Tag Archives: Iglesia Doméstica

Avivamiento Eucarístico Nacional

¿Has escuchado hablar sobre el Avivamiento Eucarístico Nacional?

Aquí te cuento todo para que te puedas involucrar. Podrás participar en tu parroquia, diócesis y a nivel nacional. Además, en la lista de recursos al final de esta página podrás encontrar más información. El avivamiento no es un evento de un solo día o un programa en sí; es un movimiento católico que busca renovar el amor y la devoción por Jesús en la Eucaristía.

La Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos ha hecho un urgente llamado a todo el pueblo de Dios para iniciar un avivamiento sobre la devoción y la creencia en la Presencia Real de Jesús en la Sagrada Eucaristía. El avivamiento lleva el título “Mi carne para la vida del mundo” y durará tres años comenzando el domingo 19 de junio de 2022 con la Fiesta del Corpus Christi.

¿Sabes a qué se debe este llamamiento a redescubrir la fuente y cumbre de nuestra fe católica (la Presencia Real de Jesús en la Eucaristía)?

En el año 2019, un estudio del centro de investigación Pew indicó que aproximadamente el 30% de los católicos en los Estados Unidos no creen en que Jesús está realmente presente en la Eucaristía. Esta triste realidad se hizo aún más evidente con la llegada de la pandemia. Pues a más de dos años después de la confinación por el covid-19, existe un sin número de católicos que todavía no han vuelto presencialmente a la Misa para recibir a Jesús en la Sagrada Eucaristía. Decididos a actuar debido a esta alarmante situación, los obispos de los Estados Unidos iniciarán este llamado con la misión de “renovar la Iglesia reavivando una relación activa con el Señor Jesucristo en la Santa Eucaristía”.

Este movimiento, guiado por el Espíritu Santo, culminará con el primer Congreso Eucarístico Nacional en los Estados Unidos y tendrá lugar en Indianápolis del 17 al 21 de julio de 2024.

No te pierdas la oportunidad inigualable de unirte al Avivamiento Eucarístico. Nuestra fe católica nos precisa a conocer y a vivir la doctrina de la Presencia Real de Jesús en la Santa Eucaristía.

Da clic en los siguientes enlaces para obtener más información.

Misión del Avivamiento Eucarístico

Novena de Corpus Christi

Cronología del Avivamiento Eucarístico – fechas importantes que no te quieres perder

Recursos y Pilares Estratégicos del Avivamiento Eucarístico

Qué, Quién, Cuándo y Dónde del Congreso Eucarístico Nacional

¿Quieres recibir el boletín mensual sobre el Avivamiento Eucarístico?

 

Cuidemos nuestra casa común

El 22 de abril celebramos el Día Internacional de la Madre Tierra. Como católicos, nos comprometemos a responder al llamado del Papa Francisco a cuidar la creación de Dios. Aquí compartimos sobre cómo pueden unirse como pareja y como familia a este esfuerzo y compromiso de cuidar nuestra casa común.

Cómo salvamos nuestro matrimonio

Por Verónica López Salgado

Una página de nuestra historia

Mi esposo y yo estuvimos a punto de darnos por vencidos, casi se nos acaban las fuerzas y permitíamos que fallara el amor entre nosotros; ¡por poco nos separábamos! Hoy, a más de un año después de la tormenta, y a pesar de lo duro que fue rescatar nuestro amor y luchar por nuestro matrimonio y familia, podemos decir con gran alegría y firme certeza que ¡lo logramos y estamos más enamorados que siempre! Pero ¿Cómo lo hicimos? ¿Por qué razón no desistimos? ¿Por qué no nos dimos un tiempo de separación en nuestra relación como hacen tantas parejas en la actualidad? La verdad es que no fue una cosa específicamente lo que salvó nuestro matrimonio, sino más bien, una serie de importantes decisiones que tomamos conscientemente día con día durante el tiempo de crisis las que, con la gracia de Dios, nos ayudaron a no rendirnos.

Nuestro matrimonio no comenzó como idealmente y con sabiduría aconseja la Iglesia Católica de acuerdo con la Sagrada Escritura: “Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola carne” (Gn 2,24). En cambio, nosotros nos embarazamos primero, años después comenzamos a vivir juntos, luego nos casamos por lo civil y años más tarde recibimos la bendición de Dios en nuestra ceremonia de boda católica. Durante esta línea de tiempo, la mayor parte lo vivimos en casa de mis padres. Al cuestionarnos, reflexionar y orar sobre la complejidad de la crisis matrimonial que atravesábamos – para así poder comenzar el proceso de sanación – descubrimos que las heridas profundas que ambos teníamos se debían en gran parte a que no comenzamos nuestra familia como un sano matrimonio: juntos y solos de la mano de Dios como lo habíamos prometido en el altar.

Por eso, cuándo ya la carga se hizo muy pesada, el dolor más profundo y la lucha más difícil, llegó la prueba de fuego como un incendio voraz que acechaba con devorar nuestro amor. Justamente fue durante la Cuaresma, experimentando así nuestro propio calvario. ¡Vaya que fue inolvidable! pues jamás habíamos vivido tan intensamente la Pasión de Cristo como el momento en el que nos dimos cuenta de que nuestro matrimonio se estaba desmoronando en mil pedazos.

No solo estábamos sufriendo nosotros dos, pero también nuestro hijo; y esto convertía nuestra realidad en una triste y muy delicada situación. Fue en ese momento cuando nos armamos de valor para luchar contra todo lo que amenazaba con destruir nuestro matrimonio y familia. Así, resolvimos vencer la batalla de rodillas, literalmente, y no renunciar a nuestro matrimonio: llevándolo en oración ante el Santísimo Sacramento, de la mano de María rezando el Santo Rosario, aprendiendo una nueva devoción a san José dormido y dejándonos guiar con ayuda de la dirección espiritual. Incluso, en algún momento, buscamos terapia psicológica/familiar.

Llegar a ser humildes para poder pedirnos perdón y perdonar nuestras faltas no fue tarea sencilla. Tuvimos que ampliar nuestra mirada para poder disponernos a un verdadero encuentro con el otro, es decir, estar dispuestos a vernos el uno al otro como Dios ve y ama a su hijo Jesús, y como nos ve y ama a nosotros mismos. Desnudar el alma para sanar el rencor que se añejaba en nuestro corazón. Despojarnos del resentimiento. Rechazar el pesimismo y alarde, apuntando severamente los errores y defectos del otro. Al contrario, sabiendo que ambos anhelábamos la fiel restauración de nuestro matrimonio, optamos por una actitud de servicio misericordioso, entrega total, y profunda compasión. Trabajamos inagotablemente en la paciencia, lo que nos exhortó a evitar “reaccionar bruscamente ante las debilidades o errores”[1] mutuos y así reavivar nuestra conciencia de la importancia del matrimonio como sacramento sellado por Dios.

Una y otra vez, y con mucha ilusión, nos contábamos anécdotas de cómo nos habíamos enamorado y cómo fue que nació nuestra historia de amor. Nos recordábamos mutuamente nuestros votos matrimoniales y promesas ante Dios. Reconociendo que en el matrimonio hacemos un regalo de nuestro propio ser a nuestro cónyuge y que es ahí, en nuestra vocación matrimonial, en dónde Dios se hace presente como fuente viva del amor eterno e incondicional. Es justo ahí, en medio de los dos, donde la enseñanza de Cristo sobre el matrimonio y su indisolubilidad se hace más visible y palpable. Es justamente ahí, en la promesa de nuestro amor, dónde Dios se revela como el más grande Amor de los amores. Y es precisamente ahí, en nuestra humanidad como marido y mujer, dónde la magnífica visión del plan eterno de Dios para los esposos se manifiesta. ¡Que belleza es el amor humano! y cuánto más lo experimentamos a plenitud, más comprendemos que vivir una vida en gracia con Dios – en camino a la santidad – no significa no equivocarnos como matrimonio, sino todo lo contrario: es abrazar nuestro “sí” para siempre con todo lo que implica pues “la medida del amor es amar sin medida” (San Agustín).

Después de algún tiempo de luchar sin cesar, sin abandonarnos y sin dejar de amarnos, nos abrazamos sabiendo que ya habíamos superado la crisis. Ahora nos encontrábamos con la misión de continuar trabajando en la mejor versión de nosotros mismos por amor al otro y a la familia que habíamos decidido formar y proteger hasta la eternidad.

Porque vale la pena luchar por el ser amado

El amor es lo más importante para Dios, pues Dios mismo es fuente de todo amor. Y de manera especial, el amor y entrega que existe entre los esposos en el sacramento del matrimonio es un símbolo magistral del amor de Dios a la humanidad. Pues en su unión de amor, los esposos experimentan la belleza del amor sacrificado, comprometido, fiel, paciente e incondicional, imitando así el amor de Cristo por su Iglesia. Hoy en día, la sociedad necesita más matrimonios valientes, enamorados de Cristo, deseosos de vivir en santidad y dispuestos a amar eternamente, “hasta que la muerte los separe”.

Claramente, el matrimonio no es siempre miel sobre hojuelas, pues todos los esposos pasan por dificultades que ponen a prueba su relación. No existen las parejas perfectas o historias de amor sin caminos pedregosos, todos estamos en pie de lucha. Sin embargo, los esposos que logran reconocer que “el amor que no puede sufrir no es digno de llevar ese nombre” (Santa Clara de Asís), sabrán que superar los obstáculos, con la gracia de Dios, los ayudará en el crecimiento del amor mutuo y hacia Dios. Así conocerán el gozo y la alegría de un amor inquebrantable, como el amor de Dios por su pueblo.

“En el matrimonio, nos entregamos por completo, sin cálculos ni reservas, compartiendo todo, los dones y las dificultades, confiando en la Providencia de Dios…Es una experiencia de fe en Dios y de confianza mutua, de profunda libertad y de santidad, porque la santidad supone entregarse con fidelidad y sacrificio todos los días de la vida” (Papa Francisco).[2]

Enseñanzas  

El Papa Francisco dio inicio al Año de la Familia (2021-2022) implorándonos apoyar a las familias defendiéndolas “de todo lo que comprometa su belleza…(y) a salvaguardar sus preciosos y delicados vínculos”[3]

Por lo tanto, con este ímpetu, mi esposo y yo quisimos compartir una página dolorosa de nuestro matrimonio, pero sobre todo la lección de vida que consolidó nuestro vínculo amoroso y familiar para crecer en amor, respeto y admiración. Deseamos que otras parejas logren identificarse con nuestro testimonio y puedan superar también cualquier dificultad que estén pasando en su matrimonio.

Siete enseñanzas que aprendimos de nuestra experiencia:

  1. Disculparse y pedir perdón: “Todos sabemos que no existe la familia perfecta, ni el marido o la mujer perfectos. Existimos nosotros, los pecadores. Jesús, que nos conoce bien, nos enseña un secreto: que un día no termine nunca sin pedir perdón, sin que la paz vuelva a casa. Si aprendemos a pedir perdón y perdonar a los demás, el matrimonio durará, saldrá adelante” – Papa Francisco.
  2. Fuimos hechos para el cielo, la plenitud del amor aquí y en la eternidad – tú eres el camino a la santidad de tu esposo/a. En el sacramento del matrimonio, la santidad de tu cónyuge es parte de tu responsabilidad.
  3. El amor lo explica todo – san Juan Pablo II decía que “la persona que no decide amar para siempre, le será muy difícil amar siquiera un día”. Por eso, aun cuándo nos sentíamos ofendidos y defraudados, mi esposo y yo nunca dejamos de hacernos muestras de amor.
  4. La dirección espiritual, el Santo Rosario y san José dormido fueron nuestras armas para la batalla – la oración nos fortaleció y la dirección espiritual nos acompañó.
  5. Los amigos en la fe son un tesoro, verdaderos guerreros de oración – abrir el corazón a nuestros amigos más íntimos nos ayudó a saber que había alguien más orando por que pudiéramos superar exitosamente la amarga prueba. Jamás nos aconsejaron separarnos, ni divorciarnos.
  6. Amor a pesar de todo – ¡Nunca abandonarse!, ¡nunca renunciar!, ¡nunca rendirse!, ¡nunca flaquear! “Una resistencia dinámica y constante, capaz de superar cualquier desafío…aun cuando todo el contexto invite a otra cosa”[4]
  7. El amor vence siempre – estas palabras que san Juan Pablo II citó nos dieron ánimo cuándo más lo necesitábamos. El verdadero amor es eterno.

 

Verónica López Salgado, M.A.
Feliz esposa y mamá
Teóloga | Traductora e Intérprete | Consultora |

Encuéntrame en redes sociales:
Instagram: @veronicalosa
Facebook: Verónica López Salgado
Twitter: @veronicalopezs

 

 

 

[1] Papa Francisco, Exhortación Apostólica sobre el amor en la familia, Amoris Laetitia (19 de marzo de 2016) § 103, Sana Sede. https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20160319_amoris-laetitia.html#_ftnref106

[2] Rossa, CMF, Alberto. A Year with Pope Francis on the Family. (New York: Paulist Press, 2015) 38.

[3] Papa Francisco. (19 marzo 2021). El Papa al inicio del Año de la Familia: defendamos la belleza de la familia. La Santa Sede: Vatican News. Recuperado de https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2021-03/papa-francisco-mensaje-webinar-amoris-laetitia-familia.html

[4] Papa Francisco, Exhortación Apostólica sobre el amor en la familia, Amoris Laetitia (19 de marzo de 2016) § 118, Sana Sede. https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20160319_amoris-laetitia.html#Cap%C3%ADtulo_cuarto

Crecer en santidad siguiendo los consejos del Papa Francisco

¿Quiere unas ideas cómo crecer en santidad, junto con su cónyuge? ¡Intenten seguir algunos consejos del Papa! En sus homilías y discursos, el Papa Francisco ha hablado muy directamente sobre cómo deben tratarse el marido y la mujer, sobre la oración dentro de la familia y otras formas en que la familia vive su identidad como una “Iglesia doméstica”. Entonces, esta Cuaresma, ¿por qué no comprometerse con su cónyuge a probar una de las siguientes resoluciones cuaresmales, basadas en las palabras del Santo Padre?

 

  1. Usar la cortesía con su cónyuge.

Use peticiones gentiles: “¿Puedo, permiso?” Por ejemplo, “¿Te gusta si hacemos así?” y “¿Quieres que salgamos esta noche?”

“Pedir permiso significa saber entrar con cortesía en la vida de los demás. …El amor auténtico no se impone con dureza y agresividad.” (Discurso a las parejas de novios, Roma, 14 de febrero de 2014.)

 

  1. Decirle “gracias” a su cónyuge.

“Parece fácil pronunciar esta palabra, pero sabemos que no es así. ¡Pero es importante! … es importante tener viva la conciencia de que la otra persona es un don de Dios, y a los dones de Dios se dice ¡gracias!” (Discurso a las parejas de novios, Roma, 14 de febrero de 2014)

 

  1. Pedirle perdón a su cónyuge.

Diga: “Perdón”.

“Aprendamos a reconocer nuestros errores y a pedir perdón. ‘Perdona si hoy levanté la voz’; ‘perdona si pasé sin saludar’; ‘perdona si llegué tarde'”.  (Discurso a las parejas de novios, Roma, 14 de febrero de 2014)

“No terminar jamás una jornada sin hacer las paces. ¡Jamás, jamás, jamás!” (Discurso a las parejas de novios, Roma, 14 de febrero de 2014)

Es importante “tener el valor de pedir perdón cuando nos equivocamos en la familia”. (Discurso a los participantes en la peregrinación de las familias, Roma, 26 de octubre de 2013)

 

  1. Orar junto con su cónyuge y familia.

“Rezar juntos el ‘Padrenuestro’, alrededor de la mesa, no es algo extraordinario: es fácil. Y rezar juntos el Rosario, en familia, es muy bello, da mucha fuerza. Y rezar también el uno por el otro: el marido por la esposa, la esposa por el marido, los dos por los hijos, los hijos por los padres, por los abuelos… Rezar el uno por el otro. Esto es rezar en familia, y esto hace fuerte la familia: la oración”. (Homilía en el día de la familia, Roma, 27 de octubre de 2013)

Pedir al Señor que multiplique su amor y se lo dé fresco y bueno cada día. Oren juntos: “Señor, danos hoy nuestro amor de cada día”. (Discurso a las parejas de novios, Roma, 14 de febrero de 2014)

 

  1. Visitar a los ancianos, especialmente a sus abuelos.

“Los abuelos son la sabiduría de la familia, son la sabiduría de un pueblo. …  ¡Escuchar a los abuelos!” (Discurso a los participantes en la peregrinación de las familias, Roma, 26 de octubre de 2013)

“Qué importantes son [los abuelos] en la vida de la familia para comunicar ese patrimonio de humanidad y de fe que es esencial para toda sociedad”. (Ángelus en la Jornada Mundial de la Juventud, Río de Janeiro, 26 de julio de 2013)

 

  1. Compartir la fe con los demás.

“Las familias cristianas son familias misioneras. …  Son misioneras también en la vida de cada día, haciendo las cosas de todos los días, poniendo en todo la sal y la levadura de la fe”. (Homilía en el día de la familia, Roma, 27 de octubre de 2013)

 

 

Fuente
Este artículo fue traducido de For Your Marriage https://www.foryourmarriage.org/lenten-resolutions-for-married-couples-inspired-by-pope-francis/

Fue escrito en inglés por Bethany Meola.

 

La Cuaresma en Familia

Orar | Ayunar | Dar

 

Celebrando el tiempo litúrgico de Cuaresma con su pareja y con sus hijos

 

El Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo son días obligatorios de ayuno y abstinencia para los católicos. Además, los viernes durante la Cuaresma son días obligatorios de abstinencia. Para ver más detalles visiten esta página y una reflexión sobre el ayuno cuaresmal. Abajo pueden encontrar más ideas sobre otras maneras de ayunar durante la Cuaresma. 

 

Tiempo de preparación

 

Mientras nos preparamos para la Pascua es el momento perfecto para reconciliarnos con Dios y con nuestros hermanos y hermanas. Como nos recuerda el Papa Francisco:

“Queridos hermanos y hermanas: La Cuaresma es un tiempo favorable para la renovación personal y comunitaria que nos conduce hacia la Pascua de Jesucristo muerto y resucitado. Para nuestro camino cuaresmal de 2022 nos hará bien reflexionar sobre la exhortación de san Pablo a los gálatas: ‘No nos cansemos de hacer el bien, porque, si no desfallecemos, cosecharemos los frutos a su debido tiempo. Por tanto, mientras tenemos la oportunidad (kairós), hagamos el bien a todos’ (Ga 6,9-10a)”. (Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2022)

El Regalo de Dios del Perdón: Exhortación Pastoral sobre el Sacramento de la Penitencia y Reconciliación de la USCCB

La Penitencia a la luz de la Enseñanza Social Católica: Mediante el sacramento de la Penitencia, Dios ofrece misericordia y perdón. En respuesta a este regalo, estamos llamados a ser vehículos del amor de Cristo, enmendando faltas y restableciendo la justicia y los lazos que se han roto. Curados y perdonados, somos enviados a trabajar por la paz, la justicia y el amor en nuestras comunidades y el mundo. Este recursos tiene varias ideas y preguntas de reflexión.

“La oración, caridad y ayuno pueden cambiar la historia”. (Papa Francisco en su homilía de Miércoles de Ceniza de 2022

 

Las prácticas tradicionales para vivir más intensamente la Cuaresma son: orar, ayunar y dar. La oración es esencial para la vida cristiana y la Cuaresma en un buen momento para evaluar nuestra vida de oración. El ayuno es un recuerdo tangible de acercarnos más a Cristo. La oración y el ayuno nos llevan a ser más generosos a través de obras de caridad y justicia y de compartir nuestro dinero.

Aquí están algunos recursos para hacer estas prácticas en familia:

ORAR

Desafío de Oración Familiar: ¿No rezan juntos en familia? ¡Los invitamos a usted y a su familia a unirse al Desafío de Oración del Año de la Familia! Actualmente estamos en el Año de la Familia – Amoris Laetitia, que finalizará en el Encuentro Mundial de Familias en junio de 2022. El Papa Francisco ha escrito a menudo sobre la importancia de la familia y ¡este desafío de oración nos da una gran oportunidad para celebrar y orar con y para las familias de nuestra parroquia!

Los invitamos a unirse al desafío de rezar juntos en familia, especialmente durante la Cuaresma. En el kit de herramientas Amor familiar: Una vocación y un camino a la santidad publicado por la Asociación Nacional de Ministros Católicos de Vida Familiar (NACFLM por sus siglas en inglés), en la página 6 tienen 30 ideas de cómo rezar en familia. También provee gráficas que pueden compartir en redes sociales e ideas para los líderes parroquiales de cómo invitar a todas las familias de su parroquia a unirse al desafío.

Vía Crucis para los niños de Loyola Press

Vía Crucis Bíblico de la Campaña Católica para el Desarrollo Humano (Justicia, Paz y Desarrollo Humano de la USCCB)

Ven y Camina: Vía Crucis para Adolescentes de Life Teen

Los Vía Crucis del Vaticano: Meditaciones, fotos y videos de la celebración de los Vía Crucis con el papa desde 1991.

Reflexión del Papa Francisco en el Vía Crucis con los Jóvenes en la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá en 2019.

Explorando Nuevas Maneras (de Orar): Si estás buscando maneras de expandir tu vida de oración en esta Cuaresma, aquí hay unas ideas de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos para ir más allá de la oración a la hora de comer y a la hora de irte a dormir

Ecos de la Palabra en vivo por Facebook los miércoles a las 9pm ET

Guías “Familias en Misión” para la Cuaresma 2022: Ver, discernir y actuar esta Cuaresma con Maryknoll. Ver de Nuevo: Quítate el velo de los ojos.

AYUNAR

 

Privándonos de algunas cosas en Cuaresma

Limitando el uso de la tecnología en la Cuaresma

Crecer en santidad siguiendo los consejos del Papa Francisco

DAR

Recursos para la Cuaresma de CRS: Podemos compartir con los más necesitados con la ayuda de Catholic Relief Services. La familia, como iglesia doméstica, se fortalece al estar atenta a las necesidades de nuestros hermanos en todo el mundo y al vivir las prácticas tradicionales de la oración, el ayuno y la limosna con un espíritu misionero.

 

El Amor es una Decisión más que un Sentimiento

Por Silvio Cuellar

Este mes celebramos el día del amor y amistad, y ya desde los primeros días de enero las tiendas se cubrían de rojo, con flores, chocolates para la enamorada o el enamorado. La realidad es que más de la mitad de los matrimonios hoy terminan en divorcios.

Quisiera compartir con nuestros lectores algunas estrategias que he aprendido en 20 años de estudio sobre temas familiares y casi 28 años de vida matrimonial.

  1. El primer paso para un matrimonio duradero, y exitoso es obviamente tener una buena Preparación Matrimonial. Lamentablemente muchas parejas de novios ponen más énfasis en la fiesta, el viaje que en conocerse lo suficiente y planificar las cosas importantes que determinarán el éxito o no de la pareja, como las metas personales y planes de pareja, las finanzas, la cantidad de hijos, la educación de ellos, y la fe. Dice una experta en relaciones que para que una pareja se conozca lo suficiente y su amor sea probado antes de casarse debe pasar por lo menos por cuatro estaciones: primavera, verano, otoño e invierno. En otras palabras, la relación de noviazgo debe como mínimo durar un año o más.
  2. El segundo paso es que la pareja comparta la Fe. Cuando de novios no se le da mucha importancia en muchos casos a la práctica de la religión y la vivencia de la Fe, pero cuando llegan los niños y las madres comienzan a ponerlos en el catecismo y llegar más frecuente a la Iglesia; frecuentemente el esposo se queda en casa y eso va acumulando tensión y hasta resentimiento que puede llevar al enfriamiento de la relación. Los barcos comienzan a viajar en direcciones opuestas, y obviamente en algún momento llegarán a destinos diferentes.
  3. El tercer paso o estrategia, es tener una comunicación activa. Quiere decir que los esposos aprendan a dialogar y expresar sus sentimientos sin ofenderse, expresar sus ideas y buscar un punto de encuentro o de acuerdo sin tratar siempre de imponerse sino más bien aprender a negociar y llegar a un acuerdo que no necesariamente será lo que yo quiera o lo que mi cónyuge quiera, sino que podrá ser una tercera opción.
  4. El cuarto paso es reconocer que necesitamos dejar que Dios nos cambie a nosotros mismos y adaptarnos a nuestra pareja para llegar a tener unidad y santidad. Cada uno de nosotros traemos cualidades y defectos que hemos ido heredando de generación en generación (bendiciones y maldiciones), entonces debemos reconocer nuestras debilidades para corregir nuestros defectos e identificar nuestras fortalezas para desarrollar nuestras virtudes y no quedarnos en la mediocridad. Personas que dicen “Así soy yo y así me tienen que aguantar”, normalmente llevan al fracaso de su familia.
  5. Un quinto paso es reconocer cuando me he equivocado y pedir perdón. Recientemente tuve un día de frustración y en la mañana al desayunar traté rudamente a mi esposa frente a uno de mis hijos adolescentes y me fui sin despedirme. Me sentí bastante mal después porque herí los sentimientos de mi esposa por algo que tal vez podríamos haber dialogado calmadamente. La llamé más tarde para pedirle perdón y reconocí mi error. Ella con mucha paciencia y sabiduría me dijo: “¿Cómo te sentirías después si hubiera tenido un accidente y el Señor me hubiera llamado y lo último que me dijiste fue un reproche?”. Y aún peor, “¿Qué clase de lección le estás dejando a nuestro hijo sobre cómo un esposo debe tratar a su esposa?”

Esas palabras de mucha sabiduría me hicieron recapacitar mucho y recordar que siempre estamos enseñando a nuestros hijos, más con nuestras acciones que con nuestras palabras y que ese día no fui un buen maestro. Lo triste es que muchas parejas se comportan de esta manera, todos los días y nunca piden perdón o dialogan sin ofenderse, entonces se van distanciando y los hijos también aprenden a comportarse de la misma manera. Recordemos, el amor es una decisión diaria, más que un sentimiento.

 

Silvio Cuéllar es músico pastoral, compositor, periodista y conferencista en temas de liturgia, vida y familia. Sirve como coordinador diocesano de la Oficina del Ministerio Hispano de la Diócesis de Providence, Rhode Island, Editor Asociado del periódico El Católico de Rhode Island y director de música en la parroquia Holy Spirit en Central Falls, RI, donde dirige coros en inglés y español.

 

Usado con permiso, este artículo fue publicado en El Católico de Rhode Island en febrero del 2022.

 

¿Me siguen queriendo mis nietos?

Por Andrea Ballina

¿Me siguen queriendo mis nietos?

Esta pregunta me la hicieron mis padres hace poco tiempo. Y esta pregunta tan simple nos llevó a una reflexión y plática familiar profunda. Pero antes de compartirles dicha platica y reflexión, déjenme contarles un poco de nosotros. Soy la hija mayor de 2 hijos en total. Solo somos mi hermano y yo. Y mis 4 hijos son los únicos nietos. Por azares del destino vivimos separados. Mis padres viven en la Ciudad de México y yo en Los Estados Unidos. Desde el principio, en cuanto mis padres supieron que iban a ser abuelos por primera vez, han estado presentes en nuestras vidas. Han estado con nosotros en los nacimientos, bautizos, navidades, años nuevos, alguno que otro cumpleaños, juegos de futbol, competencias de danza, primeras comuniones, etc. Ahora están con nosotros porque su nieta mayor se gradúa de preparatoria y empieza la etapa de la universidad. Por supuesto, ¡los abuelos tenían que estar presentes en una fecha tan especial!

Pero en esta visita se encontraron no con sus nietos “chiquitos”, sino con tres adolescentes y una preadolescente. Sus nietos han crecido, han cambiado y la relación Abuelo-Nieto cambió también. Ya no son los niños chiquitos que mis papás consentían dándoles un dulce. O que mis papás ayudaban a dormir y los arrullaban. Ya no quieren estar todo el tiempo jugando con ellos y cargados o en sus piernas. Mis hijos tienen más independencia y sus intereses, como buenos adolescentes, son otros. La relación entre abuelos y nietos se quedó como estancada, en el pasado, sin pies ni cabeza. Ninguna de las dos partes siente una conexión. Se sienten distanciados.

Entonces, volvemos a la pregunta: ¿nos siguen queriendo nuestros nietos?

Al preguntarme esto empezamos a platicar de cómo la relación entre ellos ha ido transformándose. Yo, como hija y como madre estoy en medio de las dos partes, pero eso me permitió analizar las diferencias entre las 2 generaciones. Al estar yo en la generación de en medio pude tomar el papel de “mediadora” y al final de la plática llegamos a los siguientes puntos y propuestas para restablecer la conexión entre mis padres y mis hijos:

1) Las dos partes (en este caso los abuelos y los nietos) tienen que hacer el esfuerzo para estar en comunicación constante. De las dos partes tiene que surgir el interés de saber qué pasa con sus vidas, qué han hecho en la semana, cómo les ha ido en sus actividades, etc. Si no se puede en persona, la tecnología nos ayuda bastante: FaceTime, una llamada, un texto.

2) Los abuelos estarán abiertos a escuchar lo que pasa con sus nietos, aunque “en sus tiempos así no se usaba”. La vida es muy distinta ahora que hace unos años. Cada generación ha vivido costumbres y modo de vida diferentes. Si escuchan y no juzgan, es más fácil que la comunicación entre abuelos y nietos fluya.

3) Tener un día a la semana o al mes en que los abuelos vengan a comer o desayunar con sus nietos. Si no se puede físicamente, entonces por FaceTime o por teléfono. Tener la fecha anotada en el calendario.

4) Acordarse y llamar para felicitar en todos los cumpleaños y aniversarios.

5) Tener una tradición familiar. Puede ser un viaje, o un día en donde se haga algo diferente (una pijamada, ir a un día de campo, al zoológico, cocinar todos juntos, tener un maratón de juegos de mesa, tomar una clase juntos, etc.). Importante: la tradición tiene que ser entre los abuelos y los nietos, no colados (o sea yo no estoy invitada).

6) Todos los nietos serán tratados por igual. No mostrar predilección por algún nieto(a).

7) Los abuelos consienten y los nietos se dejan consentir.

8) Los abuelos seguirán asistiendo a todas las actividades de los nietos que les sea posible.

9) Los abuelos seguirán contando sus historias de cuando eran niños. Las travesuras y aventuras que vivieron. A los nietos les gusta conocer más de sus abuelos y saber cómo eran sus vidas cuando eran más jóvenes.

10) Cuando se tenga la bendición de estar juntos físicamente, aprovechar los momentos con risas, comentarios positivos, conversación. No reproches.

Al concluir la plática y las propuestas, nos dimos cuenta de que tanto mis padres como mis hijos están a tiempo de retomar la relación. De que al abrirnos y compartir lo que sentimos podemos caminar hacia delante y reparar los lazos que se hayan atrofiado.

Al final, Mis padres obtuvieron su respuesta: ¡Claro que los queremos abuelitos…y mucho!

La clave del Padre efectivo con sus hijos

Por Silvio Cuellar

Carlos llegó a los Estados Unidos buscando el sueño de darle una mejor vida a su familia. En su afán por conseguir sus sueños, trabajaba doble turno y casi nunca tenía tiempo para compartir con sus hijos. Con el tiempo sus hijos se fueron metiendo en dificultades y la relación de padre e hijo se fue distanciando y enfriando, hasta que los hijos se pusieron bastantes rebeldes durante la adolescencia.

Alberto por su parte trabajaba mucho también, pero siempre se daba tiempo para compartir con sus hijos y hacer que ellos se sientan amados y apreciados. Ellos crecieron con mucho aliento sintiendo mucho amor y aliento en sus vidas, convirtiéndose en líderes juveniles en la iglesia y en la comunidad.

Carlos por su parte se preguntaba en qué había fallado, ¿Por qué si siempre trabajó para darle lo mejor a sus hijos ellos le salieron rebeldes?

Tal vez es la respuesta gire en torno a que Carlos estaba siempre ocupado trabajando y cuando llegaba a la casa siempre estaba con un mal humor y les gritaba bastante a sus hijos.

Veamos algunas sugerencias prácticas basadas en lo que la psicología y las Sagradas Escrituras enseñan.

Primero: Ser un buen padre no es sólo ser un proveedor de dinero o cosas materiales.

Dicen las estadísticas que un alto porcentaje de hijos que se crían con padres ausentes o sin la presencia de un padre en sus vidas tienden a desarrollar desbalances emocionales, envolverse en muchos problemas, terminando muchas veces con adicciones, embarazos en adolescencia, o en la cárcel. En mi propia familia mi esposa y yo decidimos que ella estaría en la casa dedicándole su atención a tiempo completo a nuestros hijos, y que yo sería el que saldría a buscar un sustento. Esto implica que yo tendría que tener más de un trabajo y que mi tiempo sería limitado, pero así, aun cuando regreso del trabajo completamente agotado; saco energías de donde se pueda, para compartir un poco con mis hijos, leyéndoles un cuento antes de acostarse o simplemente jugando algún juego de mesa o compartiendo un tiempo cualitativo con ellos. Frecuentemente llevo a cada uno de mis hijos individualmente a cenar o al cine o hacer algo divertido para que ellos tengan ese tiempo con su papá y se sientan amados y valorados.

Segundo: Los buenos padres saben escuchar y comunicarse positivamente con sus hijos.

La carta de Santiago 1,19 dice: “Hermanos muy queridos, sean prontos para escuchar, pero lentos para hablar y enojarse”. También en Efesios 4, 26.29 leemos: “Enójense, pero sin pecar. Y, que el enojo no les dure hasta la puesta del sol, pues de otra manera se daría lugar al demonio… No salga de sus pocas ni una palabra mala, si no la palabra justa y oportuna que hace bien a quien la escucha”.

Este es un punto que todos necesitamos corregir, ya que una gran parte de las personas de nuestra cultura hemos crecido con gritos y arrebatos. Necesitamos aprender a controlar nuestras emociones, frustraciones y tratar a nuestros hijos con calma, amor y respeto.

Tercero: Discipline a sus hijos con amor y aliento.

Estamos acostumbrados a actuar reactivamente y castigar a nuestros hijos cuando hacen algo malo, sin embargo, es mucho mejor prevenir y anticipar las cosas que puedan pasar y usar las consecuencias en vez de los castigos, golpes o gritos; usando la motivación y el aliento cuando nuestros hijos hacen cosas buenas que deban ser reconocidas.

Cuarto: Quieres ser un buen padre, entonces sé un buen esposo y trate a su esposa como usted quiere que sus yernos traten a sus hijas. 

En Efesios 5, 25.33 leemos: “Maridos, amen a sus esposas como Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella… En cuanto a ustedes, cada uno ame a su esposa como así mismo, y la mujer, a su vez, respete a su marido”.  En el hogar nosotros tenemos la primera escuela para enseñarles a nuestros hijos a ser un buen esposo. Todo lo que nosotros hagamos ellos aprenderán y la forma en que nosotros tratemos a nuestras esposas ellos imitarán.

Finalmente, enseñe con el ejemplo.

Las estadísticas nos muestran que nuestros hijos seguirán solamente una parte pequeña de nuestros consejos, y más bien aprenderán de nuestro ejemplo. ¿Queremos que ellos sean buenos esposos, honestos, trabajadores, y fieles? entonces enseñémosles lo que eso significa con nuestra propia vida y con nuestro propio ejemplo.

 

Silvio Cuéllar es músico pastoral, compositor, periodista y conferencista en temas de liturgia, vida y familia. Sirve como coordinador diocesano de la Oficina del Ministerio Hispano de la Diócesis de Providence, Rhode Island, Editor Asociado del periódico El Católico de Rhode Island y director de música en la parroquia San Patricio en Providence, donde dirige coros en inglés y español. 

 

Usado con permiso, este artículo fue publicado en El Católico de Rhode Island en julio 2019.

La bendición sorprendente de educar en casa

Escuela en Casa durante Covid-19

Por Verónica López Salgado

Hablar de la familia como iglesia doméstica significa proclamar que el hogar es “la primera escuela de vida cristiana”.[1] Y aunque invariablemente me fascinaba esta expresión – iglesia doméstica – y sé que, como padres de familia somos los principales educadores de nuestro hijo, ¡jamás imaginé que literalmente sería la maestra de mi hijo no solo en la fe, pero también en la escuela secundaria!

La pandemia motivó algunas transiciones drásticas para mi familia: uno de esos cambios fue el comenzar homeschooling – como se conoce en inglés – o educación en el hogar con nuestro hijo Santiago. Después de varios meses de discernimiento, a principios de septiembre de 2020 decidimos darlo de baja de su escuela y comenzar la educación en casa. Nuestro hijo actualmente tiene 13 años y está por terminar el 8vo grado.

Nos dimos a la tarea de empezar una exhaustiva investigación sobre los recursos para la educación en casa, los métodos de enseñanza y aprendizaje y los requisitos que el estado solicita a los padres para poder educar a sus hijos en casa. Finalmente, cuando nos decidimos por un programa escolar a distancia y plan de estudios, debíamos completar cada uno de los requisitos del estado donde vivimos el año pasado – cabe mencionar que cada estado tiene sus exigencias particulares.

Al haber completado todos los pasos necesarios, nos sentimos totalmente preparados para la aventura. ¡O al menos eso creímos! Pues resulta que no alcanzamos a inscribirnos a tiempo y pagar la colegiatura porque aproximadamente 2.500 estudiantes ya se habían inscrito y no había más cupo para nuestro hijo. Aun así, elegimos el currículo de la escuela que más nos agradó: Madre de la Divina Gracia (Mother of Divine Grace por su nombre oficial en inglés) y decidimos que sería yo quien implementaría el programa de estudios, sin apoyo de los maestros o asesores escolares que al habernos inscrito hubiéramos tenido. Sin embargo, algo que sí tuve y agradezco demasiado es haber buscado los consejos de madres con extensa experiencia en homeschooling. Eso me ayudó a saber cómo podía personalizar el programa de estudios de mi hijo de acuerdo con sus necesidades de aprendizaje. Así elegimos complementar el plan de estudios con otros recursos y sustituir algunas clases.

A finales de septiembre, después de haber ordenado los libros necesarios y armar lo que parecía un horario escolar adecuado, comenzamos la escuela en casa/educación en el hogar. Si dijera que todo empezó estupendo y sin complicaciones, estaría mintiendo puesto que el camino no ha sido fácil. Nuestro trayecto no ha estado libre de obstáculos, inhibiciones y un sinfín de cambios en la rutina. Hoy, después de ocho meses y aún con trabajo escolar por completar, puedo decir con total franqueza que la experiencia de enseñar a mi hijo en casa ha merecido la pena en TODO momento. Él, por su parte, piensa lo mismo porque, aunque frecuentemente me pide hacer algo fuera de lo común en nuestro día de escuela, hemos aprendido juntos que la disciplina desde el amor siempre trae buenos resultados.

Para terminar, me gustaría incluir sugerencias, recursos y estrategias que me han servido a mi como maestra de mi hijo durante este año escolar. No sin antes subrayar una frase de san Juan Pablo II que me parece de suma importancia. Existen innumerables estudios afirmando que “ninguna influencia es más formativa de la identidad de las personas que su socialización primaria”.[2] Esta primera socialización sucede precisamente en la esencia de una familia, a la cual san Juan Pablo II nombró “pequeña sociedad” y afirmó, que “la familia es en sí misma una pequeña sociedad, y la existencia de todas las grandes sociedades (nación, estado, Iglesia) depende de ello”.[3] Por esta razón, querido lector, si tú también haces escuela en casa con tus hijos – de cualquier edad –  lo hiciste al principio de la pandemia, o has optado por la educación en casa por un período de tiempo más largo, espero que al leer este artículo comprendas la labor tan fundamental que forjas, realizaste y continuarás haciendo durante la vida de tus hijos que serán parte de la gran sociedad que tú estás formando en tu hogar.

Tres consejos sobre la escuela en casa

  1. Si como yo, la escuela en casa fue una decisión motivada debido a la situación con el Covid-19, ¡ánimo! no estás solo y el mundo entero tuvo que aprender a navegar esta realidad. Si ya tus hijos han regresado a la escuela de ladrillo y cemento, ¡felicidades! por haber hecho tu mejor esfuerzo por enseñar a tus hijos en casa el tiempo que lo hayas hecho. Si tus hijos continúan la escuela en casa no por decisión propia, ¡adelante!, existe una plétora de recursos para ayudarte a seguir. Y si has optado por la escuela en casa por un período de tiempo más largo o permanentemente, ¡enhorabuena!, seguramente has elegido lo que es mejor para tus hijos y familia.
  2. Los padres de familia con amplia experiencia sobre la educación en casa me dijeron que por lo general – sin Covid – el primer año es el más difícil. ¡Ama más, no seas tan duro contigo mismo o con tus hijos! Pues cualquiera que sea tu situación actual, recuerda que la familia es la célula primera y vital que también tiene una función social y política: tus hijos serán en la sociedad el reflejo de lo que viven en casa.
  3. Pide apoyo SIEMPRE que lo necesites, haz preguntas y tómate el tiempo de investigar. Es esencial que tengas una lista integral de otros padres, amigos y familiares que pueden ayudarte o aconsejarte. Únete a un grupo de ayuda para padres en tu ciudad o en redes sociales. Mi papá, por ejemplo – ingeniero químico – es el tutor de álgebra de mi hijo.

Tres sugerencias concretas para la escuela en casa

  1. Asegúrate de conocer cuáles son las expectativas sobre la educación en el hogar del estado en donde vives. Cuál es la ley, requerimientos, etc. Por ejemplo, yo aprendí que los requisitos del estado de Carolina del Norte son mucho más estrictos que los del estado de Mississippi.
  2. Ahorra tiempo en la planeación y compra únicamente los materiales escolares que necesites, imprime lo que sea posible, y organiza todo en carpetas por materia.
  3. Lee con anticipación el material que tus hijos aprenderán o que les ensenarás, esto te ayudará a tener una visión más clara de cómo presentárselos.

Recursos para la escuela en casa

  1. Nosotros escogimos la escuela Madre de la Divina Gracia, que es un programa de educación a distancia que ayuda a los padres a implementar una educación clásica católica en su hogar. Encuentra más información aquí: Mother of Divine Grace School.
  2. Nosotros quisimos un programa y plan de estudio católico, sin embargo, también hay una gran cantidad de programas no católicos que puedes elegir. Hoy en día hay un sinnúmero de información sobre todos estos programas en línea. Encuentra más información aquí: Lista bilingüe de programas católicos.
  3. Aprende sobre las diferentes filosofías y métodos de aprendizaje, así podrás saber cuál es el más adecuado para tus hijos: Lista (no exhaustiva) sobre los métodos de aprendizaje.
  4. Actualmente hay varios programas de matemáticas para la escuela en casa. Nosotros elegimos el programa Teaching Textbooks. Antes de decidirnos por este programa, utilizamos su versión gratis. Encuéntralo aquí: Clase de matemáticas.
  5. Lista de libros de la historia medieval y poesía, entre otros: Aquí puedes encontrar una lista de libros que puedes ordenar. Escoge las edades que les correspondan a tus hijos en la barra dorada Librería Madre de la Divina Gracia.
  6. En casa, también decidimos continuar con la formación en la fe utilizando un programa desarrollado por las Hermanas Dominicas de Santa Cecilia. El programa se enfoca en el aprendizaje de las virtudes para niños en los grados prekínder a secundaria (Middle School): Virtudes en práctica.

Tres estrategias prácticas para la escuela en casa

  1. Diseña un horario y establece una rutina escolar. Revisa este horario y rutina cada mes y haz las adaptaciones o cambios necesarios para tu familia.
  2. Otorga un espacio especial y determinado para la escuela en casa, organiza ahí todos los materiales escolares y asegúrate de que sea un lugar ameno para ti y tus hijos.
  3. Dos ventajas de la escuela en el hogar o la educación en casa son a) la flexibilidad y libertad que otorga, y b) el hecho de que tus hijos y tú, eligen el ritmo de trabajo con que llevan el plan de estudios (o syllabus en inglés). Por lo tanto, si vas a salir de viaje, tienes un cambio inesperado en tu día, o simplemente quieres cambiar de “aula de clases”, lleva contigo siempre el programa de estudios (de preferencia impreso) y cumple con el horario y la rutina diaria en la medida de lo posible.

 

Verónica López Salgado, M.A.
Feliz esposa y mamá/Teóloga, traductora, consultora e instructora independiente
Encuéntrame en mis redes sociales:
Instagram: @veronicalosa
Facebook: Verónica López Salgado
Twitter: @veronicalopezs
Email: verols257@gmail.com

 

 

[1] 1 “La Iglesia Doméstica,” Catecismo de la Iglesia Católica, (consultado el 9 de mayo de 2021) §1657, en la Santa Sede. http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p2s2c3a7_sp.html

[2] Groome, Thomas H. Will There Be Faith? A New Vision for Educating and Growing Disciples. (New York: Harper One, 2011) 205, Kindle Edition.

[3] Karol Wojtyla, Love and Responsibility (San Francisco: Ignatius Press, 1993), 217.

Las Familias Tienen una Misión Única

Por el Diácono Leonel Yoque

 

¿Cómo sería nuestra Iglesia y nuestra sociedad si cada familia encontrara su misión?

La pandemia nos ha desafiado a todos pues ha quedado al descubierto nuestra vulnerabilidad. De una manera u otra nos ha tocado lidiar con muchas pérdidas. Pérdida de salud, de trabajo, de un ser querido, de reunirnos en persona, de celebrar juntos, etc. Sin embargo, debido al confinamiento en casa hemos aprendido a compartir más tiempo con nuestra familia inmediata, y sobre todo, hemos experimentado y valorado nuevamente el significado de una Iglesia doméstica. Las familias de hoy tenemos la misión de ver la realidad que estamos viviendo con el corazón, de tomarnos el tiempo para reflexionar y dialogar sobre los desafíos a la luz de la fe, y de comprometernos con acciones concretas que edifican la construcción del Reino de Dios aquí y ahora.

Ver la realidad con el corazón: Estamos viviendo una crisis enorme pues con la pandemia se han agravado muchos de los desafíos de un mundo postmoderno con los que ya estábamos lidiando anteriormente.  Hoy más que nunca, las familias tenemos que detenernos para ver la realidad de una manera diferente. El Papa Francisco nos ha recordado que, “de una crisis no se sale igual: o salimos mejores o salimos peores” (Videomensaje con ocasión de la 75 asamblea general de las Naciones Unidas, 25 de septiembre de 2020). Como familias, ¿cómo queremos salir de esta crisis? Para esta reflexión surge la necesidad de ver la realidad con los ojos de una fe que brota desde lo más profundo de nuestro corazón.

La unidad familiar es crucial no sólo para superar la crisis, sino para salir de la crisis como mejores esposos, padres de familia, hijos e hijas, hermanos y hermanas. En Amoris Laetitia (AL) – La Alegría del Amor (Exhortación apostólica postsinodal sobre el amor en la familia) el Papa Francisco nos recuerda que “la Iglesia es un bien para la familia y la familia es un bien para la Iglesia. El amor vivido en las familias es una fuerza constante para la vida de la Iglesia. En este amor celebran sus momentos felices y se apoyan en los episodios difíciles de su historia de vida” (AL 87-88). Para ver la realidad con el corazón es necesario que las familias nos reencontremos con el amor. Así como los metales son puestos a prueba a través del fuego, así también el amor familiar es puesto a prueba ante las adversidades. Viendo la realidad con los ojos de la fe cristiana nos ayudará a salir de la crisis como mejores familias. Y por qué no decirlo, como mejores cristianos.

Reflexionar y dialogar en los desafíos a la luz de la fe: ¿Has considerado tu hogar como un lugar de misión? Es importante que las familias de hoy tengamos un espacio de reflexión y diálogo y así poder identificar la misión que el Señor quiere para cada una de las familias de hoy. La Sagrada Familia de Nazaret cumplió con su misión. “La alianza de amor y fidelidad, de la cual vive la Sagrada Familia de Nazaret, ilumina el principio que da forma a cada familia, y la hace capaz de afrontar mejor las vicisitudes de la vida y de la historia. Sobre esta base, cada familia, a pesar de su debilidad, puede llegar a ser una luz en la oscuridad del mundo” (AL 66).  Para identificar nuestra misión en familia debemos seguir el ejemplo y misión de la Sagrada Familia – José, María y su Hijo Jesús – quienes encontrándose en situaciones difíciles en sus vidas se dejaron guiar por Dios y llevaron a cabo el plan salvífico del Padre.

Como católicos pertenecemos a una Iglesia Universal – pero también somos una Iglesia Doméstica.  San Juan Pablo II decía que las familias son como “Iglesias en miniatura”. Imagínate que vas entrando a tu hogar y piensa que estás entrando en el templo donde celebramos nuestra fe cada domingo. ¿Cómo sería nuestra vida familiar si nuestro hogar lo consideráramos un lugar sagrado? O inclusive, ¿cómo nos trataríamos unos a otros en la familia?

Imaginemos a la familia como el primer lugar donde se experimenta el amor de Dios. En familia reflexionen y dialoguen sobre cómo están compartiendo ese primer amor. Amor de papás, de hijas e hijos, de hermanas y hermanos. ¿De qué manera nos estamos cuidando y respetando unos a otros?

Compartir el amor de Dios con otros: Los espacios y lugares para compartir el amor no se limitan a la familia. Una vez se va experimentado el amor en la familia, la tendencia es que compartimos ese amor con nuestras familias extendidas, familiares, amigos, vecinos y comunidades de fe. Experimentamos que el amor de Dios no tiene límites porque el amor de Dios es como una fuente inagotable que nos lanza hacia las “periferias”, es decir, a los lugares donde Jesús nos invita a experimentar un encuentro para compartir su amor con los más desamparados de la sociedad.

Las familias cristianas están llamadas a dar frutos para la Iglesia Universal y la sociedad y para esto es necesario una pastoral desde y con las familias. “Las familias cristianas, por la gracia del sacramento nupcial, son los principales sujetos de la pastoral familiar, sobre todo aportando ‘el testimonio gozoso de los cónyuges y de las familias, iglesias domésticas’. Se trata de hacer experimentar que el Evangelio de la familia es alegría que ‘llena el corazón y la vida entera’, porque en Cristo somos ‘liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento’” (AL 200). La misión de las familias de hoy es alcanzar juntos la plenitud.

Ser familia misionera: En la familia, por excelencia, descubrimos nuestra vocación de vida, es allí donde descubrimos, valoramos y desarrollamos nuestros dones y talentos; y los ponemos al servicio de la Iglesia, de nuestra sociedad y del mundo entero. Encontrar tu vocación de vida es encontrar tu misión. En palabras del Papa Francisco: “Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo” (Evangelii Gaudium 273). Una familia discípula es una familia misionera. Reflexionen y dialoguen constantemente sobre cómo pueden ser una familia misionera que comparte el Evangelio de la alegría en su familia, comunidad de fe y en la sociedad.

Empezar por los papás: Desde las primeras comunidades cristianas, el testimonio ha sido una vía eficaz de evangelización y misión. Por excelencia los padres de familia damos testimonio con el ejemplo de buenos cristianos en nuestra vida diaria. Si queremos hijos e hijas misioneros tendremos que ser buenos discípulos misioneros nosotros primero. “Los hijos que crecen en familias misioneras a menudo se vuelven misioneros, si los padres saben vivir esta tarea de tal modo que los demás les sientan cercanos y amigables, de manera que los hijos crezcan en ese modo de relacionarse con el mundo, sin renunciar a su fe y a sus convicciones” (AL 289). Papá y mamá esta es específicamente nuestra misión, aquí y ahora.

 

Acciones concretas para construir familias misioneras:

  • Comprométanse a utilizar palabras como: “por favor”, “permiso”, “gracias”, “perdón”, “sugiero”, etc. en su comunicación familiar de forma cotidiana hasta que sea parte de un hábito interno. A menudo pensamos que para criar buenos hijos e hijas tenemos que hacer grandes cosas, sin embargo, con pequeños gestos y palabras podemos edificar grandes valores en la familia (cf. AL 264-266).
  • Sirvan en la comunidad: Una vez identificados nuestros valores, dones y talentos en la familia, ahora los ponemos al servicio de nuestra comunidad. Invitemos constantemente a nuestras hijas e hijos a servir como voluntarios. En nuestras parroquias y organizaciones comunitarias hay muchas maneras en las que podemos hacerlo. Por ejemplo: Caridades Católicas, San Vicente de Paul, etc.  Cantando, leyendo, enseñando, dando la bienvenida, como voluntarios en ministerios de justicia y servicio social, etc. Empiecen de a poco, quizás donando una hora a la semana de su tiempo y después compartan en familia cómo se sintieron al dar este servicio a los demás.
  • Salgan a las periferias: Promover en las familias su natural vocación misionera (cf. AL 230). El amor no tiene límites y es como una fuente inagotable, pues el Espíritu Santo nos lanza hacia los más necesitados. Identifiquen en familia a las personas más necesitadas cercanas y lejanas y comprométanse en una acción concreta para tener encuentro con Dios en las periferias.
  • Ver y compartir los recursos del Año “Familia Amoris Laetitia” (March 19, 2021 to June 26, 2022): Sitio web del Vaticano, sitio web de la USCCB y muchas diócesis tienen sitios web con información local.

El Diácono Leonel Yoque nació y creció en Guatemala y ha vivido en California por 30 años. Está casado y tiene tres hijos. Leonel es diácono permanente de la Arquidiócesis de Los Ángeles, asignado a la Parroquia Santa Cruz. Al mismo tiempo, Leonel lidera el equipo de educación y animación misionera Hispana/Latina con los Padres y Hermanos Maryknoll. Leonel obtuvo una maestría en Teología Pastoral en Loyola Marymount University, Los Angeles.