Tag Archives: Noviazgo

Sexualidad y cohabitación

 Por Dora Tobar

El número de parejas que deciden irse a vivir juntas, sin casarse, está creciendo en los últimos años. Por eso, no es raro que tu pareja te proponga esta opción o que tu mismo(a) la estés considerando.

Pero seguramente el hecho de que otros lo hagan no es razón suficientes para que tú también te decidas por eso. La cohabitación, como lo muestran las estadísticas y lo repite la Iglesia, trae graves consecuencias para el futuro de tu relación y de tu familia, que vale la pena que consideres y discutas con tu pareja:

Datos estadísticos

  • Contrario a lo que muchas parejas piensan, cohabitar, en vez de preparar para el matrimonio crea precedentes en la relación que hacen que el 46% de las parejas que antes de casarse vivieron juntas terminen divorciándose (véase Why Marriage Matters: 26 Conclusions from the Social Sciences Marriage and the Public Good: Ten Principles, Witherspoon Institute, 2006).
  • Mucho menos de la mitad de las parejas que cohabitan, alguna vez se casan.
  • La mitad de las parejas que cohabitan terminan sus relaciones antes de los cinco años, aunque tengan hijos en común.
  • El aumento en la unión libre ha incrementado igualmente el número de niños que no crecen con su padre. Entre la comunidad hispana por ejemplo, el 42% de todos los niños hispanos nacidos en Estados Unidos en el 2006 son hijos de madres solteras, cuyos compañeros, en vez de responder por el hijo engendrado, encontraron en la inestabilidad de la unión libre una excusa para dejar sola a la madre (véase Pew Hispanic Center, Statistical Portrait of Hispanics in the United States, 2006, Tabla 11).
  • Las parejas casadas tiene  mejor estabilidad económica y posibilidades de progreso que las que cohabitan.
  • Las madres solas o abandonadas, y sus hijos, están entre la población más pobre.
  • Quienes iniciaron su vida de pareja en cohabitación tienden a seguir cambiando de pareja en relaciones igualmente inestables.
  • En cambio, la gran mayoría de los adultos no casados declararon que preferirían casarse. Así mismo, las estadísticas revelaron que los adultos casados son mucho más felices y tienen menos riesgos en todos los aspectos, que los que no están casados (véase Pew Research Center Publications, As Marriage and Parenthood Drift Apart, Public Is concerned about Social Impact. Executive Summary, July 1, 2007, p.1).

Los argumentos de la Iglesia

La Iglesia, más que juzgar a las parejas que optan por la unión libre y por iniciar su vida sexual fuera del contexto del matrimonio, se preocupa por los riesgos que corren y le duele ver que, por falta de buena información o por anti-testimonios, muchos jóvenes desconocen las enormes ventajas que el matrimonio aporta a la sexualidad y el amor:

  • La sexualidad, nos dice la Iglesia y lo confirma la psicología moderna, es la expresión más íntima y personal entre dos seres humanos. Por ella y a través de ella expresamos nuestra innata vocación a ser, no seres solitarios sino seres de comunión y encuentro. Como lo dice bellamente el Papa Juan Pablo II, la sexualidad es la huella divina en nuestra carne que nos recuerda que, no nacimos para algo, sino “para alguien” (Véase, Juan Pablo II, “Audiencia General #15 de Enero 16, 1980).
  •  En sí misma la sexualidad tiene por tanto la capacidad de unir no sólo dos cuerpos sino dos personas. Es decir, es el gesto que expresa y realiza la mutua donación que una mujer y un hombre pueden hacer de su ser (“carácter unitivo de la sexualidad”). La sexualidad es también la fuerza que nos conecta con el principio de la vida. Dios quiso que naciéramos por amor, y en el amor delegándonos, a través de la sexualidad, el sagrado encargo de colaborar en la procreación (carácter procreador de la sexualidad). Por eso, lo queramos o no, toda relación sexual interpela lo más profundo y sagrado del ser humano y lo expone, a él y a sus hijos,  a la posibilidad de ser recibidos y respetados o por el contario, de ser usados o minusvalorados.
  • Como lo advierte Pontificio Consejo para la familia, (Véase, Sexualidad Humana. Verdad y Significado, 11), cuando la sexualidad pierde su sentido de auto-donación, la civilización de “lo impersonal’ toma el poder: las mujeres se convierten en objetos de placer para el hombre y los hijos en estorbos para los padres.
  • El daño psicológico de vivir la sexualidad fuera de un compromiso de amor  se ve claro en la mujer quien, dada su estructura bio-química, al entregarse a la relación sexual genera una sustancia llamada “oxitocina” que la deja dependiente emocionalmente del hombre al cual se entregó. Si después de su entrega el hombre la deja, es por eso lógico que la mujer se sienta usada, se afecte emocionalmente, y hasta se deprima (véase Anonymous, M.D., Unprotected. A Campus Psychiatrist Reveals, Ed. Pinguin Group, 2006, p. 6-7).
  • Y ni hablar de las consecuencias para los hijos: Los hijos nacidos en concubinatos son con más frecuencia víctimas de toda clase de abuso y son sometidos emocionalmente a la inestabilidad de crecer en una relación sin garantía (véase Importancia del matrimonio para los hijos).
  •  Por eso, aunque la sociedad llama el concubinato como “amor libre” pues no está regido por ningún tipo de compromiso legal ni religioso, la Iglesia Católica no cesa de recordar que, precisamente la ausencia de dicho compromiso no sólo expone a la pareja y a sus hijos a toda clase de incertidumbre sino que impide, a veces a nivel muy inconsciente, que se genere en la vida de pareja la confianza profunda que debe corresponder a su nivel de intimidad sexual y de vida. Siempre habrá por eso quien sienta que esta situación en vez de darle libertad para amarse más, le da la ocasión para salir corriendo cuando se canse o deba enfrentar las dificultades normales del ajuste de una pareja.
  • Cuando en cambio una pareja tiene el coraje y el amor suficiente para declararse públicamente sus afectos y comprometerse  a una entrega de todo su ser, de cara a Dios y al mundo, no sólo le está dando a su pareja la mayor prueba de amor y respeto, sino que está creando una unión a la cual Dios mismo decide unirse para con su fuerza de Amor sellarla y garantizarla para siempre (véase CIC, #s. 2350; 2353,2390-2391; Familiaris Consortio, 81).

¿Por qué entonces conformarse con menos y arriesgar tanto? Si te decides por el amor y lo haces al estilo de Jesús, como un amor de entrega, tendrás a Dios mismo a favor de tu amor.

Más sobre este tema en Cohabitación, unión libre y matrimonio católico, Elementos para un matrimonio feliz y El compromiso.

¿Somos compatibles?

Por Dora Tobar

Para amarnos no tenemos que ser idénticos. Es más, las diferencias de temperamento o formas distintas de reaccionar dan a la pareja la oportunidad para la sana complementariedad que requerimos los seres humanos. Así por ejemplo, una persona espontánea enriquece y alegra al tímido y reservado que no sabe cómo expresar de manera suelta y despreocupada sus sentimientos. También, alguien aplomado y sereno ayuda al temperamento explosivo a calmarse y expresarse con serenidad y cordura.

Cuando hablamos de compatibilidad nos referimos en cambio a la sintonía, afinidad o parecido en gustos, formas de vivir y de ver la vida que dos personas comparten y que les permite coincidir en muchos aspectos de la vida y la convivencia.

Gracias a la compatibilidad una pareja no tiene que explicar por qué le gusta o le disgusta algo. Simplemente se da un entendimiento tácito, fruto de la coincidencia. Entre dos personas compatibles la necesidad de adaptación a la forma de vida de la otra es menor y requiere menos esfuerzo. Esto no quiere decir que no haya diferencias, pero que las divergencias no son oposiciones o extremos difíciles de conciliar.

Ahora bien, las personas somos cuerpo, interioridad e intelecto. Ser compatibles por tanto tener afinidades en estos tres aspectos:

Somos compatibles a nivel corporal si:

  • Existe ”química” entre los dos.
  • Si toda la persona me es agradable.
  • Me gusta su estilo para vestirse, caminar, presentarse (deportivo, formal o informal).
  • Me agrada el olor natural de su cuerpo (Ej.: olor del sudor de detrás de la oreja).

Si somos compatibles a nivel corporal podremos ser buenos amantes.

Somos compatibles a nivel intelectual si:

  • Los dos pensamos bien de nosotros mismos (buena auto-estima);
  • compartimos los mismos principios y valores;
  • coincidimos en ideas sobre la vida (ej.: pensamos que lo más importante en la vida es la familia, o las relaciones personales, o por el contrario, pensamos que triunfar en el trabajo es lo más importante);
  • tenemos el mismo nivel cultural (ej.: temas de conversación parecidos, tradiciones en común, el mismo interés por conocer; el mismo nivel de desarrollo intelectual);
  • tenemos el mismo estilo de vida (ej.: los dos somos bohemios, o formales o informales, o modernos o clásicos en el estilo de vida o en la forma de decorar y crear un ambiente en la casa. Si no coincidimos en esto un día encontraré en mi casa un sofá que me parece feo y que además fue pagado con el dinero que tenemos en común);
  • tenemos los mismos gustos (ej.: tenemos formas de divertirnos afines, nos gustan el mismo estilo de muebles, de ropa, de música, etc.).

Si somos compatibles a nivel intelectual podremos ser compañeros inseparables; tendremos siempre temas para conversar y sentiremos interés en compartir nuestras ideas con nuestro esposo(a).

Somos compatibles a nivel interior si:

  • Siento que nadie me entiende como mi pareja.
  • Si tengo algún problema o duda recurro primero a mi pareja.
  • A veces no tengo ni qué hablar y mi pareja percibe cómo me siento.
  • Confío en la bondad y buenas intenciones de mi pareja.
  • No tengo secretos que deba ocultarle.
  • Siento que tenemos un proyecto en común.
  • Sé lo que puede ofenderle.
  • Jamás hablaría mal de mi pareja a sus espaldas o me burlaría de ella.

Cuando una pareja coincide en este nivel de compatibilidad emocional o interior pueden llegar a ser “amigos íntimos”.

Si al revisar todos estos aspectos descubres que tu y tu pareja tienen al menos un 80% de compatibilidad en estos tres distintos aspectos es una buen signo de que podrán tener una convivencia agradable. El hecho que una persona no sea muy compatible con nosotros no hace que sea mala. Simplemente no es la persona con quien me entenderé mejor.

Al contraer matrimonio escoges y aceptas a la persona tal cual es. Por eso tienes el derecho de escoger a la persona con quien te sientas mejor, no sólo a nivel corporal, sino también en todos los niveles. Recuerda que la vida de pareja supone el compartir muchas más cosas que la sola cama. Si no hay comunión y acuerdos en todos los otros aspectos, también la pasión terminará por apagarse.

Más sobre este tema en Valores en común, Errores y aciertos al escoger pareja y Conflictos y diferencias de carácter.

Lecturas complementarias: Carlos Cuauhtémoc Sánchez, Juventud en Éxtasis #1, Ediciones Diamante, 1994; Alfonso Van Steenwegen, Amor: Palabra de acción. Reglas de juego para la relación de pareja. Ed. Lumen 1998

Detalles prácticos

Cinthya Arcega de Montalvo

Esperamos que al llegar a este punto, tú y tu pareja hayan seguido todas las recomendaciones para prepararse como personas y como pareja a la maravillosa pero comprometedora acción de dar la vida por el otro (Véase “¿Cómo sé si el matrimonio es para mí?” y “¿Somos compatibles?“). Y eso es sin duda lo más importante. Sin embargo, vale la pena también preparar bien el rito y los festejos con los cuales celebrarán ese momento sagrado en que comenzarán su entrega mutua. Por eso aquí tenemos algunas recomendaciones que les pueden ser muy útiles:

Principales pasos para la Preparación del Matrimonio

  • Hagan una cita con el sacerdote de la parroquia de la novia, o donde desean casarse, lo antes posible. Con él establecerán las fechas para su curso de preparación pre-matrimonial y recibirán información general.
  • Aparten la fecha de la boda en el templo con 6 meses de anticipación, por lo menos. Consulten este artículo para entender por qué tiene que ser un templo (y no la playa o algún parque).
  • Asistan al Curso de preparación Matrimonial, en los lugares y fecha que el sacerdote o el diácono de la parroquia les haya indicado. Generalmente este curso se desarrolla en dos etapas, con tres meses de distancia entre ellos, para que la pareja tenga tiempo de reflexionar sobre los temas presentados.
  • El curso de preparación matrimonial lo ofrece la Iglesia y es la ocasión para que la pareja dialogue sobre temas importantes y conozca mejor la naturaleza del sacramento del matrimonio.
  • Los cursos pre- matrimoniales tienen distintos nombres, según la diócesis donde se van a casar. Algunos de ellos son: Cursos Prematrimoniales, FOCUS, “El rito del matrimonio, sacramento y vocación”, “Pre-Cana.
  • También pueden realizar por su propia cuenta un  “inventario prematrimonial”, que les servirá de ayuda y base para evaluar su relación de pareja y saber en qué deben aún dialogar o prepararse. Para efectuarlo, entren a las siguientes conexiones: Inventario pre-matrimonial y después confronten sus respuestas con “Respuestas inventario pre-matrimonial.”
  • Preparen juntos las citas bíblicas y seleccionen la música que les gustaría para su celebración Eucarística.
  • Decidan cuáles símbolos opcionales quieren incluir: “Opciones para la liturgia de matrimonios

Documentos y requisitos

Preparen los siguientes documentos y preséntelos al sacerdote:

  • Certificado de bautizo actualizado (reciente, menos de 6 meses).
  • Certificado de confirmación (En algunas parroquias de algunos países, viene mencionado en el certificado de Bautismo).
  • En caso de estar ya casados por lo civil, presentar el certificado de la corte.
  • Si han tenido un matrimonio previo, con otra persona, por lo civil, deben presentar acta civil de matrimonio y acta de divorcio.
  • Si han enviudado deben presentar acta de defunción del cónyuge.
  • Si alguno de los dos estuvo antes casado por la Iglesia, deben presentar acta de anulación matrimonial, y acta de divorcio.
  • Si no están casados por lo civil, presentar licencia de la corte (“marriage license”). En los Estados Unidos no es necesario casarse por lo civil antes de la boda religiosa. La boda religiosa cuenta para las dos.
  • Certificado de que ya asistieron al curso de preparación al matrimonio. Las pláticas prematrimoniales son validas por un año.
  • Si van a casarse en una parroquia diferente a aquella a la cual pertenece la novia, necesitan obtener una carta del sacerdote de la parroquia donde se van a casar. En dicha carta debe de establecerse la fecha en la que contraerán nupcias matrimoniales y el nombre de los  contrayentes y la petición del sacerdote de ser aceptado como ministro autorizado por la Iglesia. Esa carta se presenta a la diócesis o al lugar donde el sacerdote les recomiende entregarla. También deberá tener el membrete con letra visible para facilitar o agilizar el correo fuera de los E.E.U.U.

Para que el matrimonio eclesial sea válido a nivel Civil

  • Llenar la forma titulada licencia de matrimonio (marriage license)
  • Presentar una identificación actualizada con fotografía (ID)
  • Elegir el lugar donde contraerán matrimonio ya sea una Capilla Ecuménica o un Templo Religioso.
  • Entregar la licencia de matrimonio al que oficia el matrimonio eclesial. Les pedirá firmarla el día de la boda y se encargará de mandarla a la corte local.

Exámenes Médicos Prenupciales

En la mayoría de los condados de los E.E.U.U. no es necesario realizarse exámenes de sangre para tener el conocimiento de la salud de uno mismo o la pareja, pero como recomendación y consejo es importante que tú y tu pareja se realicen los exámenes médicos que aquí anotamos, por lo menos dos semanas antes de que se lleve a cabo la boda. Estos análisis prenupciales se hacen con la finalidad de que los dos conozcan cómo esta la salud de su pareja y para saber si alguno de los contrayentes padece alguna enfermedad que represente un impedimento para la procreación o la salud y bienestar del matrimonio. En los exámenes se determina lo siguiente:

  • Tipo de sangre y si se tiene compatibilidad con la pareja, pues de lo contrario los problemas se podrán presentar al momento en el que decidan procrear.
  • Detectar infecciones virales.
  • Saber si existe alcoholismo, drogadicción, impotencia o enfermedades venéreas, incluido el VIH o SIDA, así como enfermedades crónicas o contagiosas que sean incurables o hereditarias.

Presupuesto para la Boda

Al contraer matrimonio, ya sea civil o religioso se debe realizar un presupuesto de boda, tomando en cuenta que lo importante es el valor que tú le des a tu matrimonio, no qué tan grande o lujosa sea tu fiesta de boda. Crea un presupuesto de boda para que tengas una guía amplia y detallada de los artículos y símbolos que desees incluir en tu boda. También puedes ver Bodas Sencillas, para ayudarte a decidir sobre la forma en que les conviene festejar este bello acontecimiento.

Los testimonios de las siguientes parejas sobre su proceso de preparación a la boda pueden darte ideas importantes:

¿Errores y aciertos al escoger pareja?

Por Edgar Montalvo de Arcega

Dicen que “uno no manda en las cosas del amor”, que “el amor llega a su momento”, y hasta que “el amor es ciego”. Estos dichos populares son ciertos en el sentido que el amor no es algo que se pueda inducir, ni mucho menos forzar a que pase. Pero también es cierto que el amor es una entrega que supone nuestra libre decisión.

Al conocer a una persona, nos atraen de ella algunas de sus características: su físico, su carácter y hasta su manera de resolver esta o aquella situación. Pero, ¿pueden estas características que nos atraen ser la prueba suficiente para considerar a esa persona como la pareja para el resto de nuestras vidas?

Con el objetivo de ayudarte en tu búsqueda y discernimiento, queremos que consideres los siguientes consejos:

  • Evita que la presión social de amigos y parientes te induzca a casarte: Frases como “vamos a hacer una rifa a ver si ya sales”, “te estás quedando para vestir santos”, “si te sigues tardando, vas a tener nietos en lugar de hijos”, entre otras, pueden crearnos malestar y hacernos creer que de verdad debemos “apurarnos”. Sin embargo, por más buena voluntad de nuestros parientes y amigos, esa no es la razón para decidirnos por una persona. Por el contrario, podría inducirnos a tomar una decisión que nos lleve al fracaso. Mantén una actitud positiva, toma las cosas con calma y date el tiempo que necesitas para buscar y escoger la persona que mereces. Dios puede ser tu gran ayuda en esta búsqueda.
  • No escojas a alguien seducido sólo por su apariencia física: Cuantas veces no hemos oído “por su belleza, a éste o a ésta se le perdona todo” ó “De la vista nace el amor”, pero usar la belleza como único método de selección es altamente riesgoso. Es natural que lo bello y agradable nos atraiga. Sin embargo, además de ser una característica pasajera, también es cierto que, una vez nos acostumbremos al físico de la otra persona, lo que realmente nos retiene a su lado son las características que nos permitan admirarla y no sólo desearla: los valores que tenemos en común, su capacidad de amar, su inteligencia, etc… Como solía decir mi papá: “Al elegir pareja, recuerda que esa es la persona que va a educar a tus hijos y que estará contigo el resto de tu vida”.
  • Debes escoger a la persona con la cual encuentres mayor afinidad. Es decir, debes decidirte por alguien con quien puedas realmente compartir lo que eres: tus gustos, tus valores; tu forma de ver la vida. Para descubrir el grado de afinidad con tu pareja, la mejor técnica es el diálogo. Pregúntale a tu pareja, por ejemplo: ¿cuál es tu punto de vista en este o aquel tema?, ¿cuáles son tus metas a largo, mediano, y corto plazo?, ¿cómo es tu vida familiar?, ¿cuál es tu concepto de familia?, ¿qué importancia tiene para ti la espiritualidad?, ¿qué religión practicas?, ¿qué opinas del matrimonio?, etc.
  • Creer que tu pareja te dará la felicidad que buscas es un gran error: No podemos basar nuestra felicidad en otra persona. La felicidad es un sentimiento personal, una forma de asumir la vida que depende sólo de nosotros mismos y de nuestra disposición a ser felices. Por eso pensar que mi felicidad depende de otro no es realista. Es mejor decir, “Soy feliz a su lado porque puedo hacerlo o hacerla feliz.” Al dar lo mejor de nosotros mismos por el bien del otro encontraremos virtudes y cualidades que ni nosotros mismos sabíamos que teníamos. Así, dando, nos vamos haciendo seres más maduros y completos.
  • Recuerda: “La pareja perfecta no existe, la pareja perfecta soy yo”. Esto no significa que de hecho ya soy todo lo que debo ser. Cada cual debe madurar e irse adaptando a los cambios de la vida. Así que no te tortures ni seas duro e inflexible en el camino de elegir a tu pareja. Sé suficientemente humilde para saber que como tú, también la otra persona está en proceso. Cuenta además con el hecho que hay hábitos, costumbres y temperamentos que una persona nunca podrá cambiar. Y, mientras esas realidades no sean destructivas para nosotros o para los hijos, estamos invitados a, por amor, acogerlas con aceptación y respeto. Esto te hará más tolerante y traerá paz a tu relación.

Más sobre este tema en ¿Somos compatibles? y Valores en común.

¿Cómo sé si lo que siento es verdadero amor?

 Por Dora Tobar

Es muy fácil confundir el amor con los sentimientos de agrado y fascinación que una persona nos despierta y terminar así haciendo promesas y entregas de amor cuando aún no estamos listos.

Afortunadamente, varias ciencias modernas como la psicología y hasta la bio-química han salido hoy al paso de los enamorados para ayudarles a clarificar sus sentimientos. Con base en esos datos podemos por eso decir, desde ya, que el amor a primera vista no existe. Toda relación de pareja, por tratarse del encuentro entre dos personas, pasa por distintas etapas hasta llegar, algunas veces, al amor.

Identificar en qué etapa de la relación vas con tu pareja te ayudará a saber también qué tipo de opción les conviene más y cómo pueden orientar su relación hacia la conquista del amor verdadero.

Las etapas del amor:

La relación de pareja pasa por distintas etapas que se pueden identificar como el enamoramiento o atracción, la etapa romántica o del “Te quiero” y finalmente “El amor”.

  1. El enamoramiento:

    Es la etapa rosa y apasionante en que una pareja se siente fuertemente atraída y fascinada por otra la otra persona. Estas sensaciones son tan fuertes y placenteras que muchas parejas creen que este es el amor.

    Sin embargo, la atracción que une a los enamorados no es más que el efecto de unas sustancias llamadas feromonas que, además de alterar nuestros sentidos y hacernos sentir gran goce y pasión ante el más mínimo contacto con la otra persona, nos hace creer que con nadie podríamos ser tan felices.

    Es decir, el agrado físico es tan fuerte que la mente también queda como enceguecida o fascinada. Por eso los enamorados no ven los defectos de su pareja e incluso dudan que pueda tenerlos. Todo parece perfecto.

    A esta falta de objetividad se suma el hecho que, los enamorados, si no mienten sobre ellos mismos, por lo menos esconden sus errores y exageran sus virtudes pues desean conquistar a todo precio la persona que les proporciona tan gratas sensaciones.

    En conclusión, el enamoramiento es una fase donde prima el placer pero donde se carece de realismo pues no sabemos aún cómo es realmente la otra persona. De hecho, durante el enamoramiento, lo que amamos del otro no es lo que él o ella es, sino lo que sus caricias, detalles y compañía me producen cuando me toca, me habla o me invita.
    Estas sensaciones son además pasajeras pues el efecto de las feromonas dura máximo 3 años. Si durante este tiempo la pareja no se ha dado la oportunidad de dialogar mucho y esforzarse por conocer la realidad del otro, en vez de quedarse engolosinada en encuentros llenos de caricias pero con poco contenido, la relación se acaba. Si además se tienen relaciones sexuales durante esta etapa, el efecto enceguecedor de las feromonas se duplicará creando una sensación ficticia de intimidad.

    El enamoramiento no es la etapa para la entrega que supone la vida sexual y matrimonial.

  2. Etapa Romántica o del “Te-Quiero”

    En la etapa romántica la pareja empieza a compartir más y por tanto a conocerse mejor. Al ir entrando en el mundo de la otra persona, de sus gustos, de sus ideas, de sus características, de sus habilidades, etc., empiezan a aparecer las cosas que realmente nos atraen de la persona, y no sólo de su cuerpo. Se empieza a disfrutar de lo que la persona es, y no únicamente de lo que esa persona causa en mí.

    Algunas de las característica que descubrimos en la pareja son reales. Podemos ya ver algunos defectos,  pero también puede haber todavía mucha fantasía o idealización (amo los sueños que el otro despierta en mi). Por eso es importante recordar que apenas se está comenzando el conocimiento de la otra persona.

    Junto a la pasión de las feromonas, en la etapa romántica aparece la ternura. Ésta busca llegar a lo profundo de la otra persona para halagarla o hacerla sentir bien.

    Con todo, la etapa romántica no es todavía el amor. Aún no conozco a la otra persona como para saber si estaría ya dispuesto(a) a entregarle las  llaves de mi casa o la clave secreta de mi cuenta bancaria. Y si eso es así, entonces es signo de que aún no estamos listos para una entrega total como la que supone la sexualidad o el matrimonio.

  1. El Amor:

    El amor no es el arrebato ciego y apasionado de los enamorados. Tampoco es la idealización rosa de los románticos. El amor es la unión estrecha, la confianza profunda y el deseo de buscar en todo el bien de la otra persona. Este sentimiento surge cuando se conoce a la pareja y se es feliz con lo que se sabe ella. Entonces nace el impulso confiado de dar todo de sí y de recibir todo lo que el otro es, para formar un “nosotros”.

    En otras palabras,en el amor la confianza y la generosidad son los elementos claves y se relacionan mutuamente: porque confiamos, deseamos entregar generosamente toda nuestra vida. Pero no se puede llegar a la confianza sin el conocimiento mutuo.

    Por eso podemos decir que el amor se compone de cuatro elementos:

    Conocimiento:

    Y conocerse significa al menos que:

    • Sé de dónde vienes y a dónde vas.
    • Sé cómo reaccionas cansado, con rabia, bajo estrés, cuando estás contento.
    • Sé gran parte de tus defectos y cualidades.
    • Sé tus valores y los comparto.
    • Aunque no eres perfecto(a).

    Aceptación:

    • Admiro lo que eres.
    • Me gusta tu físico y tu manera de ser.
    • Entre todas las personas que pueden gustarme, te escojo a ti.
    • No espero que cambies para amarte. Aunque no cambies así te quiero.

    Confianza:

    1. Sé que en ningún momento quieres hacerme daño.
    2. Puedo confiarte mi salud, mi dinero, mi futuro porque sé que deseas cuidar de mi.

    Deseo de entrega:

    • Verte feliz me satisface.
    • Conozco tus aspiraciones y estoy dispuesto(a) a apoyarlas.
    • Ofrezco todo de mi para que buscar tu bien tanto material, sexual como emocional.
    • Estoy dispuesto (a) invertir todas mis energías en acompañarte, entenderte y servirte, aún cuando me implique renuncia y sacrificio.

Para quien es creyente es claro que no hay mejor definición de amor que la que Jesús nos dio: “No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos” (Juan 15,13). Así, el amor deja de ser sólo un sentimiento y se convierte en la permanente acción de auto-donación o entrega por el bien del otro.

En una pareja no siempre los dos llegan juntos, o al mismo tiempo a desarrollar este tipo de amor. Si después de un periodo uno de los dos, o los dos, no avanzan hasta alcanzar este amor de entrega es porque no están listos para ser un matrimonio.

El amor debe ser alimentado permanentemente. Por eso, el hecho de que una pareja se case amándose, no implica que ya tiene su felicidad garantizada. Cada cual debe esforzarse por cuidar y avanzar en la entrega, la confianza, el mutuo conocimiento y la aceptación del otro.

Más sobre este tema en El compromiso y Qué estoy dispuesto a compartir. Lecturas Complementarias: M. Scott Peck, Nueva Psicología del Amor, MC Editorial, 1998.

¿Cómo sé si el matrimonio es para mí?

 Por Cinthya Arcega de Montalvo

El que te sientas muy enamorado y creas que ya encontraste a la persona de tus sueños no significa del todo que estás listo. Falta una parte muy importante para considerar: tus propias habilidades y destrezas para convertirte en esposo o esposa.

Es decir, aunque todos nacimos para el amor, no siempre estamos listos para darlo y recibirlo. Esto es particularmente cierto cuando se trata del amor matrimonial pues lo característico de este amor es que renunciamos a pensar y actuar como individuos o solteros para decidirnos por construir un “nosotros”, es decir, una comunión de vida o comunidad.

Dicha comunidad la comenzamos con la decisión y promesa de entregarnos totalmente. Pero es en el diario vivir donde esta entrega se pone en práctica y se convierte en la base de la cual nacen la armonía, la comprensión y la unidad que constituyen la comunión de vida matrimonial.

Si este es tu concepto y el tipo de amor al cual aspiras, vas por buen camino. Pero de todos modos es bueno que analices si ya estás igualmente entrenado y listo para ponerlo en práctica. Con ese objetivo te proponemos que te hagas las siguientes preguntas:

  • ¿Eres una persona feliz que sabe que la felicidad no depende de nada ni nadie fuera de ti, sino de tu decisión por ver la vida con positivismo y gratitud?
  • ¿Estás conforme con lo que haces pues das siempre lo mejor de ti, o eres por el contrario un conformista o una persona que te juzgas con severidad a ti mismo?
  • Sabes expresar tu disgusto y tu rabia sin ofender a los demás?
  • Sabes pedir perdón cuando cometes errores y sabes perdonar cuando te ofenden?
  • ¿Te sientes capaz de cambiar o sacrificar tu decisión de salir de parranda con tus amigos por incluir siempre a tu pareja en tus planes de diversión?
  • ¿Estoy listo(a) para crear y gozar del tiempo que se comparte en pareja y en familia?
  • Si acostumbras beber o fumar muy a menudo: ¿Estás dispuesto(a) a dejar tus vicios por tener un matrimonio estable y feliz?
  • ¿Puedo enumerar al menos cinco sacrificios que estoy dispuesto(a) a hacer cuando esté casado (a)?
  • Crees que el hecho de ser mayor te ha dado ya la suficiente madurez para saber llevar un matrimonio? Ó, si eres joven, ¿sabes si tu edad no te permite tener la madurez que se debiera?
  • Crees que el matrimonio será la solución a muchos de tus problemas?
  • ¿Estás seguro(a) de estar enamorado(a) de tu pareja y de nadie más?
  • ¿Te vas a casar únicamente porque ya hay un embarazo de por medio?
  • ¿Estás seguro(a) que al casarte no tratas de huir de los problemas que tienes en tu casa?
  • ¿La razón por la que te casas es porque tu pareja te comprende?
  • ¿Has decidido casarte porque sientes que estás ya muy mayor para seguir soltero(a)?

Si tus respuestas dieron como resultado que lo que te mueve a casarte es sólo el amor y el deseo de dar lo mejor de ti por el bien de la otra persona, aunque esto implique sacrificios, entonces ya estás preparado(a) para el matrimonio.

Debes de saber igualmente que el matrimonio no es un sombrero mágico donde encontrarás la solución a los problemas y serás “feliz para siempre.”  Por el contrario, debes estar preparado(a) para encontrarte con muchas situaciones en que será difícil entenderse o encontrar una solución. Estar abiertos a los cambios y lo suficientemente flexibles como para ceder cuando no valga la pena aferrarse a los propios puntos de vista o a nuestros gustos o preferencias, es vital. Pues, como dice el dicho, “si estás listo para ceder, estas hecho para el matrimonio” porque solo cediendo se gana una vida conyugal armoniosa.

Debes contar igualmente con el hecho que a pesar de tus buenas intenciones puedes muchas veces herir a tu pareja ser herido por ella. Debes por eso entrenarte en el arte del perdón y aprender a manejar y expresar tus sentimientos para que las ofensas sean cada vez menos numerosas. Si comprendes y actúas con este propósito de controlar el temperamento y saber pedir perdón y perdonar, la vida de casado(a) será mas fácil.

La vida de soltero(a), será pronto “historia pasada”. Ahora debes pues disponerte a crear una vida en comunidad. Así, debes empezar a compartir o a modificar las actividades y distracciones de tu vida de soltero por actividades en común. “Así es la vida de casados, tan divertida como tú la quieras hacer” pues ahora todo lo compartirás con el amor de tu vida. No se trata de perder tu individualidad sino mas bien de encontrar las actividades adecuadas en la que los dos puedan participar.

Más sobre este tema en ¿Qué estás dispuesto a compartir? y A qué nos comprometemos.

Lecturas complementarias: Alfonso Van Steenwegen, Amor: Palabra de acción. Reglas de juego para la relación de pareja, Ed. Lumen 1998; Gustavo Salesman, Cómo llegar a obtener un matrimonio feliz, Ed. San Pablo; Zig Ziglar, Cómo hacer que el romance no muera con el matrimonio, Ed. Norma, 1991; Escobar Isaza, Gustavo Adolfo, Hacerse Pareja: Guía para construir una relación duradera, Ed. Mad, SL, 2005.

Gastos para la boda

Considerando las finanzas y presupuesto para su día de bodas

Por Cynthia Psencik

Acaban de comprometerse. Han fijado la fecha para su boda. ¿Ahora qué?

La decisión de cuánto gastar en una boda es algo bien personal. Cada pareja es diferente y existen muchos factores que se deben considerar. Por ejemplo, las tradiciones y expectativas de la familia de ambas parejas pueden jugar un papel esencial en la planificación del día de la boda. También se consideran los gastos individuales de cada pareja y sus propios ahorros. La realidad es que la mayor parte de las parejas no entran al compromiso con ahorros para su boda.

Para muchos, el día de bodas se anticipa como el acontecimiento más importante en la vida de la pareja. Durante la emoción de planificar el día de bodas, muchas veces se pueden sobrepasar los gastos con el fin de tener el “día ideal.” Claro, para muchos, con Dios mediante, sería la única vez que planificarían tan gran acontecimiento, y entramos con mucha ilusión para que cada detalle sea perfecto. Por esta razón, crear un presupuesto para la boda es un paso bien importante que la pareja debe tomar para que ambos estén en la misma página. Esto también les ayuda a resaltar las prioridades para su gran día.

Durante nuestro retiro de noviazgo, Evan y yo hablamos acerca de nuestras finanzas y la relación que cada uno teníamos con el dinero, como también de nuestros ahorros y nuestras deudas. Naturalmente, los ahorros y las deudas de cada uno se convertirían en las nuestras. Por lo tanto, cuando nos comprometimos, lo primero que dialogamos fue cuál era la máxima cantidad, de modo realista, que podríamos gastar para nuestro día de boda. Para llegar a este número, teníamos que tomar en cuenta nuestro ingreso, nuestros gastos, y nuestros ahorros. También hay que hablar sobre si van a recibir alguna ayuda financiera de sus familiares o amigos. Es común en muchos lugares pedir a los familiares y amigos que sean “padrinos” de distintos elementos de la boda y la recepcion. Llegar a un número total es el primer paso y uno de los más importantes que se debe tomar antes de empezar sus planes. El siguiente paso es determinar sus prioridades como pareja. Por ejemplo, Evan y yo decidimos poner nuestra fecha para un año después de nuestro compromiso e irnos de luna de miel inmediatamente después de la boda. Esto nos ayudó a amortizar nuestros gastos y evaluar el resto del costo para la boda. Tercero, es hacer su tarea de ver qué tanto cuesta todo.

El presupuesto puede variar dependiendo de los detalles que desean realizar en su boda.  Por ejemplo, una cena íntima después de una ceremonia es obviamente menos costosa que un banquete de 200+ personas. Un gran detalle de notar es que los gastos para la boda incrementan basados en cuántas personas son invitadas. Esto determina cuántas mesas, platos, invitaciones, souvenirs (recuerdos) etc., deben ordenar. Teniendo en mente que los gastos para la boda son por cada persona invitada, les ayuda a mantener la perspectiva de cuánto pueden presupuestar. Por eso es esencial también estar de acuerdo con su lista de invitados. Como sugerencia personal, si no han hablado con ese amigo o amiga de la escuela primaria por hace años, es tiempo de discernir si es necesario invitarlo.

Desarrollar un presupuesto personal les puede ayudar a crear su presupuesto para la boda. El presupuesto personal toma nota de su ingreso, gastos diarios y sus metas de ahorro. De esta manera, les puede ayudar a organizar las prioridades para su boda. Como sugerencia, pueden crear una lista de las categorías que deben tomar parte en su boda y organizarlas por orden de importancia (ej. flores, música, fotografía, etc.). Y también dialogar como pareja las áreas no negociables que deben de estar presentes en su gran día. Por ejemplo, para Evan y para mí, tener comida deliciosa era más importante que contratar una banda de música en vivo. Esto les ayuda a colocar un porcentaje de sus gastos en sus prioridades y decidir cómo usar el balance en los gastos no tan esenciales.

Otro detalle que puede afectar su presupuesto son sus planes inmediatos después de casarse. Por ejemplo, ¿piensan comenzar una familia en seguida? ¿O piensan comprar un hogar? Algo que puede suceder durante la euforia de los planes de boda es gastar más dinero que su ingreso, y pasar sus primeros años pagando las deudas de su boda. No es buena idea comenzar sus vidas endeudados por la boda. Leí en algún material de Pre-Cana que la boda es solo un día, pero el matrimonio es para toda la vida.

Claro, eso no significa que no pueden tener la boda de sus sueños. Si en realidad es su prioridad, es importante que como pareja dialoguen acerca de cuáles sacrificios y compromisos están dispuestos a hacer para lograrlo, tomando en cuenta que puede que signifique que la fecha sea a largo plazo. Por ejemplo, pueden decidir reducir gastos mensuales (salida de cenas, vacaciones, etc.) durante la temporada de sus planes de boda y ahorrarlo para la boda. La comunicación en cada etapa de sus planes debe mantenerse clara y concreta. Algo que les ayudaría es descargar una aplicación financiera donde ambos tengan acceso a depositar y revisar el balance de su cuenta, y también organizar un presupuesto. Pueden bajar plantillas para presupuesto de bodas en Excel, y también pueden descargar esta simple planilla aquí. No se olviden de incluir en el presupuesto los elementos de la liturgia. Por ejemplo, la cantidad que pide la parroquia por tener la boda, una donación al que preside, un estipendio para los cantores y músicos, los adornos en el templo, programas, etc.

Estas son solo unas sugerencias. Las necesidades y deseos de cada pareja son diferentes, por eso es esencial tener la conversación acerca de la visión para su boda durante su noviazgo si ya han discernido el matrimonio. Actualmente, en las redes sociales, existen influencers dándonos un vistazo a su gran día. Vemos arreglos extravagantes y podemos crear expectativas que a veces no están a nuestro alcance. No debemos sentirnos presionados por tener una boda más allá de lo que podamos gastar. Es importante siempre recordar la razón por la cual decidieron casarse. Como católicos, no existe nada más importante que el Sacramento. Toda boda es hermosa porque se trata del amor de la pareja, que se refleja en el amor de Dios por su Iglesia. El San Juan Pablo II nos dice: “La gracia y el vínculo sacramental hacen que como símbolo y participación del amor dé Cristo-Esposo, la vida conyugal sea, para los esposos cristianos, el camino de su santificación y, al mismo tiempo, para la Iglesia un estímulo eficaz para reavivar la comunión de amor que la distingue”. El esposo y la esposa crean el camino hacia la santificación del uno al otro. Mantengan esta frase como su enfoque durante su planificación.

Planificar y ahorrar para una boda puede igualmente ser causa de estrés como también de mucho júbilo. Al final del día se trata de crear un balance que funcione para ti y tu pareja. Es una jornada hermosa que debe de traerles alegría durante su etapa de planificación hasta llegar hacia el altar.

 

Cynthia y Evan Psencik han estado casados por casi 6 años. Cynthia era la Directora para el Ministerio Juvenil en la Arquidiócesis de Nueva York pero ahora trabaja para el Instituto GIVEN y Evan trabaja como maestro de Teología en la escuela secundaria, Cardenal Spellman en el Bronx. Actualmente viven en el Estado de Connecticut.

 

Bodas Sencillas

Por la Hermana Patricia Brown, SSMN

Muchas parejas, aún sintiéndose ya listas para el matrimonio, retrasan la boda y hasta inician su vida en común sin antes celebrar el sacramento del matrimonio, porque no tienen dinero para festejar.

Y claro que todos desean poder tener un lindo vestido para ese día, e invitar a familiares y amigos a unirse a su alegría ofreciendo para ellos una gran fiesta, con flores, música y buena comida. Sin embargo, si ese es tu caso, queremos que consideres lo siguiente:

  • Celebrar el matrimonio es distinto de festejarlo. La celebración tiene que ver con el momento sagrado en que frente al altar la pareja se entrega el uno al otro, teniendo a Dios como testigo y fundamento para su entrega total y fiel. La fiesta es la forma como se invita a familiares y amigos a participar de esta alegría, pero no es esencial al matrimonio en sí mismo.
  • El día de la boda es sólo un momento, el matrimonio es para toda la vida.   Hoy en día, las influencias culturales presionan a las parejas a gastar mucho dinero en la fiesta de bodas. El elevado costo de estas fiestas hacen que muchas veces las parejas empiecen su vida matrimonial con deudas que les traen al final más problemas que alegrías.
  • Lo único que la Iglesia les pide como contribución económica, para celebrar con ustedes el rito del Sacramento del matrimonio, corresponde al costo del uso del templo (costo de iluminación, etc.),cuando la ceremonia se realiza fuera del horario normal de las misas a los fieles. Pero si aún así no pueden dar esa contribución, hablen con el sacerdote encargado y con seguridad el les dará una ayuda. Los costos adicionales dependen de la música, las flores y el alquiler del tapete rojo de la entrada, etc. Pero todos estos costos son accesorios y se pueden omitir.
  • Los bienes que para la pareja y su futura familia aporta la gracia del sacramento no tienen precio. Dios mismo garantizó su presencia en medio de aquellos que prometen amarse como El nos ama. Esto da a las parejas, que inician su vida en común o a aquellos que ya estaban conviviendo, la posibilidad de contar con su especial asistencia para llevar a delante su amor y compromiso.

Ciertamente el matrimonio no es un asunto puramente privado sino que por ser un sacramento y la base para la formación de una familia estable, tiene repercusiones comunitarias y para la sociedad. Por eso tiene sentido el que se realice frente a familiares, amigos y frente a la comunidad eclesial. Por eso mismo la Iglesia se alegra alternativas convenientes, como la creada por la hermana Jan Mengenhausen (Oficina para la vida Familiar de la Diócesis de Omaha), que se conoce como “Bodas Sencillas”

El programa de “Bodas Sencillas” invita a que varias parejas que se van a casar, o a convalidar sacramentalmente su unión, se preparen juntos el rito y los festejos. Así las parejas se sienten protagonistas de su celebración, como lo indica la Iglesia. La fiesta puede realizarse en un salón de la misma parroquia, donde de manera sencilla pero elegante y muy sentida, los nuevos esposos puedan hacer un brindis, partir una torta y ofrecer unos bocadillos a todos los que decidieron acompañarlos en ese momento tan especial de sus vidas. Si hay otras parejas que se preparan al mismo tiempo, pueden decidir, de común acuerdo, hacer una celebración colectiva. Así, se comparten los gastos y todos tiene ocasión de festejar.

Opciones para la liturgia de matrimonios

Paso 3 para preparar la Liturgia del Sacramento del Matrimonio: Escoger los elementos opcionales

 

 

P. Heliodoro Lucatero

De todos los sacramentos de la Iglesia Católica, el que tiene más flexibilidad y opciones para su celebración y validez es el sacramento del matrimonio. El derecho de la Iglesia prescribe que para que sea válido un matrimonio debe de tener tres elementos básicos: el consentimiento, la bendición e intercambio de los anillos, y la bendición nupcial.

Los demás símbolos se pueden incluir o excluir dependiendo de las circunstancias y el gusto de los novios, como lo son las arras, el lazo, la Biblia y el Rosario y el ramo de flores para la Virgen.

El Intercambio de las Arras

Antes de la introducción de los anillos en la celebración del matrimonio en España por el rito romano sólo existían las arras como signo de intercambio de promesas. Una vez que las arras se reemplazaron por los anillos, estas quedaron en el rito como signo de ayuda mutua entre los nuevos esposos. En el pasado ha sido una constante que el marido trabaje fuera del hogar y sea el proveedor financiero de la familia, y la mujer tradicionalmente ha sido la que trabaja en el hogar y la que ha cuidado de que los bienes del hogar sean bien administrados. Por lo tanto el rito de las entrega de las arras consiste en lo siguiente: el esposo toma las arras del celebrante y las entrega a la esposa diciendo:

N. recibe también estas arras:
son prenda del cuidado que tendré
de que no falte lo necesario
en nuestro hogar.

La esposa contesta recibiendo las arras:
Yo las recibo
en señal del cuidado que tendré
de que todo se aproveche
en nuestro hogar.

En el presente, entre los hogares hispanos en los Estados Unidos, es cada día  más común  que el marido y la mujer trabajen fuera del hogar para contribuir los dos al mantenimiento económico del hogar. De esta manera el formulario de arriba podría quedar obsoleto ya que no expresaría la realidad de la familia actual. Por lo tanto el libro Don y Promesa hace varias sugerencias para adaptar este rito a las circunstancias presentes. Una posibilidad es que la entrega de las arras sea mutua:

El novio entrega las arras a la novia diciendo: N. “Estas arras te doy en señal de matrimonio”.
La novia responde: “Yo las recibo”.
Luego en viceversa se repite el rito, la novia entrega las arras y el novio las recibe.
La otra sugerencia es que el novio entregue las arras después de haberlas recibido del celebrante diciendo: “Recibe estas arras como prenda del esfuerzo que haremos para vivir sencillamente en imitación de Cristo y del Evangelio”.
La novia dice: “Las recibo como señal del cuidado que tendremos de que nuestros bienes se compartan con los más pobres que encontremos por el camino”( Véase, Gomez, Raúl, Lucatero, Heliodoro y Sánchez, Sylvia. Don y Promesa: Costumbres y tradiciones en los ritos matrimoniales hispanos. Segunda Edición. Instituto Nacional Hispano de Liturgia y Oregon Catholic Press: Pórtland, 2005, pp. 12-4.)

El Lazo

El lazo simboliza en la nueva pareja la unión indisoluble del matrimonio y tiene sus orígenes en la antigüedad y la Edad Media. El lazo es descrito por San Isidoro de Sevilla como una guirnalda de color blanco y púrpura que se coloca sobre los hombros de los novios; el blanco simbolizando la pureza del matrimonio y el púrpura la sangre de la futura generación (Véase,  Searle, Mark and Stevenson, Kenneth. Documents of the Marriage Liturgy. Collegeville, MN: The Liturgical Press, A Pueblo Book, 1992, p. 125.)

Hace años el lazo más común era una guirnalda de azares con dos círculos unidos por una cruz, pero ahora es más común dos guirnaldas en forma de rosario, también, unidas por una cruzo crucifijo. El lazo se coloca comúnmente después del rito del matrimonio y una vez que los novios se pongan de rodillas. En Cuba y Puerto Rico, en lugar del lazo, se acostumbra la mantilla que se coloca sobre los hombros de los novios, también, en señal de unión.

Biblia y Rosario

En los Estados Unidos los hispanos de origen mexicano tienen la costumbre de entregar a los novios, después del intercambio de anillos y arras, la Biblia y el Rosario, que simbolizan la vida de oración de los nuevos esposos.

El Ramo de Flores para la Virgen

En la Sagrada Familia, la Virgen María se nos presenta como modelo de esposa y madre; de ahí que exista la costumbre de que los nuevos esposos presenten a la Virgen un ramo de flores, no solamente para reconocerla como modelo de esposa y madre, sino también como intercesora del bienestar y éxito de la nueva pareja de esposos.

 

Seguir al Paso 4: Invitar a los lectores

La boda dura un día, el sacramento… ¡toda la vida!

El día de nuestra boda, ese día donde decimos sí a nuestra unión de amor ante Dios y ante los hombres, es un momento transformador en nuestra jornada de vida. Podemos decir que de alguna manera la historia del ser humano de divide en antes y después de casarse ya que es ese instante cuando dejamos de ser un solo ser, una sola persona, para convertirnos en un solo ser y tres personas. ¿Cuáles son esas tres personas? El esposo, la esposa y Dios. Ese es el plan de Dios para el matrimonio. Dios nos creó hombre y mujer para que, uniéndonos en una sola carne en mutuo amor y sellados y unidos en el amor de Dios, nuestro matrimonio sea el reflejo del Amor de Dios en la Tierra. En otras palabras, nos convertimos en la imagen de la Trinidad Santa en este mundo.

Sin lugar a dudas, decirle sí a la vocación del matrimonio es uno de los pasos más importantes –si no el más importante- que daremos en nuestra vida. Las implicaciones para la pareja, la familia que formarán, la sociedad y la Iglesia son enormes. Por ello, cuando preparamos nuestra boda, debemos tener en claro lo que implica esta verdad. De no hacerlo, corremos el peligro de pensar que el matrimonio, el Sacramento, se reduce a la planificación del día de nuestra boda. Hoy en día son muchos los que dedican más tiempo, esfuerzo, atención y aun estrés a buscar la iglesia más bonita, el vestido más bello, el lugar de recepción más elaborado, los arreglos florales más vistosos, la comida más elegante, el fotógrafo mejor y más profesional y un sinfín de cosas y gastos para asegurarse de que nuestra boda “sea la mejor”.

Pero son pocas las veces en que las parejas piensan en lo más importante. Pocas somos las parejas que se enfocan en el tiempo que invertirán en una buena preparación matrimonial, en conversar profundamente sobre cómo vamos a llevar nuestra vida familiar y espiritual, cuáles son los valores bajo los cuales regiremos nuestra vida juntos y la de nuestros hijos, cómo practicaremos y fomentaremos nuestra fe; en fin, cómo vamos a hacer de Dios el centro y la roca en la cual fundamentaremos nuestro matrimonio y familia. Es triste ver cuántas parejas gastan sin medida y pasan cientos de horas y miles de dólares planeando su boda, pero recienten que la Iglesia les pida uno o dos días de preparación matrimonial. Sin embargo, se ha demostrado que las parejas que viven una buena preparación matrimonial reducen drásticamente la incidencia de divorcio y disfrutan de matrimonios más sanos y felices. Es impresionante ver cuántas parejas se unen simplemente por pasión, por no sentirse que están sin pareja (como sus amistades), para llenar el vacío de la soledad o para tener quien les sirva, sin tener un concepto claro de lo que verdaderamente es el matrimonio, según el plan de Dios, o de lo que el amor conyugal verdadero y maduro implica: un amor total, libre, fiel y fructífero.

Notamos con frecuencia que cuando las parejas comienzan a vivir la realidad de la vida diaria, cuando enfrentan el proceso de adaptación de dos vidas con diferentes pasados y trasfondos, cuando se dan cuenta que el amor conyugal exige sacrificios y no es solo disfrutar de compañía y beneficios, cuando se dan cuenta que el amor maduro implica no buscar egoístamente el bien propio sino el bien del ser amado, muchos terminan separándose y aun divorciándose, reduciendo así al Sacramento a poco más que un experimento para encontrar una felicidad que es vana y pasajera. Procuremos pues, durante el tiempo de nuestro compromiso nupcial, centrarnos en lo que de verdad importa. Busquemos entender el verdadero significado y compromiso de esta unión, comprometernos a esta maravillosa vocación de vida que es el matrimonio, creado y diseñado por Dios para la felicidad de los cónyuges y la continuación de la vida humana. Recordemos que la boda dura un día, pero el matrimonio, ¡toda la vida!

This is a portait of a affectionate young couple together looking at each other on grey background. Young man and woman in love.

Cohabitación, unión libre y matrimonio

Por Hermana Patricia Brown

La cohabitación o unión libre es el tipo de relación que establece una pareja cuando sin estar casada por la Iglesia o por lo civil y sin tener intención definitiva de casarse, comparten techo y cama. La unión libre “de hecho” es cuando una pareja vive como matrimonio estable, sin haberse casado. La diferencia entre la cohabitación y la unión libre de hecho es que la primera carece de todo compromiso e institucionalidad (matrimonio a prueba), mientras que en las segundas hay intención de permanecer viviendo así.

Con todo, tanto la cohabitación como la unión libre de hecho, se caracterizan por su inestabilidad y falta de compromiso de la pareja entre sí, ante la sociedad y frente a los hijos que puedan surgir de la relación. Por eso, la Iglesia Católica advierte repetidas veces a sus fieles sobre el gran peligro de arriesgar sus vidas emotivas dentro de este tipo de relación e invita a las parejas a que consideren los beneficios de un verdadero matrimonio:

  • Al entregar sus cuerpo y compartir el mismo espacio vital, lo piensen o no, las personas están dando mucho de sí y poniendo en juego su intimidad, su futuro, su emotividad y el futuro de una posible creatura, sin que se ofrezca ninguna garantía de ser aceptado, amado y respetado “para siempre” (indisolubilidad) como lo ofrece en cambio un compromiso matrimonial.
  • En muchos casos, la unión libre se toma como una forma de “ensayar” o “probar” si la relación puede o no funcionar. Se parte por tanto del hecho que en cualquier momento me van a dejar o puedo dejar a la otra persona. Por eso, se pregunta el Catecismo de la Iglesia Católica, ¿qué puede significar una unión en la que las personas no se comprometen entre sí y testimonian con ello una falta de confianza en el otro, en sí mismo, o en el porvenir? (CIC 2390).
  • La gran mayoría de las uniones libres terminan acabándose en los primeros 5 años y entre las que parecen “estables” hay más divorcios que entre los casados.
  • Son muchas menos las parejas que después de convivir se casan que las que deciden casarse sin haber convivido antes.
  • Los problemas de salud (causado generalmente por abuso de alcohol, droga y tabaco), los malos tratos, el desempleo y los problemas con los hijos son mucho más frecuentes entre personas que viven en unión libre.
  • La vida sexual que en sí misma es “la entrega más íntima” entre un hombre y una mujer, se ve contradictoriamente afectada en la unión libre dada la falta de entrega y compromiso real en que se vive. De ahí el dolor y efectos psicológicos que padecen quienes terminan siendo “dejados”, pues se sienten engañados, frustrados y ofendidos en su dignidad y confianza en el amor del otro. A este daño se agrega el hecho que quienes viven en unión libre no desean tampoco el compromiso de un hijo. Por eso su entrega está marcada por la falta de generosidad que supone el estar abiertos a la vida. En pocas palabras, como lo enseña la Iglesia, la entrega sexual supone el compromiso matrimonial. De otro modo se transforma en un acto egoísta y profundamente dañino y por eso es pecaminoso.
  • Un alto porcentaje de jóvenes hispanos comienzan a cohabitar y reproducirse desde muy temprana edad. Como consecuencia, estos jóvenes, especialmente la madre, posee menores estudios y menores posibilidades de trabajo e ingresos. Se produce así una consolidación y profundización de la pobreza.
  • En familias de precaria constitución, como lo son las que cohabitan, hay mayores índices de violencia.
  • Los hijos de convivientes tienen menores índices de escolaridad.
  • La primera escuela del amor es la familia. Pero, ¿qué clase de relación pueden enseñar quienes no fundan sus relaciones en la responsabilidad y el compromiso incondicional?

Tampoco el matrimonio civil reúne las características necesarias de una unión para siempre ni está basado, como el matrimonio católico, en el amor de Dios que trasciende los impulsos humanos e invita por tanto a una entrega a imitación de Cristo en la Cruz.

¿Cómo puede una pareja que lleva muchos años de unión libre casarse en el templo parroquial?

Lo más práctico es hablar con el párroco o el diácono en la parroquia donde quieren casarse. El párroco o el diácono explicará cualquier requisitos como un curso pre-matrimonial y los documentos necesarios.

Para mayor información, visita: