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Beneficios del Matrimonio Católico para el Amor

Por Dora Tobar, PhD

La tradición católica siempre ha reconocido que el matrimonio es también una relación natural. Personas de cualquier religión, o no creyentes pueden casarse y su matrimonio es respetable y digno pues, lo sepan o no, tiene su origen en Dios mismo que al crear al ser humano le hizo capaz de amar a su pareja y entregarse a ella para formar una sola carne.

Pertenece también al sueño natural de toda pareja el poder permanecer unidos y para siempre. Esta aspiración humana tan legítima está sin embargo amenazada con frecuencia por la debilidad del corazón humano que no siempre sabe o puede ser coherente con su íntima vocación al amor. La historia del pecado ha dejado también su rastro negativo en nuestra condición y nuestras culturas haciendo a veces que no amar o ser egoístas sea más fácil que buscar en todo el bien, incluso de quienes amamos.

Por eso Jesús, Redentor de la humanidad, vino también al rescate del amor de la pareja y además de ofrecerle su salvación que libera del influjo del mal y del pecado, está dispuesto a ser la fuerza misma de amor que, unida al esfuerzo de amor de cada cónyuge, los conduzca seguros a amarse y entregarse para siempre, al igual que lo hizo El en la cruz. De este modo, la fidelidad y grandeza del amor de Cristo se convierte en la garantía misma del amor matrimonial y hace de él una alianza indisoluble. A este don tan especial se le llama también “la gracia matrimonial” y se participa de ella mediante la celebración del “sacramento del matrimonio”.

Jesús está dispuesto a ser la fuerza misma de amor que, unida al esfuerzo o consentimiento de amor de cada cónyuge, los conduzca seguros a amarse y entregarse para siempre. A esta fuerza se le llama también “gracia matrimonial”.

Como lo describe el Catecismo de la Iglesia Católica, Dios que siempre salió al encuentro de su pueblo, sale ahora, mediante el sacramento del matrimonio, al encuentro de los esposos cristianos y “permanece con ellos, les da la fuerza de tomar su cruz, de levantarse después de sus caídas, de perdonarse mutuamente, de llevar unos las cargas de los otros, de estar sometidos unos a otros en el temor de Cristo (Ef. 5, 21), y de amarse con un amor sobrenatural, delicado y fecundo” (CIC, 1642).

Cuando los cónyuges se aman con el amor de Cristo invocado y celebrado en su sacramento y consumado en su diario vivir, se convierten también en instrumentos o “ministros del amor de Dios.” Así, a través de cada uno de ellos, Dios mismo sigue sosteniendo, escuchando aceptando, acariciando y sirviendo al cónyuge y a los hijos que nazcan de su relación. Es decir, mediante la gracia matrimonial los esposos no sólo logran ser felices sino que se convierten también en instrumentos mutuos de salvación para su cónyuge.

Por eso, si aún no estás casado, o te casaste pero no conociste antes lo que Jesús tiene preparado para tu amor, puedes hacerlo ahora, buscando el sacramento del matrimonio que ofrece la Iglesia Católica o si ya lo hiciste puedes siempre renovar tus promesas matrimoniales y beneficiarte así de su gracia.

Enfermedades físicas y mentales

Dr. Alba Liliana Jaramillo

La pareja debe ser consciente de que no siempre se puede escapar a situaciones límites como la enfermedad, el fracaso, el dolor y la muerte. Todos deben pues, de alguna manera estar preparados para minimizar los efecto desastrosos que tales situaciones pueden acarrear a la vida de pareja mediante el fortalecimiento continuo de la relación y la toma de conciencia de que el amor implica sacrificio, entrega generosa, tolerancia y atención delicada de las necesidades del otro. Esto es particularmente cierto cuando el compromiso de amar en salud y enfermedad se convierte en el reto de cada diario, como se considerará a continuación:

El reto no es sólo para el cónyuge que ahora debe dar más cuidados y sacrificios que los que puede recibir, sino para el enfermo mismo que debe ahora aprender a depender y dejarse servir.

Retos ante las enfermedades mentales:

Las enfermedades mentales, aunque no siempre son tan visibles y por eso nos parecen menos alarmantes son sin embargo muy delicadas y pueden interferir directamente en la relación matrimonial e incluso imposibilitarla.

Por eso, si su pareja empieza a presentar síntomas como decaimiento, depresión, angustia, falta de motivación, estrés, agresión incontrolada, entre otros, y estos síntomas son frecuentes y duraderos, es muy importante consultar a un médico lo antes posible para así valorar el tipo de enfermedad que se padece y sobre todo la clase de tratamiento que la persona necesita.

Se debe tener en cuenta que algunas enfermedades mentales como las psicosis, las neurosis, entre otras, interfieren directamente en la relación de pareja y de familia. Por eso, una vez establecido el diagnóstico y el deterioro de esa enfermedad, el especialista determinará si es necesaria que la persona sea internada en un centro especializado o si puede continuar viviendo con la familia. Y entonces se podrán valorar también las consecuencias que esto acarrea para la pareja.

El cónyuge de un enfermo mental necesita no sólo lugares donde pueda expresar su carga emocional ante personas que realmente entiendan lo que es atender un enfermo de esta clase, sino también instrucciones claras y profesionales de cómo acompañar y favorecer el proceso de curación sin empeorar la relación de pareja.

Las redes de apoyo son por eso claves para que el cónyuge pueda asumir el cuidado o atención del enfermo, sin que esto le implique también que él o ella termine deprimida, angustiada o desesperada. Estas redes de apoyo, pueden darse entre vecinos, la  parroquia, personas que hayan tenido una enfermedad similar, páginas especializadas de Internet u organizaciones tales como: www.nami.org/español.

Retos de las enfermedades físicas:
Cuando una pareja decide comprometerse mutuamente a amarse sabe que esto implica cuidar del otro en toda circunstancia. De  alguna manera todos sabemos igualmente lo vulnerables y frágiles que somos los seres humanos. Sin embargo, la realidad de las enfermedades, sobre todo las de tipo crónico y degenerativas como la diabetes avanzada, una parálisis o una invalidez, pone a la pareja ante una crisis normal y la necesidad de hacer reajustes en su relación, no siempre fáciles de asumir.

La pareja se ve obligada por ejemplo a una reacomodación de todos los aspectos de la vida cotidiana: horarios de trabajo más flexibles; búsqueda de una casa o de un nuevo espacio que se ajuste a las necesidades del enfermo; redistribución de las finanzas  y de los gastos así como de las labores del hogar, etc. Muy posiblemente sea necesario pensar en buscar ayuda extra para que el cuidado del enfermo no sobrecargue o agote al cónyuge o a la familia en general. Muchas enfermedades limitarán incluso la vida sexual de la pareja y entonces será necesario busca expresiones de cariño y ternura que mantengan vivo el necesario intercambio de afecto. En fin, se trata de un cambio general de planes y de formas de vivir la relación que pone necesariamente en prueba la capacidad de flexibilidad y apertura a los cambios.

El reto no es sólo para el cónyuge que ahora debe dar más cuidados y sacrificios que los que puede recibir, sino para el enfermo mismo que debe ahora aprender a depender y dejarse servir. El sacrificio y la entrega generosa cobran pues aquí una dimensión muy especial que, si la logran asumir ayudará a la pareja a trascender su amor a niveles no imaginados. La entrega de Jesús en la cruz será sin duda el ejemplo que mejor los anime y la fuerza de amor que mejor pueda moverlos. Las oraciones y atenciones de la comunidad a estas parejas no deben igualmente faltar.

Profesión y familia

 Por Edgar D. Montalvo

Al Iniciar una nueva etapa en la vida es siempre importante estar seguros que sabemos lo que deseamos y los retos que esa meta nos significa. Esto es aún más importante ahora que estés pensando en contraer matrimonio.

Ahora bien, uno de los aspectos importantes por pensar y definir en este momento de tu vida es cómo vas a coordinar tus expectativas frente a tu profesión y la vida familiar al lado de tu pareja y de unos posibles hijos. Es entonces el momento para que dialogues con tu pareja sobre, al menos, los siguientes puntos:

Temas a dialogar:

  • ¿Podemos vivir con el salario de uno sólo de nosotros o es absolutamente necesario que los dos trabajemos?
  • ¿Es necesario que los dos, o al menos uno de los dos busque un trabajo más remunerativo?
  • Si los dos no han terminado los estudios, ¿cómo van a seguirse financiando los estudios, compartiendo los gastos y apoyándose mutuamente?
  • Si tienen hijos, ¿quién se encargará de cuidarlos mientras los dos, o uno de los dos, trabaja?
  • ¿Cómo se distribuirán las tareas de la crianza y los oficios de la casa para que cada cual pueda seguir desarrollando su vida de estudios o desarrollo profesional?

Para llevar a cabo este diálogo hay que tener la mente lo suficientemente abierta como para saber que las profesiones o trabajos de los dos son igualmente importantes y que por tanto deben llegar a un acuerdo que satisfaga a los dos, al tiempo que atienden las nuevas responsabilidades que un matrimonio y un hogar en común suponen.

También debes pensar que al escoger tu actual profesión o trabajo seguramente te motivaron los siguientes factores: el gusto que tenemos por esa actividad y la remuneración económica que obtendremos de ella. Sin embargo, al pasar de los años probablemente te has dado cuenta que aunque estos dos factores son importantes, no son los únicos. Y el hecho de comenzar una vida de matrimonio y familia es la ocasión perfecta para que consideres estos otros factores:

  1. Se debe trabajar para vivir y no vivir para trabajar

    • Vivimos bajo el influjo de una cultura consumista e individualista que fácilmente puede arrastrarnos a la adicción por el trabajo, con el riesgo de perder así la razón y el fin mismo del trabajo: ser un instrumento y no un fin.
    • El trabajo debe de ser el medio para realizar tus metas personales y familiares y no el medio para abstraerse del mundo exterior y sus responsabilidades. Todos los excesos son malos y aunque este exceso cause un bien aparente (como la remuneración económica) a la larga se perderá el foco de lo que es verdaderamente importante: amar y servir a los demás. Así que como dicen en mi pueblo, “ni tanto, que queme al santo, ni poco, que no lo alumbre”.
  2. El trabajo debe ser un medio de servicio comunitario

A cada uno de nosotros se nos han dado talentos especiales que nos han ayudado a que nos desarrollemos profesionalmente y tengamos una remuneración. Pero no debemos de olvidar que estos talentos no sólo deben ser usados para beneficio personal sino también para servir a la sociedad y sobre todo a aquellos menos favorecidos, tanto en recursos como en talentos.

No olvides por eso las donaciones a instituciones no lucrativas, o a aquellos que no tienen hogar, a los ancianos y demás necesitados que están entre nosotros, por que el Señor ha permitido que nunca seamos tan pobres que no tengamos algo que dar. A final de cuentas Dios no se deja ganar en la generosidad y verás como tus buenas acciones serán recompensadas por El, en el momento exacto.

En fin, al hablar con tu pareja sobre este asunto tan decisivo en la vida de las personas, ten siempre en mente que “tu profesión es tan importante como la de tu pareja”. No olvides los puntos que te acabamos de mencionar: sean realistas y hagan un amplio análisis de su economía como pareja.  Establezcan las metas que cada cual tiene en su vida y hablen de la forma como cada cual puede apoyar al otro en esas metas, a corto, mediano y largo plazo, al tiempo que está abierto a los cambios y ajustes que la nueva vida de pareja le supondrá, como el hecho de cuidar y educar a los hijos.

No pierdas pues de vista que en este diálogo estás planeando tu futuro profesional, el de la personal que amas y el de tus hijos. Así podrás sin lugar a dudas llegar al balance que los dos esperan y necesitan.

Más sobre el tema en Trabajo fuera y dentro de casa.

¿Qué estás dispuesto a compartir?

Cinthya Arcega de Montalvo

Es posible que ante esta pregunta tu primera reacción sea contestar: ¡“Por supuesto que todo”! Y ciertamente esta es la repuesta correcta de quien está pensando seriamente en contraer matrimonio. Sin embargo, es muy importante que te asegures de que has entendido lo que realmente implica “entregarlo todo” y que tu respuesta no sea sólo el impulso romántico, pero tal vez ciego o insensato, que las emociones de tu amor, o la proximidad de tu boda puedan producirte.

De hecho, tu matrimonio será el mayor compromiso que adquieras en tu vida. Es decir, te vas a “comprometer” a unir tu vida a otra persona compartiéndole, no sólo tus bienes y riquezas sino también lo que te es más íntimo, tu vida emotiva, tus sentimientos, tus sueños, tus proyectos para el fututo, tus valores, etc. Mejor dicho, se trata de darte libremente y por completo a la otra persona.

Esta entrega supone igualmente, recibir la donación del otro. Es decir, la aceptación del otro tal cual es, de tal manera que encuentre en mí comprensión, tolerancia, respeto. Y esto debe ser recíproco, es decir la entrega debe ser generosa y de ambos lados, de tal manera que ninguno quede engañado o se sienta minusvalorado. Por eso al casarte te comprometes también a tener la suficiente delicadeza para agradecer todos los detalles y gestos de amor que te entregan, por insignificante que parezcan, y a estar atento a lo que dices o haces, de tal forma que tu amado no se ofenda.

Esta capacidad de  entrega va a ser lo que haga de tu vida de pareja una relación feliz, donde cada uno pueda seguir creciendo como persona, como pareja y, cuando lleguen los hijos, como familia.

Entre más puedas compartir con tu pareja lo que eres, lo que tienes, tus ideas e ideales, así como lo que sientes y deseas, la unión indisoluble que esperas tener al contraer matrimonio, será cada vez más fuerte.

Si le entregas el don de la confianza a tu pareja y estás dispuesto a dialogar abiertamente con ella,  la otra persona te conocerá mejor y este conocimiento profundo se convertirá en  la base para que te comprenda mejor, para que te acepte más profundamente y para que su amor sea más íntimo. De otra manera ustedes pueden volverse  como extraños que, aunque vivan juntos, cada uno ignore lo que el otro piensa, quiere o siente.

Resumiendo, podemos decir que en el matrimonio compartimos:

  • Por el hecho de estar basado en una alianza irrompible, en el matrimonio se crea la confianza necesaria donde cada cual se debe sentir libre de compartir desde sus más profundos y sinceros anhelos hasta los mas excéntricos sueños.
  • Debemos poder compartir nuestros ideales, ilusiones, deseos, problemas, limitaciones, frustraciones, fracasos, triunfos.
  • Se comparte el mismo espacio (casa) y el tiempo extra que el trabajo nos deja.
  • También se debe tener una economía en común.
  • Se da la libertad y confianza para compartir nuestros cuerpos en  la relación íntima propia del matrimonio;
  • Debemos poder compartir con nuestra pareja los gustos que tengamos en común como canciones, artículos de periódico, programas de televisión, etc.

En fin, todo lo que rodea nuestras vidas es digno de compartirse y de ser recibido con respeto y gratitud.

Responsabilidades compartidas:

Otro aspecto muy importante es entender las responsabilidades que se adquieren en común y a las cuales deben contribuir los dos.

  • Compartimos las actividades, labores y responsabilidades que suponen el mantenimiento de una casa tales como la limpieza, el orden, la administración, y la cocina. Estas actividades debe por tanto repartirse de común acuerdo evitando que la carga caiga sobre una sola de las personas.
  • Compartimos la responsabilidad de manejar con respeto y responsabilidad el don de la fertilidad.
  • Compartimos la responsabilidad de la crianza y formación humana y religiosa de los hijos

¿Sientes que no estás listo para esta entrega?

Si sentiste miedo al tratar de contestar la pregunta acerca de lo que estás dispuesto a compartir, o sentiste que sólo estás dispuesto a compartir algunas cosas, es bueno que examines cuál es la raíz de tu reacción:

  • Si tu pareja no te inspira la confianza necesaria para  darlo todo por ella, entonces, no están listos. La confianza no se puede inventar. O se siente o no se siente.
  • Es posible que esta falta de confianza provenga del hecho que tu pareja “no es de confiar”, o que tú, por razones emocionales que vale la pena averiguar, sufres de celos, te cuesta confiar, o te cuesta compartir.

Cualquiera de estas razones son suficientemente serias como para que las tomes en cuenta antes de apresurarte a asumir un compromiso ante la otra persona y ante Dios. Quizás sea cuestión de tiempo, o valga la pena examinar si has escogido la persona correcta. Recuerda que nada debe obligarte. Tu entrega debe nacer de una decisión consciente, feliz y libre.

¿Qué valores compartimos?

Por Dora Tobar

Los valores tienen que ver con lo que una persona considera más importante o de más valor en su vida. Ellos determinan las preferencias, los gustos, las opciones y hasta los sacrificios que una persona está dispuesta a hacer. Conocer a una persona es por eso conocer, hasta donde sea posible, cuáles son sus valores. Este es por tanto un tema decisivo para saber si realmente estás por casarte con la persona que más te conviene.

Cuando una pareja tiene muchos valores en común, o por lo menos coinciden en los valores que los dos consideran fundamentales, podrán fácilmente entenderse y tomar decisiones en conjunto. Esos valores comunes son como el tesoro del cual se nutren las decisiones diarias, tanto para la vida de pareja como para el manejo del dinero, la crianza de los hijos, las relaciones con las familias respectivas, etc.

Hay que tener además en cuenta que no todos los valores tienen para cada persona la misma importancia. Así, aún reconociendo el valor del dinero, una persona puede decidir que conservar una amistad es más valioso que pelear por dinero con un amigo, etc. Por eso, junto a la lista de valores de una persona debemos percibir el grado de importancia que les da. Hay valores  que podemos llamar “fundamentales” o irrenunciables, valores a los cuales podemos renunciar y valores que estamos dispuestos a “negociar” con los demás.

Hay muchas maneras de descubrir los valores más importantes para una persona

  • Para comenzar, no te fijes sólo en cómo se comporta contigo ni en lo que te dice, pues durante el romance es siempre posible que la persona trate de impresionar positivamente a su pareja exagerando sus virtudes o escondiendo lo que piensa que al otro puede no gustarle.
  • Fíjate más bien en cómo se comporta y actúa con los demás: Por ejemplo, nota lo que más le preocupa a tu pareja, o lo que más admira de sus amigos y de su familia. Fíjate igualmente en la clase de personas de cuales se rodea pues, como dice el dicho, “dime con quién andas y te diré quién eres”.
  • Examina también en qué invierte su dinero y qué importancia le da a las personas y las relaciones con su familia, con sus amigos y con Dios.  Y por supuesto, infórmate qué opinan o admiran de él otras personas como los compañeros de trabajo y amigos.

Un test que puedes aplicar:

Para ayudarte en tu diálogo y descubrimiento de los valores que tienes en común con tu pareja te sugerimos que trates de llenar, primero tú solo(a) las siguientes columnas. Después pídele a tu pareja que haga lo mismo y finalmente, intercambien sus respuestas y analicen sus acuerdos y desacuerdos:

Valores que considero fundamentalesValores que puedo negociarDefectos que no puedo aceptarMis prioridades
ResponsabilidadOrdenPereza1. La vida familiar
FidelidadPuntualidadSuciedad2. El trabajo
Sensibilidad por el que sufreMaltrato3. Cuidar la figura y la salud.
ColaboraciónCelos.4. Seguir estudiando
Veracidad
Ser creyente

Más sobre este tema en “Valores en Común” y “¿Somos compatibles?”

Sexualidad y cohabitación

 Por Dora Tobar

El número de parejas que deciden irse a vivir juntas, sin casarse, está creciendo en los últimos años. Por eso, no es raro que tu pareja te proponga esta opción o que tu mismo(a) la estés considerando.

Pero seguramente el hecho de que otros lo hagan no es razón suficientes para que tú también te decidas por eso. La cohabitación, como lo muestran las estadísticas y lo repite la Iglesia, trae graves consecuencias para el futuro de tu relación y de tu familia, que vale la pena que consideres y discutas con tu pareja:

Datos estadísticos

  • Contrario a lo que muchas parejas piensan, cohabitar, en vez de preparar para el matrimonio crea precedentes en la relación que hacen que el 46% de las parejas que antes de casarse vivieron juntas terminen divorciándose (véase Why Marriage Matters: 26 Conclusions from the Social Sciences Marriage and the Public Good: Ten Principles, Witherspoon Institute, 2006).
  • Mucho menos de la mitad de las parejas que cohabitan, alguna vez se casan.
  • La mitad de las parejas que cohabitan terminan sus relaciones antes de los cinco años, aunque tengan hijos en común.
  • El aumento en la unión libre ha incrementado igualmente el número de niños que no crecen con su padre. Entre la comunidad hispana por ejemplo, el 42% de todos los niños hispanos nacidos en Estados Unidos en el 2006 son hijos de madres solteras, cuyos compañeros, en vez de responder por el hijo engendrado, encontraron en la inestabilidad de la unión libre una excusa para dejar sola a la madre (véase Pew Hispanic Center, Statistical Portrait of Hispanics in the United States, 2006, Tabla 11).
  • Las parejas casadas tiene  mejor estabilidad económica y posibilidades de progreso que las que cohabitan.
  • Las madres solas o abandonadas, y sus hijos, están entre la población más pobre.
  • Quienes iniciaron su vida de pareja en cohabitación tienden a seguir cambiando de pareja en relaciones igualmente inestables.
  • En cambio, la gran mayoría de los adultos no casados declararon que preferirían casarse. Así mismo, las estadísticas revelaron que los adultos casados son mucho más felices y tienen menos riesgos en todos los aspectos, que los que no están casados (véase Pew Research Center Publications, As Marriage and Parenthood Drift Apart, Public Is concerned about Social Impact. Executive Summary, July 1, 2007, p.1).

Los argumentos de la Iglesia

La Iglesia, más que juzgar a las parejas que optan por la unión libre y por iniciar su vida sexual fuera del contexto del matrimonio, se preocupa por los riesgos que corren y le duele ver que, por falta de buena información o por anti-testimonios, muchos jóvenes desconocen las enormes ventajas que el matrimonio aporta a la sexualidad y el amor:

  • La sexualidad, nos dice la Iglesia y lo confirma la psicología moderna, es la expresión más íntima y personal entre dos seres humanos. Por ella y a través de ella expresamos nuestra innata vocación a ser, no seres solitarios sino seres de comunión y encuentro. Como lo dice bellamente el Papa Juan Pablo II, la sexualidad es la huella divina en nuestra carne que nos recuerda que, no nacimos para algo, sino “para alguien” (Véase, Juan Pablo II, “Audiencia General #15 de Enero 16, 1980).
  •  En sí misma la sexualidad tiene por tanto la capacidad de unir no sólo dos cuerpos sino dos personas. Es decir, es el gesto que expresa y realiza la mutua donación que una mujer y un hombre pueden hacer de su ser (“carácter unitivo de la sexualidad”). La sexualidad es también la fuerza que nos conecta con el principio de la vida. Dios quiso que naciéramos por amor, y en el amor delegándonos, a través de la sexualidad, el sagrado encargo de colaborar en la procreación (carácter procreador de la sexualidad). Por eso, lo queramos o no, toda relación sexual interpela lo más profundo y sagrado del ser humano y lo expone, a él y a sus hijos,  a la posibilidad de ser recibidos y respetados o por el contario, de ser usados o minusvalorados.
  • Como lo advierte Pontificio Consejo para la familia, (Véase, Sexualidad Humana. Verdad y Significado, 11), cuando la sexualidad pierde su sentido de auto-donación, la civilización de “lo impersonal’ toma el poder: las mujeres se convierten en objetos de placer para el hombre y los hijos en estorbos para los padres.
  • El daño psicológico de vivir la sexualidad fuera de un compromiso de amor  se ve claro en la mujer quien, dada su estructura bio-química, al entregarse a la relación sexual genera una sustancia llamada “oxitocina” que la deja dependiente emocionalmente del hombre al cual se entregó. Si después de su entrega el hombre la deja, es por eso lógico que la mujer se sienta usada, se afecte emocionalmente, y hasta se deprima (véase Anonymous, M.D., Unprotected. A Campus Psychiatrist Reveals, Ed. Pinguin Group, 2006, p. 6-7).
  • Y ni hablar de las consecuencias para los hijos: Los hijos nacidos en concubinatos son con más frecuencia víctimas de toda clase de abuso y son sometidos emocionalmente a la inestabilidad de crecer en una relación sin garantía (véase Importancia del matrimonio para los hijos).
  •  Por eso, aunque la sociedad llama el concubinato como “amor libre” pues no está regido por ningún tipo de compromiso legal ni religioso, la Iglesia Católica no cesa de recordar que, precisamente la ausencia de dicho compromiso no sólo expone a la pareja y a sus hijos a toda clase de incertidumbre sino que impide, a veces a nivel muy inconsciente, que se genere en la vida de pareja la confianza profunda que debe corresponder a su nivel de intimidad sexual y de vida. Siempre habrá por eso quien sienta que esta situación en vez de darle libertad para amarse más, le da la ocasión para salir corriendo cuando se canse o deba enfrentar las dificultades normales del ajuste de una pareja.
  • Cuando en cambio una pareja tiene el coraje y el amor suficiente para declararse públicamente sus afectos y comprometerse  a una entrega de todo su ser, de cara a Dios y al mundo, no sólo le está dando a su pareja la mayor prueba de amor y respeto, sino que está creando una unión a la cual Dios mismo decide unirse para con su fuerza de Amor sellarla y garantizarla para siempre (véase CIC, #s. 2350; 2353,2390-2391; Familiaris Consortio, 81).

¿Por qué entonces conformarse con menos y arriesgar tanto? Si te decides por el amor y lo haces al estilo de Jesús, como un amor de entrega, tendrás a Dios mismo a favor de tu amor.

Más sobre este tema en Cohabitación, unión libre y matrimonio católico, Elementos para un matrimonio feliz y El compromiso.

Solución de conflictos y diferencias de carácter

 Por Alba Liliana Jaramillo

El carácter es la manera como una persona ha aprendido, a lo largo de su vida, a reaccionar y comportarse ante las diferentes situaciones. Por eso el carácter tiene mucho que ver con las herramientas que una persona usa para relacionarse o solucionar conflictos dentro de la vida de pareja.

A continuación encontrarás una descripción de los rasgos más característicos de los distintos tipos de carácter, tal como se han logrado identificar. Trata de ver cuál de esos tipos corresponde mejor a tu manera de comportarte y a la de tu pareja. Debes sin embargo tener en cuenta que estas características sobresalientes o aspectos fundamentales de la manera de ver la vida no definen totalmente ni para siempre a una persona. Todos podemos evolucionar y aprender a manejar nuestro carácter y hasta mejorarlo. Pero para ello debemos partir de reconocer dónde estamos en este momento:

  • Quien tiene un carácter nervioso, es una persona variable y tiende a ser inconstante en sus objetivos. Tiende a distraerse con sus pensamientos de inseguridad.
  • El flemático en cambio es sereno; más bien introvertido. Está atento a  comprender lo fundamental de la vida y tiende a ser ordenado.
  • En el caso del sentimental es sensible y fácilmente tiende a la frustración. Le cuesta adaptarse a nuevos retos.
  • En cuanto al colérico su carácter es irritable y tiende a ser disperso. Se tensiona con facilidad.
  • Los apasionados son imaginativos y están casi siempre ocupados.
  • Los apáticos son casi siempre introvertido, lentos en el actuar, poco sensibles y rutinarios.
  • Los sanguíneos son cerebrales, racionales, objetivos. Se adaptan fácilmente
  • Los amorfos en cambio son carentes de entusiasmo, casi siempre son perezosos, buscan soluciones fáciles y tienden a ser desordenados.

Para evitar el conflicto en una pareja con diferencias de carácter, es recomendable:

  • Trata de conocer más sobre las características del carácter del otro, para que sepas cuáles son sus puntos débiles y cuáles son sus fortalezas. Así, aprenderás a no atacarlo por la debilidad.
  • No trates de adivinar lo que el otro está pensando o sintiendo. Cada uno debe hablar de lo que siente y piensa.
  • Es muy importante que cada uno tenga espacio para expresar lo que siente y piensa, sin acaparar la palabra hasta tal punto que el otro ni siquiera puede hablar.
  • Repetir lo que el otro dijo es una buena técnica de comunicación. Esto ayuda a dar mayor claridad a lo que se entendió para evitar mal entendidos.
  • Cuando una pareja tiene diferencias de carácter, la comunicación asertiva es fundamental, es decir, deben ser directos, honestos, sin faltar al respeto es decir, sin humillar o juzgar al otro.
  • Para tener éxito en la comunicación es importante igualmente expresar con claridad lo que se quiere decir, pero también fijarse en lo que está detrás de lo que se dice (actitud y gestos) y de la forma en que se dice.

Ante conflictos ya creados en parejas con diferente carácter se debe:

  • Tener presente que, desde sus respectivos puntos de vista, ambos pueden tener la razón. Por lo tanto es necesario que ambos puedan ceder. Así el poder no se concentra en aquel que cree tener la razón siempre.
  • Es fundamental no tomar represalias frente a los comportamientos del otro, sino que exista de parte de ambos una disposición para llegar a acuerdos. Ambos deben estar dispuestos a dar lo mejor de sí mismos y no ocultar sentimientos que los llenen de veneno y rencor. Si es necesario, es importante sacar esos sentimientos y expresarle a la pareja lo dolido que se está por alguna situación en especial, para que el otro pueda entender lo que el otro está sintiendo.
  • Cuando los problemas y las diferencias de carácter se ventilan adecuadamente a través de una defensa adecuada de los propios puntos de vista, la pareja empieza a cultivar una actitud de confianza y esperanza en que los problemas van a tener siempre una solución adecuada.

Más sobre este tema en Herramientas para solución de conflictos y Comunicación. Lecturas complementarias: Geneviève Hone y Julien Mercure, Las Estaciones de la Pareja, Ed. Sal Terrae, 1996; Aaron Beck, Con el amor no basta: cómo superar malentendidos, resolver conflictos y enfrentarse a los problemas de pareja.  Ed. Paidos 1990; Escobar Isaza, Gustavo Adolfo, Hacerse Pareja: Guía para construir una relación duradera. Editorial Mad, SL, 2005

Gastos para la boda

Considerando las finanzas y presupuesto para su día de bodas

Por Cynthia Psencik

Acaban de comprometerse. Han fijado la fecha para su boda. ¿Ahora qué?

La decisión de cuánto gastar en una boda es algo bien personal. Cada pareja es diferente y existen muchos factores que se deben considerar. Por ejemplo, las tradiciones y expectativas de la familia de ambas parejas pueden jugar un papel esencial en la planificación del día de la boda. También se consideran los gastos individuales de cada pareja y sus propios ahorros. La realidad es que la mayor parte de las parejas no entran al compromiso con ahorros para su boda.

Para muchos, el día de bodas se anticipa como el acontecimiento más importante en la vida de la pareja. Durante la emoción de planificar el día de bodas, muchas veces se pueden sobrepasar los gastos con el fin de tener el “día ideal.” Claro, para muchos, con Dios mediante, sería la única vez que planificarían tan gran acontecimiento, y entramos con mucha ilusión para que cada detalle sea perfecto. Por esta razón, crear un presupuesto para la boda es un paso bien importante que la pareja debe tomar para que ambos estén en la misma página. Esto también les ayuda a resaltar las prioridades para su gran día.

Durante nuestro retiro de noviazgo, Evan y yo hablamos acerca de nuestras finanzas y la relación que cada uno teníamos con el dinero, como también de nuestros ahorros y nuestras deudas. Naturalmente, los ahorros y las deudas de cada uno se convertirían en las nuestras. Por lo tanto, cuando nos comprometimos, lo primero que dialogamos fue cuál era la máxima cantidad, de modo realista, que podríamos gastar para nuestro día de boda. Para llegar a este número, teníamos que tomar en cuenta nuestro ingreso, nuestros gastos, y nuestros ahorros. También hay que hablar sobre si van a recibir alguna ayuda financiera de sus familiares o amigos. Es común en muchos lugares pedir a los familiares y amigos que sean “padrinos” de distintos elementos de la boda y la recepcion. Llegar a un número total es el primer paso y uno de los más importantes que se debe tomar antes de empezar sus planes. El siguiente paso es determinar sus prioridades como pareja. Por ejemplo, Evan y yo decidimos poner nuestra fecha para un año después de nuestro compromiso e irnos de luna de miel inmediatamente después de la boda. Esto nos ayudó a amortizar nuestros gastos y evaluar el resto del costo para la boda. Tercero, es hacer su tarea de ver qué tanto cuesta todo.

El presupuesto puede variar dependiendo de los detalles que desean realizar en su boda.  Por ejemplo, una cena íntima después de una ceremonia es obviamente menos costosa que un banquete de 200+ personas. Un gran detalle de notar es que los gastos para la boda incrementan basados en cuántas personas son invitadas. Esto determina cuántas mesas, platos, invitaciones, souvenirs (recuerdos) etc., deben ordenar. Teniendo en mente que los gastos para la boda son por cada persona invitada, les ayuda a mantener la perspectiva de cuánto pueden presupuestar. Por eso es esencial también estar de acuerdo con su lista de invitados. Como sugerencia personal, si no han hablado con ese amigo o amiga de la escuela primaria por hace años, es tiempo de discernir si es necesario invitarlo.

Desarrollar un presupuesto personal les puede ayudar a crear su presupuesto para la boda. El presupuesto personal toma nota de su ingreso, gastos diarios y sus metas de ahorro. De esta manera, les puede ayudar a organizar las prioridades para su boda. Como sugerencia, pueden crear una lista de las categorías que deben tomar parte en su boda y organizarlas por orden de importancia (ej. flores, música, fotografía, etc.). Y también dialogar como pareja las áreas no negociables que deben de estar presentes en su gran día. Por ejemplo, para Evan y para mí, tener comida deliciosa era más importante que contratar una banda de música en vivo. Esto les ayuda a colocar un porcentaje de sus gastos en sus prioridades y decidir cómo usar el balance en los gastos no tan esenciales.

Otro detalle que puede afectar su presupuesto son sus planes inmediatos después de casarse. Por ejemplo, ¿piensan comenzar una familia en seguida? ¿O piensan comprar un hogar? Algo que puede suceder durante la euforia de los planes de boda es gastar más dinero que su ingreso, y pasar sus primeros años pagando las deudas de su boda. No es buena idea comenzar sus vidas endeudados por la boda. Leí en algún material de Pre-Cana que la boda es solo un día, pero el matrimonio es para toda la vida.

Claro, eso no significa que no pueden tener la boda de sus sueños. Si en realidad es su prioridad, es importante que como pareja dialoguen acerca de cuáles sacrificios y compromisos están dispuestos a hacer para lograrlo, tomando en cuenta que puede que signifique que la fecha sea a largo plazo. Por ejemplo, pueden decidir reducir gastos mensuales (salida de cenas, vacaciones, etc.) durante la temporada de sus planes de boda y ahorrarlo para la boda. La comunicación en cada etapa de sus planes debe mantenerse clara y concreta. Algo que les ayudaría es descargar una aplicación financiera donde ambos tengan acceso a depositar y revisar el balance de su cuenta, y también organizar un presupuesto. Pueden bajar plantillas para presupuesto de bodas en Excel, y también pueden descargar esta simple planilla aquí. No se olviden de incluir en el presupuesto los elementos de la liturgia. Por ejemplo, la cantidad que pide la parroquia por tener la boda, una donación al que preside, un estipendio para los cantores y músicos, los adornos en el templo, programas, etc.

Estas son solo unas sugerencias. Las necesidades y deseos de cada pareja son diferentes, por eso es esencial tener la conversación acerca de la visión para su boda durante su noviazgo si ya han discernido el matrimonio. Actualmente, en las redes sociales, existen influencers dándonos un vistazo a su gran día. Vemos arreglos extravagantes y podemos crear expectativas que a veces no están a nuestro alcance. No debemos sentirnos presionados por tener una boda más allá de lo que podamos gastar. Es importante siempre recordar la razón por la cual decidieron casarse. Como católicos, no existe nada más importante que el Sacramento. Toda boda es hermosa porque se trata del amor de la pareja, que se refleja en el amor de Dios por su Iglesia. El San Juan Pablo II nos dice: “La gracia y el vínculo sacramental hacen que como símbolo y participación del amor dé Cristo-Esposo, la vida conyugal sea, para los esposos cristianos, el camino de su santificación y, al mismo tiempo, para la Iglesia un estímulo eficaz para reavivar la comunión de amor que la distingue”. El esposo y la esposa crean el camino hacia la santificación del uno al otro. Mantengan esta frase como su enfoque durante su planificación.

Planificar y ahorrar para una boda puede igualmente ser causa de estrés como también de mucho júbilo. Al final del día se trata de crear un balance que funcione para ti y tu pareja. Es una jornada hermosa que debe de traerles alegría durante su etapa de planificación hasta llegar hacia el altar.

 

Cynthia y Evan Psencik han estado casados por casi 6 años. Cynthia era la Directora para el Ministerio Juvenil en la Arquidiócesis de Nueva York pero ahora trabaja para el Instituto GIVEN y Evan trabaja como maestro de Teología en la escuela secundaria, Cardenal Spellman en el Bronx. Actualmente viven en el Estado de Connecticut.

 

Bodas Sencillas

Por la Hermana Patricia Brown, SSMN

Muchas parejas, aún sintiéndose ya listas para el matrimonio, retrasan la boda y hasta inician su vida en común sin antes celebrar el sacramento del matrimonio, porque no tienen dinero para festejar.

Y claro que todos desean poder tener un lindo vestido para ese día, e invitar a familiares y amigos a unirse a su alegría ofreciendo para ellos una gran fiesta, con flores, música y buena comida. Sin embargo, si ese es tu caso, queremos que consideres lo siguiente:

  • Celebrar el matrimonio es distinto de festejarlo. La celebración tiene que ver con el momento sagrado en que frente al altar la pareja se entrega el uno al otro, teniendo a Dios como testigo y fundamento para su entrega total y fiel. La fiesta es la forma como se invita a familiares y amigos a participar de esta alegría, pero no es esencial al matrimonio en sí mismo.
  • El día de la boda es sólo un momento, el matrimonio es para toda la vida.   Hoy en día, las influencias culturales presionan a las parejas a gastar mucho dinero en la fiesta de bodas. El elevado costo de estas fiestas hacen que muchas veces las parejas empiecen su vida matrimonial con deudas que les traen al final más problemas que alegrías.
  • Lo único que la Iglesia les pide como contribución económica, para celebrar con ustedes el rito del Sacramento del matrimonio, corresponde al costo del uso del templo (costo de iluminación, etc.),cuando la ceremonia se realiza fuera del horario normal de las misas a los fieles. Pero si aún así no pueden dar esa contribución, hablen con el sacerdote encargado y con seguridad el les dará una ayuda. Los costos adicionales dependen de la música, las flores y el alquiler del tapete rojo de la entrada, etc. Pero todos estos costos son accesorios y se pueden omitir.
  • Los bienes que para la pareja y su futura familia aporta la gracia del sacramento no tienen precio. Dios mismo garantizó su presencia en medio de aquellos que prometen amarse como El nos ama. Esto da a las parejas, que inician su vida en común o a aquellos que ya estaban conviviendo, la posibilidad de contar con su especial asistencia para llevar a delante su amor y compromiso.

Ciertamente el matrimonio no es un asunto puramente privado sino que por ser un sacramento y la base para la formación de una familia estable, tiene repercusiones comunitarias y para la sociedad. Por eso tiene sentido el que se realice frente a familiares, amigos y frente a la comunidad eclesial. Por eso mismo la Iglesia se alegra alternativas convenientes, como la creada por la hermana Jan Mengenhausen (Oficina para la vida Familiar de la Diócesis de Omaha), que se conoce como “Bodas Sencillas”

El programa de “Bodas Sencillas” invita a que varias parejas que se van a casar, o a convalidar sacramentalmente su unión, se preparen juntos el rito y los festejos. Así las parejas se sienten protagonistas de su celebración, como lo indica la Iglesia. La fiesta puede realizarse en un salón de la misma parroquia, donde de manera sencilla pero elegante y muy sentida, los nuevos esposos puedan hacer un brindis, partir una torta y ofrecer unos bocadillos a todos los que decidieron acompañarlos en ese momento tan especial de sus vidas. Si hay otras parejas que se preparan al mismo tiempo, pueden decidir, de común acuerdo, hacer una celebración colectiva. Así, se comparten los gastos y todos tiene ocasión de festejar.

Happy family with a shopping cart

La gracia de dar gracias

Los seres humanos somos personas muy particulares. En nuestra cultura de hoy, con sus prisas, sus demandas de inmediatez y las tensiones y ansiedades que estas nos generan, la mayoría somos propensos a quejarnos cuando algo va o sale mal, incluyendo cuando no nos dan un buen servicio o cuando no se nos proveen nuestras demandas en el tiempo que esperamos. Estas mismas actitudes las llevamos al ámbito espiritual y vivimos nuestra relación con Dios con expectativas irreales de que Dios tiene que darnos en nuestra vida personal, marital y familiar, las cosas, los cambios y las soluciones que deseamos en el momento y el modo en que las deseamos.

Esta actitud se traduce en que vivamos nuestras vidas en un constante pedirle y reclamarle a Dios, que no sólo aumenta nuestra angustia, sino que nos nubla la percepción a todas las cosas maravillosas con las que Dios nos bendice cada día de nuestra vida. Vivir de esa manera nos lleva muchas veces sin darnos cuenta a ser desagradecidos con Dios en la cotidianidad y por ello muchas veces perdemos de recibir la gracia que Dios promete a aquellos que con corazón sincero, manifiestan su gozo en las bendiciones recibidas, expresando a Dios abiertamente su agradecimiento. La Palabra de Dios nos habla claramente en la carta a los Tesalonicenses 5:18 en donde Pablo dice que demos gracias a Dios en todo “porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”. Nuestro Señor Jesús también nos habló del único de los diez leprosos que regresó a agradecer su curación, preguntándole qué les paso a los otros nueve. Pero aquel que tomó el tiempo para agradecer, recibió de Jesús la gracia de su toque y su amor sanador (Lc. 17:11-19).  Igualmente, Su Palabra nos recuerda que él no desprecia a un corazón agradecido.

Ser agradecidos es una virtud que nos ayuda también a mantener una actitud más positiva en nuestro diario vivir, la cual nos ayudará también a mantener el buen humor y la paciencia que requiere para llegar a tener y mantener una relación conyugal y familiar más sana y feliz. No en vano el Señor nos invita a ser agradecidos. Él que nos creó y como tal nos conoce, sabe que ser agradecidos nos hace bien y ultimadamente, Él lo que quiere es que seamos felices.

Por ello te invitamos a hacer del agradecimiento una parte integral de tu vida personal, conyugal y familiar. Da gracias por tu vida, tu pareja, tus hijos, tu familia extendida, tu salud, tu trabajo, la belleza de la creación a tu alrededor, la mirada tierna de tu madre y hasta las pruebas y dificultades que enfrentes en la vida, las cuales te llevan a ser cada día una persona mejor. Promueve en los tuyos también la virtud del agradecimiento y den gracias también unidos y verás que ser agradecido, ¡es una gracia de Dios!

Matrimonio, base sólida de la familia

Siempre escuchamos decir que la familia es la base de la sociedad, pero pocas veces nos damos cuenta conscientemente de que el matrimonio es a su vez la base sólida en el cual se cimienta la familia. Múltiples estudios psicológicos y sociológicos demuestran claramente que el elemento que más afecta a los hijos, positiva o negativamente, es la calidad de la relación que llevan los padres. Si entre ellos hay constantes discusiones, peleas, insultos y malos tratos, o si simplemente se ignoran y no llevan una relación abierta, amorosa y sana, los hijos crecen inseguros, inestables y hasta rebeldes. Por el contrario, si la relación de los padres es una de armonía, amor, respeto y comunicación positiva y efectiva, los hijos crecen serenos y felices. Realmente no es necesario leer ninguno de estos estudios para darse cuenta, por experiencia vivida, de esta contundente verdad.

No pretendemos decir que debemos tener una relación de pareja “perfecta” para tener una familia estable y feliz. Todos somos humanos y en ciertos momentos cometeremos errores. Pero deseamos crear conciencia de la importancia de tener una relación de pareja sana. Es por ello que las Sagradas Escrituras, el Catecismo de la Iglesia Católica y múltiples documentos eclesiales y teológicos nos indican la importancia del matrimonio para la familia, la Iglesia y la sociedad. Al meditar esta realidad, nos damos cuenta de que si el matrimonio está sólido, la familia también lo está; y si la familia está bien, la sociedad está mucho mejor. No nos sorprende entonces las enseñanzas de la Iglesia que nos muestran que el matrimonio (la unión del hombre y la mujer en una sola carne, unidos en el amor eterno de Dios) es el reflejo vivo del amor de Dios en la tierra.

Por ello, si la pareja quiere tener una familia sólida, estable y feliz, debe primero desarrollar una relación conyugal sana en la cual reine el respeto mutuo y en la que el amor entre los dos sea el vehículo para ofrecer a los hijos, y por consiguiente a la familia entera, un ambiente propicio de amor y paz.