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Las Marcas de Nuestros Padres y Nuestra Cultura

Por Gelasia Márquez

Hay muchas teorías que tratan de explicar por qué elegimos y nos casamos con una persona y no con otra. ¿Elegimos porque se parece a nosotros? ¿Elegimos porque es distinto que nosotros y de esa forma nos complementan? La elección del compañero(a) es un proceso que ambas partes van haciendo, la mayoría de las veces a un nivel inconsciente. Tal vez el primer momento sea de una mera atracción física pero después, y según el grado de madurez de las personas, algunas parejas se interesan realmente por saber si son compatibles, es decir, por buscar los valores y características que comparten y que los pueden unir.

Ahora bien, cuanto más similitud existen en una pareja, más fuerte y mejor se establece la unidad y la mutua valoración entre ellos. Pues, como dice la Teoría Social de la Validación cuanto más coincidencia existe en valores, criterios, expectativas e ideales que comparten los miembros de la pareja, más se refuerzan la propia imagen y el propio valor de cada uno de ellos (Véase Valores en Común).

La búsqueda de esta similitud es algo que, según estudios, cada uno de nosotros realiza de forma inconsciente, pero regidos por los parámetros que traemos desde la niñez. Así, las muchachas eligen un compañero cuya forma de ser sea “similar” a la de los hombres de su casa, con los que se crió (padre, padrastro, hermano, primo, tío). De igual forma, el muchacho elige a una joven “similar” a aquellas que le ayudaron a desarrollar su definición de lo que es una mujer (madre, hermana, madrina, tía, prima).

Así mismo, las ideas acerca de las funciones y el papel que el hombre y la mujer deben tener dentro de un matrimonio las recibimos de lo que el medio ambiente y las tradiciones culturales nos enseñan al respecto. Por eso, cuando los miembros de una pareja crecieron y se educaron en ambientes culturales distintos, el proceso de ajuste entre ellos les supone más esfuerzo. Les exige que continuamente se pregunten entre sí el por qué de sus actitudes y se vean obligados a discernir de común acuerdo qué tipo de rol van a escoger dentro de su vida matrimonial.

El caso de Jennifer y Ángel, que pueden ver ilustrado en las viñetas Historias con un final feliz, puede servirles de ejemplo.

El Matrimonio y el Ministerio Familiar entre los católicos hispanos/latinos

En 1983, los obispos de Estados Unidos escribieron una carta pastoral sobre el ministerio hispano titulada “La presencia hispana: esperanza y compromiso”. La carta pastoral produjo una gran alegría entre los católicos hispanos cuando escucharon decir a los obispos: “En este momento de gracia reconocemos que la comunidad hispana que vive entre nosotros es una bendición de Dios”. Los obispos dijeron también que los hispanos ejemplifican y fomentan los valores esenciales para el servicio a la Iglesia y a la sociedad, incluyendo un profundo y respetuoso amor por la vida familiar en la que toda la familia extendida halla sus raíces, su identidad y su fortaleza. Hoy, este don de familia es compartido por millones de católicos hispanos en más de 4,500 parroquias en los que está presente el ministerio hispano. Particularmente, el amor a la familia se percibe mucho a través de los innumerables niños hispanos de toda edad presentes los domingos en las liturgias en español a lo largo y ancho del país.

La solidez de los matrimonios y de las familias hispanas está enraizada en una cultura profundamente católica, la cual puede salir adelante hasta en las situaciones más difíciles. Los datos de la Oficina Nacional del Censo de 2009 muestran que, de los 10,5 millones de familias hispanas que residen en los Estados Unidos, 66% están constituidas por una pareja casada y 41% por una pareja casada con hijos menores de 18 años. Asimismo, un 69% de los niños hispanos viven con ambos padres casados. Estos porcentajes son bastante más altos que el promedio general en las familias de este país, que apenas llega a un 44%.

Sin embargo, este “índice de éxito” no debe darse por sentado. Las parejas y las familias hispanas no están inmunes a los diversos factores sociales que hoy corroen al matrimonio y a la vida familiar. Es más, muchas familias hispanas tienen que enfrentar el impacto directo que ocasiona la emigración desde sus países nativos la cual deja a cónyuges y a familias enteras divididas por fronteras. Estas personas sufren además dolorosas separaciones bajo un sistema de inmigración ineficaz que no sólo dificulta sus esfuerzos para la reunificación, sino que también separa al esposo(a) de su esposa(o) y a los hijos de sus padres debido a las deportaciones que, con frecuencia, se llevan a cabo sin tomar en cuenta la vida familiar y la dignidad humana.

La Iglesia puede hacer la diferencia al mantener unidos a los matrimonios y a las familias hispanas. El apoyo que las parejas hispanas encuentran en sus parroquias y en otras comunidades basadas en la fe, puede ser la clave para un matrimonio sólido y una familia saludable. Los estudios muestran que las familias hispanas que tienen lazos fuertes con su comunidad de fe tienen más probabilidad de alcanzar un nivel educativo más elevado así como la prosperidad económica y social. ¿Qué puede hacer la Iglesia, hoy y en el futuro, para brindar un ambiente saludable y un sentido de comunidad a las parejas y a las familias hispanas que están creciendo en parroquias culturalmente diversas? La respuesta a esta pregunta no sólo se encuentra en lo que hacemos, sino en quiénes somos y en cómo interactuamos unos con otros.

Primero, los sacerdotes y los ministros eclesiales laicos necesitan estar más conscientes y más comprometidos con el llamado para recibir a los hispanos, abrazarlos y caminar con ellos; dejando de lado el lenguaje de “nosotros-ellos” y pasando al lenguaje de todos-nosotros-juntos. Debemos convertir a la Iglesia en “la casa y la escuela de la comunión” (Novo Millennio Ineunte, 43).

Segundo, lo que hacemos como ministros católicos deberá estar enraizado en el doble compromiso que tenemos con el mensaje de Cristo y con las personas con las que vivimos y hacemos nuestro ministerio. Esto exige un profundo conocimiento de Cristo y de su mensaje, así como un conocimiento interpersonal de las familias hispanas en nuestra parroquia y del contexto cultural, religioso, social y económico en el cual viven ellas. Este conocimiento brota del esfuerzo que ponemos para saber escucharlas y de nuestro sensible y genuino interés en las necesidades, aspiraciones e ideas que tengan estas personas en su vida.

Tercero, los ministros ordenados y laicos necesitan ser unos comunicadores eficaces del mensaje de Cristo entre las personas que hablan español y que tienen una cultura y una manera particular de hacer las cosas. Esto incluye un conocimiento de la manera en la que las familias hispanas toman decisiones, aprenden, se organizan y se juntan con otros grupos. Tales conocimientos y compromiso nos ayuda a acoger y a empoderar a los padres hispanos/latinos para que desarrollen y ejerciten su liderazgo en la familia y en la sociedad.

¡Trabajemos activamente para mantener fuertes a las familias hispanas/latinas en los años venideros!

Familia Hispana: fe y misión

 La Iglesia nos invita, como familia hispana, no sólo a fomentar la fe en Nuestro Señor Jesucristo sino también a conocer más a fondo esta fe católica que nos une como pueblo de Dios.

Esta invitación nos motiva a leer y estudiar el Catecismo, documento que contiene y explica ampliamente nuestra fe. Adicionalmente, en 2012 se celebró el 50 aniversario del Concilio Vaticano II, importantísimo evento que llevó a una renovación total de nuestra Iglesia y donde los laicos fueron llamados a asumir un papel protagónico en la misión evangelizadora de la Iglesia. Por esta razón, la Iglesia también nos invita a tomar el tiempo, individualmente y como familia, para conocer y escudriñar los documentos eclesiales nacidos del Concilio que enriquecen nuestra fe, y donde se puntualiza el papel de los laicos, los matrimonios y las familias en la vida de la Iglesia y la sociedad.

Nadie puede amar y respetar lo que no conoce. Por eso es tan importante que recibamos con gozo la invitación de la Iglesia de conocer y estudiar mas a fondo nuestra rica fe católica. Les invitamos a que  se reúnan en familia a leer, estudiar y reflexionar en el Catecismo de la Iglesia Católica y los documentos de la Iglesia, en especial, los documentos del Concilio Vaticano II.  Conocer mas profundamente nuestra fe católica, aumentará la confianza en Aquel que nos fortalece para enfrentar las pruebas que llegan a toda familia, viviremos mas unidos en Su amor y descansaremos en quienes nuestra provisión, alegría y sustento.

Les invitamos a vivir a fondo como familia hispana, recordando todas aquellas tradiciones culturales de nuestros pueblos que nos llevan a vivirla mas profundamente. Compartamos con nuestros esposos, hermanos, hijos y nietos esta maravillosa fe en Jesucristo, razón de nuestra esperanza.  Y cumplamos así la misión a la cual cada miembro de la familia es llamado en virtud de su bautismo… la misión de compartir el evangelio de Jesucristo a toda en nuestro hogar, trabajo y comunidad.

Portrait of cute boys and their father looking through pictures at home

Padres y abuelos reflejan el amor de Dios Padre

En el mes de junio celebramos a los padres y abuelos, esos hombres valientes y entregados que están llamados a dar la vida por sus esposas e hijos. Los padres son los cimientos donde se forma la imagen del hombre en los hijos, una imagen que debe emular el amor de Dios. Son también fuente de seguridad, protección y guía no solo para los hijos, sino para el matrimonio y la familia. Pero muchas personas no se dan cuenta de la suprema importancia de la presencia y figura del padre en la familia, la iglesia y la sociedad y como consecuencia toman a la ligera su rol central, particularmente en la vida de los hijos. Por ello, lastimosamente el 50% de los niños hispanos en los Estados Unidos nacen o crecen sin la figura de un padre.

Pocos saben que las hijas, en la crucial edad de la adolescencia, miran al padre como imagen del hombre con el que algún día se casarán. Por ello, si se desea que una hija contraiga matrimonio con un hombre recto, trabajador, buen proveedor, temeroso de Dios, íntegro, libre de vicios, valiente, respetuoso y fiel, entonces el padre debe poseer y vivir esas cualidades. También la presencia y compañía del padre es vital en el sano desarrollo de los hijos, pues es en la figura del padre que el hijo desarrolla la imagen de lo que un hombre está llamado a ser.

Por ello, más que llevar la provisión material a casa por medio del trabajo, padres y abuelos deben no solo amar, sino demostrar su amor a los hijos y nietos. Las expresiones abiertas de cariño, los abrazos y aun los besos de un padre marcan para bien el corazón de los hijos. Por ello, no deben hacer caso a las erradas creencias culturales de que un padre no besa o abraza a un hijo varón, o que demostrar afecto es muestra de debilidad o que las muestras de cariño están reservadas para las madres. ¡Nada más lejos de la realidad!

Padres y abuelos están llamados a dar su tiempo y atención a sus hijos, tiempo que debe ser de calidad. Son muchos los que creen que con solo proveer cosas materiales se está siendo un buen padre. Los estudios reflejan que lo que más los hijos anhelan es tener una relación cercana y amorosa con su padre, uno que escuche sus preocupaciones, conteste sus preguntas de vida y le guie con madurez, experiencia, aplomo y valores, por la senda de la vida. Padres, tomen el tiempo de demostrar a sus hijos cuan importantes son en su vida y cuanto les aman.

El legado de vida que deja un padre amoroso, recto, protector y ejemplar es el fundamento para un matrimonio y una familia sana y feliz. Un padre amoroso y responsable deja una huella indeleble en el corazón de los hijos que refleja la imagen de nuestro Padre Dios. Invitamos a los hombres, en especial a los futuros padres, a ser padres amorosos y responsables y a los hijos e hijas, esposas y demás familiares a celebrar el regalo precioso de nuestros padres.

Decir Navidad, es Decir Familia

Qué bueno es ver llegar la Navidad !!!. Todo es luz, música y fiesta. El mundo cristiano celebra la Navidad, cada país a su modo; se reviven las tradiciones de familia: el pesebre, los villancicos, las tarjetas de navidad, la cena de navidad, los regalos entre la familia y con los amigos.
 
Y por qué cada año celebramos la Navidad?. Un gran acontecimiento nos motiva a celebrar la navidad: el nacimiento de Dios en Belén; un nacimiento que se realiza en forma muy humana, pero, a la vez, muy misteriosa también. Es que el mismo Dios ha querido hacerse hombre, apareciendo en el seno de una familia humilde y sencilla, como la de tantos de nosotros.
 
El arte en sus diversas formas y modalidades ha encontrado placer en representar escenas de la infancia de Jesús de Nazareth: el anuncio del ángel a María, el nacimiento, la adoración de los pastores y de los magos de oriente, etc. Éstos son motivos tan humanos que a todos nos atraen porque, en alguna forma, vemos en tales escenas reflejada nuestra propia vida. No solo los pintores, también los poetas y cantantes han inmortalizado con poemas y canciones este acontecimiento, como “Noche de paz”, internacionalmente conocida, o como la del célebre mariólogo S. Alfonso M. De Liguorio en italiano –“Tu scendi dalle stelle”- (desciendes de la altura).
 
Pero no todo puede ser solo floklore. Es necesario meditar un poco, al menos, en el sentido del misterio navideño que conmemoramos. Qué significa el hecho de que el mismo Dios haya querido encarnarse, hacerse hombre como nosotros en el vientre de una Virgen de nuestro pueblo y en medio de una familia?. Y no quiso aparecer en medio de nosotros ya adulto, lo que le habría ahorrado los sufrimientos de la infancia….. Quiso nacer niño, sometiéndose así a todas las limitaciones humanas: debilidad, pobreza, dependencia de los demás, etc.
 
Dios quiso experimentar todo el proceso de desarrollo y crecimiento de todo ser humano: concepción, nacimiento, crecimiento, escuela y taller… “El niño crecía y progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres”, escribió S. Lucas en su Evangelio (2,52). Todos, esposos y padres de familia, los hijos, podemos ver en el Niño de Belén un ejemplo, un modelo de vida para cada edad, como también en la familia de Nazareth.
 
San Juan Pablo II escribió a propósito de la familia: “no hay en el mundo otra imagen más perfecta, más completa de lo que es Dios: Unidad y comunión. No hay otra realidad humana que corresponda mejor a este misterio divino”. Sin duda que el Papa se refería, a través de Dios-Familia a la familia de Nazareth, a cada una de nuestras familias, si en ellas se vive el amor, la unidad, el diálogo, la solidaridad, la comprensión, el apoyo mutuo.
 
Algo similar al pensamiento de San Juan Pablo II escribió también el Celam en un documento preparatorio para el Sínodo de Obispos sobre la familia (1980): “esta trinidad humana (padre, madre e hijo) fue creada desde el principio como una especie de ‘sacramento natural’ de Dios Familia”. Ciertamente, esta trinidad humana nos remite a la primera familia en el mundo (Adán, Eva, Set), a la Familia de Nazareth, también a mi propia familia.
 
Como Jesús de Nazaret, cada uno de nosotros hemos nacido en el seno de una familia, como fruto del amor de un padre y de una madre; como Jesús-Niño todos nosotros hemos ido creciendo en estatura y en sabiduría; como Jesús, quizás, hemos experimentado la pobreza, el deber emigrar a un país extraño, la persecución, el trabajo, la traición de un amigo, etc. Por todo esto, Dios quiso hacerse hombre, hacerse niño, para ser modelo y ejemplo en las más diversas circunstancias de la vida.
 
También como Jesús, llamamos a Dios Padre, porque el Verbo, haciéndose carne en María se hizo hijo, se hizo nuestro hermano; Él es nuestro compañero de camino hacia la Casa del Padre común. Porque hubo una Primera Navidad podemos considerarnos de verdad hijos de Dios, hermanos todos nosotros con Jesús, nuestro Hermano Mayor.
 
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La Mesa de Familia

La mesa siempre ha tenido un puesto de preferencia dentro del ambiente de familia; sobre ella  el esposo y padre de familia hace el balance de entradas y de gasto al final del mes; sobre ella la esposa y madre arregla el vestuario de todos; sobre ella los niños hacen sus  tareas de escuela; en torno a la mesa se reúne la familia para las comidas; alrededor de la mesa se entretiene la familia con los amigos que vienen de visita.  De verdad, la mesa constituye un centro especia en la vida de la familia.
 
También para nuestra iglesia la mesa es como el centro de la comunidad cristiana:  la mesa de la comunidad cristiana es el altar;  entorno  al altar se hace la lectura de la Carta que Dios ha enviado a los hombres, o sea la S. Escritura; sobre el altar desciende el Espíritu de Cristo para convertirlos en su cuerpo y en su sangre;  alrededor del altar gira la comunidad para participar del banquete eucarístico.
 
Con razón que ya S. Pablo, en algunas de sus cartas,  da saludos a la comunidad que se reúne en la iglesia (en la casa) de Aquila y Priscila. Así quería decir que la casa de los primeros cristianos la consideraba ‘como una  iglesia.  Será S. Juan Crisóstomo, un Padre de la comunidad cristiana primitiva (siglo IV) quien afirme que la casa de los cristianos es ciertamente ‘una pequeña iglesia’. Fue este mismo Padre quien sugirió cuatro paralelos interesantes: la gran iglesia, Basílica o templo y la casa material  de la familia;  la gran comunidad que se reúne en el templo y la pequeña comunidad familiar;  el altar del templo y la mesa de familia; el culto eucarístico en el templo y el culto que rinde la familia a Dios en la pequeña iglesia doméstica; los ministros del templo y los padres de familia dentro de la pequeña iglesia que es la familia.
 
El Papa Francisco volvió a tomar esta hermosa comparación;  lo hacía  a propósito de  las consecuencias nocivas que los medios de comunicación están causando al diálogo familiar: la televisión en la sala comedor y el uso desmoderado de los celulares impiden la comunicación y el diálogo entre los miembros de familia; parecería que padres e hijos están más  interesados en la comunicación  con personas distantes   que con las presentes; esto una muestra del individualismo que está minando la unidad de la familia; es también falta de interés y de respeto por la familia.
 
Son los padres de familia quienes deben salvar y recuperar este espacio vital  en torno a la mesa familiar; este espacio de diálogo, comunicación y de intercambio entre los miembros de la familia no puede perderse, so pena de acabar con la comunión familiar; es un momento de encuentro y de intercambio de experiencias del día; es el momento de mirarse a la cara, de sonreír, de hablar, incluso de reconciliarse y reforzar el espíritu familiar.  
 

 

La unidad de la familia pide mucho altruismo;  el individualismo lo destruye; el altruismo humaniza, el egoísmo, el individualismo,  deshumaniza.
 
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Eschuchemos a los Niños Adoptados por Parejas Gay

Recientemente apareció en INTERNET el reclamo de un joven de 17 años, Benoit Talleu, por el hecho de que “todos dicen proteger a los adoptados por parejas gay, pero que no son escuchados”.   Talleu fue el orador al final de una marcha que organizó La Manif Pour Tous en París, Francia; habló en nombre de la Asociación para los Niños Adoptados: “estoy en la lucha contra el ‘matrimonio para todos’, porque estoy harto de escuchar que muchos hablan de la adopción, como si lo más importante no fuéramos los adoptados” https://conapfam.wordpress.com/2015/04/14/que-dicen-los-adoptados-sobre-la-adopcion-homosexual/
Continúa Talleu: “si preguntas a los adoptados qué quieren, ellos solo tienen una respuesta: un ¡papá y una mamá! Papi y mami son palabras que un huérfano conoce y cuando es adoptado, sueña con usar esas palabras. Lo niños en adopción sueñan con sus futuros padres, los imaginan… Dentro de lo más profundo de su ser, ellos esperan a papá y a mamá. Y son esos niños los que deben ser escuchados”.
 
Hoy día nos encontramos ante el fenómeno de un plebiscito casi universal en favor de la opción de hijos por parte de parejas gay. Se habla mucho del ‘matrimonio igualitario’: las parejas gay quieren ponerse  al mismo nivel de la pareja heterosexual.  Qué intención de fondo anima esta lucha?  Se alude en forma explícita al ‘matrimonio igualitario’, pero se adivina otra intención en el fondo de la exigencia: dar un palo a la iglesia católica que defiende el matrimonio heterosexual.
 
Si se pregunta a un papá y a una mamá si en el caso de que sus hijos llegaran a quedar huérfanos, estarían  de acuerdo en la adopción de ellos por una pareja  gay??.  Seguro que no.  Las alusiones que hace Enrique Dussel –filósofo latinoamericano- a ‘lo mismo’ en oposición a ‘lo diverso’, a ‘lo otro’,  valen para el caso presente: dos papás o dos mamás’ son  ‘lo mismo’; lo diverso es un papá y una mamá; ‘lo mismo’ es como sumar agua más agua;  lo diverso’  es sumar agua más azúcar.
 
Decía Talleu: “escuchamos a personas que dicen: vivir con una pareja gay es mejor que ser huérfano. Escuchen lo que tengo que decir al respecto: esa afirmación reboza de  deshonestidad. Hay decenas de miles de parejas  -hombre y mujer-  que esperan poder adoptar.  Otros dicen: una pareja gay es mejor que nada.  Eso es estremecedor!!  y homofóbico.  Lo mejor para un niño  es tener un papá y una mamá.
 
Talleu, fue muy explícito al afirmar que  la ley del matrimonio gay es puro egoísmo; la ley debe velar por los más débiles, no por el capricho de los fuertes. Los padres son para el niño, no al revés.  De verdad, los padres tienen derecho a tener un hijo a toda costa?.  O mejor, son los hijos los que tienen derecho a tener un padre y una madre? Ciertamente es lo segundo.
 
El tema de la adopción de las parejas gay es un desafío para la iglesia católica que debe promover entre sus fieles la adopción generosa de niños(as) huérfanos(as).  El mismo estado civil deberá favorecer más la adopción por parte de parejas heterosexuales que homosexuales; Si se escuchará el reclamo de Talleu y con él el de tantos niños que quieren tener un papá y una mamá?. 
 
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¿Por qué debemos celebrar el día del Padre?

Ya es común para muchos de nosotros celebrar este día; muchos crecimos haciendo tarjetas, preparando detalles y buscando regalos, para recordarles a nuestros padres en su día, lo importante que son, lo que significan en nuestras vidas, llenarlos de atenciones y de mimos. Está fiesta nació en los Estados Unidos gracias a la hija del veterano de la Guerra Civil, el Sr. Henry Jackson Smart; la Señorita Sonora Smart Dodd, quien al igual que sus cinco hermanos, perdió a su madre cuando dio a luz al sexto de ellos. Desde entonces el Sr. Smart, crio y educó a sus seis hijos, solo y sin ayuda, en una granja del estado de Washington. Mientras ella escuchaba un sermón sobre el día de la Madre en el año de 1909, nació en su mente la idea de celebrar este día tan especial. Esta idea no prospero sino hasta el año de 1966 cuando el Presidente Lyndon Johnson lo declaró como fiesta nacional que se celebraría el tercer domingo del mes de Junio.  
  
Sin embargo, esta celebración al igual que tantas otras, se han convertido en un negocio y para muchos en un día superficial, incluso en otras religiones y culturas, no festejan este día. Los dueños de los grandes almacenes lo aprovechan para salir de su inventario y cumplir con la meta del mes de junio. Otros viven este día sin el verdadero sentido y se traduce en la excusa perfecta, para dar un detalle a ese papá que nunca se llama, al que está olvidado de la sociedad y de la familia, aquel que por viejo se encuentra en un hogar geriátrico. Muchos no queremos festejarlo porque tal vez, tenemos resentimiento o rencor porque nuestro viejo no fue el modelo perfecto de papá; desafortunadamente, hay muchos que no conocen a sus progenitores porque fueron abandonados desde muy niños, y otros crecieron siendo huérfanos de padre y madre.  
 
La palabra Padre, se deriva del latín Pater (jefe de familia, patrono, defensor o protector). A nivel católico esta definición pasa de ser simple a resumir todo el Ministerio de la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. No es una definición vacía y sin sentido, significa que, desde el Padre, Creador de toda la humanidad, se le dio un papel protagónico a quien llamaríamos Papá y Padre. Los que han escuchado y aplicado muy bien su responsabilidad, merecen el reconocimiento de sus esfuerzos, de su arduo e incansable trabajo en pro del bienestar de su familia. Aquellos que sin importar el cansancio o dolor físico apuestan por la educación de sus hijos, basada en el amor y el respeto por sus padres y por el prójimo; en la fe y en la caridad, en la ayuda desmedida a los demás para la construcción de un mundo mejor. Papás quienes creen que criar hijos bajo estos y otros invaluables principios, dejará un futuro próspero y vivible para las futuras generaciones.
 
Debemos entonces, festejar diariamente y en especial este día, el Día del Padre; no olvidando por supuesto a todas esas personas que han tenido que ser Padre y Madre a la vez, me refiero a las madres solteras, a aquellos hombres que han asumido el rol de papás progenitores sin serlo, aquellos que deseando serlo, no han podido y decidieron adoptar a un niño huérfano. A todos los demás que en algún momento de su vida ha hecho las veces de padres y madres, dando un consejo y ayudando a los hijos perdidos y olvidados. A todos ellos un “Feliz Día del Padre”

Un Matrimonio Fructífero (Antes de tener hijos)

Por Megan y Juan 
 
Creo que una de las cosas más emocionantes y a su vez espantosa del matrimonio es  el prospecto de aprender a ser responsable por el regalo increíble de la fertilidad. La llamada y vocación de abertura a la vida en la iglesia católica puede parecer abrumador. Requiere del discernimiento, disciplina, abnegación, sacrificio, mucho amor, y confianza en el plan de Dios. Somos llamados a entrar en un proceso de considerar con oración si Dios nos pide aceptar hijos en las distintas etapas de nuestra vida o posponer los hijos cuando tenemos razones graves por hacerlo.
 
Juan y yo ambos provenimos de familias de cuatro hijos, y nosotros también esperamos tener una familia grande algún día. Nos gustaría tener varios hijos biológicos, y a lo mejor adoptar también. (Además somos la pareja que ya tiene elegidos cinco nombres de bebé). Sin embargo, cuando consideramos nuestras circunstancias antes de casarnos (a Juan le queda para graduar de la universidad y yo estoy estudiando para mi Magister), discernimos que nuestras razones por querer esperar un rato antes de tener hijos son suficientemente graves.
 
Pero uno de los aspectos hermosos del matrimonio católico es la llamada de estar siempre abiertos a la posibilidad de tener hijos y preparados para recibirlos de Dios con amor.
 
A este fin, cuando nos casamos, Juan y yo decidimos dar un paso muy práctico para ser verdaderamente abiertos a la vida cuandoquiera Dios nos quiere bendecir. Había leído que hay beneficios para un bebé cuyo mamá estaba consumiendo un suplemento de ácido fólico antes de concepción, y después de una recomendación de mi médica, decidimos que aunque no intentaríamos añadir a la familia, yo reemplazaría a mi vitamina regular con una vitamina pre-natal con ácido fólico, por si acaso. (No estoy recomiendo esto para todos, hay que consultar con tu medico).
 
Entonces en Julio, casi una semana antes de la boda, fuimos a nuestro supermercado local en Wisconsin y decidimos comprar para varios meses, ya que el precio de vitaminas en los Estados Unidos es mucho menor que en Chile. Cuando fuimos de regreso en el auto, Juan me agradeció por cuidar a nuestros futuros hijos antes de que aun existieran.
 
“Es bueno saber,” me dijo, “que los hijos siempre serán bienvenidos en nuestra familia.”
 
Pero por ahora, como muchas parejas recién casadas, estamos viviendo nuestra llamada a un amor fructífero en otras maneras, como ser involucrado con el movimiento de Schoenstatt, orando para nuestro ahijado, e intentar priorizar el desarrollo de nuestra espiritualidad matrimonial para que cuando discernamos que es hora de crecer como familia, tendremos corazones aún más preparados para los sacrificios y alegrías de hijos, y mejor preparados para enseñarles a amar a Dios y la iglesia.
No puedo creer que hayan pasado más de cinco meses. Por favor recuérdanos en tus oraciones. Les recordaremos en las nuestras.

 

El significado del día de Acción de Gracias

El día de Acción de Gracias, es una de las fechas nacionales más importante en los Estados Unidos; fue celebrada por primera vez en 1621 por los pobladores de la Colonia de Plymouth, Massachusetts.
Cuenta la historia que estos Pilgrims (peregrinos o primeros inmigrantes) en el año de 1620 escaparon  de la pobreza en Inglaterra y se embarcaron en el “Mayflower” buscando libertad en el Nuevo Mundo. Una tormenta los sacó de su ruta y en noviembre de ese mismo año, llegan al norte de Plymouth. El primer invierno fue de grandes penurias para los colonizadores, sin embargo, aquellos que sobrevivieron, continuaron luchando y en la primavera sembraron su primera cosecha de maíz gracias a Squanto, un indio guerrero, que se hizo amigo de ellos. Les  enseñó a los colonizadores cómo sembrar y cultivar el maíz, y los ayudó a establecer buenas relaciones con las tribus indias vecinas. En 1621 en un gesto de amistad, los Pilgrims invitaron a los indios vecinos para que juntos celebraran una fiesta, en la que compartieron pavos y gansos, maíz, langostas, almejas, calabazas y frutas secas.
 
Este gesto realizado entre la comunidad indígena y los primeros inmigrantes, nos hace reflexionar que esta fecha no es solamente para que en familia nos reunamos y alrededor de una cena y demos gracias a Dios por todos los dones recibidos. Es un día para que junto a lo mencionado, reflexionemos a manera de examen de conciencia, las actitudes que hemos tenido con el prójimo, es decir, con la persona próxima a mi familia, que tal vez no es de aquí sino de allá; que tal vez no habla el idioma de aquí sino el de allá; que tal vez no tiene “papeles” de aquí sino los de allá; que tal vez se le dificulta adaptarse al estilo de vida de aquí porque todavía actúa como si estuviera allá. Que tal vez…    
Manifestémosle a Dios nuestro agradecimiento no solamente por todo lo que hemos recibido, sino por las acciones que él nos permitió hacer por el otro. Imitemos el gesto realizado hace tantos años atrás por el indio guerreo Squanto, quien sin importar la condición de los Pilgrims, les brindó su ayuda para que salieran adelante y vencieran el hambre y las incomodidades que como inmigrantes se vive al llegar a tierra extranjera.
 
¡Feliz día de “Acción de Gracias”!