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La Violencia Doméstica

Por Valentín Araya

Cuando se habla de violencia doméstica algunas personas pueden pensar en golpes o acciones violentas de un esposo contra la esposa o viceversa. Sin embargo, la violencia física, los golpes y las heridas son sólo una parte de lo que es verdaderamente la violencia doméstica.

La violencia doméstica se puede definir como todo tipo de acción, actitud, uso de la fuerza física o de  palabras para controlar a una persona, dentro de una relación afectiva. Hay violencia cuando se ataca la integridad emocional o espiritual de una persona. Ésta puede darse entre esposos, parejas de novios, de padres a hijos y de hijos a padres y es de tipo físico, emocional y sexual.

Los obispos de Estados Unidos definen el abuso como cualquier clase de comportamiento utilizado por una persona para controlar a otra a través del miedo y la intimidación. Éste incluye el abuso emocional y psicológico, los golpes, y el ataque sexual” (VéasCuando Pido Ayuda: una respuesta pastoral a la violencia doméstica contra de la mujerUSCCB).

Violencia física: es toda agresión física que una persona hace a otra. Por ejemplo: puñetazos, patadas, heridas, pellizcos, jalones de pelo, mordiscos, cachetadas, etc.

Violencia emocional: es toda acción, actitud o palabra que denigre, rebaje o lastime las emociones o autoestima de una persona. A diferencia de la violencia física que generalmente involucra una descarga agresiva sobre la víctima, la violencia emocional no necesariamente requiere de acciones violentas. Una persona puede rebajar y hacer sentir mal a otra con palabras, acciones y actitudes suaves, de doble sentido, sarcásticas y que hasta suenen cariñosas. He aquí algunas formas de violencia emocional:

  1. Abuso verbal: ridiculización, desprecios e insultos como estrategia consciente o inconsciente para rebajar la autoestima de la víctima.
  2. Aislamiento: negarle la palabra a una persona, ignorarla; no tomarle en cuenta para nada.
  3. Intimidación y amenazas: amenazas de muerte si habla, de quitarle a los niños, de pegarle, etc.
  4. Echarle la culpa a la víctima: el abusador le echa la culpa a su víctima de su mal carácter, de sus arranques violentos, de sus problemas, de sus desilusiones, de sus fracasos y de los golpes y abusos que recibe.
  5. Abuso económico: en muchos casos la víctima no trabaja y cuando lo hace, debe darle su cheque al abusador, quien es el que controla todo lo relacionado con el dinero en el hogar. Él (o ella) toma todas las decisiones sin darle cuentas a su cónyuge de lo que hace con el dinero.
  6. Utilización de los hijos: utilizar a los hijos para hacer que la otra persona se sienta culpable. Convencer a los hijos de que su cónyuge está mal, poniéndoles en contra de ella. Le hace sentir culpable y responsable de la crianza y educación de los hijos. Si los hijos se portan mal es siempre culpa de su pareja, por ejemplo.

Violencia sexual: siempre que uno de los cónyuges, sin consentimiento del otro, demanda y obliga a su pareja a tener relaciones sexuales, está ejerciendo violencia en contra de su pareja. Se incluye aquí todo tipo de prácticas sexuales que uno de los dos puede imponer al otro por la fuerza, por ejemplo: la imposición del uso de anticonceptivos, abortos, menosprecio sexual e inclusive la tolerancia de la infidelidad.

La violencia en el hogar viola el mensaje de Jesús

Como dicen los obispos: “En realidad, la violencia en contra de cualquier persona es contraria al mensaje del Evangelio de Jesús de Ámense  los unos a los otros como yo los he amado”. San Pablo nos dice igualmente que somos templo del Espíritu Santo y que lo que hagamos a nuestro cuerpo o al cuerpo de otra persona se lo estamos haciendo también al templo de Dios (1Cor 3, 16) . Por eso “La violencia en cualquier forma – física, sexual, psicológica, o verbal – es pecaminosa; muchas veces es también un crimen” (Véase Cuando pido ayuda: una respuesta pastoral a la violencia doméstica en contra de la mujer, USCCB). Y ciertamente, en Estados Unidos la violencia doméstica es un crimen que se castiga con la cárcel.

La agresión doméstica viola la dignidad de la persona: “La dignidad de una mujer es destruida de una manera particularmente cruel y atroz cuando se le trata violentamente” (Ibíd.). Y aunque las estadísticas dicen que un 85% a un 90% de la violencia física se da de hombres hacia mujeres, hay también un porcentaje que se da de mujeres hacia hombres.

La agresión en el matrimonio viola también las promesas matrimoniales que la pareja intercambia el día de su boda, pues en ese momento promete fidelidad, amor y respeto a su cónyuge. Cada vez que hay agresiones y abusos entre esposos, se está siendo incongruente e infiel con la alianza matrimonial que la pareja hizo ante un Sacerdote o Diácono, ante la comunidad y ante Dios.

Obtenga ayuda

Línea nacional para víctimas de violencia doméstica: 1-800-799-7233 o https://espanol.thehotline.org/

Correr la voz

Este volante en inglés y español, incluye la línea nacional para víctimas de violencia doméstica y espacio para agregar recursos locales, está diseñado para su uso en los baños.

Este folleto en inglés y español explica más sobre la violencia, la ayuda disponible, un plan de seguridad, las líneas nacionales con espacio para añadir recursos locales. Se puede ordenar copias gratis aquí o descargar aquí.

Oremos

El Papa Francisco nos invita a rezar por las victimas de la violencia en este video

Catholics for Family Peace los invita a rezar a las 3:00pm cada día por los que sufren a causa de la violencia. En su página web tienen varias oraciones, una letanía y una novena en inglés y español.

Aprender más

La violencia doméstica: un flagelo que destruye el matrimonio y la familia

Para aprender lo que la Iglesia enseña sobre la violencia doméstica, lea la declaración de los obispos de los Estados Unidos, Cuando Pido Ayuda: Una Respuesta Pastoral A La Violencia Domestica Contra La Mujer y ver un video del P. Charles W. Dahm, O.P. La Respuesta Católica a la Violencia Doméstica

Cuando la casa es insegura: Reconociendo la realidad de la violencia doméstica hoy

Kit de herramientas

Una voz que pide ayuda

Una voz que pide ayuda

Ciertamente nuestro pueblo hispano atesora el valor de la familia. Sin embargo, es también una realidad que los hispanos somos el segundo grupo étnico con mayor incidencia de violencia doméstica en Estados Unidos. Esta es una estadística real aun entre personas que asisten a nuestras iglesias en las diferentes diócesis de esta gran nación.

En su carta pastoral sobre la violencia doméstica, los Obispos de Estados Unidos definen el abuso como “cualquier clase de comportamiento utilizado por una persona para controlar a otra a través del miedo y la intimidación. Éste incluye el abuso emocional y psicológico, los golpes, y el ataque sexual” (Cuando pido ayuda: Una respuesta pastoral a la violencia doméstica contra de la mujer del Comité de Obispos sobre el Matrimonio y la Vida Familiar, USCCB).

Es trágico ver cómo la dignidad de las personas, lastimosamente en su mayoría mujeres, es destruida por la violencia doméstica de sus parejas, hijos/as, padres y otros familiares. Muchas veces la violencia doméstica nace de actitudes arraigadas y aprendidas en nuestra cultura, tales como el machismo, las adicciones al alcohol y las drogas (que limitan la capacidad cognitiva y emocional de las personas), al igual que las tensiones extremas que enfrentan muchos hispanos por su situación inmigratoria, la falta de trabajo y la discriminación.

Pero aunque las razones que dan pie a actitudes violentas entre hispanos son reales, la violencia doméstica no es aceptable ni justificable bajo ningún concepto. Los Obispos claramente nos dicen que “[e]n realidad, la violencia en contra de cualquier persona es contraria al mensaje del Evangelio de Jesús de Ámense los unos a los otros como yo los he amado”. Este tipo de violencia también es un crimen que se paga con la cárcel (Ibid.).

De igual modo, las Sagradas Escrituras nos enseña que cualquier cosa que hagamos al cuerpo humano, ya sea el nuestro o al de otra persona, se lo estamos haciendo al templo de Dios (1 Cor 3: 16). Oremos porque que el Espíritu Santo ilumine la mente y el corazón de los agresores para que se abran a la cultura de la vida y del amor.

 

Sigue aprendiendo en nuestra página de recursos: La Violencia Doméstica

Encontrar ayuda

Línea nacional de la violencia doméstica

1-800-799-SAFE (7233)

Chat seguro en línea: https://espanol.thehotline.org/

De ahora en adelante…

Sé que estamos viviendo tiempos de mucha violencia en el mundo a pesar del mucho amor que también hay en el mismo. Sé del amor porque mi alrededor inmediato está cargado de amor. Mi esposa, mi hijo y yo estamos inmersos en una relación de entrega, de aceptación, tolerancia, respeto a pesar de ser diferentes, de tener opiniones propias y reacciones distintas ante las mismas situaciones. La receta es aprender en cada momento a reconocer, respetar y admirar la dignidad de cada uno.

También sé de la violencia porque la veo en la calle y leo en la prensa las expresiones de individualismo, la poca tolerancia a la frustración cada vez más creciente por la falta de paciencia y la necesidad creada de que todo sea inmediato, es decir: “yo quiero… pero lo quiero ya” y, si no ocurre, sobrevienen las expresiones de gritos, insultos, ofensas, golpes hasta llegar a terminar con la vida de otros. Los jóvenes y adultos pueden tomar un arma de fuego y acabar con quien se atraviese porque sí.

En todos los lugares donde vamos a llevar el mensaje del Amor de Dios para los matrimonios y las familias en Estados Unidos de Norte América y otros países, se nos acercan generalmente mujeres quienes viven en relaciones sacudidas por la violencia dentro de sus hogares, también se nos acercan hombres y mujeres que reconocen la agresividad que hay en ellos queriendo salir de ese mal que los hace sufrir a todos.

Estamos convencidos que apagando los televisores y los programas, películas, telenovelas, noticieros que sólo nos muestran la violencia, la sed de venganza, el triunfo del individualismo a través de la maldad como herramienta para obtener el triunfo y encendiendo en nuestros hogares la comunicación efectiva entre los esposos, los padres y los hijos, dando siempre una oportunidad a la reconciliación, al perdón y a la armonía podemos vivir en un mundo mejor. Ya Jesús anuló hace muchos años la ley del ojo por ojo y diente por diente dándonos la nueva ley de amarnos unos a otros como Dios nos ama.

La violencia doméstica: un flagelo que destruye el matrimonio y la familia

Por Lucia Luzondo

En nuestro ministerio de evangelización a parejas y familias, vemos con frecuencia y  gran tristeza la altísima incidencia de violencia doméstica entre nuestra gente hispana.  Golpes, gritos e insultos denigrantes, personas que fuerzan el acto conyugal con sus parejas aunque no lo deseen, personas que niegan los recursos económicos a sus parejas solo para ejercer control sobre ellas, o que prohíben a sus parejas o familiares tener contacto con otras personas también con el fin de controlar, se cuentan entre los muchísimos actos de violencia física, verbal, emocional y sexual que victimizan a cientos de miles de mujeres, niños y aun algunos hombres hispanos cada año en esta nación.

En nuestra experiencia, una razón primordial del abuso doméstico es el machismo que impera en nuestra cultura, que muchas veces se complica con una baja autoestima por parte del agresor.  Este mal social que presupone la superioridad del hombre sobre la mujer, y concluye que la mujer existe solo para servir y complacer al hombre es una plaga que destroza nuestra sociedad.  Una visión del mundo y la vida que ha sido aprendida por nuestra gente y practicada por cientos de años de nuestra historia; una actitud que denigra la dignidad y la igualdad de la mujer, creada por Dios a su imagen y semejanza.  Una conducta que se esparce por el ejemplo no solo a novios y esposos, sino también a los hijos, se repite de generación en generación, y es responsable por muchísimas de las heridas emocionales y espirituales que destrozan el corazón del ser humano y dañan la esencia el matrimonio y la familia, que es la base de la sociedad.

La violencia doméstica es responsable de un altísimo por ciento de los matrimonios y familias destrozadas de nuestro país, y de muchos de los jóvenes que terminan viviendo vidas vacías, sumidos en la depresión, el alcohol, las drogas y el crimen.  Es también una de las mayores causas de muerte entre las mujeres; muerte que es muchas veces física, pero aun más, emocional.

La buena noticia es que para Dios no hay nada imposible. Cuando ponemos nuestras vidas y familias en las manos de Dios, permitimos que el Espíritu Santo inunde con su amor sanador nuestros corazones y nos damos cuentas de cuál es el plan de Dios para los matrimonios y las familias, juntos en acción y oración podemos crear conciencia, y lograr que en nuestras matrimonios y familias cristianas podamos amar como nos ama el Señor, un amor que es libre, total, fiel y fructífero.

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