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Buscando tratamientos para la infertilidad que respetan al plan de Dios

Por Roberto y Claudia Vargas

Nunca sabes lo que tienes, hasta que recuerdas como era tu vida antes de tenerlo. Cualquiera que tiene hijos sabe que la vida cambia radicalmente al darle la bienvenida a un pequeño retoño de amor. Para nosotros fueron más de cinco largos años anhelando tener un bebé.

Nuestros primeros años sin poder concebir

Nos casamos en septiembre del 2012. A los pocos meses de casados, decidimos mudarnos a otro estado y comenzamos a intentar tener un bebé a finales de ese mismo año. No lo teníamos todo resuelto; rentábamos un departamento pequeño de una habitación, dirigíamos una pequeña empresa y yo había comenzado un nuevo empleo como auditora para el gobierno estatal. No vivíamos en la casa de nuestros sueños y nuestros ingresos no eran los mejores; de hecho, estábamos pagando algunas deudas que habíamos adquirido el invierno anterior. Sin embargo, pensamos que un bebé sería increíblemente amado a pesar de nuestras circunstancias. En fin, teníamos la convicción de que Dios nos concedería el regalo de tener un bebé en Su tiempo y supliría todas nuestras necesidades, como siempre lo había hecho.

Pasaron dos meses y no había quedado embarazada. Luego cuatro meses, seis, ocho, diez… un año. Mis amigas, cuñadas, concuñas y conocidas comenzaron a tener bebés, y nuestro turno parecía estar aún muy lejano. Me parecía extraño, ya que siempre había tenido ciclos regulares. Desde que nos casamos, habíamos estado usando métodos naturales de planificación familiar. Estaba muy en sintonía con mi cuerpo y muy segura de que estaba ovulando – pero por alguna extraña razón, no lograba quedar embarazada. De repente, me encontré sumergida en blogs, videos, foros, etc. que hablan sobre tratando de concebir. Comencé a llevar un registro meticuloso de mi ciclo usando múltiples métodos. Luego cambié mi dieta por una más saludable, me hice una limpieza desintoxicante y comencé a tomar suplementos para apoyar la fertilidad. Comencé a hacer más ejercicio y me propuse hacer cosas que me relajaran. Nada parecía funcionar. En lo profundo del corazón sabíamos que solo Dios nos podía conceder un milagro, y que, con esta fe en Él, seguíamos orando e implorando por un bebé.

Nuestra primera cita médica

Dejamos pasar unos meses más, con la esperanza de que en cualquier momento sucedería. Finalmente, después de muchas desilusiones y de pruebas negativas de embarazo, decidimos buscar ayuda médica. Solo quien ha pasado por la sola y dolorosa trayectoria de la infertilidad conoce la pena y la vergüenza que se experimenta al imaginarte que tu cuerpo pudiera estar roto y que no funcione como debería. Este fue el sentimiento que cargaba sobre mis hombros al entrar a mi primera consulta de infertilidad. Pronto me di cuenta de que para la doctora mi caso no era nada novedoso ni especial, y rápidamente me dejó saber cuál era el protocolo: análisis para mí y para mi esposo, y una histerosalpingografía para revisar que mis trompas de Falopio no estuvieran bloqueadas. Indicó que, si los estudios no arrojaban ninguna anormalidad, las opciones de tratamientos eran primero tomar un medicamento para provocar la ovulación, luego la inseminación intrauterina, y la fecundación in vitro como último recurso. Si nada de esto funcionaba, había las opciones de buscar donantes de espermatozoides y/o de óvulos – ella explicó. Sus sugerencias me causaron conmoción e incomodidad. ¿Cómo es que estos tratamientos pueden ser “soluciones” a un problema que ni siquiera ha sido diagnosticado? – me pregunté. Me angustió demasiado enterarme de esta realidad, pero tenía la esperanza de que los estudios revelaran alguna anormalidad y así poder dar con la raíz del problema para poder encontrar una solución de acuerdo con ello.

Incomodidad y desánimo sobre los tratamientos sugeridos

Al salir de la cita repasamos los materiales informativos. Investigamos más acerca de los tratamientos que sugería la doctora. Pronto nos dimos cuenta de que de que la inseminación intrauterina y la fecundación in vitro no eran aprobados por la Iglesia Católica porque descartan el acto sexual conyugal en el cual es concebida una nueva vida, según el plan perfecto de Dios. Aparte de no ser aprobados, no nos sentíamos cómodos con la idea de experimentar con tratamientos que no ayudaban a encontrar cual era la raíz del problema. Nos envolvía un sentimiento de desanimo y confusión, pero a la vez una extraña ilusión de que los estudios revelaran lo que realmente estaba pasando.

Llegó el día de los análisis y pronto recibimos los resultados – todo estaba totalmente normal tanto conmigo como con mi esposo. A los pocos días me hicieron la histerosalpingografía; los resultados fueron instantáneos – todo parecía estar en orden y no había bloqueo en las trompas de Falopio. Cualquiera diría que estas eran buenas noticias, pero para nosotros saber que todo estaba “normal” era confuso ya que esto no nos daba ninguna indicación del por qué no se lograba un embarazo. A concluir la cita de la histerosalpingografía, la doctora indicó que tenía infertilidad inexplicable y que el siguiente paso era tomar un medicamento para provocar la ovulación. Sugirió que, si no quedaba embarazada en tres meses, volviera con ella para probar la inseminación intrauterina, y si eso no funcionaba podíamos intentar fecundación in vitro. Salimos de la consulta desalentados; buscábamos una solución a un problema, no un vendaje que simplemente tapara cualquier complicación que pudiera haber. Además, deseábamos ser files a la enseñanza de nuestra Santa Madre Iglesia, y las opciones presentadas eran contrarias a nuestra fe.

Anhelos continuos de un hijo y sugerencias de amigos y familiares

Dejamos pasar otro año, aferrados a la esperanza de que Dios nos sorprendería en cualquier momento. Las familias en nuestro entorno seguían creciendo; más bebés nacían y nuestro corazón cada vez era más sensible al gran anhelo de tener nuestro propio bebé en brazos.  Para este tiempo, ya todos nuestros familiares y amigos nos habían preguntado si queríamos tener hijos. Nuestra respuesta siempre era muy casual – “Claro, le estamos pidiendo a Dios. Él nos lo dará cuando crea que es conveniente”. Recibíamos consejos de vitaminas que podíamos tomar, o recomendaciones de alguna “sobandera” que tenía manos milagrosas. Nos hablaron de remedios antiguos tales como tomar un huevo de pato crudo en ayunas o preparar un menjurje de hierbas hervidas con una cola de chivo. El deseo de ser papás era muy grande pero no fuimos lo suficiente valientes para intentar estos remedios, que nos parecían ser supersticiosos. Esto sería otra forma de ir en contra de la enseñanza de la Iglesia. El Catecismo dice “La superstición es la desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que impone. Puede afectar también al culto que damos al verdadero Dios” (n. 2111). Seguimos confiando en el poder de Dios.

Otra sugerencia – esta vez 100% católica

Entre todos estos consejos y recomendaciones, me llegaron dos mensajes de dos tías que radican en México; las dos me recomendaban al mismo médico. Investigué un poco y me di cuenta de que se trataba de un ginecólogo-obstetra especializado en una técnica reproductiva llamada NaProTECNOLOGÍA. Continúe investigando y supe que esta técnica fue descubierta por el mismo doctor quien creó el método de planificación familiar llamado “Creighton”. Aprendí también que todo esto era 100% católico, así que no nos demoramos y buscamos un médico NaPro en el estado donde vivimos, ya que se nos hacía muy complicado consultar a un doctor de México.

Pronto me di cuenta de que no había más que una pediatra NaPro en nuestra área. Aunque no era ginecóloga, pensamos que podía ayudarnos a identificar la raíz del problema. En la primera cita con ella me di cuenta que tenía que llevar una gráfica usando el método Creighton para que ella me pudiera orientar. Aprendimos a hacerlo y regresé después de tres meses. Me hizo muchas pruebas que la doctora anterior no me había hecho… pero tristemente, no había nada fuera de lo común. Después de casi un año de estar consultándola, refirió mi misterioso caso al Instituto San Pablo VI en Omaha, Nebraska. A la vez, decidí buscar a la ginecóloga NaPro más cerca de nosotros, aunque tuviéramos que viajar a otro estado. Se nos hacía más practico esto que ir hasta México. Después de repasar una larga lista, encontré una ginecóloga NaPro en California. Agendé cita y emprendimos nuestro viaje.

Nuestra primera cita con una ginecóloga NaPro

Llegamos a la cita con emoción y miedo a la vez. Miedo de pensar que sería el comienzo de otra larga espera, pero con la emoción de que cada vez estábamos más cerca de presenciar un milagro. La cita fue breve pero muy efectiva. Llevaba mis gráficas, y fue impresionante ver cómo después de analizarlas por tan solo unos minutos, la doctora nos comentó algo que nunca se había considerado por ningún médico que había consultado. Nos indicó que de acuerdo con mis gráficas y los análisis que ya se habían realizado, parecía que existía una posibilidad que tuviera endometriosis. Al escuchar esto mi corazón saltó, pues tenía sentido. Tenía todos los síntomas, pero ningún médico se había interesado en investigar sobre esta enfermedad. ¡Por fin recibíamos un diagnostico más claro! Aclaro que la doctora no podía asegurar que este fuera el caso y que solo con una cirugía se podía confirmar. Nos dio información acerca de la operación e indicó que su asistente se estaría en contacto con nosotros para darnos detalles del costo.

El siguiente obstáculo – el costo del tratamiento

Saliendo de la cita lo platicamos, oramos, y decidimos que sería bueno proceder con la cirugía. A los pocos días, recibimos la llamada de la clínica. Nos explicaron que los honorarios de la doctora eran más o menos $7,000 dólares y los costos de hospital eran $40,000 dólares. Por supuesto que esto no estaba dentro de nuestro presupuesto. Vimos opciones con médicos tradicionales en el estado donde vivimos, pero era complicado porque ellos no habían hecho el diagnóstico y tenían que empezar desde cero.

Consulta con el doctor NaPro en México

Finalmente, decidimos contactar al doctor que me habían recomendado mis tías de México. Mi esposo llamó a la Clínica NaPro en Puebla, MX y le explicaron que el doctor Miguel Ángel Domínguez Mena atendía a pacientes de todo el mundo, así que agendamos una cita para vernos por Skype. Llegó el día de la consulta y nuevamente fue impresionante como el doctor al ver mi gráfica, también concluía que podía ser un caso de endometriosis que requería cirugía para confirmar y corregir. Pronto decidimos proceder con la cirugía en México. Ya habían pasado muchos años y no había más tiempo que perder. Llegó la fecha de la cirugía, y efectivamente se descubrió que no solo tenía endometriosis severa, sino que una de las trompas de Falopio estaba adherida a la pared pélvica. El doctor Mena removió la endometriosis y corrigió la adherencia.

El milagro y las lecciones

La recuperación fue rápida, y para no hacer la historia más larga – a los cinco meses de haber tenido la intervención quirúrgica ¡quedé embarazada sin absolutamente ningún medicamento! Ahora gozamos de un hermoso niño de 16 meses quien nos ha venido a endulzar la vida después de tantos años de desilusión y lágrimas.

En nuestro corazón siempre existía la certeza de que Dios, en Su inmensa bondad, nos otorgaría el regalo de la paternidad un día. Pero aprendimos en el caminar que las cosas suceden en Su tiempo y que no podemos forzar algo que está fuera de nuestro control. La sociedad secular busca resultados instantáneos y las soluciones que ofrece la medicina moderna para la infertilidad no siempre tienen la dignidad del ser humano como prioridad ni como fin resolver el problema de raíz. Además, la inseminación intrauterina y la fecundación in vitro descartan el acto sexual conyugal en el cual es concebida una nueva vida, según el plan perfecto de Dios. En el proceso de la fecundidad in vitro, muchos embriones son descartados por “imperfecciones”, haciendo que los humanos tomen el lugar que solo le pertenece a Dios, y así atentando contra la dignidad del ser humano. En cambio, la NaProTECNOLOGÍA es una técnica científica muy avanzada que no solo busca identificar la raíz del problema que afecta la salud reproductiva de la mujer para así restaurarla, sino que respeta la dignidad de la vida humana y del acto sexual de los esposos que Dios mismo diseñó.

Somos conscientes de que muchas parejas no saben que las técnicas artificiales de reproducción asistida no están en el plan de Dios, y también sabemos que muchas otras parejas desconocen la NaProTECNOLOGÍA. Por esta razón, cuando sabemos de una pareja que enfrenta problemas de infertilidad, les compartimos nuestra historia y los encomendamos a María Santísima bajo la advocación de Nuestra Señora de la Dulce Espera, ya que ella fue una gran intercesora en nuestra historia de infertilidad y lo sigue siendo en nuestra nueva vocación como padres de familia.

María de la Dulce Espera, ruega por nosotros.  Haz clic aquí para una Novena a María de la Dulce Espera.

Otro artículo relacionado:  No pierdan la esperanza en su matrimonio: Dios tiene un plan divino (Aun cuando los hijos tardan en llegar o nunca llegan)

Para aprender más sobre lo que la Iglesia enseña sobre las tecnologías reproductivas: El amor vivificante en una era tecnológica

“La Iglesia siente compasión por aquellas parejas que sufren a causa de la infecundidad y desea prestarles una verdadera ayuda. Al mismo tiempo reconoce que algunas de estas ‘tecnologías reproductivas’ no son moralmente válidas para resolver esos problemas. Nosotros, los obispos de Estados Unidos, ofrecemos esta reflexión para explicar el por qué. La ofrecemos, también, para darles esperanza: una esperanza verdadera que las parejas puedan ‘recibir de Dios responsable y amorosamente los hijos’ y establecer una familia a la vez que muestran respeto absoluto por el plan de Dios para su matrimonio y por el don de los hijos.”

 

Roberto y Claudia Vargas, junto con su hijo Pablo, radican en el estado de Washington. Sirven como coordinadores generales de La Comunidad Católica Carismática de Alianza, “La Alegría del Evangelio” dentro de la Arquidiócesis de Seattle. También son parte del equipo pre-matrimonial en su parroquia y han sido facilitadores del programa Ambiente Seguro. Roberto es Caballero de Colon y sirve en en el programa de formación en la fe en la parroquia local. Claudia es actualmente una de 15 miembros del consejo pastoral arquidiocesano, está por cursar una maestría en la Universidad de Washington, y en sus tiempos libres (que nos son muchos) escribe acerca de su experiencia como esposa y mamá desde la perspectiva de la fe católica en en su blog homewithclaudia.com

 

 

 

 

 

 

Planificación familiar natural

¿Qué es la Planificación Familiar Natural?

La Planificación Familiar Natural (PFN o NFP por sus siglas en inglés) es una serie de métodos para posponer un embarazo o para lograrlo, basándose, por una parte, en la observación de la fertilidad de la mujer, y, por otra, en la adecuación de la actividad sexual de los esposos a dicha fertilidad. Ayuda a vivir la paternidad de modo responsable, tanto para concebir como para espaciar o limitar los embarazos.

¿Cómo funciona la PFN?

Los métodos modernos de la PFN se basan en el conocimiento científico de la fertilidad y en la decisión de la pareja de donarse en una relación sexual con la posibilidad o no de embarazarse respetando las leyes naturales de fertilidad e infertilidad. Algunos métodos modernos son: el Método de Ovulación Billings, Liga de Pareja a Pareja, el sistema FertilityCare del Modelo Creighton (CrMS), Familia de las Américas y el Método Marquette. Lo que los asemeja es que todos parten de dos hechos científicamente constatables: 1º. Que el hombre es fértil todos los días de su vida mientras que la mujer en cambio lo es sólo algunos días del mes. 2º. Que la fertilidad femenina tiene signos que la pareja puede aprender a reconocer para que absteniéndose de relaciones sexuales en dichos días pueda evitar un embarazo o, por el contrario, planear responsablemente la gestación de una nueva vida.

¿Cómo se aprende un método moderno de la PFN?

Los cursos, libros y talleres que informan y enseñan sobre la PFN están orientados a que la pareja, juntos, aprendan a reconocer y llevar nota de los signos fisiológicos de la fertilidad femenina  (aumento en el flujo y viscosidad del moco cervical, aumento de la temperatura basal de la mujer, pequeña punzada en el bajo vientre, etc.), para que puedan regular su actividad sexual de acuerdo a los signos que la naturaleza misma les ofrece. Este aprendizaje es muy sencillo y su práctica toma tan solo un par de minutos diarios y tiende a volverse una rutina, como un hábito más de la higiene personal. De todos modos, solo personas capacitadas y autorizadas por la Iglesia deben de dar esta instrucción, como aquellas delegadas por las distintas oficinas para la vida familiar, en todas las diócesis del país. Visite esta página para encontrar el coordinador de la PFN de su diócesis.

¿Qué beneficios tiene la PFN?

La PFN no tiene ningún riesgo para la salud de las personas y es muy eficaz, si se aplica con verdadera motivación y consistencia, por parte de la pareja. La PFN no requiere medicinas, ni artilugios, ni cirugía.
A nivel de la vida de la pareja sus beneficios son enormes: La esposa se preserva a sí misma de químicos o aparatos intrusos y permanece con su ciclo natural. El esposo comparte la planificación y responsabilidad para PFN. Ambos aprenden un grado más alto de auto-dominio y un respeto más profundo del uno para el otro, que redunda en mejor intimidad y goce para la pareja. Y por último, la pareja se hace más consciente de su extraordinaria y generosa contribución y responsabilidad como co-creadores con Dios de nuevas criaturas.
Es cierto que PFN involucra sacrificios y abstinencia sexual periódica y puede, a veces, ser un camino difícil, tanto como cualquier vida cristiana seria, ya sea ordenada, consagrada, soltera o casada.

¿Qué quiere decir la paternidad responsable?

La Iglesia Católica nos enseña que el don de la fertilidad es una bendición para la pareja pero también una grave responsabilidad por cuanto implica acoger con amor, criar con responsabilidad y educar a una nueva criatura. Por eso la Iglesia, en el Documento Humane Vitae  (#10) nos recuerda que, “el ejercicio responsable de la paternidad exige que los cónyuges reconozcan plenamente sus propios deberes para con Dios, para consigo mismos, para con la familia y la sociedad, en una justa jerarquía de valores”.

¿Por qué la Iglesia Católica no acepta la anticoncepción?

Los anticonceptivos separan de forma arbitraria y hasta agresiva, el acto conyugal de su natural apertura a la vida, destruyendo u obstruyendo la fertilidad, y con ella el poder creador de Dios que le es encomendado a su responsable arbitrio. Los métodos naturales, en cambio, no interfieren deliberadamente con la apertura a la vida de la unión conyugal, sino que la ajustan al ritmo de la fertilidad, absteniéndose de relaciones sexuales cuando desean espaciar los nacimientos de los hijos, o planeándolas, cuando deciden acoger responsablemente el don de una nueva vida.
Por anticonceptivos se entienden, el aborto y todo tipo de método que le destruya al acto conyugal su capacidad procreadora. Esto incluye todo uso antinatural del acto conyugal (como coitus interruptus o coito interrumpido) y la utilización de todo tipo de anticonceptivos, ya sean de barrera (como los preservativos, etc.), o los químicos (como las píldoras anticonceptivas, los inyectables, y los implantes) y los mecánicos (como los dispositivos intrauterinos). Los métodos químicos y mecánicos mencionados son abortivos y eso hace que su uso sea más grave todavía.

Para mayor información:

La Responsabilidad de los Esposos en la Planificación Natural Familiar

Cuando se piensa en la Importancia de la Planificación Familiar Natural (PFN o NFP por sus siglas en Inglés) no cabe duda que los beneficios que una pareja alcanza son innumerables: Programar o posponer un embarazo con un alto índice de efectividad, ayudar al hombre y a la mujer a sumir conjuntamente la responsabilidad de su fertilidad, respetar las leyes biológicas de la reproducción, aumentar el autoconocimiento de su cuerpo, fomentar la capacidad del autocontrol y la aplicabilidad en todas las circunstancias y condiciones socioculturales.
 
Para lograr los beneficios anteriormente mencionados, se necesita que la pareja tenga disponibilidad y  adquieran una disciplina constante, sin desfallecer, de tal manera que puedan adquirir el objetivo trazado. ¡Mucha atención! dije la pareja. Hasta el momento no he utilizado la palabra mujer, sabiendo que gran parte del éxito se deba a ciertas acciones que ella deba de realizar (tomarse la temperatura a la hora señalada, observar y palpar el moco cervical en ciertos días, alimentarse bien, entre otros). En ocasiones la PFN no alcanza los resultados que se esperan, por la sencilla razón que algunos esposos dejan toda la tarea a su cónyuge, sin asumir responsabilidades directas o indirectas en el mismo. El propósito de este escrito es presentar ocho ideas que nosotros como hombres podríamos asumir a la hora de tomar como proyecto de vida desde la pareja la PFN.
 
1. Seleccionar en pareja un método moderno de la Planificación Familiar Natural.
Los métodos modernos de la PFN se basan en el conocimiento científico de la fertilidad y en la decisión de la pareja de donarse en una relación sexual con la posibilidad o no de embarazarse respetando las leyes naturales de fertilidad e infertilidad. Algunos métodos modernos son: el Método de Ovulación Billings, Liga de Pareja a Pareja, el sistema FertilityCare del Modelo Creighton (CrMS), Familia de las Américas y el Método Marquette. Posiblemente su parroquia cuenta con una pareja encargada de los cursos prematrimoniales o en la diócesis existe una oficina llamada Vida Familiar que le pueden iluminar mucho mejor sobre la selección del Método Natural (para más información visita el siguiente enlace: Planificación familiar natural)
 
2. Asumir la responsabilidad de aprenderlo.
Una vez que se haya elegido el Método Natural, se debe asumir la responsabilidad de aprenderlo en su totalidad; para ello, es necesario que el esposo sea el primero en asumir y motivar a realizar ciertos sacrificios como es el de establecer un tiempo determinado todos los días para leer y entender gráficos, realizar las tareas programadas o pedir asesoría a una pareja instructora. 
3. Conocer el ciclo menstrual de su pareja.
Cuando el hombre se familiariza con el ciclo menstrual de su esposa (dolores fuertes e hinchazón en el bajo vientre, aumento de la secreción vaginal, sentimientos de tristeza y melancolía, sensibilidad, aumento de la grasa en la piel y en el cabello, etc.) Se crea entre ellos un nivel de comprensión mucho más fuerte ya que el esposo entenderá por qué ciertos días, el estado de ánimo de su pareja varía.
4. Apoyarla.
Cuando usted experimente estos cambios en su esposa, es cuando más la debe de apoyar siendo comprensivo, detallista, paciente y amoroso con ella. No busque confrontaciones si en ciertos momentos  ella le responde en un tono de voz alto, demuéstrele su amor expresándole lo mucho que usted la ama.
5. Dialogar.
Una de las ventajas que trae los métodos de Planificación Familiar Natural es que incentiva el diálogo en la pareja; por ello, es muy importante que el esposo siempre sea el que tome la iniciativa en preguntarle a su pareja los cambios que está experimentando hoy, socializar lo aprendido en el método natural y platicar sobre ciertas actividades que pueden realizar juntos.
6. Abstinencia.
Después de que el hombre se familiarice con el ciclo menstrual de su pareja, una de las claves para que cualquier método natural sea efectivo es asumir como estilo de vida la abstinencia sexual de acuerdo al propósito que estén buscando con su pareja (posponer un embarazo, espaciar los hijos, respetar el estado de ánimo de su pareja, etc.). En ocasiones algunos esposos piensan que la mujer siempre debe de estar dispuesta para la intimidad; esta ignorancia o machismo promulgado por estos hombres y aceptado con resignación por algunas mujeres ha llevado a entender el acto sexual como algo funcional y no como la bella posibilidad de la procreación desde el plan de Dios.  
7. Alimentarse de manera saludable.
Una buena alimentación no se caracteriza por la cantidad de comida, sino por la calidad que usted elige a la hora de alimentarse; por ello, esfuércese en comer de manera saludable (ensaladas, frutas), regule la grasa que consume en sus platos típicos. Diga qué come y le diré como está de salud.
8. Hacer ejercicio.
Tome el hábito de salir a caminar con su pareja, inscríbase a un gimnasio, deje a un lado el sofá donde siempre se sienta para ver la misma programación (que en ocasiones no sirve para nada) y disfrute de lo bello que hay afuera. Su corazón y su sistema de circulación se lo agradecerán.

 

Esposos, no será fácil, puesto que adoptar nuevos hábitos requerirá de tiempo, paciencia y sacrificio. Pero no existen cosas imposibles con la ayuda de Dios.