Category Archives: Sexualidad y Amor Conyugal

El amor conyugal implica sacrificio

Acabo de llegar de 4 días de misión en la Diócesis de Stockton, California, donde tuve el privilegio de llevar todas las conferencias del Congreso Diocesano de Mujeres. Como era un evento sólo para nosotras, mi esposo Ricardo no me acompañó.  Por lo tanto, se quedó en casa atendiendo las necesidades de nuestro hijo, las del hogar y las suyas propias para permitirme la posibilidad de ejercer mi llamado ministerial. Ya que nuestro hijo está de vacaciones del colegio, esta labor se complicó y tuvo que coordinar su trabajo y el cuidado del niño. O sea que Ricardo asumió muchas de las obligaciones que en nuestra cultura se perciben como estrictamente femeninas, como cocinar, lavar los platos y la ropa y cuidar de nuestro hijo, con el espíritu de igualdad de dignidad entre hombre y mujer que Jesus mismo enseñó. Todo esto indudablemente implicó sacrificio de parte de mi esposo.

El sacrificio es una manifestación de amor que en si misma evidencia un amor conyugal profundo y real, según el plan de Dios.  En el desarrollo de su Teología del Cuerpo, el Beato Juan Pablo II expresó que el viaje hacia un amor conyugal verdadero nos lleva de la simple sensualidad, por la vía de la comprensión, hacia una afirmación de la persona amada en su propio valor que culmina en el amor comprometido; amor que aleja al que ama del egoísmo de los sentimientos, e invita no solo a disfrutar de la persona amada sino a una verdadera comunión de amor que lleva a buscar el bien del ser amado, mas que el propio.  Esta búsqueda motiva al que ama a la renuncia personal, la cual tiene como cúlmen de su expresión la apertura al sacrificio por el bien del ser amado.  Esta comunión de amor necesariamente nos mueve hacia Dios.

Doy gracias al Creador por el espíritu de sacrificio de mi Ricardo que me muestra palpablemente la profundidad de su amor por mí y la solidez de su compromiso matrimonial.  Su amor es muestra clara de lo que debe ser el amor conyugal, que más que un sentimiento, es un compromiso de la voluntad.  Oro porque todos los matrimonios lleven a experimentar el verdadero amor conyugal, y reciban entonces la plenitud de la gracia de esta vocación diseñada por Dios para nuestra felicidad.

Por Lucía Luzondo

Un tiempo solos los dos

Este fin de semana llevamos a nuestro hijo Sebastián para pasar dos semanas con su abuela, tía y primo en las playas de Cabo Cañaveral en Florida. Aprovechamos que estaríamos pasando esas mismas dos semanas cursando estudios teológicos intensivos en la Universidad de Barry, y así no notar tanto su ausencia. Aún así, siendo tan apegados como familia, Ricardo y yo regresamos a Miami con el corazón vacío por la ausencia de nuestro pequeño.

Pero una vez en casa, decidimos aprovechar este tiempo que Dios nos regalaba para pasar estas dos semanas, no sólo concentrados en nuestro trabajo, sino viviendo una segunda luna de miel. Tomó cierto esfuerzo de alguna manera “desconectarnos” de nuestro rol de padres, pero ciertamente estamos pasando unos días maravillosos de unión y profundo compartir.

Esta experiencia nos ha recordado la importancia de buscar momentos para compartir solos como pareja, dejando por un tiempo en segundo plano nuestras responsabilidades como jefes de familia. Un tiempo dedicado intencional y conscientemente a enriquecer y alimentar nuestra relación de pareja, que es la base de nuestra familia. Momentos dedicados a recordar el amor del principio, pero a la luz de una experiencia vivida a través de los años del compartir en pareja.

Les invitamos a todos a buscar el tiempo para compartir solos, recordar los momentos del amor primero, hablar de las cosas que los enamoraron, recordar cómo se fueron conociendo, complementando y construyendo su hogar.  Les motivamos a  tomar el tiempo de celebrar cómo con la ayuda de Dios superaron las pruebas de la vida, orar sobre sus cosas y planear con ilusión en resto de sus vidas unidos en el amor de Dios.

El respeto: el agua que riega el jardín del amor conyugal

Siempre doy gracias a Dios por la bendición del regalo de mi esposo, Ricardo, en mi vida.  Un hombre íntegro y fiel a Dios que me ama profundamente.  Pero sé en mi corazón que la virtud de mi esposo que más ha alimentado nuestro amor, es el profundo respeto con el que me trata en todo momento.  Esta vivencia me muestra que el respeto es como el agua que riega el jardín del amor conyugal.  Y no me sorprende pues el amor conyugal verdadero, el que viene de Dios, tiene que basarse en el respeto a la dignidad del ser amado, dignidad que Dios ha regalado a cada una de sus creaturas, y el respeto que Dios mismo tiene por cada uno de nosotros.

¿Cómo entonces irrespetar la dignidad del ser amado, tanto de palabra como de obra?  ¿Cómo mancillar la esencia del ser amado con ofensas verbales y agresiones físicas?  La falta de respeto a nuestra pareja, no solo es un veneno que acaba con el amor, sino que ofende profundamente al corazón de Dios.  De igual manera, un hombre y una mujer que se respetan ofenden su propia dignidad y ser cuando irrespetan y ofenden la dignidad de su pareja. ¿No dice la misma Escritura que el hombre y la mujer serán una sola carne?

Esposos, amemos y respetemos a nuestro cónyuge como Dios nos ama y nos respeta.

 

Por Lucía Luzondo