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Infidelidad

 Por Valentín Araya

De acuerdo a los expertos, la infidelidad se va gestando, poco a poco, mucho antes de que uno de los dos se decida a ser infiel. Comunicación deficiente, hábitos dañinos, rutinas aburridas, malhumores, poco tiempo para compartir con su esposo(a), desgano sexual, y lucha de poderes, etc., se podrían contar entre las causas de la infidelidad.

El machismo, por otro lado, puede inducir a algunos hombres a pensar que tienen el “derecho” a tener aventuras amorosas fuera del matrimonio. Este puede incluso hacer que culturalmente el hombre “macho” se sienta presionado a ser infiel, para demostrar su “hombría”.

Así mismo, ciertos traumas o experiencias sexuales en la infancia o adolescencia pueden llevar a algunas personas a obsesiones no saludables por el sexo, a la infidelidad o a fuertes rechazos de las relaciones sexuales.

Otra causa importante de infidelidad es la ausencia de Dios en la vida de una persona. Sin Dios, la persona puede sentirse más libre y vulnerable frente a las influencias de la sociedad libertina y hedonista y optar por la infidelidad.

La alternativa del perdón y la reconciliación

La infidelidad es la herida más profunda que un cónyuge le pueda hacer a otro y, por tanto, la ofensa más difícil de perdonar. Con todo, muchas personas, movidas por su fe cristiana, logran descubrir el poder del perdón e inician el proceso largo, difícil y doloroso de perdonar.

Con el perdón, la persona no está ignorando el daño recibido, justificando tal comportamiento o disponiéndose a que le vuelvan a ser infiel. Su decisión sólo significa que renuncia a la venganza y se decide a superar el dolor, liberándose del rencor y los resentimientos, como medio para sanar su herida.

Algunos matrimonios también logran llegar a una reconciliación y restablecer su relación conyugal. Esto requiere que la persona infiel haga los méritos suficientes para ganarse de nuevo la confianza de su cónyuge y que la víctima aprenda a confiar nuevamente en su esposo(a). Intentar ver a su cónyuge con los ojos misericordiosos de Dios facilita esta decisión. Con todo, los expertos estiman que este proceso puede durar entre dos y cuatro años, siempre que la conversión sea sincera y los esposos reciban la ayuda profesional y espiritual necesaria.

Muchas matrimonios reportan que después de llegar a la reconciliación, cuando la herida ha sanado por completo y la confianza se ha restablecido, experimentan mucha más cercanía, amor y seguridad en su relación conyugal.

Perdonar es siempre la mejor opción. Si estás experimentando el dolor causado por una infidelidad, busca ayuda. La felicidad te espera al final del proceso.

Herramientas para la solución de conflictos

 Por Dr. Alicia Pérez-Nuño

Aunque el matrimonio está fundado en el amor es natural que las parejas encuentren diferencias y dificultades que deben aprender a reconocer y resolver, para evitar el conflicto. Un conflicto no es un desacuerdo. Los desacuerdos son normales. Pero cuando los desacuerdos no son respetados o causan problemas en la pareja, se convierten en conflictos.

Muchas diferencias en la pareja provienen del hecho que cada uno trae consigo su propia experiencia de vida y cultura. Es decir, con frecuencia  cada cónyuge tiene una forma de hacer las cosas y de ver el mundo muy distintas, según lo aprendieron en sus respectivas familias o en el ambiente donde crecieron.

En la familia cada individuo aprende cómo resolver dificultades y conflictos de acuerdo a como lo hicieron sus padres y quienes los rodeaban, así como la forma de expresar la rabia o frustración. En algunas familias, por ejemplo, no se permite que los hijos expresen su enojo o rabia. Por eso estas personas crecen no sabiendo qué hacer con estos sentimientos. Cuando se casan, al primer signo de conflicto, ellos pueden pensar que hay algo muy malo en su relación; que se equivocaron de pareja e incluso deseen el divorcio.

La cultura también nos enseña cómo actuar frente a los conflictos. Por ejemplo, en muchas de las culturas latinoamericanas mientras al hombre se le permite no sólo expresar su enojo sino incluso ser agresivo, a la mujer por el contrario se le ha enseñado a quedarse callada para evitar los conflictos, no expresando lo que siente o necesita. Este tipo de actitudes aprendidas de la cultura y en la familia son precisamente las que hacen difícil que haya un diálogo franco entre los dos cónyuges, que les permita crecer juntos y resolver sus conflictos de una manera saludable.

La experiencia de vida también cuenta a la hora de formarnos una visión del mundo; Lo que puede causar miedo o ser difícil para alguien, no lo es para otro, según haya aprendido a vivir con eso o no. Por ejemplo, alguien que creció con personas enfermas sabe cómo sobrellevar esta situación mejor que quien nunca tuvo a alguien con limitaciones de salud o físicas en su casa. Nuestras reacciones tienen mucho que ver con el mensaje que tengamos asociado con ese fenómeno. Y por supuesto, los dos miembros de la pareja no siempre tienen las mismas experiencias.

Es claro entonces que el pasado de una persona (lo que aprendió de su familia, de su cultura o de su experiencia de vida) es muy importante para entender sus reacciones y sus formas de ver la vida. Por eso novios y esposos deben interesarse en conocer el pasado, las raíces, la historia personal y los recuerdos de su pareja, para tratar de entender también qué huella han dejado estos en su vida y ser así más comprensivos y menos conflictivos.

Conocer que no todos aprendimos lo mismo ni de la misma manera debe igualmente ayudarnos a relativizar nuestra manera de hacer las cosas, si al final se llega al mismo resultado. Así por ejemplo,  “aunque haga el arroz con una receta diferente a la de mi mamá, lo importante es que sabe igual de sabroso“.

Todos podemos tener una manera de pensar diferente, sin que esto, necesariamente cause un conflicto. Nuestras actitudes ante las diferencias son las que determinan si estas se van a convertir en un conflicto o no.

Nuestras actitudes ante las diferencias son las que determinan si estas se van a convertir en un conflicto o no.

He aquí algunas actitudes que los expertos señalan como de gran ayuda para favorecer el diálogo y la solución de conflictos:

  • Con frecuencia pensamos que lo que nos gusta a nosotros o nos alegra va a halagar a nuestra pareja. Sin embargo con el tiempo y observación, nos damos cuenta que esto no es tal. La  comunicación entre parejas debería mejorar con el tiempo. Las parejas entre más se conocen puede estar más atentas a las necesidades del otro.
  • Mejore su habilidad y disposición para escuchar. No se puede entrar en comunicación con una persona que no desee escuchar. Y para escuchar, se necesita poner toda la atención a la persona que le habla.
  • Aprenda a expresar sus puntos de vista, deseos o necesidades. Nadie sabe mejor lo que una persona piensa o necesita que ella misma. Por lo tanto esperar que la otra persona le adivine el pensamiento es irreal.
  • Tenga una mente abierta donde puedan caber otras opciones y formas de ver una realidad. Nadie posee toda la verdad. El punto de vista de otro puede además enriquecerle.
  • Diga las cosas sin ofender, procurando dar a la otra persona el beneficio de la duda. Esto quiere decir, que al expresar un desacuerdo o enojo sea capaz de usar un lenguaje que exprese el interés por saber  o comprender el porqué de las actitudes o comportamientos de la otra persona, sin culparlo o descalificarlo. Por ejemplo, diga: “¿Lo que quieres decirme es que te molesta mi desorden?”. Esta es quizás una de las mejores herramientas para la comunicación.
  • Procure hablar de un asunto a la vez, no se salgan del tema. No caiga en la trampa de responder a insinuaciones o conductas destructivas que desvíen la comunicación y hagan que el conflicto se agrande.
  • Procure asumir la responsabilidad por aquello en lo que usted considere que ha contribuido al problema. Puede decir, por ejemplo, “yo reconozco, o, lamento que yo…”. Cuando se intenta resolver un conflicto con frecuencia se busca la reconciliación. Pero si no tomamos responsabilidad por nuestros actos o pedimos disculpas, el encontrar una solución al conflicto será más fácil.

Aunque todas estas habilidades le serán de mucha utilidad se debe reconocer que quizás, lo más importante para la buena comunicación es el cómo se ve usted mismo(a), es decir, su auto estima. Esto significa valorarse y al mismo tiempo saber reconocer sus errores. Finalmente, no olvide tratar de ponerse en el lugar del otro, es decir, esté dispuesto a reconocer que en muchas ocasiones si usted estuviera en las mismas circunstancias posiblemente actuaría igual o quizá hasta peor.

Si desea aprender técnicas de resolución de conflictos se recomiendan los siguientes talleres que se dan en varios lugares del país: “Comunicación Activa” del Active Relationship Center y “Habilidades para Familias Saludables” del Family Wellness Association.

Lecturas complementarias: Escobar Isaza, Gustavo Adolfo, Hacerse Pareja: Guía para construir una relación Duradera. Editorial Mad, SL, 2005; Aaron Beck, Con el amor no basta: cómo superar malentendidos, resolver conflictos y enfrentarse a los problemas de pareja. Ed. Paidos, 1990; Gustavo Salesman, Cómo llegar a obtener un matrimonio feliz. Ed. San Pablo.

Enfermedades físicas y mentales

Dr. Alba Liliana Jaramillo

La pareja debe ser consciente de que no siempre se puede escapar a situaciones límites como la enfermedad, el fracaso, el dolor y la muerte. Todos deben pues, de alguna manera estar preparados para minimizar los efecto desastrosos que tales situaciones pueden acarrear a la vida de pareja mediante el fortalecimiento continuo de la relación y la toma de conciencia de que el amor implica sacrificio, entrega generosa, tolerancia y atención delicada de las necesidades del otro. Esto es particularmente cierto cuando el compromiso de amar en salud y enfermedad se convierte en el reto de cada diario, como se considerará a continuación:

El reto no es sólo para el cónyuge que ahora debe dar más cuidados y sacrificios que los que puede recibir, sino para el enfermo mismo que debe ahora aprender a depender y dejarse servir.

Retos ante las enfermedades mentales:

Las enfermedades mentales, aunque no siempre son tan visibles y por eso nos parecen menos alarmantes son sin embargo muy delicadas y pueden interferir directamente en la relación matrimonial e incluso imposibilitarla.

Por eso, si su pareja empieza a presentar síntomas como decaimiento, depresión, angustia, falta de motivación, estrés, agresión incontrolada, entre otros, y estos síntomas son frecuentes y duraderos, es muy importante consultar a un médico lo antes posible para así valorar el tipo de enfermedad que se padece y sobre todo la clase de tratamiento que la persona necesita.

Se debe tener en cuenta que algunas enfermedades mentales como las psicosis, las neurosis, entre otras, interfieren directamente en la relación de pareja y de familia. Por eso, una vez establecido el diagnóstico y el deterioro de esa enfermedad, el especialista determinará si es necesaria que la persona sea internada en un centro especializado o si puede continuar viviendo con la familia. Y entonces se podrán valorar también las consecuencias que esto acarrea para la pareja.

El cónyuge de un enfermo mental necesita no sólo lugares donde pueda expresar su carga emocional ante personas que realmente entiendan lo que es atender un enfermo de esta clase, sino también instrucciones claras y profesionales de cómo acompañar y favorecer el proceso de curación sin empeorar la relación de pareja.

Las redes de apoyo son por eso claves para que el cónyuge pueda asumir el cuidado o atención del enfermo, sin que esto le implique también que él o ella termine deprimida, angustiada o desesperada. Estas redes de apoyo, pueden darse entre vecinos, la  parroquia, personas que hayan tenido una enfermedad similar, páginas especializadas de Internet u organizaciones tales como: www.nami.org/español.

Retos de las enfermedades físicas:
Cuando una pareja decide comprometerse mutuamente a amarse sabe que esto implica cuidar del otro en toda circunstancia. De  alguna manera todos sabemos igualmente lo vulnerables y frágiles que somos los seres humanos. Sin embargo, la realidad de las enfermedades, sobre todo las de tipo crónico y degenerativas como la diabetes avanzada, una parálisis o una invalidez, pone a la pareja ante una crisis normal y la necesidad de hacer reajustes en su relación, no siempre fáciles de asumir.

La pareja se ve obligada por ejemplo a una reacomodación de todos los aspectos de la vida cotidiana: horarios de trabajo más flexibles; búsqueda de una casa o de un nuevo espacio que se ajuste a las necesidades del enfermo; redistribución de las finanzas  y de los gastos así como de las labores del hogar, etc. Muy posiblemente sea necesario pensar en buscar ayuda extra para que el cuidado del enfermo no sobrecargue o agote al cónyuge o a la familia en general. Muchas enfermedades limitarán incluso la vida sexual de la pareja y entonces será necesario busca expresiones de cariño y ternura que mantengan vivo el necesario intercambio de afecto. En fin, se trata de un cambio general de planes y de formas de vivir la relación que pone necesariamente en prueba la capacidad de flexibilidad y apertura a los cambios.

El reto no es sólo para el cónyuge que ahora debe dar más cuidados y sacrificios que los que puede recibir, sino para el enfermo mismo que debe ahora aprender a depender y dejarse servir. El sacrificio y la entrega generosa cobran pues aquí una dimensión muy especial que, si la logran asumir ayudará a la pareja a trascender su amor a niveles no imaginados. La entrega de Jesús en la cruz será sin duda el ejemplo que mejor los anime y la fuerza de amor que mejor pueda moverlos. Las oraciones y atenciones de la comunidad a estas parejas no deben igualmente faltar.

Adicción

 Por Valentín Araya

Las adicciones son enfermedades que afectan el cerebro y el comportamiento de las personas y son la causa número uno de destrucción personal, matrimonial, familiar y social. Las adicciones pueden ser clasificadas en dos grandes grupos: adiciones a sustancias y adicciones psicológicas.

Entre las adicciones a sustancias se puede nombrar: el alcohol, el cigarrillo, la marihuana, la heroína, la cocaína, el crack, el éxtasis y otras. Entre las adicciones psicológicas están: la pornografía, el sexo, los juegos de azar, la comida, la televisión, el Internet, las salas de charlas en la red, etc.

La persona adicta piensa constantemente en el objeto de su adicción y siente una necesidad urgente de ingerir la sustancia o hacer la actividad de la cual es adicto y que le permite experimentar una sensación de placer y euforia momentánea. Esa euforia es lo que le lleva a querer repetir la experiencia una y otra vez, hasta convertirla en una dependencia irracional e incontrolable.

Esa dependencia hace que la persona, poco a poco, vaya perdiendo el control sobre su propia persona. Empieza por faltar al trabajo, descuidar su familia, su persona y las realidades importantes de su vida, hasta caer en un círculo vicioso de ansiedad, caos, y búsqueda del placer en la adicción. La pareja, la familia y el trabajo pasan así a un segundo plano.

Las adicciones causan daños en el cerebro y en los órganos vitales, como el hígado y los riñones, y causan infartos, hipertensión, hemorragias cerebrales, cáncer, problemas del aparato respiratorio, etc. Las consecuencias psicológicas van desde dificultad de concentración hasta la destrucción familiar y severos problemas financieros.

Una de las adicciones más comunes y dañinas entre los hispanos es al alcohol o licores, si bien socialmente es tan aceptada pues el licor se ofrece en todo tipo de celebraciones y fiestas. Esto agrava la condición de los alcohólicos, pues además de que todos ellos tienden a negar su condición, el uso social tan extendido del licor les sirve de excusa.

Las consecuencias de las adicciones van desde dificultad de concentración hasta la destrucción familiar y severos problemas financieros.

Buscar ayuda

Para evaluar el abuso o dependencia al alcohol (véase Instituto Nacional de la Salud: “Alcoholismo y abuso de alcohol”).

Grupos de apoyo para Alcohólicos Anónimos (AA) en tu área, llama al (212) 870-3400. Busca bajo “Alcohólicos Anónimos” en tu guía telefónica o escribe a: A.A. World Services, Inc. P.O. Box 459. New York, NY 10163.

Abuso de sustancias, visite: www.findtreatment.samhsa.gov/images/loc_short.pdf; www.otrascosas.com/vidasana/categoria.asp?idcat=157

Cónyuges o hijos/s de adictos al alcohol, consulten: https://al-anon.org/es/

Para encontrar recomendaciones para el tratamiento de la adicción a la pornografía visita: Crea en mí un corazón puro: Una respuesta pastoral a la pornografía‎. Libros: Narciso Irala S.J., “Control Cerebral y Emocional”, Ed. Mensajero. Bilbao, 1978, y Rev.  Miguel Ángel Fuentes, “La Trampa Rota”, Ed. IVE, 2008.

Adicciones psicológicas, consulta con tu doctor.

Una voz que pide ayuda

Ciertamente nuestro pueblo hispano atesora el valor de la familia. Sin embargo, es también una realidad que los hispanos somos el segundo grupo étnico con mayor incidencia de violencia doméstica en Estados Unidos. Esta es una estadística real aun entre personas que asisten a nuestras iglesias en las diferentes diócesis de esta gran nación.

En su carta pastoral sobre la violencia doméstica, los Obispos de Estados Unidos definen el abuso como “cualquier clase de comportamiento utilizado por una persona para controlar a otra a través del miedo y la intimidación. Éste incluye el abuso emocional y psicológico, los golpes, y el ataque sexual” (Cuando pido ayuda: Una respuesta pastoral a la violencia doméstica contra de la mujer del Comité de Obispos sobre el Matrimonio y la Vida Familiar, USCCB).

Es trágico ver cómo la dignidad de las personas, lastimosamente en su mayoría mujeres, es destruida por la violencia doméstica de sus parejas, hijos/as, padres y otros familiares. Muchas veces la violencia doméstica nace de actitudes arraigadas y aprendidas en nuestra cultura, tales como el machismo, las adicciones al alcohol y las drogas (que limitan la capacidad cognitiva y emocional de las personas), al igual que las tensiones extremas que enfrentan muchos hispanos por su situación inmigratoria, la falta de trabajo y la discriminación.

Pero aunque las razones que dan pie a actitudes violentas entre hispanos son reales, la violencia doméstica no es aceptable ni justificable bajo ningún concepto. Los Obispos claramente nos dicen que “[e]n realidad, la violencia en contra de cualquier persona es contraria al mensaje del Evangelio de Jesús de Ámense los unos a los otros como yo los he amado”. Este tipo de violencia también es un crimen que se paga con la cárcel (Ibid.).

De igual modo, las Sagradas Escrituras nos enseña que cualquier cosa que hagamos al cuerpo humano, ya sea el nuestro o al de otra persona, se lo estamos haciendo al templo de Dios (1 Cor 3: 16). Oremos porque que el Espíritu Santo ilumine la mente y el corazón de los agresores para que se abran a la cultura de la vida y del amor.

 

Sigue aprendiendo en nuestra página de recursos: La Violencia Doméstica

Encontrar ayuda

Línea nacional de la violencia doméstica

1-800-799-SAFE (7233)

Chat seguro en línea: https://espanol.thehotline.org/

Gastos para la boda

Considerando las finanzas y presupuesto para su día de bodas

Por Cynthia Psencik

Acaban de comprometerse. Han fijado la fecha para su boda. ¿Ahora qué?

La decisión de cuánto gastar en una boda es algo bien personal. Cada pareja es diferente y existen muchos factores que se deben considerar. Por ejemplo, las tradiciones y expectativas de la familia de ambas parejas pueden jugar un papel esencial en la planificación del día de la boda. También se consideran los gastos individuales de cada pareja y sus propios ahorros. La realidad es que la mayor parte de las parejas no entran al compromiso con ahorros para su boda.

Para muchos, el día de bodas se anticipa como el acontecimiento más importante en la vida de la pareja. Durante la emoción de planificar el día de bodas, muchas veces se pueden sobrepasar los gastos con el fin de tener el “día ideal.” Claro, para muchos, con Dios mediante, sería la única vez que planificarían tan gran acontecimiento, y entramos con mucha ilusión para que cada detalle sea perfecto. Por esta razón, crear un presupuesto para la boda es un paso bien importante que la pareja debe tomar para que ambos estén en la misma página. Esto también les ayuda a resaltar las prioridades para su gran día.

Durante nuestro retiro de noviazgo, Evan y yo hablamos acerca de nuestras finanzas y la relación que cada uno teníamos con el dinero, como también de nuestros ahorros y nuestras deudas. Naturalmente, los ahorros y las deudas de cada uno se convertirían en las nuestras. Por lo tanto, cuando nos comprometimos, lo primero que dialogamos fue cuál era la máxima cantidad, de modo realista, que podríamos gastar para nuestro día de boda. Para llegar a este número, teníamos que tomar en cuenta nuestro ingreso, nuestros gastos, y nuestros ahorros. También hay que hablar sobre si van a recibir alguna ayuda financiera de sus familiares o amigos. Es común en muchos lugares pedir a los familiares y amigos que sean “padrinos” de distintos elementos de la boda y la recepcion. Llegar a un número total es el primer paso y uno de los más importantes que se debe tomar antes de empezar sus planes. El siguiente paso es determinar sus prioridades como pareja. Por ejemplo, Evan y yo decidimos poner nuestra fecha para un año después de nuestro compromiso e irnos de luna de miel inmediatamente después de la boda. Esto nos ayudó a amortizar nuestros gastos y evaluar el resto del costo para la boda. Tercero, es hacer su tarea de ver qué tanto cuesta todo.

El presupuesto puede variar dependiendo de los detalles que desean realizar en su boda.  Por ejemplo, una cena íntima después de una ceremonia es obviamente menos costosa que un banquete de 200+ personas. Un gran detalle de notar es que los gastos para la boda incrementan basados en cuántas personas son invitadas. Esto determina cuántas mesas, platos, invitaciones, souvenirs (recuerdos) etc., deben ordenar. Teniendo en mente que los gastos para la boda son por cada persona invitada, les ayuda a mantener la perspectiva de cuánto pueden presupuestar. Por eso es esencial también estar de acuerdo con su lista de invitados. Como sugerencia personal, si no han hablado con ese amigo o amiga de la escuela primaria por hace años, es tiempo de discernir si es necesario invitarlo.

Desarrollar un presupuesto personal les puede ayudar a crear su presupuesto para la boda. El presupuesto personal toma nota de su ingreso, gastos diarios y sus metas de ahorro. De esta manera, les puede ayudar a organizar las prioridades para su boda. Como sugerencia, pueden crear una lista de las categorías que deben tomar parte en su boda y organizarlas por orden de importancia (ej. flores, música, fotografía, etc.). Y también dialogar como pareja las áreas no negociables que deben de estar presentes en su gran día. Por ejemplo, para Evan y para mí, tener comida deliciosa era más importante que contratar una banda de música en vivo. Esto les ayuda a colocar un porcentaje de sus gastos en sus prioridades y decidir cómo usar el balance en los gastos no tan esenciales.

Otro detalle que puede afectar su presupuesto son sus planes inmediatos después de casarse. Por ejemplo, ¿piensan comenzar una familia en seguida? ¿O piensan comprar un hogar? Algo que puede suceder durante la euforia de los planes de boda es gastar más dinero que su ingreso, y pasar sus primeros años pagando las deudas de su boda. No es buena idea comenzar sus vidas endeudados por la boda. Leí en algún material de Pre-Cana que la boda es solo un día, pero el matrimonio es para toda la vida.

Claro, eso no significa que no pueden tener la boda de sus sueños. Si en realidad es su prioridad, es importante que como pareja dialoguen acerca de cuáles sacrificios y compromisos están dispuestos a hacer para lograrlo, tomando en cuenta que puede que signifique que la fecha sea a largo plazo. Por ejemplo, pueden decidir reducir gastos mensuales (salida de cenas, vacaciones, etc.) durante la temporada de sus planes de boda y ahorrarlo para la boda. La comunicación en cada etapa de sus planes debe mantenerse clara y concreta. Algo que les ayudaría es descargar una aplicación financiera donde ambos tengan acceso a depositar y revisar el balance de su cuenta, y también organizar un presupuesto. Pueden bajar plantillas para presupuesto de bodas en Excel, y también pueden descargar esta simple planilla aquí. No se olviden de incluir en el presupuesto los elementos de la liturgia. Por ejemplo, la cantidad que pide la parroquia por tener la boda, una donación al que preside, un estipendio para los cantores y músicos, los adornos en el templo, programas, etc.

Estas son solo unas sugerencias. Las necesidades y deseos de cada pareja son diferentes, por eso es esencial tener la conversación acerca de la visión para su boda durante su noviazgo si ya han discernido el matrimonio. Actualmente, en las redes sociales, existen influencers dándonos un vistazo a su gran día. Vemos arreglos extravagantes y podemos crear expectativas que a veces no están a nuestro alcance. No debemos sentirnos presionados por tener una boda más allá de lo que podamos gastar. Es importante siempre recordar la razón por la cual decidieron casarse. Como católicos, no existe nada más importante que el Sacramento. Toda boda es hermosa porque se trata del amor de la pareja, que se refleja en el amor de Dios por su Iglesia. El San Juan Pablo II nos dice: “La gracia y el vínculo sacramental hacen que como símbolo y participación del amor dé Cristo-Esposo, la vida conyugal sea, para los esposos cristianos, el camino de su santificación y, al mismo tiempo, para la Iglesia un estímulo eficaz para reavivar la comunión de amor que la distingue”. El esposo y la esposa crean el camino hacia la santificación del uno al otro. Mantengan esta frase como su enfoque durante su planificación.

Planificar y ahorrar para una boda puede igualmente ser causa de estrés como también de mucho júbilo. Al final del día se trata de crear un balance que funcione para ti y tu pareja. Es una jornada hermosa que debe de traerles alegría durante su etapa de planificación hasta llegar hacia el altar.

 

Cynthia y Evan Psencik han estado casados por casi 6 años. Cynthia era la Directora para el Ministerio Juvenil en la Arquidiócesis de Nueva York pero ahora trabaja para el Instituto GIVEN y Evan trabaja como maestro de Teología en la escuela secundaria, Cardenal Spellman en el Bronx. Actualmente viven en el Estado de Connecticut.

 

Bodas Sencillas

Por la Hermana Patricia Brown, SSMN

Muchas parejas, aún sintiéndose ya listas para el matrimonio, retrasan la boda y hasta inician su vida en común sin antes celebrar el sacramento del matrimonio, porque no tienen dinero para festejar.

Y claro que todos desean poder tener un lindo vestido para ese día, e invitar a familiares y amigos a unirse a su alegría ofreciendo para ellos una gran fiesta, con flores, música y buena comida. Sin embargo, si ese es tu caso, queremos que consideres lo siguiente:

  • Celebrar el matrimonio es distinto de festejarlo. La celebración tiene que ver con el momento sagrado en que frente al altar la pareja se entrega el uno al otro, teniendo a Dios como testigo y fundamento para su entrega total y fiel. La fiesta es la forma como se invita a familiares y amigos a participar de esta alegría, pero no es esencial al matrimonio en sí mismo.
  • El día de la boda es sólo un momento, el matrimonio es para toda la vida.   Hoy en día, las influencias culturales presionan a las parejas a gastar mucho dinero en la fiesta de bodas. El elevado costo de estas fiestas hacen que muchas veces las parejas empiecen su vida matrimonial con deudas que les traen al final más problemas que alegrías.
  • Lo único que la Iglesia les pide como contribución económica, para celebrar con ustedes el rito del Sacramento del matrimonio, corresponde al costo del uso del templo (costo de iluminación, etc.),cuando la ceremonia se realiza fuera del horario normal de las misas a los fieles. Pero si aún así no pueden dar esa contribución, hablen con el sacerdote encargado y con seguridad el les dará una ayuda. Los costos adicionales dependen de la música, las flores y el alquiler del tapete rojo de la entrada, etc. Pero todos estos costos son accesorios y se pueden omitir.
  • Los bienes que para la pareja y su futura familia aporta la gracia del sacramento no tienen precio. Dios mismo garantizó su presencia en medio de aquellos que prometen amarse como El nos ama. Esto da a las parejas, que inician su vida en común o a aquellos que ya estaban conviviendo, la posibilidad de contar con su especial asistencia para llevar a delante su amor y compromiso.

Ciertamente el matrimonio no es un asunto puramente privado sino que por ser un sacramento y la base para la formación de una familia estable, tiene repercusiones comunitarias y para la sociedad. Por eso tiene sentido el que se realice frente a familiares, amigos y frente a la comunidad eclesial. Por eso mismo la Iglesia se alegra alternativas convenientes, como la creada por la hermana Jan Mengenhausen (Oficina para la vida Familiar de la Diócesis de Omaha), que se conoce como “Bodas Sencillas”

El programa de “Bodas Sencillas” invita a que varias parejas que se van a casar, o a convalidar sacramentalmente su unión, se preparen juntos el rito y los festejos. Así las parejas se sienten protagonistas de su celebración, como lo indica la Iglesia. La fiesta puede realizarse en un salón de la misma parroquia, donde de manera sencilla pero elegante y muy sentida, los nuevos esposos puedan hacer un brindis, partir una torta y ofrecer unos bocadillos a todos los que decidieron acompañarlos en ese momento tan especial de sus vidas. Si hay otras parejas que se preparan al mismo tiempo, pueden decidir, de común acuerdo, hacer una celebración colectiva. Así, se comparten los gastos y todos tiene ocasión de festejar.

Retos de la vida

Por Gelasia Márquez

Crecemos cuando adquirimos nuevas formas de ver la vida, de entender, de relacionarnos, de comunicarnos, de tomar decisiones, y de actuar dentro de la experiencia matrimonial y familiar. Cuando un miembro de la pareja o de la familia crece, la pareja como tal se ve retada a hacer ajustes en su relación que correspondan a las nuevas circunstancias y necesidades de cada persona y de la pareja o la familia en general.

El crecimiento dentro del matrimonio y de la familia conlleva un período inicial llamado crisis. La palabra crisis se asocia con las palabras reto, cambio, desbalance, inestabilidad. La crisis es una oportunidad de crecimiento pero puede ser también una ocasión de estancamiento y de deterioro en las relaciones matrimoniales y en las relaciones familiares.

Dentro del matrimonio hay crisis que son predecibles y otras que nos toman de sorpresa, pero su magnitud o impacto en la vida de cada pareja depende tanto de la madurez y estabilidad emocional de cada persona, como del apoyo o presión del entorno.

El testimonio de Nina y Eddy en Historias con Final Feliz nos da un ejemplo de superación matrimonial ante los retos de la vida. Véase también Problemas en la pareja.

Divorcio y separación de cuerpos

 Por Hermana Patricia Brown

¿Por qué el matrimonio es indisoluble?

Para la Iglesia es claro que Dios, al hacer a la pareja con la posibilidad de entregarse y llegar a ser una sola carne, quiso desde siempre que la unión matrimonial fuera permanente. Este es igualmente el deseo de quienes se aman y unen en matrimonio pues nadie quiere que su unión fracase o se rompa. Por eso Cristo, salvador del mal, les dio a los esposos la oportunidad de amarse con un amor cristiano, es decir, de hacer de su vínculo una alianza irrompible pues se basa en el compromiso de amarse como Cristo ama, y en el apoyo de la gracia divina que sostiene siempre a quienes desean vivir de su amor.

Por eso, convertido por Cristo en Sacramento, el matrimonio establece una unión garantizada por Dios mismo y cuya santidad y fuerza no la debe romper ningún hombre (Mateo 19:3-6). San Pablo refuerza esta enseñanza recordando que es voluntad de mismo Jesús que los esposos permanezcan unidos (1Cor 7, 10-11 y Ef. 5, 23-33).
En consecuencia con la Palabra de Dios, la Iglesia no reconoce el divorcio civil pues el Estado no puede disolver lo que es indisoluble, e invita a analizar todo el dolor y daño que las rupturas matrimoniales causan a los individuos y a los hijos (Véase por ejemplo El Catecismo de la Iglesia Católica #s 2382-2386).
La única forma de que un vínculo matrimonial se disuelva por la Iglesia es que se pruebe, mediante un proceso de anulación ante un Tribunal Eclesiástico, que dicho vínculo fue nulo, es decir, que por diferentes razones, no fue nunca un verdadero matrimonio.

¿Qué diferencia existe entre divorcio civil y separación de cuerpos en la Iglesia?

En la Iglesia existe, para situaciones extremas, la separación, cuando se demuestra que la convivencia es imposible y lleva consigo un daño serio para alguno de los cónyuges o los hijos. Pero esta “separación de cuerpos” no es divorcio pues el vínculo establecido por el sacramento sigue existiendo y los cónyuges no pueden volverse a casar (Código de Derecho Canónico. No. 1155).

¿Qué causas acepta la Iglesia para que un matrimonio se separe?

El Derecho Canónico vigente en el No. 1153 dice: “Si uno de los cónyuges pone en grave peligro espiritual o corporal al otro o a la prole – los hijos – o de otro modo que hace demasiado dura la vida en común, proporciona al otro un motivo legítimo para separarse”.

El peligro espiritual se refiere a cuando uno de los cónyuges abandona la fe católica para unirse a una secta y obliga al otro y/o a los hijos a hacer lo mismo, o no permite que su cónyuge practique su fe, o lo obliga a cometer algún acto inmoral. El peligro físico es cuando existe violencia – física o mental – en el trato con el otro cónyuge o los hijos, sea por enfermedad mental, o por vicios. El adulterio sistemático por parte de alguno de los cónyuges atenta contra el deber a la fidelidad y podría ser, en caso muy extremo, motivo legítimo de una separación (Véase, Derecho Canónico No. 1152).

¿Qué efectos civiles tiene la separación del matrimonio católico?

Los separados tienen vigente el vínculo matrimonial. Por eso  no pueden volverse a casar por la Iglesia. Y en los países donde el matrimonio católico tiene validez civil, los separados tampoco pueden contraer matrimonio civil, a no ser que se disuelvan las obligaciones legales del vínculo sacramental anteriormente adquirido (divorcio). Entre los separados no es exigible el débito conyugal. Entre ellos cesan igualmente los demás derechos y obligaciones propios de la convivencia, excepto las obligaciones con los hijos y la debida asistencia económica a la esposa.
La sociedad conyugal puede disolverse, si se pide adicionalmente al juez. Por último, los separados pueden unirse nuevamente, suspendiendo la separación.

¿Un católico puede pedir el divorcio civil?

En países donde legalmente no se reconoce la figura de la separación de cuerpos, sino el divorcio únicamente, el católico puede recurrir a esa figura para lograr los efectos que le proporciona la separación de cuerpos; pero debe evitar el escándalo, o que alguien se confunda en su fe.

¿Puede un divorciado recibir la Eucaristía?

Si. Los separados y divorciados que practiquen su fe y no se hayan vuelto a casar o que hayan disuelto su vínculo matrimonial anterior a través de una anulación pueden comulgar. Y a aquellos que permanecen en una unión irregular ( divorciados vueltos a casar o en unión libre) que por diversas razones no pueden convertir dicha relación en un legítimo matrimonio sacramental, la Iglesia les acoge maternal en sus celebraciones, los motiva a que alimenten su relación con el Señor mediante la oración, “la comunión espiritual” y la “meditación de la Palabra”, y por último, los reta a participar plenamente de la Eucaristía si se comprometen a vivir en abstinencia de las relaciones matrimoniales. Para mayor profundización en este tema, véase: Sacra Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la recepción de la comunión eucarística por parte de los fieles divorciados vueltos a casar del 14 de septiembre de 1994, #s 10-14 (CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE).

¿Puede una persona divorciada volverse a casar?

Mientras su ex -conyugue vive, un divorciado puede volverse a casar sólo si ha disuelto su vínculo previo a través de una anulación eclesiástica.
De modo similar si su cónyuge tuvo un matrimonio previo y no ha recibido un Decreto de Invalidez de un Tribunal Eclesiástico (anulación), usted no puede participar de los sacramentos.

¿Puede un divorciado, no católico, casarse por la Iglesia Católica con una persona católica?

La Iglesia Católica respeta todos los vínculos matrimoniales de otras religiones e incluso entre personas no creyentes, y presume que ellos son válidos. Por eso, antes de un matrimonio católico se debe disolver este vínculo previo, ante frente a un Tribunal Eclesiástico. Este concepto puede ser difícil de entender para alguien que proviene de una fe que acepta el divorcio y la posibilidad de volverse a casar. Algunas personas en esta situación se han asesorado con un sacerdote o un diácono para entender mejor las razones y para que le oriente acerca del proceso a seguir. Solicitar una anulación del vínculo anterior puede ser un lindo gesto de amor para su prometido conyuge.

¿Qué apoyo espiritual ofrece la Iglesia a los separados y divorciados?

La Iglesia entiende el sufrimiento de quienes viven esta situación. Y cuando la separación o el divorcio fue la única posible salida, la Iglesia les ofrece su apoyo y los invita a permanecer cercanos al Señor y a nutrirse mediante la frecuencia de los sacramentos. En algunas Diócesis existen también grupos de apoyo para divorciados, separados y viudos. Para acceder a dicha ayuda te recomendamos:

Procesos emocionales en la vida de pareja

Por Alicia Isabel Pérez-Nuño

El Catecismo de la Iglesia Católica dice que el amor lleva a la pareja a tener un solo corazón y una sola alma (CIC #1643 – 1645). Pero este amor no se construye de un día para otro ni es estático. En el matrimonio la pareja pasa por varias etapas que son necesarias para el crecimiento emocional, espiritual y en general para la madurez y desarrollo de la persona y su relación de pareja.

Generalmente la relación de pareja se inicia con la atracción que experimentan un hombre  y una mujer. Dicha atracción va acompañada de una gran fascinación y enorme goce de la otra persona. La fuerza de estas sensaciones es descrita también como un  “high químico” o “cóctel químico” y es causado por una poderosa descarga hormonal que invade el torrente sanguíneo de los enamorados y les hace experimentar una gran necesidad y placer con su pareja. Sin embargo, la habilidad del cuerpo de producir este coctel hormonal suele ir disminuyendo y puede desaparecer entre los 18 y 24 meses de relación.

¿Cuánto tiempo tiene su relación? Un buen número de parejas se casan al año y medio o dos años de haber iniciado su noviazgo. Por eso es común que los recién casados inicien su vida en común bajo el efecto del coctel químico y las esperanzas “rosa” propias del romance. Todo parece perfecto y sentimos que todo lo podemos por el ser amado. Por eso esta etapa se conoce también como “luna de miel”. Pero es también el momento en que se inician los ajustes a la vida en común, lo cual trae cambios a la relación: el coctel químico comienza a disiparse dejándonos ver mejor los defectos de la otra persona, la convivencia diaria descubre detalles de la persona que comienzan a molestar, el ritmo de la vida cambia y algunas parejas comienzan incluso a cuestionar su decisión de haberse casado con esa persona. Esto no es motivo para alarmarse. Están entrando a la segunda etapa emocional del matrimonio a la que vamos a llamar “Etapa de la Desilusión”.

En una relación comprometida, como es el matrimonio, la pareja comprende que el amor, más que una sensación, es una decisión amorosa por la persona. Muchos sueños románticos deben dar paso a aceptar la realidad del otro tal cual es. Esto implica por tanto diálogo y ajustes que permitan respetar las necesidades y características de cada persona, al tiempo que se conserva y mejora la relación matrimonial.

Mediante este proceso de diálogo-aceptación, la pareja entra a la tercera etapa del matrimonio, la “etapa del amor verdadero”. La espiritualidad con la cual se enriquezca la pareja y la manera de ver al ser amado son decisivos para el éxito de la relación matrimonial a través de estos procesos de cambio.

Durante el matrimonio, las parejas  pasan varias veces por las diferentes etapas emocionales. A veces tendrán etapas muy románticas, y en otras, las desilusiones y los problemas los retarán y tendrán que trabajar para resolver sus problemas, perdonarse los errores y reconciliarse. La habilidad para usar las herramientas para la solución de conflictos les será de gran utilidad. Pero con el tiempo, podrán experimentar que su amor crece y su actitud será de fidelidad y de mayor compromiso.

Así lo hacen Juan y Martha. Ellos, se levantan todos los días y desde cuando se dan los buenos días hacen la decisión consciente (libre del coctel químico) de amarse y trabajar para entender su situación matrimonial y dedicarse a ofrecer lo mejor de sí a la persona amada. Van a tener momentos difíciles. No siempre van a estar de acuerdo. Juan o Martha van a hacer cosas que les lastimen. La familia va a crecer, y con ello vendrán muchos momentos gratificantes pero también desvelos, apuros económicos y tiempos en que el uno o el otro van a querer salir corriendo. Pero Juan y Martha se aman. Se casaron para toda la vida y por lo tanto trabajarán en su relación y harán una decisión consciente de amarse y respetarse hasta que la muerte los separe.

El Poder del Perdón

Por Dora Tobar

Las ofensas provenientes de nuestros seres queridos suelen doler más porque al daño recibido se le suma el sentimiento de haber sido de alguna manera traicionados en nuestra confianza, nuestros afectos o nuestras expectativas.

Por eso los errores entre esposos tienden a convertirse no sólo en “problemas por resolver” sino en “dolores del corazón” que amenazan la relación misma y que hacen hasta dudar del amor. Muchas parejas empiezan así por preguntarse: “¿Cómo pudo hacerme esto?”, “¿Cómo a mí que tanto lo(a) quiero”, “¿Por qué si yo tanto he hecho o dado por él(ella)?

Lo primero es por tanto entender que toda persona se equivoca pues está siempre en proceso de aprender y desarrollarse. Y tu cónyuge no es la excepción. Además, muchos de las limitaciones de los adultos para expresar el amor, como se debiera, provienen de las heridas emocionales que esa persona recibió en su infancia. Por eso, lo más probable es que detrás de los errores de tu pareja hay un niño o una niña herida que todavía debe crecer.

Ahora bien, si has logrado entender esos dos datos (que tu pareja no es perfecta y que posiblemente detrás de sus errores hay un niño o una niña herida que todavía debe crecer), estás entonces listo(a) para cambiar tu odio y frustración y empezar a sanar tu corazón, y tu relación con el poder del perdón. Pero para que entiendas mejor de lo que se trata, es preciso entender bien qué es perdonar:

¿Qué es perdonar?

Muchas personas temen que al perdonar le van a dar a la otra persona el poder de seguirlas ofendiendo, o que se van a rebajar o humillar. Sin embargo, es importante saber que:

  • Perdonar no es aceptar lo inaceptable ni justificar males como maltratos, abusos, faltas de solidaridad o infidelidades. Tampoco es hacer de cuanta que no ha pasado nada. Eso sería forzarnos o ignorar la realidad y a acumular resentimientos. Igualmente, perdonar no es tratar de olvidar lo que me han hecho, pues siempre es bueno aprender de lo vivido.
  • Perdonar es sobre todo liberarse de  los sentimientos negativos y destructivos, tales como el rencor, la rabia, la indignación, que un mal padecido nos despertó y optar por entender que está en mis manos agregarle sufrimiento al daño recibido o poner el problema donde está: en la limitación que tuvo mi cónyuge de amar mejor, en una determinada circunstancia.
  • En síntesis, perdonar es: Otra manera, distinta de la rabia y el rencor, de ver a las personas y circunstancias  que creemos nos han causado dolor y problemas. Es,poder mirara mi cónyuge y sus acciones negativas, con el realismo y la misericordia propias de Dios que, sin desconocer nuestras faltas, no nos identifica con el pecado y nos da la ocasión de ser mejores.

¿Por qué perdonar?

  • Porque mientras con el odio y el rencor quedamos atados al mal que nos han hecho y estancamos la relación matrimonial concentrándonos sólo en el error y el dolor que una determinada acción nos causó, el perdón nos da la oportunidad de ver la falta como un error real pero sin la carga emocional que nos daña. Entonces, además de recuperar la paz, recobramos la lucidez para evaluar el daño en su dimensión real y tomar las medidas necesarias frente a la relación.
  • Porque soy yo mismo(a) quien es responsable de producir la rabia o el odio y de aferrarme a ellos. La rabia, es una forma de satisfacer mi ego igualmente herido.
  • Porque mi cónyuge, es mucho más que su error. Sin querer justificar su falta, es claro que detrás de su acción hay un “niño o niña herido (a)” por los condicionamientos de su pasado, pidiéndonos, a través de su rabia, violencia o agresión, que lo auxiliemos, lo amemos, lo respetemos”.
  • Es claro igualmente que si mi cónyuge me entregó un día su vida en matrimonio es porque me ama y que por tanto, lo más seguro es que su equivocación no fue deliberada sino el fruto de sus limitaciones como ser humano en proceso.
  • Porque amar al cónyuge supone aceptar que es limitado y renunciar a mis expectativas a cambio de su realidad y buena voluntad de hacer lo mejor posible.

Diferencia entre perdón y reconciliación

Mientras el perdón es una decisión de cada persona, al interior de su propio corazón, la reconciliación supone la recuperación de la relación entre los dos. Lo ideal es por tanto que, una vez me libere de la rabia y renuncie a identificar a mi cónyuge con el error que cometió, nos dispongamos juntos a analizar el daño y buscar, en la medida de lo posible, una reparación.
Dicha reparación supone que el ofensor reconozca su error, valore el efecto de lo que causó y pida perdón. El ofendido debe entonces igualmente aceptar las disculpas y ofrecer su perdón como la base para iniciar de nuevo una relación, sin rabia ni rencores, pero sabiendo que hay algo por mejorar.

Mientras exista por tanto la voluntad de cambiar y la sensibilidad para aceptar las propias limitaciones y lo que ellas pueden causar, el perdón y la reconciliación serán casi siempre posibles. Así el matrimonio se convierte en la escuela de amor donde cada persona debe encontrar un espacio donde es amada y aceptada, aún en esas realidades que no fueron amadas y aceptadas en la propia familia. Y mientras es retada a cambiar puede, por amor, liberarse poco a poco de sus limitaciones de carácter y sentir que puede crecer en su capacidad de dar y recibir amor.

Esta oferta de perdón y reconciliación, no debe sin embargo ser forzada con manipulaciones como “si me amas realmente debes…”; tampoco con presiones como: “yo he hecho mucho por ti, por lo tanto tu…”. No. La oferta del perdón debe ser gratis, y la reconciliación un acto que los dos ofrecen y se comprometen de manera igualmente gratuita a realizar, por que nace del deseo de seguir amando y del dolor de haber herido al otro, sin pretenderlo o sin saberlo.

Hay sin embargo realidades que, si bien podemos perdonar, rompieron totalmente la confianza o demostraron que definitivamente la otra persona no está en condiciones de vivir en pareja. En tales circunstancias la reconciliación no es aconsejable. Tal es el caso de personas con vicios, depravaciones o deformaciones serias de su personalidad o conducta que pueden seguir dañando a la pareja y los hijos, y frente a los cuales el cónyuge está en el derecho de protegerse mediante la separación.

 

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