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FEBRERO 2024 – Consejos Para la Vida en Pareja

1- Como cristianos, estamos llamados a poner a Cristo en el centro de nuestra vida
cotidiana. ¿Proclamas a Cristo como tu Salvador en tu vida diaria? ¿En tu matrimonio?

2- Las actividades recreativas pueden desviar la atención sobre tu amada/o. Los intereses
independientes están bien siempre que respeten la construcción en común del proyecto de
pareja.

3- “El que se enaltece será humillado; pero el que se humilla será enaltecido”. (Mt 23:12)
¿Eres humilde en tu relación de pareja?

4-Nuestras familias son imperfectas. Pidamos la gracia de saber perdonarnos siempre.

5- Nuestra cultura está obsesionada con la novedad. A menudo lo que se conoce aburre.
No dejes que eso apague la llama de vuestro amor.

6- No permitas que los errores de la convivencia arruinen tu relación de pareja. Deja atrás lo
malo y sigue construyendo hacia adelante.

7- Santa Mónica rezó por la conversión de su Hijo, San Agustín, y fue escuchada. No dejes
de pedir por la conversión de tus amigos y familiares que están separados de la iglesia.

8- No hables mal de tu esposo/a. Nunca te burles de tu pareja con tus amigos. Guarda la
confianza y la lealtad matrimonial.

9- Jesús les dijo: “Yo soy el pan de vida; El que a mí viene, nunca tendrá hambre, y el que
crea en mí, nunca tendrá sed”. (Jn 6:35) Si usted y su familia están atravesando momentos
económicos difíciles, no se desesperen. ¡Dios proveerá!

10- Muéstrate vulnerable ante tu mujer y tus hijos.
No hay nada mejor para fortalecer el amor que mostrarse como uno mismo y enseñar que
no hace falta ser perfecto.

11-Una versión de los votos matrimoniales dice: “Escogerse para tener y mantener las
dichas a partir de este día en adelante". Cuando los tiempos son difíciles o las emociones
están a flor de piel, a veces abrazarse con firmeza al amor es el mejor consuelo.

12- ¿Estás escuchando la voz de Dios cuando tomas decisiones grandes y pequeñas en tu
matrimonio?

13- Atesora cada momento con tu cónyuge. Sólo tenemos el Hoy y el Ahora. Hay que vivir
con todo el amor e intensidad posibles.

14- Si quieres controlar mejor tu temperamento, empieza controlando tu tono de voz. Toma
una pausa para pensar dos veces el argumento que vas a utilizar y fortalecer tu resistencia.

15- El ruido puede oscurecer tus pensamientos y llevarte a la ira. Cuando eso pase, tómate
una pausa, apártate, apaga las luces y recupera tu autocontrol.

16- La desobediencia de un hijo también puede provocar la ira de uno de los padres. Intenta
anticiparse a tu enojo con un plan.

17- “Yo os daré las llaves del reino de los cielos”. (Mt 16: 18)
En el matrimonio tenemos las llaves del corazón del otro. Hay que saber guardarlas con
cuidado y cariño.

18- Enseñad a vuestros hijos la importancia de la Eucaristía. Celebrad las Misas
importantes en familia.

19- ¿Cuán libres se sienten en pareja? ¿Pueden gozar de su espacio personal, construir
sueños juntos, avanzar con ilusión y entusiasmo? Revisen esos puntos juntos.

20- “Porque donde dos o tres estén reunidos en mi nombre, allí estaré yo”. (Mt 18:7) Nunca
dudes de la presencia De Dios en tu matrimonio.

21- La vida, en ocasiones, puede ser abrumadora. Observa la belleza de la naturaleza y
confía en que Dios te lleva de la mano.

22- Uno lleva a cabo la misión de la Iglesia cuando se sienta a rezar en familia. No
subestimes la importancia de la oración .

23- Vivir el Evangelio no siempre es fácil, pero con la gracia de Dios es posible.

24- Una vida de servicio es una vida vivida con plenitud y sentido. ¿Hay algo que puedas
donar esta semana?

25- Crea una comunidad fuera de tu hogar. Empieza apoyando en tu vecindario. Sé ejemplo
de niños y adultos a tu alrededor.

26- “Dios mío, hazme conocerte y amarte, para que pueda encontrar mi felicidad plena”.

27- Ten el coraje de vivir y defender el Evangelio en tu matrimonio. Sé testimonio de vida.

28- Psicológicamente, los mensajes negativos son siempre más poderosos que los
positivos. No permitas que eso te desanime. No te vayas nunca a la cama sin haber
revisado tus buenas acciones del día.

29- Vuélvete una persona más agradable para tu cónyuge y tus amigos. Trata de ser un
ejemplo de alegría y espontaneidad. Con eso vencerás cualquier obstáculo.

ENERO 2024 – Consejos Para la Vida en Pareja

1.     Auténtico, vulnerable, honesto, atento: estas son las marcas de una comunicación eficaz dentro del matrimonio. ¿Analiza dónde tiene éxito tu comunicación y dónde no?

2.     Comunica las emociones que sientes cuando surgen conflictos en tu matrimonio. Nombrar la emoción ayuda al otro a comprender lo que sucede en su interior; y también ayuda a entenderse.

3.     Nunca termines el día sin agradecer a Dios por tu cónyuge. Es el regalo más grande que te ha dado tu creador.

4.     En tiempos alegres, tendrás gratitud; pero será en los momentos difíciles en los que los reproches te atormentarán. No olvides que Dios siempre está con vosotros y que os acompaña en cualquier situación.

5.     La comunicación asertiva es muy importante con tu pareja. Considera la diferencia en este ejemplo: “¡Nunca me prestas atención!” versus “Me siento olvidado por ti”. En lugar de iniciar una pelea y acusar, abre un diálogo.

6.     Evita los mensajes directos en las redes sociales. Por muy inocentes que puedan parecer esos mensajes privados con una persona del sexo opuesto, normalmente no terminan inocentemente.

7.     Las afirmaciones son muy fáciles de hacer y construyen la pareja: “la cena estuvo maravillosa”, “eres un gran padre”, “te ves genial hoy”, “Me encanta lo creativo/a que eres”, etc., Esto fortalecerán tu matrimonio.

8.     Coherederos de la vida de gracia (1 Pedro 3:7): ¿tratas a tu cónyuge como a tu igual, coheredero de la gracia de Dios o como siervo e inferior? Reflexiónalo

9.     Ten cuidado con la tentación de ganar al discutir. Lo importante no es tener razón, ni ganar, sino que el otro sepa que has escuchado y comprendido su perspectiva.

10.  A veces, cuando ves un problema serio en tu matrimonio, te asusta decir algo al respecto. Pero los problemas que permanecen en la oscuridad sólo se hacen más grandes. ¡Ponlo a la luz cuanto antes!

11.  Comienza el día orando por tu cónyuge y pidiéndole a Dios la gracia de ser el esposo/a que él te ha llamado a ser y que tu cónyuge merece.

12.  La mejor manera de amar a tu cónyuge es crecer tú mismo en virtud. Sólo quien se posee a sí mismo puede amar a otra persona plenamente.

13.  A veces hay que podar el amor. Las cosas que te distraen de tu matrimonio y de tus hijos deben ser eliminadas… o de lo contrario, siempre te quedarás con las sobras.

14.  No tomes a la ligera que eres una fuente de gracia para tu cónyuge. Dios se revela a tu cónyuge a través de tus palabras, de tu misericordia, de tus actos de amor.

15.  Nunca olvides que tu cónyuge puede ser también una fuente de gracia para ti. Quizás lo que él o ella está diciendo o haciendo sea realmente la acción del Espíritu Santo en tu vida. Dios está hablando; ¡escúchalo!

16.  El cielo es la meta de tu matrimonio. ¿Has actuado hoy por el bien eterno de tu cónyuge?

17.  Tu parroquia debe ser un pilar en la vida de tu familia. Si les enseñas a tus hijos a amar y ser parte de una comunidad parroquial, a ellos también les encantará ser católicos y su fe perdurará.

18.  Rodéate de buenos amigos católicos y que estén casados. Sólo aquellos que conocen a Dios personalmente, pueden ayudarte a acércate a Él y crecer como pareja

19.  Sorprende hoy a tu cónyuge con algo espontáneo: un acto de servicio, una llamada telefónica inesperada, un pequeño obsequio o una cena especial. El esfuerzo por romper con la rutina es una prueba constante de amor.

20.  El matrimonio es una vocación de Servicio. Dios te ha llamado a estar casado. Confía siempre en que, sin importar lo que esté sucediendo en tu vida, Dios lo está usando para purificarte, perfeccionarte y santificarte.

21.  “Te amaré y te honraré todos los días de mi vida”. Esa fue la promesa que te hicieron en tu boda, tal vez mientras contenías una lágrima. Hoy funciona como un examen de conciencia: “¿Te amé hoy? ¿Te honré hoy?

22.  Una gracia del Sacramento del Matrimonio es que : “Cristo habita con los esposos”. Eso significa que, ya sea que estés experimentando alegría o tristeza, no estás solo. Jesús está a tu lado.

23.  Una gracia del Sacramento del Matrimonio también es que : “Cristo da a los esposos la fuerza para tomar sus cruces y seguirlo”. Ese sufrimiento en tu matrimonio a veces, es la cruz que Jesús ha elegido para ti.

24.  “Cristo da a los esposos la fuerza para levantarse después de haber caído”. La tentación es rendirse, tirar la toalla, aceptar que la relación está rota. ¡Pero sigue luchando, Jesús te ayudará!

25.  A veces sentimos que perdonamos el mismo pecado una y otra vez, pero al perdonar una y otra vez, estamos aprendiendo a amar como Jesús.

26.  El equipaje de tu cónyuge no es un obstáculo para amarlo. Ayudar a llevar esa carga es la forma en que Dios te llama a amar.

27.  “Cristo da a los esposos fuerza y amor sobrenatural”. Cuando sientas que tu amor se ha agotado, recuerda que el amor de Dios nunca se agota. Y Él lo comparte.

28.  Haz hoy algún pequeño acto de servicio para tu cónyuge. Será un simple recordatorio del propósito de tu matrimonio.

29.  Sentirse solo en el matrimonio es normal. También es una señal de que Dios te está llamando a profundizar en tu relación contigo mismo y con tu cónyuge. ¿Cómo podrías dedicar tiempo a hacer esto hoy?

30.  Antes de compartir tu opinión sobre algo, resume brevemente la opinión que expresó tu cónyuge. Te ayudará a tener una escucha activa.

31.  “Por favor”, “gracias”, “lo siento”, “te amo”. Estas palabras de cortesía se encuentran en todo matrimonio sano.

DICIEMBRE– Consejos Para la Vida en Pareja

TIPS SOBRE EL MATRIMONIO – Diciembre

  • Esposos, afronten todo – trabajo, escuela, obstáculos o victorias- como un equipo. Apóyense mutuamente en los momentos difíciles y compartan los momentos de éxito.
  • Nuestras familias son imperfectas, y las relaciones imperfectas a veces resultan en cortes y magulladuras. Pide la gracia de “perdonar nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”, y pide perdón a los que has herido.
  • Atesora cada momento con tu pareja. No sabemos ni el día ni la hora en que nuestro ser querido se irá al cielo.
  • Cuando todo lo demás falle, ESPERA. Cuando las cosas no vayan bien en tu matrimonio -y seguro que habrá días así-, dale tiempo. A veces necesitamos tranquilizarnos, consultarlo con la almohada (y con Dios) y despertarnos con sentimientos más positivos.
  • “Y se transfiguró delante de ellos” (Mt 17,2). Incluso en la tierra, podemos vislumbrar la gloria celestial con los ojos de la fe. Reza para que tú y tu esposo/a puedan ver la gloria del Señor en todos los aspectos de su vida.
  • ¿Cómo puedes ser un apoyo espiritual para otras parejas y familias que están teniendo dificultades?
  • El verdadero amor entre los esposos, que es imagen del amor de Cristo por la Iglesia, inspira a los esposos a buscarse continuamente para pedir consejo, afecto y afirmación. Anima hoy a tu esposo/a y recuérdale que estás ahí pase lo que pase.
  • ¿Los deportes u otras actividades recreativas te roban la atención de tu amado/a? Pregúntale si es así y haz los cambios necesarios en tu rutina.
  • Incluso si su matrimonio va bien, consideren la posibilidad de ir a un retiro de parejas juntos.
  • ¿Cuál ha sido un punto bajo en tu relación con tu amado/a? ¿Cómo lo superaste? Si todavía estás pasando por un momento difícil, pide ayuda – a tu cónyuge, a Dios, o a un consejero (no hay que avergonzarse de ello).
  • El tiempo que pasas con tu esposo/a es muy valioso. Intenta estar realmente presente para él/ella alejándote de las redes sociales y otras tecnologías tanto como sea posible.
  • El amor y el respeto mutuos son las características de un matrimonio cristiano. ¿Tiene tu matrimonio el amor y el respeto como principios fundamentales?
  • Empieza y termina cada día dando gracias a Dios por permitir que tu marido/mujer esté en tu vida.
  • “¡Dichosos, más bien, los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen!” (Lc 11,28).  Vayan a Misa juntos y pidan a María que les ayude a amar cada vez más a Dios y a los demás.
  • Los niños aprenden primero lo que es el amor al ver a sus padres darse amor. Recordemos dar un buen ejemplo a los niños para que aprendan lo que es realmente el amor.
  • No dejes de acudir a Dios y alabarlo aun cuando tengas problemas en tu familia y en tu vida.
  • Empéñate hoy en animar a tu esposo/a. Las palabras de afirmación son un símbolo de esperanza y amor.
  • La etapa del “enamoramiento”, aunque hermosa e insustituible, puede desvanecerse en el matrimonio con el pasar de los años. El verdadero amor duradero es producto de la intencionalidad, la elección y el sacrificio. La muerte de Jesús en la cruz es una prueba de ello.
  • Dios se nos revela de maneras misteriosas. ¿Cuáles son algunas de las formas en que Dios se ha revelado a ti y a los miembros de tu familia en el último año? Contempla y toma nota de ellas con tu pareja.
  • Cuando te sientas frustrado, el silencio puede ser a veces la mejor alternativa. Piensa antes de hablar y tómate tu tiempo para decidir cuál es la mejor manera de responder a tu esposo/a.
  • “Quien se alaba será humillado, quien se humilla será alabado” (Mt 23,12). Porque María se humilló, es coronada Reina del Cielo y de la Tierra. ¿Cómo puedes mostrar humildad a tu esposa el día de hoy?
  • Si tú y tu familia atraviesan momentos económicos difíciles, no desesperes. Dios proveerá. Confía en Él para cuidar de tu familia.
  • Predica el Evangelio en tu hogar, pero también vívelo. Como matrimonio, tus hijos necesitan verte vivir cada día el Evangelio.
  • En medio de las discusiones, luchen contra el problema y no contra su esposo/a. Recuerden que como matrimonio están en el mismo equipo.
  • En pareja, consideren la posibilidad de tomarse unas vacaciones rápidas solos para “recargar las pilas”. Toda estrategia es buena para reforzar el amor.
  • Enseña a tus hijos la importancia de la Eucaristía. Asegúrate de que tu familia está siempre preparada para recibir la Eucaristía en la misa.
  • Santa Mónica rezó por la conversión de su hijo San Agustín, y fue escuchada. Reza con confianza por la conversión de tus amigos y familiares separados de la Iglesia.
  • San Juan Bautista fue mártir del matrimonio (cfr. Mt 14,3-12). ¡Que tengamos el valor de defender -y vivir- el verdadero significado del matrimonio!
  • Dedíquense tiempo de calidad el uno al otro. Salgan de paseo como novios.
  • Escuchar de verdad no es tarea fácil. Sin embargo, escuchar es una parte esencial de la comunicación en el matrimonio.
  • Encontremos siempre el diálogo entre nosotros. ¡Que nunca nos falte la comunicación!

UNIENDO NUESTRAS VIDAS POR LA IGLESIA CATÓLICA

¿Por qué casarnos por la Iglesia?

Los beneficios del Matrimonio Católico

“La Iglesia es un bien para la familia, la familia es un bien para la Iglesia. Custodiar este don sacramental del Señor corresponde no sólo a la familia individualmente sino a toda la comunidad cristiana”. (Papa Francisco, Amoris Laetitia 87)

En general, las parejas que eligen llevar su matrimonio a la Iglesia reciben muchos dones: paz de corazón, unidad y acompañamiento con la Iglesia, y plenitud de los sacramentos, especialmente el don de recibir la Sagrada Comunión y la Reconciliación.

Los científicos sociales han descubierto que las parejas que reconocen la presencia de Dios en su relación, experimentan más satisfacción y tienen más probabilidades de lograr un matrimonio para toda la vida. Uno de los muchos beneficios de un matrimonio sacramental es el del poder de la gracia de Dios, que ayuda a las parejas a mantener viva la alianza de amor y encontrar la felicidad juntos.

¿Por qué obtener el Sacramento del Matrimonio?

“Cristo Señor ‘sale al encuentro de los esposos cristianos en el sacramento del matrimonio’, y permanece con ellos… los esposos son consagrados y, mediante una gracia propia, edifican el Cuerpo de Cristo y constituyen una iglesia doméstica”. (Papa Francisco, Amoris Laetitia 67)

Los votos intercambiados por la pareja son una alianza sagrada a través del cual los esposos se abrazan y, juntos, abrazan a Jesús como su compañero. A través de su unión con Cristo, participan en la alianza inquebrantable entre Dios y la humanidad: la alianza que selló Jesucristo con su muerte y resurrección.

El matrimonio católico es único entre otras relaciones matrimoniales porque es un Sacramento que hace que Cristo esté presente en nuestras vidas y especialmente en las familias. La relación entre marido y mujer refleja la relación de Jesucristo con su pueblo. En la tradición católica, el esposo y la esposa aceptan una misión en el plan salvífico de Dios para la humanidad. La esposa y el esposo son embajadores del amor de Dios y colaboran con Dios para seguir construyendo su Reino aquí en la tierra.

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Nota: Este es una descripción básica del Matrimonio Católico. Debido a que la situación de cada pareja es única y el proceso puede variar de una parroquia a otra, de una diócesis a otra y de un país a otro, las personas interesadas en casarse  la Iglesia Católica, para obtener una convalidación matrimonial y/o una declaración de nulidad deben hablar primero con su párroco para obtener orientación personal y específica.

El peso emocional de nuestra infancia en la relación matrimonial

Todas las relaciones que tenemos con otras personas dejan siempre alguna huella emocional en nuestra vida. Pero ninguna relación es tan importante y decisiva para nuestra existencia, y sobre todo para nuestro matrimonio, como las relaciones familiares que tuvimos en la infancia. Dios quiso que la familia fuera no sólo la puerta por la cual entramos a la vida, sino también el lugar donde aprendiéramos el arte de amar. Por eso, la familia ha sido llamada con razón “la escuela del amor”. Ahí, a través del trato que nos dieron y del ejemplo de amor que recibimos de nuestros padres y familiares aprendimos a amarnos a nosotros mismos, a relacionarnos con los demás, y con Dios.

Lo que aprendimos a amar de nosotros mismos en nuestra infancia

En el entrenamiento al amor, el primer escalón, sobre el cual se apoyarán nuestras futuras destrezas para amar a los demás y a Dios mismo, es aprender a amarnos a nosotros mismos. Ahora bien, según los datos de la ciencia, el 90% de esa capacidad para amarnos la recibimos de nuestros padres, en los cinco primeros años de nuestra vida, empezando desde el seno materno.

Así, por ejemplo, aprendimos a amar e identificarnos positivamente con nuestra apariencia física a través de los elogios, el cuidado y las valoraciones que nuestros padres y las personas que nos cuidaron hicieron de la belleza de nuestra mirada, de nuestra sonrisa, de nuestro cuerpo. El día, en cambio, en que a un niño se le burlaron de sus orejas, o de la forma sus piernas, ese día, sin saber por qué, esa criatura comenzó a sentir vergüenza, inseguridad y complejo de ser como es. Esto le impedirá un día salir confiado a la conquista de la persona que le atrae y posiblemente le hará cohibirse en la entrega íntima de su cuerpo en las relaciones matrimoniales. Lo mismo sucedió con cada aspecto de nuestro temperamento, habilidades o características que fue criticado, negado, desatendido o ignorado; o cuando nos hicieron sentir, a través de abusos físicos, emocionales, o experiencias de abandono, que éramos malos, un estorbo o simplemente no merecedores de cariño ni cuidado.

En otras palabras, aprendimos a amar y a abrazar nuestro ser con seguridad y gratitud, desarrollando una conciencia implícita de nuestra propia dignidad y valor, en la medida en que nos sentimos acogidos y valorados. Y como consecuencia, eso que aprendidos a amar de nosotros mismos no sólo nos da la destreza para relacionarnos sin miedos ni complejos con los demás, sino que son el tesoro personal que tenemos para entregar en nuestras relaciones personales y de pareja. Por el contrario, lo que no ha sido afirmado o aceptado de nosotros son aspectos de nuestra personalidad que han quedado atrofiados; nos acomplejan o nos hacen inseguros. Por eso tenderemos desesperadamente a ocultarlos o a llegar ese vació de aceptación en nuestras relaciones futuras.

Igualmente, los niños que crecieron en ambientes violentos, con padres alcohólicos o que experimentaron pobreza extrema o abandono, desarrollan estados de ansiedad o de mucha irritabilidad, o tienden a encerrarse en su mundo y a tratar de agradar en todo a los demás, como fruto del estrés permanente en que crecieron.

Muchos de las dificultades entre los esposos tienen sus raíces en estas heridas emocionales de la infancia, que no han sido curadas. Eso se refleja en reacciones desmedidas ante asuntos de poca importancia pero que reconectan a una persona con sus traumas, o en comportamientos como celos enfermizos, sentimiento de víctima, incapacidad para poner límites o expresar honesta y respetuosamente lo que les frustra.

Lo que aprendimos del matrimonio y relaciones de nuestros padres

De igual modo, nuestro primer entrenamiento a la vida matrimonial y la relación con los demás lo recibimos de la relación entre nuestros padres o las personas con quienes crecimos.  Esto incluye cómo revelar y expresar lo que sentimos sin ofender ni callar, cómo escuchar sin juzgar y sin prejuicios, cómo reaccionar ante las críticas y resolver conflictos, y por supuesto, cómo agradecer, perdonar y servir al otro en sus necesidades.

Por eso, gran parte de las expectativas, de las destrezas para comunicarnos, pero también de los miedos y bloqueos con que llegamos al matrimonio se gestaron en los patrones de relación que de manera inconsciente asumimos de nuestros padres. Así, por ejemplo, si cada vez que nuestros padres expresaban sus diferencias se generaron disputas violentas, nosotros interiorizamos que es mejor callar para evitar problemas, o que sólo gritando e imponiéndonos se resuelven las diferencias.

El tesoro de la fe que recibimos de nuestros padres

La mejor de las herencias que nuestros padres y familiares pudieron dejarnos es el habernos enseñando a amar a Dios. A través de las tradiciones religiosas, novenas, posadas y momentos de oración, aun en medio de sus limitaciones humanas, nuestros padres abrieron nuestras almas al encuentro con Dios. Sabernos amados por Dios y capaces de conectarnos con ese amor a través de la oración y sobre todo de la vida sacramental es, como veremos inmediatamente, la llave misma para abrirnos a la sanación emocional y posibilidad para rehacer nuestra vida y entablar relaciones familiares sanas y santas.

La importancia de sanar nuestra infancia para amar y no repetir esos errores

Es muy probable que esta lectura haya traído a tu memoria los múltiples momentos y acciones de cuidado a través de los cuales tus padres te hicieron sentir amado y feliz de ser como eres. Pero también puede haber despertado recuerdos dolorosos que te han afectado en tu manera ser y de reaccionar. La buena noticia es que, como lo proclamó Cristo a través de su muerte y resurrección, el mal no tiene ya la última palabra, porque para liberarnos del mal, murió Cristo. Tú nunca has dejado de ser la criatura más semejante a Dios, y amada por Él hasta el extremo. Si dudas en algo de tu valor, de tu dignidad y de tu derecho a amar y ser amado, es hora entonces de redescubrir tu bondad intrínseca; de liberarte de lo que el mal de otros ha causado en tu identidad y en tu capacidad de relacionarte sanamente contigo mismo y con los demás, especialmente en tu matrimonio y vida familiar. ¿Cómo hacerlo? He aquí algunas sugerencias:

●       Confía en Dios y su obra en ti: El Señor quiere que tengas vida, y vida en abundancia. Él ha venido a salvar y rescatar lo que el mal ha dañado. Él prometió darnos un “corazón nuevo” para que te ames como Él te ama y como puedes amar a los demás.

●       Toma de conciencia: Pídele al Señor que te ayude a descubrir las posibles heridas emocionales que cargas desde la infancia, preguntándote: ¿Cuál es la fuente más frecuente de conflictos en mis relaciones? ¿Qué miedo puede estar detrás de mis reacciones? ¿Cuál puede ser su origen? ¿Qué me dijeron, me hicieron o no hicieron por mí, que pudo haberme herido emocionalmente? ¿Qué aprendí del matrimonio de mis padres? ¿Algo de eso puedo estar repitiendo, aunque no quiera, en mis relaciones actuales? Si recordar esto es muy doloroso, te angustia, o te sientes bloqueado al hacerlo, busca la ayuda profesional de un terapeuta para que te acompañe en este proceso.

●       Pide el don del perdón: Tus padres, al igual que todos los que se equivocaron contigo fueron seguramente personas que a su vez fueron heridas emocionalmente en su infancia. También por ellos murió Cristo. Pídele entonces a Jesús, sin negar la gravedad de lo que pudieron haberte hecho, que te dé sus ojos de misericordia para perdonarlos, y repetir con El: “Perdónalos Padre porque ellos no sabían lo que hacían”.

●       Déjate amar por Dios: Muchas parejas dan testimonio de la paz y liberación emocional que han empezado a sentir cuando hacen horas de adoración ante el santísimo. Aprovecha esos encuentros íntimos con Dios para contemplar a Jesús dando su vida por ti; cargando sobre su cruz todo el mal que te hicieron y el que tú pudiste haber hecho a otros. Entrega en su cruz, uno a uno, tus recuerdos amargos, para que Él los sepulte en su tumba. A cambio, Él te dará la infinita paz de saberte liberado y amado hasta el extremo.

●       Empieza a vivir tu vida nueva: Empieza a evitar toda tendencia a culpabilizarte, compararte con otros o a sentirte obligado a ceder en todo, en contra de tus gustos. Reconoce que, con la ayuda de Dios, puedes comenzar a hacer reclamos respetuosos cuando lo necesites; a escuchar con paciencia los reclamos de los demás, sin que eso te asuste ni tengas que salir a la defensiva. Pide con humildad perdón a las personas de tu familia, cada vez que les hayas ofendido, y también, no te canses de agradecer todo lo que tienes, todo lo que has logrado; descubre todo lo bello y bueno que hay en tu esposo/a y en cada uno de tus hijos, y todo lo bueno que hacen por ti.

Dr. Dora Tobar

La belleza del Matrimonio

La belleza del Matrimonio

Por: Ana C. De la Garza

Hay una frase que dice “El Matrimonio es como un jardín: requiere de mucho amor y un poco de trabajo cada día”.

Y es que el amor en el Matrimonio no hay que darlo por sentado, siempre hay que cuidarlo, alimentarlo y trabajarlo. Recuerdo una vez un consejo que nos dio un Sacerdote en una homilía y me parece muy importante compartirlo; nos dijo que todos los días nos dedicáramos 15 minutos en pareja, sin ninguna distracción de celulares, televisión, hijos, etc. 15 minutos para conversar, mirarnos cara a cara, estar juntos y cultivar nuestra relación.

Yo también les recomiendo ponerse una cita al mes, como un “date”, donde puedan hacer algo juntos que disfruten como pareja. Desde preparar una cena romántica o ir a algún lado a cenar, ir a andar en bicicleta o al cine, o incluso ver una película juntos en casa, pero sólo ustedes dos.

Dios diseñó el amor de esposos para que fuera una ayuda mutua, una compañía. Para no estar solos en este camino de la vida, para ser un reflejo del amor de Dios, para ser fecundos y educar y formar a nuestros hijos. Recordemos el pasaje del Génesis que habla de esto:

Dijo luego Yahvé Dios: No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada”. ( Gn 2, 18 )

“De la costilla de Adán, Dios formó a la mujer, para ser su compañera, para acompañarse el hombre y la mujer en esta vida, para ser mejores amigos en el matrimonio y hacernos la vida mejor y más llevadera”.

Después dice: “Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne” ( Gn. 2, 24 ) . El designio de Dios en esta unión es perfecta, hacerse una sola carne, una unión perfecta, que da el fruto de los hijos”.

Yo sé que existen dificultades en la vida cotidiana, en la relación de los esposos, y hay dos consejos que me gustaría compartir con ustedes para saber llevar la vida juntos:

  1. Perdonar. Perdonar las fallas del cónyuge. Y no recordarle en una discusión todas las cosas del pasado que nos molestan. Ya que esto sólo genera más conflicto.
  2. Ceder. No tratar siempre de tener la razón, habrá momentos en que será mejor ceder. Yo sé que hay cosas que son muy importantes para llegar a un acuerdo, como educar en la fe a los hijos, o los valores que queremos vivir en nuestra familia. Pero hay cosas triviales de la vida en las que no tenemos que llevar todo al campo de batalla.

El amor de pareja tiene sus etapas en la vida, vamos de la etapa del enamoramiento en la que todo es perfecto y sentimos mariposas en el estómago, a la etapa del amor y mayor intimidad, hasta llegar al verdadero amor de compromiso. Y al ir madurando el amor es posible que se atraviese por algunas crisis. Por eso es importante, en primer lugar, agarrarse de la mano de Dios, como dice la palabra Ma-tri-monio somos tres y en medio de esta relación debe estar Dios para que nos sostenga y nos lleve de su mano en este camino de la vida. Encomendar nuestro Matrimonio a Dios a través de los Sacramentos y de la oración,  también es importante. Si en algún momento sienten que no pueden, no duden en pedir ayuda; a un Sacerdote o a algún consultor especialista en Matrimonio. Yo recomendaría un especialista que fuera Católico y que conociese el Método de Jhon Gottman para terapia de pareja.

https://www.gottman.com/about/the-gottman-method/

Para terminar, les recomiendo encomendar siempre su Matrimonio a la Sagrada Familia. ¡Quiénes mejor que Nuestro Señor Jesucristo, su madre la Santísima Virgen María y San José para acompañarnos y guiarnos en nuestro Matrimonio y Familia!

Celebrando Matrimonios Mixtos

Celebrando Matrimonios Mixtos

Por Cynthia Psencik

Cuando hablamos de matrimonios mixtos, nos referimos a parejas que nacieron en diferentes países como también parejas de razas, etnicidades y culturas distintas. Se reporta que los matrimonios mixtos han aumentado continuamente desde el 1967 cuando fueron legalizados en los Estados Unidos. Para el 2015, una de cada seis parejas recién casadas están casadas con una persona de una raza o etnicidad diferente. La pareja mixta más común incluye hispanos y blancos (Pew Research Center). Es asombroso pensar que antes de los años 1967, los matrimonios mixtos eran prohibidos en ciertas partes de los Estados Unidos, y que hubiera alguna ley impidiendo que yo me casara con mi esposo.

​Mi esposo no solo es de una etnicidad diferente a la mía, sino también nació y creció en un estado diferente que yo – él es de Texas y yo de Nueva York. Llevamos casados siete años, y cada día aprendemos algo nuevo, ya sea de nuestras culturas, o de donde crecimos. Al principio de nuestro noviazgo dialogamos bastante acerca de lo diferente que fue nuestra crianza, yo como mujer hispana de padres dominicanos, y él como hombre blanco. Le asombraba la manera en que me comportaba con mi mamá, con la cual hablaba todos los días por casi una hora. O la manera en que mi mamá se comportaba conmigo, todavía queriendo cuidarme hasta después de estar casada. Mi esposo, sin embargo, creció bien independiente. Poco a poco se fue acostumbrando y aprendiendo que estas cosas eran importante para mi, como yo también fui aprendiendo de las cosas que eran importante para él, por ejemplo, el amor a los deportes profesionales.

Durante nuestro retiro de preparación para el matrimonio tuvimos la oportunidad de dialogar y describir costumbres de cada una de nuestras culturas que podrían impactar más adelante nuestro matrimonio. Las diferencias en culturas a veces aparecen de maneras sutiles en el matrimonio, y pueden crear dificultades si no existe comunicación entre la pareja. Es importante tener una disposición abierta para abrazar las costumbres y las expectativas que son importantes para cada pareja.

Reconocer y hablar de las diferencias

Durante su noviazgo, tomen tiempo para hablar acerca de su niñez y no dejar por desapercibido la importancia de ciertas costumbres y experiencias que pueden influenciar sus comportamientos. En una conversación con mi amiga, ella me comentó que durante su noviazgo, ella y su esposo que es de una etnicidad diferente, hablaron mucho acerca de su experiencia con el racismo, una experiencia muy lejana para su esposo. Fue importante para ella poder ser vulnerable y que existiera una apertura de parte de él para recibir lo que ella le presentaba, y de no minimizar sus experiencias. Esta conversación ayudó mucho a su esposo a comprenderla y ayudarla a navegar sus emociones, y responder adecuadamente.

Ser pacientes y seguir aprendiendo

Darse oportunidad para conocerse y crecer juntos es importante durante el noviazgo y su vida de casados. Ser paciente con uno mismo y con su pareja cuando resaltan cosas únicas a su cultura, ayuda a crear una atmósfera abierta para usted y su pareja. Yo vengo de una familia vibrante y animada, especialmente cuando se reúnen todos los familiares a la misma vez. Mi esposo no vino de una familia grande, y a veces pensaba que estábamos peleando cuando nos escuchaba hablar.

No todo va a tener sentido al principio, y hasta podemos criticar ciertas cosas de nuestra pareja y de su familia. Por eso es importante observar y hacer preguntas cuando no comprendes algo, aunque sea incómodo. Esto demuestra un sentido de curiosidad como también interés en aprender más acerca de los antecedentes familiares y las costumbres que nos influyen.

 

No hagan suposiciones

En la celebración del Día de Acción de Gracias durante nuestro primer año de casados, invitamos a mi familia a celebrar con nosotros. Teníamos música alta tocando de fondo, como era de costumbre en mi familia, mientras preparamos el pavo y la cena. De vez en cuando mi esposo entraba a la cocina, pero luego se iba un poco molesto. Mientras, yo seguía cantando y bailando con mi prima, mi hermana y mi mamá. Después de la celebración le pregunté a mi esposo qué le pasaba, y él me respondió que usualmente en su hogar, él era quien preparaba la cena para su familia, y se sintió molesto de que no le dimos esa oportunidad. Obviamente, no sabía lo importante que era para él tomar parte de las preparaciones, pues crecí entre las normas culturales donde las mujeres eran las que preparaban la comida, y yo asumí que no le interesaba.

Instruir a sus familiares cuando sea necesario

El Papa Francisco en Amoris Laetitia nos comenta: “Los esposos que se aman y se pertenecen, hablan bien el uno del otro, intentan mostrar el lado bueno del cónyuge más allá de sus debilidades y errores (113). Yo crecí en un ambiente donde no faltaba el gentío que venía a nuestro hogar a celebrar algún acontecimiento. De esta forma me acostumbré a siempre estar rodeada de personas, algo que es común en las personas extrovertidas. Mi esposo es introvertido. Me costó tiempo realizar que a veces cuando estamos en reuniones familiares él necesita receso para poder recargarse. Mi familia notaba esto, y pensaba que no les caía bien, y a veces hacían comentarios acerca de su comportamiento. Tuve que explicarles que no era algo en contra de ellos, y fue un momento de aprendizaje para ellos también. Para ayudarnos, mi esposo y yo creamos un plan donde nos señalamos cuando el necesitaba un tiempo de receso durante una visita familiar.

Ser razonables con sus expectativas

Lo más seguro es que su pareja no hable español, o no tiene ritmo para bailar su música. Podemos entrar en el error de que “si me ama, hará el esfuerzo”. Pero la realidad es que aprender un lenguaje nuevo como adulto es un don, y no es tan fácil poder pensar y hablar en un lenguaje diferente al lenguaje nativo. Me enojaba bastante al principio porque estaba centrada en que mi esposo aprendiera español para que se comunicase mejor con mi familia, pero no era por falta de esfuerzo. Me dediqué entonces a darme cuenta de las diferentes maneras que él intentaba comunicarse y relacionarse con mi familia. De esta manera, aprendí a valorar la manera en que él y su familia pasan tiempo juntos viendo deportes profesionales.

Compartir y celebrar los dones que trae cada cultura

Una de las cosas más bellas de una pareja mixta es poder compartir sus tradiciones. Durante la planificación de nuestra boda, incluimos elementos de cada una de nuestras culturas. La ceremonia fue bilingüe, y durante la recepción, incluimos comidas, música y bailes de cada una de nuestras culturas. Esto brindó la oportunidad de que ambas familias aprendieran y celebraran elementos de cada una de nuestras culturas. Fue super divertido ver como su familia y amistades disfrutaron aprendiendo a bailar merengue y mi familia la música country.

 

Crear nuevas tradiciones

Es bello poder unir elementos de cada cultura en la relación. En vez de solamente enfocarse en uno u otro elemento de cada cultura, intenten crear una unión de ambas culturas, y formar sus propias tradiciones. Ya sea comida, música, tradiciones…, es importante que existan elementos de las dos tradiciones que acomoden ambas culturas adecuadamente. Al final del día, las diferencias que pueden existir crean momentos para seguir aprendiendo y creciendo juntos. Durante nuestro noviazgo, Evan y yo creamos una lista de canciones en Spotify con música romántica de cada género, y así él aprendió a disfrutar de la música en español, y yo de la música country.

Ante todo, ser amigos y construir una vida en conjunto. El Papa Francisco nos recuerda en Amoris Laetitia lo importante que es la amistad en el amor conyugal. El nos dice: “Después del amor que nos une a Dios, el amor conyugal es la máxima amistad. Es una unión que tiene todas las características de una buena amistad: búsqueda del bien del otro, reciprocidad, intimidad, ternura, estabilidad, y una semejanza entre los amigos que se va construyendo con la vida compartida” (Amoris Laetitia, 123). Por último, no dejen a un lado el divertirse mientras se acomodan y continúan aprendiendo el uno al otro.

5 GRADOS DEL AMOR EN LA PAREJA

Vivir en pareja no es sencillo porque solemos creer que no tenemos que prepararnos para amar. Creemos que es un sacrificio, en lugar de valorar que es una relación para encontrar cada día la belleza que nos rodea; y donde aprendemos a ser un don para quien elegimos amar. Pero este paso requiere aprendizaje y discernimiento para saber elegir bien.

Encontrar la belleza al amar requiere fe, coraje y disciplina. Es decir, requiere que elijas ser protagonista de lo que tú anhelas vivir. Amar es la actividad más noble del ser humano y una de las claves de la vida diaria, por tanto, más que un enigma,  amar es buscar bienes para quien se elige amar.

Es pasar de un enigma a un misterio, es decir que es elegir vivir dentro de un proyecto que tiene en sí un propósito que está llamado a descubrirse día a día. El matrimonio, es vivir en un proyecto, un designio que sale a la luz para ir descubriéndolo y con ello dejarse sorprender por las maravillas que están en esta vida para que lo descubramos cada día.

Esto no siempre es fácil de lograr, a veces nos topamos con el corazón herido que se forma por las circunstancias y eventos que cada persona va viviendo y que los esposos, varón y mujer, suelen enfrentar como grandes desafíos más de una vez al día.

Pensar que el matrimonio es como vivir en un campo de flores y que se puede ignorar las tormentas que trae el agua para que esas flores se hidraten, sería vivir un cuento de niños o un amor muy inocente y un tanto adormilado.

Aprender que el amor de una pareja pasa por diferentes grados dará la oportunidad de elegir la manera en que se quiere amar a quien elegimos para formar una pareja. Amar porque te aman es un amor condicionado y va a terminar por destruir la relación.

Quiero hablarte, en esta ocasión, de las 5 formas o grados en que amamos en una relación de pareja. Veamos en qué grado sueles amar tú y así podrás comprender por qué tu cónyuge te ama como lo hace.

  1. Afecto

Este grado de amor no solo está en la pareja sino en cualquier persona que conocemos y con la que sentimos que tenemos algo en común, es decir que llama nuestra atención.

Es la manera de amar incluso de los animales, es consecuencia de tener un corazón que quiere aprender a amar y su enemigo principal es querer poseer a la otra persona, es el deseo de que te pertenezca.

Es cuanto estamos dispuestos a ser humildes y hacerle sentir a la otra persona que pertenece y es digna de recibirte, es cuando le dices a tu pareja: te acepto porque compartimos algo en común.

Pero vamos a algo más profundo en el corazón, quien nos enseña a amar: Eros. Recordemos que el amor en pareja es un hacer de cada día por lo que podemos transitar del grado uno al quinto de acuerdo a nuestras decisiones.

  1. Eros

Es la pasión, es lo que nos hace sentir mariposas en el estómago que mueven nuestra voluntad incluso a situaciones que no querríamos o a las que les tenemos miedo. Esta manera de amar busca resultados personales a través de la otra persona. Está implicada la sexualidad de la mujer y del varón, se siente a nivel corporal porque el cerebro al sentir el eros (atracción sexual), produce oxitocina que elimina el cortisol y el estrés.

Por eso es tan buscado y anhelado por el varón, su masculinidad lo impulsa a amar de esta manera, donde el lenguaje no verbal lo dice todo.

Una vez que la pareja siente que tiene algo en común y que puede expresarse, no sólo desde su lenguaje no verbal, (donde se dice todo sin pronunciar palabra) sino un lenguaje únicamente corporal, se eleva a un amor más sincero.

  1. Amistad

Es un amor que se siente, es compartir un proyecto en común. Es la suma de lo mío con lo tuyo para que dé como resultado un nosotros.

Ayuda a vivir en bienestar tener un amigo con quien poder compartir. Hace que el mismo cuerpo genere dopamina y  serotonina de forma natural; ambas generadoras de alegría.

Se crea un equipo de trabajo, donde cada parte aporta para el bien común.

Sale del corazón que nos fue dado, deja atrás al corazón herido que creamos a través de nuestras decisiones.

Igual que a ti te gusta sentirte apreciada, a tu pareja también le gusta y le hace sentir confianza sentirte cerca con la amistad que puedes otorgarle.

Un matrimonio que no comienza por la amistad, o un amor recíproco, no puede llegar al amor libre que elige.

Alguien que elige buscar lo que les une en común, que siente atracción y que elige compartir su proyecto para hacerlo crecer, puede elegir ser don para quien decide amar.

  1. Donación

Es cuando elegimos dar porque queremos, sin buscar reciprocidad, cuando elegimos amar antes de ser amados. Es cuando llenas, a quien tú eliges amar, de afecto, eros y le otorgas tu amistad para crecer juntos.

Es decirle “quiero lo mejor para ti y lo demuestro sin usarte”.

Todos estamos llamados a amar desde la donación, donde te reconoces como un don para la vida de los demás porque sabes que puedes elegir aceptar a la otra persona sin querer cambiarle.

Es amar a través del amor que hay en tu corazón, a través de la luz especial y única que hay en ti. Es poder decirle a tu pareja “te amo porque elijo amarte, tal cual eres, con tu belleza y tu torpeza sin pretender que seas como yo. Te amo porque te reconozco como don para mi vida, desde el amor con el que Dios te creó”.

Y al elegir, decirle a tu pareja que lo amas por lo que es y no por lo que hace. Es posible que le ames desde el grado máximo de amor, un amor libre que elige amar.

  1. Libre

Es un amor elegido, es cuando el amor que diste a esa persona regresa a ti y ella te ama desde el grado del afecto, y tú, aun así eliges dar un amor en libertad. Es no sólo decírselo a tu pareja sino sentir y vivir en ti que eliges amar.

Es poder decir y llevar a la acción las palabras de dar como el otro necesita y recibir como se te da.

Es saber recibir todo lo que llega a ti como un milagro, y que al elegir el amor libre sean acciones que resuelven el misterio del amor, a través de las bendiciones que la otra persona recibe de tu parte, aunque esa persona no reconozca las gracias recibidas en ese momento.

Es cuando eliges compartir las gracias divinas que hay en ti y que decides de manera libre compartir con quien tu quieres hacerlo.

Ahora ya conoces una nueva forma de ver el amor, ¿hacia qué grado de amor vas a dirigir tus decisiones y acciones?

¿En qué grado está tu pareja o tus hijos? ¡Tú puedes elegir darles un amor libre que les da lo que ellos necesitan para que su corazón vibre al ritmo del amor y no de sus heridas! Elige como vas a amar tú a partir de hoy.

Perfectamente Imperfectos

El Día después de la Boda sucede que abres los ojos,  respiras profundo, te detienes a pensar y puedes llegas a preguntarte ¿Qué hice? Esta pregunta puede surgir muchas veces a lo largo de la vida matrimonial, te has embarcado en uno de los retos más grandes de tu vida; por un lado es una fuente constante de aprendizaje y crecimiento donde vivirás las más grandes experiencias de la vida. El matrimonio cristiano es un sacramento, no se sostiene solo con la voluntad de los contrayentes, es un misterio en donde también se encuentra Dios dándonos su gracia.

En nuestra experiencia como Matrimonio Creyente y como Coaches Profesionales, hemos experimentado en carne propia como venimos al matrimonio con nuestras cosas buenas, pero también con nuestras limitaciones, desde los ojos de la Fe esto nos abre una gran oportunidad para aprender a Amar, venimos al matrimonio “Perfectamente Imperfectos” con una larga vida por construir. Las limitaciones del otro no son un problema sino una gran oportunidad, en un lenguaje católico diríamos que son una fuente de santificación, como dice el Papa Francisco: La “Santidad de la Puerta de al Lado”, de aquellos que viven cerca de nosotros (cfr:GE.7); en el hogar tenemos el lugar perfecto para conocernos a nosotros mismos y conocer a los demás, un camino de humildad donde aparece lo que somos, por eso es tan importante la Visión de Esperanza del Creyente para sembrar cada día nuevas semillas de servicio, de buenas palabras, de comunicación, de paciencia, entrega, de pequeñas y grandes decisiones que hacemos buscando el bien común y el bien del otro. ¿Qué hice al casarme por la Iglesia?.. Elegiste hacer el bien: Seguiste el llamado de Dios para llegar a Ser la Mejor Persona posible, elegiste el Camino de la Santidad de la mano de alguien muy especial en tu vida. Porque definitivamente, esta carrera es de tiempo y paciencia, de largo alcance, cuando menos te imaginas tus imperfecciones son un gran reto que hace crecer la paciencia. Y por otro lado, también te toca recibir las consecuencias de las imperfecciones de tu pareja. Así que nadie queda excluido en cuanto a esto.

Todos pasamos por este camino hacia la santidad como matrimonio. La pregunta es como desea nuestro corazón vivir esta experiencia: con la queja de “No sé que hice al casarme”… O Pasar de la queja a la aceptación de las imperfecciones mutuas para mirarlas con amor, paciencia y esperanza, hasta que la muerte nos separe. No hay medias tintas en mi elección diaria: pensar que mi matrimonio es insoportable y una desgracia o decido amar entregando el corazón y elijo sentirme amado dando gracias Dios por mi Matrimonio “Perfectamente Imperfecto”.

 

 

Por: Carlos y Elsy Canseco-Acatitla

Nuestra Intimidad nos Pertenece

Con este título, vamos a sacar de primer plano lo que todo el mundo está pensando, nuestra intimidad sexual. Claro que nuestra intimidad sexual es sagrada y la debemos guardar como lo que es, un Don de Dios, que embellece el encuentro de los esposos. El papa Francisco nos dice, “Entonces, de ninguna manera podemos entender la dimensión erótica del amor como un mal permitido o como un peso a tolerar por el bien de la familia, sino como don de Dios que embellece el encuentro de los esposos.”[1]

Claro que desde la luna de miel depende gran parte el futuro matrimonial, en el comienzo puede ser agradable o desagradable. Dependiendo de la capacidad de la madurez de la relación. Se vive con intensidad la novedad del momento sin olvidar la responsabilidad que contraíamos. Desde antes de nuestro matrimonio tomamos la decisión de usar el método natural, “el ritmo.” Fue un compromiso que se hizo a conciencia, que nos trajo mucha felicidad y paz. Hoy damos testimonio que eso nos unió mucho como pareja, donde hubo mucho dialogo para postergar las relaciones sexuales para luego. “El papa nos ensena que “… sin embargo enseño (San Pablo) que la sexualidad debe ser una cuestión de conversación entre los conyugues: planteo la posibilidad de postergar las relaciones sexuales por un tiempo, pero de común acuerdo.”[2]

Para que el acto sexual entre esposos sea sano, natural y bueno se requiere de una comunión total y una disciplina que excluya el capricho y la sumisión. “La sexualidad esta de modo inseparable al servicio de esa amistad conyugal, porque se orienta a procurar que el otro viva en plenitud.”[3]

Todo acto sexual debe contar con un ambiente ameno, apacible, afectivo, honesto, claro, sincero y amoroso, solo así podemos llegar a la puerta de la felicidad y de una verdadera comunicación.

Como pareja debemos ser creativos para embellecer la relación. Siempre buscando puntos de apoyo corporales y espirituales para que el crecimiento de la relación sexual sea duradero y exclusivo. Ambos trabajamos en el bien de la fidelidad y la entrega total. Ninguno de los dos debe” renunciar a toda necesidad personal y solo se preocupa por hacer el bien al otro sin satisfacción alguna. Recordemos que un verdadero amor sabe también recibir del otro…” [4]

Es aquí donde se encuentra el gran secreto de la delicadeza, “Quien quiere dar amor, debe a su vez recibirlo como don.”[5] Hay que encontrar el equilibrio humano para seguir viviendo y creciendo en el amor. Cada donación mutua debe contribuir a la confianza, trayendo seguridad a la reciprocidad, a la comunión y a lo más importante el amor.

Autores: Olga y Ramon Tapia

 

[1] Amoris Laetitia 152.

[2] Amoris Laetitia 154 and 1 Corintios 7,5.

[3] Amoris Laetitia 156.

[4] Amoris Laetitia 157.

[5] Ibid.