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¿Ser Padres, vocación o casualidad?

 Es distinto ser hijo como fruto del amor recíproco de los padres a ser fruto de un accidente, como a veces se expresan los mismos padres de familia, o ser fruto de la casualidad, un hijo que llega sin ser invitado a la vida. Muchos de estos hijos que llegan por accidente, por casualidad, son víctimas del aborto. 

Según el Papa Francisco, “ser padre o madre de familia es una vocación, es una llamada bellísima porque nos hace crecer, de manera del todo especial, a imagen y semejanza de Dios; ser papá y mamá significa de verdad realizarse plenamente porque es volverse similares a Dios”.

 

Hay en esto un detalle que muchas veces no percibimos: a Dios lo llamamos ‘Padre’ (con mayúscula), a nuestros progenitores los llamamos ‘padres’ (con minúscula): padre, madre. Desde la creación Dios dio al varón y a la mujer la capacidad de transmitir la vida a otros: “Creced y multiplicaos”. Dios-Padre quiso tener un HIJO (con mayúscula) que es Cristo y muchos hijos (con minúscula) que somos todos los seres humanos.

 

Todos nosotros somos hijos, fruto del amor de Dios-Padre que, al crearnos, nos ha hecho capaces de amar y necesitados de amar y ser amados. Esto lo ha confirmado el Papa Juan Pablo II cuando enseñó en su primera carta encíclica Redemptor hominis que “si el ser humano no ama, si no es amado, no le encuentra sentido a su vida” (n. 10).

 

Quizás en nuestro tiempo haya muchos niños y niñas que son fruto de la casualidad, de un accidente…. Padres inmaduros física y psicológicamente, abuso sexual, frutos de un pasión sexual irresponsable, violencia sexual, juegos eróticos de adolescentes, etc. El caso de los criminales ‘natos’ (desde su nacimiento) es uno de tantos casos de hijos por accidente; son hijos de un padre que tal vez pidió a su compañera abortar, o que la abandonó al tener noticia del embarazo; quizás la madre al darle el pecho lo hacía con desprecio, con rostro de rechazo; no le sonría al niño(a), no lo acariciaba; no le hablaba con ternura.

 

Estos gestos que dan a entender que aquel niño(a) no fue bienvenido al mundo, tendrán graves consecuencias: sin duda que en un principio no entendió el por qué de aquel rechazo; pero pronto el frío afectivo del padre o de la madre impactará a la criatura; este impacto repercutirá posteriormente en la sociedad: será el adolescente malcriado, vengativo, colérico, rebelde, dañino…, será el hombre o mujer criminal. La ciencia criminalística lo ha demostrado con la experiencia de la investigación.

 

Una estadística señala este resultado: las niñas que no contaron con el apoyo de sus padres cuando más lo necesitaron, son 92% más propensas a fallas en sus matrimonios y llegan al divorcio; en el caso de los hombres, son 35 % más propensos; los niños con poco apoyo de parte de sus padres tendrán un pobre desarrollo académico y fallarán en la escuela, no por falta de capacidad, sino por falta de desarrollo emocional, en el cual el padre juega un papel muy importante.

Al contrario, cuando hay una paternidad comprometida en las relaciones de padre e hijos, en cuanto a tener sentimientos y conductas responsables respecto del hijo, sentirse emocionalmente comprometido, ser físicamente accesible, ofrecer apoyo material para sustentar las necesidades del niño, ejercer influencia en las decisiones relativas a la crianza del niño, entonces el efecto positivo será constructivo.

Ser padre o ser madre no consiste solo en la función biológica de procrear; ya S. Agustín, Sto. Tomás de Aquino y el Magisterio de la iglesia han entendido el texto bíblico -‘procread y llenad la tierra”-como una procreación responsable que incluye la educación, hasta el punto que si no los pueden educar, más bien no los tengan.

 

Que los padres y madres de familia sean ‘imagen de Dios’ por el amor nos debe llevar a tener presente los diversos rostros del amor: el amor de esposos, el amor de padres a los hijos, el amor de los hijos a los padres, el amor entre hermanos. De aquí que la familia sea la primera escuela del amor.

 

Se concluye afirmando que ser padres, ser madres, es de verdad una auténtica vocación: lo atestiguan los mismos hijos que al ver a sus padres que se aman, que se comprenden, se perdonan y se ayudan, dicen: qué bonito es el matrimonio!!; si mi vocación es el matrimonio, quiero que en mi pareja se realice la imagen del matrimonio de mis padres. A la inversa, cuando la imagen de los padres es negativa, renuncian a la vocación del matrimonio, arruinando de este modo su futuro.
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¡No se Preocupe por el mañana!

 

Una de las grandes preocupaciones del ser humano es pensar siempre en el mañana, a tal punto que todo el sacrificio que usted hace hoy está dirigido a planear el futuro. Se trabaja más de 40 horas pensando en pagar las deudas del mañana; se está fuera del hogar los siete días de la semana pensando en conseguir una buena casa o el carro último modelo; se está pendiente de la moda y de los estilos que mañana estarán en las tiendas; se está atento de lo nuevo que la tecnología trae al mercado; se planean las próximas vacaciones acabando de llegar de las mismas la semana pasada. Se piensa tanto en el mañana que se nos olvida que existe el hoy.

 

El evangelio de Mateo, nos recuerda una de las tantas recomendaciones de Jesús: No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir…el mañana traerá su propio agobio” (Mateo 6,25). No nos preocupemos tanto por el mañana, mejor estemos atentos por el hoy; estemos atentos por darle gracias a Dios si hoy puedes respirar; si amaneciste con vida; si hoy tienes a tu familia en la misma casa; si hoy puedes apreciar lo que sucede en un día; si hoy le dijiste a los tuyos que los amas; si hoy le dedicaste tiempo a tu familia; si hoy disfrutas de lo mucho o poco que tienes; si hoy te dedicas a ser feliz, si hoy…

 

No se preocupe por el mañana, porque no existe; tampoco se preocupe por lo que hizo o no ayer; lo pasado no se vuelve a repetir. Preocúpese por el hoy, por disfrutar cada minuto, cada hora, cada momento con los que están a su lado. Preocúpese por ser feliz hoy con lo que tiene, como usted es, preocúpese hoy por vivir este día como si fuera el último; que tal que mañana usted ya no volviera a respirar; de qué le sirvió tanto pensar en el mañana y trabajar más de 40 horas.

 

Con esto no queremos decir que el planear, programar y proyectar el futuro no sea importante; al contrario, es fundamental en la medida en que el punto inicial sea el hoy. Si te preocupas por tu familia hoy, garantizarás mañana que tu familia estará allí, a tu lado, cuando la edad, la tristeza y los problemas te rodeen.

 

Te invitamos para que hoy, hagas un compromiso: esfuérzate por ser feliz, por hacer feliz a los tuyos y compartir un poco de felicidad en tu parroquia.
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El Perdón en la pareja sí es posible

Las parejas jóvenes no aprendieron a reconciliarse, porque el machismo predominante de los esposos y padres, sobre todo en otro tiempo, no dio margen a esta actitud del perdón; muchas veces se pensó que pedir perdón era humillarse ante el otro; en este caso fallaba incluso la educación, la cortesía de pedir una  excusa; fallaba la nobleza personal de reconocer la falta, el error cometido. Se pensaba que solo el inferior (la mujer, el hijo, el subalterno) era quien debía pedir perdón al superior; este no fallaba.
 
Muchos parejas de esposos no se percatan de que sus hijos son buenos observadores: aprenden más por lo que ven que por lo que oyen. Incluso, llegan a hacer sus reflexiones personales al respecto.  Hemos tenido ocasión de oír a hijos (as) de 10, 12 años, al ver a sus padres alegar, ofenderse mutuamente, guardarse rencor, etc, que dicen: ”esto es el matrimonio?. Si así es, mejor no casarse. Yo no me casaré en el futuro”.  Unos tales padres de familia destruyen con estas actitudes la ilusión de futuro que puedan tener los hijos.
 
Por el contrario, unos padres de familia que saben dialogar, deliberar juntos, perdonarse, pedirse excusas,  están haciendo escuela del perdón en su propio hogar; los hijos que ven este testimonio dicen: “qué bonito es el matrimonio. Si yo me llego a casar, que mi hogar sea como el de mis padres”. Esto es crear ilusiones positivas para el futuro entre los hijos.
 
Los hijos tienen el derecho a que los padres se reconcilien: es una situación ambivalente, incómoda,  para los hijos encontrarse ante los padres en riña o altercado: por quién sacar la cara?  Él es mi papá, ella es mi mamá.  Los hijos no saben a quién dar la razón de la contrariedad.  Muchas  veces se oye decir: él o ella me ofendió.. Por tanto, que me pida perdón. En este caso, la persona que se reconozca más noble, más consciente, que dé el primer paso hacia la reconciliación.  Incluso, que los padres pidan perdón a sus hijos; es un buen testimonio.
 
Respecto del perdón existen ideas equivocadas; por ejemplo: perdonar no es olvidar la ofensa; si así fuera deberíamos sufrir de amnesia; el perdón no es una obligación que se me impone; el perdón no es el restablecimiento de la situación previa a la ofensa; el perdón no es renuncia a un derecho; el perdón no es expresión de una superioridad moral; en este caso el perdón se convertiría en una humillación para el ofensor.
 
Descartando estas falsas concepciones del perdón, nos preguntamos entonces qué es el perdón?  El perdón es amar intensamente; en el caso de la pareja, el perdón deberá ser generoso y pleno si es un amor auténtico, capaz incluso de dar la vida por la persona que ama; perdonar es defender la causa de la humanidad, porque el que perdona lo que hace es reconocer también su condición de pecador ante quien le ha ofendido; perdonar es un acto liberador que consiste en ser capaz de romper la cadena que liga  causas y efectos; el perdón rompe la irreversibilidad de los actos humanos; perdonar es ir más allá de la justicia, pues ésta no puede ser un freno al perdón.
 
En la vida de pareja,  tal vez lo más difícil es la condición de no exigir  reciprocidad, pues muchas veces es preciso renunciar al derecho que tenemos de ser compensados por algo que nos ha hecho el otro; igualmente, no siempre nos es solicitado el perdón, ni contamos con la humildad y el reconocimiento de quien nos ofendió. Es más sencillo cuando podemos ver  el arrepentimiento del otro y los deseos de enmendar su proceder, pero muchas veces las personas nos ofenden o nos hacen daño sin darse cuenta.
 
El arrepentimiento, la verdadera humildad del otro ante su error es un elemento muy importante para facilitar el proceso de la reconciliación; exige desarrollar una visión comprensiva del otro y hacernos cargo de nuestras emociones y del efecto que éstas han generado en los demás. También el sentido del perdón es tener la oportunidad de enmendar el error, generar actos de reparación del daño y, a través de ellos, obtener  tranquilidad y aprendizajes importantes para la vida.
 

 

Sobre todo, es importante tener en cuenta que el perdón posee dimensiones trascendentales; reconstruye la relación herida y maltratada y su efecto va más allá de la pareja: afecta positivamente a los hijos, familiares y amigos. La actitud evangélica de Jesús de Nazaret  es emblemática para todos: ‘perdonar hasta 70 veces siete, lo que significa  ‘perdonar  siempre’.

La Responsabilidad de los Esposos en la Planificación Natural Familiar

Cuando se piensa en la Importancia de la Planificación Familiar Natural (PFN o NFP por sus siglas en Inglés) no cabe duda que los beneficios que una pareja alcanza son innumerables: Programar o posponer un embarazo con un alto índice de efectividad, ayudar al hombre y a la mujer a sumir conjuntamente la responsabilidad de su fertilidad, respetar las leyes biológicas de la reproducción, aumentar el autoconocimiento de su cuerpo, fomentar la capacidad del autocontrol y la aplicabilidad en todas las circunstancias y condiciones socioculturales.
 
Para lograr los beneficios anteriormente mencionados, se necesita que la pareja tenga disponibilidad y  adquieran una disciplina constante, sin desfallecer, de tal manera que puedan adquirir el objetivo trazado. ¡Mucha atención! dije la pareja. Hasta el momento no he utilizado la palabra mujer, sabiendo que gran parte del éxito se deba a ciertas acciones que ella deba de realizar (tomarse la temperatura a la hora señalada, observar y palpar el moco cervical en ciertos días, alimentarse bien, entre otros). En ocasiones la PFN no alcanza los resultados que se esperan, por la sencilla razón que algunos esposos dejan toda la tarea a su cónyuge, sin asumir responsabilidades directas o indirectas en el mismo. El propósito de este escrito es presentar ocho ideas que nosotros como hombres podríamos asumir a la hora de tomar como proyecto de vida desde la pareja la PFN.
 
1. Seleccionar en pareja un método moderno de la Planificación Familiar Natural.
Los métodos modernos de la PFN se basan en el conocimiento científico de la fertilidad y en la decisión de la pareja de donarse en una relación sexual con la posibilidad o no de embarazarse respetando las leyes naturales de fertilidad e infertilidad. Algunos métodos modernos son: el Método de Ovulación Billings, Liga de Pareja a Pareja, el sistema FertilityCare del Modelo Creighton (CrMS), Familia de las Américas y el Método Marquette. Posiblemente su parroquia cuenta con una pareja encargada de los cursos prematrimoniales o en la diócesis existe una oficina llamada Vida Familiar que le pueden iluminar mucho mejor sobre la selección del Método Natural (para más información visita el siguiente enlace: Planificación familiar natural)
 
2. Asumir la responsabilidad de aprenderlo.
Una vez que se haya elegido el Método Natural, se debe asumir la responsabilidad de aprenderlo en su totalidad; para ello, es necesario que el esposo sea el primero en asumir y motivar a realizar ciertos sacrificios como es el de establecer un tiempo determinado todos los días para leer y entender gráficos, realizar las tareas programadas o pedir asesoría a una pareja instructora. 
3. Conocer el ciclo menstrual de su pareja.
Cuando el hombre se familiariza con el ciclo menstrual de su esposa (dolores fuertes e hinchazón en el bajo vientre, aumento de la secreción vaginal, sentimientos de tristeza y melancolía, sensibilidad, aumento de la grasa en la piel y en el cabello, etc.) Se crea entre ellos un nivel de comprensión mucho más fuerte ya que el esposo entenderá por qué ciertos días, el estado de ánimo de su pareja varía.
4. Apoyarla.
Cuando usted experimente estos cambios en su esposa, es cuando más la debe de apoyar siendo comprensivo, detallista, paciente y amoroso con ella. No busque confrontaciones si en ciertos momentos  ella le responde en un tono de voz alto, demuéstrele su amor expresándole lo mucho que usted la ama.
5. Dialogar.
Una de las ventajas que trae los métodos de Planificación Familiar Natural es que incentiva el diálogo en la pareja; por ello, es muy importante que el esposo siempre sea el que tome la iniciativa en preguntarle a su pareja los cambios que está experimentando hoy, socializar lo aprendido en el método natural y platicar sobre ciertas actividades que pueden realizar juntos.
6. Abstinencia.
Después de que el hombre se familiarice con el ciclo menstrual de su pareja, una de las claves para que cualquier método natural sea efectivo es asumir como estilo de vida la abstinencia sexual de acuerdo al propósito que estén buscando con su pareja (posponer un embarazo, espaciar los hijos, respetar el estado de ánimo de su pareja, etc.). En ocasiones algunos esposos piensan que la mujer siempre debe de estar dispuesta para la intimidad; esta ignorancia o machismo promulgado por estos hombres y aceptado con resignación por algunas mujeres ha llevado a entender el acto sexual como algo funcional y no como la bella posibilidad de la procreación desde el plan de Dios.  
7. Alimentarse de manera saludable.
Una buena alimentación no se caracteriza por la cantidad de comida, sino por la calidad que usted elige a la hora de alimentarse; por ello, esfuércese en comer de manera saludable (ensaladas, frutas), regule la grasa que consume en sus platos típicos. Diga qué come y le diré como está de salud.
8. Hacer ejercicio.
Tome el hábito de salir a caminar con su pareja, inscríbase a un gimnasio, deje a un lado el sofá donde siempre se sienta para ver la misma programación (que en ocasiones no sirve para nada) y disfrute de lo bello que hay afuera. Su corazón y su sistema de circulación se lo agradecerán.

 

Esposos, no será fácil, puesto que adoptar nuevos hábitos requerirá de tiempo, paciencia y sacrificio. Pero no existen cosas imposibles con la ayuda de Dios.

¿Recuerda Las Fechas Especiales de su Familia?

Dentro de las características que tienen nuestras familias, está la de celebrar las fechas especiales; estos momentos únicos nos traen a la memoria acciones que sólo ocurrieron una sola vez y que no volverán a llegar, tales como: la fecha en que se conocieron, el día que unieron sus vidas en el Sacramento del matrimonio, el nacimiento de su primer hijo o de los posteriores, las fechas de cumpleaños, la fecha de aniversarios y otras celebraciones que hacen parte de aquello que llamamos recuerdos familiares.

Todo esto nos hace profundizar la pregunta que sustenta la reflexión para el día de hoy: padres, ¿recuerdan las fechas especiales de su familia? ¿recuerdan, celebran y expresan esos momentos inolvidables?

El trabajo en exceso, las distracciones sociales, a veces la falta de fortalecer el amor, hacen que se nos olviden ciertos momentos que marcaron nuestra vida. Posiblemente a la fecha de hoy, usted no volvió a recordar o se le olvidó decirle a su hijo(a) o esposo(a) feliz cumpleaños, te amo mucho, gracias por compartir un año más de aniversario, feliz día del padre, feliz día de la madre, feliz día de la familia, felicitaciones por tu ascenso en el trabajo, me siento orgulloso(a) de ti por las calificaciones en la escuela, gracias por el día de hoy, etc. Estas fechas reciben el nombre de especiales porque cuando un ser querido las expresa, el sentido y significado de la familia se fortalece mucho más.

Padres, les invitamos para que en su calendario o agenda personal, anoten las fechas especiales de su familia para este año; piensen cómo van a celebrarlo y qué les van a decir, de tal forma que cuando llegue ese día, su familia sienta que verdaderamente no es una fecha común, sino una fecha especial.

Padres, a veces los detalles costosos y en ocasiones adquiridos a último momento no trascienden; un abrazo fuerte, un beso con el corazón, un desayuno a la cama preparado por usted o una acción de la cual no está acostumbrado, deja tanta huella que ni el paso del tiempo logra borrarlo.

No es tarde, si lo olvidó o está cerca la fecha, está a tiempo para celebrar con los suyos el gozo de ser parte de un núcleo social que es la esencia y futuro de la humanidad: la familia.

 

Pregunta a reflexionar: ¿Recuerda las fechas especiales de su familia?

El Incomparable Amor de una Madre

La maternidad es un privilegio divino a través del cual Dios comparte con nosotras la creación de una nueva vida. El instinto maternal es una gracia que Dios infunde en la mujer para guiarla en la mejor manera de criar y proteger sus hijos. Ciertamente es un regalo de Dios. Pero la maternidad saludable es algo que también puede aprenderse de aquellas que antes que nosotras, han caminado el camino muchas veces de rosas y otras de espinas, de la maternidad.

En estas cortas líneas celebro la vida y el caminar de mi madre. Esa hermosa mujer cuya vocación en la vida ha sido ser mamá.  Ella que dedicó su juventud y su vida a entregarse a sus hijas, a buscar nuestro bien, a orientarnos por el buen camino, a enseñarnos la fe, a orar por nosotras y en mi caso, a ser pilar fuerte de intercesión y apoyo espiritual para nuestro ministerio de evangelización. ¡Cuan central e importante es la figura materna en nuestra vida! ¡Cuan incondicional es el amor y el apoyo que nos regalan!

Fue de ella que aprendí a ser mamá y fue por su apoyo me embarqué confiada en esta hermosa travesía de la maternidad.  Al celebrarla a ella, celebro también a mi suegra, Maria de Jesús, que con su amor tenaz, levantó al hombre de bien que hoy es mi esposo.  También celebro a todas las madres y abuelas, esas valientes mujeres que son el ancla que mantiene el barco de nuestras familias en puerto seguro. Doy gracias a Dios por el don de la maternidad, y les invito a que reflexionen en el regalo precioso de nuestras madres.  Valoren cada sonrisa, cada lágrima, cada desvelo, cada consejo, cada abrazo.  Si la suya está en el cielo, dele a Dios gracias por cada segundo que la tuvo, y si está viva llámela, visítela, consiéntala, y déjele saber cuanto la ama.

Jesús y el ciego

El evangelio de Juan nos trae el milagro que Jesús realiza un sábado a un ciego de nacimiento, rompiendo con la tradición judía de curar en un día santo y sanando a un pecador que desde que llegó al mundo llevaba este sello en su vida. El Maestro escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva y se lo puso en los ojos del ciego. Después de lavarse en la piscina de Siloé, el hombre pudo ver, dando testimonio frente a las personas que se encontraban en aquel lugar (Leer Juan 9:1-41).

Este milagro que Jesús de Nazaret realiza debe llevar a los padres de familia a plantearse una serie de inquietudes que desde su oficio como formadores es importante hacer: ¿soy un padre ciego? En otras palabras, ¿soy un padre que no ve las cosas buenas de mis hijos? ¿Soy un padre ciego que no ve las cosas buenas de mi esposo o esposa? ¿Soy un padre ciego que no ve las necesidades de mi hogar? ¿Soy un padre ciego que no reconoce su cultura y se avergüenza de ella? ¿Soy un padre ciego que no ve la importancia de ser solidario y colaborar con mi parroquia y la comunidad? ¿Soy un padre ciego que llevando tanto tiempo en los Estados Unidos no ha podido ver las oportunidades de crecer como persona y ser mejor ciudadano?

Es cierto, en algunos momentos nosotros actuamos como un padre ciego; por eso es importante que en esta época, Jesús nos coloque un poco de saliva y lodo en nuestros ojos para que podamos ver todas aquellas cosas que nos hemos estado perdiendo por nuestro orgullo, conformismo y vanidad. Ojalá que después de meditar con mayor profundidad este pasaje bíblico, podamos ver y dar testimonio de las maravillas que la vista interior nos proporciona para ver el mundo y la familia de una manera diferente, observando en ellos sus cualidades y talentos.

Padres, si quieren encontrarse con Jesús para que Él pueda sanar y recobrar su vista, ya saben dónde lo pueden encontrar. A veces funciona la teoría de “en todas partes esta el Señor”, pero recuerden que en la Eucaristía la presencia de Jesús es mucho más fuerte, ya que Él se hace cuerpo y sangre a través del pan y el vino para que nosotros participemos del banquete del compartir, la esencia de la verdadera comunidad.

Madres guerreras

El mes de mayo llega para gozo de muchos: es primavera, flores por doquier, colores, aromas y, por supuesto, la alegría de todo ser humano, la madre. Nos alegramos porque desde niños en las escuelas nos enseñan a hacer manualidades para regalar al ser amado que nos dio la vida, cuida y nos ama por el sólo hecho de haber nacido de ella, sin importar cómo seamos y que siempre nos ven como lo mejor que les ha pasado.

De adultos, veneramos ese ser que ya ha envejecido, ha perdido velocidad, agudeza visual y mental, se ha vuelto temerosa y más sobreprotectora que nunca. Para este tiempo, ya somos padres y madres con la oportunidad de entender muchas de las cosas que criticamos y rechazamos de ellas en el tiempo de mayor hostilidad de nuestra vida. En nuestra familia vivimos intensamente los últimos días de mi madre y me han inspirado a escribir un libro precisamente sobre aquellos días al ser diagnosticada con un cáncer terminal que surgió de un día para el otro y que terminaron con su existencia en menos de dos meses.

Doy gracias a Dios porque ese tiempo nos dio la oportunidad de llevarla en gracia y santidad a las puertas del cielo, recibimos y dimos amor, ternura, recordamos y perdonamos y nos dimos a tiempo completo. Cada minuto fue vivido al máximo. Hubo mucho que compartir porque realmente éste no fue el único momento de su vida que compartimos; siempre estuvimos presentes, físicamente o espiritualmente.

Nuestra cultura hispana ha heredado a la madre como el elemento aglutinante de la familia, porque, lamentablemente, aún sufrimos el abandono de los hombres que no asumen responsabilidad y no creen en la familia como resguardo y refugio del amor conyugal y filial.

Queremos invitar en este mes a orar por nuestras madres como espejo del amor maternal de nuestro Señor, en agradecimiento por haber dicho sí a la vida, recibiéndola y protegiéndola contra toda adversidad. A la vez, pedir porque las familias uniparentales sean cada vez más la excepción y predominen nuestras familias nucleares con padres y madres comprometidos y unidos en el amor, bendecidos por Dios en el Sacramento del Matrimonio.

Padre de familia: ¿Es usted sal y luz de sus hijos?

Definitivamente una de las grandes profesiones que tiene una alta cuota de responsabilidad y sacrificio en la sociedad es la de ser Padres de Familia. Este trabajo o vocación  que se hace sin recibir cheque semanal, este amor que se da a veces sin recibir lo mismo como respuesta de parte de los hijos tiene dos ingredientes que el Evangelio de Mateo en palabras de Jesús nos lo recuerda: Ustedes son la sal de la tierra y la luz del mundo (Mateo 5, 13-16, Biblia Católica de la Familia).

Ustedes padres son sal y la luz de sus hijos en la medida en que a cada enseñanza, a cada consejo, a cada llamado de atención, a cada plática siempre exista un sabor especial y una luz propia que su hijo pueda identificar y diferenciar de los demás sabores y luces que a su alrededor el mundo le ofrece. Por eso ustedes son la sal de la tierra y la luz del mundo, porque son los únicos que desde el nacimiento de sus hijos pueden hacer que ellos sean útiles, responsables, sensibles con el hermano necesitado, solidarios y comprometidos con las obras sociales, integrantes de algún movimiento o grupo que en su parroquia exista, dedicados a sus estudios y respetuosos de las normas que se lleven en la casa. Es decir, su hijo es lo que usted le ha enseñado en el transcurso de su vida, su hijo es lo que ha visto en usted como padre de familia, su hijo es el reflejo de su personalidad, su hijo actúa de acuerdo a como usted es en la casa.

Es verdad que afuera del hogar los hijos aprenden muchas cosas buenas y, desafortunadamente, algunas poco productivas para ellos, pero la primera enseñanza es la que prevalece, ya que actúa como un  juez interior que desde lo profundo de sus corazones les ayudarán a decidir entre lo bueno y lo malo (en algunos casos muchos hijos son alcohólicos o adictos porque vieron estos ejemplos en sus propias casas).

Padres, recuerden que Jesús nos dice que si la sal pierde sus propiedades o la luz no ilumina, no sirven para nada; entonces si los padres no cumplen sus funciones como sal y luz de sus hijos, ¿sirven para algo? Usted como padre de familia, ¿es sal y luz de sus hijos?

En nuestros encuentros o retiros con las parejas, muchos padres manifiestan que en ocasiones se hace difícil esta tarea;  no es fácil educar, no es fácil entender al otro. Creemos que la única manera de poder hacer esto fácil y motivante es recordar siempre que los hijos son el resultado del amor, son el milagro de la vida bendecido por  Dios, son  la continuidad de su sangre o raza, son  la contemplación del misterio de la vida.

Padres, es el momento de fortalecer las acciones buenas que hacen que su familia tenga un sabor especial y luz propia. Si no ha comenzado, es el momento para hacerlo.

Pregunta a reflexionar: ¿Es usted sal y luz de sus hijos o familiares?

La hermosura de una madre

La maternidad es un privilegio divino a través del cual Dios comparte con nosotras la creación de una nueva vida. El instinto maternal es una gracia que Dios infunde en la mujer para guiarla en la mejor manera de criar y proteger sus hijos. Ciertamente es un regalo de Dios. Pero la maternidad saludable es algo que también puede aprenderse de aquellas que antes que nosotras, han caminado el camino muchas veces de rosas y otras de espinas, de la maternidad.

En estas cortas líneas celebro la vida y el caminar de mi madre, Monica. Esa hermosa mujer cuya vocación en la vida ha sido ser mamá.  Ella que dedicó su juventud y su vida a entregarse a sus hijas, a buscar nuestro bien, a orientarnos por el buen camino, a enseñarnos la fe, a orar por nosotras y en mi caso, a ser pilar fuerte de intercesión y apoyo espiritual para nuestro ministerio de evangelización. ¡Cuan central e importante es la figura materna en nuestra vida! ¡Cuan incondicional es el amor y el apoyo que nos regalan!

En este mismo instante en que escribo estas líneas, está mi madre cuidando por unos días a nuestro pequeño Sebastián, ya que a Ricardo y a mí nos surgieron viajes a diferentes ciudades simultáneamente.  Y sin titubear, al pedirle ayuda, mi madre viajo 4 horas para apoyarnos con el cuido de nuestro hijo, pues sabe que nos aleja momentáneamente de casa el llamado a servir a Dios.  ¡Que tranquilidad saber a nuestro pequeño protegido por la que me dio la vida, por la que cuidó hasta de mi mas mínimo paso! ¡Cuánto nos dan nuestras madres con un amor desinteresado, que ama porque sí, que no juzga ni critica!

Fue de ella que aprendí a ser mamá y fue por su apoyo me embarqué confiada en esta hermosa travesía de la maternidad.  Al celebrarla a ella, celebro también a mi suegra, Maria de Jesús, que con su amor tenaz, levantó al hombre de bien que hoy es mi esposo.  También celebro a todas las madres y abuelas, esas valientes mujeres que son el ancla que mantiene el barco de nuestras familias en puerto seguro. Doy gracias a Dios por el don de la maternidad, y les invito a que reflexionen en el regalo precioso de nuestras madres.  Valoren cada sonrisa, cada lágrima, cada desvelo, cada consejo, cada abrazo.  Si la suya está en el cielo, dele a Dios gracias por cada segundo que la tuvo, y si está viva llámela, visítela, consiéntala, y déjele saber cuanto la ama.