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Por Tu Matrimonio

Category Archives: Vida de Casados

Celebremos el Tiempo de Pascua en Familia

El domingo después de la Pascua de Resurrección celebramos el Domingo de la Divina Misericordia. Los invitamos durante los 50 días del Tiempo de Pascua meditar sobre la misericordia y perdón en la familia.

La Doctora Dora Tobar comparte su reflexión en nuestro blog El Poder del Perdón.

Otros artículos que podrían ayudarlos a reflexionar sobre la misericordia: Me Perdono, me perdonas y te perdono, El Perdón en la pareja sí es posible, y Espiritualidad del matrimonio.

El tiempo de Pascua nos recuerda que la verdadera felicidad no se encuentra en bonitos sentimientos, sino de unir nuestro sufrimiento a Cristo para compartir en su resurrección. “Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito” (Spe Salvi 37). ¿Cómo se aplica al matrimonio? El matrimonio implica trabajo y superar los desafíos juntos. Lee más en el artículo La felicidad, el sufrimiento y el sentido de la Pascua.

Lee la historia inspiradora de una pareja que superó un tiempo difícil agarrados de la mano del Señor. “Los esposos que logran reconocer que ‘el amor que no puede sufrir no es digno de llevar ese nombre’ (Santa Clara de Asís), sabrán que superar los obstáculos, con la gracia de Dios, los ayudará en el crecimiento del amor mutuo y hacia Dios”. Cómo salvamos nuestro matrimonio

Cómo salvamos nuestro matrimonio

Por Verónica López Salgado

Una página de nuestra historia

Mi esposo y yo estuvimos a punto de darnos por vencidos, casi se nos acaban las fuerzas y permitíamos que fallara el amor entre nosotros; ¡por poco nos separábamos! Hoy, a más de un año después de la tormenta, y a pesar de lo duro que fue rescatar nuestro amor y luchar por nuestro matrimonio y familia, podemos decir con gran alegría y firme certeza que ¡lo logramos y estamos más enamorados que siempre! Pero ¿Cómo lo hicimos? ¿Por qué razón no desistimos? ¿Por qué no nos dimos un tiempo de separación en nuestra relación como hacen tantas parejas en la actualidad? La verdad es que no fue una cosa específicamente lo que salvó nuestro matrimonio, sino más bien, una serie de importantes decisiones que tomamos conscientemente día con día durante el tiempo de crisis las que, con la gracia de Dios, nos ayudaron a no rendirnos.

Nuestro matrimonio no comenzó como idealmente y con sabiduría aconseja la Iglesia Católica de acuerdo con la Sagrada Escritura: “Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola carne” (Gn 2,24). En cambio, nosotros nos embarazamos primero, años después comenzamos a vivir juntos, luego nos casamos por lo civil y años más tarde recibimos la bendición de Dios en nuestra ceremonia de boda católica. Durante esta línea de tiempo, la mayor parte lo vivimos en casa de mis padres. Al cuestionarnos, reflexionar y orar sobre la complejidad de la crisis matrimonial que atravesábamos – para así poder comenzar el proceso de sanación – descubrimos que las heridas profundas que ambos teníamos se debían en gran parte a que no comenzamos nuestra familia como un sano matrimonio: juntos y solos de la mano de Dios como lo habíamos prometido en el altar.

Por eso, cuándo ya la carga se hizo muy pesada, el dolor más profundo y la lucha más difícil, llegó la prueba de fuego como un incendio voraz que acechaba con devorar nuestro amor. Justamente fue durante la Cuaresma, experimentando así nuestro propio calvario. ¡Vaya que fue inolvidable! pues jamás habíamos vivido tan intensamente la Pasión de Cristo como el momento en el que nos dimos cuenta de que nuestro matrimonio se estaba desmoronando en mil pedazos.

No solo estábamos sufriendo nosotros dos, pero también nuestro hijo; y esto convertía nuestra realidad en una triste y muy delicada situación. Fue en ese momento cuando nos armamos de valor para luchar contra todo lo que amenazaba con destruir nuestro matrimonio y familia. Así, resolvimos vencer la batalla de rodillas, literalmente, y no renunciar a nuestro matrimonio: llevándolo en oración ante el Santísimo Sacramento, de la mano de María rezando el Santo Rosario, aprendiendo una nueva devoción a san José dormido y dejándonos guiar con ayuda de la dirección espiritual. Incluso, en algún momento, buscamos terapia psicológica/familiar.

Llegar a ser humildes para poder pedirnos perdón y perdonar nuestras faltas no fue tarea sencilla. Tuvimos que ampliar nuestra mirada para poder disponernos a un verdadero encuentro con el otro, es decir, estar dispuestos a vernos el uno al otro como Dios ve y ama a su hijo Jesús, y como nos ve y ama a nosotros mismos. Desnudar el alma para sanar el rencor que se añejaba en nuestro corazón. Despojarnos del resentimiento. Rechazar el pesimismo y alarde, apuntando severamente los errores y defectos del otro. Al contrario, sabiendo que ambos anhelábamos la fiel restauración de nuestro matrimonio, optamos por una actitud de servicio misericordioso, entrega total, y profunda compasión. Trabajamos inagotablemente en la paciencia, lo que nos exhortó a evitar “reaccionar bruscamente ante las debilidades o errores”[1] mutuos y así reavivar nuestra conciencia de la importancia del matrimonio como sacramento sellado por Dios.

Una y otra vez, y con mucha ilusión, nos contábamos anécdotas de cómo nos habíamos enamorado y cómo fue que nació nuestra historia de amor. Nos recordábamos mutuamente nuestros votos matrimoniales y promesas ante Dios. Reconociendo que en el matrimonio hacemos un regalo de nuestro propio ser a nuestro cónyuge y que es ahí, en nuestra vocación matrimonial, en dónde Dios se hace presente como fuente viva del amor eterno e incondicional. Es justo ahí, en medio de los dos, donde la enseñanza de Cristo sobre el matrimonio y su indisolubilidad se hace más visible y palpable. Es justamente ahí, en la promesa de nuestro amor, dónde Dios se revela como el más grande Amor de los amores. Y es precisamente ahí, en nuestra humanidad como marido y mujer, dónde la magnífica visión del plan eterno de Dios para los esposos se manifiesta. ¡Que belleza es el amor humano! y cuánto más lo experimentamos a plenitud, más comprendemos que vivir una vida en gracia con Dios – en camino a la santidad – no significa no equivocarnos como matrimonio, sino todo lo contrario: es abrazar nuestro “sí” para siempre con todo lo que implica pues “la medida del amor es amar sin medida” (San Agustín).

Después de algún tiempo de luchar sin cesar, sin abandonarnos y sin dejar de amarnos, nos abrazamos sabiendo que ya habíamos superado la crisis. Ahora nos encontrábamos con la misión de continuar trabajando en la mejor versión de nosotros mismos por amor al otro y a la familia que habíamos decidido formar y proteger hasta la eternidad.

Porque vale la pena luchar por el ser amado

El amor es lo más importante para Dios, pues Dios mismo es fuente de todo amor. Y de manera especial, el amor y entrega que existe entre los esposos en el sacramento del matrimonio es un símbolo magistral del amor de Dios a la humanidad. Pues en su unión de amor, los esposos experimentan la belleza del amor sacrificado, comprometido, fiel, paciente e incondicional, imitando así el amor de Cristo por su Iglesia. Hoy en día, la sociedad necesita más matrimonios valientes, enamorados de Cristo, deseosos de vivir en santidad y dispuestos a amar eternamente, “hasta que la muerte los separe”.

Claramente, el matrimonio no es siempre miel sobre hojuelas, pues todos los esposos pasan por dificultades que ponen a prueba su relación. No existen las parejas perfectas o historias de amor sin caminos pedregosos, todos estamos en pie de lucha. Sin embargo, los esposos que logran reconocer que “el amor que no puede sufrir no es digno de llevar ese nombre” (Santa Clara de Asís), sabrán que superar los obstáculos, con la gracia de Dios, los ayudará en el crecimiento del amor mutuo y hacia Dios. Así conocerán el gozo y la alegría de un amor inquebrantable, como el amor de Dios por su pueblo.

“En el matrimonio, nos entregamos por completo, sin cálculos ni reservas, compartiendo todo, los dones y las dificultades, confiando en la Providencia de Dios…Es una experiencia de fe en Dios y de confianza mutua, de profunda libertad y de santidad, porque la santidad supone entregarse con fidelidad y sacrificio todos los días de la vida” (Papa Francisco).[2]

Enseñanzas  

El Papa Francisco dio inicio al Año de la Familia (2021-2022) implorándonos apoyar a las familias defendiéndolas “de todo lo que comprometa su belleza…(y) a salvaguardar sus preciosos y delicados vínculos”[3]

Por lo tanto, con este ímpetu, mi esposo y yo quisimos compartir una página dolorosa de nuestro matrimonio, pero sobre todo la lección de vida que consolidó nuestro vínculo amoroso y familiar para crecer en amor, respeto y admiración. Deseamos que otras parejas logren identificarse con nuestro testimonio y puedan superar también cualquier dificultad que estén pasando en su matrimonio.

Siete enseñanzas que aprendimos de nuestra experiencia:

  1. Disculparse y pedir perdón: “Todos sabemos que no existe la familia perfecta, ni el marido o la mujer perfectos. Existimos nosotros, los pecadores. Jesús, que nos conoce bien, nos enseña un secreto: que un día no termine nunca sin pedir perdón, sin que la paz vuelva a casa. Si aprendemos a pedir perdón y perdonar a los demás, el matrimonio durará, saldrá adelante” – Papa Francisco.
  2. Fuimos hechos para el cielo, la plenitud del amor aquí y en la eternidad – tú eres el camino a la santidad de tu esposo/a. En el sacramento del matrimonio, la santidad de tu cónyuge es parte de tu responsabilidad.
  3. El amor lo explica todo – san Juan Pablo II decía que “la persona que no decide amar para siempre, le será muy difícil amar siquiera un día”. Por eso, aun cuándo nos sentíamos ofendidos y defraudados, mi esposo y yo nunca dejamos de hacernos muestras de amor.
  4. La dirección espiritual, el Santo Rosario y san José dormido fueron nuestras armas para la batalla – la oración nos fortaleció y la dirección espiritual nos acompañó.
  5. Los amigos en la fe son un tesoro, verdaderos guerreros de oración – abrir el corazón a nuestros amigos más íntimos nos ayudó a saber que había alguien más orando por que pudiéramos superar exitosamente la amarga prueba. Jamás nos aconsejaron separarnos, ni divorciarnos.
  6. Amor a pesar de todo – ¡Nunca abandonarse!, ¡nunca renunciar!, ¡nunca rendirse!, ¡nunca flaquear! “Una resistencia dinámica y constante, capaz de superar cualquier desafío…aun cuando todo el contexto invite a otra cosa”[4]
  7. El amor vence siempre – estas palabras que san Juan Pablo II citó nos dieron ánimo cuándo más lo necesitábamos. El verdadero amor es eterno.

 

Verónica López Salgado, M.A.
Feliz esposa y mamá
Teóloga | Traductora e Intérprete | Consultora |

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[1] Papa Francisco, Exhortación Apostólica sobre el amor en la familia, Amoris Laetitia (19 de marzo de 2016) § 103, Sana Sede. https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20160319_amoris-laetitia.html#_ftnref106

[2] Rossa, CMF, Alberto. A Year with Pope Francis on the Family. (New York: Paulist Press, 2015) 38.

[3] Papa Francisco. (19 marzo 2021). El Papa al inicio del Año de la Familia: defendamos la belleza de la familia. La Santa Sede: Vatican News. Recuperado de https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2021-03/papa-francisco-mensaje-webinar-amoris-laetitia-familia.html

[4] Papa Francisco, Exhortación Apostólica sobre el amor en la familia, Amoris Laetitia (19 de marzo de 2016) § 118, Sana Sede. https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20160319_amoris-laetitia.html#Cap%C3%ADtulo_cuarto

Crecer en santidad siguiendo los consejos del Papa Francisco

¿Quiere unas ideas cómo crecer en santidad, junto con su cónyuge? ¡Intenten seguir algunos consejos del Papa! En sus homilías y discursos, el Papa Francisco ha hablado muy directamente sobre cómo deben tratarse el marido y la mujer, sobre la oración dentro de la familia y otras formas en que la familia vive su identidad como una “Iglesia doméstica”. Entonces, esta Cuaresma, ¿por qué no comprometerse con su cónyuge a probar una de las siguientes resoluciones cuaresmales, basadas en las palabras del Santo Padre?

 

  1. Usar la cortesía con su cónyuge.

Use peticiones gentiles: “¿Puedo, permiso?” Por ejemplo, “¿Te gusta si hacemos así?” y “¿Quieres que salgamos esta noche?”

“Pedir permiso significa saber entrar con cortesía en la vida de los demás. …El amor auténtico no se impone con dureza y agresividad.” (Discurso a las parejas de novios, Roma, 14 de febrero de 2014.)

 

  1. Decirle “gracias” a su cónyuge.

“Parece fácil pronunciar esta palabra, pero sabemos que no es así. ¡Pero es importante! … es importante tener viva la conciencia de que la otra persona es un don de Dios, y a los dones de Dios se dice ¡gracias!” (Discurso a las parejas de novios, Roma, 14 de febrero de 2014)

 

  1. Pedirle perdón a su cónyuge.

Diga: “Perdón”.

“Aprendamos a reconocer nuestros errores y a pedir perdón. ‘Perdona si hoy levanté la voz’; ‘perdona si pasé sin saludar’; ‘perdona si llegué tarde'”.  (Discurso a las parejas de novios, Roma, 14 de febrero de 2014)

“No terminar jamás una jornada sin hacer las paces. ¡Jamás, jamás, jamás!” (Discurso a las parejas de novios, Roma, 14 de febrero de 2014)

Es importante “tener el valor de pedir perdón cuando nos equivocamos en la familia”. (Discurso a los participantes en la peregrinación de las familias, Roma, 26 de octubre de 2013)

 

  1. Orar junto con su cónyuge y familia.

“Rezar juntos el ‘Padrenuestro’, alrededor de la mesa, no es algo extraordinario: es fácil. Y rezar juntos el Rosario, en familia, es muy bello, da mucha fuerza. Y rezar también el uno por el otro: el marido por la esposa, la esposa por el marido, los dos por los hijos, los hijos por los padres, por los abuelos… Rezar el uno por el otro. Esto es rezar en familia, y esto hace fuerte la familia: la oración”. (Homilía en el día de la familia, Roma, 27 de octubre de 2013)

Pedir al Señor que multiplique su amor y se lo dé fresco y bueno cada día. Oren juntos: “Señor, danos hoy nuestro amor de cada día”. (Discurso a las parejas de novios, Roma, 14 de febrero de 2014)

 

  1. Visitar a los ancianos, especialmente a sus abuelos.

“Los abuelos son la sabiduría de la familia, son la sabiduría de un pueblo. …  ¡Escuchar a los abuelos!” (Discurso a los participantes en la peregrinación de las familias, Roma, 26 de octubre de 2013)

“Qué importantes son [los abuelos] en la vida de la familia para comunicar ese patrimonio de humanidad y de fe que es esencial para toda sociedad”. (Ángelus en la Jornada Mundial de la Juventud, Río de Janeiro, 26 de julio de 2013)

 

  1. Compartir la fe con los demás.

“Las familias cristianas son familias misioneras. …  Son misioneras también en la vida de cada día, haciendo las cosas de todos los días, poniendo en todo la sal y la levadura de la fe”. (Homilía en el día de la familia, Roma, 27 de octubre de 2013)

 

 

Fuente
Este artículo fue traducido de For Your Marriage https://www.foryourmarriage.org/lenten-resolutions-for-married-couples-inspired-by-pope-francis/

Fue escrito en inglés por Bethany Meola.

 

Ecos de la Palabra

Ecos de la Palabra es una breve reflexión para la comunidad hispana/latina en los Estados Unidos sobre las lecturas del día y cómo aplicarlas a la vida cotidiana con nuestras familias. Edwin Ferrera compartirá esta reflexión cada miércoles en vivo a las 6pm Hora Pacífico (9pm Hora del Este) en la página de Facebook de Por Tu Matrimonio.

Edwin se desempeña como director para el Ministerio Hispano en la Arquidiócesis de Seattle, rol que asumió después de servir como director Pastoral Juvenil de la misma Arquidiócesis. Edwin posee una amplia experiencia pastoral en distintos contextos de más de 25 años. El recibió licenciaturas en filosofía y en literatura del Seminario de Monte Ángel en Oregon, una M.A. en Consejería Pastoral de la Universidad de Seattle (donde tuvo un enfoque en consejería matrimonial) y actualmente cursa estudios doctorales en teología pastoral. Originario del El Salvador, se mudó a vivir en Los Ángeles, California a la edad de 15 años. Edwin y su esposa Katia (de la Ciudad de México) son orgullosos padres de sus tres hijos, con quienes disfrutan pasar tiempo juntos explorando la belleza natural del Noroeste del Estado de Washington. Edwin puede ser contactado por email y se encuentra en LinkedIn @Edwin Ferrera. Edwin también se encuentra en las redes sociales de Facebook, en Twitter @ferreraed e Instagram @familiayfe.

Recursos Recomendados por Edwin:

Los siete principios para hacer que el matrimonio funcione por John M. Gottman, fundador de The Gottman Institute

El Amor es una Decisión más que un Sentimiento

Por Silvio Cuellar

Este mes celebramos el día del amor y amistad, y ya desde los primeros días de enero las tiendas se cubrían de rojo, con flores, chocolates para la enamorada o el enamorado. La realidad es que más de la mitad de los matrimonios hoy terminan en divorcios.

Quisiera compartir con nuestros lectores algunas estrategias que he aprendido en 20 años de estudio sobre temas familiares y casi 28 años de vida matrimonial.

  1. El primer paso para un matrimonio duradero, y exitoso es obviamente tener una buena Preparación Matrimonial. Lamentablemente muchas parejas de novios ponen más énfasis en la fiesta, el viaje que en conocerse lo suficiente y planificar las cosas importantes que determinarán el éxito o no de la pareja, como las metas personales y planes de pareja, las finanzas, la cantidad de hijos, la educación de ellos, y la fe. Dice una experta en relaciones que para que una pareja se conozca lo suficiente y su amor sea probado antes de casarse debe pasar por lo menos por cuatro estaciones: primavera, verano, otoño e invierno. En otras palabras, la relación de noviazgo debe como mínimo durar un año o más.
  2. El segundo paso es que la pareja comparta la Fe. Cuando de novios no se le da mucha importancia en muchos casos a la práctica de la religión y la vivencia de la Fe, pero cuando llegan los niños y las madres comienzan a ponerlos en el catecismo y llegar más frecuente a la Iglesia; frecuentemente el esposo se queda en casa y eso va acumulando tensión y hasta resentimiento que puede llevar al enfriamiento de la relación. Los barcos comienzan a viajar en direcciones opuestas, y obviamente en algún momento llegarán a destinos diferentes.
  3. El tercer paso o estrategia, es tener una comunicación activa. Quiere decir que los esposos aprendan a dialogar y expresar sus sentimientos sin ofenderse, expresar sus ideas y buscar un punto de encuentro o de acuerdo sin tratar siempre de imponerse sino más bien aprender a negociar y llegar a un acuerdo que no necesariamente será lo que yo quiera o lo que mi cónyuge quiera, sino que podrá ser una tercera opción.
  4. El cuarto paso es reconocer que necesitamos dejar que Dios nos cambie a nosotros mismos y adaptarnos a nuestra pareja para llegar a tener unidad y santidad. Cada uno de nosotros traemos cualidades y defectos que hemos ido heredando de generación en generación (bendiciones y maldiciones), entonces debemos reconocer nuestras debilidades para corregir nuestros defectos e identificar nuestras fortalezas para desarrollar nuestras virtudes y no quedarnos en la mediocridad. Personas que dicen “Así soy yo y así me tienen que aguantar”, normalmente llevan al fracaso de su familia.
  5. Un quinto paso es reconocer cuando me he equivocado y pedir perdón. Recientemente tuve un día de frustración y en la mañana al desayunar traté rudamente a mi esposa frente a uno de mis hijos adolescentes y me fui sin despedirme. Me sentí bastante mal después porque herí los sentimientos de mi esposa por algo que tal vez podríamos haber dialogado calmadamente. La llamé más tarde para pedirle perdón y reconocí mi error. Ella con mucha paciencia y sabiduría me dijo: “¿Cómo te sentirías después si hubiera tenido un accidente y el Señor me hubiera llamado y lo último que me dijiste fue un reproche?”. Y aún peor, “¿Qué clase de lección le estás dejando a nuestro hijo sobre cómo un esposo debe tratar a su esposa?”

Esas palabras de mucha sabiduría me hicieron recapacitar mucho y recordar que siempre estamos enseñando a nuestros hijos, más con nuestras acciones que con nuestras palabras y que ese día no fui un buen maestro. Lo triste es que muchas parejas se comportan de esta manera, todos los días y nunca piden perdón o dialogan sin ofenderse, entonces se van distanciando y los hijos también aprenden a comportarse de la misma manera. Recordemos, el amor es una decisión diaria, más que un sentimiento.

 

Silvio Cuéllar es músico pastoral, compositor, periodista y conferencista en temas de liturgia, vida y familia. Sirve como coordinador diocesano de la Oficina del Ministerio Hispano de la Diócesis de Providence, Rhode Island, Editor Asociado del periódico El Católico de Rhode Island y director de música en la parroquia Holy Spirit en Central Falls, RI, donde dirige coros en inglés y español.

 

Usado con permiso, este artículo fue publicado en El Católico de Rhode Island en febrero del 2022.

 

Una de las Mayores y más Silenciosas Pérdidas

Por Verónica López Salgado

El 15 de octubre se conmemora el Día Internacional de la Pérdida del Embarazo y la Pérdida Infantil. Tristemente, desde hace dos (2) años conozco bien esta fecha.

La muerte de quienes amamos es quizá el dolor más desgarrador que existe en el mundo. Aunque como católica comprendo que la muerte es parte natural de la vida, creo que no existe nadie que esté completamente preparado para enfrentar la pérdida de un ser querido, mucho menos la de un hijo. Tan fuerte es este tipo de pérdida, que ni siquiera existe la palabra para describir la muerte de un hijo para los padres.

Como mujer y madre, experimentar dos abortos espontáneos (este es el término médico oficial – el cual me desagrada totalmente y me causa un nudo en el estómago) en menos de un año fue, y continúa siendo, un proceso de sanación muy difícil en varias áreas de mi vida. Siento que mi corazón se quedó con un hueco que lleva el nombre de mis dos hijas.

Vivir el duelo por la pérdida del embarazo es un proceso verdaderamente imponente, sin importar el mes de gestación o bajo qué circunstancias se produjo la pérdida. En mi caso, durante la primera pérdida sufrí demasiado; experimenté mi propia Pasión y, junto a Cristo, también mi camino al Calvario. Estuve tres (3) meses en cama sin lograr recibir mejor atención médica de mi ginecólogo de aquel entonces, sin poder entender los violentos síntomas que padecía y enfrentándome, en total, a tres (3) legrados (término médico) porque mi vida corría peligro. Paradójicamente, dentro de un período de nueve meses volví a perder un segundo embarazo – otra niña. Sin embargo, esta vez el dolor más grande no era precisamente el físico, sino el dolor emocional además del psicológico: el corazón de mis hijas había dejado de latir y yo no pude hacer nada para evitarlo.

Fue en ese tiempo – entre la pérdida de la primera bebé y la segunda – que aprendí cuan común es la pérdida espontánea de un embarazo. Varias amigas, conocidas e incluso familiares habían pasado por lo mismo, ¡y yo lo desconocía! De acuerdo con Mayo Clinic, “alrededor del 10 al 20 por ciento de los embarazos conocidos terminan en un aborto espontáneo”. Es muy probable que el porcentaje sea mayor, “ya que muchos abortos espontáneos ocurren en una etapa tan temprana del embarazo, que una mujer no llega a saber que estaba embarazada”. Conocer esto fue tan alarmante que provocó en mi un gran deseo por ‘hacer más’. En medio de mi depresión, sentí el cariño de mucha gente; me dediqué a buscar información y recursos (ej. libro en inglés que me regaló un amigo Grieving Together A Couple’s Journey Through Miscarriage); cómo honrar mejor la vida de mis hijas (un sacerdote jubilado en mi parroquia me escuchó en el Sacramento de la Reconciliación y luego me ayudó a planear la liturgia de una Misa especial que ahora se celebra anualmente); y de qué forma podía dar espacio a tantas mujeres que habían sufrido, tal como lo hice yo, para que pudieran sentirse acompañadas. Durante este tiempo, comprendí también que la madre no es la única persona que sufre cuando se experimenta la muerte gestacional, perinatal o neonatal. Los padres y la familia también sufren de alguna manera.

Pero ¿por qué suceden este tipo de pérdidas? Existen varias causas, factores de riesgo y complicaciones de salud (Causas y síntomas) que aumentan el riesgo de perder a un hijo durante el embarazo o al nacer. No obstante, muchas veces se desconoce a ciencia cierta lo que pudo haber causado le muerte de un bebé en el vientre de su madre o a las pocas horas o días de nacido.

Es imperativo subrayar que no por ser una pérdida tan común, es más fácil de afrontar. El duelo perinatal es una realidad poco visibilizada. Los padres y madres que pierden un bebé antes de su nacimiento se enfrentan a una situación tan lamentable que la sociedad no sabe muy bien cómo acompañar a los padres dolidos.

El impacto emocional en los padres después de una pérdida gestacional, perinatal o neonatal puede ser tan profundo y doloroso que el apoyo y reconocimiento de la vida de sus hijos es tan importante y necesario, como lo es el acompañamiento durante el proceso de duelo y sanación.

Si bien la Iglesia Católica ofrece algunos excelentes recursos para caminar con las familias que han perdido a un hijo en el embarazo o al nacer, descubrí que no es fácil encontrarlos. Por lo que es extremadamente importante para los familiares y amigos de quienes han sufrido una pérdida así, buscar en su comunidad de fe el apoyo que los padres necesitarán para sobrevivir el trauma.

Por experiencia propia, sé que el tratar de comprender el proceso de este tipo de duelo puede provocar diversas emociones en otros seres queridos del/la bebé que murió. El acompañamiento, respeto y simpatía son esenciales en todo momento.

Hoy, 15 de octubre, recuerdo y honro la memoria de las niñas que soñé cargar en mis brazos, de las hijas que no podré ver crecer aquí en la tierra y de las hermanas que mi hijo mayor no conocerá en esta vida. Me conmueve tener la certeza de que son santas gozando del paraíso con Dios, donde yo anhelo llegar un día.

Hoy quiero especialmente dirigirme a ti. A ti que has sufrido la muerte de tu bebé durante el embarazo o al nacer. Te abrazo y te comprendo. No estás sola. María, la Madre de Jesús, conoce mejor que nadie tu dolor y el mío.

Hoy también me dirijo a ti. A ti que conoces a alguien que ha experimentado este tipo de pérdida tan frecuente pero tan callada. Acércate a los padres del bebé. Hazles saber que su dolor no es ajeno. Comparte esperanza.

Este día es especial porque es una oportunidad para honrar la memoria de los bebés tan anhelados que no nacieron o que murieron al nacer. Es un momento de concientización sobre el valor de cada vida; la vida que comienza en el momento de la concepción y la vida que sufre el dolor de haber perdido un hijo.

 

Otros recursos:

Reflexiones de la Arquidiócesis de Dubuque para todos los afectados por la pérdida de un/a niño/a (parejas, madre, padre, abuelos, hermanos, profesionales de la salud y ministros)

Padres devotos luego de un aborto espontáneo (Artículo de la USCCB)

Consuelo y fortaleza ante la pena de un aborto espontáneo (Inserto para boletines de la USCCB)

Programa Este es tu hijo de la Arquidiócesis de Dubuque (pónganse en contacto con el Director de Matrimonio y Vida Familiar para información sobre cómo implementar el programa en su diócesis en inglés y/o español)

Orden Para El Nombramiento y Encomendamiento de un Bebé Fallecido antes de Nacer
– Arquidiócesis de St. Louis

Ceremonia de Nombramiento de un niño perdido por aborto espontáneo o muerte fetal
– Diócesis de Fargo

No pierdan la esperanza en su matrimonio: Dios tiene un plan divino

Cuando los hijos tardan en llegar o nunca llegan

“Confía en el Señor y de todo corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia”. (Proverbios 3,5)

 

Por:    Wanda F. Vasquez y el Padre Lorenzo Ato

Oficina del Ministerio Hispano

Arquidiócesis de Nueva York

 

Uno de los fines primarios del matrimonio es la procreación, pero no siempre es posible

El Código de Derecho Canónico del año 1917 no concretó explícitamente un matrimonio católico, pero sí especificó de una manera muy clara dos propiedades esenciales del matrimonio, mientras que la regla distingue entre sus fines primarios y secundarios. El Código dice: “La procreación y la educación de la prole es el fin primario del matrimonio; la ayuda mutua y el remedio de la concupiscencia es su fin secundario” (Canon 1013, 1917).  Según este Código, las parejas que han recibido el Sacramento del Matrimonio tienen los componentes iniciales de la construcción de una planificación familiar para su futuro ideal de tener hijos y una familia propia. Muchos disfrutan de las recompensas de los fines primarios del Código, pero, para algunos matrimonios esto no es una realidad donde tener hijos es una imposibilidad.

La infertilidad es una de esas dificultades que nadie menciona porque es un tema difícil que la sociedad tiende a dejar en un segundo plano. Muchos otros a través de influencias sociales, culturales, o ideológicas ejercen la infertilidad como un pecado, una restricción social que ridiculiza (a veces de manera violenta) a las parejas infértiles que causan depresión mayor, ansiedad, violencia doméstica, suicidio, infidelidad, divorcio y abuso de sustancias.

Según la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva (Elizabeth Hervey Stephen, 1998) los análisis de infertilidad en mujeres para los Estados Unidos van en aumento donde, “El número de mujeres que experimentan infertilidad oscilará entre 5.4 y 7.7 millones en [el año] 2025, y el número más probable será de poco menos de 6.5 millones”. En la infertilidad masculina, “el factor masculino es una causa principal o contribuyente en aproximadamente el 50% de las parejas” (Ashok Agarwal, 2021) y las estadísticas de la infertilidad en los hombres, también, va en aumento.

Parejas infértiles pueden enfrentar estigmas y otros retos

Las normas sociales dictan que la pareja recién casada debe concebir después del primer año de matrimonio. Estos estigmas y presiones sociales contribuyen al desorden de la persona humana (y posiblemente la relación) por parte del grupo dominante: parejas capaces de concebir, familia, amigos y comunidades parroquiales, por nombrar algunos. Además, muchas parejas que han intentado concebir durante muchos años después de su boda, se encuentran en un estado de mayor vulnerabilidad, especialmente cuando se descubre que uno o ambos son infértiles. Para las parejas infértiles, los estigmas sociales y culturales pueden ser devastadores ya que generan preocupaciones físicas, emocionales y psicológicas en la relación. La maternidad es una aceptación social para muchas parejas: eleva el estatus de la pareja y, para muchas, mantiene las promesas establecidas durante la preparación del matrimonio en la Iglesia Católica. En una circunstancia no planificada como la infertilidad, el potencial de maternidad y paternidad se vuelve sombrío y afecta las aspiraciones de la pareja a convertirse en padres. Además, las enseñanzas culturales de la no conformidad de la infertilidad durante estas circunstancias traumáticas contribuyen a la disfunción del matrimonio donde la culpa, el fracaso y la depresión dan lugar a la posible disolución del matrimonio.

¿Qué debe hacer la pareja cuando no hay hijos biológicos?

Queridas parejas, tengan fe: ¡Dios tiene un plan para cada uno de ustedes!

Después del Vaticano II, la ley sobre el matrimonio se ha enmendado (Código de Derecho Canónico de 1983) y dice lo siguiente: “La alianza matrimonial, por el cual un hombre y una mujer constituyen entre sí es un consorcio de toda la vida …” (Canon 1055). Este fue un gran cambio de paradigma, donde se cambió la “definición” de matrimonio de tener hijos a la unificación de los cónyuges (hombre y mujer unidos como uno).

¿Qué puede hacer un matrimonio católico que quiere tener hijos y no pueden hacerlo de forma natural?

Si una pareja no puede tener hijos en el destino de su matrimonio, el matrimonio puede continuar como un consorcio que no pierde su significado y/o importancia. El Santo Papa Juan Pablo II definió el matrimonio como mucho más que un simple acuerdo entre un hombre y una mujer, redefiniendo el matrimonio no solo como un éxodo de procrear, sino como un éxodo de toda la vida.  En su Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, él nos dice: “El don del sacramento es al mismo tiempo vocación y mandamiento para los esposos cristianos, para que permanezcan siempre fieles entre sí, por encima de toda prueba y dificultad, en generosa obediencia a la santa voluntad del Señor: lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre” (Familiaris Consortio, 55). Los dones definidos en la exhortación reordena la forma en que se ve y se experimenta el matrimonio en la vida de la pareja.

Por la pareja que no puede tener hijos, el amor en el matrimonio es fundamental y los componentes de la relación alcanzan una nueva perspectiva:

La fecundidad también puede provenir de la fidelidad a Dios

La fecundidad puede venir de muchas formas y no necesariamente a través del nacimiento de un bebe. También puede manifestarse de nuestra propia fidelidad a Dios. Cuando la pareja se abre al divino plan de Dios, hay esperanza para el éxodo del matrimonio. Además, en la Exhortación Apostólica Postsinodal del Papa Francisco, Amoris Laetitia (La alegría del amor), el Santo Padre nos indica sobre las “situaciones imperfectas” y cómo esas situaciones afectan a la persona humana, la pareja y la familia. Él anima a una “cultura de encuentro,” como una manera de ser fructífero a través de la búsqueda de la vida familiar de una manera inclusiva que envuelve tíos, primos, parientes, familiares de parientes y amigos, quitando el enfoque a la familia nuclear y elevando una mayor concentración a las relaciones. Esto incluye el cuidado pastoral y el apoyo que recibimos de nuestros párrocos y comunidades parroquiales, acompañando a las parejas en su camino matrimonial. (cf. Amoris Laetitia 58-88, 165-198)

Dejen que la luz de Dios brille en, y a través de su matrimonio

“No se nieguen el uno al otro, a no ser de común acuerdo y por algún tiempo, a fin de poder dedicarse con más intensidad a la oración; después vuelvan a vivir como antes, para que Satanás no se aproveche de la incontinencia de ustedes y los tiente” (1 Corintios 7,5). 

Jesucristo es la luz del mundo y el matrimonio debe ceder a las alegrías del matrimonio. Dios está haciendo lo que es mejor para los cónyuges, aunque no es evidente, y Él es soberano sobre su matrimonio, incluyendo su éxodo. ¡Entréguense a Él y Él le revelará Su divino plan!

Los cónyuges católicos tienen muchas razones para tener un matrimonio feliz y perpetuo. Si una pareja casada que no puede procrear, o se ven impedidos de adoptar, no se puede concluir que sea por razones egoístas. La pareja debe discernir, ayudada por la fe y la oración, para encontrar buenas alternativas. Lo importante es reconstruir su matrimonio con esperanza y optimismo, con la suficiente amplitud de miras para acoger la voluntad del Señor.

Otro artículo relacionado: Aquí pueden leer la experiencia de una pareja que anheló un hijo por cinco años y pudieron concebir con la ayuda de NaProTECNOLOGÍA.

 

Bibliografía

Elizabeth Hervey Stephen, Anjani Chandra, Updated projections of infertility in the United States: 1995–2025, Fertility and Sterility, Volume 70, Issue 1, 1998, Pages 30-34, ISSN 0015-0282, https://doi.org/10.1016/S0015-0282(98)00103-4. (https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0015028298001034)

Ashok Agarwal, Saradha Baskaran, Neel Parekh, Chak-Lam Cho, Ralf Henkel, Sarah Vij, Mohamed Arafa, Manesh Kumar Panner Selvam, Rupin Shah, Male infertility, The Lancet, Volume 397, Issue 10271, 2021, Pages 319-333, ISSN 0140-6736, https://doi.org/10.1016/S0140-6736(20)32667-2. (https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0140673620326672)

Buscando tratamientos para la infertilidad que respetan al plan de Dios

Por Roberto y Claudia Vargas

Nunca sabes lo que tienes, hasta que recuerdas como era tu vida antes de tenerlo. Cualquiera que tiene hijos sabe que la vida cambia radicalmente al darle la bienvenida a un pequeño retoño de amor. Para nosotros fueron más de cinco largos años anhelando tener un bebé.

Nuestros primeros años sin poder concebir

Nos casamos en septiembre del 2012. A los pocos meses de casados, decidimos mudarnos a otro estado y comenzamos a intentar tener un bebé a finales de ese mismo año. No lo teníamos todo resuelto; rentábamos un departamento pequeño de una habitación, dirigíamos una pequeña empresa y yo había comenzado un nuevo empleo como auditora para el gobierno estatal. No vivíamos en la casa de nuestros sueños y nuestros ingresos no eran los mejores; de hecho, estábamos pagando algunas deudas que habíamos adquirido el invierno anterior. Sin embargo, pensamos que un bebé sería increíblemente amado a pesar de nuestras circunstancias. En fin, teníamos la convicción de que Dios nos concedería el regalo de tener un bebé en Su tiempo y supliría todas nuestras necesidades, como siempre lo había hecho.

Pasaron dos meses y no había quedado embarazada. Luego cuatro meses, seis, ocho, diez… un año. Mis amigas, cuñadas, concuñas y conocidas comenzaron a tener bebés, y nuestro turno parecía estar aún muy lejano. Me parecía extraño, ya que siempre había tenido ciclos regulares. Desde que nos casamos, habíamos estado usando métodos naturales de planificación familiar. Estaba muy en sintonía con mi cuerpo y muy segura de que estaba ovulando – pero por alguna extraña razón, no lograba quedar embarazada. De repente, me encontré sumergida en blogs, videos, foros, etc. que hablan sobre tratando de concebir. Comencé a llevar un registro meticuloso de mi ciclo usando múltiples métodos. Luego cambié mi dieta por una más saludable, me hice una limpieza desintoxicante y comencé a tomar suplementos para apoyar la fertilidad. Comencé a hacer más ejercicio y me propuse hacer cosas que me relajaran. Nada parecía funcionar. En lo profundo del corazón sabíamos que solo Dios nos podía conceder un milagro, y que, con esta fe en Él, seguíamos orando e implorando por un bebé.

Nuestra primera cita médica

Dejamos pasar unos meses más, con la esperanza de que en cualquier momento sucedería. Finalmente, después de muchas desilusiones y de pruebas negativas de embarazo, decidimos buscar ayuda médica. Solo quien ha pasado por la sola y dolorosa trayectoria de la infertilidad conoce la pena y la vergüenza que se experimenta al imaginarte que tu cuerpo pudiera estar roto y que no funcione como debería. Este fue el sentimiento que cargaba sobre mis hombros al entrar a mi primera consulta de infertilidad. Pronto me di cuenta de que para la doctora mi caso no era nada novedoso ni especial, y rápidamente me dejó saber cuál era el protocolo: análisis para mí y para mi esposo, y una histerosalpingografía para revisar que mis trompas de Falopio no estuvieran bloqueadas. Indicó que, si los estudios no arrojaban ninguna anormalidad, las opciones de tratamientos eran primero tomar un medicamento para provocar la ovulación, luego la inseminación intrauterina, y la fecundación in vitro como último recurso. Si nada de esto funcionaba, había las opciones de buscar donantes de espermatozoides y/o de óvulos – ella explicó. Sus sugerencias me causaron conmoción e incomodidad. ¿Cómo es que estos tratamientos pueden ser “soluciones” a un problema que ni siquiera ha sido diagnosticado? – me pregunté. Me angustió demasiado enterarme de esta realidad, pero tenía la esperanza de que los estudios revelaran alguna anormalidad y así poder dar con la raíz del problema para poder encontrar una solución de acuerdo con ello.

Incomodidad y desánimo sobre los tratamientos sugeridos

Al salir de la cita repasamos los materiales informativos. Investigamos más acerca de los tratamientos que sugería la doctora. Pronto nos dimos cuenta de que de que la inseminación intrauterina y la fecundación in vitro no eran aprobados por la Iglesia Católica porque descartan el acto sexual conyugal en el cual es concebida una nueva vida, según el plan perfecto de Dios. Aparte de no ser aprobados, no nos sentíamos cómodos con la idea de experimentar con tratamientos que no ayudaban a encontrar cual era la raíz del problema. Nos envolvía un sentimiento de desanimo y confusión, pero a la vez una extraña ilusión de que los estudios revelaran lo que realmente estaba pasando.

Llegó el día de los análisis y pronto recibimos los resultados – todo estaba totalmente normal tanto conmigo como con mi esposo. A los pocos días me hicieron la histerosalpingografía; los resultados fueron instantáneos – todo parecía estar en orden y no había bloqueo en las trompas de Falopio. Cualquiera diría que estas eran buenas noticias, pero para nosotros saber que todo estaba “normal” era confuso ya que esto no nos daba ninguna indicación del por qué no se lograba un embarazo. A concluir la cita de la histerosalpingografía, la doctora indicó que tenía infertilidad inexplicable y que el siguiente paso era tomar un medicamento para provocar la ovulación. Sugirió que, si no quedaba embarazada en tres meses, volviera con ella para probar la inseminación intrauterina, y si eso no funcionaba podíamos intentar fecundación in vitro. Salimos de la consulta desalentados; buscábamos una solución a un problema, no un vendaje que simplemente tapara cualquier complicación que pudiera haber. Además, deseábamos ser files a la enseñanza de nuestra Santa Madre Iglesia, y las opciones presentadas eran contrarias a nuestra fe.

Anhelos continuos de un hijo y sugerencias de amigos y familiares

Dejamos pasar otro año, aferrados a la esperanza de que Dios nos sorprendería en cualquier momento. Las familias en nuestro entorno seguían creciendo; más bebés nacían y nuestro corazón cada vez era más sensible al gran anhelo de tener nuestro propio bebé en brazos.  Para este tiempo, ya todos nuestros familiares y amigos nos habían preguntado si queríamos tener hijos. Nuestra respuesta siempre era muy casual – “Claro, le estamos pidiendo a Dios. Él nos lo dará cuando crea que es conveniente”. Recibíamos consejos de vitaminas que podíamos tomar, o recomendaciones de alguna “sobandera” que tenía manos milagrosas. Nos hablaron de remedios antiguos tales como tomar un huevo de pato crudo en ayunas o preparar un menjurje de hierbas hervidas con una cola de chivo. El deseo de ser papás era muy grande pero no fuimos lo suficiente valientes para intentar estos remedios, que nos parecían ser supersticiosos. Esto sería otra forma de ir en contra de la enseñanza de la Iglesia. El Catecismo dice “La superstición es la desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que impone. Puede afectar también al culto que damos al verdadero Dios” (n. 2111). Seguimos confiando en el poder de Dios.

Otra sugerencia – esta vez 100% católica

Entre todos estos consejos y recomendaciones, me llegaron dos mensajes de dos tías que radican en México; las dos me recomendaban al mismo médico. Investigué un poco y me di cuenta de que se trataba de un ginecólogo-obstetra especializado en una técnica reproductiva llamada NaProTECNOLOGÍA. Continúe investigando y supe que esta técnica fue descubierta por el mismo doctor quien creó el método de planificación familiar llamado “Creighton”. Aprendí también que todo esto era 100% católico, así que no nos demoramos y buscamos un médico NaPro en el estado donde vivimos, ya que se nos hacía muy complicado consultar a un doctor de México.

Pronto me di cuenta de que no había más que una pediatra NaPro en nuestra área. Aunque no era ginecóloga, pensamos que podía ayudarnos a identificar la raíz del problema. En la primera cita con ella me di cuenta que tenía que llevar una gráfica usando el método Creighton para que ella me pudiera orientar. Aprendimos a hacerlo y regresé después de tres meses. Me hizo muchas pruebas que la doctora anterior no me había hecho… pero tristemente, no había nada fuera de lo común. Después de casi un año de estar consultándola, refirió mi misterioso caso al Instituto San Pablo VI en Omaha, Nebraska. A la vez, decidí buscar a la ginecóloga NaPro más cerca de nosotros, aunque tuviéramos que viajar a otro estado. Se nos hacía más practico esto que ir hasta México. Después de repasar una larga lista, encontré una ginecóloga NaPro en California. Agendé cita y emprendimos nuestro viaje.

Nuestra primera cita con una ginecóloga NaPro

Llegamos a la cita con emoción y miedo a la vez. Miedo de pensar que sería el comienzo de otra larga espera, pero con la emoción de que cada vez estábamos más cerca de presenciar un milagro. La cita fue breve pero muy efectiva. Llevaba mis gráficas, y fue impresionante ver cómo después de analizarlas por tan solo unos minutos, la doctora nos comentó algo que nunca se había considerado por ningún médico que había consultado. Nos indicó que de acuerdo con mis gráficas y los análisis que ya se habían realizado, parecía que existía una posibilidad que tuviera endometriosis. Al escuchar esto mi corazón saltó, pues tenía sentido. Tenía todos los síntomas, pero ningún médico se había interesado en investigar sobre esta enfermedad. ¡Por fin recibíamos un diagnostico más claro! Aclaro que la doctora no podía asegurar que este fuera el caso y que solo con una cirugía se podía confirmar. Nos dio información acerca de la operación e indicó que su asistente se estaría en contacto con nosotros para darnos detalles del costo.

El siguiente obstáculo – el costo del tratamiento

Saliendo de la cita lo platicamos, oramos, y decidimos que sería bueno proceder con la cirugía. A los pocos días, recibimos la llamada de la clínica. Nos explicaron que los honorarios de la doctora eran más o menos $7,000 dólares y los costos de hospital eran $40,000 dólares. Por supuesto que esto no estaba dentro de nuestro presupuesto. Vimos opciones con médicos tradicionales en el estado donde vivimos, pero era complicado porque ellos no habían hecho el diagnóstico y tenían que empezar desde cero.

Consulta con el doctor NaPro en México

Finalmente, decidimos contactar al doctor que me habían recomendado mis tías de México. Mi esposo llamó a la Clínica NaPro en Puebla, MX y le explicaron que el doctor Miguel Ángel Domínguez Mena atendía a pacientes de todo el mundo, así que agendamos una cita para vernos por Skype. Llegó el día de la consulta y nuevamente fue impresionante como el doctor al ver mi gráfica, también concluía que podía ser un caso de endometriosis que requería cirugía para confirmar y corregir. Pronto decidimos proceder con la cirugía en México. Ya habían pasado muchos años y no había más tiempo que perder. Llegó la fecha de la cirugía, y efectivamente se descubrió que no solo tenía endometriosis severa, sino que una de las trompas de Falopio estaba adherida a la pared pélvica. El doctor Mena removió la endometriosis y corrigió la adherencia.

El milagro y las lecciones

La recuperación fue rápida, y para no hacer la historia más larga – a los cinco meses de haber tenido la intervención quirúrgica ¡quedé embarazada sin absolutamente ningún medicamento! Ahora gozamos de un hermoso niño de 16 meses quien nos ha venido a endulzar la vida después de tantos años de desilusión y lágrimas.

En nuestro corazón siempre existía la certeza de que Dios, en Su inmensa bondad, nos otorgaría el regalo de la paternidad un día. Pero aprendimos en el caminar que las cosas suceden en Su tiempo y que no podemos forzar algo que está fuera de nuestro control. La sociedad secular busca resultados instantáneos y las soluciones que ofrece la medicina moderna para la infertilidad no siempre tienen la dignidad del ser humano como prioridad ni como fin resolver el problema de raíz. Además, la inseminación intrauterina y la fecundación in vitro descartan el acto sexual conyugal en el cual es concebida una nueva vida, según el plan perfecto de Dios. En el proceso de la fecundidad in vitro, muchos embriones son descartados por “imperfecciones”, haciendo que los humanos tomen el lugar que solo le pertenece a Dios, y así atentando contra la dignidad del ser humano. En cambio, la NaProTECNOLOGÍA es una técnica científica muy avanzada que no solo busca identificar la raíz del problema que afecta la salud reproductiva de la mujer para así restaurarla, sino que respeta la dignidad de la vida humana y del acto sexual de los esposos que Dios mismo diseñó.

Somos conscientes de que muchas parejas no saben que las técnicas artificiales de reproducción asistida no están en el plan de Dios, y también sabemos que muchas otras parejas desconocen la NaProTECNOLOGÍA. Por esta razón, cuando sabemos de una pareja que enfrenta problemas de infertilidad, les compartimos nuestra historia y los encomendamos a María Santísima bajo la advocación de Nuestra Señora de la Dulce Espera, ya que ella fue una gran intercesora en nuestra historia de infertilidad y lo sigue siendo en nuestra nueva vocación como padres de familia.

María de la Dulce Espera, ruega por nosotros.  Haz clic aquí para una Novena a María de la Dulce Espera.

Otro artículo relacionado:  No pierdan la esperanza en su matrimonio: Dios tiene un plan divino (Aun cuando los hijos tardan en llegar o nunca llegan)

Para aprender más sobre lo que la Iglesia enseña sobre las tecnologías reproductivas: El amor vivificante en una era tecnológica

“La Iglesia siente compasión por aquellas parejas que sufren a causa de la infecundidad y desea prestarles una verdadera ayuda. Al mismo tiempo reconoce que algunas de estas ‘tecnologías reproductivas’ no son moralmente válidas para resolver esos problemas. Nosotros, los obispos de Estados Unidos, ofrecemos esta reflexión para explicar el por qué. La ofrecemos, también, para darles esperanza: una esperanza verdadera que las parejas puedan ‘recibir de Dios responsable y amorosamente los hijos’ y establecer una familia a la vez que muestran respeto absoluto por el plan de Dios para su matrimonio y por el don de los hijos.”

 

Roberto y Claudia Vargas, junto con su hijo Pablo, radican en el estado de Washington. Sirven como coordinadores generales de La Comunidad Católica Carismática de Alianza, “La Alegría del Evangelio” dentro de la Arquidiócesis de Seattle. También son parte del equipo pre-matrimonial en su parroquia y han sido facilitadores del programa Ambiente Seguro. Roberto es Caballero de Colon y sirve en en el programa de formación en la fe en la parroquia local. Claudia es actualmente una de 15 miembros del consejo pastoral arquidiocesano, está por cursar una maestría en la Universidad de Washington, y en sus tiempos libres (que nos son muchos) escribe acerca de su experiencia como esposa y mamá desde la perspectiva de la fe católica en en su blog homewithclaudia.com

 

 

 

 

 

 

Documentos de la Iglesia

Dora Tobar

La siguiente bibliografía incluye la mayor parte de los documentos de la Iglesia sobre el matrimonio, a partir del Concilio Vaticano II. Muchos abordan directamente el tema del matrimonio, y otros traen referencias indirectas pero muy importantes.

Documentos del Vaticano / Y del Papa:

Todos los documentos producidos por el Vaticano y por El santo Padre están disponibles electrónicamente en: www.vatican.va /La Santa Sede/Español

  • Catecismo de la Iglesia Católica,  #s. 369-373, #s. 1601-1666, y #s. 2331-2400. Estos números exponen de manera concisa las enseñanzas de la Iglesia referentes a la unión del hombre y la mujer y el sentido y propósito del matrimonio.
  • Papa Juan Pablo II. Código de Derecho Canónico, Cánones:  1055-1165. Enero 25, 1983. Ayudan a entender la base canónica de las enseñanzas de la Iglesia sobre le matrimonio.
  • Papa Juan Pablo II. Código de Derecho Canónico para las Iglesias Orientales, Octubre 8, 1990. Capítulo VII. La organización del Código oriental difiere del Código de la Iglesia Latina (de Occidente).
  • Concilio Vaticano II: Constitución Pastoral de la Iglesia en el mundo Moderno (Gaudium et Spes), #s. 47-52. Diciembre 1965. Aborda principalmente la dignidad el matrimonio, el papel de la familia, y la responsabilidad de la sociedad y de la Iglesia en la defensa y apoyo a la familia.
  • Congregación Para la Doctrina de la Fe: Fundamentos de los Derechos de la Familia, Octubre 22, 1983. Dirigido a los gobernantes, este documento presenta los principios fundantes del derecho a la familia que deben estar a la base de las leyes y normas legislativas sobre la familia.
  • Congregación para La Doctrina de la Fe: Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales. July 2003. Principales tópicos: naturaleza del matrimonio y sus invariables características; afirmaciones sobre el problemas de las uniones entre personas del mismo sexo y posiciones esperadas de los políticos católicos sobre legislaciones a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo.
  • Congregación para La Doctrina de la Fe: Instrucción sobre Matrimonios Mixtos/Matrimonii Sacramentum, Marzo 18, 1966.  Carta Apostólica sobre Matrimonios Mixtos /Matrimonia Mixta,  1970. Los dos documentos abordan el hecho del creciente número de matrimonios entre católicos y personas de diferentes religiones, y ofrece apoyo a estas parejas de novios y matrimonios.
  • Congregación para La Doctrina de la Fe: Instrucción sobre el respeto de la vida humana naciente y la Dignidad de la Procreación- Donum Vitae. Febrero 22, 1987. Provee guías morales sólidas para las parejas y y los científicos ocupados en la investigación bio-médica. Reafirma el hecho de que la procreación debe ocurrir al interior de un acto sexual marital y ofrece respuestas pastorales a parejas con dificultades de infertilidad
  • Congregación para La Doctrina de la Fe: Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la recepción de la comunión  eucarística por parte de los fieles divorciados que se han vuelto a casar- Annus Internationalis Familiae.  Sept. 14, 1994. Reconfirma la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio y la condición los divorciados y vueltos a casar.
  • Pontificio Concejo para la Promoción de la Unidad Cristiana. Directorio para la Aplicación de Principios y Normas del Ecumenismo. Marzo 25, 1993. Revisión del Directorio Ecuménico – Ad Totam Ecclesiam. Útil para conocer las normas y requisitos aplicables a Matrimonios Mixtos  y parejas mixtas (entre católico y persona de otra religión) que se preparan al matrimonios.
  • Congregación Para las Iglesias Orientales. Matrimonios entre Católicos Romanos y Ortodoxos – Crescens Matrimonium. Feb. 22, 1967.

Enseñanzas del Papa

Todas las enseñanzas del Papa están disponibles en la red vaticana (www.vatican.va ), excepto las que se notifican.

  • Pope Benedict XVI. Dios es amor – Deus caritas est.  Diciembre. 25, 2005. En esta primera encíclica del papa Benedicto XVI incluye referencias a la unión que nace del amor, tal cual fue deseada desde la creación, en la historia de salvación y la práctica del amor en la Iglesia, “Comunidad de Amor.”
  • Papa Juan Pablo II.  El Evangelio de la Vida – Evangelium Vitae. Marzo 25, 1995. Esta Encíclica contrasta el conflicto entre la cultura de la vida y la cultura de la muerte. Las declaraciones de las autoridades a favor de la muerte de inocentes, abortos y eutanasias.
  • Papa Juan Pablo II. Sobre la Familia /Familiaris Consortio. Diciembre15, 1981. Fundamentos sobre la naturaleza y la tarea de la familia y el cuidado pastoral de la Iglesia a las familias necesitadas. Describe el matrimonio como una relación de alianza y a la familia como Iglesia Doméstica.
  • Papa Juan Pablo II. Sobre la Dignidad y la Vocación de la Mujer – Mulieris Dignitatem. Agosto 15, 1988. Esta Carta Apostólica subraya la naturaleza y la dignidad de la mujer, su complementariedad al varón en el matrimonio, y el papel esencial de María en la Iglesia.
  • Papa Juan Pablo II. Carta a las Familias – Gratissimam Sane. Febrero 2, 1994. Escrito durante el año internacional de la Familia, el papa ofrece una reflexión sobre la comunión de personas como los fundamentos de la civilización del amor.
  • Papa Juan Pablo II. Varón y Mujer. Teología del Cuerpo. Audiencias generales del Papa Juan Pablo II de Sep. 5 de 1979 – Nov. 28 de 1984. Versión en español disponible a través de : www.vatican.va y en www.corazones.org. Editado en Español como : Juan Pablo II, Varón y Mujer. Teología del Cuerpo, Ed. Palabra, Madrid1995. Estas catequesis del papa ofrecen una profunda reflexión, basada en la antropología moderna, sobre el misterio del amor propuesto en el Génesis y en las Cartas de San Pablo, principalmente,  y que explica la grandeza y dignidad de la sexualidad y la vocación humana al amor.
  • Papa Pablo VI. Sobre la Regulación de la Natalidad – Humanae Vitae. July 25, 1968. Esta Encíclica presenta con autoridad el llamado de la Iglesia a la maternidad y paternidad responsable y los graves efectos morales y humanos de dejar esta responsabilidad a la arbitrariedad de la mentalidad y los métodos anticonceptivos y no en el uso responsable de la sexualidad.

Pontificio Consejo para la Familia
Casi todos los documentos editados por este Concilio están a disposición en español, excepto aquellos expresamente mencionados.

  • Enchiridion de la Familia: Compendio de la Doctrina de L Iglesia sobre la Familia, desde el Concilio Vaticano II hasta el presente. Introducción del Cardenal Alfonso López Trujillo. Ed. Palabra, Madrid 2001 (2ª. Edición). Una espléndido trabajo del Consejo Pontificio para la Familia, que da a conocer todos los documentos magisteriales y pastorales entorno a la familia y a la vida de pareja.
  • Familia, Matrimonio y “Uniones de Hecho” de Noviembre 21, 2000. Propone una serie de reflexiones para que los políticos y jefes de estado defiendan la dignidad de las familias constituidas por un matrimonio. Responde al intento de legitimizar las uniones de hecho o uniones libres.
  • Preparación al Sacramento del Matrimonio, Mayo 13, 1996. Contiene extensas comentarios y guías sobre la importancia de la preparación al matrimonio, las etapas de la preparación y la celebración del sacramento del matrimonio.
  • Vademecum para los Confesores sobre algunos temas de moral conyugal. Febrero 12, 1997. Ofrece recomendaciones a confesores sobre temas como el uso de los anticonceptivos yen el matrimonio y otros relacionados.

Enseñanzas de los Obispos de los Estados Unidos:

Los documentos citados provienen de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos  (USCCB) ó de la Conferencia Nacional de Obispos Católicos (NCCB), y son asequibles, en su mayoría a través de la página electrónica de la Conferencia: www.usccb.org.

  • Sigan el camino del Amor: Mensaje pastoral de los Obispos Católicos a las Familias, con motivo del año Internacional de la Familia, 1994. Noviembre 17, 1993. Este documento afirma la dignidad fundamental de la familia y ofrece una amplia presentación de la Familia Doméstica.
  • Entre Hombre y Mujer: Preguntas y Respuestas sobre el matrimonio y las uniones del mismo sexo, Noviembre, 2003. Un documento conciso sobre las razones por la cuales la Iglesia no considera válida la unión entre personas del mismo sexo.
  • Amor matrimonial y el regalo de la vida. (Married Love and the Gift of Life), Noviembre 14, 2006. Versión en español a través de store.usccb.org. Responde a preguntas sobre el uso de anticonceptivos en el matrimonio. Presenta de manera sólida y clara la propuesta católica de la Planificación Natural.
  • Siempre Serán nuestros hijos: Un Mensaje pastoral a padres con hijos homosexuales y sugerencias para agentes pastorales. 1997.) Versión en español a través de store.usccb.org. Es una respuesta de compasión y misericordia a las familias que afrontan el homosexualismo de alguno de sus miembros.
  • Bendición de la edad. Un Mensaje Pastoral para quienes avanzan en edad en la comunidad de fe, 1999. Refiere la realidad del creciente aumento de personas de edad en la sociedad y la Iglesia, y recuerda la obligación de todos de darles apoyo.
  • U. S. Norms for Marriage Preparation (Canon 1067), approved in 2000. (Sólo en Inglés) Los Obispos de Estados Unidos establecen aquí normas y guías para una buena preparación de las parejas al Sacramento del Matrimonio, casado en el Código de Derecho Canónico.
  • Cuando pido ayuda: Respuesta Pastoral a la violencia Doméstica contra las mujeres. (10º. Aniversario) Noviembre 12, 2002.  When I Call for Help: A Pastoral Response to Domestic Violence Against Women (10th Anniversary Edition). Con mucha compasión los Obispos abordan el caso de la violencia doméstica contra la mujer y envían su palabra a las víctimas, los abusadores y la comunidad de fe. Disponible en español a través de store.usccb.org.

Evaluación de la relación

Evaluación de la relación

Evaluar la relación no es poner en duda el amor, es más bien notar aquello en lo cual se puede o debe mejorar.

Por Alicia Pérez

Durante la vida matrimonial la pareja se va descubriendo a sí misma. En el día a día de su convivencia los esposos aprenden a acoplarse el uno al otro y también encuentran la manera de pulir asperezas.  Juntos van escogiendo los valores que van a abrazar y deciden cómo los van a vivir.

Importancia de evaluar la relación:

Toda pareja experimenta etapas en el matrimonio en que está más o menos satisfecho con su relación. Con todo, es importante que, con cierta frecuencia dedique tiempo para evaluar su relación y se ponga de acuerdo en el tipo de ajustes que deberán hacer para que su relación sea más satisfactoria y feliz.

Con mucha frecuencia, creyendo evitar con eso conflictos, las parejas cometen el error de callar sus insatisfacciones. De esta forma los problemas pueden crecer o se va creando el clima de insatisfacción que va dañando la relación poco a poco.

En una relación de adultos, donde cada uno se ve de igual a igual, es importante que haya un ambiente de confianza donde se puedan expresar sus necesidades sin temor a que la otra persona se moleste o no desee escuchar.

¿Cada cuanto deberá hacerse esta evaluación?

La pareja debe decidir cuándo y cómo lo hace. Parejas con buena comunicación, evalúan su relación, hasta sin darse cuenta, cada vez que surge un reto, en algún aspecto de su vida, y que lo afrontan honesta y directamente.

Si hay algo en lo cual la pareja o uno de sus miembros no está satisfecho y en lo que desea que surja un cambio, es importante que no deje pasar mucho tiempo.

Evaluar la relación no es poner en duda el amor, es más bien notar aquello en lo cual se puede o debe mejorar. Este proceso debe medir todos los aspectos de la vida matrimonial pues todos son importantes.

Sugerencia:

A continuación encontrarás algunas sugerencias para que inicies con tu pareja la evaluación de su relación. Pero es conveniente que, por separado, cada uno lea la lista  y circule el número que refleja mejor cómo se siente en este aspecto de su relación. Al terminar compartan sus observaciones, escuchen con suprema atención las respuestas que expresan las necesidades o insatisfaccionessu pareja y permítanse compartir respetuosamente las sugerencias o puntos de vista que cada uno presenta.

Es importante recordar que para que una pareja sea feliz no tiene que tener todas sus diferencias resueltas. No hay pareja que esté 100% satisfecha. La gran mayoría de las parejas aprenden a resolver una parte de sus diferencias más importantes, y aprende a vivir con las realidades del otro que no puede cambiar.

Los puntos en común son el tesoro que la pareja debe siempre resaltar por encima de las dificultades, y en el cual debe apoyarse para las discusiones. Pero cuando es necesario negociar, es importante, con mente abierta y corazón dispuesto, entrar en el “tira y afloje” de aprender a relativizar las diferencias y a ceder, unas veces uno y otras el otro.

Test para evaluar nuestra relación:

Marque con una x el número que mejor refleja su grado de satisfacción, siendo el 5 el mayor grado de satisfacción y el 1 el de poca satisfacción.

Satisfacción en la comunicación:12345
Satisfacción en forma de resolver conflictos:12345
Satisfacción en manejo del dinero:12345
Satisfacción en la intimidad sexual:12345
Satisfacción en la toma de decisiones:12345
Satisfacción en forma como educamos a los hijos:12345
Satisfacción en forma de expresar nuestra fe:12345
Me siento apreciada/o – amado/a:12345
Satisfacción en relaciones sociales:12345
Satisfacción en el uso del tiempo libre:12345
Satisfacción por relaciones con los parientes:12345
Satisfacción en la manera como nos divertimos:12345
Satisfacción en distribución de tareas domésticas:12345
Satisfacción en el tiempo dedicado al trabajo:12345
Satisfacción por valores compartidos:12345