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Priorizando el matrimonio cuando llegan los hijos

Por Verónica López Salgado

Formar una familia es uno de los anhelos más grandes que las parejas tenemos cuando nos casamos. Pero la realidad es que ninguno nos podemos llegar a imaginar el sin número de cambios tan grandes que la llegada de los hijos traerá a nuestro matrimonio. Les invito a hacerse las siguientes preguntas para comenzar a analizar la salud de su matrimonio cuando ya tienen la bendición de ser padres o están a punto de serlo:

1. ¿Cómo continuar cuidando de nuestro matrimonio con la llegada de los hijos?
2. ¿Por qué es esencial que, para criar hijos felices, prioricemos el matrimonio?
3. ¿Cómo podemos mantener/recuperar el equilibrio entre el cuidado de nuestro matrimonio y el de nuestros hijos?
4. ¿Cómo mantener a Cristo en el centro de nuestro matrimonio puede ayudarnos a ser mejores padres de familia?

La familia es uno de los pilares más importantes de la sociedad, y para que existan familias fuertes es necesario enfocarnos en construir primero un matrimonio sano y feliz. De ninguna manera se trata de elegir entre el esposo/a o los hijos, sino de saber dar prioridad al matrimonio para poder ser los padres que nuestros hijos necesitan.
Todo lo que los hijos aprenden en el núcleo familiar, les afecta de manera positiva o negativa el resto de sus vidas. Si nuestros hijos crecen viendo a padres que se aman, se cuidan y se respetan, hay más posibilidades de que ellos mismos tengan matrimonios felices y formen familias con dinámicas sanas.

A continuación, les presento algunos pensamientos e ideas prácticas de cómo priorizar la relación conyugal cuando tienen hijos:

A. No repitan la historia familiar en su matrimonio. Si sus abuelos o padres no tuvieron una relación amorosa y respetuosa en Cristo, no repitan el mismo patrón dañino en su matrimonio. Aprendan de los errores de su familia y hagan las cosas diferentes en su propia vida. Así, sus hijos tendrán padres que se aman verdaderamente como Dios ama a su Iglesia. Y, por ende, su matrimonio será una gracia para la sociedad.

B. Eviten discutir frente a sus hijos, siempre. Cuando tengan algún desacuerdo grave, hablen a solas. Si es una discusión que sus hijos pueden escuchar, también permitan que les vean haciendo las paces, buscando soluciones y perdonándose.

C. Háblense siempre con respeto y cariño, aun cuando estén enojados. Es más importante cuidar el corazón inocente de sus hijos, que tratar de probar quién tiene la razón. Incluso cuando estén molestos el uno con el otro, trátense con amor, especialmente frente a sus hijos. Luego, no dejen que acabe el día sin hablar y llegar a un acuerdo.

D. Busquen momentos para expresar su amor. Siempre hay formas de hacer sentir especial al ser amado, aun cuando los niños son muy pequeños y están completamente exhaustos de cuidar a sus hijos. Sean creativos. Por nombrar algunos ejemplos: pueden escribir una carta o enviar mensajes de amor, comprar su café favorito, hacer una rica comida y/o ayudar con las tareas de la casa que al otro no le gusta hacer.

E. Díganse “te amo” todos los días. El decir “te amo” puede sonar fácil, darse por hecho o incluso sonar repetitivo, pero lo que es realmente importante es que su esposo/a se sienta verdaderamente amado/a, visto/a, entendido/a y validado/a. Acostúmbrense a decirse lo mucho que se aman, cuando estén solos y frente a sus hijos.

F. Recen en pareja y en familia. Hagan a Dios el centro de su matrimonio para que habite siempre en su hogar. Busquen a Dios en toda ocasión, en las vivencias alegres y en las amargas, en los obstáculos y en las pruebas superadas. Su matrimonio se beneficiará enormemente y sus hijos también.

G. Festejen y lloren juntos. Celebren las metas logradas y asegúrense de que sus hijos sepan que se sienten orgullosos y admirados su esposo/a. Cuando lleguen las tristezas y dificultades de la vida, sean apoyo y paz para su conyugue. Dejen que sus hijos sean testigos de las diferentes etapas del amor en el matrimonio.

H. No dejen de ser novios. Es verdad que la etapa del enamoramiento pasa conforme corren los años. Sin embargo, el mantener la llama encendida en la relación conyugal es posible con intencionalidad y disposición. Sean eternos novios enamorados y dejen que sus hijos vean lo mucho que sus padres se aman.

Oración por las mujeres embarazadas

Oh Madre Santa, recibiste la buena nueva de la encarnación de Cristo, tu Hijo, con fe y confianza. Concede tu protección a todas las embarazadas que enfrentan dificultades. Guíanos en nuestro esfuerzo por hacer de comunidades nuestras parroquiales lugares de acogida y asistencia para las madres necesitadas. Ayúdanos a convertirnos en instrumentos del amor y la compasión del Dios bondadoso. María, Madre de la Iglesia, ayúdanos a crear la cultura de la vida y la civilización de amor, junto con todas las personas de buena voluntad, para alabanza y gloria de Dios Creador, y amante de la vida.

Amén.

Creo que mi hijo/a padece problemas de salud mental. ¿Qué hago?

Por Verónica López Salgado

“El hombre está hecho para la felicidad. Por tanto, vuestra sed de felicidad es legítima. Cristo tiene la respuesta a vuestra expectativa. Con todo, os pide que os fiéis de él. La alegría verdadera es una conquista, que no se logra sin una lucha larga y difícil. Cristo posee el secreto de la victoria”.[1]

~San Juan Pablo II

Es este discurso del muy querido santo a los jóvenes del mundo, San Juan Pablo II resalta la enseñanza de Jesús explicada en las bienaventuranzas (Mateo 5, 3-12), afirmando que solo se puede alcanzar la felicidad con Cristo: “caminando con Cristo es como se puede conquistar la alegría, la verdadera alegría”.[2] Efectivamente, Dios nos creó para ser realmente felices y el secreto está en Cristo. Pero ¿qué sucede cuando nuestros hijos – específicamente nuestros hijos adolescentes y jóvenes adultos – padecen conflictos que los hacen sentirse infelices e incapaces de reconocer tal felicidad en Cristo?

Inmediatamente, como padres y fieles católicos, nuestra primera respuesta suele ser buscar apoyo en nuestra fe, quizá en la dirección espiritual. Y aunque esta solución es totalmente válida, importante y necesaria, es imperativo observar cuándo es imprescindible buscar ayuda profesional de salud mental, como la terapia con un psicólogo, por ejemplo. ¡Es erróneo pensar que esto va en contra de nuestra fe católica! Ese es un estigma que debe llegar a su fin. Es más, actualmente existe más apertura y conocimiento sobre los métodos católicos para tratar los problemas de salud mental. De hecho, una buena comunicación y balance entre la salud espiritual y mental es recomendable porque la salud mental forma parte integral del desarrollo fundamental de todo ser humano.

La salud mental es tan esencial que los obispos de California durante una conferencia en 2018, insistieron en la importancia de  eliminar el estigma y estrechar los lazos entre la fe y la medicina.[3] Como padres católicos, prestar atención a la salud mental de nuestros hijos es vital. Si estás leyendo esto es porque te importa y estás buscando ayuda para tu hijo/a. Continúa leyendo para encontrar algunos recursos útiles, prácticos y fiables para quienes se enfrenten a esta situación. Si piensas que tu hijo/a puede estar sufriendo problemas de salud mental, o que quizás, estos problemas ya existentes,  están tornándose en una posible enfermedad, este artículo te ayudará a saber qué signos y síntomas observar, cómo hablar con tu hijo/a, y cómo obtener ayuda.

¿Qué son las enfermedades de salud mental?

De acuerdo con la Clínica Mayo, las enfermedades de salud mental también son conocidas como “trastornos de salud mental”, y se refieren “a una amplia gama de afecciones de la salud mental, es decir, trastornos que afectan el estado de ánimo, el pensamiento y el comportamiento”.[4] Hay condiciones que son pasajeras y que muchas personas las experimentamos de vez en cuando, como el estrés. Mientras que las enfermedades o trastornos mentales son permanentes y afectan la habilidad de funcionar día a día.

Algunos ejemplos son la depresión, los trastornos de ansiedad, los trastornos de la alimentación y los comportamientos adictivos. Estos pueden afectar la capacidad de las personas para funcionar normalmente en la vida cotidiana porque afectan a las emociones, los pensamientos y las conductas en la escuela, el trabajo y en las relaciones interpersonales.

Signos y síntomas

De acuerdo con la Clínica Mayo, algunos ejemplos de síntomas y signos de una enfermedad mental son:

  • Sentimientos de tristeza o desánimo
  • Pensamientos confusos o capacidad reducida de concentración
  • Preocupaciones o miedos excesivos o sentimientos intensos de culpa
  • Altibajos y cambios radicales de humor
  • Alejamiento de las amistades y de las actividades
  • Cansancio importante, baja energía y problemas de sueño
  • Desconexión de la realidad (delirio), paranoia o alucinaciones
  • Incapacidad para afrontar los problemas o el estrés de la vida diaria
  • Problemas para comprender y relacionar las situaciones y las personas
  • Problemas con el uso de alcohol o drogas
  • Cambios importantes en los hábitos alimentarios
  • Cambios en el deseo sexual
  • Exceso de enojo, hostilidad o violencia
  • Pensamiento suicida

¿Cómo hablar con tu hijo/a si notas alguno de estos signos y síntomas?

El amor a nuestros hijos se expresa de diversas maneras. Una de ellas es la comunicación constante y respetuosa. Si has notado cambios graves o repentinos en las emociones, comportamientos y pensamientos de tu hijo/a, comunícate con él/ella con honestidad, claridad y sobre todo con mucha empatía y comprensión. La Clínica Mayo señala que a veces “los síntomas de un trastorno de salud mental aparecen como problemas físicos, como dolor de estómago, dolor de espalda, dolores de cabeza u otros dolores y molestias inexplicables”. [5]

Si este es tu caso, hazle saber a tu hijo/a tu preocupación y juntos busquen la ayuda de un profesional de salud mental calificado. Si tu hijo/a no quiere o se niega a hablar contigo, puedes buscar a un amigo, otro familiar, un sacerdote, religioso/a, etc. que pueda entablar una conversación con tu hijo/a. El siguiente paso será buscar ayuda profesional.

¿Cuándo y cómo obtener ayuda de un profesional de salud mental?

Si observas alguno de estos signos y síntomas, ya has hablado con tu hijo/a y has buscando quien hable con él/ella, entonces es momento de buscar ayuda profesional, si lo crees prudente. Sin embargo, si tu hijo/a tiene pensamientos suicidas o ha intentado hacerse daño, no lo dudes y busca ayuda de inmediato.

  • Llama al 911
  • Llama a tu médico o proveedor de salud primaria
  • Ponte en contacto con un sacerdote o alguien de confianza en tu comunidad parroquial

Existen varios proveedores de atención de la salud mental. Un primer diagnóstico o consulta arrojará luz hacia qué proveedor necesitará tu hijo/a.

  • Psiquiatra
  • Psicólogo
  • Psicoterapeuta
  • Enfermera psiquiátrica
  • Consejero profesional licenciado
  • Terapeuta matrimonial y familiar
  • Asesor profesional con licencia
  • Trabajador social clínico con licencia

Recursos útiles, prácticos y fiables

  • Para informarte acerca de las causas, los factores de riesgo, las posibles complicaciones y la prevención de problemas de salud mental, visita:

Clínica Mayo

  • Para informarte acerca de cómo se lleva a cabo un diagnóstico y tratamiento de una enfermedad mental, visita:

Clínica Mayo

  • Para saber cómo reconocer cuándo hay un problema de salud mental, visita:

USAGov en Español

  • Para informarte acerca de la ansiedad en niños  pequeños, lee:

Niños con ansiedad: por qué es tan importante el diagnóstico temprano

  • Para informarte sobre la salud mental en la comunidad latina, visita la Alianza Nacional de Enfermedades Mentales:

National Alliance on Mental Illness

  • Para saber cómo encontrar el proveedor de salud mental adecuado para tu hijo/a, visita:

Clínica Mayo

  • Para leer sobre cómo realizar un chequeo de tu salud mental y emocional, lee este artículo escrito por la doctora Sue Baars, consejera profesional titulada. Además terapeuta familiar y matrimonial en Irving, Texas (EE. UU.), donde ejerce en su consulta privada, In His Image Christian Counseling.

Haz un cheque de tu salud mental y emocional

  • Para leer sobre algunas formas para cuidar de la salud mental, lee:

6 medidas para tu salud mental

  • La fe y la medicina no están peleadas la una con la otra. Si tu hijo necesita un psicoterapeuta, te recomiendo leer sobre el instituto católico de psicoterapia, Catholic Psych Institute. Este instituto fue fundado por un doctor católico especializado en psicología. Cuentan con psicoterapeutas bilingües y su misión es: Crear un nuevo estándar para la salud mental y el bienestar en la Iglesia Católica, proporcionando servicios y recursos basados en la integración de la antropología católica, fiel con la ciencia psicológica sólida para ayudar a las personas a convertirse en lo que Dios quiso que fueran. Visita:

Catholic Psych Institute

¡Gracias por leer y por el amor y preocupación hacia tu hijo/a! No estás solo.

“La búsqueda de la felicidad”, afirma el Papa Francisco, es algo común en todas las personas, de todos los tiempos y edades” porque ha sido Dios quien ha puesto “en el corazón de todo hombre y mujer un deseo irreprimible de la felicidad, de la plenitud”.[6]

[1] Ver XVII JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD, FIESTA DE ACOGIDA, DISCURSO DEL SANTO PADRE. Toronto. Jueves 25 de julio de 2002. https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/speeches/2002/july/documents/hf_jp-ii_spe_20020725_wyd-address-youth.html

[2] Ibid.

[3] Ver https://www.cacatholic.org/article/california-bishops-issue-major-statement-mental-health

[4] Ver https://www.mayoclinic.org/es-es/diseases-conditions/mental-illness/symptoms-causes/syc-20374968

[5] Ibid.

[6] Ver https://www.vaticannews.va/es/vaticano/news/2019-03/papa-francisco-jornada-mundial-felicidad.html

LA OSADÍA DE LA JUVENTUD (Luis Ernesto Hernández Aguirre )

Vuela alto juventud osada.
No sientas miedo por conquistar los riscos,
subir como rayo desde la hondonada
ocupa veloz y ágilmente tu sitio,
que para esto te fueron dadas las alas
capaces de penetrar con el rugido
del sonoro clamor de la vida santa
los amarres del pecado y sus suplicios.

Decía Anacleto González Flores, Beato mexicano y prohombre de la paz en tiempos de la persecución religiosa, que el verdadero cristianismo no se encuentra ni en la cobardía, ni en la pusilanimidad como muchas veces se ha querido presentar a la fe, sino en el arrojo de los valientes, en la osadía de los que se atreven a desafiar el statu quo, y esto no es ningún discurso revolucionario, sino la simple imitación de Cristo maestro.

Hoy la juventud se enfrenta ante la misma pregunta que siempre se ha hecho la humanidad, sin embargo, con mucho menos elementos o más ruido para poder responderla de manera personal y certera: ¿cuál es el sentido de la vida?

Y si muchas generaciones tuvieron más o menos certeza a estas respuestas, ya sea enseñados por sus padres o por la sociedad, asumiendo una serie de valores, roles o metas que se planteaban como buenas y deseables; hoy los jóvenes se hayan desorientados ante la cantidad de discursos contradictorios, hedonistas, nihilistas y profundamente ignorantes.

En algún tiempo se debatían las ideas con otras ideas, y se podía acusar a unas u otras de erróneas; hoy ni siquiera existen esas ideas, solo se plantea la nada, la inmediatez, la superficialidad, la ignorancia absoluta como el medio más “seguro” de transitar en la vida sin mayor problema.

Hoy ni siquiera el ideal materialista se presenta a los jóvenes como meta, dónde el tener fuera, aunque equivocadamente el sentido de la vida, ni siquiera el tener, poseer o crear se convierte en la respuesta a la interrogante.

Una meta trascendente, un actuar que deje huella en los demás o uno mismo, ya no se presentan como opción para los jóvenes, entonces nos preguntamos ¿Qué se les presenta como ideal de vida?

Hoy se les presenta simplemente la vivencia de experiencias sensoriales cada vez más intensas que hagan una concatenación de exacerbación de los sentidos, un embotamiento de realidad que derive en una salida a la misma realidad.

Es entonces en el que drogas cada vez más fuertes, sexualidad sin límites y el disfrute de los sentidos se plantea como sentido de la vida de los jóvenes, despojándolos de cualquier liga o raíz con su pasado, con sus antepasados, con su cultura, con sus valores y, por ende, también de su futuro.

Es entonces cuando adquieren sentido las palabras de Anacleto, en el que hablando de la juventud dice: “La juventud es bella y radiante como la estrella que brilla en el oriente al amanecer, hechiza a los que la poseen y a los que la han perdido. Es una embriaguez de ensueño y de ilusión que produce el vino fuerte y oloroso del odre rebosante de la vida”.

Hoy los jóvenes, y no me refiero solamente a los que son nuevos en edad, sino a los que se mantienen jóvenes de corazón, debemos volver a la osadía, a la belleza del riesgo, a ese riesgo que Jesús abrazó en la cruz para salvar a la humanidad, es preciso que cada familia y cada joven, se abracen a la vida cristiana como el mayor acto de osadía en este siglo 21.

Y se preguntarán entonces ¿Cómo me abrazó a este ideal del cristianismo valiente?. Así como empezó la historia de Jesús: con nada. El carpintero anduvo por las calles de Jerusalén y no tenía más herramientas que su palabra y a partir de ese momento se han conjurado contra Él todos los riesgos de la vida, de la política, del pensamiento, de la palabra, de la guerra y de la historia.

Es preciso como dice el poema, abrir las alas adormiladas de nuestra juventud, aguiluchos criados como aves de corral, seres creados para abatir los abismos que no se dan cuenta que tienen alas, porque no es poco atreverse a afrontar los riesgos de ser santo.

Vuela alto juventud osada
Que otras avecillas están en sus nidos,
conteniendo temerosas la esperanza
por atravesar las nubes y sus brillos,
ansían alzarse del suelo que abraza
para encontrar en el riesgo su destino,
escuchando la voz que a Lázaro hablara:
“Levántate, anda y encuentra tu camino”.

UNIENDO NUESTRAS VIDAS POR LA IGLESIA CATÓLICA

¿Por qué casarnos por la Iglesia?

Los beneficios del Matrimonio Católico

“La Iglesia es un bien para la familia, la familia es un bien para la Iglesia. Custodiar este don sacramental del Señor corresponde no sólo a la familia individualmente sino a toda la comunidad cristiana”. (Papa Francisco, Amoris Laetitia 87)

En general, las parejas que eligen llevar su matrimonio a la Iglesia reciben muchos dones: paz de corazón, unidad y acompañamiento con la Iglesia, y plenitud de los sacramentos, especialmente el don de recibir la Sagrada Comunión y la Reconciliación.

Los científicos sociales han descubierto que las parejas que reconocen la presencia de Dios en su relación, experimentan más satisfacción y tienen más probabilidades de lograr un matrimonio para toda la vida. Uno de los muchos beneficios de un matrimonio sacramental es el del poder de la gracia de Dios, que ayuda a las parejas a mantener viva la alianza de amor y encontrar la felicidad juntos.

¿Por qué obtener el Sacramento del Matrimonio?

“Cristo Señor ‘sale al encuentro de los esposos cristianos en el sacramento del matrimonio’, y permanece con ellos… los esposos son consagrados y, mediante una gracia propia, edifican el Cuerpo de Cristo y constituyen una iglesia doméstica”. (Papa Francisco, Amoris Laetitia 67)

Los votos intercambiados por la pareja son una alianza sagrada a través del cual los esposos se abrazan y, juntos, abrazan a Jesús como su compañero. A través de su unión con Cristo, participan en la alianza inquebrantable entre Dios y la humanidad: la alianza que selló Jesucristo con su muerte y resurrección.

El matrimonio católico es único entre otras relaciones matrimoniales porque es un Sacramento que hace que Cristo esté presente en nuestras vidas y especialmente en las familias. La relación entre marido y mujer refleja la relación de Jesucristo con su pueblo. En la tradición católica, el esposo y la esposa aceptan una misión en el plan salvífico de Dios para la humanidad. La esposa y el esposo son embajadores del amor de Dios y colaboran con Dios para seguir construyendo su Reino aquí en la tierra.

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Nota: Este es una descripción básica del Matrimonio Católico. Debido a que la situación de cada pareja es única y el proceso puede variar de una parroquia a otra, de una diócesis a otra y de un país a otro, las personas interesadas en casarse  la Iglesia Católica, para obtener una convalidación matrimonial y/o una declaración de nulidad deben hablar primero con su párroco para obtener orientación personal y específica.

El peso emocional de nuestra infancia en la relación matrimonial

Todas las relaciones que tenemos con otras personas dejan siempre alguna huella emocional en nuestra vida. Pero ninguna relación es tan importante y decisiva para nuestra existencia, y sobre todo para nuestro matrimonio, como las relaciones familiares que tuvimos en la infancia. Dios quiso que la familia fuera no sólo la puerta por la cual entramos a la vida, sino también el lugar donde aprendiéramos el arte de amar. Por eso, la familia ha sido llamada con razón “la escuela del amor”. Ahí, a través del trato que nos dieron y del ejemplo de amor que recibimos de nuestros padres y familiares aprendimos a amarnos a nosotros mismos, a relacionarnos con los demás, y con Dios.

Lo que aprendimos a amar de nosotros mismos en nuestra infancia

En el entrenamiento al amor, el primer escalón, sobre el cual se apoyarán nuestras futuras destrezas para amar a los demás y a Dios mismo, es aprender a amarnos a nosotros mismos. Ahora bien, según los datos de la ciencia, el 90% de esa capacidad para amarnos la recibimos de nuestros padres, en los cinco primeros años de nuestra vida, empezando desde el seno materno.

Así, por ejemplo, aprendimos a amar e identificarnos positivamente con nuestra apariencia física a través de los elogios, el cuidado y las valoraciones que nuestros padres y las personas que nos cuidaron hicieron de la belleza de nuestra mirada, de nuestra sonrisa, de nuestro cuerpo. El día, en cambio, en que a un niño se le burlaron de sus orejas, o de la forma sus piernas, ese día, sin saber por qué, esa criatura comenzó a sentir vergüenza, inseguridad y complejo de ser como es. Esto le impedirá un día salir confiado a la conquista de la persona que le atrae y posiblemente le hará cohibirse en la entrega íntima de su cuerpo en las relaciones matrimoniales. Lo mismo sucedió con cada aspecto de nuestro temperamento, habilidades o características que fue criticado, negado, desatendido o ignorado; o cuando nos hicieron sentir, a través de abusos físicos, emocionales, o experiencias de abandono, que éramos malos, un estorbo o simplemente no merecedores de cariño ni cuidado.

En otras palabras, aprendimos a amar y a abrazar nuestro ser con seguridad y gratitud, desarrollando una conciencia implícita de nuestra propia dignidad y valor, en la medida en que nos sentimos acogidos y valorados. Y como consecuencia, eso que aprendidos a amar de nosotros mismos no sólo nos da la destreza para relacionarnos sin miedos ni complejos con los demás, sino que son el tesoro personal que tenemos para entregar en nuestras relaciones personales y de pareja. Por el contrario, lo que no ha sido afirmado o aceptado de nosotros son aspectos de nuestra personalidad que han quedado atrofiados; nos acomplejan o nos hacen inseguros. Por eso tenderemos desesperadamente a ocultarlos o a llegar ese vació de aceptación en nuestras relaciones futuras.

Igualmente, los niños que crecieron en ambientes violentos, con padres alcohólicos o que experimentaron pobreza extrema o abandono, desarrollan estados de ansiedad o de mucha irritabilidad, o tienden a encerrarse en su mundo y a tratar de agradar en todo a los demás, como fruto del estrés permanente en que crecieron.

Muchos de las dificultades entre los esposos tienen sus raíces en estas heridas emocionales de la infancia, que no han sido curadas. Eso se refleja en reacciones desmedidas ante asuntos de poca importancia pero que reconectan a una persona con sus traumas, o en comportamientos como celos enfermizos, sentimiento de víctima, incapacidad para poner límites o expresar honesta y respetuosamente lo que les frustra.

Lo que aprendimos del matrimonio y relaciones de nuestros padres

De igual modo, nuestro primer entrenamiento a la vida matrimonial y la relación con los demás lo recibimos de la relación entre nuestros padres o las personas con quienes crecimos.  Esto incluye cómo revelar y expresar lo que sentimos sin ofender ni callar, cómo escuchar sin juzgar y sin prejuicios, cómo reaccionar ante las críticas y resolver conflictos, y por supuesto, cómo agradecer, perdonar y servir al otro en sus necesidades.

Por eso, gran parte de las expectativas, de las destrezas para comunicarnos, pero también de los miedos y bloqueos con que llegamos al matrimonio se gestaron en los patrones de relación que de manera inconsciente asumimos de nuestros padres. Así, por ejemplo, si cada vez que nuestros padres expresaban sus diferencias se generaron disputas violentas, nosotros interiorizamos que es mejor callar para evitar problemas, o que sólo gritando e imponiéndonos se resuelven las diferencias.

El tesoro de la fe que recibimos de nuestros padres

La mejor de las herencias que nuestros padres y familiares pudieron dejarnos es el habernos enseñando a amar a Dios. A través de las tradiciones religiosas, novenas, posadas y momentos de oración, aun en medio de sus limitaciones humanas, nuestros padres abrieron nuestras almas al encuentro con Dios. Sabernos amados por Dios y capaces de conectarnos con ese amor a través de la oración y sobre todo de la vida sacramental es, como veremos inmediatamente, la llave misma para abrirnos a la sanación emocional y posibilidad para rehacer nuestra vida y entablar relaciones familiares sanas y santas.

La importancia de sanar nuestra infancia para amar y no repetir esos errores

Es muy probable que esta lectura haya traído a tu memoria los múltiples momentos y acciones de cuidado a través de los cuales tus padres te hicieron sentir amado y feliz de ser como eres. Pero también puede haber despertado recuerdos dolorosos que te han afectado en tu manera ser y de reaccionar. La buena noticia es que, como lo proclamó Cristo a través de su muerte y resurrección, el mal no tiene ya la última palabra, porque para liberarnos del mal, murió Cristo. Tú nunca has dejado de ser la criatura más semejante a Dios, y amada por Él hasta el extremo. Si dudas en algo de tu valor, de tu dignidad y de tu derecho a amar y ser amado, es hora entonces de redescubrir tu bondad intrínseca; de liberarte de lo que el mal de otros ha causado en tu identidad y en tu capacidad de relacionarte sanamente contigo mismo y con los demás, especialmente en tu matrimonio y vida familiar. ¿Cómo hacerlo? He aquí algunas sugerencias:

●       Confía en Dios y su obra en ti: El Señor quiere que tengas vida, y vida en abundancia. Él ha venido a salvar y rescatar lo que el mal ha dañado. Él prometió darnos un “corazón nuevo” para que te ames como Él te ama y como puedes amar a los demás.

●       Toma de conciencia: Pídele al Señor que te ayude a descubrir las posibles heridas emocionales que cargas desde la infancia, preguntándote: ¿Cuál es la fuente más frecuente de conflictos en mis relaciones? ¿Qué miedo puede estar detrás de mis reacciones? ¿Cuál puede ser su origen? ¿Qué me dijeron, me hicieron o no hicieron por mí, que pudo haberme herido emocionalmente? ¿Qué aprendí del matrimonio de mis padres? ¿Algo de eso puedo estar repitiendo, aunque no quiera, en mis relaciones actuales? Si recordar esto es muy doloroso, te angustia, o te sientes bloqueado al hacerlo, busca la ayuda profesional de un terapeuta para que te acompañe en este proceso.

●       Pide el don del perdón: Tus padres, al igual que todos los que se equivocaron contigo fueron seguramente personas que a su vez fueron heridas emocionalmente en su infancia. También por ellos murió Cristo. Pídele entonces a Jesús, sin negar la gravedad de lo que pudieron haberte hecho, que te dé sus ojos de misericordia para perdonarlos, y repetir con El: “Perdónalos Padre porque ellos no sabían lo que hacían”.

●       Déjate amar por Dios: Muchas parejas dan testimonio de la paz y liberación emocional que han empezado a sentir cuando hacen horas de adoración ante el santísimo. Aprovecha esos encuentros íntimos con Dios para contemplar a Jesús dando su vida por ti; cargando sobre su cruz todo el mal que te hicieron y el que tú pudiste haber hecho a otros. Entrega en su cruz, uno a uno, tus recuerdos amargos, para que Él los sepulte en su tumba. A cambio, Él te dará la infinita paz de saberte liberado y amado hasta el extremo.

●       Empieza a vivir tu vida nueva: Empieza a evitar toda tendencia a culpabilizarte, compararte con otros o a sentirte obligado a ceder en todo, en contra de tus gustos. Reconoce que, con la ayuda de Dios, puedes comenzar a hacer reclamos respetuosos cuando lo necesites; a escuchar con paciencia los reclamos de los demás, sin que eso te asuste ni tengas que salir a la defensiva. Pide con humildad perdón a las personas de tu familia, cada vez que les hayas ofendido, y también, no te canses de agradecer todo lo que tienes, todo lo que has logrado; descubre todo lo bello y bueno que hay en tu esposo/a y en cada uno de tus hijos, y todo lo bueno que hacen por ti.

Dr. Dora Tobar

La belleza del Matrimonio

La belleza del Matrimonio

Por: Ana C. De la Garza

Hay una frase que dice “El Matrimonio es como un jardín: requiere de mucho amor y un poco de trabajo cada día”.

Y es que el amor en el Matrimonio no hay que darlo por sentado, siempre hay que cuidarlo, alimentarlo y trabajarlo. Recuerdo una vez un consejo que nos dio un Sacerdote en una homilía y me parece muy importante compartirlo; nos dijo que todos los días nos dedicáramos 15 minutos en pareja, sin ninguna distracción de celulares, televisión, hijos, etc. 15 minutos para conversar, mirarnos cara a cara, estar juntos y cultivar nuestra relación.

Yo también les recomiendo ponerse una cita al mes, como un “date”, donde puedan hacer algo juntos que disfruten como pareja. Desde preparar una cena romántica o ir a algún lado a cenar, ir a andar en bicicleta o al cine, o incluso ver una película juntos en casa, pero sólo ustedes dos.

Dios diseñó el amor de esposos para que fuera una ayuda mutua, una compañía. Para no estar solos en este camino de la vida, para ser un reflejo del amor de Dios, para ser fecundos y educar y formar a nuestros hijos. Recordemos el pasaje del Génesis que habla de esto:

Dijo luego Yahvé Dios: No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada”. ( Gn 2, 18 )

“De la costilla de Adán, Dios formó a la mujer, para ser su compañera, para acompañarse el hombre y la mujer en esta vida, para ser mejores amigos en el matrimonio y hacernos la vida mejor y más llevadera”.

Después dice: “Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne” ( Gn. 2, 24 ) . El designio de Dios en esta unión es perfecta, hacerse una sola carne, una unión perfecta, que da el fruto de los hijos”.

Yo sé que existen dificultades en la vida cotidiana, en la relación de los esposos, y hay dos consejos que me gustaría compartir con ustedes para saber llevar la vida juntos:

  1. Perdonar. Perdonar las fallas del cónyuge. Y no recordarle en una discusión todas las cosas del pasado que nos molestan. Ya que esto sólo genera más conflicto.
  2. Ceder. No tratar siempre de tener la razón, habrá momentos en que será mejor ceder. Yo sé que hay cosas que son muy importantes para llegar a un acuerdo, como educar en la fe a los hijos, o los valores que queremos vivir en nuestra familia. Pero hay cosas triviales de la vida en las que no tenemos que llevar todo al campo de batalla.

El amor de pareja tiene sus etapas en la vida, vamos de la etapa del enamoramiento en la que todo es perfecto y sentimos mariposas en el estómago, a la etapa del amor y mayor intimidad, hasta llegar al verdadero amor de compromiso. Y al ir madurando el amor es posible que se atraviese por algunas crisis. Por eso es importante, en primer lugar, agarrarse de la mano de Dios, como dice la palabra Ma-tri-monio somos tres y en medio de esta relación debe estar Dios para que nos sostenga y nos lleve de su mano en este camino de la vida. Encomendar nuestro Matrimonio a Dios a través de los Sacramentos y de la oración,  también es importante. Si en algún momento sienten que no pueden, no duden en pedir ayuda; a un Sacerdote o a algún consultor especialista en Matrimonio. Yo recomendaría un especialista que fuera Católico y que conociese el Método de Jhon Gottman para terapia de pareja.

https://www.gottman.com/about/the-gottman-method/

Para terminar, les recomiendo encomendar siempre su Matrimonio a la Sagrada Familia. ¡Quiénes mejor que Nuestro Señor Jesucristo, su madre la Santísima Virgen María y San José para acompañarnos y guiarnos en nuestro Matrimonio y Familia!

Celebrando Matrimonios Mixtos

Celebrando Matrimonios Mixtos

Por Cynthia Psencik

Cuando hablamos de matrimonios mixtos, nos referimos a parejas que nacieron en diferentes países como también parejas de razas, etnicidades y culturas distintas. Se reporta que los matrimonios mixtos han aumentado continuamente desde el 1967 cuando fueron legalizados en los Estados Unidos. Para el 2015, una de cada seis parejas recién casadas están casadas con una persona de una raza o etnicidad diferente. La pareja mixta más común incluye hispanos y blancos (Pew Research Center). Es asombroso pensar que antes de los años 1967, los matrimonios mixtos eran prohibidos en ciertas partes de los Estados Unidos, y que hubiera alguna ley impidiendo que yo me casara con mi esposo.

​Mi esposo no solo es de una etnicidad diferente a la mía, sino también nació y creció en un estado diferente que yo – él es de Texas y yo de Nueva York. Llevamos casados siete años, y cada día aprendemos algo nuevo, ya sea de nuestras culturas, o de donde crecimos. Al principio de nuestro noviazgo dialogamos bastante acerca de lo diferente que fue nuestra crianza, yo como mujer hispana de padres dominicanos, y él como hombre blanco. Le asombraba la manera en que me comportaba con mi mamá, con la cual hablaba todos los días por casi una hora. O la manera en que mi mamá se comportaba conmigo, todavía queriendo cuidarme hasta después de estar casada. Mi esposo, sin embargo, creció bien independiente. Poco a poco se fue acostumbrando y aprendiendo que estas cosas eran importante para mi, como yo también fui aprendiendo de las cosas que eran importante para él, por ejemplo, el amor a los deportes profesionales.

Durante nuestro retiro de preparación para el matrimonio tuvimos la oportunidad de dialogar y describir costumbres de cada una de nuestras culturas que podrían impactar más adelante nuestro matrimonio. Las diferencias en culturas a veces aparecen de maneras sutiles en el matrimonio, y pueden crear dificultades si no existe comunicación entre la pareja. Es importante tener una disposición abierta para abrazar las costumbres y las expectativas que son importantes para cada pareja.

Reconocer y hablar de las diferencias

Durante su noviazgo, tomen tiempo para hablar acerca de su niñez y no dejar por desapercibido la importancia de ciertas costumbres y experiencias que pueden influenciar sus comportamientos. En una conversación con mi amiga, ella me comentó que durante su noviazgo, ella y su esposo que es de una etnicidad diferente, hablaron mucho acerca de su experiencia con el racismo, una experiencia muy lejana para su esposo. Fue importante para ella poder ser vulnerable y que existiera una apertura de parte de él para recibir lo que ella le presentaba, y de no minimizar sus experiencias. Esta conversación ayudó mucho a su esposo a comprenderla y ayudarla a navegar sus emociones, y responder adecuadamente.

Ser pacientes y seguir aprendiendo

Darse oportunidad para conocerse y crecer juntos es importante durante el noviazgo y su vida de casados. Ser paciente con uno mismo y con su pareja cuando resaltan cosas únicas a su cultura, ayuda a crear una atmósfera abierta para usted y su pareja. Yo vengo de una familia vibrante y animada, especialmente cuando se reúnen todos los familiares a la misma vez. Mi esposo no vino de una familia grande, y a veces pensaba que estábamos peleando cuando nos escuchaba hablar.

No todo va a tener sentido al principio, y hasta podemos criticar ciertas cosas de nuestra pareja y de su familia. Por eso es importante observar y hacer preguntas cuando no comprendes algo, aunque sea incómodo. Esto demuestra un sentido de curiosidad como también interés en aprender más acerca de los antecedentes familiares y las costumbres que nos influyen.

 

No hagan suposiciones

En la celebración del Día de Acción de Gracias durante nuestro primer año de casados, invitamos a mi familia a celebrar con nosotros. Teníamos música alta tocando de fondo, como era de costumbre en mi familia, mientras preparamos el pavo y la cena. De vez en cuando mi esposo entraba a la cocina, pero luego se iba un poco molesto. Mientras, yo seguía cantando y bailando con mi prima, mi hermana y mi mamá. Después de la celebración le pregunté a mi esposo qué le pasaba, y él me respondió que usualmente en su hogar, él era quien preparaba la cena para su familia, y se sintió molesto de que no le dimos esa oportunidad. Obviamente, no sabía lo importante que era para él tomar parte de las preparaciones, pues crecí entre las normas culturales donde las mujeres eran las que preparaban la comida, y yo asumí que no le interesaba.

Instruir a sus familiares cuando sea necesario

El Papa Francisco en Amoris Laetitia nos comenta: “Los esposos que se aman y se pertenecen, hablan bien el uno del otro, intentan mostrar el lado bueno del cónyuge más allá de sus debilidades y errores (113). Yo crecí en un ambiente donde no faltaba el gentío que venía a nuestro hogar a celebrar algún acontecimiento. De esta forma me acostumbré a siempre estar rodeada de personas, algo que es común en las personas extrovertidas. Mi esposo es introvertido. Me costó tiempo realizar que a veces cuando estamos en reuniones familiares él necesita receso para poder recargarse. Mi familia notaba esto, y pensaba que no les caía bien, y a veces hacían comentarios acerca de su comportamiento. Tuve que explicarles que no era algo en contra de ellos, y fue un momento de aprendizaje para ellos también. Para ayudarnos, mi esposo y yo creamos un plan donde nos señalamos cuando el necesitaba un tiempo de receso durante una visita familiar.

Ser razonables con sus expectativas

Lo más seguro es que su pareja no hable español, o no tiene ritmo para bailar su música. Podemos entrar en el error de que “si me ama, hará el esfuerzo”. Pero la realidad es que aprender un lenguaje nuevo como adulto es un don, y no es tan fácil poder pensar y hablar en un lenguaje diferente al lenguaje nativo. Me enojaba bastante al principio porque estaba centrada en que mi esposo aprendiera español para que se comunicase mejor con mi familia, pero no era por falta de esfuerzo. Me dediqué entonces a darme cuenta de las diferentes maneras que él intentaba comunicarse y relacionarse con mi familia. De esta manera, aprendí a valorar la manera en que él y su familia pasan tiempo juntos viendo deportes profesionales.

Compartir y celebrar los dones que trae cada cultura

Una de las cosas más bellas de una pareja mixta es poder compartir sus tradiciones. Durante la planificación de nuestra boda, incluimos elementos de cada una de nuestras culturas. La ceremonia fue bilingüe, y durante la recepción, incluimos comidas, música y bailes de cada una de nuestras culturas. Esto brindó la oportunidad de que ambas familias aprendieran y celebraran elementos de cada una de nuestras culturas. Fue super divertido ver como su familia y amistades disfrutaron aprendiendo a bailar merengue y mi familia la música country.

 

Crear nuevas tradiciones

Es bello poder unir elementos de cada cultura en la relación. En vez de solamente enfocarse en uno u otro elemento de cada cultura, intenten crear una unión de ambas culturas, y formar sus propias tradiciones. Ya sea comida, música, tradiciones…, es importante que existan elementos de las dos tradiciones que acomoden ambas culturas adecuadamente. Al final del día, las diferencias que pueden existir crean momentos para seguir aprendiendo y creciendo juntos. Durante nuestro noviazgo, Evan y yo creamos una lista de canciones en Spotify con música romántica de cada género, y así él aprendió a disfrutar de la música en español, y yo de la música country.

Ante todo, ser amigos y construir una vida en conjunto. El Papa Francisco nos recuerda en Amoris Laetitia lo importante que es la amistad en el amor conyugal. El nos dice: “Después del amor que nos une a Dios, el amor conyugal es la máxima amistad. Es una unión que tiene todas las características de una buena amistad: búsqueda del bien del otro, reciprocidad, intimidad, ternura, estabilidad, y una semejanza entre los amigos que se va construyendo con la vida compartida” (Amoris Laetitia, 123). Por último, no dejen a un lado el divertirse mientras se acomodan y continúan aprendiendo el uno al otro.

5 GRADOS DEL AMOR EN LA PAREJA

Vivir en pareja no es sencillo porque solemos creer que no tenemos que prepararnos para amar. Creemos que es un sacrificio, en lugar de valorar que es una relación para encontrar cada día la belleza que nos rodea; y donde aprendemos a ser un don para quien elegimos amar. Pero este paso requiere aprendizaje y discernimiento para saber elegir bien.

Encontrar la belleza al amar requiere fe, coraje y disciplina. Es decir, requiere que elijas ser protagonista de lo que tú anhelas vivir. Amar es la actividad más noble del ser humano y una de las claves de la vida diaria, por tanto, más que un enigma,  amar es buscar bienes para quien se elige amar.

Es pasar de un enigma a un misterio, es decir que es elegir vivir dentro de un proyecto que tiene en sí un propósito que está llamado a descubrirse día a día. El matrimonio, es vivir en un proyecto, un designio que sale a la luz para ir descubriéndolo y con ello dejarse sorprender por las maravillas que están en esta vida para que lo descubramos cada día.

Esto no siempre es fácil de lograr, a veces nos topamos con el corazón herido que se forma por las circunstancias y eventos que cada persona va viviendo y que los esposos, varón y mujer, suelen enfrentar como grandes desafíos más de una vez al día.

Pensar que el matrimonio es como vivir en un campo de flores y que se puede ignorar las tormentas que trae el agua para que esas flores se hidraten, sería vivir un cuento de niños o un amor muy inocente y un tanto adormilado.

Aprender que el amor de una pareja pasa por diferentes grados dará la oportunidad de elegir la manera en que se quiere amar a quien elegimos para formar una pareja. Amar porque te aman es un amor condicionado y va a terminar por destruir la relación.

Quiero hablarte, en esta ocasión, de las 5 formas o grados en que amamos en una relación de pareja. Veamos en qué grado sueles amar tú y así podrás comprender por qué tu cónyuge te ama como lo hace.

  1. Afecto

Este grado de amor no solo está en la pareja sino en cualquier persona que conocemos y con la que sentimos que tenemos algo en común, es decir que llama nuestra atención.

Es la manera de amar incluso de los animales, es consecuencia de tener un corazón que quiere aprender a amar y su enemigo principal es querer poseer a la otra persona, es el deseo de que te pertenezca.

Es cuanto estamos dispuestos a ser humildes y hacerle sentir a la otra persona que pertenece y es digna de recibirte, es cuando le dices a tu pareja: te acepto porque compartimos algo en común.

Pero vamos a algo más profundo en el corazón, quien nos enseña a amar: Eros. Recordemos que el amor en pareja es un hacer de cada día por lo que podemos transitar del grado uno al quinto de acuerdo a nuestras decisiones.

  1. Eros

Es la pasión, es lo que nos hace sentir mariposas en el estómago que mueven nuestra voluntad incluso a situaciones que no querríamos o a las que les tenemos miedo. Esta manera de amar busca resultados personales a través de la otra persona. Está implicada la sexualidad de la mujer y del varón, se siente a nivel corporal porque el cerebro al sentir el eros (atracción sexual), produce oxitocina que elimina el cortisol y el estrés.

Por eso es tan buscado y anhelado por el varón, su masculinidad lo impulsa a amar de esta manera, donde el lenguaje no verbal lo dice todo.

Una vez que la pareja siente que tiene algo en común y que puede expresarse, no sólo desde su lenguaje no verbal, (donde se dice todo sin pronunciar palabra) sino un lenguaje únicamente corporal, se eleva a un amor más sincero.

  1. Amistad

Es un amor que se siente, es compartir un proyecto en común. Es la suma de lo mío con lo tuyo para que dé como resultado un nosotros.

Ayuda a vivir en bienestar tener un amigo con quien poder compartir. Hace que el mismo cuerpo genere dopamina y  serotonina de forma natural; ambas generadoras de alegría.

Se crea un equipo de trabajo, donde cada parte aporta para el bien común.

Sale del corazón que nos fue dado, deja atrás al corazón herido que creamos a través de nuestras decisiones.

Igual que a ti te gusta sentirte apreciada, a tu pareja también le gusta y le hace sentir confianza sentirte cerca con la amistad que puedes otorgarle.

Un matrimonio que no comienza por la amistad, o un amor recíproco, no puede llegar al amor libre que elige.

Alguien que elige buscar lo que les une en común, que siente atracción y que elige compartir su proyecto para hacerlo crecer, puede elegir ser don para quien decide amar.

  1. Donación

Es cuando elegimos dar porque queremos, sin buscar reciprocidad, cuando elegimos amar antes de ser amados. Es cuando llenas, a quien tú eliges amar, de afecto, eros y le otorgas tu amistad para crecer juntos.

Es decirle “quiero lo mejor para ti y lo demuestro sin usarte”.

Todos estamos llamados a amar desde la donación, donde te reconoces como un don para la vida de los demás porque sabes que puedes elegir aceptar a la otra persona sin querer cambiarle.

Es amar a través del amor que hay en tu corazón, a través de la luz especial y única que hay en ti. Es poder decirle a tu pareja “te amo porque elijo amarte, tal cual eres, con tu belleza y tu torpeza sin pretender que seas como yo. Te amo porque te reconozco como don para mi vida, desde el amor con el que Dios te creó”.

Y al elegir, decirle a tu pareja que lo amas por lo que es y no por lo que hace. Es posible que le ames desde el grado máximo de amor, un amor libre que elige amar.

  1. Libre

Es un amor elegido, es cuando el amor que diste a esa persona regresa a ti y ella te ama desde el grado del afecto, y tú, aun así eliges dar un amor en libertad. Es no sólo decírselo a tu pareja sino sentir y vivir en ti que eliges amar.

Es poder decir y llevar a la acción las palabras de dar como el otro necesita y recibir como se te da.

Es saber recibir todo lo que llega a ti como un milagro, y que al elegir el amor libre sean acciones que resuelven el misterio del amor, a través de las bendiciones que la otra persona recibe de tu parte, aunque esa persona no reconozca las gracias recibidas en ese momento.

Es cuando eliges compartir las gracias divinas que hay en ti y que decides de manera libre compartir con quien tu quieres hacerlo.

Ahora ya conoces una nueva forma de ver el amor, ¿hacia qué grado de amor vas a dirigir tus decisiones y acciones?

¿En qué grado está tu pareja o tus hijos? ¡Tú puedes elegir darles un amor libre que les da lo que ellos necesitan para que su corazón vibre al ritmo del amor y no de sus heridas! Elige como vas a amar tú a partir de hoy.

Las Marcas de Nuestros Padres y Nuestra Cultura

Por Gelasia Márquez

Hay muchas teorías que tratan de explicar por qué elegimos y nos casamos con una persona y no con otra. ¿Elegimos porque se parece a nosotros? ¿Elegimos porque es distinto que nosotros y de esa forma nos complementan? La elección del compañero(a) es un proceso que ambas partes van haciendo, la mayoría de las veces a un nivel inconsciente. Tal vez el primer momento sea de una mera atracción física pero después, y según el grado de madurez de las personas, algunas parejas se interesan realmente por saber si son compatibles, es decir, por buscar los valores y características que comparten y que los pueden unir.

Ahora bien, cuanto más similitud existen en una pareja, más fuerte y mejor se establece la unidad y la mutua valoración entre ellos. Pues, como dice la Teoría Social de la Validación cuanto más coincidencia existe en valores, criterios, expectativas e ideales que comparten los miembros de la pareja, más se refuerzan la propia imagen y el propio valor de cada uno de ellos (Véase Valores en Común).

La búsqueda de esta similitud es algo que, según estudios, cada uno de nosotros realiza de forma inconsciente, pero regidos por los parámetros que traemos desde la niñez. Así, las muchachas eligen un compañero cuya forma de ser sea “similar” a la de los hombres de su casa, con los que se crió (padre, padrastro, hermano, primo, tío). De igual forma, el muchacho elige a una joven “similar” a aquellas que le ayudaron a desarrollar su definición de lo que es una mujer (madre, hermana, madrina, tía, prima).

Así mismo, las ideas acerca de las funciones y el papel que el hombre y la mujer deben tener dentro de un matrimonio las recibimos de lo que el medio ambiente y las tradiciones culturales nos enseñan al respecto. Por eso, cuando los miembros de una pareja crecieron y se educaron en ambientes culturales distintos, el proceso de ajuste entre ellos les supone más esfuerzo. Les exige que continuamente se pregunten entre sí el por qué de sus actitudes y se vean obligados a discernir de común acuerdo qué tipo de rol van a escoger dentro de su vida matrimonial.

El caso de Jennifer y Ángel, que pueden ver ilustrado en las viñetas Historias con un final feliz, puede servirles de ejemplo.