Noviazgo y Compromiso

La Vocación al Matrimonio Implica un Proceso

De Jesús de Nazareth nos dice el Evangelista S. Lucas que “crecía en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres” (Lc. 2,52). Otro tanto hay que decir del hombre y de la mujer, como individuos, como pareja y como familia. El Beato Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica post-sinodal Familiaris Consortio escribió: “el hombre es un ser histórico que se construye día a día con sus numerosas opciones inteligentes y libres; por esto, el hombre conoce, ama y realiza el bien según etapas de crecimiento y desarrollo” (n. 34).

También la vocación al matrimonio experimenta un proceso de evolución y desarrollo. Al matrimonio no se llega automáticamente, de sorpresa; la misma Familiaris Consortio alude a unas etapas: en la infancia el ejemplo de vida de los padres es una primera pista de orientación; la juventud constituye una segunda etapa cuando en el joven y en la joven salta la chispa de la atracción sexual; una tercera etapa es el momento del noviazgo.

Dentro de esta tercera etapa los psicólogos, pedagogos y pastoralistas han señalado cinco pasos progresivos a realizar:

–      El primer paso es el ENAMORAMIENTO; es el momento del encanto recíproco que siente cada uno por el otro: una simple mirada, llena de fuego puede suscitar la llamarada del amor. Pero el mero enamoramiento no es suficiente para decidir ya la celebración del matrimonio.

–      Al enamoramiento sigue la ELECCIÓN DEL OTRO(A) en vista a formar pareja humana; en este segundo paso deberán tener en cuenta muchos factores para garantizar una elección acertada: carácter, edad, nivel cultural, raza, religión, hobby, profesión, sentido de responsabilidad, etc. Se trata de hacer una elección libre e inteligente. Un psicólogo español ha escrito que “corazón y cabeza son la clave para construir una pareja feliz”.

–      A una elección bien acertada sigue EL COMPROMISO MUTUO mediante el cual cada uno dice al otro “te elijo para ser mi esposa(o) porque quiero vivir para ti”. Una canción muy conocida explica en qué consiste el amor verdadero: “amar es entregarse, olvidándose de si, buscando lo que al otro pueda hacer feliz. Comprometerse a amar de verdad a la otra(o) como esposa(o) es decirle, como afirma un filósofo, “quiero que vivas para siempre”.

–      Al compromiso mutuo sigue un paso también muy importante: EL PROYECTO COMÚN DE VIDA DE PAREJA. En este momento la pareja comienza a pensar ya no como un YO o un TÚ, sino como un NOSOTROS: nuestro amor, nuestro hogar, nuestros hijos, nuestro futuro, nuestra vida, nuestra casa… De aquí que entre la gente se diga del viudo(a) que es un medio muerto o un medio vivo. Este ‘proyecto común’ exige formar la conciencia de ser pareja, de ser ‘una sola carne’, o sea, un auténtico nosotros’.

–      El quinto paso lo constituye el ACOGER dentro del proyecto común EL PLAN DE DIOS SOBRE LA PAREJA HUMANA. Muchas parejas han hecho esta acogida en momentos diferentes: unas desde el noviazgo, otras después de un retiro espiritual, otras después de una experiencia particular de fe cristiana. Cuál es el plan que Dios propone a la pareja humana como ideal a realizar en su vida?. Llegar a ser una verdadera comunidad de amor y de vida, llegar a ser una pequeña iglesia doméstica, un ‘icono’ de la Trinidad divina; en síntesis, ser Símbolo – Sacramento- de la alianza de Dios con su pueblo, de Cristo con la iglesia, su Esposa.

Dios propone a la pareja un proyecto ambicioso, pero posible. Él ofrece su gracia, su apoyo y compañía para realizar con acierto estos cinco pasos. La vida conyugal y familiar es un verdadero proceso de crecimiento en el amor sobre todo; con razón que los enamorados se digan entre sí “hoy te amo más que ayer, pero menos que mañana”. Esta deberá ser la consigna a realizar todas las parejas humanas y, sobre todo, las parejas cristianas.

Este amor de pareja tiene cuatro cualidades específicas, señaladas por Pablo VI en la Humanae vitae: plenamente humano, total, fiel y exclusivo, fecundo (n. 9). Maurice Blondel, un filósofo del personalismo, decía con razón del matrimonio: “los dos queriendo ser uno solo, se convirtieron en tres”, es decir, padre, madre e hijo(s). El proceso descrito culmina haciendo de la pareja–familia célula vital de la sociedad: una pareja-familia sana es augurio de una sociedad sana.

Para más información visite: www.iglesiasdomesticas.com

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