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Seis Errores Modernos de los Padres de Familia

Es muy comprensible que los padres de familia de nuestro tiempo cometan errores; esto se debe a la compeljidad de la época moderna ha tomado por sopresa a muchos padres de familia; se debe también, en buena medida, a la crisis intergeneracional que aleja un tanto a los padres de los hijos; se deben atribuir igualmente estos errores modernos de los padres a la permisividad que éstos toleran a los hijos: prueba de esto es que los padres dan todo a cambio de nada; es decir, aceptan hacer enormes sacrificios sin exigir de los hijos una justa correspondencia.
 
El primero de estos errores modernos consiste en conceder a los hijos el celular que éstos exigen según marca y modelo; algunos padres suelen decir que ‘toca concederles lo que pidan porque de lo contrario los ‘matonean’. Desde toda óptica, comprar un smartphone a un niño es un ex-abrupto; lo puede matar por robárselo, o lo puede botar a la caneca de basura por descuido o accidente, perdiendo así una buena cantidad de dólares. Los padres de familia deberán distinguir las diversas etapas de desarrollo de un niño; no pueden considerar en la misma forma al niño de 5 ó 6 años que al adolescente de 12 o al joven de 18 años. El principio de la ‘gradualidad’ tiene mucha importancia en la pedagogía familiar.
 
El segundo error consiste en ‘la soledad móvil’. Los padres de familia, no contentos con ceder a las exigencias de los hijos, ni se enteran qué hacen sus hijos con el celular; les han establecido un horario para el uso permitido?. Les han instalado un sofware de monitoreo de actividades?. Están informados los padres acerca de lo que buscan los hijos en internet?. Cuáles apps descarga?. Matoneo, acoso, sexting, son algunos de los riesgos.
 
El tercer error está en los contenidos de los programas que elijen… Muchos padres no saben cuáles series de películas ven sus hijos en televisión o en internet; y la radio?. No se imaginan la mega-basura que pulula en ciertas emisoras juveniles. Hay padres de familia que son muy ingenuos y crédulos. Hoy se está haciendo frecuente la literatura sobre el ‘cyber-sex’. Incluso ya algunos padres lamentan tener un hijo adicto al ‘cyber-sex’.
 
El cuarto error es el ‘internet a solas’. Un niño sin compañía en internet es como si estuviera parado en pleno centro de una de nuestras grandes ciudades. Qué criterio de selección de programas tiene un niño antes de los 10 años?. Inclusos entre los jóvenes y también entre adultos hoy es frecuente la adición a la pornografía por internet. Hay jóvenes que cuentan que esperan que sus padres se duerman para ellos levantarse a ver programas pornográficos.
 
El quinto error está en los ‘video-juegos’. Los.juegos de ‘video’ están clasificados como las películas, según la edad, y muchos padres no lo saben y compran el video-juego que le pide el hijo, lleno de violencia, sexo y groserías. Los controles parentales son una herramienta de supervisión de sus hijos, en el ciber-espacio. Los padres son los primeros responsables de la seguridad de sus hijos en internet.
 
El sexto error: ‘las redes sociales’. Los padres de familia deben saber que redes como Faceboook, Instagram y Twitter permiten crear perfiles de niños a partir de los 13 años exclusivamente; antes de esta edad los niños que creen cuentas tendrían que estar mintiendo al propio sistema. Podrá suceder que sea el propio padre quien le crea el perfil, pero modificando la edad, cosa que de entrada ya es un mal ejemplo para el niño.
 

 

Mejor enseñar que prohibir. La tarea de los papás, aunque es difícil, es establecer normas y límites; laidea es anticiaparse a que su hijo le diga: ‘papá, quiero tener Facebook’. Antes de que sus amigo se lo propongan, el niño tendrá claro que no puede acceder a la red. Se les debe explicar a los niños que amar es sinónimo de formar.
 
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¡El Mejor Amigo de mi Papá es su Celular!

Así un diario colombiano titulaba una de sus páginas. Comienza el artículo diciendo: “la escena ya no es ajena para nadie que, sin importar el escenario, parecen no poder evitar estar más pendientes de sus celulares que de sus propios hijos. Esta parece ser una evidencia de que las nuevas tecnologías amenazan también con fracturar las relaciones familiares”. El diario en mención aporta algunos datos tomados de la revista Pediactrics: “tras hacer un seguimiento a 55 grupos familiares, los autores encontraron que casi en el 75 % de los casos, los adultos utilizaban dispositivos móviles durante la comida con sus niños. El grado de interacción con los dispositivos iba desde no sacar el teléfono o ponerlo sobre la mesa (menos del 10 % de los casos) hasta usarlo casi en forma constante, lo que ocurrió en 40 casos en total”. 
 
No se trata de satanizar la tecnología, sino de llegar a un punto donde ésta se adecue a la familia y no la familia a ella. La psiquiatra Liliana Betancourt considera que el mal manejo de la tecnología en las familias afecta el desarrollo emocional de los pequeños, impactando en su proceso de socialización hasta causar, en el futuro, alteraciones del estado de ánimo. En la medida en que los padres centren su atención en la tecnología, pierden la oportunidad de establecer contacto visual y de detectar expresiones faciales que comunican un mensaje de la vida de sus hijos. Esto puede generar en ellos sentimientos de inseguridad, de rabia y la creencia de que no son importantes en la vida de sus papás. Esto de´’perder la oportunidad de establecer contacto’ es algo muy importante: Norman J. Bull y otros autores señalan la edad de los niños entre 4 y 10 años como una etapa especial en la relación de padres e hijos; es la etapa llamada de la ’heteronomía’, en que los padres son los ‘ídolos’, los mejores personajes en la vida de los niños; pasada esta etapa los padres pierden protagonismo en la vida de sus hijos, porque en la etapa siguiente –la socionomía- son los amigos y compañeros de escuela quienes asumen el protagonismo. La tendencia entre niños y adolescentes a permanecer demasiado tiempo frente a las pantallas de televisión, celulares, tabletas y computadores, incluidos los auriculares, ya tiene un nombre: los ‘screenagers’. En este caso son los adultos (maestros, papás, cuidadores) quienes se quejan del aislamiento de los menores de edad. Hemos llegado al extremo, afirma la psiquiatra Olga Albornoz, en que los papás abren perfiles en Facebook para poder comunicarse con sus hijos y enterarse de lo que están haciendo. Se trata de una situación que no tiene reversa y que tampoco cambiará en el inmediato futuro. Por eso, la especialista aconseja a los padres no rezagarse frente a las nuevas tecnologías e irse adaptando para imponer normas en el ámbito familiar. ¿Qué hacer?
 
Aunque no hay tiempos descritos para el uso de la tecnología en familia, es importante que en cada hogar existan lineamientos sobre la utilización de la misma. Aislar a los hijos o permitir que la tecnología ocupe las funciones de un papá, puede impactar más adelante en los niños solos, que tiendan a ser ansiosos y depresivos, debido a que las primeras personas que tenían que ocuparse de ellos no lo hicieron. El uso del móvil es ya uno de los principales conflictos que llevan a las familias a buscar un ‘mediador’, alguien que logre poner en diálogo a padres e hijos, porque los padres no tienen manera de controlar el uso que hace del móvil el hijo, porque al retirárselo pierde el control sobre el adolescente. Los padres de familia se hallan ante una paradoja: por un lado, sienten la necesidad de cortar un uso inadecuado del teléfono móvil y, por otro, quieren que su hijo lo tenga para poder tenerlo localizado. La demanda de ‘mediación’ se ha incrementado, entre otras razones porque padres y madres de familia se sienten cada vez más inseguros e indefensos en un entorno que les parece cada vez más difícil. 
 
El Concilio Vaticano II fue enfático en subrayar la misión de los padres de familia; las expresiones con que se dirige a ellos son significativas: “los padres deben ser para sus hijos los primeros educadores mediante la palabra y el ejemplo” (LG. n. 11), “la familia la primera escuela de humanismo” (GS. n. 52), “la primera escuela de virtudes sociales” (GE. n. 3), “la familia ayuda a armonizar los derechos personales con las demás exigencias de la vida social” (GS. n. 52). No nos desanimemos ante las presiones fuertes de la tecnología, sino pidamos al Señor que nos guía y que nos ilumine el Espíritu Santo para cumplir con nuestra misión de ser padres de familia.
Aquí hay otros artículos que pueden servir de inspiración en esta tarea:
Happy family with a shopping cart

La Misión de ser Padres

Hoy parece que los padres de familia, como el péndulo de un reloj, han pasado de un extremo al otro: del autoritarismo al permisivismo. Algunos padres han representado este paso con esta afirmación: “somos los últimos hijos que tuvimos miedo a nuestros padres y ahora somos los primeros padres que tenemos miedo a nuestros hijos”.
 
“En el mundo actual, poco se discute de temas interesantes con respecto a la educación como el de la autoridad”, escribe C. Izquierdo; es éste, precisamente, uno de los problemas que afecta profundamente a los padres de familia: el de la autoridad con sus hijos; no saben cómo proceder; a veces se sienten confusos y desorientados.
 
Si se trata de concretar y definir el principal problema de los padres de familia hoy, dos palabras son suficientes para describirlo: confusión e incomunicación. Confusión, porque el fenómeno del cambio, radical y acelerado, tomó por sorpresa a los padres de familia; no están preparados para afrontar los problemas del momento; se encuentran con niños y jóvenes muy liberados. Incomunicación, porque muchos padres de familia tienen a flor de labios la expresión ‘No tengo tiempo’ cuando el hijo pide ser escuchado; el pluri-empleo del padre, el trabajo de la madre fuera del hogar, les quita el tiempo y la disponibilidad a favor de los hijos. “Existen tantos adolescentes, escribe Izquierdo, que nunca escuchan de sus padres una palabra de alivio, de cariño, de atención”. “Me temo,” continúa el autor, “que nuestro mundo está lleno de padres, pero de padres de niños huérfanos. Algunos están ahí, en el hogar, pero es como si no estuvieran; atienden prioritariamente el periódico, la televisión, los negocios, el teléfono-celular, los amigos, pero dejan aparcados a sus hijos, ante la tele, en su habitación, rodeados de cosas; piensan que con llenarlos de satisfacciones materiales ya han cumplido su misión educadora”.
¿Qué consecuencias se derivan de este comportamiento? Lo dice el mismo Izquierdo: “observo a numerosos adolescentes huérfanos de modelos parentales y educativos; suelen moverse en medio de personas mayores que tienen excesiva prisa, que quieren ganar más dinero, que sufren con la incómoda presencia de los hijos. Me encuentro con adolescentes huérfanos de comunicación interpersonal; se arrinconan en una discoteca, se pierden en el anonimato de la masa, huyen de toda profundización, ya que creen que el mundo no tiene sentido”. A este punto de la reflexión, podemos preguntarnos: el suicidio juvenil e infantil, que el mundo conoce con extrañeza, ¿no tendrá una causa primaria en esta incomunicación, en esta orfandad? Sobre el problema del suicidio juvenil e infantil no conocemos estudios al respecto, pero el ambiente dentro de la familia sin duda que tiene un influjo particular para bien o para mal, ciertamente.
Una autoridad familiar bien ejercida, según C. Izquierdo, tiene unas características especiales: la subsistencia de la misma familia, la convivencia y comunicación, el aprendizaje de la obediencia, el equilibrio personal, la responsabilidad para la vida. Los padres han de tomar decisiones diarias que les ayuden a los hijos a respetar los límites, que les ayuden a madurar como personas. La permisividad y el ‘dejar hacer’ son enemigos de la autoridad que ayuda a crecer.
No hay autoridad sin respeto fundamentado en la integridad, la sinceridad y la empatía con el prójimo, nunca en el miedo y en la imposición. Un estudio de la Universidad de Navarra (España) comprobó que el prestigio de los padres ante los hijos no depende ni del dinero que ganan, ni del carro que tienen, ni de la práctica de un deporte, ni tan siquiera del cargo que ocupan, sino que depende de tres factores: del ser persona humilde, generosa, serena, del modo de trabajar y del modo de tratar a los demás.
 

¿Por qué debemos celebrar el día del Padre?

Ya es común para muchos de nosotros celebrar este día; muchos crecimos haciendo tarjetas, preparando detalles y buscando regalos, para recordarles a nuestros padres en su día, lo importante que son, lo que significan en nuestras vidas, llenarlos de atenciones y de mimos. Está fiesta nació en los Estados Unidos gracias a la hija del veterano de la Guerra Civil, el Sr. Henry Jackson Smart; la Señorita Sonora Smart Dodd, quien al igual que sus cinco hermanos, perdió a su madre cuando dio a luz al sexto de ellos. Desde entonces el Sr. Smart, crio y educó a sus seis hijos, solo y sin ayuda, en una granja del estado de Washington. Mientras ella escuchaba un sermón sobre el día de la Madre en el año de 1909, nació en su mente la idea de celebrar este día tan especial. Esta idea no prospero sino hasta el año de 1966 cuando el Presidente Lyndon Johnson lo declaró como fiesta nacional que se celebraría el tercer domingo del mes de Junio.  
  
Sin embargo, esta celebración al igual que tantas otras, se han convertido en un negocio y para muchos en un día superficial, incluso en otras religiones y culturas, no festejan este día. Los dueños de los grandes almacenes lo aprovechan para salir de su inventario y cumplir con la meta del mes de junio. Otros viven este día sin el verdadero sentido y se traduce en la excusa perfecta, para dar un detalle a ese papá que nunca se llama, al que está olvidado de la sociedad y de la familia, aquel que por viejo se encuentra en un hogar geriátrico. Muchos no queremos festejarlo porque tal vez, tenemos resentimiento o rencor porque nuestro viejo no fue el modelo perfecto de papá; desafortunadamente, hay muchos que no conocen a sus progenitores porque fueron abandonados desde muy niños, y otros crecieron siendo huérfanos de padre y madre.  
 
La palabra Padre, se deriva del latín Pater (jefe de familia, patrono, defensor o protector). A nivel católico esta definición pasa de ser simple a resumir todo el Ministerio de la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. No es una definición vacía y sin sentido, significa que, desde el Padre, Creador de toda la humanidad, se le dio un papel protagónico a quien llamaríamos Papá y Padre. Los que han escuchado y aplicado muy bien su responsabilidad, merecen el reconocimiento de sus esfuerzos, de su arduo e incansable trabajo en pro del bienestar de su familia. Aquellos que sin importar el cansancio o dolor físico apuestan por la educación de sus hijos, basada en el amor y el respeto por sus padres y por el prójimo; en la fe y en la caridad, en la ayuda desmedida a los demás para la construcción de un mundo mejor. Papás quienes creen que criar hijos bajo estos y otros invaluables principios, dejará un futuro próspero y vivible para las futuras generaciones.
 
Debemos entonces, festejar diariamente y en especial este día, el Día del Padre; no olvidando por supuesto a todas esas personas que han tenido que ser Padre y Madre a la vez, me refiero a las madres solteras, a aquellos hombres que han asumido el rol de papás progenitores sin serlo, aquellos que deseando serlo, no han podido y decidieron adoptar a un niño huérfano. A todos los demás que en algún momento de su vida ha hecho las veces de padres y madres, dando un consejo y ayudando a los hijos perdidos y olvidados. A todos ellos un “Feliz Día del Padre”

Hagamos La Verdad Con Amor

Hacer la verdad con amor es una sentencia que encontramos en la Carta a los Efesios (4,15); aparece en el contexto de la construcción de la comunidad cristiana como cimentada en los dos pilares de la verdad y del amor. Ya en el Antiguo Testamento, en la plegaria de los Salmos, el israelita oraba a Yhavé invocándolo en estos términos: Señor, Tú que hiciste alianza con tu pueblo por amor, permanece fiel (en la verdad) a tu alianza.

Hacer la verdad con amor era un principio pedagógico que ya usaban los antiguos romanos: “firmiter in re, suaviter in modo”, que traducida a nuestra lengua española equivale a decir: mantenerse firmes en los principios, pero siendo flexibles en el modo de aplicarlos. Vemos claramente que la equivalencia del slogan de los romanos con la sentencia bíblica es patente. Uno y otro, que tienen plena validez en la pedagogía familiar; pero hoy han entrado en crisis en la educación en familia y en la escuela.

Esta crisis se manifiesta en el paso del rigorismo, al permisivismo. Solemos decir que los “extremos son viciosos”; ciertamente que lo son; el rigorismo genera niños miedosos y el permisivismo hace niños sin Dios y sin ley. Un autor describió este cambio, refiriéndose a los padres de familia, con estas palabras: “somos los últimos hijos que fuimos regañados por nuestros padres y ahora somos los primeros padres en ser regañados por nuestros hijos”.

Se hace necesario buscar y encontrar el equilibrio entre autoridad y flexibilidad. No es fácil, pero sí es posible. La sentencia de la Carta a los Efesios y el slogan de los antiguos romanos nos dan una pista: los padres de familia deben saben conciliar los grandes principios de la verdad, de la justicia, de la solidaridad, etc, con la exigencia de amor, de comprensión, de flexibilidad, de acompañamiento que necesitan el niño, el adolescente, el joven en el proceso gradual y progresivo de su crecimiento. 

Este acompañamiento tiene sus fases o etapas: el niño, el adolescente, el joven, necesitan un trato diferenciado según su edad, su carácter, su desarrollo. No es lo mismo el niño de cinco años, que el chico de doce o joven de dieciocho años; cada uno de ellos experimenta cambios diversos, vive situaciones distintas, afronta problemas diferentes, de acuerdo a la etapa de su desarrollo y de su edad. Aplicar la sentencia bíblica de “hacer la verdad con amor”, o el principio de los romanos –“firmes en defender los valores humanos y cristianos, pero flexibles en el modo de aplicarlos”- quiere decir, inculcar las normas de vida haciendo ver que son razonables y justas, pero sin autoritarismo, sin acritud, sin ánimo de amenaza o de venganza. Laberthonnière, un escritor francés, escribió que “en la familia, como en cualquier otra institución, la autoridad de quien enseña debe respetarse tanto como la libertad de quien es enseñado”.

La corrección en familia entra en esta perspectiva de la conciliación de la verdad con el amor; el Libro de los Proverbios, en el Antiguo Testamento, afirma que “Dios reprende a aquel que ama como un padre a su hijo querido” (3,12). El padre, la madre de familia, al castigar deben hacer sentir que lo hacen precisamente porque aman al hijo. La corrección con odio, con desprecio engendra odio y rechazo; la corrección con amor genera aceptación y hasta gratitud. El Evangelio de S. Lucas nos cuenta que Jesús en Nazareth iba creciendo en edad, en sabiduría y en gracia delante de Dios y de los hombre (2,52). Se podría añadir: crecía bajo la mirada tierna y dulce de María, bajo la autoridad de José y bajo el amor y la comprensión de ambos.

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¡Familia, levántate!

El evangelio de Juan nos trae a la memoria un pasaje bíblico que representa un acto de amor y amistad que realiza Jesús con su gran amigo Lázaro al resucitarlo cuando ya llevaba cuatro días de estar enterrado. Después de llorar junto a su tumba, pidió que le quitaran la losa que lo cubría, y levantando los ojos al cielo exclamó con fuerte voz: Lázaro, levántate; y al instante su amigo se levantó y comenzó a caminar (ver Juan 11:1-44).
 
Este milagro ocurrido hace ya muchos siglos atrás, es constante en nuestra sociedad actual. Jesús sigue resucitando muchos Lázaros que estaban enterrados hace más de cuatro días, inclusive meses o años. Estos Lázaros que han muerto, tienen la posibilidad de experimentar la resurrección, el problema es que son tantos que tal vez Jesús necesite de tu ayuda. ¿Quieres reconocer un Lázaro muerto? ¿Tal vez, tú seas uno de ellos? ¿Tal vez, sea alguien de tu familia? ¿Tal vez, sea tu mejor amigo, como le pasó a Jesús? 
Veamos: Estas personas que les llamamos “Lázaros muertos”, son aquellos que están enterrados bajo toneladas de indiferencias, discriminaciones, caprichos, superficialidades, egoísmos, machismos y prepotencias; son personas que están enterradas bajo toneladas de miedos, complejos, drogas, actos indebidos, inseguridades, faltos de afecto; abandonados por su forma de ser, excluidos por su situación o color de piel; son personas que durante tanto tiempo no han experimentado la resurrección; no han escuchado una voz de aliento, una mano amiga, un consejo, una oración o algo que les ayude a salir de ese sepulcro.
 
Padres, examinemos nuestro interior, tal vez necesitemos ayuda para salir de ese problema que no nos deja ser mejores personas y evidenciar en nuestra vida la resurrección; preguntémonos cómo están los nuestros, tal vez un hijo o familiar clama ayuda para salir de la muerte que ha venido experimentando en silencio, porque nadie le ha puesto la atención necesaria.
 
A Jesús no le importó que su amigo tuviera un mal olor como se lo recordó Marta (la hermana del muerto) para resucitarlo, al contrario, actuó y lo levantó. Levantemos los ojos al cielo y pidámosle a Dios que el olor del otro no nos impida ayudarlo, que el tiempo no sea tarde, que no estemos tan ocupados haciendo un montón de nada en la casa.       

 

Las tentaciones de Jesús en el hombre de hoy… Tercera Parte: Idolatría

El evangelio de Mateo nos trae una de las experiencias fuertes que Jesús vivió durante cuarenta días en su paso por el desierto.  Cuenta el evangelista que al final de ese largo ayuno, fue tentado por el demonio, donde éste le ofreció a Jesús los tres grandes males del hombre: materialismo, poder e idolatría (Ver Mateo 4, 1-11). Tentaciones que Jesús rechazó radicalmente, pero que muchos de nosotros no hemos podido hacerlo, porque seguimos escuchando la voz del mal. Veamos:
 
Idolatría: “Después el diablo lo llevó a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo: Todo esto te daré, si te postras y me adoras” (Mateo 4, 8-9)
 
Uno de los grandes males que aqueja la fe del cristiano-católico actual,  es divinizar todo aquello que está a su alrededor, confundiendo la acción sanadora y misericordiosa de Dios con actos que ciertos individuos realizan de manera teatral; haciendo que se distorsione la escencia de la fe y se caiga en la idolatría, tentación que Jesús superó de manera práctica, recordándonos que sólo a Dios adoraremos y le rendiremos culto a través del compartir, o sea en la Eucaristía, donde todos somos iguales (aunque algunos piensen lo contrario) y el pan es partido y compartido con amor.
 
Desde la fe no podemos distorsionar nuestra creencia; si usted tiene dudas en qué cree, entonces lo invito a que lea y trate de entender con la ayuda del sacerdote el “Credo de los apóstoles” de tal forma que usted comprenda los fundamentos por los cuales enfoca su fe en la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo), en la Virgen María, la Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón, la resurrección y la vida eterna. No se deje engañar por aquellos que utilizan la fe para hacerse ricos, curar enfermedades como si fueran chamanes con demostraciones acrobáticas o ritos extraños; no se deje engañar por aquellos que se creen santos y te tildan de pecador por cada acto que haces. Recuerde que Jesús no nos está señalando siempre con su dedo acusador; al contrario, él siempre está con su mano extendida ayudándonos, diciéndonos que nosotros somos importantes para él; que a pesar de nuestros errores, podemos cambiar y ser parte de su proyecto de vida que es el Reino de los Cielos.  Sólo nos pide una cosa: tener fe del tamaño de un grano pequeño y el nos asegura que podemos mover montañas.
 

 

No caigamos en la idolatría o en el eclecticismo de practicar y asistir a un sin número de rituales (horóscopos, cartas, lectura del tabaco, tarot, etc.) y mezclarlos con nuestras creencias católicas. Formemos a nuestros hijos con fundamentos sólidos y prácticos, que si están acompañados por el testimonio y el servicio, seguros que ésta tercera tentación estará vencida como lo hizo el Maestro en el desierto. 
 
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Las tentaciones de Jesús en el hombre de Hoy… Segunda Parte: Poder

El evangelio de Mateo nos trae una de las experiencias fuertes que Jesús vivió durante cuarenta días en su paso por el desierto.  Cuenta el evangelista que al final de ese largo ayuno, fue tentado por el demonio, donde éste le ofreció a Jesús los tres grandes males del hombre: materialismo, poder e idolatría (Ver Mateo 4, 1-11). Tentaciones que Jesús rechazó radicalmente, pero que muchos de nosotros no hemos podido hacerlo, porque seguimos escuchando la voz del mal. Veamos:
 
Poder :“Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras” (Mateo 4,6)
 
Cuando uno piensa en el poder, necesariamente debe pensarse en que existen dos clases de personas, el que gobierna y el que es gobernado, el amo y el esclavo, el patrón y el empleado, el supervisor y el trabajador, el que está arriba y el que está abajo. Estas dos maneras de ser en la sociedad, en algunas familias están representadas en el padre que se cree la autoridad suprema porque es hombre, porque es el que lleva el cheque más grande, porque es el que paga ciertas deudas, porque es el que puede salir solo y llegar a la hora que quiere, porque es el que arregla los problemas a golpes, porque es el que supuestamente tiene el poder; y en la mujer que es todo lo contrario: es la que obedece a la autoridad de su marido macho, le entrega el cheque a su marido porque el de ella es menor, es la que paga ciertos gastos sencillos, es la que no puede salir sola ni compartir con sus amigas, es la que recibe los golpes para solucionar los problemas, es la que supuestamente está sometida al poder. 
    
Esta clase de poderes que se evidencian en algunas familias, llevan a formar hijos machistas y niñas sometidas a la autoridad, que gracias al ejemplo de sus padres garantizará que las siguientes generaciones continúen por este caminar. Por eso, es importante que el poder en la familia esté entendido como responsabilidad de padre y madre; debe estar entendido con normas claras que surgen del diálogo y el compromiso, debe ser entendido como un mecanismo de crecimiento, de corrección fraterna y de amor incondicional. El poder en la familia está unido al testimonio de los padres, que a través de sus actos forman, llevando a la práctica la siguiente frase: “dime cómo formas a tu hijos, y te diré cómo son ellos”.
 
Padres, Jesús frente a ésta prueba, le recomienda a Satanás no tentar a Dios, no abusar del poder, no imponer a la fuerza la norma. Por ello, estamos a tiempo de ser la gran alternativa para cambiar y ser mejores padres, ya que  nuestros hijos lo necesitan.
 
Próximo miércoles, la tentación de la idolatría.
 
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Las Tentaciones de Jesus en el hombre de hoy, Primera parte: Materialismo

El evangelio de Mateo nos trae una de las experiencias fuertes que Jesús vivió durante cuarenta días en su paso por el desierto.  Cuenta el evangelista que al final de ese largo ayuno, fue tentado por el demonio, donde éste le ofreció a Jesús los tres grandes males del hombre: materialismo, poder e idolatría (Ver Mateo 4, 1-11). Tentaciones que Jesús rechazó radicalmente, pero que muchos de nosotros no hemos podido hacerlo, porque seguimos escuchando la voz del mal. Veamos:

Materialismo :“Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.” (Mateo 4,3)
La gran mayoría de los hispanos  que llegamos a este país, carecíamos  de recursos que son importantes como medio para llevar una vida cómoda y digna: tener una casa donde vivir, tener un carro para transportarnos, tener tarjetas de crédito para comprar, tener ciertos lujos o gustos que podemos adquirir sin ningún problema, tener la posibilidad de irnos de vacaciones, tener….            El problema del verbo tener es cuando deja de ser un recurso y pasa a ser un deseo materialista por tener la mejor casa del vecindario, por tener el mejor carro último modelo, tener todas las tarjetas de crédito posibles para  comprar todo lo que hay en las tiendas e irnos de vacaciones a otro planeta. Esto es materialismo, cuando quieres convertir las piedras en panes, cuando quieres alcanzar todos tus caprichos, asi el cheque de la semana no alcance ni para los servicios de  tu casa o la gasolina de tu carro modelo 2013; a esto Jesús dice: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”

Frente a este materialismo exagerado que hace parte de nuestra vida cotidiana, es importante que pensemos por un momento o por más tiempo como lo hizo el maestro en el desierto. En qué invierto mi dinero?, qué hay en mi casa que me es útil o inútil?, soy un comprador impulsivo cuando estoy en una tienda o frente al carro de mis sueños? quiero convertir todas la piedras (deseos) en panes(realidades)?
Es el tiempo ideal para que reflexionemos esta primera tentación, de tal manera que podamos no solamente vivir con lo básico, sino también con cada palabra buena que sale de la boca de Dios. Como padres de familia, eduquemos a nuestros hijos en todo aquello que se puede y no se puede tener, asi estemos en el pais de las oportunidades.

Próximo mi
ércoles, la tentación del poder.
 
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Me Perdono, me perdonas y te perdono

El Evangelio de Mateo nos trae la gran respuesta que Jesús le dio a Pedro cuando éste le pregunta cuántas veces se debe perdonar al hermano, ya que la ley de los judíos daba una cantidad limitada de tres veces.  Pedro, queriendo ser mucho más generoso, lo multiplicó por dos y le agregó uno más, creyendo que la respuesta de siete veces iba a ser la misma del Maestro. Cuál sería la sorpresa de Pedro al escuchar de Jesús que debemos de perdonar hasta setenta veces siete, es decir: SIEMPRE. Por ello le cuenta la parábola del Rey que ajustó cuentas con sus empleados, perdonando a uno de ellos todo lo que le debía; pero éste al no hacer lo mismo con uno de sus compañeros fue llamado nuevamente por el Rey para ser recriminado por lo que no hizo: PERDONAR, y fue llevado  a la cárcel para que pagara todo lo que debía. (Leer Mateo 18: 21-35)
 
Padres, la manera de enseñar a la familia el tema del perdón es a través de nuestro ejemplo; es decir, por medio del testimonio que nosotros demos  interna (me perdono) y externamente (me perdonas y te perdono) en el hogar. Estas tres maneras  de perdonar van de  la mano, puesto que uno da de acuerdo lo que tiene en el corazón. Para ello,  los invitamos que analicen su vida personal a través de una serie de preguntas que les ayudarán a evaluar su relación con el perdón:
 
Me perdono: Haz cometido errores en tu vida? Cuáles? Sigues repitiendo esos errores? Quisieras cambiar esos errores por oportunidades? Quieres perdonarte? Te comprometes a no volverlos hacer? 
Me perdonas:  Haz ofendido a alguien con tu actitud o con tus acciones? Le has pedido perdón? Quisieras pedirle perdón nuevamente o por primera vez a él o ella? Te comprometes a cambiar esa actitud o manera de ser que no te deja crecer como persona?
Te perdono:  Te han pedido perdón? Cuál fue tu reacción? Perdonaste de verdad? Quieres perdonarlo de verdad? Estas dispuesto a decirle a él o ella que los perdonaste de corazón?
Padres, éstas tres maneras de trabajar el perdón, pueden ayudarnos a crear fuertes lazos de amistad en la comunidad y amor en la familia. Recuerden que el perdón no solamente se enseña sino que también se practica, y que mejor que desde el hogar.
Lo interesante del perdón es que es setenta veces siete, es decir: SIEMPRE; no siete veces como supuso Pedro o tres como creían los judíos. Todavía estamos a tiempo, comencemos ya!