Category Archives: Noviazgo Serio

Matrimonios mixtos o entre personas de diferentes religions

Padre Heliodoro Lucatero

Hasta hace poco, el matrimonio entre personas de diferentes religiones, conocido como matrimonio mixto (entre cristiano católico y cristiano no católico, ejemplo bautista o metodista) o matrimonio con disparidad de culto (entre católico y un judío, o musulmán) era algo que casi nunca se daba o de lo que nunca se oía hablar. Y si acaso se daba, se celebraba de una manera secreta y en la sacristía.

Pero en los últimos años esto ha cambiado. En nuestra sociedad más abierta, son cada vez más los casos de matrimonios entre cristianos católicos y cristianos no católicos, y entre católicos y no cristianos. Para la Iglesia católica el ideal es el matrimonio entre dos católicos. Con todo, invita a las parejas con diversidad de fe o culto a considerar los acuerdos previos que deben hacer cuando no comparten la misma religión y credo, y en razón de eso, otorga, como algo excepcional, el permiso para celebrar dichas uniones matrimoniales.

En el número 1124 del Derecho Canónico se lee por ejemplo lo siguiente: “Está prohibido, sin licencia expresa de la autoridad competente, el matrimonio entre dos personas, una de las cuales haya sido bautizada en la Iglesia católica…, y otra adscrita a una Iglesia o comunidad eclesial que no se halle en comunión plena con la Iglesia católica” (Véase, Código del Derecho Canónico, edición bilingüe comentada por los profesores de la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Pontificia de Salamanca, Biblioteca de Autores Cristianos BAC, Madrid, 1983, p. 547).

La licencia para que una persona católica se case con una persona de diferente religión se le conoce como “dispensa” y es dada por el obispo de la diócesis donde se encuentra la parroquia en la que los novios contraerán matrimonio. La Iglesia católica no obliga a que el contrayente no católico se convierta, sino que, con respeto, da la libertad al otro para que siga practicando su fe, pero le pide unas condiciones de igual respeto a la fe del contrayente católico. Es decir, para que el matrimonio mixto o con disparidad de culto sea válido la Iglesia católica pone las siguientes condiciones:

Que el contrayente católico no se sienta forzado o inducido por su pareja a abandonar su fe.
Que los dos prometan que los hijos que lleguen a tener sean bautizados y educados en la Iglesia católica.
Que el contrayente no-católico conozca a qué se compromete un católico cuando se casa (Entrega total a imitación de Cristo, fidelidad e indisolubilidad del matrimonio) y que los dos sean instruidos sobre los puntos importantes del matrimonio (Código de Derecho Canónico, Ed. BAC, Madrid 1983, p. 548).
Es un hecho que en los matrimonios mixtos (cristiano católico y cristiano no católico) la convivencia conyugal presenta un gran reto por la diferencia en sus comunidades eclesiales. Por eso es bueno que haya un buen diálogo ecuménico entre las Iglesias interesadas para que den apoyo a la pareja, y así puedan vivir su fe en mutuo respeto.

Es todavía más desafiante la convivencia de los cónyuges en los matrimonios con disparidad de culto (católico y no cristiano), pues hay diferentes mentalidades religiosas y a veces diferentes concepciones de lo que es el matrimonio mismo; también es un gran reto y fuente de grandes tensiones llegar a un acuerdo acerca de la manera de educar a los hijos y la fe que se les ha de transmitir. Estas tensiones no sólo pueden afectar la vida de pareja sino que pueden llevar a la pareja y los hijos a que caigan en la indiferencia religiosa.

Por eso la Iglesia debe preparar y atender a estas parejas con especial cuidado para que sea la fuerza del amor, “que todo lo puede”, la que les dé un marco sólido desde el cual puedan manejar sus diferencias.

¿Nos casamos?

Con cuanta ilusión llegamos a la contestación de esta pregunta. Después de 18 meses de pensarla y volverla a pensar con actitud reflexiva, jamás paso por nuestra mente que podíamos fracasar. Todas las parejas tienen ilusiones cuando llegan al matrimonio, y realmente no piensan en la posibilidad de un fracaso. De otra forma seria mejor no casarnos. Todas las parejas llegan al matrimonio porque quieren ser feliz en él. Nos casamos para ser felices. El papa Francisco dice “Seamos sinceros y reconozcamos las señales de la realidad: quien esta enamorado no se plantea que esta relación pueda ser solo por un tiempo; quien vive intensamente la alegría de casarse no esta pensando en algo pasajero…” [1]

Llegamos al matrimonio cargados de ilusiones, dos mundos, dos pensamientos, dos sentimientos, pero un solo ideal; encontrar la felicidad juntos. Como nos dice el papa Francisco “El amor nos lleva a una sentida valorización de cada ser humano, reconociendo su derecho a la felicidad”[2]. Para llegar a la plenitud del amor tenemos que romper prejuicios, de tal forma que se puedan establecer nuevas formas de comunicación que nos lleven a la comprensión del otro. Abriendo nuestros corazones, y dejándonos descubrir cómo somos. Honestidad y sinceridad son las mejores aliadas para encontrarme con el otro. No dejándome llevar por la negatividad y entrar en una competencia, que será una piedra de tropiezo al bien que buscamos.

Tengo la tarea de preocuparme por entender a mi pareja, dándole la oportunidad de que entre a mi vida y se enriquezca con lo mejor. Lo positivo de mi pensamiento, llevándole esperanza, sin olvidar que las diferencias que podamos tener se pueden llevar con amor, para que así alcancemos un mutuo enriquecimiento. Cuando yo comprendo al otro, estoy poniendo mi capacidad de convivencia y de relación.

El matrimonio este sujeto a nuestros ideales y todo lo que podamos pensar, sabiendo que vale la pena el esfuerzo y las energías.   ¿Qué es lo que quiero? ¿A dónde quiero llegar? Preguntas valiosas y válidas para no perder el sendero de nuestro norte. No nos podemos acobardar ante los retos, que llegaran, sino mirarlos de una forma serena, con la frente en alto y reconociendo que la familia ideal se construye y se modela desde los valores y la capacidad de superación.

Una vez mas tenemos que poner nuestro matrimonio y familia por encima de cualquier conflicto, no permitiendo que nos lleve a la oscuridad y a callejones que no tienen salida. Nos dice el papa Francisco “El dialogo es una forma privilegiada e indispensable de vivir, expresar y madurar el amor en la vida matrimonial y familiar. Pero supone un largo y esforzado aprendizaje,”[3]. Saldremos airosos de los problemas si nos damos al dialogo y comprensión. No podemos dejar que lo negativo domine nuestros sentimientos. Mas bien, poner nuestra fe en Dios y confianza en lo valioso de nuestra familia. Así pidiéndole a Dios que derrame luces para que traiga nueva esperanza ante la vida.

Hay que tener presente que toda persona se casa para ser feliz. Esperando que los problemas se conviertan en retos, que nos lleven a madurar en la relación. Crisis superada, madurez y felicidad encontrada.

 

Autores: Olga y Ramon Tapia

 

[1] Amoris Laetitia 123.

[2] Ibid 96.

[3] Ibid 136.

¿Matrimonios entre personas de distintas nacionalidades funcionan?

Dora Tobar

Estamos en un mundo global donde las fronteras se cruzan fácilmente y donde, por razones de migración o de trabajo, personas de todas partes del mundo se encuentran y pueden terminar formando pareja.

Esta situación permite entrar en contacto con tradiciones, costumbres y hasta valores desconocidos que pueden enriquecer la vida de pareja o, por el contrario, perturbarla.

Para que este factor no sea causa de conflictos, es importante tener en cuenta lo siguiente:

  • Después de la familia, el amor a la tierra ocupa un lugar muy importante en los afectos de una persona. Casarse por tanto con alguien de otro país es estar dispuesto a compartir con esa persona el amor por su patria y a evitar cualquier comentario que pueda ofender su orgullo nacional.
  • Las tradiciones y costumbres de un país son parte esencial de la identidad cultural de una persona. Y a su vez, la cultura es la forma como una persona expresa su alegría, su fe, su tristeza o su honor, es decir, como manifiesta su interioridad. No poder expresarse con los propios signos culturales es como negarle la palabra a una persona. Por eso, es importante conocer muy bien esas costumbres y tradiciones, antes de casarse, para estar seguro de que podremos compartirlas. Y si no, de que podremos llegar a acuerdos en la mayoría de ellos. Piénsese por ejemplo en las formas diferentes de celebrar  fiestas: en unos países se baila, mientras en otros se celebra comiendo y en otros cantando en ceremonias públicas.
  • Establecer acuerdos sobre el estilo de vida que la pareja adoptará y el lugar que le va a dar a tradiciones y formas de ver la vida es particularmente importante cuando personas del occidente del mundo (Ej.: América y Europa) contraen matrimonio con personas del medio o extremo oriente (Ej.: Irán, India, China o Japón), o el África,  donde hay muchas costumbres, familiares y sociales, diferentes a la cultura occidental. Por ejemplo, en el vestuario exigido a la mujer, o en el  rol que culturalmente se le adjudica a la mujer y al hombre dentro del matrimonio.
  • Puede darse el caso que los acuerdos en una pareja no sean necesariamente aceptados o del gusto de las respectivas familias. Por eso, la pareja debe ser muy fuerte en defender su derecho a escoger y vivir, como un núcleo familiar independiente, los acuerdos culturales que estableció.
  • Cuando nacen los hijos y cada cual quiere compartir sus tradiciones con ellos es cuando se nota más la importancia que las costumbres y valores culturales tienen en una familia. Antes de casarse la pareja debe por eso decidir qué tradiciones o costumbres, de los respectivos países quieren y están de acuerdo en transmitir a sus hijos.
  • Antes de casarse la pareja debe igualmente decidir en cuál de los países va a vivir, y discutir si, llegado el momento, ambos podrían escoger vivir en el país del otro cónyuge. Si deciden vivir en un país diferente de las naciones de origen de los dos, entonces se debe llegar al acuerdo de que, en la medida de lo posible, irán de visita tanto a un país como al otro de las respectivas parejas.
  • Compartir la misma religión facilita mucho las cosas pues significa que se compartirán valores y ritos importantes en nuestras vidas. Esto facilitará igualmente el acuerdo sobre la formación de los hijos y sobre prácticas de fe en común.
  • Con todo, hay parejas que profesan credos diferentes y que han logrado vivir niveles de diálogo y mutuo respeto admirables. Esto, siempre y cuando quede claro que formarán los hijos en la fe católica, como se promete en el rito matrimonial.
  • Hablar diferentes idiomas maternos puede ser una ventaja y una desventaja. Puede causar dificultades en la comunicación cuando uno de los cónyuges debe aprender el idioma del otro. Pero puede ser una gran ventaja pues al usar un lenguaje extranjero solemos interpretar las palabras desde su sentido más literal, quitándole así toda la carga emocional que a veces problematiza las comunicaciones entre las parejas. Así por ejemplo, en las discusiones entre parejas con el mismo idioma es común oír reclamos de este tipo: “¿Qué me quieres decir con eso…. Ó, porqué me lo dices de ese modo, pudiste usar otra palabra que me hiriera menos, etc., etc. . Con todo se debe recordar que, no hay mejor incentivo para el entendimiento que tratar de escucharse con el corazón.

En conclusión, mientras las fronteras de la mente y el corazón estén suficientemente abiertas a aceptar la diferencia y a compartirla, matrimonios entre personas de distintos países son no sólo posibles sino muy enriquecedores. Por propia experiencia sé que eso es así y que, esta es también la ocasión para aprender que, como en toda relación, la clave es apoyarse en los elementos en común y no dejar que las diferencias se vuelvan el centro de nuestra atención o de nuestras discusiones.

Más sobre este tema en: “Valores en común”, “Las marcas de nuestros padres y de nuestra cultura

¿Qué valores compartimos?

Por Dora Tobar

Los valores tienen que ver con lo que una persona considera más importante o de más valor en su vida. Ellos determinan las preferencias, los gustos, las opciones y hasta los sacrificios que una persona está dispuesta a hacer. Conocer a una persona es por eso conocer, hasta donde sea posible, cuáles son sus valores. Este es por tanto un tema decisivo para saber si realmente estás por casarte con la persona que más te conviene.

Cuando una pareja tiene muchos valores en común, o por lo menos coinciden en los valores que los dos consideran fundamentales, podrán fácilmente entenderse y tomar decisiones en conjunto. Esos valores comunes son como el tesoro del cual se nutren las decisiones diarias, tanto para la vida de pareja como para el manejo del dinero, la crianza de los hijos, las relaciones con las familias respectivas, etc.

Hay que tener además en cuenta que no todos los valores tienen para cada persona la misma importancia. Así, aún reconociendo el valor del dinero, una persona puede decidir que conservar una amistad es más valioso que pelear por dinero con un amigo, etc. Por eso, junto a la lista de valores de una persona debemos percibir el grado de importancia que les da. Hay valores  que podemos llamar “fundamentales” o irrenunciables, valores a los cuales podemos renunciar y valores que estamos dispuestos a “negociar” con los demás.

Hay muchas maneras de descubrir los valores más importantes para una persona

  • Para comenzar, no te fijes sólo en cómo se comporta contigo ni en lo que te dice, pues durante el romance es siempre posible que la persona trate de impresionar positivamente a su pareja exagerando sus virtudes o escondiendo lo que piensa que al otro puede no gustarle.
  • Fíjate más bien en cómo se comporta y actúa con los demás: Por ejemplo, nota lo que más le preocupa a tu pareja, o lo que más admira de sus amigos y de su familia. Fíjate igualmente en la clase de personas de cuales se rodea pues, como dice el dicho, “dime con quién andas y te diré quién eres”.
  • Examina también en qué invierte su dinero y qué importancia le da a las personas y las relaciones con su familia, con sus amigos y con Dios.  Y por supuesto, infórmate qué opinan o admiran de él otras personas como los compañeros de trabajo y amigos.

Un test que puedes aplicar:

Para ayudarte en tu diálogo y descubrimiento de los valores que tienes en común con tu pareja te sugerimos que trates de llenar, primero tú solo(a) las siguientes columnas. Después pídele a tu pareja que haga lo mismo y finalmente, intercambien sus respuestas y analicen sus acuerdos y desacuerdos:

Valores que considero fundamentalesValores que puedo negociarDefectos que no puedo aceptarMis prioridades
ResponsabilidadOrdenPereza1. La vida familiar
FidelidadPuntualidadSuciedad2. El trabajo
Sensibilidad por el que sufreMaltrato3. Cuidar la figura y la salud.
ColaboraciónCelos.4. Seguir estudiando
Veracidad
Ser creyente

Más sobre este tema en “Valores en Común” y “¿Somos compatibles?”

¿Cómo sé si lo que siento es verdadero amor?

 Por Dora Tobar

Es muy fácil confundir el amor con los sentimientos de agrado y fascinación que una persona nos despierta y terminar así haciendo promesas y entregas de amor cuando aún no estamos listos.

Afortunadamente, varias ciencias modernas como la psicología y hasta la bio-química han salido hoy al paso de los enamorados para ayudarles a clarificar sus sentimientos. Con base en esos datos podemos por eso decir, desde ya, que el amor a primera vista no existe. Toda relación de pareja, por tratarse del encuentro entre dos personas, pasa por distintas etapas hasta llegar, algunas veces, al amor.

Identificar en qué etapa de la relación vas con tu pareja te ayudará a saber también qué tipo de opción les conviene más y cómo pueden orientar su relación hacia la conquista del amor verdadero.

Las etapas del amor:

La relación de pareja pasa por distintas etapas que se pueden identificar como el enamoramiento o atracción, la etapa romántica o del “Te quiero” y finalmente “El amor”.

  1. El enamoramiento:

    Es la etapa rosa y apasionante en que una pareja se siente fuertemente atraída y fascinada por otra la otra persona. Estas sensaciones son tan fuertes y placenteras que muchas parejas creen que este es el amor.

    Sin embargo, la atracción que une a los enamorados no es más que el efecto de unas sustancias llamadas feromonas que, además de alterar nuestros sentidos y hacernos sentir gran goce y pasión ante el más mínimo contacto con la otra persona, nos hace creer que con nadie podríamos ser tan felices.

    Es decir, el agrado físico es tan fuerte que la mente también queda como enceguecida o fascinada. Por eso los enamorados no ven los defectos de su pareja e incluso dudan que pueda tenerlos. Todo parece perfecto.

    A esta falta de objetividad se suma el hecho que, los enamorados, si no mienten sobre ellos mismos, por lo menos esconden sus errores y exageran sus virtudes pues desean conquistar a todo precio la persona que les proporciona tan gratas sensaciones.

    En conclusión, el enamoramiento es una fase donde prima el placer pero donde se carece de realismo pues no sabemos aún cómo es realmente la otra persona. De hecho, durante el enamoramiento, lo que amamos del otro no es lo que él o ella es, sino lo que sus caricias, detalles y compañía me producen cuando me toca, me habla o me invita.
    Estas sensaciones son además pasajeras pues el efecto de las feromonas dura máximo 3 años. Si durante este tiempo la pareja no se ha dado la oportunidad de dialogar mucho y esforzarse por conocer la realidad del otro, en vez de quedarse engolosinada en encuentros llenos de caricias pero con poco contenido, la relación se acaba. Si además se tienen relaciones sexuales durante esta etapa, el efecto enceguecedor de las feromonas se duplicará creando una sensación ficticia de intimidad.

    El enamoramiento no es la etapa para la entrega que supone la vida sexual y matrimonial.

  2. Etapa Romántica o del “Te-Quiero”

    En la etapa romántica la pareja empieza a compartir más y por tanto a conocerse mejor. Al ir entrando en el mundo de la otra persona, de sus gustos, de sus ideas, de sus características, de sus habilidades, etc., empiezan a aparecer las cosas que realmente nos atraen de la persona, y no sólo de su cuerpo. Se empieza a disfrutar de lo que la persona es, y no únicamente de lo que esa persona causa en mí.

    Algunas de las característica que descubrimos en la pareja son reales. Podemos ya ver algunos defectos,  pero también puede haber todavía mucha fantasía o idealización (amo los sueños que el otro despierta en mi). Por eso es importante recordar que apenas se está comenzando el conocimiento de la otra persona.

    Junto a la pasión de las feromonas, en la etapa romántica aparece la ternura. Ésta busca llegar a lo profundo de la otra persona para halagarla o hacerla sentir bien.

    Con todo, la etapa romántica no es todavía el amor. Aún no conozco a la otra persona como para saber si estaría ya dispuesto(a) a entregarle las  llaves de mi casa o la clave secreta de mi cuenta bancaria. Y si eso es así, entonces es signo de que aún no estamos listos para una entrega total como la que supone la sexualidad o el matrimonio.

  1. El Amor:

    El amor no es el arrebato ciego y apasionado de los enamorados. Tampoco es la idealización rosa de los románticos. El amor es la unión estrecha, la confianza profunda y el deseo de buscar en todo el bien de la otra persona. Este sentimiento surge cuando se conoce a la pareja y se es feliz con lo que se sabe ella. Entonces nace el impulso confiado de dar todo de sí y de recibir todo lo que el otro es, para formar un “nosotros”.

    En otras palabras,en el amor la confianza y la generosidad son los elementos claves y se relacionan mutuamente: porque confiamos, deseamos entregar generosamente toda nuestra vida. Pero no se puede llegar a la confianza sin el conocimiento mutuo.

    Por eso podemos decir que el amor se compone de cuatro elementos:

    Conocimiento:

    Y conocerse significa al menos que:

    • Sé de dónde vienes y a dónde vas.
    • Sé cómo reaccionas cansado, con rabia, bajo estrés, cuando estás contento.
    • Sé gran parte de tus defectos y cualidades.
    • Sé tus valores y los comparto.
    • Aunque no eres perfecto(a).

    Aceptación:

    • Admiro lo que eres.
    • Me gusta tu físico y tu manera de ser.
    • Entre todas las personas que pueden gustarme, te escojo a ti.
    • No espero que cambies para amarte. Aunque no cambies así te quiero.

    Confianza:

    1. Sé que en ningún momento quieres hacerme daño.
    2. Puedo confiarte mi salud, mi dinero, mi futuro porque sé que deseas cuidar de mi.

    Deseo de entrega:

    • Verte feliz me satisface.
    • Conozco tus aspiraciones y estoy dispuesto(a) a apoyarlas.
    • Ofrezco todo de mi para que buscar tu bien tanto material, sexual como emocional.
    • Estoy dispuesto (a) invertir todas mis energías en acompañarte, entenderte y servirte, aún cuando me implique renuncia y sacrificio.

Para quien es creyente es claro que no hay mejor definición de amor que la que Jesús nos dio: “No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos” (Juan 15,13). Así, el amor deja de ser sólo un sentimiento y se convierte en la permanente acción de auto-donación o entrega por el bien del otro.

En una pareja no siempre los dos llegan juntos, o al mismo tiempo a desarrollar este tipo de amor. Si después de un periodo uno de los dos, o los dos, no avanzan hasta alcanzar este amor de entrega es porque no están listos para ser un matrimonio.

El amor debe ser alimentado permanentemente. Por eso, el hecho de que una pareja se case amándose, no implica que ya tiene su felicidad garantizada. Cada cual debe esforzarse por cuidar y avanzar en la entrega, la confianza, el mutuo conocimiento y la aceptación del otro.

Más sobre este tema en El compromiso y Qué estoy dispuesto a compartir. Lecturas Complementarias: M. Scott Peck, Nueva Psicología del Amor, MC Editorial, 1998.

Matrimonios mixtos o entre personas de diferentes religiones

Padre Heliodoro Lucatero

Hasta hace poco, el matrimonio entre personas de diferentes religiones, conocido como matrimonio mixto (entre cristiano católico y cristiano no católico, ejemplo bautista o metodista) o matrimonio con disparidad de culto (entre católico y un judío, o musulmán) era algo que casi nunca se daba o de lo que nunca se oía hablar. Y si acaso se daba, se celebraba de una manera secreta y en la sacristía.

Pero en los últimos años esto ha cambiado. En nuestra sociedad más abierta, son cada vez más los casos de matrimonios entre cristianos católicos y cristianos no católicos, y entre católicos y no cristianos. Para la Iglesia católica el ideal es el matrimonio entre dos católicos. Con todo, invita a las parejas con diversidad de fe o culto a considerar los acuerdos previos que deben hacer cuando no comparten la misma religión y credo, y en razón de eso, otorga, como algo excepcional, el permiso para celebrar dichas uniones matrimoniales.

En el número 1124 del Derecho Canónico se lee por ejemplo lo siguiente: “Está prohibido, sin licencia expresa de la autoridad competente, el matrimonio entre dos personas, una de las cuales haya sido bautizada en la Iglesia católica…, y otra adscrita a una Iglesia o comunidad eclesial que no se halle en comunión plena con la Iglesia católica” (Véase, Código del Derecho Canónico, edición bilingüe comentada por los profesores de la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Pontificia de Salamanca, Biblioteca de Autores Cristianos BAC, Madrid, 1983, p. 547).

La licencia para que una persona católica se case con una persona de diferente religión se le conoce como “dispensa” y es dada por el obispo de la diócesis donde se encuentra la parroquia en la que los novios contraerán matrimonio. La Iglesia católica no obliga a que el contrayente no católico se convierta, sino que, con respeto, da la libertad al otro para que siga practicando su fe, pero le pide unas condiciones de igual respeto a la fe del contrayente católico. Es decir, para que el matrimonio mixto o con disparidad de culto sea válido la Iglesia católica pone las siguientes condiciones:

  • Que el contrayente católico no se sienta forzado o inducido por su pareja a abandonar su fe.
  • Que los dos prometan que los hijos que lleguen a tener sean bautizados y educados en la Iglesia católica.
  • Que el contrayente no-católico conozca a qué se compromete  un católico cuando se casa (Entrega total a imitación de Cristo, fidelidad e indisolubilidad del matrimonio) y que los dos sean instruidos sobre los puntos importantes del matrimonio (Código de Derecho Canónico, Ed. BAC, Madrid 1983, p. 548).

Es un hecho que en los matrimonios mixtos (cristiano católico y cristiano no católico) la convivencia conyugal presenta un gran reto por la diferencia en sus comunidades eclesiales. Por eso es bueno que haya un buen diálogo ecuménico entre las Iglesias interesadas para que den apoyo a la pareja, y así puedan vivir su fe en mutuo respeto.

Es todavía más desafiante la convivencia de los cónyuges en los matrimonios con disparidad de culto (católico y no cristiano), pues hay diferentes mentalidades religiosas y a veces diferentes concepciones de lo que es el matrimonio mismo; también es un gran reto y fuente de grandes tensiones llegar a un acuerdo acerca de la manera de educar a los hijos y la fe que se les ha de transmitir. Estas tensiones no sólo pueden afectar la vida de pareja sino que pueden llevar a la pareja y los hijos a que caigan en la indiferencia religiosa.

Por eso la Iglesia debe preparar y atender a estas parejas con especial cuidado para que sea la fuerza del amor, “que todo lo puede”, la que les dé un marco sólido desde el cual puedan manejar sus diferencias.

Para profundizar en el tema: Miguel Ángel Fuentes, ¿Acepta la Iglesia el matrimonio mixto?

La Conciencia de ser Una Sola Carne

Se trata de un tema de gran interés para las parejas de esposos: es un tema muy antiguo y también muy nuevo. Es antiguo porque ya aparece en la primera página de la S. Escritura: la consigna propuesta por el Creador a la primera pareja de la historia: “los dos se harán una sola carne” (Gén. 2,24). Es también muy nuevo porque solo en la primera mitad del siglo XX algunos filósofos del lenguaje (M. Nédoncelle, M, Buber, P. Laín Entralgo) comenzaron a plantear este tema: los pronombres personales YO – TÚ conducen al NOSOTROS: Yo te amo, Tú me amas, NOSOTROS nos amamos. La pareja conyugal construye el NOSOTROS DEL AMOR.

El mismo Concilio Vaticano II  intuyó también esta realidad: “… los cónyuges se esforzarán de común acuerdo y común esfuerzo por formarse un juicio recto…” (GS. n. 50). “los propios cónyuges hechos a imagen de Dios (…) vivan unidos con el mismo cariño, modo idéntico de pensar y mutua santidad (GS. n. 52). Posteriormente, San Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica postsinodal Familiaris consortio afirmó: “conviene tener presente que en la intimidad conyugal están implicadas las voluntades de dos personas, llamadas sin embargo a una armonía de mentalidad y de comportamiento. Esto exige no poca paciencia, simpatía y tiempo” (. 34).


Las mismas parejas de novios entrevén que este proyecto de vida de ‘ser una sola carne’ urge iniciar el proceso de crecimiento cuando se dicen uno a otro: “hoy te amo más que ayer, pero
menos que mañana”. La misma S. Escritura emplea tres verbos en futuro para presentar este proyecto de vida: “el varón dejará a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y se harán los dos una sola carne”. Es un proyecto a realizar durante la existencia de la pareja humana.
Cuando este proyecto no se pone en marcha dentro de la pareja viene entonces el dominio del macho y la sumisión de la mujer, hablan de lo mío y de lo tuyo (no de lo nuestro), y la pareja termina por derrumbarse. De ahí la importancia de inculcar, promover, formar y cultivar en la pareja este proyecto de SER UNA SOLA CARNE: esto exige, como decía el Concilio Vaticano II “común acuerdo  y común esfuerzo”; como decía San Juan Pablo II, “no poca paciencia, simpatía y tiempo”.
 
Para mas informacion, visite: Iglesias Domesticas

La Vocación al Matrimonio Implica un Proceso

De Jesús de Nazareth nos dice el Evangelista S. Lucas que “crecía en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres” (Lc. 2,52). Otro tanto hay que decir del hombre y de la mujer, como individuos, como pareja y como familia. El Beato Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica post-sinodal Familiaris Consortio escribió: “el hombre es un ser histórico que se construye día a día con sus numerosas opciones inteligentes y libres; por esto, el hombre conoce, ama y realiza el bien según etapas de crecimiento y desarrollo” (n. 34).

También la vocación al matrimonio experimenta un proceso de evolución y desarrollo. Al matrimonio no se llega automáticamente, de sorpresa; la misma Familiaris Consortio alude a unas etapas: en la infancia el ejemplo de vida de los padres es una primera pista de orientación; la juventud constituye una segunda etapa cuando en el joven y en la joven salta la chispa de la atracción sexual; una tercera etapa es el momento del noviazgo.

Dentro de esta tercera etapa los psicólogos, pedagogos y pastoralistas han señalado cinco pasos progresivos a realizar:

–      El primer paso es el ENAMORAMIENTO; es el momento del encanto recíproco que siente cada uno por el otro: una simple mirada, llena de fuego puede suscitar la llamarada del amor. Pero el mero enamoramiento no es suficiente para decidir ya la celebración del matrimonio.

–      Al enamoramiento sigue la ELECCIÓN DEL OTRO(A) en vista a formar pareja humana; en este segundo paso deberán tener en cuenta muchos factores para garantizar una elección acertada: carácter, edad, nivel cultural, raza, religión, hobby, profesión, sentido de responsabilidad, etc. Se trata de hacer una elección libre e inteligente. Un psicólogo español ha escrito que “corazón y cabeza son la clave para construir una pareja feliz”.

–      A una elección bien acertada sigue EL COMPROMISO MUTUO mediante el cual cada uno dice al otro “te elijo para ser mi esposa(o) porque quiero vivir para ti”. Una canción muy conocida explica en qué consiste el amor verdadero: “amar es entregarse, olvidándose de si, buscando lo que al otro pueda hacer feliz. Comprometerse a amar de verdad a la otra(o) como esposa(o) es decirle, como afirma un filósofo, “quiero que vivas para siempre”.

–      Al compromiso mutuo sigue un paso también muy importante: EL PROYECTO COMÚN DE VIDA DE PAREJA. En este momento la pareja comienza a pensar ya no como un YO o un TÚ, sino como un NOSOTROS: nuestro amor, nuestro hogar, nuestros hijos, nuestro futuro, nuestra vida, nuestra casa… De aquí que entre la gente se diga del viudo(a) que es un medio muerto o un medio vivo. Este ‘proyecto común’ exige formar la conciencia de ser pareja, de ser ‘una sola carne’, o sea, un auténtico nosotros’.

–      El quinto paso lo constituye el ACOGER dentro del proyecto común EL PLAN DE DIOS SOBRE LA PAREJA HUMANA. Muchas parejas han hecho esta acogida en momentos diferentes: unas desde el noviazgo, otras después de un retiro espiritual, otras después de una experiencia particular de fe cristiana. Cuál es el plan que Dios propone a la pareja humana como ideal a realizar en su vida?. Llegar a ser una verdadera comunidad de amor y de vida, llegar a ser una pequeña iglesia doméstica, un ‘icono’ de la Trinidad divina; en síntesis, ser Símbolo – Sacramento- de la alianza de Dios con su pueblo, de Cristo con la iglesia, su Esposa.

Dios propone a la pareja un proyecto ambicioso, pero posible. Él ofrece su gracia, su apoyo y compañía para realizar con acierto estos cinco pasos. La vida conyugal y familiar es un verdadero proceso de crecimiento en el amor sobre todo; con razón que los enamorados se digan entre sí “hoy te amo más que ayer, pero menos que mañana”. Esta deberá ser la consigna a realizar todas las parejas humanas y, sobre todo, las parejas cristianas.

Este amor de pareja tiene cuatro cualidades específicas, señaladas por Pablo VI en la Humanae vitae: plenamente humano, total, fiel y exclusivo, fecundo (n. 9). Maurice Blondel, un filósofo del personalismo, decía con razón del matrimonio: “los dos queriendo ser uno solo, se convirtieron en tres”, es decir, padre, madre e hijo(s). El proceso descrito culmina haciendo de la pareja–familia célula vital de la sociedad: una pareja-familia sana es augurio de una sociedad sana.

Para más información visite: www.iglesiasdomesticas.com

El matrimonio feliz siempre nace del amor y la amistad

Todos sabemos que el 14 de Febrero es el día del amor y la amistad. Pero pocos saben que el 13 de Febrero también celebramos el Día Mundial del Matrimonio. No es una coincidencia que la amistad, el amor y el matrimonio se celebren en fechas tan cercanas. Después de todo, el matrimonio sano y feliz siempre nace y se alimenta del amor, y lleva a los esposos a desarrollar una amistad muy profunda.
Este mes, les invito a que lean el artículo de Gaudium Press sobre el Día Mundial del Matrimonio. En el encontraran un mensaje de esperanza, y recursos diseñados para ayudarnos a alimentar el amor y la amistad en nuestro matrimonio día tras día. Estos mensajes y recursos también pueden inspirar a parejas que están pensando en el matrimonio, o que ya se están preparando para hacer de sus vidas una sola. ¿Que harás hoy por tu matrimonio?