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Espiritualidad del matrimonio

Por Dora Tobar

Por su misma esencia y origen, el amor matrimonial es una realidad espiritual. La espiritualidad es todo lo que nos permite tomar conciencia de nuestra intrínseca relación con Dios y nos ayuda a desarrollarla.

Ahora bien, por su misma esencia y origen, el amor matrimonial es una realidad espiritual. Es decir, lo sepan o no, al haber hecho del amor la razón de ser y la meta de sus vidas como pareja, los esposos han optando ya por Dios y están en el camino seguro de encontrarlo. Como lo dice la Primera Carta de San Juan: “El amor viene de Dios y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios” (4,7).

Pero además, cuando los esposos, en el sacramento del matrimonio, optan por amarse no sólo con la fuerza humana del amor sino con el amor de entrega de Cristo en la cruz, algo más grande que un simple acuerdo humano está sucediendo entre ellos. Su decisión significa que desean hacer de su vida en común el camino para identificarse con Cristo, es decir, para alcanzar la santidad.

Esta es por tanto la primera y gran oración que los esposos elevan en común y frente a la cual Dios nunca pasa desapercibido: “De la misma manera que en otro tiempo salió al encuentro de su pueblo por la alianza de amor y fidelidad, ahora el Salvador de los hombres… sale al encuentro de los esposos para unirse a su amor y permanecer con ellos” (CIC 1642).

Es más, su decisión o consentimiento de entregarse y recibirse mutuamente, por la gracia del sacramento del matrimonio, hace que los esposos queden “como consagrados para los deberes y dignidad de su estado” (Vaticano II, Gaudium et Spes, GS, 49). Por lo tanto, todo cuanto hagan para amarse será así su oración y ofrenda ante el altar del amor que Dios ha establecido ante ellos.

Esta oración se vuelve vida cada vez que los esposos se intercambian gestos y pruebas de su amor de dedicación y servicio; o cuando, con generoso corazón disponen su amor a la acción procreadora de Dios; Así mismo, se vuelve ofrenda grata cuando se convierte en disposición para entender y ceder el propio punto de vista en aras de la armonía, o cuando, ante los desacuerdos o las ofensas el amor se convierte respectivamente en aceptación respetuosa del otro, tal cual es, y en perdón misericordioso pues no se espera que el otro sea perfecto.

Es muy bello además cuando esta práctica espiritual en el silencio y la rutina de la convivencia, se puede traducir en palabras y gestos explícitos de oración, pronunciadas al unísono o en compañía del cónyuge. Pues, como dicen los maestros de espiritualidad, mediante la oración tomamos conciencia profunda de lo que Dios está realizando en nosotros. Así, los esposos pueden gozar juntos de la contemplación de la obra de Dios,  tanto en sus logros como en sus dificultades, y disponerse mejor para que siga sucediendo.

La celebración Eucarística es una excelente oportunidad para orar y celebrar juntos:

  • En sus ritos mismos de entrada podemos por ejemplo tomar conciencia que, como en el día de nuestra boda, otra vez caminamos juntos, frente al altar, dispuestos a amarnos y recibir la gracia para vivir la “común –unión”.
  • El rito penitencial nos da la ocasión de pedir perdón a Dios por nuestras faltas al amor, invocar el poder de su perdón por las heridas recibidas y unirnos a la invocación de perdón que hace nuestro cónyuge.
  • A través de su Palabra seguramente Dios tendrá una Buena Noticia para salvar nuestro amor. Estar ahí, escuchándola con nuestro cónyuge nos ayuda a recordar que nuestra relación matrimonial es el mundo inmediato donde esa Palabra debe hacerse realidad.
  • El ofertorio es igualmente un momento litúrgico donde, mentalmente estamos invitados a poner en la patena que el sacerdote levanta en el altar, todos los frutos de nuestro amor, pero también las migajas que esperan ser transformadas en pan de vida y amor.
  • Finalmente, la comunión con el cuerpo y la Sangre de Cristo que se entregó por nosotros, es el mejor alimento para que cada esposo no sólo se mantenga en la entrega sino que se convierta en el cuerpo visible de Dios para su cónyuge y su familia.
  • El rito de conclusión debe recordarnos que no salimos como entramos y que Dios se ha quedado, una vez más, con nosotros.
  • Ahora, nuestra casa debe ser “el santuario” donde se siga reconociendo y sirviendo el rostro de Cristo en nuestros “próximos” y nosotros seremos una vez más los “ministros consagrados por el amor” para la construcción y cuidado de nuestra Iglesia Doméstica. Ahí, el milagro del altar seguirá invocándose y celebrando a través de nuestras cenas en común, de nuestras conversaciones que buscan el entendimiento y la comprensión, de nuestros gestos de ternura y placer, y de todos los actos de solidaridad y entrega que conformen nuestra convivencia.

No se necesita pues nada extraordinario para vivir la espiritualidad del Matrimonio. Lo extraordinario ya ha sucedido en su mutua voluntad de amor. Dejen todo, de nuevo, en manos del Señor y El se encargará de ayudarlos a tomar conciencia de este milagro y de disponerse a seguir viviéndolo.

Cada cónyuge debe velar por mantener su espíritu alimentado en el amor. Puede siempre alentarnos la certeza, de que Dios jamás niega el amor a quien se lo pide con corazón humilde y dispuesto. Ojala los dos puedan recorrer este camino espiritual al mismo tiempo. Y cuando no, cuando uno de los cónyuges avanza primero o más en este proceso de oración y conciencia de fe, es su deber orar por el cónyuge.

Más sobre el tema en Espiritualidad y fe y La oración.

Lecturas complementarias:

  • Catecismo de la Iglesia Católica, 1641-1650
  • Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, 55-64.

La Biblia Luz y Guía para el Matrimonio y la Familia

En el mes de septiembre, la Iglesia celebra el mes de la Biblia.  Esto se debe a que fue un 26 de septiembre de 1569 que se terminó de imprimir la primera Biblia en español.  Gracias a la realización de esta edición traducida por Casiodoro de Reina, los hispanoparlantes hemos tenido el privilegio de acceder a la Palabra de Dios en nuestro idioma.

Ciertamente, la Biblia es la Palabra de Dios inspirada por el Espíritu Santo.   En ella, Dios se revela a la humanidad y manifiesta su Plan perfecto para nosotros, el cual podemos resumir en solo una palabra: Amor.  El Evangelio según San Juan afirma que Aquel que es la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros.  Por ello podemos de alguna manera decir que la Biblia es Dios mismo;  y quien la lee está frente al mismo Dios; y el que está frente a Dios es iluminado, es transfigurado por la luz que proviene de Dios.

Por ello, el matrimonio y la familia que lee y medita en la Palabra, juntos la  comparten y oran inspirados por ella, son necesariamente iluminados por el mismo Dios y transformados en El, quien es el Amor, y llevados a un compromiso de vida donde reina el Amor.  Les invitamos en este mes de la Biblia a reunirse como matrimonio y como familia a leer, meditar y orar con la Palabra y le instamos a mantener siempre esta sana costumbre.  Y Dios, quien no se deja ganar en generosidad les dará la luz para entender su mensaje, la sabiduría para hacer las mejores decisiones, la fuerza para superar las pruebas y el amor para formar matrimonios y familias ¡que inspiran!

Lecturas bíblicas para la celebración

Del Antiguo Testamento:

Hombre y mujer los creó.
Lectura del libro del Génesis: 1, 26-28. 31

Dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine a los peces del mar, a las aves del cielo, a los animales domésticos y a todo animal que se arrastra sobre la tierra”.
Y creó Dios al hombre a su imagen;
a imagen suya lo creó;
hombre y mujer los creó.
Y los bendijo Dios y les dijo: “Sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todo ser viviente que se mueve sobre la tierra”.
Vio Dios todo lo que había hecho y lo encontró muy bueno.
Palabra de Dios.

Serán los dos una sola carne
Lectura del libro del Génesis: 2,18-24 

En aquel día, dijo el Señor Dios: “No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle a alguien como él, para que lo ayude”. Entonces el Señor Dios formó de la tierra todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo, y los llevó ante Adán para que les pusiera nombre y así todo ser viviente tuviera el nombre puesto por Adán. Así, pues, Adán les puso nombre a todos los animales domésticos, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no hubo ningún ser semejante a Adán para ayudarlo. Entonces el Señor Dios hizo caer al hombre en un profundo sueño, y mientras dormía, le sacó una costilla y cerró la carne sobre el lugar vacío. Y de la costilla que le había sacado al hombre, Dios formó una mujer. Se la llevó al hombre y éste exclamó: “Ésta sí es hueso de mis huesos  y carne de mi carne.
Ésta será llamada mujer,
porque ha sido formada del hombre”.  Por eso el hombre abandonará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.  Palabra de Dios.

Con el amor de Rebeca, Isaac se consoló de la muerte de su madre
Lectura del libro del Génesis: 24, 48-51. 58-67

En aquellos días, Eliezer, el siervo de Abraham, le dijo a Labán, hermano de Rebeca, y a Betuel, el padre de ella: “Bendigo al Señor, Dios de mi amo Abraham, que me ha traído por buen camino para tomar a la hija de su hermano y llevársela al hijo de mi amo. Díganme, pues, si por amor y lealtad a mi amo, aceptan o no, para que yo pueda actuar en consecuencia”.
Labán y Betuel le contestaron: “Todo esto lo ha dispuesto el Señor; nosotros no podemos oponernos. Ahí está Rebeca: tómala y vete, para que sea la mujer del hijo de tu amo, como lo ha dispuesto el Señor”. Llamaron, entonces, a Rebeca y le preguntaron si quería irse con ese hombre, y ella respondió que sí.
Así pues, despidieron a Rebeca y a su nodriza, al criado de Abraham y a sus compañeros. Y bendijeron a Rebeca con estas palabras: “Hermana nuestra, que tus descendientes se cuenten por millares y que conquisten las ciudades enemigas”. Rebeca y sus compañeras montaron en los camellos y se fueron con el criado de Abraham, encargado de llevar a Rebeca.

Isaac acababa de regresar del pozo de Lajay-Roí, pues vivía en las tierras del sur. Una tarde Isaac andaba paseando por el campo, y al levantar la vista, vio venir unos camellos. Cuando Rebeca lo vio, se bajó del camello y le preguntó al criado: “¿Quién es aquel hombre que viene por el campo hacia nosotros?” El criado le respondió: “Es mi señor”. Entonces ella tomó su velo y se cubrió el rostro.
El criado le contó a Isaac todo lo que había hecho. Isaac llevó a Rebeca a la tienda que había sido de Sara, su madre, y la tomó por esposa y con su amor se consoló de la muerte de su madre.
Palabra de Dios.

Que el Señor del cielo los acompañe, tenga misericordia de ustedes y les conceda su paz.
Lectura del libro de Tobías: 7, 6-14

En aquellos días, Ragüel besó a Tobías y entre lágrimas le dijo:
“¡Que Dios te bendiga, porque eres hijo de un padre verdaderamente bueno e irreprochable! ¡Qué gran desgracia que un hombre justo y que hacía tantas limosnas se haya quedado ciego!” Y llorando, estrechó entre sus brazos a Tobías, hijo de su hermano. También Edna, su esposa, y Sara, su hija, rompieron a llorar. Ragüel los acogió cordialmente y mandó matar un carnero de su rebaño.

Después, se lavaron, se purificaron y se sentaron a la mesa. Entonces Tobías le dijo a Rafael: “Azarías, hermano, dile a Ragüel que me dé la mano de mi hermana Sara”. Ragüel alcanzó a escucharlo y le dijo a Tobías: “Come y bebe y descansa tranquilamente esta noche. Nadie tiene más derecho que tú, hermano, para casarse con mi hija Sara, y a nadie se la puedo yo dar sino a ti, porque tú eres mi pariente más cercano. Pero tengo que decirte una cosa, hijo. Se la he entregado a siete parientes nuestros y todos murieron antes de tener relaciones con ella. Por eso, hijo, come y bebe y el Señor cuidará de ustedes”.

Tobías replicó: “No comeré ni beberé, hasta que no hayas tomado una decisión acerca de lo que te he pedido”. Ragüel le contestó: “Está bien. Según la ley de Moisés, a ti se te debe dar. El cielo mismo lo ha decretado. Cásate, pues, con tu hermana; desde ahora tú eres su hermano, y ella, tu hermana. Desde hoy y para siempre será tu esposa. Hijo, que el Señor del cielo los acompañe durante esta noche, tenga misericordia de ustedes y les conceda su paz”.

Ragüel mandó llamar a su hija Sara, ella vino, y tomándola de la mano, se la entregó a Tobías, diciéndole: “Recíbela, pues, según lo prescrito en la ley de Moisés. A ti se te da como esposa. Tómala y llévala con bien a la casa de tu padre. Y que el Señor del cielo les conceda a ustedes un buen viaje y les dé su paz”.

Entonces Ragüel llamó a la madre de Sara y le pidió que trajera papel para escribir el acta de matrimonio, en que constara que su hija había sido entregada por esposa a Tobías, de acuerdo con lo establecido en la ley de Moisés. La esposa de Ragüel trajo el papel. Y él escribió y firmó. Y después se sentaron a cenar. Palabra de Dios.

Haz que los dos juntos vivamos felices hasta la vejez.
Lectura del libro de Tobías 8, 4-8

La noche de su boda, Tobías se levantó y le dijo a Sara: “¡Levántate, hermana! Supliquemos al Señor, nuestro Dios, que tenga misericordia de nosotros y nos proteja”. Se levantó Sara y comenzaron a suplicar al Señor que los protegiera, diciendo: “Bendito seas, Dios de nuestros padres y bendito sea tu nombre por los siglos de los siglos. Que te bendigan los cielos y todas tus creaturas por los siglos de los siglos. Tú creaste a Adán y le diste a Eva como ayuda y apoyo, y de ambos procede todo el género humano. Tú dijiste: ‘No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacer a alguien como él, para que lo ayude’ ”.“Ahora, Señor, si yo tomo por esposa a esta hermana mía, no es por satisfacer mis pasiones, sino por un fin honesto. Compadécete, Señor, de ella y de mí y haz que los dos juntos vivamos felices hasta la vejez”. Y los dos dijeron: “Amén, amén”. Palabra de Dios.

El amor es más fuerte que la muerte
Lectura del libro del Cantar de los cantares: 2, 8-10.14.16; 8, 6-7

Aquí viene mi amado saltando por los montes,
retozando por las colinas.
Mi amado es como una gacela, es como un venadito,
que se detiene detrás de nuestra tapia,
espía por las ventanas y mira a través del enrejado. Mi amado me habla así:
“Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven.
Paloma mía, que anidas en las hendiduras de las rocas,
en las grietas de las peñas escarpadas,
déjame ver tu rostro y hazme oír tu voz,
porque tu voz es dulce y tu rostro encantador”.
Mi amado es para mí y yo para mi amado. Grábame como un sello en tu brazo,
como un sello en tu corazón,
porque es fuerte el amor como la muerte,
es cruel la pasión como el abismo;
es centella de fuego, llamarada divina;
las aguas torrenciales no podrán apagar el amor
ni anegarlo los ríos.  Palabra de Dios

Como el sol que brilla en el cielo del Señor, así es la mujer bella en su casa bien arreglada.
Lectura del libro de Eclesiástico (Sirácide): 26, 1-4. 16-21

Dichoso el marido de una mujer buena: se doblarán los años de su vida. La mujer hacendosa es la alegría de su marido, y él vivirá su vida en paz. La mujer buena es un tesoro: lo encuentran los que temen al Señor; sean ricos o pobres, estarán contentos y siempre vivirán con alegría. La mujer servicial alegra a su marido; la que es cuidadosa le causa bienestar. La mujer discreta es un don del Señor; y la bien educada no tiene precio. La mujer modesta duplica su encanto y la que es dueña de sí supera toda alabanza. Como el sol que brilla en el cielo del Señor, así es la mujer bella en su casa bien arreglada. Palabra de Dios.

Haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva.
Lectura del libro del profeta Jeremías: 31, 31-32. 33-34

“Se acerca el tiempo, dice el Señor, en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. No será como la alianza que hice con los padres de ustedes, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto. Ésta será la alianza nueva que voy a hacer con la casa de Israel: Voy a poner mi ley en lo más profundo de su mente y voy a grabarla en sus corazones. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Ya nadie tendrá que instruir a su prójimo ni a su hermano, diciéndole: ‘Conoce al Señor’, porque todos me van a conocer, desde l más pequeño hasta el mayor de todos”. Palabra de Dios.

 

Lecturas del Nuevo Testamento

¿Qué podrá apartarnos del amor con que nos ama Cristo?
Lectura de la Carta del apóstol San Pablo a los Romanos: 8, 31-35. 37-39 

Hermanos: Si Dios está a nuestro favor, ¿quién estará en contra nuestra? El que no nos escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no va a estar dispuesto a dárnoslo todo, junto con su Hijo? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Si Dios mismo es quien los perdona, ¿quién será el que los condene? ¿Acaso Jesucristo, que murió, resucitó y está a la derecha de Dios para interceder por nosotros? ¿Qué cosa podrá apartarnos del amor con que nos ama Cristo? ¿Las tribulaciones? ¿Las angustias? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La espada? Ciertamente de todo esto salimos más que victoriosos, gracias a aquel que nos ha amado; pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni el presente ni el futuro, ni los poderes de este mundo, ni lo alto ni lo bajo, ni creatura alguna podrá apartarnos del amor que nos ha manifestado Dios en Cristo Jesús.  Palabra de Dios.

Ofrézcanse ustedes mismos como una ofrenda viva, santa y agradable a Dios.
De la carta del apóstol san Pablo a los Romanos: 12, 1-2. 9-18. (forma breve: 1-2. 9-13)

Hermanos: Por la misericordia que Dios les ha manifestado, los   exhorto a que se ofrezcan ustedes mismos como una ofrenda viva, santa y agradable a Dios, porque en esto consiste el verdadero culto. No se dejen transformar por los criterios de este mundo; sino dejen que una nueva manera de pensar los transforme internamente, para que sepan distinguir cuál es la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto.Que el amor de ustedes sea sincero. Aborrezcan el mal y practiquen el bien; ámense cordialmente los unos a los otros, como buenos hermanos; que cada uno estime a los otros más que a sí mismo. En el cumplimiento de su deber, no sean negligentes y mantengan un espíritu fervoroso al servicio del Señor. Que la esperanza los mantenga alegres; sean constantes en la tribulación y perseverantes en la oración. Ayuden a los hermanos en sus necesidades y esmérense en la hospitalidad.Bendigan a los que los persiguen; bendíganlos, no los maldigan. Alégrense con los que se alegran; lloren con los que lloran. Que reine la concordia entre ustedes. No sean, pues, altivos; más bien pónganse al nivel de los humildes.A nadie devuelvan mal por mal. Esfuércense en hacer el bien delante de todos los hombres. En cuanto de ustedes depende, hagan lo posible por vivir en paz con todo el mundo. Palabra de Dios.

O bien: Forma breve: De la carta del apóstol san Pablo a los Romanos: 12, 1-2. 9-13

 Hermanos: Por la misericordia que Dios les ha manifestado, los exhorto a que se ofrezcan ustedes mismos como una ofrenda viva, santa y agradable a Dios, porque en esto consiste el verdadero culto. No se dejen transformar por los criterios de este mundo, sino dejen que una nueva manera de pensar los transforme internamente, para que sepan distinguir cuál es la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto. Que el amor de ustedes sea sincero. Aborrezcan el mal y practiquen el bien; ámense cordialmente los unos a los otros, como buenos hermanos; que cada uno estime a los otros más que a sí mismo. En el cumplimiento de su deber, no sean negligentes y mantengan un espíritu fervoroso al servicio del Señor. Que la esperanza los mantenga alegres; sean constantes en la tribulación y perseverantes en la oración. Ayuden a los hermanos en sus necesidades y esmérense en la hospitalidad.  Palabra de Dios.

Sus miembros son templo del Espíritu Santo.                                                                                                                                              Lectura de la Primera Carta del apóstol San Pablo a los Corintios: 6, 13-15. 17-20

Hermanos: El cuerpo no es para fornicar, sino para servir al Señor; y el Señor, para santificar el cuerpo. Dios resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros con su poder. ¿No saben ustedes que sus cuerpos son miembros de Cristo? Y el que se une al Señor, se hace un solo espíritu con él. Huyan, por lo tanto, de la fornicación. Cualquier otro pecado que cometa una persona, queda fuera de su cuerpo; pero el que fornica, peca contra su propio cuerpo. ¿O es que no saben ustedes que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que han recibido de Dios y habita en ustedes? No son ustedes sus propios dueños, porque Dios los ha comprado a un precio muy caro. Glorifiquen, pues, a Dios con el cuerpo. Palabra de Dios.

Si no tengo amor, nada soy
Lectura de la Primera Carta del apóstol San Pablo a los Corintios: 12, 31-13,8

Hermanos: Aspiren a los dones de Dios más excelentes. Voy a mostrarles el camino mejor de todos. Aunque yo hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, no soy más que una campana que resuena o unos platillos que aturden. Aunque yo tuviera el don de profecía y penetrara todos los misterios, aunque yo poseyera en grado sublime el don de ciencia y mi fe fuera tan grande como para cambiar de sitio las montañas, si no tengo amor, nada soy. Aunque yo repartiera en limosnas todos mis bienes y aunque me dejara quemar vivo, si no tengo amor, de nada me sirve.El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no es presumido ni se envanece; no es grosero ni egoísta; no se irrita ni guarda rencor; no se alegra con la injusticia, sino que goza con la verdad. El amor disculpa sin límites, confía sin límites, espera sin límites, soporta sin límites. El amor dura por siempre.  Palabra de Dios

Éste es un gran misterio, y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.
De la carta del apóstol san Pablo a los efesios 5, 2. 21-33

Hermanos: Vivan amando, como Cristo, que nos amó y se entre-
gó por nosotros. Respétense unos a otros, por reverencia a Cristo: que las mujeres respeten a sus maridos, como si se tratara del Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza y salvador de la Iglesia, que es su cuerpo. Por lo tanto, así como la Iglesia es dócil a Cristo, así también las mujeres sean dóciles a sus maridos en todo. Maridos, amen a sus esposas como Cristo amó a su Iglesia y se entregó por ella para santificarla, purificándola con el agua y la palabra, pues él quería presentársela a sí mismo toda resplandeciente, sin mancha ni arruga ni cosa semejante, sino santa e inmaculada. Así los maridos deben amar a sus esposas, como cuerpos suyos que son. El que ama a su esposa se ama a sí mismo, pues nadie jamás ha odiado a su propio cuerpo, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. Éste es un gran misterio, y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia. En una palabra, que cada uno de ustedes ame a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete a su marido. Palabra de Dios.

O bien: Forma breve:
De la carta del apóstol san Pablo a los efesios 5, 2. 25-32

Hermanos: Vivan amando, como Cristo, que nos amó y se entregó por nosotros. Maridos, amen a sus esposas como Cristo amó a su Iglesia y se entregó por ella para santificarla, purificándola con el agua y la palabra, pues él quería presentársela a sí mismo toda resplandeciente, sin mancha ni arruga ni cosa semejante, sino santa e inmaculada. Así los maridos deben amar a sus esposas, como cuerpos suyos que son. El que ama a su esposa se ama a sí mismo, pues nadie jamás ha odiado a su propio cuerpo, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. Éste es un gran misterio, y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia. Palabra de Dios.

Sobre todo, tengan amor, que es el vínculo de la perfecta unión
De la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses: 3, 12-17 

Hermanos: Puesto que Dios los ha elegido a ustedes, los ha con-sagrado a él y les ha dado su amor, sean compasivos, magnánimos, humildes, afables y pacientes. Sopórtense mutuamente y perdónense cuando tengan quejas contra otro, como el Señor los ha perdonado a ustedes. Y sobre todas estas virtudes, tengan amor, que es el vínculo de la perfecta unión. Que en sus corazones reine la paz de Cristo, esa paz a la que han sido llamados como miembros de un solo cuerpo. Finalmente, sean agradecidos.Que la palabra de Cristo habite en ustedes con toda su riqueza. Enséñense y aconséjense unos a otros lo mejor que sepan. Con el corazón lleno de gratitud, alaben a Dios con salmos, himnos y cánticos espirituales, y todo lo que digan y todo lo que hagan, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dándole gracias a Dios Padre, por medio de Cristo.  Palabra de Dios.

Vivan en armonía, sean compasivos, ámense como hermanos.
De la primera carta del apóstol san Pedro: 3, 1-9

Ustedes, mujeres, sean respetuosas con sus maridos, para que, incluso si algunos de ellos se resisten a creer en la palabra de salvación, sean ganados no por palabras, sino por la conducta intachable y recatada de ustedes. No se preocupen tanto del adorno exterior: los peinados, las joyas y los vestidos, sino de adornar interiormente el corazón con la belleza inalterable de un espíritu apacible y sereno. Esto es lo que vale a los ojos de Dios. Así se engalanaban en otro tiempo las santas mujeres, que tenían puesta su esperanza en Dios y eran dóciles con sus maridos, como Sara, que obedecía a Abraham y lo llamaba su señor. Pues, si ustedes hacen el bien y no se dejan intimidar por nada, serán dignas hijas de ella. En cuanto a ustedes, maridos, vivan la vida matrimonial en un clima de comprensión y respeto, teniendo en cuenta que la mujer es una persona más delicada y que, junto con ella, ustedes participan de la vida de la gracia. Así, tendrán asegurado el fruto de sus oraciones. Finalmente, vivan todos en armonía, sean compasivos, ámense como hermanos, sean bondadosos y humildes. No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto; al contrario, pídanle a Dios cosas buenas para todos, pues han sido llamados por él a poseer como herencia los bienes del cielo. Palabra de Dios.

Amemos de verdad y con las obras
Lectura de la primera carta del apóstol San Juan: 3, 18-24

Hijos míos, no amemos solamente de palabra, amemos de verdad y con las obras. En esto conoceremos que somos de la verdad, y delante de Dios tranquilizaremos nuestra conciencia de cualquier cosa que ella nos reprochare, porque Dios es más grande que nuestra conciencia y todo lo conoce. Si nuestra conciencia no nos remuerde, entonces, hermanos míos, nuestra confianza en Dios es total. Puesto que cumplimos los mandamientos de Dios y hacemos lo que le agrada, ciertamente obtendremos de él todo lo que le pidamos. Ahora bien, éste es su mandamiento: que creamos en la persona de Jesucristo, su Hijo, y nos amemos los unos a los otros, conforme al precepto que nos dio. Quien cumple sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él. En esto conocemos, por el Espíritu que él nos ha dado, que él permanece en nosotros. Palabra de Dios.

Amémonos los unos a los otros.
Lectura de la primera carta del apóstol San Juan: 4, 7-12

Hermanos míos: Amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.  El que no ama, no conoce a Dios porque Dios es amor.  El amor que Dios nos tiene se ha manifestado en que envió al mundo a su Hijo unigénito para que vivamos por él.El amor consiste en esto: No en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero y nos envió a su Hijo, como víctima de expiación por nuestros pecados.Si Dios ha amado tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros.  A Dios nadie lo ha visto nunca; pero si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nostros y su amor entre nosotros es perfecto.Palabra de Dios.

¡Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero! Del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan: 19, 1. 5-9

Yo, Juan, oí algo parecido a la voz potente de una gran muchedumbre, que decía en el cielo: “¡Aleluya! Nuestro Dios es un Dios salvador, lleno de gloria y de poder”. Y del trono de Dios salió una voz que decía: “Alaben a nuestro Dios, todos sus siervos, los que lo temen, pequeños y grandes”. Oí entonces algo como el rumor de una muchedumbre inmensa, como el estruendo de un río caudaloso y el retumbar imponente de los truenos. Decían: “¡Aleluya!” El Señor, Dios nuestro, todopoderoso, ha establecido su reinado. Llenémonos de gozo y alegría y alabemos la grandeza del Señor, porque ha llegado el tiempo de las bodas del Cordero, y su esposa ya está preparada. Dios le ha concedido vestirse de lino finísimo y deslumbrante”. El lino representa las obras bue­nas de los santos. Entonces un ángel me dijo: “Escribe: ‘Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero’ ”. Palabra de Dios.

Aclamaciones

 1 Jn 4, 7 (n. 1034)

Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.

 1 Jn 4, 8. 11 (n. 1035)

Dios es amor. Si Dios nos ha amado tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros.

 1 Jn 4, 12 (n. 1037)

Si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.

 1 Jn 4, 16 (n. 1038)

Quien permanece en el amor, permanece en Dios, y Dios en él, dice el Señor.

Lecturas Del Evangelio

Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos.
Del santo Evangelio según san Mateo: 5, 1-12   

En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al  monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles y les dijo: “Dichosos los pobres de espíritu,
porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos los que lloran,
porque serán consolados.
Dichosos los sufridos,
porque heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,
porque serán saciados.
Dichosos los misericordiosos,
porque obtendrán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón,
porque verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz,
porque se les llamará hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos”. Palabra del Señor.

Ustedes son la luz del mundo                                                                                                                                                            Del santo Evangelio según san Mateo: 5, 13-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolve­rá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente. Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa. Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos. Palabra del Señor.

Edificó su casa sobre roca
Del santo Evangelio según san Mateo: 7, 21. 24-29   

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No todo el que me  diga: ‘¡Señor, Señor!’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos.El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre imprudente, que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos, dieron contra aquella casa y la arrasaron completamente’’. Cuando Jesús terminó de hablar, la gente quedó asombrada de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.  Palabra del Señor.

O bien: Forma breve:
Del santo Evangelio según san Mateo: 7, 21. 24-25

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No todo el que me  diga: ‘¡Señor, Señor!’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos. El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca”.  Palabra del Señor.

Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre                                                                                                                                        Del santo Evangelio según san Mateo: 19, 3-6

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y, para ponerle una trampa, le preguntaron: “¿Le está permitido al hombre divorciarse de su esposa por cualquier motivo?” Jesús les respondió: “¿No han leído que el Creador, desde un principio los hizo hombre y mujer, y dijo: ‘Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, para unirse a su mujer, y serán los dos una sola carne?’ De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Así pues, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”. Palabra del Señor.

Amarás a Dios y a tu projimo como a ti mismo
Lectura del santo Evangelio según San Mateo: 22, 35-40

En aquel tiempo, un fariseo que era doctor de la ley, le preguntó a  Jesús, para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?”Jesús le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas”.   Palabra del Señor.

Ya no son dos, sino una sola carne                                                                                                                                                    Del santo Evangelio según san Marcos: 10, 6-9

En aquel tiempo, Jesús dijo: desde el principio, al crearlos, Dios los hizo hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Por eso, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”. Palabra del Señor.

Esto que Jesús hizo en Caná de Galilea, fue el primero de sus signos milagrosos
Lectura del santo Evangelio según San Juan: 2, 1-11 

En aquel tiempo, hubo una boda en Caná de Galilea, a la cual  asistió la madre de Jesús. Éste y sus discípulos también fueron invitados. Como llegara a faltar el vino, María le dijo a Jesús: “Ya no tienen vino”. Jesús le contestó: “Mujer, ¿qué podemos hacer tú y yo? Todavía no llega mi hora”. Pero ella dijo a los que servían: “Hagan lo que él les diga”.Había allí seis tinajas de piedra, de unos cien litros cada una, que ser­vían para las purificaciones de los judíos. Jesús dijo a los que ser­vían: “Llenen de agua esas tinajas”.  Y las llenaron hasta el borde. Entonces les dijo: “Saquen ahora un poco y llévenselo al encargado de la fiesta”.  Así lo hicieron, y en cuanto el encargado de la fiesta probó el agua convertida en vino, sin saber su procedencia, porque sólo los sirvientes la sabían, llamó al novio y le dijo: “Todo el mundo sirve primero el vino mejor, y cuando los invitados ya han bebido bastante, se sirve el corriente. Tú, en cambio, has guardado el vino mejor hasta ahora”. Esto que hizo Jesús en Caná de Galilea fue el primero de sus signos. Así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.   Palabra del Señor.

Permanezcan en mi amor
Lectura del santo Evangelio según San Juan: 15, 9-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Como el Padre me   ama, así los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena. Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado’’.  Palabra del Señor

Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros Del santo Evangelio según san Juan: 15, 12-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande a sus amigos que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre. No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre’’. Palabra del Señor.

Que su unidad sea perfecta
Lectura del santo Evangelio según San Juan: 17, 20-26 

En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: “Padre, no sólo te pido por mis discípulos, sino también por los que van a creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti somos uno, a fin de que sean uno en nosotros y el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que su unidad sea perfecta y así el mundo conozca que tú me has enviado y que los amas, como me amas a mí. Padre, quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que me has dado, para que contemplen mi gloria, la que me diste, porque me has amado desde antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido; pero yo sí te conozco y éstos han conocido que tú me enviaste. Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que me amas esté en ellos y yo también en ellos’’. Palabra del Señor.

O bien: Forma breve:                                                                    
Del santo Evangelio según san Juan: 17, 20-23

En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: “Padre, no sólo te pido por mis discípulos, sino también por los que van a creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti somos uno, a fin de que sean uno en nosotros y el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que su unidad sea perfecta y así el mundo conozca que tú me has enviado y que los amas, como me amas a mí’’. Palabra del Señor.

Opciones para la liturgia de matrimonios

P. Heliodoro Lucatero

De todos los sacramentos de la Iglesia Católica, el que tiene más flexibilidad y opciones para su celebración y validez es el sacramento del matrimonio. El derecho de la Iglesia prescribe que para que sea válido un matrimonio debe de tener tres elementos básicos: el consentimiento, la bendición e intercambio de los anillos, y la bendición nupcial.

Los demás símbolos se pueden incluir o excluir dependiendo de las circunstancias y el gusto de los novios, como lo son las arras, el lazo, libro y rosario, el ramo de flores para la Virgen, el velo, etc. Otra opción para la celebración del matrimonio es realizarlo dentro o fuera de la Misa, y en el caso de un matrimonio entre una persona católica y una no bautizada, la ceremonia se celebra fuera de la Misa.

El Intercambio de las Arras

Antes de la introducción de los anillos en la celebración del matrimonio en España por el rito romano sólo existían las arras como signo de intercambio de promesas. Una vez que las arras se reemplazaron por los anillos, estas quedaron en el rito como signo de ayuda mutua entre los nuevos esposos. En el pasado ha sido una constante que el marido trabaje fuera del hogar y sea el proveedor financiero de la familia, y la mujer tradicionalmente ha sido la que trabaja en el hogar y la que ha cuidado de que los bienes del hogar sean bien administrados. Por lo tanto el rito de las entrega de las arras consiste en lo siguiente: el esposo toma las arras del celebrante y las entrega a la esposa diciendo:

N. recibe también estas arras:
son prenda del cuidado que tendré
de que no falte lo necesario
en nuestro hogar.

La esposa contesta recibiendo las arras:
Yo las recibo
en señal del cuidado que tendré
de que todo se aproveche
en nuestro hogar.

En el presente, entre los hogares hispanos en los Estados Unidos, es cada día  más común  que el marido y la mujer trabajen fuera del hogar para contribuir los dos al mantenimiento económico del hogar. De esta manera el formulario de arriba podría quedar obsoleto ya que no expresaría la realidad de la familia actual. Por lo tanto el libro Don y Promesa hace varias sugerencias para adaptar este rito a las circunstancias presentes. Una posibilidad es que la entrega de las arras sea mutua:

El novio entrega las arras a la novia diciendo: N. “Estas arras te doy en señal de matrimonio”.
La novia responde: “Yo las recibo”.
Luego en viceversa se repite el rito, la novia entrega las arras y el novio las recibe.
La otra sugerencia es que el novio entregue las arras después de haberlas recibido del celebrante diciendo: “Recibe estas arras como prenda del esfuerzo que haremos para vivir sencillamente en imitación de Cristo y del Evangelio”.
La novia dice: “Las recibo como señal del cuidado que tendremos de que nuestros bienes se compartan con los más pobres que encontremos por el camino”( Véase, Gomez, Raúl, Lucatero, Heliodoro y Sánchez, Sylvia. Don y Promesa: Costumbres y tradiciones en los ritos matrimoniales hispanos. Segunda Edición. Instituto Nacional Hispano de Liturgia y Oregon Catholic Press: Pórtland, 2005, pp. 12-4.)

El Lazo

El lazo simboliza en la nueva pareja la unión indisoluble del matrimonio y tiene sus orígenes en la antigüedad y la Edad Media. El lazo es descrito por San Isidoro de Sevilla como una guirnalda de color blanco y púrpura que se coloca sobre los hombros de los novios; el blanco simbolizando la pureza del matrimonio y el púrpura la sangre de la futura generación (Véase,  Searle, Mark and Stevenson, Kenneth. Documents of the Marriage Liturgy. Collegeville, MN: The Liturgical Press, A Pueblo Book, 1992, p. 125.)

Hace años el lazo más común era una guirnalda de azares con dos círculos unidos por una cruz, pero ahora es más común dos guirnaldas en forma de rosario, también, unidas por una cruzo crucifijo. El lazo se coloca comúnmente después del rito del matrimonio y una vez que los novios se pongan de rodillas. En Cuba y Puerto Rico, en lugar del lazo, se acostumbra la mantilla que se coloca sobre los hombros de los novios, también, en señal de unión.

Libro y Rosario

En los Estados Unidos los hispanos de origen mexicano tienen la costumbre de entregar a los novios, después del intercambio de anillos y arras, el libro y el rosario, que simbolizan la vida de oración de los nuevos esposos. El libro suele ser un tipo de misal pequeño; aunque hoy día se acostumbra más darles una Biblia ya que el misal no se usa más. Sin embargo se invita cada día más a que las familias tengan en su hogar las Sagradas Escrituras para que lean con frecuencia la Palabra de Dios en familia.

El Ramo de Flores para la Virgen

En la Sagrada Familia, la Virgen María se nos presenta como modelo de esposa y madre; de ahí que exista la costumbre de que los nuevos esposos presenten a la Virgen un ramo de flores, no solamente para reconocerla como modelo de esposa y madre, sino también como intercesora del bienestar y éxito de la nueva pareja de esposos.

Lecturas complementarias: Iglesia Católica. Ritual complete de los sacramentos: Textos litúrgicos oficiales aprobados para México. Compilados y anotados por Pedro I. Rovalo y el equipo de la Comisión Episcopal de Liturgia. México, D.F. : Obra Nacional de la Buena Prensa, 1976.

La Biblia Católica de la Familia: Un recurso para fomentar y vivir la fe en familia

En otros artículos hemos hablado sobre la Biblia como fuente de fe y esperanza para el matrimonio y como vehículo para, reflexionando en ella, mantenerse como esposos unidos en el amor; un amor que ellos reciben como regalo que Dios quien es Amor mismo. Mencionamos también que la Palabra de Dios contenida en la Biblia es alimento que da frutos de vida en la pareja.

Ahora queremos puntualizar que los beneficios que generan la lectura, reflexión y práctica de la Palabra de Dios son también extensivos a toda la familia. Por tanto, les animamos a escuchar el llamado de nuestra Santa Madre Iglesia que en el Año de la Fe nos invita y motiva a leer, reflexionar, compartir y escudriñar la Palabra de Dios en familia para que ésta genere frutos de vida no solo en los esposos, sino en los hijos; frutos que se manifiesten en una fe viva y se traduzcan en obras que reflejen el amor de Dios tanto en la familia como en la comunidad de fe y la sociedad.

Estamos conscientes de que muchas familias entienden estas verdades y desean compartir en familia la Palabra de Dios, pero no saben cómo hacerlo de una manera entretenida y efectiva. En septiembre, también celebramos el mes de la herencia hispana que nos recuerda con orgullo los valores familiares y las profundas raíces de fe católica, tan importantes para nuestras familias hispanas. Y precisamente los beneficios de leer, reflexionar y vivir la Palabra de Dios y la importancia de fomentar nuestros valores y catolicidad en nuestras familias fueron los que inspiraron la elaboración de la Biblia Católica de la Familia como un recurso rico y efectivo para ayudar a los padres de familia, los hijos y aun la familia extendida, a lograr el objetivo de leer, compartir, profundizar y hacer vida en el seno de la familia hispana.

Esta edición de la Biblia fue elaborada por un equipo de hispanos para hispanos (y por lo tanto, con un alto sentido de nuestras raíces hispanas) para ayudarles a comprender la Palabra, orar con ella, conocer los personajes de la Biblia y dar a la familia hispana motivación e ideas prácticas de cómo vivir la Palabra en familia y cómo motivar a todos sus miembros a realizar obras de servicio y misericordia entre ellos y por los demás.

La Biblia Católica de la Familia cuenta también con cientos de artículos de reflexión y múltiples recursos que alimentan la fe católica en familia y que ayudan a los miembros de la familia a superar los retos de la vida. Estos recursos incluyen entre otros un índice temático de lecturas bíblicas y reflexiones para ayudar a superar situaciones tales como la pérdida de un ser querido, la falta de perdón y momentos de enfermedad, tiempos en los que la perseverancia es necesaria.

En otras palabras, la Biblia Católica de la Familia ofrece una infinidad de recursos que alimentan la vida de la familia desde nuestro contexto cultural hispano. Le invitamos a que acepte la exhortación de nuestra Iglesia a fomentar la fe en familia a través de la lectura, reflexión y vivencia de la Biblia en familia y maravíllese de cómo esta práctica dará frutos de amor, unión y vida en todos los aspectos de su vida familiar.

La Biblia Católica de la Familia es una iniciativa de Center for Ministry Development e Editorial Verbo Divino. Para más información, los invitamos a visitar https://www.verbodivino.org/index.cfm/id/8/secondary/110/

Música para matrimonios

 P. Heliodoro Lucatero

Por tratarse de un sacramento, la celebración del matrimonio tiene su propia liturgia donde la música es un elemento muy importante. Por eso es esencial que haya una previa preparación de la música y los cantos que se han de usar en la celebración matrimonial. De esta manera se puede asegurar que se han escogido las letras y músicas apropiados que no sólo creen un ambiente solemne de recogimiento y oración sino que muevan también a que todos los asistentes participar con el canto.

Con este fin es importante que en la selección y preparación de la música para la boda estén involucrados tanto el párroco o ministro que presidirá la celebración, como el ministro de música. Ellos pueden orientar y explicar a la pareja el tipo de cantos y músicas que son acordes con la sacralidad y el contexto de oración del rito matrimonial. Así por ejemplo, no es aconsejable cantos de amor que no tengan sentido religioso, como “Eres tú”, de Mocedades; o que se decida cantar un canto a la Virgen en el momento de la comunión cuando lo indicado litúrgicamente es que en ese momento se entone un himno referente a la eucaristía como tal.

En otras palabras, la selección de letras y músicas deben seguir las normas y requerimientos de la liturgia de matrimonios. Es conveniente por eso que al seleccionarse se tengan en cuenta las siguientes preguntas:

  • ¿Se han escogido cantos apropiados para cada momento litúrgico (Himno de entrada que convoque, salmo que corresponda a textos indicados para el matrimonio; música solemne para enmarcar el momento de la pronunciación de los votos o consentimiento de la pareja; canto de ofertorio que indique la presentación de las ofrendas, canto de comunión que sea un himno eucarístico, himno o marcha de salida apropiado para bodas)?
  • ¿Puede la asamblea cantar los cantos junto con el coro?
  • ¿La música y los cantos de la liturgia matrimonial son litúrgicos o seculares?

La música secular no es apropiada para uso litúrgico aunque hable de amor o haga referencias al amor. Los cantos y la música litúrgica para un matrimonio deben de tener como característica principal la expresión de fe de la Iglesia. Todos los sacramentos, incluyendo el matrimonio, celebran el misterio pascual de Cristo. Así, el misterio pascual de Cristo expresado en el sacramento del matrimonio es: la entrega total y fiel de Cristo a la humanidad, de la cual el amor y entrega de los novios se convertirá en signo sacramental.

Es igualmente importante que la música litúrgica para el sacramento del matrimonio no llame la atención hacia sí misma o hacia quien la dirige y ejecuta, sino que apunte hacia el misterio que se está celebrando.

La Leyenda del “Punto Negro”

Cierto día un profesor entró en el aula de clase y le dijo a los alumnos que se prepararan para una prueba relámpago. Todos se ubicaron en sus asientos aguardando asustados el examen que venía. Entonces el profesor fue entregando las pruebas con el texto para abajo, como era su costumbre. Después que todos recibieron la hoja, pidió que la voltearan. Para sorpresa de todos, no había ninguna pregunta o escrito; solo un punto negro al centro de la hoja. El profesor, viendo la expresión de sorpresa que todos tenían, dijo lo siguiente: ahora Uds. van a escribir un comentario sobre lo que están viendo. Todos los alumnos, confundidos, comenzaron entonces la terrible e inexplicable tarea. Terminado el tiempo, el maestro recogió las hojas y se puso de frente de la clase y comenzó a leer las redacciones una a una en voz alta.

Todas las pruebas, sin excepción, definían el punto negro, intentando dar explicaciones de su presencia al centro de la hoja. Terminada la lectura, con la sala en silencio, el profesor comenzó a explicar: esta prueba no será para la nota; solo sirve de lección para todos. Nadie en la sala habló sobre la hoja en blanco. Todos centraron su atención en el punto negro.

Esto acontece en nuestras vidas: en la vida de cada uno, en la vida de pareja y de familia, como también en la sociedad. El Evangelio de S. Mateo (7,1-5) exhorta a quitarnos la viga que tenemos en la vista antes de quitar la mota del ojo de mi hermano; nos da a entender que debemos mirar primero los propios defectos antes de censurar los defectos del prójimo.

Un mito griego quiso explicar por qué somos más propensos a ver las fallas del hermano antes que las propias: la divinidad pagana había colocado sobre los hombros de los hombres unas alforjas que debían llevar sobre el pecho y a la espalda; en la alforja delantera llevaban los defectos ajenos y a la espalda los propios; por esta razón, ven más fácilmente las fallas ajenas. Así entendemos por qué aquellos niños de la leyenda centraron su reflexión sobre ‘el punto negro’ y no sobre ‘la hoja en blanco’.

Aquel el profesor hizo tomar conciencia del hecho frecuente de centrar la observación en la mota que tienen en los ojos los demás mientras olvidamos la viga que tenemos delante que nos impide ver lo mucho que hay de bueno en  la creación, en las personas. Hemos llegado al punto que la buena notica en la radio, en la prensa, en la pequeña pantalla, no nos llama la atención; estamos a la expectativa, a la caza de la mala noticia y es ésta la que hace impacto.

Esta actitud de centrarnos en ‘el punto negro’ es muy frecuente: los esposos entre sí se reprochan sus defectos, olvidando las cualidades y virtudes del cónyuge; los padres de familia advierten a sus hijos su mala conducta, pero pasan por alto lo bueno que hace el hijo(a). E. Villagrán anota que “muchas veces los padres de familia se dirigen a los hijos para mandarlos, para castigarlos, para llamarles la atención, para corregirlos, pero muy pocas veces o ninguna para alabarlos, felicitarlos, motivarlos, aplaudirlos, reconocer sus cualidades, aciertos, éxitos y progresos”.

Y añade: “se debe felicitar, incentivar, agradecer, alentar, motivar a los hijos para que se sientan contentos y dispuestos a seguir luchando por su propio provecho y perfeccionamiento. A los hijos les agrada mucho escuchar de sus padres palabras de cariño y de entusiasmo; esto les ayuda a valorizar lo que hacen y a valorizarse como personas”. A quién no le agrada recibir una alabanza, una palabra de estímulo?. Reconocer lo mucho que hay de bueno en las personas es, en última instancia, un reconocimiento al Creador que ha distribuido sus perfecciones y talentos entre los hombres.

Todos los hombres somos una página en blanco en la que debemos escribir nuestra propia historia, construida a base del desarrollo de los muchos talentos que Dios nos ha dado. Ésta es nuestra gran responsabilidad, pero también nuestra mejor honra y satisfacción: hacer de la página en blanco un testimonio de la bondad que hay en nuestro ser.

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La Pareja – Familia Está Llamada a la Perfección Cristiana

Tradicionalmente la pareja – familia estaba excluida de la posibilidad de llegar a
la perfección cristiana; se afirmaba que la santidad era ‘monopolio’ de los obispos y
de losreligiosos(as). En el siglo XVIII S. Alfonso M. De Liguori, Doctor de la iglesia,
en sus escritos pastorales reivindicó el derecho a la perfección cristiana de
todos los hombres, incluso de las parejas y familias. En el catálogo de los
santos han prevalecido los Papas, los clérigos y los religiosos; de las 1.000
personas canonizadas por Juan Pablo II, solo 75 han llevado vida de familia.
Esto revela que de verdad había un ‘monopolio’ de la santidad para unos pocos,
cuando la llamada a la santidad es para todos: “sed santos como Yo soy Santo”,
dice el Señor (Lev. 19,2).

Pero será con el Concilio Vaticano II cuando esta doctrina de la llamada universal a
la santidad tenga un pleno respaldo. La Constitución dogmática Lumen gentium en su
capítulo quinto afirma: “es, pues, completamente claro que todos los fieles de
cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana
y a la perfección de la caridad” (n. 40). Refiriéndose a los esposos, dice:
“los esposos y padres cristianos, siguiendo su propio camino, mediante la
fidelidad en el amor, deben sostenerse mutuamente en la gracia a lo largo de
toda la vida e inculcar la doctrina cristiana y las virtudes evangélicas a los
hijos amorosamente recibidos de Dios” (n. 41).

Durante el Sínodo de Obispos sobre la familia (1.980) los padres sinodales sugirieron
al Papa Juan Pablo II canonizar al final del sínodo a una pareja de esposos; el Papa
estuvo de acuerdo y ordenó que escogiera la pareja; en aquel momento no fue posible,
pero posteriormente este mismo Papa elevó al honor de los altares como ‘beatos’
a los esposos italianos Quatrocchi, padres de varios hijos religiosos. Desde
entonces la iglesia ha reconocido la virtud heroica de varios esposos y esposas.
Un caso singular en la historia de la iglesia es la familia de S. Bernardo de
Claraval, llamada ‘la familia que alcanzó a Cristo’: en ella padres e hijos
todos han sido reconocidos como santos.

Un motivo histórico de la prevalencia de personas célibes en el catálogo de los
santos fue el prejuicio que se tuvo de frente a la sexualidad; se le consideraba como
fuente de pecado; lo único que excusaba de pecado en el ejercicio conyugal de la
sexualidad era la razón de servir a la procreación; modernamente, la sexualidad
ha sido reivindicada y se le mira como algo bueno y positivo; Dios creó al ser
humano como varón y mujer, y esto le pareció muy bien. El matrimonio que, a
causa de los prejuicios teológicos de otra época fue colocado en el último
lugar del ‘septenario’, hoy es considerado como el primer sacramento de la
historia; el ‘sacramento más antiguo’, lo llama un teólogo laico, Giorgio
Campanini.

La Lumen gentium afirma explícitamente: “los esposos se constituyen en testigos y
colaboradores de la fecundidad de la madre iglesia, como símbolo y participación de aquel
amor con que Cristo amó a su esposa y se entregó a sí mismo por ella” (n. 41). La
teología posconciliar ha desarrollado ampliamente algunas categorías nuevas en torno
a la pareja–familia como son: ‘imagen de la Trinidad’, ‘pequeña iglesia’,
‘templo de la vida’. Estas categorías revelan la alta dignidad de la
pareja-familia delante de Dios y de los hombres.

Juan Pablo II en la Familiaris consortio relievando la dignidad de la familia dedujo
la gran responsabilidad de realizar lo que ella misma es: “familia, sé lo que eres”.
Esta consigna la dijo aludiendo a la identidad y misión de la pareja-familia: “en
el designio de Dios Creador y Redentor la familia descubre no solo su
‘identidad’ –lo que es-, sino también su ‘misión’ lo que puede y debe hacer. El
cometido que ella por vocación de Dios está llamada a desempeñar en la
historia, brota de su mismo ser y representa su desarrollo dinámico y
existencial. Toda familia descubre y encuentra en sí misma la llamada
imborrable que define a la vez su dignidad y su responsabilidad: familia, sé lo
que eres” (FC. n. 17).

La perfección cristiana a la que está llamada la pareja-familia se inscribe en un
proceso dinámico de crecimiento; la Constitución pastoral del Concilio Vaticano II
Gaudium et spes, aludiendo a esta perfección humana y cristiana emplea
verbos en futuro: “con la unión íntima de sus personas y actividades se ayudan
y se sostienen mutuamente, adquieren conciencia de su unidad y la logran cada
vez más plenamente” (n. 48); “llegan cada vez más a su propia perfección y a su
mutua santificación y, por tanto, conjuntamente a la glorificación de Dios” (n.
48).

Cómo célula vital de la iglesia y de la comunidad es en la pareja y familia donde se
inicia el proceso de respuesta a la llamada de Dios a todos los hombres y mujeres a ser
santos como Él es Santo.

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Eligiendo las Lecturas

Siento que la vida se ha vuelto un poco loca este mes. Primero, hubo un poco de drama con la boda. Para los que no leyeron la última publicación, el sitio para la recepción que habíamos reservado el julio pasado se cerró en Febrero y nos dejó buscando un lugar alternativo. Por fin encontramos un sitio cuando otra pareja en el listado de espera decidió no tomar el sitio.
 
También, hace poco empecé mi nuevo trabajo como profesora de inglés en la Universidad de Chile. Como se pueden imaginar, planear una clase nueva como profesora de primer año ocupa mucho tiempo así que entre ello y preparando mi tesis de maestría, he estado trabajando muy tarde por las noches (y probablemente será así por el resto del semestre). Juan acaba de terminar su práctica profesional y regresó a la universidad para lo que parece que será un semestre difícil.
 
Pero, entre toda esta actividad surge la cuaresma llamando a la tranquilidad, crecimiento espiritual, conversión, y reflexión. Ha sido muy difícil realmente entrar en el espíritu de la cuaresma con todas estas nuevas actividades en nuestras vidas y toda la locura que las acompaña. Mientras he adherido a mi sacrificio de cuaresma, el libro que planeaba terminar, Introducción a la vida devota (el cual es fantástico por si acaso) está todavía en mi velador desde enero sin leer. Aun así, Juan y yo creemos firmemente que si algo es importante, uno siempre puede hacer tiempo para ello. En la próximas semanas vamos a intentar dar más tiempo para la fe, para nuestra novena de boda, para la misa en la catedral, y para las actividades provida en la cuales vamos a estar participando.
 
En toda esta locura, una cosa que sí hemos hecho como una pareja en esta cuaresma es elegir las lecturas de la boda. Sí no has planeado tu misa de boda todavía, déjame decirte que esta es una de las mejores partes de planear tu día. En verdad, estuve bastante sorprendida cuando vi cuantas opciones hay para las lecturas, los salmos, las peticiones, y las bendiciones. Es fantástico porque te da la oportunidad de reflejar tu propia vocación dentro de la vocación de matrimonio, y como Dios ha hablado a ustedes como  una pareja, y luego ver eso reflejado en las lecturas y oraciones de tu boda.
 
Juan y yo empezamos a pensar en las lecturas para nuestra boda cuando hicimos un retiro para preparación matrimonial en el pequeño pueblo de Marathon, WI en Julio 2014. Tuvimos que hacer el retiro requerido en este tiempo ya que sabíamos que estaríamos fuera del país hasta casi la fecha de la boda. El retiro tuvo lugar en un monasterio hermoso convertido en un centro de retiro con un bosque alrededor y un riachuelo que cruza la propiedad. Al final del primer día, decidimos leer juntos las opciones para las lecturas en el librito que nos habían entregado mi parroquia. Mientras las leíamos y orábamos con ellas, escogimos algunas de nuestras favoritas.
 
Desde ese día no habíamos específicamente mirado las lecturas de nuevo. Es interesante porque, creo que si hubiéramos reunido, digamos, cuatro veces para elegir las lecturas, podríamos haber elegido cuatro lecturas distintas. Cuando vimos las lecturas hace una semana antes de la Misa, decidimos rápidamente la primera lectura, la de Tobías en lo cual Tobías y su novia Sara empiezan su matrimonio con una oración pidiendo la bendición de Dios. Juan especialmente quería esta lectura, ya que la parte que describe el plan de Dios en la creación para el matrimonio y la parte con la oración para vivir juntos hasta un vejez feliz son muy significativas para él. Para el evangelio, elegimos sin mucha dificultad la lectura en la cual Jesús cita a Génesis para explicar el plan de Dios para el matrimonio. La segunda lectura era más difícil elegir. Habíamos pensado antes que usaríamos a Efesias (Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia) o Corintios (El amor es paciente, es bondadoso). Aunque las dos son lecturas muy hermosas, y muy ricas en teológica matrimonial, no estuvimos seguros de ellas. Mencioné que me había gustado la lectura de Filipenses (2:4-9), aunque no la recordaba muy bien. Mientras la leíamos juntos en silencio, pensé que esta era la lectura. Juan expresó lo mismo cuando terminó de leer y dijo, “Esta es.”
 
La lectura de Filipenses, mientras tal vez menos usada que las otras que estuvimos considerando, es también muy hermosa. Empieza con la exhortación de “alegrarse siempre en el Señor” y “no angustiarse por nada,” sino poner nuestra confianza en el Señor. Finalmente, se concluye con una instrucción a enfocarnos en todas las cosas verdaderas y nobles, justas y puras mientras vamos caminando en nuestras vidas de fe. Un consejo sencillo, pero profundo y a veces muy desafiante. Es como un manual práctico para vivir una vida matrimonial feliz y sana.
 
Redescubrir y luego elegir esta lectura para nuestra boda ha sido para mí un verdadero regalo durante el tiempo ocupado en nuestras vidas porque nos recuerda a dar prioridad a las cosas más importantes y “no angustiarnos por nada,” y una invitación de Dios a siempre confiar en él.

 

 
Así que si no has elegido tus lecturas todavía, espero que disfrutes mucho de esta maravillosa oportunidad para descubrir lo que Dios quiere decir de ustedes y a ustedes cuando empiecen su vida matrimonial. Qué se diviertan descubriendo cuales son las lecturas más significativas para ti y tu novio/a y por qué. Seguramente va a ser una de las preparaciones más importantes que harán juntos.

La Reconciliación Comienza Por Casa…

De ‘reconciliación’ se habla desde hace mucho rato; para lograr la reconciliación en los conflictos bélicos, étnicos, incluso religiosos, en muchos países del mundo se están haciendo ingentes esfuerzos, a veces con mediocres resultados. Pero el término ‘reconciliación’ aparece ya implícito en épocas muy antiguas. Adán y Eva, sintiéndose culpables de su pecado, se escondieron de la presencia de Yhavé (Gén. 3,1-19); David reconoció su culpa ante el reproche del profeta Natán (II. Sam. 12,1-15); el Apóstol Pablo, ya en el Nuevo Testamento, siente el reproche interior de su conciencia que lo lleva a reconocer la incoherencia en su conducta (Rom. 7,14-24). Todos, en fín, alcanzaron la reconciliación.
 
La conciencia de pecado a lo largo de la historia atestigua que el hombre es víctima de su propia mala conducta y lo lleva a buscar la paz, la reconciliación, en alguna parte. El profeta Jeremías entendía el pecado como alejamiento de Dios; por esta razón en su oración concebía la reconciliación como un ‘volver a Dios’: “hazme volver y volveré” (Jer. 31,18). Es, pues, un hecho histórico el sentido de culpa y la necesidad de reconciliación.
 
Los Estados civiles han hecho esfuerzos especiales por lograr la reconciliación entre los pueblos en conflicto; el derecho civil ha creado categorías especiales (perdón, indulto, amnistía) como medios para lograr el reencuentro de los pueblos en lucha. Surge una pregunta a este respecto: la reconciliación viene de fuera hacia adentro?; o mejor, va de adentro hacia afuera?. Por esta razón afirmamos que la reconciliación comienza por casa. Algunos escritores se han referido a la lucha proverbial entre amor y odio a lo largo de la historia; uno y otro han intentado prevalecer sobre su contrario. El campo en que se libra esta batalla es el corazón del hombre. Incluso el Evangelio de S. Mateo (10,35) alude a que “los enemigos de cada cual serán los que conviven con él”; es decir, los de su propia casa. La reconciliación, pues, deberá comenzar por casa; un ejemplo típico es el caso de Zaqueo a quien Jesús de Nazareth le confirmó en su propia casa, al conocer la actitud de conversión, “hoy la salvación ha llegado a esta casa” (Lc. 19,9). 
 
Encuentro en el Documento de Puebla un testimonio válido para dar fundamento a la afirmación de que la reconciliación comienza por casa: Puebla alude a los cuatros rostros del amor humano que “encuentran su pleno desarrollo en la vida de familia: nupcialidad, paternidad-maternidad, filiación y hermandad” (n. 583). Desde esta perspectiva es posible afirmar que la reconciliación es la reconstrucción de cada uno de los rostros de la familia cuando el pecado del odio, del rechazo, de la venganza, irrumpe en el corazón humano generando una ruptura. Reconstruir el rostro del amor conyugal entre los esposos, entre padres e hijos, entre hermanos, es operar la reconciliación intergeneracional. A partir de esta reconciliación en el núcleo mismo de la familia, en la que es “la célula vital y fundamental de la sociedad“ (AA. n. 11) se podrá llegar a niveles más amplios cada vez, porque “el bien es, por naturaleza, difusivo”, como afirmó el ‘Doctor Angélico’. Los padres de familia comprenderán que tienen una responsabilidad muy especial de frente a la reconciliación dentro y fuera de su casa; el Concilio  Vaticano II les reconoció un ‘protagonismo’ propio en la sociedad y en la iglesia. 

 

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