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Los recién casados

Por Alba Liliana Jaramillo

Clarita y Miguel llevan tres meses de casados y empiezan a tener roces porque Clarita no cede fácilmente ante los conflictos y siempre cree tener la razón. Este caso nos muestra que, aunque los recién casados experimentan un gran goce y pasión, también viven la sorpresa de descubrir al ser amado dentro de la cotidianidad.

La tolerancia es uno de los valores fundamentales que deben trabajar los recién casados, pues esta es la etapa de los grandes ajustes necesarios para la adaptación a la nueva vida. En este momento es cuando se empieza a compartir desde los detalles cotidianos más banales como la sala de baño, el closet y la cocina, hasta situaciones más complicadas como las responsabilidades económicas, el cuidado de la salud y los compromisos laborales.

Es importante ir descubriendo formas de establecer la convivencia, de repartirse las responsabilidades y tareas y de la administración de la casa, en que ambos se sienten a gusto. Y para esto la pareja de recién casados debe tener claro que pueden permitirse experimentar y evaluar diferentes maneras de convivencia, de acuerdo a los conflictos o necesidades que aparezcan, hasta que descubran lo que les satisfaga a los dos. Por ejemplo, ambos pueden tener diferentes puntos de vista sobre la manera de mantener el orden en su casa, lo cual hace que puedan revisar entre ambos cuál es la manera en que al ordenar, se sienten a gusto los dos.

Se debe saber igualmente que cada pareja, cada familia, tiene una forma particular de vivir y de ser. Este es el momento para construirla, al gusto de los dos y sin interferencias externas. Por eso un detalle muy importante es no ventilar sus problemas con familiares o amigos, para que desde un principio no se inmiscuyan en las crisis de pareja. De otro modo, ellos empezarán a tomar partido hasta convertir la crisis en un problema también con las familias de cada uno, lo cual afecta la vida en pareja.

Los hijos son siempre una bendición. Sin embargo, muchas parejas han experimentado la conveniencia de retrasar la llegada de los hijos por lo menos durante los dos primeros años. Este tiempo de intimidad puede permitirles estructurar muchos aspectos de la convivencia, así como consolidar y cohesionar valores y principios fundamentales para los dos. Así, cuando decidan tener hijos, estos puedan encontrar unos padres con una dirección y acompañamiento claros y firmes, lo cual contribuirá enormemente a su formación integral y su estabilidad.

Si los recién casados son jóvenes, es posible que aún estén dispuestos a seguirse preparando académicamente. Esto implica revisar su proyecto de vida para ver prioridades y si es el caso, para decidir cuál de los dos, según las circunstancias, puede preparase primero, mientras el otro da un apoyo más fuerte en lo laboral y económico. Después será entonces el turno del otro. Así ambos podrán cumplir sus metas, sin que ninguno sienta que no las logró, porque el otro no tuvo la generosidad para apoyarlo cuando era necesario hacerlo.

Más sobre cómo resolver estos posibles conflictos en Las soluciones que buscas.

Lecturas complementarias: Escobar Isaza, Gustavo Adolfo, Hacerse Pareja: Guía para construir una relación duradera. Editorial Mad, SL, 2005.

Un Matrimonio Fructífero (Antes de tener hijos)

Por Megan y Juan 
 
Creo que una de las cosas más emocionantes y a su vez espantosa del matrimonio es  el prospecto de aprender a ser responsable por el regalo increíble de la fertilidad. La llamada y vocación de abertura a la vida en la iglesia católica puede parecer abrumador. Requiere del discernimiento, disciplina, abnegación, sacrificio, mucho amor, y confianza en el plan de Dios. Somos llamados a entrar en un proceso de considerar con oración si Dios nos pide aceptar hijos en las distintas etapas de nuestra vida o posponer los hijos cuando tenemos razones graves por hacerlo.
 
Juan y yo ambos provenimos de familias de cuatro hijos, y nosotros también esperamos tener una familia grande algún día. Nos gustaría tener varios hijos biológicos, y a lo mejor adoptar también. (Además somos la pareja que ya tiene elegidos cinco nombres de bebé). Sin embargo, cuando consideramos nuestras circunstancias antes de casarnos (a Juan le queda para graduar de la universidad y yo estoy estudiando para mi Magister), discernimos que nuestras razones por querer esperar un rato antes de tener hijos son suficientemente graves.
 
Pero uno de los aspectos hermosos del matrimonio católico es la llamada de estar siempre abiertos a la posibilidad de tener hijos y preparados para recibirlos de Dios con amor.
 
A este fin, cuando nos casamos, Juan y yo decidimos dar un paso muy práctico para ser verdaderamente abiertos a la vida cuandoquiera Dios nos quiere bendecir. Había leído que hay beneficios para un bebé cuyo mamá estaba consumiendo un suplemento de ácido fólico antes de concepción, y después de una recomendación de mi médica, decidimos que aunque no intentaríamos añadir a la familia, yo reemplazaría a mi vitamina regular con una vitamina pre-natal con ácido fólico, por si acaso. (No estoy recomiendo esto para todos, hay que consultar con tu medico).
 
Entonces en Julio, casi una semana antes de la boda, fuimos a nuestro supermercado local en Wisconsin y decidimos comprar para varios meses, ya que el precio de vitaminas en los Estados Unidos es mucho menor que en Chile. Cuando fuimos de regreso en el auto, Juan me agradeció por cuidar a nuestros futuros hijos antes de que aun existieran.
 
“Es bueno saber,” me dijo, “que los hijos siempre serán bienvenidos en nuestra familia.”
 
Pero por ahora, como muchas parejas recién casadas, estamos viviendo nuestra llamada a un amor fructífero en otras maneras, como ser involucrado con el movimiento de Schoenstatt, orando para nuestro ahijado, e intentar priorizar el desarrollo de nuestra espiritualidad matrimonial para que cuando discernamos que es hora de crecer como familia, tendremos corazones aún más preparados para los sacrificios y alegrías de hijos, y mejor preparados para enseñarles a amar a Dios y la iglesia.
No puedo creer que hayan pasado más de cinco meses. Por favor recuérdanos en tus oraciones. Les recordaremos en las nuestras.

 

El Asesino de los esposos: La Indiferencia

Cuenta un esposo: mi esposa convive conmigo en un reservado silencio, un silencio del cual yo me siento culpable, Compartiendo el mismo techo, me volví radicalmente indiferente hacia ella, con actitudes en las que me he implicado personalmente en nuestra relación. Me he comportado como un extraño que decía quererla, aunque la tratara como objeto. En la hondura de mi intimidad, bien sé que mi esposa no me ha sido realmente indiferente; mi actitud ha sido más bien fingida, simulada. Ahora me pregunto: cómo puede alguien sentirse indiferente ante la persona a la que supuestamente quiere?

Me doy cuenta de que cometimos el error de los que viven un corto noviazgo sin tiempo para conocerse mejor, y en este limitado espacio se ve solo lo valioso en el otro, mientras permanecen ciegos a sus defectos que, como cualquier ser humano tiene, y que en los primeros años de vida conyugal empiezan a emerger y a ponerse de manifiesto. Creíamos que estar enamorados era suficiente para consentir a la celebración del matrimonio

Son varios los factores que pueden generar esta situación de indiferencia: un primer factor es creer que el amor es algo mágico… No. El amor humano, máxime el amor conyugal, es algo muy personal que surge del fondo del corazón de cada uno de los enamorados; es un amor que exige ser cultivado como una planta delicada, porque el amor que no crece, decrece y muere. El amor conyugal no es tan simple como se lo imaginan; los psicólogos hablan de los tres ingredientes del amor conyugal: pasión por parte del varón, afecto por parte de la mujer y el compromiso por parte de ambos; es lo que llaman la “triangularidad del amor.

Dentro de los factores sociológicos, sugeridos por G. Pastor, sociólogo español, están la edad, la religión, la cultura, el carácter, la raza, los hobys…, caracteres estos que auguran una buena amalgama en la vida de pareja. Ya la S. Escritura alude al “llegar a ser una sola carne”; tres verbos en futuro pone de presente el Génesis: el varón dejará a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y se harán los dos una sola carne”. Refiriéndose a esta amalgama del ‘una sola carne’, S. Juan Crisóstomo la compara con la mezcla de aceite y perfume; y Sto., Tomás de Aquino la identifica con la licuefacción de dos lingotes de oro en el crisol.

La vida conyugal es un proceso que se inicia con el enamoramiento, la elección del otro(a), el compromiso mutuo y el proyecto común; se trata de un proyecto en que unen los pareceres de ambos, junto con la visión que cada uno tiene de la vida futura que añoran, para caminar en la misma dirección. De aquí que los esposos deben vivir el tiempo con visión de futuro en el presente de cada día; es un error mayúsculo quedarse anclados en el pasado, añorando las cosa pasadas y guardando recuerdos ingratos; a nadie le agrada que le estén recordando un pasado negativo. 

 

La vida conyugal se teje diariamente con mil detalles, tal vez sencillos pero efectivos para construir una relación auténtica de personas humanas y de cónyuges: el saludo, la sonrisa, el abrazo, un servicio, una caricia, un beso, el buen humor, traerle a ella un ramo de flores, recordar la fecha del cumpleaños, de la boda, admirar el cambio de peinado de ella, el estrén de vestido, etc. En cuestión de detalles los varones somos escasos, tacaños; las mujeres son más dadas al detalle. A veces la falta de un detalle puede ser considerada como indiferencia.

Si los cónyuges en el matrimonio, mutua y recíprocamente no contribuyen a reconocer e incrementar el valor que hay en el otro(a) y en sí mismo, ninguno de los dos puede crecer. Por esta razón, sin la comunicación, el matrimonio no puede caminar hacia adelante en la realización del proyecto común de pareja.

A propósito de ‘comunicación’, es importante tener presente los factores que bloquean la comunicación entre esposos: sean las expresiones verbales, como también las no verbales que damos con simples gestos. De verdad que la indiferencia termina siendo un asesino silencioso de la vida conyugal; la indiferencia lleva a la rutina en la vida matrimonial y ésta a perder el sentido auténtico de un buen matrimonio, de un matrimonio feliz.

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¿Ser Padres, vocación o casualidad?

 Es distinto ser hijo como fruto del amor recíproco de los padres a ser fruto de un accidente, como a veces se expresan los mismos padres de familia, o ser fruto de la casualidad, un hijo que llega sin ser invitado a la vida. Muchos de estos hijos que llegan por accidente, por casualidad, son víctimas del aborto. 

Según el Papa Francisco, “ser padre o madre de familia es una vocación, es una llamada bellísima porque nos hace crecer, de manera del todo especial, a imagen y semejanza de Dios; ser papá y mamá significa de verdad realizarse plenamente porque es volverse similares a Dios”.

 

Hay en esto un detalle que muchas veces no percibimos: a Dios lo llamamos ‘Padre’ (con mayúscula), a nuestros progenitores los llamamos ‘padres’ (con minúscula): padre, madre. Desde la creación Dios dio al varón y a la mujer la capacidad de transmitir la vida a otros: “Creced y multiplicaos”. Dios-Padre quiso tener un HIJO (con mayúscula) que es Cristo y muchos hijos (con minúscula) que somos todos los seres humanos.

 

Todos nosotros somos hijos, fruto del amor de Dios-Padre que, al crearnos, nos ha hecho capaces de amar y necesitados de amar y ser amados. Esto lo ha confirmado el Papa Juan Pablo II cuando enseñó en su primera carta encíclica Redemptor hominis que “si el ser humano no ama, si no es amado, no le encuentra sentido a su vida” (n. 10).

 

Quizás en nuestro tiempo haya muchos niños y niñas que son fruto de la casualidad, de un accidente…. Padres inmaduros física y psicológicamente, abuso sexual, frutos de un pasión sexual irresponsable, violencia sexual, juegos eróticos de adolescentes, etc. El caso de los criminales ‘natos’ (desde su nacimiento) es uno de tantos casos de hijos por accidente; son hijos de un padre que tal vez pidió a su compañera abortar, o que la abandonó al tener noticia del embarazo; quizás la madre al darle el pecho lo hacía con desprecio, con rostro de rechazo; no le sonría al niño(a), no lo acariciaba; no le hablaba con ternura.

 

Estos gestos que dan a entender que aquel niño(a) no fue bienvenido al mundo, tendrán graves consecuencias: sin duda que en un principio no entendió el por qué de aquel rechazo; pero pronto el frío afectivo del padre o de la madre impactará a la criatura; este impacto repercutirá posteriormente en la sociedad: será el adolescente malcriado, vengativo, colérico, rebelde, dañino…, será el hombre o mujer criminal. La ciencia criminalística lo ha demostrado con la experiencia de la investigación.

 

Una estadística señala este resultado: las niñas que no contaron con el apoyo de sus padres cuando más lo necesitaron, son 92% más propensas a fallas en sus matrimonios y llegan al divorcio; en el caso de los hombres, son 35 % más propensos; los niños con poco apoyo de parte de sus padres tendrán un pobre desarrollo académico y fallarán en la escuela, no por falta de capacidad, sino por falta de desarrollo emocional, en el cual el padre juega un papel muy importante.

Al contrario, cuando hay una paternidad comprometida en las relaciones de padre e hijos, en cuanto a tener sentimientos y conductas responsables respecto del hijo, sentirse emocionalmente comprometido, ser físicamente accesible, ofrecer apoyo material para sustentar las necesidades del niño, ejercer influencia en las decisiones relativas a la crianza del niño, entonces el efecto positivo será constructivo.

Ser padre o ser madre no consiste solo en la función biológica de procrear; ya S. Agustín, Sto. Tomás de Aquino y el Magisterio de la iglesia han entendido el texto bíblico -‘procread y llenad la tierra”-como una procreación responsable que incluye la educación, hasta el punto que si no los pueden educar, más bien no los tengan.

 

Que los padres y madres de familia sean ‘imagen de Dios’ por el amor nos debe llevar a tener presente los diversos rostros del amor: el amor de esposos, el amor de padres a los hijos, el amor de los hijos a los padres, el amor entre hermanos. De aquí que la familia sea la primera escuela del amor.

 

Se concluye afirmando que ser padres, ser madres, es de verdad una auténtica vocación: lo atestiguan los mismos hijos que al ver a sus padres que se aman, que se comprenden, se perdonan y se ayudan, dicen: qué bonito es el matrimonio!!; si mi vocación es el matrimonio, quiero que en mi pareja se realice la imagen del matrimonio de mis padres. A la inversa, cuando la imagen de los padres es negativa, renuncian a la vocación del matrimonio, arruinando de este modo su futuro.
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¿Qué significa el amor?

El articulo de una revista argentina con este título – Qué significa el amor – publicaba en 1994, presentó 46 posibles definiciones que muchas parejas de enamorados daban de cómo conciben el amor. Es difícil intentar reproducirlas todas en este espacio. Nos limitaremos a glosar algunas de ellas, las que suenan más interesantes. Algunas de ellas son éstas:

–       Es dar sin calcular si amo más, si amo menos. Es perdonar. Es comprender. Es aceptarse a sí mismo para luego hacer con el otro tal cual. Es estar juntos en las buenas y en las malas, es esperar, tolerar, escuchar, callar, hablar…

 

–       Podríamos resumir el amor en una pequeña frase: ‘cuenta conmigo’, o ‘a mi me agradaría estar contigo’. El amor nos hace vivir un cierto éxtasis que no significa vivir en la fantasía, porque los dos  somos personas diferentes con distintos gustos, defectos y virtudes. Es allí donde el amor  nos hace aceptar, cambiar, perdonar y, ¿porqué no? hacer feliz al que está a  nuestro lado.

 

–       Nos resulta  muy difícil encontrar una definición del AMOR. No obstante, lo consideramos un sentimiento que crece cada día. No tiene límites, ni tiempo, ni espacio; es mucho más que un querer. Es algo que se da y se recibe.

 

–       Nos es muy difícil escribir sobre el AMOR. Sabemos que es un sentimiento que a los dos nos atrapa. Es una semillita que a medida que nos conocimos y nos tratamos fue creciendo y creemos que ya es una planta. Tal vez todo esto sea muy platónico, pero es una forma de decir lo que entendemos por nuestro AMOR.

 

Cada una de las 46 definiciones que han dado acerca de la naturaleza del amor son diferentes; apuntan a querer decir algo sublime, inexpresable con términos humanos. Tienen razón al no lograr aprisionar el concepto de amor en una definición porque el AMOR es un misterio. El Evangelista Juan, queriendo definir lo que es Dios, no halló otro vocablo mejor que decir que DIOS ES  AMOR.

 

De este Amor Divino participan a su manera el varón y la mujer porque fueron creados a imagen y semejanza de Dios. San Juan Pablo II,  en su primera carta encíclica – Redemptor hominis– escribió que “el ser humano no puede vivir sin amar; sería un ser incomprensible, su vida estaría privada de razón de ser si no encuentra el amor, si no participa de él vivamente, si no lo experimenta” (n. 10).

 

DIOS-AMOR, y al crear al varón y la mujer a su imagen y semejanza, los ha creado diferentes para que expresen en forma distinta lo que es el amor. De aquí que varón y mujer amen en forma diversa:

 

·         En él el amor tiene una dimensión carnal, en ella el amor tiene dimensión afectiva,   
·         En él el amor da importancia a la acción, en ella a las palabras.
·         En él el amor es dudoso, incierto, en ella es un amor subterráneo y progresivo.
·         En él el amor se manifiesta como admiración, en ella como una atracción.
·         En él el amor es un amor de conquista, en ella es un amor que pide protección.

 

   Estas diferencias en el modo de amar hacen que varón y mujer  sean seres complementarios, es decir, que él necesita de ella y ella de él para llegar a ser una sola carne en la vida de pareja.  Esta complementación necesita del tiempo; con razón que el libro del Génesis, aludiendo a la complementación haya empleado tres verbos en futuro: “el varón dejará a su padre y a su madre, Se unirá a su mujer y se harán los dos una sola carne”.

 

 Esta reflexión sobre el AMOR nos lleva a concluir diciendo que amar es asemejarnos a Dios; de ahí que el amor sea algo divino.

El Perdón en la pareja sí es posible

Las parejas jóvenes no aprendieron a reconciliarse, porque el machismo predominante de los esposos y padres, sobre todo en otro tiempo, no dio margen a esta actitud del perdón; muchas veces se pensó que pedir perdón era humillarse ante el otro; en este caso fallaba incluso la educación, la cortesía de pedir una  excusa; fallaba la nobleza personal de reconocer la falta, el error cometido. Se pensaba que solo el inferior (la mujer, el hijo, el subalterno) era quien debía pedir perdón al superior; este no fallaba.
 
Muchos parejas de esposos no se percatan de que sus hijos son buenos observadores: aprenden más por lo que ven que por lo que oyen. Incluso, llegan a hacer sus reflexiones personales al respecto.  Hemos tenido ocasión de oír a hijos (as) de 10, 12 años, al ver a sus padres alegar, ofenderse mutuamente, guardarse rencor, etc, que dicen: ”esto es el matrimonio?. Si así es, mejor no casarse. Yo no me casaré en el futuro”.  Unos tales padres de familia destruyen con estas actitudes la ilusión de futuro que puedan tener los hijos.
 
Por el contrario, unos padres de familia que saben dialogar, deliberar juntos, perdonarse, pedirse excusas,  están haciendo escuela del perdón en su propio hogar; los hijos que ven este testimonio dicen: “qué bonito es el matrimonio. Si yo me llego a casar, que mi hogar sea como el de mis padres”. Esto es crear ilusiones positivas para el futuro entre los hijos.
 
Los hijos tienen el derecho a que los padres se reconcilien: es una situación ambivalente, incómoda,  para los hijos encontrarse ante los padres en riña o altercado: por quién sacar la cara?  Él es mi papá, ella es mi mamá.  Los hijos no saben a quién dar la razón de la contrariedad.  Muchas  veces se oye decir: él o ella me ofendió.. Por tanto, que me pida perdón. En este caso, la persona que se reconozca más noble, más consciente, que dé el primer paso hacia la reconciliación.  Incluso, que los padres pidan perdón a sus hijos; es un buen testimonio.
 
Respecto del perdón existen ideas equivocadas; por ejemplo: perdonar no es olvidar la ofensa; si así fuera deberíamos sufrir de amnesia; el perdón no es una obligación que se me impone; el perdón no es el restablecimiento de la situación previa a la ofensa; el perdón no es renuncia a un derecho; el perdón no es expresión de una superioridad moral; en este caso el perdón se convertiría en una humillación para el ofensor.
 
Descartando estas falsas concepciones del perdón, nos preguntamos entonces qué es el perdón?  El perdón es amar intensamente; en el caso de la pareja, el perdón deberá ser generoso y pleno si es un amor auténtico, capaz incluso de dar la vida por la persona que ama; perdonar es defender la causa de la humanidad, porque el que perdona lo que hace es reconocer también su condición de pecador ante quien le ha ofendido; perdonar es un acto liberador que consiste en ser capaz de romper la cadena que liga  causas y efectos; el perdón rompe la irreversibilidad de los actos humanos; perdonar es ir más allá de la justicia, pues ésta no puede ser un freno al perdón.
 
En la vida de pareja,  tal vez lo más difícil es la condición de no exigir  reciprocidad, pues muchas veces es preciso renunciar al derecho que tenemos de ser compensados por algo que nos ha hecho el otro; igualmente, no siempre nos es solicitado el perdón, ni contamos con la humildad y el reconocimiento de quien nos ofendió. Es más sencillo cuando podemos ver  el arrepentimiento del otro y los deseos de enmendar su proceder, pero muchas veces las personas nos ofenden o nos hacen daño sin darse cuenta.
 
El arrepentimiento, la verdadera humildad del otro ante su error es un elemento muy importante para facilitar el proceso de la reconciliación; exige desarrollar una visión comprensiva del otro y hacernos cargo de nuestras emociones y del efecto que éstas han generado en los demás. También el sentido del perdón es tener la oportunidad de enmendar el error, generar actos de reparación del daño y, a través de ellos, obtener  tranquilidad y aprendizajes importantes para la vida.
 

 

Sobre todo, es importante tener en cuenta que el perdón posee dimensiones trascendentales; reconstruye la relación herida y maltratada y su efecto va más allá de la pareja: afecta positivamente a los hijos, familiares y amigos. La actitud evangélica de Jesús de Nazaret  es emblemática para todos: ‘perdonar hasta 70 veces siete, lo que significa  ‘perdonar  siempre’.

La Vocación al Matrimonio Implica un Proceso

De Jesús de Nazareth nos dice el Evangelista S. Lucas que “crecía en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres” (Lc. 2,52). Otro tanto hay que decir del hombre y de la mujer, como individuos, como pareja y como familia. El Beato Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica post-sinodal Familiaris Consortio escribió: “el hombre es un ser histórico que se construye día a día con sus numerosas opciones inteligentes y libres; por esto, el hombre conoce, ama y realiza el bien según etapas de crecimiento y desarrollo” (n. 34).

También la vocación al matrimonio experimenta un proceso de evolución y desarrollo. Al matrimonio no se llega automáticamente, de sorpresa; la misma Familiaris Consortio alude a unas etapas: en la infancia el ejemplo de vida de los padres es una primera pista de orientación; la juventud constituye una segunda etapa cuando en el joven y en la joven salta la chispa de la atracción sexual; una tercera etapa es el momento del noviazgo.

Dentro de esta tercera etapa los psicólogos, pedagogos y pastoralistas han señalado cinco pasos progresivos a realizar:

–      El primer paso es el ENAMORAMIENTO; es el momento del encanto recíproco que siente cada uno por el otro: una simple mirada, llena de fuego puede suscitar la llamarada del amor. Pero el mero enamoramiento no es suficiente para decidir ya la celebración del matrimonio.

–      Al enamoramiento sigue la ELECCIÓN DEL OTRO(A) en vista a formar pareja humana; en este segundo paso deberán tener en cuenta muchos factores para garantizar una elección acertada: carácter, edad, nivel cultural, raza, religión, hobby, profesión, sentido de responsabilidad, etc. Se trata de hacer una elección libre e inteligente. Un psicólogo español ha escrito que “corazón y cabeza son la clave para construir una pareja feliz”.

–      A una elección bien acertada sigue EL COMPROMISO MUTUO mediante el cual cada uno dice al otro “te elijo para ser mi esposa(o) porque quiero vivir para ti”. Una canción muy conocida explica en qué consiste el amor verdadero: “amar es entregarse, olvidándose de si, buscando lo que al otro pueda hacer feliz. Comprometerse a amar de verdad a la otra(o) como esposa(o) es decirle, como afirma un filósofo, “quiero que vivas para siempre”.

–      Al compromiso mutuo sigue un paso también muy importante: EL PROYECTO COMÚN DE VIDA DE PAREJA. En este momento la pareja comienza a pensar ya no como un YO o un TÚ, sino como un NOSOTROS: nuestro amor, nuestro hogar, nuestros hijos, nuestro futuro, nuestra vida, nuestra casa… De aquí que entre la gente se diga del viudo(a) que es un medio muerto o un medio vivo. Este ‘proyecto común’ exige formar la conciencia de ser pareja, de ser ‘una sola carne’, o sea, un auténtico nosotros’.

–      El quinto paso lo constituye el ACOGER dentro del proyecto común EL PLAN DE DIOS SOBRE LA PAREJA HUMANA. Muchas parejas han hecho esta acogida en momentos diferentes: unas desde el noviazgo, otras después de un retiro espiritual, otras después de una experiencia particular de fe cristiana. Cuál es el plan que Dios propone a la pareja humana como ideal a realizar en su vida?. Llegar a ser una verdadera comunidad de amor y de vida, llegar a ser una pequeña iglesia doméstica, un ‘icono’ de la Trinidad divina; en síntesis, ser Símbolo – Sacramento- de la alianza de Dios con su pueblo, de Cristo con la iglesia, su Esposa.

Dios propone a la pareja un proyecto ambicioso, pero posible. Él ofrece su gracia, su apoyo y compañía para realizar con acierto estos cinco pasos. La vida conyugal y familiar es un verdadero proceso de crecimiento en el amor sobre todo; con razón que los enamorados se digan entre sí “hoy te amo más que ayer, pero menos que mañana”. Esta deberá ser la consigna a realizar todas las parejas humanas y, sobre todo, las parejas cristianas.

Este amor de pareja tiene cuatro cualidades específicas, señaladas por Pablo VI en la Humanae vitae: plenamente humano, total, fiel y exclusivo, fecundo (n. 9). Maurice Blondel, un filósofo del personalismo, decía con razón del matrimonio: “los dos queriendo ser uno solo, se convirtieron en tres”, es decir, padre, madre e hijo(s). El proceso descrito culmina haciendo de la pareja–familia célula vital de la sociedad: una pareja-familia sana es augurio de una sociedad sana.

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Eligiendo las Lecturas

Siento que la vida se ha vuelto un poco loca este mes. Primero, hubo un poco de drama con la boda. Para los que no leyeron la última publicación, el sitio para la recepción que habíamos reservado el julio pasado se cerró en Febrero y nos dejó buscando un lugar alternativo. Por fin encontramos un sitio cuando otra pareja en el listado de espera decidió no tomar el sitio.
 
También, hace poco empecé mi nuevo trabajo como profesora de inglés en la Universidad de Chile. Como se pueden imaginar, planear una clase nueva como profesora de primer año ocupa mucho tiempo así que entre ello y preparando mi tesis de maestría, he estado trabajando muy tarde por las noches (y probablemente será así por el resto del semestre). Juan acaba de terminar su práctica profesional y regresó a la universidad para lo que parece que será un semestre difícil.
 
Pero, entre toda esta actividad surge la cuaresma llamando a la tranquilidad, crecimiento espiritual, conversión, y reflexión. Ha sido muy difícil realmente entrar en el espíritu de la cuaresma con todas estas nuevas actividades en nuestras vidas y toda la locura que las acompaña. Mientras he adherido a mi sacrificio de cuaresma, el libro que planeaba terminar, Introducción a la vida devota (el cual es fantástico por si acaso) está todavía en mi velador desde enero sin leer. Aun así, Juan y yo creemos firmemente que si algo es importante, uno siempre puede hacer tiempo para ello. En la próximas semanas vamos a intentar dar más tiempo para la fe, para nuestra novena de boda, para la misa en la catedral, y para las actividades provida en la cuales vamos a estar participando.
 
En toda esta locura, una cosa que sí hemos hecho como una pareja en esta cuaresma es elegir las lecturas de la boda. Sí no has planeado tu misa de boda todavía, déjame decirte que esta es una de las mejores partes de planear tu día. En verdad, estuve bastante sorprendida cuando vi cuantas opciones hay para las lecturas, los salmos, las peticiones, y las bendiciones. Es fantástico porque te da la oportunidad de reflejar tu propia vocación dentro de la vocación de matrimonio, y como Dios ha hablado a ustedes como  una pareja, y luego ver eso reflejado en las lecturas y oraciones de tu boda.
 
Juan y yo empezamos a pensar en las lecturas para nuestra boda cuando hicimos un retiro para preparación matrimonial en el pequeño pueblo de Marathon, WI en Julio 2014. Tuvimos que hacer el retiro requerido en este tiempo ya que sabíamos que estaríamos fuera del país hasta casi la fecha de la boda. El retiro tuvo lugar en un monasterio hermoso convertido en un centro de retiro con un bosque alrededor y un riachuelo que cruza la propiedad. Al final del primer día, decidimos leer juntos las opciones para las lecturas en el librito que nos habían entregado mi parroquia. Mientras las leíamos y orábamos con ellas, escogimos algunas de nuestras favoritas.
 
Desde ese día no habíamos específicamente mirado las lecturas de nuevo. Es interesante porque, creo que si hubiéramos reunido, digamos, cuatro veces para elegir las lecturas, podríamos haber elegido cuatro lecturas distintas. Cuando vimos las lecturas hace una semana antes de la Misa, decidimos rápidamente la primera lectura, la de Tobías en lo cual Tobías y su novia Sara empiezan su matrimonio con una oración pidiendo la bendición de Dios. Juan especialmente quería esta lectura, ya que la parte que describe el plan de Dios en la creación para el matrimonio y la parte con la oración para vivir juntos hasta un vejez feliz son muy significativas para él. Para el evangelio, elegimos sin mucha dificultad la lectura en la cual Jesús cita a Génesis para explicar el plan de Dios para el matrimonio. La segunda lectura era más difícil elegir. Habíamos pensado antes que usaríamos a Efesias (Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia) o Corintios (El amor es paciente, es bondadoso). Aunque las dos son lecturas muy hermosas, y muy ricas en teológica matrimonial, no estuvimos seguros de ellas. Mencioné que me había gustado la lectura de Filipenses (2:4-9), aunque no la recordaba muy bien. Mientras la leíamos juntos en silencio, pensé que esta era la lectura. Juan expresó lo mismo cuando terminó de leer y dijo, “Esta es.”
 
La lectura de Filipenses, mientras tal vez menos usada que las otras que estuvimos considerando, es también muy hermosa. Empieza con la exhortación de “alegrarse siempre en el Señor” y “no angustiarse por nada,” sino poner nuestra confianza en el Señor. Finalmente, se concluye con una instrucción a enfocarnos en todas las cosas verdaderas y nobles, justas y puras mientras vamos caminando en nuestras vidas de fe. Un consejo sencillo, pero profundo y a veces muy desafiante. Es como un manual práctico para vivir una vida matrimonial feliz y sana.
 
Redescubrir y luego elegir esta lectura para nuestra boda ha sido para mí un verdadero regalo durante el tiempo ocupado en nuestras vidas porque nos recuerda a dar prioridad a las cosas más importantes y “no angustiarnos por nada,” y una invitación de Dios a siempre confiar en él.
 
Así que si no has elegido tus lecturas todavía, espero que disfrutes mucho de esta maravillosa oportunidad para descubrir lo que Dios quiere decir de ustedes y a ustedes cuando empiecen su vida matrimonial. Qué se diviertan descubriendo cuales son las lecturas más significativas para ti y tu novio/a y por qué. Seguramente va a ser una de las preparaciones más importantes que harán juntos.
Aquí encontrarás las opciones de las lecturas y comentarios de un licenciado en teología sagrada para ayudarlos a eligir: Lecturas bíblicas para la liturgia nupcial

Planes Para la Boda ‘Perfecta”

Hace unas semanas estaba hablando sobre planes de boda con una amiga de la universidad (que también va a ser una madrina de la boda). Ella se casó con su esposo el septiembre pasado, así que pensé que como ya había pasado por el proceso si misma, me podría dar un buen consejo al respecto.
 
Cuando la pregunté, entonces, que sería este consejo, no vacilo ni un momento y me dijo, “No te preocupes por hacer que todo sea perfecto. No todo va a ir según tu plan, pero recuerda que lo más importante es que te vas a casar. Es lo único que te va a importar el día de tu boda.” Es buen consejo, y uno en que he pensado mucho hace poco.
 
Justo este fin de semana pasado, mi mamá me llamó para decirme que había escuchado de su amiga que vio en Facebook que el sitio donde íbamos a tener la recepción de boda se va a cerrar. Nos tomó completamente por sorpresa, ya que no habíamos recibido ninguna advertencia sobre esto del lugar de recepción. Después de confirmar la noticia, tuvimos que intentar encontrar un nuevo sitio, solo cinco meses antes de la boda. Vamos a casarnos en julio así que esto no es una tarea fácil. La mayoría de los lugares para recepciones ya han sido reservados desde hace meses.
 
Como puedes imaginar, esto nos molestó bastante, especialmente porque habíamos específicamente planeado una boda matinal con la idea de que la recepción tendría luz natural y una vista maravillosa de los jardines justo afuera de las ventanas de nuestro (ya no existente) lugar de recepción. A Juan y yo nos gustan mucho las actividades al aire libre, tales como correr afuera, pasar en bicicleta, y excursionismo, y nosotros dos nos sentimos muy cerca a Dios cuando apreciamos Su hermosa creación, así que queríamos incorporar esto en la recepción. Encontramos el lugar “perfecto” con hermosos jardines justo fuera del comedor para que los invitados pudieran pasar en ellos a su gusto, y durante toda la recepción el lugar sería iluminado por luz natural. Habría sido ‘perfecto,’ pero ahora esta cerrado.
 
El día después de enterarnos de esto, Juan llegó al instituto de lenguaje donde apenas terminó su trabajo. Allá en Wisconsin, mis padres estaban llamando literalmente todos los lugares de recepción en que podrían pensar, sin mucha suerte, y mientras que yo ensenaba, Juan estaba investigando sitios de recepción que podríamos llamar más tarde. Cuando se terminó mi trabajo estaba muy estresada. En este punto no habíamos encontrado un sitio alternativo.
 
En el metro de regreso a casa, hablamos de como queríamos proceder ahora que la recepción perfecta que habíamos planeado se fue. Juan no parecía para nada tan estresado como yo, y me dijo que lo íbamos a solucionar. Me molestó un poco que Juan parecía tranquilo con la situación, así que intenté explicarle lo terrible que era. Juan solo me dijo, “Honestamente, solo quiero casarme contigo. La misa y los votos son los más importantes. Esto es el matrimonio. Para la recepción, vamos a encontrar una solución. Algo vamos a encontrar.”
 
En este momento me dí cuenta de que, en todo este drama, posiblemente había perdido de  vista lo que es más importante. Juan y yo nos vamos a casar. Esto es lo que hará al día perfecto para nosotros, sin importar lo que pasara. Al final de ese día, Juan y yo vamos a ser una nueva familia y una nueva expresión del amor de Dios en este mundo. Podemos empezar nuestra loca y maravillosa aventura, nuestra búsqueda de la santidad de toda la vida. Esto es hermoso y esto es perfecto.
 
Entonces para la cuaresma de este año, voy a soltar la idea de mi recepción “perfecta,” y voy a pasar el tiempo planeando la misa con Juan, eligiendo las lecturas y la música, escribiendo las peticiones, y asistiendo clases de preparación de matrimonio aquí en Santiago. Voy a ser agradecida por la bondad de Dios, por mi fé católica, mi novio increíble, mis padres a los cuales nos importan tanto a Juan y yo, y nuestra boda, en vez de pasar un fin de semana completo buscando nuevos sitios para la recepción que pensaban que nos gustarían.

 

 
En cuanto al lugar de recepción, algo vamos a encontrar.

Juventud y noviazgo

En diferentes ocasiones hemos tenido la oportunidad de conversar con jóvenes que nos han manifestado su preocupación porque el tiempo pasa y piensan que se les va la oportunidad de casarse. Esto crea angustia y una ansiedad que puede alterar su capacidad de decisión y que, por lo tanto, compromete la capacidad de selección correcta, poniéndolos a riesgo de entregarse a la persona equivocada.

Recién terminó el encuentro del Papa Francisco con la juventud en Río de Janeiro. Este evento movió a muchos jóvenes y el Santo Padre dirigió muchos mensajes alentadores y de reconocimiento a todos los participantes.  A los jóvenes que colaboraron con el encuentro les dijo: “Dios llama a opciones definitivas, tiene un proyecto para cada uno: descubrirlo, responder a la propia vocación, es caminar hacia la realización feliz de uno mismo. Dios nos llama a todos a la santidad, a vivir su vida, pero tiene un camino para cada uno. Algunos son llamados a santificarse construyendo una familia mediante el sacramento del matrimonio”.

Estas palabras nos permiten darnos cuenta de que no hay prisa. No nos angustiemos si todavía no hemos encontrado a ese alguien al que podemos presentar a los demás como nuestra o nuestro compañero. Demos a Dios la chance de mostrarnos las oportunidades que podemos elegir como proyecto en nuestra vida a través del cual alcanzaremos la santidad. Este llamado puede ser el matrimonio y si lo es, Él nos pondrá en el camino a la persona que llenará nuestra vida y junto a la cual daremos cumplimiento a este proyecto cuya recompensa es la felicidad y la santidad.

Mi esposa y yo, como jóvenes maduros y adultos, pudimos esperar encontrarnos, conocernos y darnos cuenta juntos que éramos el uno para el otro. Durante la espera de cruzar nuestros caminos, descubrimos cuál era nuestra vocación y durante este proceso vivimos la experiencia de trabajar para Dios en función de servir a los demás, de sentir la plenitud de vida en el servicio y de entregarnos a los demás. De este modo, al encontrarnos, ya estábamos preparados para entregarnos mutuamente en forma total, libre, fiel y abiertos a la vida.