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Por Tu Matrimonio

Nuestra experiencia de la Biblia en el hogar

En los hogares católicos no falta la Biblia de edición grande, atractiva y abierta en un lugar visible de la casa; además, es la costumbre. En nuestra boda tampoco faltó el regalo de una edición semejante para que siguiéramos la tradición y como buenos hispanos ahí también está. Sin embargo, no está abierta siempre en la misma página. Nosotros hemos vivido la experiencia de leerla diariamente como parte de nuestro compartir como matrimonio y también como familia, pues nuestro hijo desde que aprendió a leer toma parte en la lectura  y reflexión de la Palabra.

Hemos hecho nuestro el conocimiento de que la Palabra de Dios escrita, la Biblia, es Dios mismo. Esta Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros y realmente se quedó en nosotros. Al leerla en voz alta  dejamos que Dios penetre a través de nuestros oídos en nuestra conciencia, en nuestra consciencia y en nuestro corazón. Al leerla como familia buscamos entender el plan de Dios para nosotros, proponemos enderezar las cosas que a la luz de la Palabra el Señor nos muestra que tenemos que reparar como individuos, como miembros de nuestra familia y de nuestra Iglesia.

Como esposo y padre de familia, he visto que a través del tiempo hemos leído, interpretado y asimilado muchos pasajes del Nuevo y del Antiguo Testamento, conocemos las citas importantes que hasta ahora hemos compartido por autor y podemos citarlas por autor, capítulo y versículos y no desde la memoria rígida y vacía sino desde el recuerdo que la Sabiduría de Dios nos ha sembrado en el corazón.

Quisiéramos invitarles a dar un paso adelante para seguir abriendo las puertas a Nuestro Dios en el hogar, leyendo su Palabra para que se riegue la presencia viva de Dios en cada habitación.  Así como muchas veces ponemos un ambientador en la casa para que haya buen olor, leamos la Palabra de Dios en la casa para que se riegue su buen olor y se sienta el confort de vivir en un hogar donde Dios tiene la Palabra.