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Avivamiento Eucarístico Nacional

¿Has escuchado hablar sobre el Avivamiento Eucarístico Nacional?

Aquí te cuento todo para que te puedas involucrar. Podrás participar en tu parroquia, diócesis y a nivel nacional. Además, en la lista de recursos al final de esta página podrás encontrar más información. El avivamiento no es un evento de un solo día o un programa en sí; es un movimiento católico que busca renovar el amor y la devoción por Jesús en la Eucaristía.

La Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos ha hecho un urgente llamado a todo el pueblo de Dios para iniciar un avivamiento sobre la devoción y la creencia en la Presencia Real de Jesús en la Sagrada Eucaristía. El avivamiento lleva el título “Mi carne para la vida del mundo” y durará tres años comenzando el domingo 19 de junio de 2022 con la Fiesta del Corpus Christi.

¿Sabes a qué se debe este llamamiento a redescubrir la fuente y cumbre de nuestra fe católica (la Presencia Real de Jesús en la Eucaristía)?

En el año 2019, un estudio del centro de investigación Pew indicó que aproximadamente el 30% de los católicos en los Estados Unidos no creen en que Jesús está realmente presente en la Eucaristía. Esta triste realidad se hizo aún más evidente con la llegada de la pandemia. Pues a más de dos años después de la confinación por el covid-19, existe un sin número de católicos que todavía no han vuelto presencialmente a la Misa para recibir a Jesús en la Sagrada Eucaristía. Decididos a actuar debido a esta alarmante situación, los obispos de los Estados Unidos iniciarán este llamado con la misión de “renovar la Iglesia reavivando una relación activa con el Señor Jesucristo en la Santa Eucaristía”.

Este movimiento, guiado por el Espíritu Santo, culminará con el primer Congreso Eucarístico Nacional en los Estados Unidos y tendrá lugar en Indianápolis del 17 al 21 de julio de 2024.

No te pierdas la oportunidad inigualable de unirte al Avivamiento Eucarístico. Nuestra fe católica nos precisa a conocer y a vivir la doctrina de la Presencia Real de Jesús en la Santa Eucaristía.

Da clic en los siguientes enlaces para obtener más información.

Misión del Avivamiento Eucarístico

Novena de Corpus Christi

Cronología del Avivamiento Eucarístico – fechas importantes que no te quieres perder

Recursos y Pilares Estratégicos del Avivamiento Eucarístico

Qué, Quién, Cuándo y Dónde del Congreso Eucarístico Nacional

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Celebremos el Tiempo de Pascua en Familia

El domingo después de la Pascua de Resurrección celebramos el Domingo de la Divina Misericordia. Los invitamos durante los 50 días del Tiempo de Pascua meditar sobre la misericordia y perdón en la familia.

La Doctora Dora Tobar comparte su reflexión en nuestro blog El Poder del Perdón.

Otros artículos que podrían ayudarlos a reflexionar sobre la misericordia: Me Perdono, me perdonas y te perdono, El Perdón en la pareja sí es posible, y Espiritualidad del matrimonio.

El tiempo de Pascua nos recuerda que la verdadera felicidad no se encuentra en bonitos sentimientos, sino de unir nuestro sufrimiento a Cristo para compartir en su resurrección. “Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito” (Spe Salvi 37). ¿Cómo se aplica al matrimonio? El matrimonio implica trabajo y superar los desafíos juntos. Lee más en el artículo La felicidad, el sufrimiento y el sentido de la Pascua.

Lee la historia inspiradora de una pareja que superó un tiempo difícil agarrados de la mano del Señor. “Los esposos que logran reconocer que ‘el amor que no puede sufrir no es digno de llevar ese nombre’ (Santa Clara de Asís), sabrán que superar los obstáculos, con la gracia de Dios, los ayudará en el crecimiento del amor mutuo y hacia Dios”. Cómo salvamos nuestro matrimonio

Cuidemos nuestra casa común

El 22 de abril celebramos el Día Internacional de la Madre Tierra. Como católicos, nos comprometemos a responder al llamado del Papa Francisco a cuidar la creación de Dios. Aquí compartimos sobre cómo pueden unirse como pareja y como familia a este esfuerzo y compromiso de cuidar nuestra casa común.

Cómo salvamos nuestro matrimonio

Por Verónica López Salgado

Una página de nuestra historia

Mi esposo y yo estuvimos a punto de darnos por vencidos, casi se nos acaban las fuerzas y permitíamos que fallara el amor entre nosotros; ¡por poco nos separábamos! Hoy, a más de un año después de la tormenta, y a pesar de lo duro que fue rescatar nuestro amor y luchar por nuestro matrimonio y familia, podemos decir con gran alegría y firme certeza que ¡lo logramos y estamos más enamorados que siempre! Pero ¿Cómo lo hicimos? ¿Por qué razón no desistimos? ¿Por qué no nos dimos un tiempo de separación en nuestra relación como hacen tantas parejas en la actualidad? La verdad es que no fue una cosa específicamente lo que salvó nuestro matrimonio, sino más bien, una serie de importantes decisiones que tomamos conscientemente día con día durante el tiempo de crisis las que, con la gracia de Dios, nos ayudaron a no rendirnos.

Nuestro matrimonio no comenzó como idealmente y con sabiduría aconseja la Iglesia Católica de acuerdo con la Sagrada Escritura: “Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola carne” (Gn 2,24). En cambio, nosotros nos embarazamos primero, años después comenzamos a vivir juntos, luego nos casamos por lo civil y años más tarde recibimos la bendición de Dios en nuestra ceremonia de boda católica. Durante esta línea de tiempo, la mayor parte lo vivimos en casa de mis padres. Al cuestionarnos, reflexionar y orar sobre la complejidad de la crisis matrimonial que atravesábamos – para así poder comenzar el proceso de sanación – descubrimos que las heridas profundas que ambos teníamos se debían en gran parte a que no comenzamos nuestra familia como un sano matrimonio: juntos y solos de la mano de Dios como lo habíamos prometido en el altar.

Por eso, cuándo ya la carga se hizo muy pesada, el dolor más profundo y la lucha más difícil, llegó la prueba de fuego como un incendio voraz que acechaba con devorar nuestro amor. Justamente fue durante la Cuaresma, experimentando así nuestro propio calvario. ¡Vaya que fue inolvidable! pues jamás habíamos vivido tan intensamente la Pasión de Cristo como el momento en el que nos dimos cuenta de que nuestro matrimonio se estaba desmoronando en mil pedazos.

No solo estábamos sufriendo nosotros dos, pero también nuestro hijo; y esto convertía nuestra realidad en una triste y muy delicada situación. Fue en ese momento cuando nos armamos de valor para luchar contra todo lo que amenazaba con destruir nuestro matrimonio y familia. Así, resolvimos vencer la batalla de rodillas, literalmente, y no renunciar a nuestro matrimonio: llevándolo en oración ante el Santísimo Sacramento, de la mano de María rezando el Santo Rosario, aprendiendo una nueva devoción a san José dormido y dejándonos guiar con ayuda de la dirección espiritual. Incluso, en algún momento, buscamos terapia psicológica/familiar.

Llegar a ser humildes para poder pedirnos perdón y perdonar nuestras faltas no fue tarea sencilla. Tuvimos que ampliar nuestra mirada para poder disponernos a un verdadero encuentro con el otro, es decir, estar dispuestos a vernos el uno al otro como Dios ve y ama a su hijo Jesús, y como nos ve y ama a nosotros mismos. Desnudar el alma para sanar el rencor que se añejaba en nuestro corazón. Despojarnos del resentimiento. Rechazar el pesimismo y alarde, apuntando severamente los errores y defectos del otro. Al contrario, sabiendo que ambos anhelábamos la fiel restauración de nuestro matrimonio, optamos por una actitud de servicio misericordioso, entrega total, y profunda compasión. Trabajamos inagotablemente en la paciencia, lo que nos exhortó a evitar “reaccionar bruscamente ante las debilidades o errores”[1] mutuos y así reavivar nuestra conciencia de la importancia del matrimonio como sacramento sellado por Dios.

Una y otra vez, y con mucha ilusión, nos contábamos anécdotas de cómo nos habíamos enamorado y cómo fue que nació nuestra historia de amor. Nos recordábamos mutuamente nuestros votos matrimoniales y promesas ante Dios. Reconociendo que en el matrimonio hacemos un regalo de nuestro propio ser a nuestro cónyuge y que es ahí, en nuestra vocación matrimonial, en dónde Dios se hace presente como fuente viva del amor eterno e incondicional. Es justo ahí, en medio de los dos, donde la enseñanza de Cristo sobre el matrimonio y su indisolubilidad se hace más visible y palpable. Es justamente ahí, en la promesa de nuestro amor, dónde Dios se revela como el más grande Amor de los amores. Y es precisamente ahí, en nuestra humanidad como marido y mujer, dónde la magnífica visión del plan eterno de Dios para los esposos se manifiesta. ¡Que belleza es el amor humano! y cuánto más lo experimentamos a plenitud, más comprendemos que vivir una vida en gracia con Dios – en camino a la santidad – no significa no equivocarnos como matrimonio, sino todo lo contrario: es abrazar nuestro “sí” para siempre con todo lo que implica pues “la medida del amor es amar sin medida” (San Agustín).

Después de algún tiempo de luchar sin cesar, sin abandonarnos y sin dejar de amarnos, nos abrazamos sabiendo que ya habíamos superado la crisis. Ahora nos encontrábamos con la misión de continuar trabajando en la mejor versión de nosotros mismos por amor al otro y a la familia que habíamos decidido formar y proteger hasta la eternidad.

Porque vale la pena luchar por el ser amado

El amor es lo más importante para Dios, pues Dios mismo es fuente de todo amor. Y de manera especial, el amor y entrega que existe entre los esposos en el sacramento del matrimonio es un símbolo magistral del amor de Dios a la humanidad. Pues en su unión de amor, los esposos experimentan la belleza del amor sacrificado, comprometido, fiel, paciente e incondicional, imitando así el amor de Cristo por su Iglesia. Hoy en día, la sociedad necesita más matrimonios valientes, enamorados de Cristo, deseosos de vivir en santidad y dispuestos a amar eternamente, “hasta que la muerte los separe”.

Claramente, el matrimonio no es siempre miel sobre hojuelas, pues todos los esposos pasan por dificultades que ponen a prueba su relación. No existen las parejas perfectas o historias de amor sin caminos pedregosos, todos estamos en pie de lucha. Sin embargo, los esposos que logran reconocer que “el amor que no puede sufrir no es digno de llevar ese nombre” (Santa Clara de Asís), sabrán que superar los obstáculos, con la gracia de Dios, los ayudará en el crecimiento del amor mutuo y hacia Dios. Así conocerán el gozo y la alegría de un amor inquebrantable, como el amor de Dios por su pueblo.

“En el matrimonio, nos entregamos por completo, sin cálculos ni reservas, compartiendo todo, los dones y las dificultades, confiando en la Providencia de Dios…Es una experiencia de fe en Dios y de confianza mutua, de profunda libertad y de santidad, porque la santidad supone entregarse con fidelidad y sacrificio todos los días de la vida” (Papa Francisco).[2]

Enseñanzas  

El Papa Francisco dio inicio al Año de la Familia (2021-2022) implorándonos apoyar a las familias defendiéndolas “de todo lo que comprometa su belleza…(y) a salvaguardar sus preciosos y delicados vínculos”[3]

Por lo tanto, con este ímpetu, mi esposo y yo quisimos compartir una página dolorosa de nuestro matrimonio, pero sobre todo la lección de vida que consolidó nuestro vínculo amoroso y familiar para crecer en amor, respeto y admiración. Deseamos que otras parejas logren identificarse con nuestro testimonio y puedan superar también cualquier dificultad que estén pasando en su matrimonio.

Siete enseñanzas que aprendimos de nuestra experiencia:

  1. Disculparse y pedir perdón: “Todos sabemos que no existe la familia perfecta, ni el marido o la mujer perfectos. Existimos nosotros, los pecadores. Jesús, que nos conoce bien, nos enseña un secreto: que un día no termine nunca sin pedir perdón, sin que la paz vuelva a casa. Si aprendemos a pedir perdón y perdonar a los demás, el matrimonio durará, saldrá adelante” – Papa Francisco.
  2. Fuimos hechos para el cielo, la plenitud del amor aquí y en la eternidad – tú eres el camino a la santidad de tu esposo/a. En el sacramento del matrimonio, la santidad de tu cónyuge es parte de tu responsabilidad.
  3. El amor lo explica todo – san Juan Pablo II decía que “la persona que no decide amar para siempre, le será muy difícil amar siquiera un día”. Por eso, aun cuándo nos sentíamos ofendidos y defraudados, mi esposo y yo nunca dejamos de hacernos muestras de amor.
  4. La dirección espiritual, el Santo Rosario y san José dormido fueron nuestras armas para la batalla – la oración nos fortaleció y la dirección espiritual nos acompañó.
  5. Los amigos en la fe son un tesoro, verdaderos guerreros de oración – abrir el corazón a nuestros amigos más íntimos nos ayudó a saber que había alguien más orando por que pudiéramos superar exitosamente la amarga prueba. Jamás nos aconsejaron separarnos, ni divorciarnos.
  6. Amor a pesar de todo – ¡Nunca abandonarse!, ¡nunca renunciar!, ¡nunca rendirse!, ¡nunca flaquear! “Una resistencia dinámica y constante, capaz de superar cualquier desafío…aun cuando todo el contexto invite a otra cosa”[4]
  7. El amor vence siempre – estas palabras que san Juan Pablo II citó nos dieron ánimo cuándo más lo necesitábamos. El verdadero amor es eterno.

 

Verónica López Salgado, M.A.
Feliz esposa y mamá
Teóloga | Traductora e Intérprete | Consultora |

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[1] Papa Francisco, Exhortación Apostólica sobre el amor en la familia, Amoris Laetitia (19 de marzo de 2016) § 103, Sana Sede. https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20160319_amoris-laetitia.html#_ftnref106

[2] Rossa, CMF, Alberto. A Year with Pope Francis on the Family. (New York: Paulist Press, 2015) 38.

[3] Papa Francisco. (19 marzo 2021). El Papa al inicio del Año de la Familia: defendamos la belleza de la familia. La Santa Sede: Vatican News. Recuperado de https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2021-03/papa-francisco-mensaje-webinar-amoris-laetitia-familia.html

[4] Papa Francisco, Exhortación Apostólica sobre el amor en la familia, Amoris Laetitia (19 de marzo de 2016) § 118, Sana Sede. https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20160319_amoris-laetitia.html#Cap%C3%ADtulo_cuarto

La felicidad, el sufrimiento y el sentido de la Pascua

¿Acaso hay alguien que no quiera ser feliz? Las parejas de novios esperan que sus matrimonios resulten ser uniones felices y satisfactorias. Los padres quieren que sus hijos sean felices. Y si pudieran, innumerables personas prestarían felicidad a amigos, vecinos e incluso a personas que nunca han conocido.

Pero la felicidad es un reto. Después de todo, ¿sabemos siquiera lo que significa la “felicidad”?

El abad Christopher Jamison, benedictino británico, escribió en su libro de 2008 El Don de la Felicidad: “La suposición subyacente es que cuando la gente usa la palabra ‘felicidad’ todos quieren decir lo mismo, es decir, el concepto muy vago de ‘sentirse bien'”.

El abad Jamison dijo que “los significados contemporáneos de ‘felicidad’ implican principalmente sentirse bien”. Aunque “no hay nada malo en sentirse bien”, dijo que esta definición habitual de “felicidad” le parecía demasiado reducida.

“Para encontrar la felicidad, tenemos que ampliar nuestra definición, de modo que sentirnos bien se sitúe en el contexto más amplio de hacer el bien y conocer el bien”, explicó el abad.

La Pascua vincula directamente el sufrimiento con la plenitud de la vida. A la muerte de Cristo le sigue la resurrección. Así, para los cristianos, la felicidad y el sufrimiento no están desvinculados; “sentirse bien” no define en sí la felicidad.

Esto no quiere decir que los cristianos deban disfrutar del sufrimiento o buscarlo a propósito. Sin embargo, el mensaje de la Pascua es que el sufrimiento no tiene por qué suprimir el camino a la desesperanza y la infelicidad.

En su encíclica de 2007 sobre la esperanza, el Papa Benedicto XVI escribió que “es importante sin embargo saber que yo todavía puedo esperar, aunque aparentemente ya no tenga nada más que esperar para mi vida o para el momento histórico que estoy viviendo” (Spe Salvi, 35).

Monseñor Stephen Rossetti habló sobre el sufrimiento, la felicidad y el matrimonio en un discurso pronunciado el 25 de febrero en la Diócesis de Rockville Centre, N.Y. Es profesor clínico asociado de estudios pastorales en la Universidad Católica de América y es ampliamente reconocido por su experiencia en cuestiones de bienestar sacerdotal.

“Para la mente secular, el sufrimiento y la felicidad se excluyen mutuamente. La presencia de uno niega la otra”, dijo Mons. Rossetti a un grupo de sacerdotes. Es interesante que en este punto haya centrado su atención en el matrimonio, ya que su discurso se enfocó en gran parte en la satisfacción que experimentan tantos sacerdotes en Estados Unidos, a pesar de las grandes presiones que sufren en este momento.

Hoy en día, en EE. UU. se “asume en gran medida” que el sufrimiento y la felicidad son extraños el uno al otro, sugirió monseñor Rossetti. Lo lamentable, en su opinión, es que “esta creencia en la incompatibilidad mutua de las dificultades y la satisfacción está devastando las relaciones y destruyendo vidas”.

Monseñor Rossetti dijo que “cuando los matrimonios jóvenes experimentan dolor y lucha, suelen suponer que algo va mal en su matrimonio. Muchas veces el matrimonio se rompe precipitadamente”. Expresó su preocupación por el hecho de que “cuando la gente encuentra obstáculos en su vida y en su trabajo, asume lo peor. Se asume que si estamos sufriendo es que algo va mal”.

Tener una teología del sufrimiento “nos ha ayudado a los sacerdotes durante nuestro tiempo de prueba”, dijo monseñor Rossetti; ayuda a reconocer “que el sufrimiento y la felicidad no son incompatibles”. De hecho, añadió, “no podemos alcanzar la verdadera felicidad y plenitud humanas sin él. No hay resurrección sin la cruz”.

Monseñor Rossetti cree que “intuitivamente, las personas sabias llegan a comprender esto. Los matrimonios mayores se dan cuenta de que el matrimonio a veces implica un trabajo duro. Llegan a comprender que los niveles más profundos de intimidad sólo pueden alcanzarse a través de esas luchas”.

Así es “con cualquier vida”, dijo. “Los niveles más profundos de santidad y alegría sólo pueden encontrarse atravesando la oscuridad”.

Los obispos católicos de Nueva Zelanda publicaron una carta pastoral sobre el sufrimiento en 2010. “Sabemos que el sufrimiento no puede erradicarse totalmente. Forma parte de la vida”, comentaron los obispos. Estaban convencidos de que, “sin poder evitar el sufrimiento, ninguno de nosotros debería enfrentarlo solo”.

Los obispos dijeron que María, cuyo hijo murió en una cruz, “proporciona la perspectiva y la motivación para que utilicemos las dificultades, las decepciones, las pérdidas y cualquier cosa que afecte negativamente a nuestras vidas para profundizar en nuestra comprensión de lo que es la vida y para acercarnos a Dios y a los demás”.

En su encíclica sobre la esperanza, el Papa Benedicto dijo que, aunque se pueden hacer esfuerzos “para limitar el sufrimiento”, (cf. Spe Salvi, 37), no es posible “suprimirlo” (cf. Spe Salvi, 37). ¿Entonces, qué debe hacer y pensar la gente? El Papa dijo:

Precisamente cuando los hombres, intentando evitar toda dolencia, tratan de alejarse de todo lo que podría significar aflicción, cuando quieren ahorrarse la fatiga y el dolor de la verdad, del amor y del bien, caen en una vida vacía en la que quizás ya no existe el dolor, pero en la que la oscura sensación de la falta de sentido y de la soledad es mucho mayor aún. Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito (Spe Salvi, 37).

 

Este artículo fue traducido del artículo en inglés “Happiness, Suffering and the Meaning of Easter” de foryourmarriage.org

Crecer en santidad siguiendo los consejos del Papa Francisco

¿Quiere unas ideas cómo crecer en santidad, junto con su cónyuge? ¡Intenten seguir algunos consejos del Papa! En sus homilías y discursos, el Papa Francisco ha hablado muy directamente sobre cómo deben tratarse el marido y la mujer, sobre la oración dentro de la familia y otras formas en que la familia vive su identidad como una “Iglesia doméstica”. Entonces, esta Cuaresma, ¿por qué no comprometerse con su cónyuge a probar una de las siguientes resoluciones cuaresmales, basadas en las palabras del Santo Padre?

 

  1. Usar la cortesía con su cónyuge.

Use peticiones gentiles: “¿Puedo, permiso?” Por ejemplo, “¿Te gusta si hacemos así?” y “¿Quieres que salgamos esta noche?”

“Pedir permiso significa saber entrar con cortesía en la vida de los demás. …El amor auténtico no se impone con dureza y agresividad.” (Discurso a las parejas de novios, Roma, 14 de febrero de 2014.)

 

  1. Decirle “gracias” a su cónyuge.

“Parece fácil pronunciar esta palabra, pero sabemos que no es así. ¡Pero es importante! … es importante tener viva la conciencia de que la otra persona es un don de Dios, y a los dones de Dios se dice ¡gracias!” (Discurso a las parejas de novios, Roma, 14 de febrero de 2014)

 

  1. Pedirle perdón a su cónyuge.

Diga: “Perdón”.

“Aprendamos a reconocer nuestros errores y a pedir perdón. ‘Perdona si hoy levanté la voz’; ‘perdona si pasé sin saludar’; ‘perdona si llegué tarde'”.  (Discurso a las parejas de novios, Roma, 14 de febrero de 2014)

“No terminar jamás una jornada sin hacer las paces. ¡Jamás, jamás, jamás!” (Discurso a las parejas de novios, Roma, 14 de febrero de 2014)

Es importante “tener el valor de pedir perdón cuando nos equivocamos en la familia”. (Discurso a los participantes en la peregrinación de las familias, Roma, 26 de octubre de 2013)

 

  1. Orar junto con su cónyuge y familia.

“Rezar juntos el ‘Padrenuestro’, alrededor de la mesa, no es algo extraordinario: es fácil. Y rezar juntos el Rosario, en familia, es muy bello, da mucha fuerza. Y rezar también el uno por el otro: el marido por la esposa, la esposa por el marido, los dos por los hijos, los hijos por los padres, por los abuelos… Rezar el uno por el otro. Esto es rezar en familia, y esto hace fuerte la familia: la oración”. (Homilía en el día de la familia, Roma, 27 de octubre de 2013)

Pedir al Señor que multiplique su amor y se lo dé fresco y bueno cada día. Oren juntos: “Señor, danos hoy nuestro amor de cada día”. (Discurso a las parejas de novios, Roma, 14 de febrero de 2014)

 

  1. Visitar a los ancianos, especialmente a sus abuelos.

“Los abuelos son la sabiduría de la familia, son la sabiduría de un pueblo. …  ¡Escuchar a los abuelos!” (Discurso a los participantes en la peregrinación de las familias, Roma, 26 de octubre de 2013)

“Qué importantes son [los abuelos] en la vida de la familia para comunicar ese patrimonio de humanidad y de fe que es esencial para toda sociedad”. (Ángelus en la Jornada Mundial de la Juventud, Río de Janeiro, 26 de julio de 2013)

 

  1. Compartir la fe con los demás.

“Las familias cristianas son familias misioneras. …  Son misioneras también en la vida de cada día, haciendo las cosas de todos los días, poniendo en todo la sal y la levadura de la fe”. (Homilía en el día de la familia, Roma, 27 de octubre de 2013)

 

 

Fuente
Este artículo fue traducido de For Your Marriage https://www.foryourmarriage.org/lenten-resolutions-for-married-couples-inspired-by-pope-francis/

Fue escrito en inglés por Bethany Meola.

 

Limitando el uso de la tecnología en la Cuaresma

Por Silvio Cuellar

En esta Cuaresma quisiera lanzar un desafío a nuestros lectores sobre limitar el tiempo que pasamos usando la tecnología en nuestras familias, hogares, y en nuestra vida personal, dedicando más tiempo a la oración, ayuno y al compartir generosamente con los necesitados de nuestro tiempo, talento y tesoro.

La tecnología ciertamente es muy útil, pero si dejamos que ella domine todos los aspectos de nuestra vida puede tornarse en detrimento de una buena comunicación y relaciones familiares en nuestro hogar.

 

¿A qué me refiero por tecnología?

 

Bueno, para empezar la televisión, el uso del Internet a través de nuestras computadoras, nuestros teléfonos inteligentes, iPads, iPods, tabletas y juegos electrónicos que hoy vienen también con conexiones al Internet.

Ciertamente yo no estoy en contra del uso de la tecnología porque con cierta moderación y supervisión puede ser algo muy útil para nuestras vidas.

Recuerdo hace unos 10 años atrás que andaba en mis reuniones con un beeper en la cintura, una libreta de notas, un calendario, una biblia en mano, un afinador para la guitarra, una cámara fotográfica, y un grabador digital para hacer entrevistas. Hoy puedo hacer todo eso y mucho más con mi teléfono inteligente que tiene las funciones de básicamente una computadora.

Sin embargo, he notado que en muchos hogares y yo me incluyo por supuesto, a veces podemos caer en la tentación de que cada miembro de la familia está con un teléfono, un iPad, una computadora, en fin; cada uno en su propio mundo, en su propia actividad y todos desconectados unos de otros.

 

La tecnología puede ser adictiva

 

Ciertamente los juegos electrónicos tienen una propiedad muy adictiva que puede hacer que nuestros jóvenes o porque no, adultos también, se dediquen a estar simplemente jugando usando una gran cantidad de horas que de lo contrario podrían dedicarlo a hacer una actividad constructiva, educativa, o divertida entre los miembros del núcleo familiar como aprender la guitarra o artes.

Imagínese usted a Jesús, llegando a una casa abre la puerta, entra y el niño chiquito está viendo una película, otro viendo un juego animado en otro televisor, los muchachos adolescentes uno con su iPad, el otro jugando juegos electrónicos, la mamá con su teléfono inteligente, El papá en la computadora y todos están desconectados unos de otros en su propio mundo.

Ese es el peligro que corre la familia moderna.

 

¿Qué podemos hacer?

 

Reconociendo esta realidad mi esposa Becky y yo, decidimos establecer ciertos límites en nuestro hogar. De hecho, ya habíamos compartido que hace más de siete años que cortamos el servicio del cable de la televisión. Después pusimos en la computadora y en los teléfonos y dos iPads que tenemos en la casa, controles y filtros que bloquean todo contenido pornográfico, música y películas con contenido indecentes.

Y finalmente decidimos limitar considerablemente el tiempo en que usamos la tecnología en nuestro hogar. Primeramente, nosotros como padres teníamos que limitar el tiempo que nosotros pasamos con los teléfonos y no usarlos frente a ellos pues les estamos dejando un mal ejemplo, y más arrastra el ejemplo que los sermones.

Entonces decidimos que cuando yo regrese del trabajo iba poner mi teléfono a cargar e íbamos a pasar un tiempo en familia desconectados de los teléfonos y otros medios que tienen conexión a internet.

Esto puede ser bien difícil de llevarse a cabo cuando se han creado fuertes hábitos en nuestro uso de la tecnología y poco a poco podemos ponernos a dieta y escoger ciertos horarios y ciertos momentos para usarlos y al mismo tiempo tener un tiempo sagrado de familia en que dejemos fuera de todas estas influencias de la tecnología, y así alrededor de la mesa cada uno comparte una cosa que le pasó ese día a o algo que está pasando en sus vidas, recuperando el tiempo de comer, orar y dialogar en familia.

 

¿Qué hacer con el tiempo que el ayuno de tecnología nos ofrecerá?

 

  1. Primero buscar oportunidades para orar más en familia. Recuperar la cena en familia y comenzar con una oración antes de comer. Luego ir alrededor de la mesa y cada uno comparte algo por lo que están agradecidos y algo que está pasando en sus vidas.
  2. Segundo crear oportunidades para hacer cosas divertidas como juegos de mesa o deportes. Con 3 de mis hijos estamos yendo al gimnasio todos los jueves a jugar raquetball, algo que es muy divertido y nos proporciona actividad física. Pero, no se necesita gastar dinero, pueden también ir a un parque y hacer un picnic y caminar apreciando la naturaleza.
  3. Tercero, porque no, hacer un Rosario en familia especialmente orando por nuestras necesidades, nuestra comunidad y la paz del mundo. En nuestra casa hacemos el Rosario casi todas las noches, y nos turnamos cada uno incluyendo los niños, dirigiendo una década del Rosario y cada uno al comenzar comparte una intención.
  4. Cuarto buscar cómo compartir de nuestro tiempo, talento y tesoro para ayudar a otros en necesidad. Parte de nuestra obligación como católicos es darle a Dios nuestra ofrenda, nuestra primera cosecha y lo hacemos haciendo una ofrenda de sacrificio a nuestra parroquia, campaña anual diocesana y otras caridades que podamos ayudar en la comunidad como Catholic Relief Services, y su campaña Plato de Arroz que ayudan en los lugares donde hay crisis desastres naturales y guerras.

 

Finalmente ir a la Misa dominical fielmente y en familia. Recordemos el lema de la Cuaresma de Orar, Ayunar y Dar. Orar diariamente en familia. Ayunar no solo de alimentos sino también de tecnología y medios sociales. Y dar generosamente, compartiendo de nuestras bendiciones con nuestro tiempo, talentos y tesoro.

 

Silvio Cuéllar es músico pastoral, compositor, periodista y conferencista en temas de liturgia, vida y familia. Sirve como coordinador diocesano de la Oficina del Ministerio Hispano de la Diócesis de Providence, Rhode Island, Editor Asociado del periódico El Católico de Rhode Island y director de música en la parroquia Holy Spirit en Central Falls, RI, donde dirige coros en inglés y español.

Ecos de la Palabra

Ecos de la Palabra es una breve reflexión para la comunidad hispana/latina en los Estados Unidos sobre las lecturas del día y cómo aplicarlas a la vida cotidiana con nuestras familias. Edwin Ferrera compartirá esta reflexión cada miércoles en vivo a las 6pm Hora Pacífico (9pm Hora del Este) en la página de Facebook de Por Tu Matrimonio.

Edwin se desempeña como director para el Ministerio Hispano en la Arquidiócesis de Seattle, rol que asumió después de servir como director Pastoral Juvenil de la misma Arquidiócesis. Edwin posee una amplia experiencia pastoral en distintos contextos de más de 25 años. El recibió licenciaturas en filosofía y en literatura del Seminario de Monte Ángel en Oregon, una M.A. en Consejería Pastoral de la Universidad de Seattle (donde tuvo un enfoque en consejería matrimonial) y actualmente cursa estudios doctorales en teología pastoral. Originario del El Salvador, se mudó a vivir en Los Ángeles, California a la edad de 15 años. Edwin y su esposa Katia (de la Ciudad de México) son orgullosos padres de sus tres hijos, con quienes disfrutan pasar tiempo juntos explorando la belleza natural del Noroeste del Estado de Washington. Edwin puede ser contactado por email y se encuentra en LinkedIn @Edwin Ferrera. Edwin también se encuentra en las redes sociales de Facebook, en Twitter @ferreraed e Instagram @familiayfe.

Recursos Recomendados por Edwin:

Los siete principios para hacer que el matrimonio funcione por John M. Gottman, fundador de The Gottman Institute

La Cuaresma en Familia

Orar | Ayunar | Dar

 

Celebrando el tiempo litúrgico de Cuaresma con su pareja y con sus hijos

 

El Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo son días obligatorios de ayuno y abstinencia para los católicos. Además, los viernes durante la Cuaresma son días obligatorios de abstinencia. Para ver más detalles visiten esta página y una reflexión sobre el ayuno cuaresmal. Abajo pueden encontrar más ideas sobre otras maneras de ayunar durante la Cuaresma. 

 

Tiempo de preparación

 

Mientras nos preparamos para la Pascua es el momento perfecto para reconciliarnos con Dios y con nuestros hermanos y hermanas. Como nos recuerda el Papa Francisco:

“Queridos hermanos y hermanas: La Cuaresma es un tiempo favorable para la renovación personal y comunitaria que nos conduce hacia la Pascua de Jesucristo muerto y resucitado. Para nuestro camino cuaresmal de 2022 nos hará bien reflexionar sobre la exhortación de san Pablo a los gálatas: ‘No nos cansemos de hacer el bien, porque, si no desfallecemos, cosecharemos los frutos a su debido tiempo. Por tanto, mientras tenemos la oportunidad (kairós), hagamos el bien a todos’ (Ga 6,9-10a)”. (Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2022)

El Regalo de Dios del Perdón: Exhortación Pastoral sobre el Sacramento de la Penitencia y Reconciliación de la USCCB

La Penitencia a la luz de la Enseñanza Social Católica: Mediante el sacramento de la Penitencia, Dios ofrece misericordia y perdón. En respuesta a este regalo, estamos llamados a ser vehículos del amor de Cristo, enmendando faltas y restableciendo la justicia y los lazos que se han roto. Curados y perdonados, somos enviados a trabajar por la paz, la justicia y el amor en nuestras comunidades y el mundo. Este recursos tiene varias ideas y preguntas de reflexión.

“La oración, caridad y ayuno pueden cambiar la historia”. (Papa Francisco en su homilía de Miércoles de Ceniza de 2022

 

Las prácticas tradicionales para vivir más intensamente la Cuaresma son: orar, ayunar y dar. La oración es esencial para la vida cristiana y la Cuaresma en un buen momento para evaluar nuestra vida de oración. El ayuno es un recuerdo tangible de acercarnos más a Cristo. La oración y el ayuno nos llevan a ser más generosos a través de obras de caridad y justicia y de compartir nuestro dinero.

Aquí están algunos recursos para hacer estas prácticas en familia:

ORAR

Desafío de Oración Familiar: ¿No rezan juntos en familia? ¡Los invitamos a usted y a su familia a unirse al Desafío de Oración del Año de la Familia! Actualmente estamos en el Año de la Familia – Amoris Laetitia, que finalizará en el Encuentro Mundial de Familias en junio de 2022. El Papa Francisco ha escrito a menudo sobre la importancia de la familia y ¡este desafío de oración nos da una gran oportunidad para celebrar y orar con y para las familias de nuestra parroquia!

Los invitamos a unirse al desafío de rezar juntos en familia, especialmente durante la Cuaresma. En el kit de herramientas Amor familiar: Una vocación y un camino a la santidad publicado por la Asociación Nacional de Ministros Católicos de Vida Familiar (NACFLM por sus siglas en inglés), en la página 6 tienen 30 ideas de cómo rezar en familia. También provee gráficas que pueden compartir en redes sociales e ideas para los líderes parroquiales de cómo invitar a todas las familias de su parroquia a unirse al desafío.

Vía Crucis para los niños de Loyola Press

Vía Crucis Bíblico de la Campaña Católica para el Desarrollo Humano (Justicia, Paz y Desarrollo Humano de la USCCB)

Ven y Camina: Vía Crucis para Adolescentes de Life Teen

Los Vía Crucis del Vaticano: Meditaciones, fotos y videos de la celebración de los Vía Crucis con el papa desde 1991.

Reflexión del Papa Francisco en el Vía Crucis con los Jóvenes en la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá en 2019.

Explorando Nuevas Maneras (de Orar): Si estás buscando maneras de expandir tu vida de oración en esta Cuaresma, aquí hay unas ideas de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos para ir más allá de la oración a la hora de comer y a la hora de irte a dormir

Ecos de la Palabra en vivo por Facebook los miércoles a las 9pm ET

Guías “Familias en Misión” para la Cuaresma 2022: Ver, discernir y actuar esta Cuaresma con Maryknoll. Ver de Nuevo: Quítate el velo de los ojos.

AYUNAR

 

Privándonos de algunas cosas en Cuaresma

Limitando el uso de la tecnología en la Cuaresma

Crecer en santidad siguiendo los consejos del Papa Francisco

DAR

Recursos para la Cuaresma de CRS: Podemos compartir con los más necesitados con la ayuda de Catholic Relief Services. La familia, como iglesia doméstica, se fortalece al estar atenta a las necesidades de nuestros hermanos en todo el mundo y al vivir las prácticas tradicionales de la oración, el ayuno y la limosna con un espíritu misionero.

 

El Amor es una Decisión más que un Sentimiento

Por Silvio Cuellar

Este mes celebramos el día del amor y amistad, y ya desde los primeros días de enero las tiendas se cubrían de rojo, con flores, chocolates para la enamorada o el enamorado. La realidad es que más de la mitad de los matrimonios hoy terminan en divorcios.

Quisiera compartir con nuestros lectores algunas estrategias que he aprendido en 20 años de estudio sobre temas familiares y casi 28 años de vida matrimonial.

  1. El primer paso para un matrimonio duradero, y exitoso es obviamente tener una buena Preparación Matrimonial. Lamentablemente muchas parejas de novios ponen más énfasis en la fiesta, el viaje que en conocerse lo suficiente y planificar las cosas importantes que determinarán el éxito o no de la pareja, como las metas personales y planes de pareja, las finanzas, la cantidad de hijos, la educación de ellos, y la fe. Dice una experta en relaciones que para que una pareja se conozca lo suficiente y su amor sea probado antes de casarse debe pasar por lo menos por cuatro estaciones: primavera, verano, otoño e invierno. En otras palabras, la relación de noviazgo debe como mínimo durar un año o más.
  2. El segundo paso es que la pareja comparta la Fe. Cuando de novios no se le da mucha importancia en muchos casos a la práctica de la religión y la vivencia de la Fe, pero cuando llegan los niños y las madres comienzan a ponerlos en el catecismo y llegar más frecuente a la Iglesia; frecuentemente el esposo se queda en casa y eso va acumulando tensión y hasta resentimiento que puede llevar al enfriamiento de la relación. Los barcos comienzan a viajar en direcciones opuestas, y obviamente en algún momento llegarán a destinos diferentes.
  3. El tercer paso o estrategia, es tener una comunicación activa. Quiere decir que los esposos aprendan a dialogar y expresar sus sentimientos sin ofenderse, expresar sus ideas y buscar un punto de encuentro o de acuerdo sin tratar siempre de imponerse sino más bien aprender a negociar y llegar a un acuerdo que no necesariamente será lo que yo quiera o lo que mi cónyuge quiera, sino que podrá ser una tercera opción.
  4. El cuarto paso es reconocer que necesitamos dejar que Dios nos cambie a nosotros mismos y adaptarnos a nuestra pareja para llegar a tener unidad y santidad. Cada uno de nosotros traemos cualidades y defectos que hemos ido heredando de generación en generación (bendiciones y maldiciones), entonces debemos reconocer nuestras debilidades para corregir nuestros defectos e identificar nuestras fortalezas para desarrollar nuestras virtudes y no quedarnos en la mediocridad. Personas que dicen “Así soy yo y así me tienen que aguantar”, normalmente llevan al fracaso de su familia.
  5. Un quinto paso es reconocer cuando me he equivocado y pedir perdón. Recientemente tuve un día de frustración y en la mañana al desayunar traté rudamente a mi esposa frente a uno de mis hijos adolescentes y me fui sin despedirme. Me sentí bastante mal después porque herí los sentimientos de mi esposa por algo que tal vez podríamos haber dialogado calmadamente. La llamé más tarde para pedirle perdón y reconocí mi error. Ella con mucha paciencia y sabiduría me dijo: “¿Cómo te sentirías después si hubiera tenido un accidente y el Señor me hubiera llamado y lo último que me dijiste fue un reproche?”. Y aún peor, “¿Qué clase de lección le estás dejando a nuestro hijo sobre cómo un esposo debe tratar a su esposa?”

Esas palabras de mucha sabiduría me hicieron recapacitar mucho y recordar que siempre estamos enseñando a nuestros hijos, más con nuestras acciones que con nuestras palabras y que ese día no fui un buen maestro. Lo triste es que muchas parejas se comportan de esta manera, todos los días y nunca piden perdón o dialogan sin ofenderse, entonces se van distanciando y los hijos también aprenden a comportarse de la misma manera. Recordemos, el amor es una decisión diaria, más que un sentimiento.

 

Silvio Cuéllar es músico pastoral, compositor, periodista y conferencista en temas de liturgia, vida y familia. Sirve como coordinador diocesano de la Oficina del Ministerio Hispano de la Diócesis de Providence, Rhode Island, Editor Asociado del periódico El Católico de Rhode Island y director de música en la parroquia Holy Spirit en Central Falls, RI, donde dirige coros en inglés y español.

 

Usado con permiso, este artículo fue publicado en El Católico de Rhode Island en febrero del 2022.