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La clave del Padre efectivo con sus hijos

Por Silvio Cuellar

Carlos llegó a los Estados Unidos buscando el sueño de darle una mejor vida a su familia. En su afán por conseguir sus sueños, trabajaba doble turno y casi nunca tenía tiempo para compartir con sus hijos. Con el tiempo sus hijos se fueron metiendo en dificultades y la relación de padre e hijo se fue distanciando y enfriando, hasta que los hijos se pusieron bastantes rebeldes durante la adolescencia.

Alberto por su parte trabajaba mucho también, pero siempre se daba tiempo para compartir con sus hijos y hacer que ellos se sientan amados y apreciados. Ellos crecieron con mucho aliento sintiendo mucho amor y aliento en sus vidas, convirtiéndose en líderes juveniles en la iglesia y en la comunidad.

Carlos por su parte se preguntaba en qué había fallado, ¿Por qué si siempre trabajó para darle lo mejor a sus hijos ellos le salieron rebeldes?

Tal vez es la respuesta gire en torno a que Carlos estaba siempre ocupado trabajando y cuando llegaba a la casa siempre estaba con un mal humor y les gritaba bastante a sus hijos.

Veamos algunas sugerencias prácticas basadas en lo que la psicología y las Sagradas Escrituras enseñan.

Primero: Ser un buen padre no es sólo ser un proveedor de dinero o cosas materiales.

Dicen las estadísticas que un alto porcentaje de hijos que se crían con padres ausentes o sin la presencia de un padre en sus vidas tienden a desarrollar desbalances emocionales, envolverse en muchos problemas, terminando muchas veces con adicciones, embarazos en adolescencia, o en la cárcel. En mi propia familia mi esposa y yo decidimos que ella estaría en la casa dedicándole su atención a tiempo completo a nuestros hijos, y que yo sería el que saldría a buscar un sustento. Esto implica que yo tendría que tener más de un trabajo y que mi tiempo sería limitado, pero así, aun cuando regreso del trabajo completamente agotado; saco energías de donde se pueda, para compartir un poco con mis hijos, leyéndoles un cuento antes de acostarse o simplemente jugando algún juego de mesa o compartiendo un tiempo cualitativo con ellos. Frecuentemente llevo a cada uno de mis hijos individualmente a cenar o al cine o hacer algo divertido para que ellos tengan ese tiempo con su papá y se sientan amados y valorados.

Segundo: Los buenos padres saben escuchar y comunicarse positivamente con sus hijos.

La carta de Santiago 1,19 dice: “Hermanos muy queridos, sean prontos para escuchar, pero lentos para hablar y enojarse”. También en Efesios 4, 26.29 leemos: “Enójense, pero sin pecar. Y, que el enojo no les dure hasta la puesta del sol, pues de otra manera se daría lugar al demonio… No salga de sus pocas ni una palabra mala, si no la palabra justa y oportuna que hace bien a quien la escucha”.

Este es un punto que todos necesitamos corregir, ya que una gran parte de las personas de nuestra cultura hemos crecido con gritos y arrebatos. Necesitamos aprender a controlar nuestras emociones, frustraciones y tratar a nuestros hijos con calma, amor y respeto.

Tercero: Discipline a sus hijos con amor y aliento.

Estamos acostumbrados a actuar reactivamente y castigar a nuestros hijos cuando hacen algo malo, sin embargo, es mucho mejor prevenir y anticipar las cosas que puedan pasar y usar las consecuencias en vez de los castigos, golpes o gritos; usando la motivación y el aliento cuando nuestros hijos hacen cosas buenas que deban ser reconocidas.

Cuarto: Quieres ser un buen padre, entonces sé un buen esposo y trate a su esposa como usted quiere que sus yernos traten a sus hijas. 

En Efesios 5, 25.33 leemos: “Maridos, amen a sus esposas como Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella… En cuanto a ustedes, cada uno ame a su esposa como así mismo, y la mujer, a su vez, respete a su marido”.  En el hogar nosotros tenemos la primera escuela para enseñarles a nuestros hijos a ser un buen esposo. Todo lo que nosotros hagamos ellos aprenderán y la forma en que nosotros tratemos a nuestras esposas ellos imitarán.

Finalmente, enseñe con el ejemplo.

Las estadísticas nos muestran que nuestros hijos seguirán solamente una parte pequeña de nuestros consejos, y más bien aprenderán de nuestro ejemplo. ¿Queremos que ellos sean buenos esposos, honestos, trabajadores, y fieles? entonces enseñémosles lo que eso significa con nuestra propia vida y con nuestro propio ejemplo.

 

Silvio Cuéllar es músico pastoral, compositor, periodista y conferencista en temas de liturgia, vida y familia. Sirve como coordinador diocesano de la Oficina del Ministerio Hispano de la Diócesis de Providence, Rhode Island, Editor Asociado del periódico El Católico de Rhode Island y director de música en la parroquia San Patricio en Providence, donde dirige coros en inglés y español. 

 

Usado con permiso, este artículo fue publicado en El Católico de Rhode Island en julio 2019.

No pierdan la esperanza en su matrimonio: Dios tiene un plan divino

Cuando los hijos tardan en llegar o nunca llegan

“Confía en el Señor y de todo corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia”. (Proverbios 3,5)

 

Por:    Wanda F. Vasquez y el Padre Lorenzo Ato

Oficina del Ministerio Hispano

Arquidiócesis de Nueva York

 

Uno de los fines primarios del matrimonio es la procreación, pero no siempre es posible

El Código de Derecho Canónico del año 1917 no concretó explícitamente un matrimonio católico, pero sí especificó de una manera muy clara dos propiedades esenciales del matrimonio, mientras que la regla distingue entre sus fines primarios y secundarios. El Código dice: “La procreación y la educación de la prole es el fin primario del matrimonio; la ayuda mutua y el remedio de la concupiscencia es su fin secundario” (Canon 1013, 1917).  Según este Código, las parejas que han recibido el Sacramento del Matrimonio tienen los componentes iniciales de la construcción de una planificación familiar para su futuro ideal de tener hijos y una familia propia. Muchos disfrutan de las recompensas de los fines primarios del Código, pero, para algunos matrimonios esto no es una realidad donde tener hijos es una imposibilidad.

La infertilidad es una de esas dificultades que nadie menciona porque es un tema difícil que la sociedad tiende a dejar en un segundo plano. Muchos otros a través de influencias sociales, culturales, o ideológicas ejercen la infertilidad como un pecado, una restricción social que ridiculiza (a veces de manera violenta) a las parejas infértiles que causan depresión mayor, ansiedad, violencia doméstica, suicidio, infidelidad, divorcio y abuso de sustancias.

Según la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva (Elizabeth Hervey Stephen, 1998) los análisis de infertilidad en mujeres para los Estados Unidos van en aumento donde, “El número de mujeres que experimentan infertilidad oscilará entre 5.4 y 7.7 millones en [el año] 2025, y el número más probable será de poco menos de 6.5 millones”. En la infertilidad masculina, “el factor masculino es una causa principal o contribuyente en aproximadamente el 50% de las parejas” (Ashok Agarwal, 2021) y las estadísticas de la infertilidad en los hombres, también, va en aumento.

Parejas infértiles pueden enfrentar estigmas y otros retos

Las normas sociales dictan que la pareja recién casada debe concebir después del primer año de matrimonio. Estos estigmas y presiones sociales contribuyen al desorden de la persona humana (y posiblemente la relación) por parte del grupo dominante: parejas capaces de concebir, familia, amigos y comunidades parroquiales, por nombrar algunos. Además, muchas parejas que han intentado concebir durante muchos años después de su boda, se encuentran en un estado de mayor vulnerabilidad, especialmente cuando se descubre que uno o ambos son infértiles. Para las parejas infértiles, los estigmas sociales y culturales pueden ser devastadores ya que generan preocupaciones físicas, emocionales y psicológicas en la relación. La maternidad es una aceptación social para muchas parejas: eleva el estatus de la pareja y, para muchas, mantiene las promesas establecidas durante la preparación del matrimonio en la Iglesia Católica. En una circunstancia no planificada como la infertilidad, el potencial de maternidad y paternidad se vuelve sombrío y afecta las aspiraciones de la pareja a convertirse en padres. Además, las enseñanzas culturales de la no conformidad de la infertilidad durante estas circunstancias traumáticas contribuyen a la disfunción del matrimonio donde la culpa, el fracaso y la depresión dan lugar a la posible disolución del matrimonio.

¿Qué debe hacer la pareja cuando no hay hijos biológicos?

Queridas parejas, tengan fe: ¡Dios tiene un plan para cada uno de ustedes!

Después del Vaticano II, la ley sobre el matrimonio se ha enmendado (Código de Derecho Canónico de 1983) y dice lo siguiente: “La alianza matrimonial, por el cual un hombre y una mujer constituyen entre sí es un consorcio de toda la vida …” (Canon 1055). Este fue un gran cambio de paradigma, donde se cambió la “definición” de matrimonio de tener hijos a la unificación de los cónyuges (hombre y mujer unidos como uno).

¿Qué puede hacer un matrimonio católico que quiere tener hijos y no pueden hacerlo de forma natural?

Si una pareja no puede tener hijos en el destino de su matrimonio, el matrimonio puede continuar como un consorcio que no pierde su significado y/o importancia. El Santo Papa Juan Pablo II definió el matrimonio como mucho más que un simple acuerdo entre un hombre y una mujer, redefiniendo el matrimonio no solo como un éxodo de procrear, sino como un éxodo de toda la vida.  En su Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, él nos dice: “El don del sacramento es al mismo tiempo vocación y mandamiento para los esposos cristianos, para que permanezcan siempre fieles entre sí, por encima de toda prueba y dificultad, en generosa obediencia a la santa voluntad del Señor: lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre” (Familiaris Consortio, 55). Los dones definidos en la exhortación reordena la forma en que se ve y se experimenta el matrimonio en la vida de la pareja.

Por la pareja que no puede tener hijos, el amor en el matrimonio es fundamental y los componentes de la relación alcanzan una nueva perspectiva:

La fecundidad también puede provenir de la fidelidad a Dios

La fecundidad puede venir de muchas formas y no necesariamente a través del nacimiento de un bebe. También puede manifestarse de nuestra propia fidelidad a Dios. Cuando la pareja se abre al divino plan de Dios, hay esperanza para el éxodo del matrimonio. Además, en la Exhortación Apostólica Postsinodal del Papa Francisco, Amoris Laetitia (La alegría del amor), el Santo Padre nos indica sobre las “situaciones imperfectas” y cómo esas situaciones afectan a la persona humana, la pareja y la familia. Él anima a una “cultura de encuentro,” como una manera de ser fructífero a través de la búsqueda de la vida familiar de una manera inclusiva que envuelve tíos, primos, parientes, familiares de parientes y amigos, quitando el enfoque a la familia nuclear y elevando una mayor concentración a las relaciones. Esto incluye el cuidado pastoral y el apoyo que recibimos de nuestros párrocos y comunidades parroquiales, acompañando a las parejas en su camino matrimonial. (cf. Amoris Laetitia 58-88, 165-198)

Dejen que la luz de Dios brille en, y a través de su matrimonio

“No se nieguen el uno al otro, a no ser de común acuerdo y por algún tiempo, a fin de poder dedicarse con más intensidad a la oración; después vuelvan a vivir como antes, para que Satanás no se aproveche de la incontinencia de ustedes y los tiente” (1 Corintios 7,5). 

Jesucristo es la luz del mundo y el matrimonio debe ceder a las alegrías del matrimonio. Dios está haciendo lo que es mejor para los cónyuges, aunque no es evidente, y Él es soberano sobre su matrimonio, incluyendo su éxodo. ¡Entréguense a Él y Él le revelará Su divino plan!

Los cónyuges católicos tienen muchas razones para tener un matrimonio feliz y perpetuo. Si una pareja casada que no puede procrear, o se ven impedidos de adoptar, no se puede concluir que sea por razones egoístas. La pareja debe discernir, ayudada por la fe y la oración, para encontrar buenas alternativas. Lo importante es reconstruir su matrimonio con esperanza y optimismo, con la suficiente amplitud de miras para acoger la voluntad del Señor.

Otro artículo relacionado: Aquí pueden leer la experiencia de una pareja que anheló un hijo por cinco años y pudieron concebir con la ayuda de NaProTECNOLOGÍA.

 

Bibliografía

Elizabeth Hervey Stephen, Anjani Chandra, Updated projections of infertility in the United States: 1995–2025, Fertility and Sterility, Volume 70, Issue 1, 1998, Pages 30-34, ISSN 0015-0282, https://doi.org/10.1016/S0015-0282(98)00103-4. (https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0015028298001034)

Ashok Agarwal, Saradha Baskaran, Neel Parekh, Chak-Lam Cho, Ralf Henkel, Sarah Vij, Mohamed Arafa, Manesh Kumar Panner Selvam, Rupin Shah, Male infertility, The Lancet, Volume 397, Issue 10271, 2021, Pages 319-333, ISSN 0140-6736, https://doi.org/10.1016/S0140-6736(20)32667-2. (https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0140673620326672)

Buscando tratamientos para la infertilidad que respetan al plan de Dios

Por Roberto y Claudia Vargas

Nunca sabes lo que tienes, hasta que recuerdas como era tu vida antes de tenerlo. Cualquiera que tiene hijos sabe que la vida cambia radicalmente al darle la bienvenida a un pequeño retoño de amor. Para nosotros fueron más de cinco largos años anhelando tener un bebé.

Nuestros primeros años sin poder concebir

Nos casamos en septiembre del 2012. A los pocos meses de casados, decidimos mudarnos a otro estado y comenzamos a intentar tener un bebé a finales de ese mismo año. No lo teníamos todo resuelto; rentábamos un departamento pequeño de una habitación, dirigíamos una pequeña empresa y yo había comenzado un nuevo empleo como auditora para el gobierno estatal. No vivíamos en la casa de nuestros sueños y nuestros ingresos no eran los mejores; de hecho, estábamos pagando algunas deudas que habíamos adquirido el invierno anterior. Sin embargo, pensamos que un bebé sería increíblemente amado a pesar de nuestras circunstancias. En fin, teníamos la convicción de que Dios nos concedería el regalo de tener un bebé en Su tiempo y supliría todas nuestras necesidades, como siempre lo había hecho.

Pasaron dos meses y no había quedado embarazada. Luego cuatro meses, seis, ocho, diez… un año. Mis amigas, cuñadas, concuñas y conocidas comenzaron a tener bebés, y nuestro turno parecía estar aún muy lejano. Me parecía extraño, ya que siempre había tenido ciclos regulares. Desde que nos casamos, habíamos estado usando métodos naturales de planificación familiar. Estaba muy en sintonía con mi cuerpo y muy segura de que estaba ovulando – pero por alguna extraña razón, no lograba quedar embarazada. De repente, me encontré sumergida en blogs, videos, foros, etc. que hablan sobre tratando de concebir. Comencé a llevar un registro meticuloso de mi ciclo usando múltiples métodos. Luego cambié mi dieta por una más saludable, me hice una limpieza desintoxicante y comencé a tomar suplementos para apoyar la fertilidad. Comencé a hacer más ejercicio y me propuse hacer cosas que me relajaran. Nada parecía funcionar. En lo profundo del corazón sabíamos que solo Dios nos podía conceder un milagro, y que, con esta fe en Él, seguíamos orando e implorando por un bebé.

Nuestra primera cita médica

Dejamos pasar unos meses más, con la esperanza de que en cualquier momento sucedería. Finalmente, después de muchas desilusiones y de pruebas negativas de embarazo, decidimos buscar ayuda médica. Solo quien ha pasado por la sola y dolorosa trayectoria de la infertilidad conoce la pena y la vergüenza que se experimenta al imaginarte que tu cuerpo pudiera estar roto y que no funcione como debería. Este fue el sentimiento que cargaba sobre mis hombros al entrar a mi primera consulta de infertilidad. Pronto me di cuenta de que para la doctora mi caso no era nada novedoso ni especial, y rápidamente me dejó saber cuál era el protocolo: análisis para mí y para mi esposo, y una histerosalpingografía para revisar que mis trompas de Falopio no estuvieran bloqueadas. Indicó que, si los estudios no arrojaban ninguna anormalidad, las opciones de tratamientos eran primero tomar un medicamento para provocar la ovulación, luego la inseminación intrauterina, y la fecundación in vitro como último recurso. Si nada de esto funcionaba, había las opciones de buscar donantes de espermatozoides y/o de óvulos – ella explicó. Sus sugerencias me causaron conmoción e incomodidad. ¿Cómo es que estos tratamientos pueden ser “soluciones” a un problema que ni siquiera ha sido diagnosticado? – me pregunté. Me angustió demasiado enterarme de esta realidad, pero tenía la esperanza de que los estudios revelaran alguna anormalidad y así poder dar con la raíz del problema para poder encontrar una solución de acuerdo con ello.

Incomodidad y desánimo sobre los tratamientos sugeridos

Al salir de la cita repasamos los materiales informativos. Investigamos más acerca de los tratamientos que sugería la doctora. Pronto nos dimos cuenta de que de que la inseminación intrauterina y la fecundación in vitro no eran aprobados por la Iglesia Católica porque descartan el acto sexual conyugal en el cual es concebida una nueva vida, según el plan perfecto de Dios. Aparte de no ser aprobados, no nos sentíamos cómodos con la idea de experimentar con tratamientos que no ayudaban a encontrar cual era la raíz del problema. Nos envolvía un sentimiento de desanimo y confusión, pero a la vez una extraña ilusión de que los estudios revelaran lo que realmente estaba pasando.

Llegó el día de los análisis y pronto recibimos los resultados – todo estaba totalmente normal tanto conmigo como con mi esposo. A los pocos días me hicieron la histerosalpingografía; los resultados fueron instantáneos – todo parecía estar en orden y no había bloqueo en las trompas de Falopio. Cualquiera diría que estas eran buenas noticias, pero para nosotros saber que todo estaba “normal” era confuso ya que esto no nos daba ninguna indicación del por qué no se lograba un embarazo. A concluir la cita de la histerosalpingografía, la doctora indicó que tenía infertilidad inexplicable y que el siguiente paso era tomar un medicamento para provocar la ovulación. Sugirió que, si no quedaba embarazada en tres meses, volviera con ella para probar la inseminación intrauterina, y si eso no funcionaba podíamos intentar fecundación in vitro. Salimos de la consulta desalentados; buscábamos una solución a un problema, no un vendaje que simplemente tapara cualquier complicación que pudiera haber. Además, deseábamos ser files a la enseñanza de nuestra Santa Madre Iglesia, y las opciones presentadas eran contrarias a nuestra fe.

Anhelos continuos de un hijo y sugerencias de amigos y familiares

Dejamos pasar otro año, aferrados a la esperanza de que Dios nos sorprendería en cualquier momento. Las familias en nuestro entorno seguían creciendo; más bebés nacían y nuestro corazón cada vez era más sensible al gran anhelo de tener nuestro propio bebé en brazos.  Para este tiempo, ya todos nuestros familiares y amigos nos habían preguntado si queríamos tener hijos. Nuestra respuesta siempre era muy casual – “Claro, le estamos pidiendo a Dios. Él nos lo dará cuando crea que es conveniente”. Recibíamos consejos de vitaminas que podíamos tomar, o recomendaciones de alguna “sobandera” que tenía manos milagrosas. Nos hablaron de remedios antiguos tales como tomar un huevo de pato crudo en ayunas o preparar un menjurje de hierbas hervidas con una cola de chivo. El deseo de ser papás era muy grande pero no fuimos lo suficiente valientes para intentar estos remedios, que nos parecían ser supersticiosos. Esto sería otra forma de ir en contra de la enseñanza de la Iglesia. El Catecismo dice “La superstición es la desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que impone. Puede afectar también al culto que damos al verdadero Dios” (n. 2111). Seguimos confiando en el poder de Dios.

Otra sugerencia – esta vez 100% católica

Entre todos estos consejos y recomendaciones, me llegaron dos mensajes de dos tías que radican en México; las dos me recomendaban al mismo médico. Investigué un poco y me di cuenta de que se trataba de un ginecólogo-obstetra especializado en una técnica reproductiva llamada NaProTECNOLOGÍA. Continúe investigando y supe que esta técnica fue descubierta por el mismo doctor quien creó el método de planificación familiar llamado “Creighton”. Aprendí también que todo esto era 100% católico, así que no nos demoramos y buscamos un médico NaPro en el estado donde vivimos, ya que se nos hacía muy complicado consultar a un doctor de México.

Pronto me di cuenta de que no había más que una pediatra NaPro en nuestra área. Aunque no era ginecóloga, pensamos que podía ayudarnos a identificar la raíz del problema. En la primera cita con ella me di cuenta que tenía que llevar una gráfica usando el método Creighton para que ella me pudiera orientar. Aprendimos a hacerlo y regresé después de tres meses. Me hizo muchas pruebas que la doctora anterior no me había hecho… pero tristemente, no había nada fuera de lo común. Después de casi un año de estar consultándola, refirió mi misterioso caso al Instituto San Pablo VI en Omaha, Nebraska. A la vez, decidí buscar a la ginecóloga NaPro más cerca de nosotros, aunque tuviéramos que viajar a otro estado. Se nos hacía más practico esto que ir hasta México. Después de repasar una larga lista, encontré una ginecóloga NaPro en California. Agendé cita y emprendimos nuestro viaje.

Nuestra primera cita con una ginecóloga NaPro

Llegamos a la cita con emoción y miedo a la vez. Miedo de pensar que sería el comienzo de otra larga espera, pero con la emoción de que cada vez estábamos más cerca de presenciar un milagro. La cita fue breve pero muy efectiva. Llevaba mis gráficas, y fue impresionante ver cómo después de analizarlas por tan solo unos minutos, la doctora nos comentó algo que nunca se había considerado por ningún médico que había consultado. Nos indicó que de acuerdo con mis gráficas y los análisis que ya se habían realizado, parecía que existía una posibilidad que tuviera endometriosis. Al escuchar esto mi corazón saltó, pues tenía sentido. Tenía todos los síntomas, pero ningún médico se había interesado en investigar sobre esta enfermedad. ¡Por fin recibíamos un diagnostico más claro! Aclaro que la doctora no podía asegurar que este fuera el caso y que solo con una cirugía se podía confirmar. Nos dio información acerca de la operación e indicó que su asistente se estaría en contacto con nosotros para darnos detalles del costo.

El siguiente obstáculo – el costo del tratamiento

Saliendo de la cita lo platicamos, oramos, y decidimos que sería bueno proceder con la cirugía. A los pocos días, recibimos la llamada de la clínica. Nos explicaron que los honorarios de la doctora eran más o menos $7,000 dólares y los costos de hospital eran $40,000 dólares. Por supuesto que esto no estaba dentro de nuestro presupuesto. Vimos opciones con médicos tradicionales en el estado donde vivimos, pero era complicado porque ellos no habían hecho el diagnóstico y tenían que empezar desde cero.

Consulta con el doctor NaPro en México

Finalmente, decidimos contactar al doctor que me habían recomendado mis tías de México. Mi esposo llamó a la Clínica NaPro en Puebla, MX y le explicaron que el doctor Miguel Ángel Domínguez Mena atendía a pacientes de todo el mundo, así que agendamos una cita para vernos por Skype. Llegó el día de la consulta y nuevamente fue impresionante como el doctor al ver mi gráfica, también concluía que podía ser un caso de endometriosis que requería cirugía para confirmar y corregir. Pronto decidimos proceder con la cirugía en México. Ya habían pasado muchos años y no había más tiempo que perder. Llegó la fecha de la cirugía, y efectivamente se descubrió que no solo tenía endometriosis severa, sino que una de las trompas de Falopio estaba adherida a la pared pélvica. El doctor Mena removió la endometriosis y corrigió la adherencia.

El milagro y las lecciones

La recuperación fue rápida, y para no hacer la historia más larga – a los cinco meses de haber tenido la intervención quirúrgica ¡quedé embarazada sin absolutamente ningún medicamento! Ahora gozamos de un hermoso niño de 16 meses quien nos ha venido a endulzar la vida después de tantos años de desilusión y lágrimas.

En nuestro corazón siempre existía la certeza de que Dios, en Su inmensa bondad, nos otorgaría el regalo de la paternidad un día. Pero aprendimos en el caminar que las cosas suceden en Su tiempo y que no podemos forzar algo que está fuera de nuestro control. La sociedad secular busca resultados instantáneos y las soluciones que ofrece la medicina moderna para la infertilidad no siempre tienen la dignidad del ser humano como prioridad ni como fin resolver el problema de raíz. Además, la inseminación intrauterina y la fecundación in vitro descartan el acto sexual conyugal en el cual es concebida una nueva vida, según el plan perfecto de Dios. En el proceso de la fecundidad in vitro, muchos embriones son descartados por “imperfecciones”, haciendo que los humanos tomen el lugar que solo le pertenece a Dios, y así atentando contra la dignidad del ser humano. En cambio, la NaProTECNOLOGÍA es una técnica científica muy avanzada que no solo busca identificar la raíz del problema que afecta la salud reproductiva de la mujer para así restaurarla, sino que respeta la dignidad de la vida humana y del acto sexual de los esposos que Dios mismo diseñó.

Somos conscientes de que muchas parejas no saben que las técnicas artificiales de reproducción asistida no están en el plan de Dios, y también sabemos que muchas otras parejas desconocen la NaProTECNOLOGÍA. Por esta razón, cuando sabemos de una pareja que enfrenta problemas de infertilidad, les compartimos nuestra historia y los encomendamos a María Santísima bajo la advocación de Nuestra Señora de la Dulce Espera, ya que ella fue una gran intercesora en nuestra historia de infertilidad y lo sigue siendo en nuestra nueva vocación como padres de familia.

María de la Dulce Espera, ruega por nosotros.  Haz clic aquí para una Novena a María de la Dulce Espera.

Otro artículo relacionado:  No pierdan la esperanza en su matrimonio: Dios tiene un plan divino (Aun cuando los hijos tardan en llegar o nunca llegan)

Para aprender más sobre lo que la Iglesia enseña sobre las tecnologías reproductivas: El amor vivificante en una era tecnológica

“La Iglesia siente compasión por aquellas parejas que sufren a causa de la infecundidad y desea prestarles una verdadera ayuda. Al mismo tiempo reconoce que algunas de estas ‘tecnologías reproductivas’ no son moralmente válidas para resolver esos problemas. Nosotros, los obispos de Estados Unidos, ofrecemos esta reflexión para explicar el por qué. La ofrecemos, también, para darles esperanza: una esperanza verdadera que las parejas puedan ‘recibir de Dios responsable y amorosamente los hijos’ y establecer una familia a la vez que muestran respeto absoluto por el plan de Dios para su matrimonio y por el don de los hijos.”

 

Roberto y Claudia Vargas, junto con su hijo Pablo, radican en el estado de Washington. Sirven como coordinadores generales de La Comunidad Católica Carismática de Alianza, “La Alegría del Evangelio” dentro de la Arquidiócesis de Seattle. También son parte del equipo pre-matrimonial en su parroquia y han sido facilitadores del programa Ambiente Seguro. Roberto es Caballero de Colon y sirve en en el programa de formación en la fe en la parroquia local. Claudia es actualmente una de 15 miembros del consejo pastoral arquidiocesano, está por cursar una maestría en la Universidad de Washington, y en sus tiempos libres (que nos son muchos) escribe acerca de su experiencia como esposa y mamá desde la perspectiva de la fe católica en en su blog homewithclaudia.com

 

 

 

 

 

 

Conflictos en la crianza de los hijos

Por Valentín Araya

Algunas parejas tienden a contemplar la paternidad y la maternidad sólo desde su aspecto romántico. Piensan en lo bello de tener a un bebé entre sus brazos para llenarlo de caricias y amor. Desean tener ese primer bebé para que su amor “sea completo”.

Y no es para menos pues, como dice el catecismo de la Iglesia Católica, “Por su naturaleza misma, la institución del matrimonio y el amor conyugal están ordenados a la procreación y a la educación de la prole” (CIC #1652). Sin embargo, la llegada de ese primer bebé trae muchos cambios que pueden introducir una serie de conflictos en la pareja.

Un bebé demanda cuidados que implican desvelos, gastos extras, medicinas y  sacrificios. A partir de ahora hay que buscar y confiar en una niñera, si es que los dos trabajan y orientar las actividades de pareja al cuidado y protección de esa criatura. Por eso, con frecuencia la pareja se enfoca completamente en el bebé y se olvida de su propia relación matrimonial. Esto mismo puede llegar a afectar  la comunicación, los momentos de esparcimiento y de intimidad, con consecuencias no muy saludables para la relación matrimonial.

Los dos deben de estar a cargo de los niños

Hay hogares en los que el hombre asume que la mamá es la única responsable del cuidado de los hijos, olvidando que fueron los dos quienes los concibieron y que por tanto, su educación y crianza es responsabilidad de los dos.

También es responsabilidad de los dos impartir una disciplina sana a los niños.Para esto, la pareja necesita ponerse de acuerdo en las reglas y formas de disciplina que empleará en la educación de sus hijos. Los niños resienten cuando no hay ese acuerdo y uno de los dos padres cede la autoridad disciplinaria al otro. Esto sucede cuando por ejemplo, la madre que dice a su hijo: “Ya verás cuando venga tu papá”. Así, los niños perciben que ella no tiene autoridad para disciplinarles y que en la pareja ella no tiene el mismo valor que su papá. Esto puede traer graves consecuencias para el futuro del niño y para la pareja.

Los padres deben igualmente tener en cuenta que la educación de los hijos es una tarea continua e integral. Es decir, debe proveer una formación en el aspecto físico, emocional, intelectual y espiritual. En este punto, es importante que los padres se pregunten: ¿Qué valores necesitamos transmitirle a nuestro hijo o hija en este proceso formativo, de aquí hasta los 18 años, para que se convierta en una persona trabajadora y de respeto; honesta e íntegra; fiel y cariñosa; en una persona de Dios que sepa amar y servir a su comunidad?

Formas de disciplina

Hay algunas parejas que tienen dificultad en ponerse de acuerdo en los métodos o formas de disciplinar sus hijos. Puede darse el caso que uno de los dos quiera utilizar el castigo físico, pues quizás desconoce otras maneras o porque ese fue el método que utilizaron con él o ella. Sin embargo, aunque esa era una forma de disciplina aceptada en el pasado, hoy día, la mayoría de psicólogos están de acuerdo en que el castigo físico no es una manera sana y aceptable de disciplina. Por tanto, es necesario que los padres hablen sobre esto y aprendan juntos métodos prácticos para disciplinar, sin recurrir al castigo físico o las agresiones.

Hay otras parejas que aunque están de acuerdo en las reglas, uno de los dos es más  permisivo que el otro y no aplica a sus hijos las consecuencias disciplinarias por haber roto una regla, o  el otro es más estricto y pone castigos más severos de lo que realmente debiera. Esto causa muchos problemas en la pareja y gran confusión emocional y moral en los hijos.

Sugerencias

  1. No discutan las diferencias de opinión sobre la disciplina delante de sus hijos. Busquen un acuerdo en privado y luego preséntelo a los hijos
  2. Nadie nace aprendido.  El hecho de ser padres no nos da automáticamente la sabiduría para educarlos. Busquen cursos, talleres, libros y películas que pueden ayudarles.
  3. La persona no pude dar lo que no tiene. Si tienen autoestima baja busquen maneras para mejorarla, pues una autovaloración sana de si mismo/a, dará seguridad y confianza a sus hijos y por ende,  los elementos necesarios para que crezcan con una autoestima sana. Para esto no necesitan presentarse como personas prefectas frente a sus hijos, sino como personas con valor y dignidad.
  4. Hablen mucho con sus hijos. Esto les ayudará a confiar en sí mismos y a entender sus propias emociones.
  5. Dediquen tiempo a las tareas escolares de sus hijos.
  6. Los hijos aprenden lo que ven. Enséñeles pues, con su ejemplo, cómo relacionarse con los demás, cómo afrontar las dificultades de la vida, cómo ser personas de bien de una manera integral y cómo vivir unidos a Dios, practicando los valores cristianos.

Amor maternal

Muchos poetas, filósofos y psicólogos afirman que el amor de una madre es el ejemplo más incondicional del amor humano. También se dice que este amor corresponde al amor incondicional que espera un recién nacido y del cual se alimenta durante sus primeros años en este mundo. Este amor incondicional de nuestras madres nos lleva a celebrarlas en su día con profunda gratitud, expresada con flores, cantos, salidas a comer, regalos y tantas otras muestras de cariño.

El amor maternal se hace perfecto en el amor incondicional de María, Madre de Dios y madre nuestra. Este amor está muy presente en los pueblos latinoamericanos y por lo tanto en el pueblo hispano/latino en Estados Unidos, el cual celebra el mes de mayo como el Mes de María. Las parroquias donde hay hispanos/latinos llevarán flores a La Guadalupana, a La Caridad del Cobre, a La Providencia y a cada una de las avocaciones marianas que venera nuestro pueblo. También se escuchará el canto “Mientras recorres la vida tú nunca sólo estás. Contigo por el camino Santa María va”, y se verá en precesión a nuestras niñas vestidas de blanco y a todo el pueblo honrado a la Madre de la Iglesia.

En este mes de mayo, escuchemos pues de nuevo las palabras que María de Guadalupe le dirigió a Juan Diego “Que ya nada te apene ni te de amarguras… ¿Acaso no soy yo aquí tu madre?” y celebremos agradecidos por todas las bendiciones que recibimos de nuestras madres, todos los días de nuestra vida.

Amor Paternal

Ser padre es una vocación que no se limita a ciertos roles o tareas y su presencia en el matrimonio y la familia es de vital importancia. La Escritura nos dice que Dios lo creó para ser cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia (Efesios 5:23). Pero este concepto bíblico, expresado en términos de las condiciones sociales y religiosas en los primeros años de la Iglesia, tiende a ser malentendido en nuestra cultura actual, incluso al punto de decir que el hombre manda y a justificar acciones de dominio u opresión hacia la esposa y los hijos/as.

Recordemos que por nuestro bautismo ya no se hace diferencia entre hombre y mujer, pues todos somos uno solo en Cristo Jesús. (Gálatas 3:28). Entonces pues, tanto el hombre como la mujer desde su condición, tienen un lugar primordial en la iglesia doméstica, de la cual Cristo es la cabeza y ellos sus discípulos. Las demandas de la sociedad de hoy exigen que tanto hombres como mujeres compartan en pareja las tareas y roles antes considerados exclusivamente masculinos o femeninos. Pero esta realidad actual no resta de modo alguno la integridad de la identidad de cada quien, más bien enriquece la experiencia de vida familiar, a la cual cada uno aporta valiosos dones desde su masculinidad y feminidad. Ejemplo perfecto de esta complementariedad son Maria y Jose, quienes dan testimonio de vida y protección a nuestro mismísimo Salvador, en el ambiente sano y amoroso de la Sagrada Familia.

El hombre que verdaderamente vive según el plan de Dios es aquel liderado por Cristo y, que a imitación suya, se deja guiar por el Espíritu Santo. La palabra “padre” se deriva del término en latín “pater” que significa defensor, protector, sustentador, maestro y padre espiritual. Por lo tanto, un buen padre y esposo es aquel que vive su vocación como defensor, protector, sustentador, maestro, formador -en la fe y las buenas costumbres- y colaborador en su iglesia doméstica, con amor, justicia y misericordia.

Celebramos en este mes a todos los padres que han recibido con aplomo, valentía y compromiso este encargo divino. Padres y esposos que se han ganado el respeto y la admiración de los suyos, no con gritos, golpes, ni imposiciones arbitrarias, sino con integridad, rectitud, ecuanimidad y dominio propio. Damos gracias a Dios por aquellos que con su amor y ejemplo fomentan un hogar feliz, como lo hizo el buen San José.

Seis Errores Modernos de los Padres de Familia

Es muy comprensible que los padres de familia de nuestro tiempo cometan errores; esto se debe a la compeljidad de la época moderna ha tomado por sopresa a muchos padres de familia; se debe también, en buena medida, a la crisis intergeneracional que aleja un tanto a los padres de los hijos; se deben atribuir igualmente estos errores modernos de los padres a la permisividad que éstos toleran a los hijos: prueba de esto es que los padres dan todo a cambio de nada; es decir, aceptan hacer enormes sacrificios sin exigir de los hijos una justa correspondencia.
 
El primero de estos errores modernos consiste en conceder a los hijos el celular que éstos exigen según marca y modelo; algunos padres suelen decir que ‘toca concederles lo que pidan porque de lo contrario los ‘matonean’. Desde toda óptica, comprar un smartphone a un niño es un ex-abrupto; lo puede matar por robárselo, o lo puede botar a la caneca de basura por descuido o accidente, perdiendo así una buena cantidad de dólares. Los padres de familia deberán distinguir las diversas etapas de desarrollo de un niño; no pueden considerar en la misma forma al niño de 5 ó 6 años que al adolescente de 12 o al joven de 18 años. El principio de la ‘gradualidad’ tiene mucha importancia en la pedagogía familiar.
 
El segundo error consiste en ‘la soledad móvil’. Los padres de familia, no contentos con ceder a las exigencias de los hijos, ni se enteran qué hacen sus hijos con el celular; les han establecido un horario para el uso permitido?. Les han instalado un sofware de monitoreo de actividades?. Están informados los padres acerca de lo que buscan los hijos en internet?. Cuáles apps descarga?. Matoneo, acoso, sexting, son algunos de los riesgos.
 
El tercer error está en los contenidos de los programas que elijen… Muchos padres no saben cuáles series de películas ven sus hijos en televisión o en internet; y la radio?. No se imaginan la mega-basura que pulula en ciertas emisoras juveniles. Hay padres de familia que son muy ingenuos y crédulos. Hoy se está haciendo frecuente la literatura sobre el ‘cyber-sex’. Incluso ya algunos padres lamentan tener un hijo adicto al ‘cyber-sex’.
 
El cuarto error es el ‘internet a solas’. Un niño sin compañía en internet es como si estuviera parado en pleno centro de una de nuestras grandes ciudades. Qué criterio de selección de programas tiene un niño antes de los 10 años?. Inclusos entre los jóvenes y también entre adultos hoy es frecuente la adición a la pornografía por internet. Hay jóvenes que cuentan que esperan que sus padres se duerman para ellos levantarse a ver programas pornográficos.
 
El quinto error está en los ‘video-juegos’. Los.juegos de ‘video’ están clasificados como las películas, según la edad, y muchos padres no lo saben y compran el video-juego que le pide el hijo, lleno de violencia, sexo y groserías. Los controles parentales son una herramienta de supervisión de sus hijos, en el ciber-espacio. Los padres son los primeros responsables de la seguridad de sus hijos en internet.
 
El sexto error: ‘las redes sociales’. Los padres de familia deben saber que redes como Faceboook, Instagram y Twitter permiten crear perfiles de niños a partir de los 13 años exclusivamente; antes de esta edad los niños que creen cuentas tendrían que estar mintiendo al propio sistema. Podrá suceder que sea el propio padre quien le crea el perfil, pero modificando la edad, cosa que de entrada ya es un mal ejemplo para el niño.
 

 

Mejor enseñar que prohibir. La tarea de los papás, aunque es difícil, es establecer normas y límites; laidea es anticiaparse a que su hijo le diga: ‘papá, quiero tener Facebook’. Antes de que sus amigo se lo propongan, el niño tendrá claro que no puede acceder a la red. Se les debe explicar a los niños que amar es sinónimo de formar.
 
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¡El Mejor Amigo de mi Papá es su Celular!

Así un diario colombiano titulaba hace unos meses una de sus páginas. Comienza el articulo diciendo: “la escena ya no es ajena para nadie que, sin importar el escenario, parecen no poder evitar estar más pendientes de sus celulares que de sus propios hijos. Esta parece ser una evidencia de que las nuevas tecnologías amenazan también con fracturar las relaciones familiares”. El diario en mención aporta algunos datos tomados de la revista Pediactrics: “tras hacer un seguimiento a 55 grupos familiares, los autores encontraron que casi en el75 % de los casos, los adultos utilizaban dispositivos móviles durante la comida con sus niños. El grado de interacción con los dispositivos iba desde no sacar el teléfono o ponerlo sobre la mesa (menos del 10 % de los casos) hasta usarlo casi en forma constante, lo que ocurrió en 40 casos en total”. 
 
No se trata de satanizar la tecnología, sino de llegar a un punto donde ésta se adecue a la familia y no la familia a ella. La psiquiatra Liliana Betancourt considera que el mal manejo de la tecnología en las familias afecta el desarrollo emocional de los pequeños, impactando en su proceso de socialización hasta causar, en el futuro, alteraciones del estado de ánimo. En la medida en que los padres centren su atención en la tecnología, pierden la oportunidad de establecer contacto visual y de detectar expresiones faciales que comunican un mensaje de la vida de sus hijos. Esto puede generar en ellos sentimientos de inseguridad, de rabia y la creencia de que no son importantes en la vida de sus papás. Esto de ´perder la oportunidad de establecer contacto…’ es algo muy importante: Norman J. Bull y otros autores señalan la edad de los niños entre 4 y 10 años como una etapa especial en la relación de padres e hijos; es la etapa llamada de la ’heteronomía’, en que los padres son los ‘ídolos’, los mejores personajes en la vida de los niños; pasada esta etapa los padres pierden protagonismo en la vida de sus hijos, porque en la etapa siguiente –la socionomía- son los amigos y compañeros de escuela quienes asumen el protagonismo. La tendencia entre niños y adolescentes a permanecer demasiado tiempo frente a las pantallas de televisión, celulares, tabletas y computadores, incluidos los auriculares, ya tiene un nombre: los ‘screenagers’. En este caso son los adultos (maestros, papás, cuidadores) quienes se quejan del aislamiento de los menores de edad. Hemos llegado al extremo, afirma la psiquiatra Olga Albornoz, en que los papás abren perfiles en Facebook para poder comunicarse con sus hijos y enterarse de lo que están haciendo. Se trata de una situación que no tiene reversa y que tampoco cambiará en el inmediato futuro. Por eso, la especialista aconseja a los padres no rezagarse frente a las nuevas tecnologías e irse adaptando para imponer normas en el ámbito familiar. ¿Qué hacer?. 
 
Aunque no hay tiempos descritos para el uso de la tecnología en familia, es importante que en cada hogar existan lineamientos sobre la utilización de la misma. Aislar a los hijos o permitir que la tecnología ocupe las funciones de un papá, puede impactar más adelante en los niños solos, que tiendan a ser ansiosos y depresivos, debido a que las primeras personas que tenían que ocuparse de ellos no lo hicieron. El uso del móvil es ya uno de los principales conflictos que llevan a las familias a buscar un ‘mediador’, alguien que logre poner en diálogo a padres e hijos, porque los padres no tienen manera de controlar el uso que hace del móvil el hijo, porque al retirárselo pierde el control sobre el adolescente. Los padres de familia se hallan ante una paradoja: por un lado, sienten la necesidad de cortar un uso inadecuado del teléfono móvil y, por otro, quieren que su hijo lo tenga para poder tenerlo localizado. La demanda de ‘mediación’ se ha incrementado, entre otras razones porque padres y madres de familia se sienten cada vez más inseguros e indefensos en un entorno que les parece cada vez más difícil. 
 
El Concilio Vaticano II fue enfático en subrayar la misión de los padres de familia; las expresiones con que se dirige a ellos son significativas: “los padres deben ser para sus hijos los primeros educadores mediante la palabra y el ejemplo” (LG. n. 11), “la familia la primera escuela de humanismo” (GS. n. 52), “la primera escuela de virtudes sociales” (GE. n. 3), “la familia ayuda a armonizar los derechos personales con las demás exigencias de la vida social” (GS. n. 52). Un peligro acecha a los padres de familia en este momento: la permisividad; los padres de una modesta cultura se sienten débiles cuando deben afrontar a los hijos con una cultura superior, universitaria o profesional; a veces tienen miedo a hablar por no aparecer como anticuados… No es una situación fácil. De todas maneras, los padres son la autoridad en casa, y los hijos deben respetarla y acatarla.
 
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La Misión de ser Padres

Hoy parece que los padres de familia, como el péndulo de un reloj, han pasado de un extremo al otro: del autoritarismo al permisivismo. Algunos padres han representado este paso con esta afirmación: “somos los últimos hijos que tuvimos miedo a nuestros padres y ahora somos los primeros padres que tenemos miedo a nuestros hijos”.
 
“En el mundo actual, poco se discute de temas interesantes con respecto a la educación como el de la autoridad”, escribe C. Izquierdo; es éste, precisamente, uno de los problemas que afecta profundamente a los padres de familia: el de la autoridad con sus hijos; no saben cómo proceder; a veces se sienten confusos y desorientados.
 
Si se trata de concretar y definir el principal problema de los padres de familia hoy, dos palabras son suficientes para describirlo: confusión e incomunicación. Confusión, porque el fenómeno del cambio, radical y acelerado, tomó por sorpresa a los padres de familia; no están preparados para afrontar los problemas del momento; se encuentran con niños y jóvenes muy liberados. Incomunicación, porque muchos padres de familia tienen a flor de labios la expresión ‘No tengo tiempo’ cuando el hijo pide ser escuchado; el pluri-empleo del padre, el trabajo de la madre fuera del hogar, les quita el tiempo y la disponibilidad a favor de los hijos. “Existen tantos adolescentes, escribe Izquierdo, que nunca escuchan de sus padres una palabra de alivio, de cariño, de atención”. “Me temo,” continúa el autor, “que nuestro mundo está lleno de padres, pero de padres de niños huérfanos. Algunos están ahí, en el hogar, pero es como si no estuvieran; atienden prioritariamente el periódico, la televisión, los negocios, el teléfono-celular, los amigos, pero dejan aparcados a sus hijos, ante la tele, en su habitación, rodeados de cosas; piensan que con llenarlos de satisfacciones materiales ya han cumplido su misión educadora”.
¿Qué consecuencias se derivan de este comportamiento? Lo dice el mismo Izquierdo: “observo a numerosos adolescentes huérfanos de modelos parentales y educativos; suelen moverse en medio de personas mayores que tienen excesiva prisa, que quieren ganar más dinero, que sufren con la incómoda presencia de los hijos. Me encuentro con adolescentes huérfanos de comunicación interpersonal; se arrinconan en una discoteca, se pierden en el anonimato de la masa, huyen de toda profundización, ya que creen que el mundo no tiene sentido”. A este punto de la reflexión, podemos preguntarnos: el suicidio juvenil e infantil, que el mundo conoce con extrañeza, ¿no tendrá una causa primaria en esta incomunicación, en esta orfandad? Sobre el problema del suicidio juvenil e infantil no conocemos estudios al respecto, pero el ambiente dentro de la familia sin duda que tiene un influjo particular para bien o para mal, ciertamente.
Una autoridad familiar bien ejercida, según C. Izquierdo, tiene unas características especiales: la subsistencia de la misma familia, la convivencia y comunicación, el aprendizaje de la obediencia, el equilibrio personal, la responsabilidad para la vida. Los padres han de tomar decisiones diarias que les ayuden a los hijos a respetar los límites, que les ayuden a madurar como personas. La permisividad y el ‘dejar hacer’ son enemigos de la autoridad que ayuda a crecer.
No hay autoridad sin respeto fundamentado en la integridad, la sinceridad y la empatía con el prójimo, nunca en el miedo y en la imposición. Un estudio de la Universidad de Navarra (España) comprobó que el prestigio de los padres ante los hijos no depende ni del dinero que ganan, ni del carro que tienen, ni de la práctica de un deporte, ni tan siquiera del cargo que ocupan, sino que depende de tres factores: del ser persona humilde, generosa, serena, del modo de trabajar y del modo de tratar a los demás.