Tal vez el primer momento sea de una mera atracción física pero después, y según el grado de madurez de las personas, algunas parejas se interesan realmente por saber si son compatibles, es decir, por buscar los valores y características que comparten y que los pueden unir.

Ahora bien, cuanto más similitud existen en una pareja, más fuerte y mejor se establece la unidad y la mutua valoración entre ellos. Pues, como dice la Teoría Social de la Validación cuanto más coincidencia existe en valores, criterios, expectativas e ideales que comparten los miembros de la pareja, más se refuerzan la propia imagen y el propio valor de cada uno de ellos (Véase Valores en Común).

La búsqueda de esta similitud es algo que, según estudios, cada uno de nosotros realiza de forma inconsciente, pero regidos por los parámetros que traemos desde la niñez. Así, las muchachas eligen un compañero cuya forma de ser sea “similar” a la de los hombres de su casa, con los que se crió (padre, padrastro, hermano, primo, tío). De igual forma, el muchacho elige a una joven “similar” a aquellas que le ayudaron a desarrollar su definición de lo que es una mujer (madre, hermana, madrina, tía, prima).

Así mismo, las ideas acerca de las funciones y el papel que el hombre y la mujer deben tener dentro de un matrimonio las recibimos de lo que el medio ambiente y las tradiciones culturales nos enseñan al respecto. Por eso, cuando los miembros de una pareja crecieron y se educaron en ambientes culturales distintos, el proceso de ajuste entre ellos les supone más esfuerzo. Les exige que continuamente se pregunten entre sí el por qué de sus actitudes y se vean obligados a discernir de común acuerdo qué tipo de rol van a escoger dentro de su vida matrimonial.

El caso de Jennifer y Ángel, que pueden ver ilustrado en las viñetas Historias con un final feliz, puede servirles de ejemplo.

Historias con un final feliz

Acompañando y Sosteniendo
Dr. Gelasia Márquez

El Papa Juan Pablo II en su Exhortación Apostólica Familiaris Consortio (65) nos dice que ayudar a las parejas es “acompañarles en su caminar a través de las diversas etapas de su formación y desarrollo”.

Las Ciencias Sociales y la experiencia nos enseñan que tanto las personas como los matrimonios, desde su mismo inicio, pasan por fases de crecimiento que son predecibles.

Crecemos cuando adquirimos nuevas formas de ver la vida, de entender, de relacionarnos, de comunicarnos, de tomar decisiones, y de actuar dentro de la experiencia matrimonial y familiar. Cuando un miembro de la pareja o de la familia crece, la pareja como tal se ve retada a hacer ajustes en su relación que correspondan a las nuevas circunstancias y necesidades de cada persona y de la pareja o la familia en general.

El crecimiento dentro del matrimonio y de la familia conlleva un período inicial llamado crisis. La palabra crisis se asocia con las palabras reto, cambio, desbalance, inestabilidad. La crisis es una oportunidad de crecimiento pero puede ser también una ocasión de estancamiento y de deterioro en las relaciones matrimoniales y en las relaciones familiares.

Algunas crisis son esperadas o predecibles, pero su magnitud o impacto no es igual en cada pareja. Muchos factores individuales y sociales intervienen para  facilitar o para entorpecer los cambios necesarios en el procesos de crecimiento. Entre los factores personales que pueden entorpecer la resolución de una crisis matrimonial están las dificultades psicológicas tales como depresión, inmadurez emocional, alcoholismo o tendencias obsesivas en uno de los miembros de la pareja. De modo similar, entre las situaciones sociales que pueden influir pero no necesariamente entorpecer podemos anotar el no tener vivienda propia y tener que vivir agregado en casa de un familiar, o el que uno de los miembros de la pareja  tenga que añadir horas extras de trabajo para poder cubrir los gastos básicos semanales.

Además de las crisis predecibles a veces surgen crisis no esperadas, cuyo impacto puede ser enorme. Tal es el caso, para los padres, de la muerte de un hijo, o para la familia, la separación  de la pareja, la aparición de una enfermedad terminal a temprana edad, la pérdida del trabajo cuando hay un solo proveedor en la familia, y la migración con el consiguiente periodo de ajuste y aculturación a las nuevas condiciones de vida.

Ante la crisis la pareja y la familia  están llamadas a ejercer el poder creativo que Dios puso en sus manos, para que cuide del amor y de la vida (Véase, Familiaris Consortio, 17). Este cuidado, dicen los sociólogos, implica cuatro tareas: regenerar la especie humana a través de la reproducción, introducir a los nuevos miembros de la familia en la comunidad étnica y cultural a la cual pertenecen los padres, cubrir las necesidades básicas (tanto fisiológicas como psicológicas) para que cada persona pueda desarrollar sus capacidades, y formar miembros maduros, productivos y solidarios de la sociedad (Winch, 1977). Para poder llevar a cabo estas tareas el matrimonio y la familia necesitan estar en una continua relación e intercambio con el grupo comunitario al que pertenecen (Bronfenbrenner, 1986). Esta relación entre el matrimonio y la familia con la comunidad en que vive debe ser recíproca, donde ambas partes se articulen la una con la otra y se reconozcan y apoyen mutuamente.

Ahora bien, según datos del Censo del año 2000, el 40% de los hispanos residentes en los Estados Unidos nacieron en un país Latino Americano. Esto significa que casi la mitad de los Hispanos han dejado atrás sus comunidades de origen y con ellas, la fuente de su cultura, su ambiente vital, su contexto humano emotivo, económico, social y hasta eclesial. Por eso, a la desorientación inicial normal que sufren los inmigrantes, se une la confusión que acarrea las diferencias de idioma, valores, costumbres, formas de relacionarse, etc., así como la urgente necesidad de cubrir las necesidades vitales de empleo, vivienda, abrigo, salud, escuela para los hijos, y la falta de guía práctica en la comunidad que ayude a sortear estas dificultades con prudencia y caridad.

Esta situación representa por tanto una crisis que puede llevar a un proceso de crecimiento o acarrear graves dificultades para la pareja y la familia. Cuando revisamos los estudios científicos llevados a cabo con los matrimonios y con las familias inmigrantes hispanas vemos que el proceso de transición cultural que sigue al momento de la migración  conlleva que la propia identidad de la persona sea puesta a prueba, y que se creen interrupciones, estancamientos, retrocesos, deterioros y reacciones negativas dentro de las dinámicas de crecimiento psico-social y de madurez no sólo en los individuos sino, sobre todo, en los matrimonios migrantes y sus familias.

En la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio (77) el Papa Juan Pablo II desea que las familias de emigrantes puedan “tener la posibilidad de encontrar siempre en la Iglesia su patria”, donde sean asistidas en su propio idioma y cultura. De ahí que “Por tu Matrimonio” tiene un espacio especial para acompañar y sostener a los matrimonios y las familias inmigrantes hispanas en transición cultural. Las historietas ilustradas que podrán apreciar a continuación desean mostrar esta problemática y dar a las parejas que se encuentran en este proceso de crisis por la migración, luces para que puedan seguir un camino de crecimiento y superación, más allá y a través de las dificultades.

Historias 1: Nina y Eddy

Educación de los hijos(as)

Nina y Eddy llevaban varios años viviendo en los Estados Unidos pero sus problemas de adaptación no habían terminado. Eddy le echaba la culpa a “este país” y a que su mujer “se le quería salir del corral”. Nina culpaba la tozudez de su esposo y continuamente le decía “tú no acabas de pasar la frontera”. Las dificultades eran de todo tipo pero se agudizaban alrededor del deseo de su esposa de aprender ingles, estudiar computadoras y educar a los hijos “como si fueran americanos”.

Eddy continuamente le recordaba a Nina que ellos no habían venido a los Estados Unidos a hacerse americanos sino a “juntar unos pesos y regresar”. Nina le hacía ver que  “mientras estés aquí tienes que aprovechar lo que este país ofrece”. Cuando se trataba de la educación de los hijos las diferencias entre ellos eran aún mayor. Eddy se resistía a que sus hijos hablaran inglés entre ellos “porque yo no entiendo lo que se están diciendo”; peleaba cuando los muchachos iban después de la escuela a hacer actividades deportivas, o culturales, o sencillamente de entretenimiento con sus compañeros de la escuela. Cuando alguno de los hijos tenía el valor de traer un compañero o compañera de escuela a la casa él se esforzaba más en hablarle en español a los hijos.

Nina asistía a las clases de inglés de la parroquia, iba a la escuela a actividades para los padres, y se sentaba con ellos a hacer las tareas escolares para aprender con ellos, más que para supervisar. Los niños y ella se llevaban muy bien pero le tenían miedo al papa por sus actitudes tan extremas.

Cuando el mayor de los hijos se iba a graduar de Octavo Grado la consejera de la escuela llamó a ambos padres  para explicarles las posibilidades que su hijo tenía, gracias a su buen promedio académico. Nina insistió para que Eddy estuviera presente. Cuando llegaron él se llevo tremenda sorpresa al ser saludado en español y oír los elogios que la consejera hacía de todos sus hijos. “Necesito felicitarles a ustedes, porque no siempre nos encontramos con padres que apoyen la educación de sus hijos y se mantengan al tanto de sus progresos”. Eddy bajó los ojos y el resto de la tarde estuvo pensando.

Cuando llegaron a la casa, Eddy invitó a Nina a dar una vuelta para conversar. Y hablaron, discutieron, conversaron y finalmente fueron capaces de ponerse de acuerdo en algo: la familia estaba por encima de todo. Ellos eran los responsables de mantener la familia en sus países de origen o en los Estados Unidos. La vida y el crecimiento de todos y de cada uno de ellos no podía detenerse. Juntos debían  rehacer la unidad familiar adaptándose a nuevos parámetros para responder a las necesidades de crecimiento de cada uno de ellos. Día a día la comunicación que había entre ellos, antes de la migración, volvió a restablecerse y las discusiones fueron disminuyéndose. Todos crecían teniendo en cuenta una realidad: su aquí y su ahora.

Si desea profundizar en las enseñanzas que este testimonio de la vida real nos ha dejado, vea “Retos de la vida” y “Altibajos en el camino”.

Historias 2: Juana y Roberto

Sacrificios por la migración

La decisión de emigrar no fue tan fácil para Juana y Roberto. Los ingresos no eran suficientes para mantener la familia a flote y no había en el pueblo oportunidades de trabajo que les permitieran buscar allí otra forma de subsistencia. Juana tenía niños muy pequeños y no tenía familiares cercanos a quienes pudiera encomendar sus hijos y así migrar  con sus esposo para trabajar los dos. Tampoco había cómo pagar el viaje. El plan de Roberto fue entonces el de migrar “donde un primo que le habían dicho que le iba muy bien”. Con pobres señas sobre la ubicación y ocupación del primo, Roberto juntó sus ahorros, cerró los ojos y echo a andar.

Juana cada mañana tachaba un día en el almanaque mientras en su corazón se lo encomendaba a la Virgencita. A los niños les hablaba de su papá que estaba trabajando muy lejos. Por su parte Roberto daba pasos de ciego tratando de encontrar una luz que le llevase hasta el primo. Donde llegaba trataba de trabajar para ganar cama y comida y no gastar lo poco que le quedaba después de pagar su viaje. Lo más difícil que encontró fue la desconfianza de los propios paisanos. Todos estaban tratando de sobrevivir y no era fácil compartir. Asi fue de un lado a otro durante varias semanas hasta que un domingo por la mañana entró en una iglesia y se acercó al sacerdote que estaba en el confesionario. Le contó de su situación y de la necesidad de comunicarse con Juana, quien debía de estar desesperada sin saber de él. Como no había teléfono en el pueblito, le dictó una carta al sacerdote y éste le prometió que esa misma tarde la pondría al correo. El sacerdote le ayudó igualmente a conseguir alojamiento en una tienda a cambio de que él se ocupase de la limpieza y de la vigilase de noche para evitar robos. Habían pasado ya 6 semanas y él no encontraba aún un trabajo estable.

Juana por su parte se sentía abrumada con las consecuencias de la elección hecha por Roberto. No era tanto la parte económica pues su familia le ayudaba con cuanto les era posible y ella había tomado niños para cuidar al mismo tiempo que cuidaba de los suyos. Era la soledad y la incertidumbre. El largo silencio por parte de Roberto llevó su mente por diferentes escenarios, desde muerto en la frontera hasta olvidado de la familia que dejo atrás tal vez porque había encontrado otras distracciones. La carta de Roberto trajo un poco de paz a su espíritu y ella la leyó y releyó queriendo adivinar lo “no escrito”.

Pasaron más semanas sin encontrar trabajo, ni aún siquiera por horas, por lo que Roberto comenzó a cuestionarse si había hecho bien en correr el riesgo de emigrar. Los trabajos que él sabía hacer –agricultura y construcción- no tenían espacios. Su escolaridad no pasaba de contar, sumar, restar. A duras penas leía bien y no sabía escribir correctamente. Dejar lo que tenía en las manos ahora –casa, comida, y trabajo por la noche- para buscar algo mejor no le parecía una opción buena.

En una de sus visitas al sacerdote para mandarle mensajes escritos a Juana –porque hasta ese momento no había podido enviarle dinero- compartió su estado de ánimo con él. El sacerdote le ayudó a ver opciones: si sabes sembrar y cuidar la siembra aunque aquí no hay campos de cultivo si hay jardines.”Y puedes comenzar cuidando, sembrando, y podando el jardín de la parroquia”.  El buen empeño de Roberto en el trabajo le ayudó a ampliar su clientela y pronto pudo independizarse y mandar dinero a Juana periódicamente. Las cartas entre ambos empezaron a rehacer la trayectoria de amor y de unión que se había interrumpido como resultado de la migración.

A los dos años de estar fuera de su hogar, Roberto regresó no sólo con ahorros, sino con la habilidad de leer y de escribir, y la posibilidad de trabajar por su propia cuenta en un campo no sospechado por él antes: la jardinería.

Los testimonios de María Elena y Javier y de Juana y Roberto ilustran bien los problemas que enfrentan las parejas que viven “Matrimonios a Distancias”.

Historias 4: Jennifer y Ángel

Nueva definición de roles

Jennifer nació en los Estados Unidos, hija de padres inmigrantes Hispanos. Ella fue criada con los valores de un hogar típico “hispano”, pero aprovechó igualmente las ventajas que le ofreció la “sociedad americana”: Hizo estudios universitarios hasta alcanzar una maestría y, puesto que salió a temprana edad de su casa y vivió en una ciudad lejos de las de sus padres, aprendió a ser independiente y eficaz. Usaba el español para comunicase con la familia, pero era más hábil con el Inglés que usaba en todas sus otras circunstancias. Jennifer conoció en una fiesta a Ángel, quien acababa de llegar de su país, y que vivía aún en casa de sus padres. Después de unos meses, Ángel y Jennifer se comprometieron y poco después se casaron.

Casi al cabo de un año de casados Ángel le planteó a Jennifer que se sentía muy inconforme dentro del matrimonio y creía que habían cometido un error casándose. A Jennifer todo le tomó de sorpresa y pensó que Ángel “debía de tener otra mujer”. La crisis entre ellos era obvia. Entonces Ángel le propuso a Jennifer que se tomaran unos días, en un lugar distinto del medio ambiente habitual, para juntos discutir la situación de su matrimonio. Jennifer aceptó pero no entendía qué podía estar pasando pues ella hacía “todo” para que las cosas funcionaran bien.

Los días fuera de la rutina ayudaron a Ángel a verbalizar el por qué de su descontento: se sentía ignorado en la relación. Jennifer tomaba todas las decisiones y no siempre le informaba lo que decidía ni el por qué. Al inicio Jennifer se sintió muy dolida y le costaba entender que Ángel no le agradeciera sus contribuciones, ya que ella  sabía mejor que él cómo funcionaba este país y lo único que pretendía era aliviarle a él la carga de “tener que llevar la casa”. Por otro lado también ella se sentía poco escuchada cuando trataba de comunicarse con él en español, una lengua que ella poco usaba.

Gracias al diálogo, ambos pudieron entender que las expectativas de los dos respecto de la distribución de oficios estaban basadas en sus diferencias culturales. Entonces decidieron que, por encima de las costumbres de sus antepasados, lo importante era que ellos, como pareja, tomaran las decisiones sobre sus propias vidas. Juntos aceptaron igualmente que el aporte de cada cual es muy importante, pues el hecho de hablar mejor un idioma que otro no  hace a un miembro de la pareja sea superior o sepa llevar las cosas mejor que el otro.

Si desea profundizar en los retos  presentes en matrimonios entre personas que crecieron en diferentes culturas, como fue el caso de Jennifer y Ángel, lea nuestra sección, “Las marcas de nuestros padres y nuestra cultura.”

Historias 6: Gisela y José

Tomar decisiones juntos

Gisela y José viven un pueblo muy bonito a las afueras de la capital. Ya llevan 10 años de casados y Dios les ha bendecido con 4 bonitos niños. José es lo que se llama un “hombre emprendedor”. Al principio se dedicaba sólo a sembrar maíz en el terreno que le correspondió a la muerte de su padre. José leía mucho y veía programas educativos en la televisión. Por eso aprendido cómo tecnificar su producción y hacer crecer el negocito. Llegó incluso a tener un tractor y las maquinarias necesarias para moler y hacer tortillas caseras, que vendía entre sus vecinos.

Un buen día José se encontró con un amigo que vivía en el extranjero y que le “abrió los ojos sobre las oportunidades que podría tener con sus habilidades”. El gusanito de la posibilidad le estuvo rondando y rondando por días hasta que decidió averiguar con las autoridades del pueblo qué tendría que hacer para emigrar. Cuando sólo necesitaba echar a andar la petición de migración para él y para Gisela, decidió hablar con Gisela. Pero la propuesta dejó a Gisela totalmente turbada.  Lo difícil no era sólo migrar fuera de su país sino dejar a los hijos al cuidado de sus padres, cuando ellos más la necesitaban . Por otra parte, dejar que José migrara solo significaba desbaratar la unión matrimonial y exponerla a todo tipo de tentaciones. Nunca se le había ocurrido que “tuvieran” que migrar y cuanto más lo pensaba menos “quería” hacerlo. La situación se fue haciendo cada día más tensa en el hogar: José seguía insistiendo y Gisela se negaba. Cada uno de ellos estaba en “una esquina del cuadrilátero” con suficientes argumentos para no ceder ante los deseos del otro. Cuando ya estaban que “estallaban” por todo decidieron consultar con el párroco de la iglesia.

Después de sugerirles que invocaran juntos la asistencia del Espíritu Santo, el párroco les dio tres tareas a hacer: 1º. Cada uno debía escribir en un papel los pros y los contras que según él, o ella,  tendría el emigrar; 2º. Terminadas las columnas, debían sentarse y discutirlas hasta que ambos alcanzasen un acuerdo que fuera lo mejor para la familia 3º. El párroco les sugirió que una vez alcanzada una decisión la pusieran a consideración de sus familiares más cercanos.

José y Gisela estuvieron en el proceso de “ponerse de acuerdo” por más de tres días. Al final, en lugar de conversar con sus parientes se fueron a la iglesia a darle gracias al Párroco. No sólo porque les había enseñado la importancia y el modo para ponerse de acuerdo sino, sobre todo, porque les había recordado la presencia de la gracia de Dios en su matrimonio y les había enseñado cómo usarla.

José y Gisela decidieron no migrar sino continuar creciendo en familia. Años más tarde sus hijos salieron a estudiar fuera del país y poco a poco fueron migrando. En esos momentos, José y Gisela, migraron también para así ayudarles a ellos con el cuidado de sus hijos.