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Historias 3: María Elena y Javier

Lo difícil de la distancia

María Elena y Javier habían crecido juntos en el mismo pueblo y en el mismo barrio. Habían ido a la misma escuela y hasta habían tomado la Primera Comunión en la misma iglesia.

Ya después de los quince de María Elena ellos fueron descubriendo que se querían no sólo como amigos. El noviazgo fue recibido con mucha alegría por todos menos por los padres de María Elena. La situación política y de seguridad habían hecho que ellos decidieran migrar a los Estados Unidos. La mamá de María Elena habló con ella, su padre habló con ella, ambos hablaron con ella., pero María Elena prefería quedarse sin su familia que alejarse de Javier. Como una solución “negociada” la familia de María Elena propuso que se casaran y que ella más tarde le llenase los papeles de visa para reclamarle como esposo. Así, tres días antes de salir del país, María Elena y Javier se casaron, tuvieron una pequeña fiesta familiar y dos días en la playa como luna de miel. Ambos se prometieron el uno al otro que cada año en el aniversario de su boda, ellos renovarían sus votos de fidelidad y de entrega. Lo harían por teléfono si se podía, si no lo harían por carta.

María Elena y Javier no contaban con la serie de cambios que sucederían en sus vidas. Antes de que pasaran sus 6 meses como residente y que ella pudiese presentar la petición de visa para traer a su esposo, Javier fue reclutado de forma mandataria para servir en el Ejército. Al terminar los tres años de entrenamiento una nueva ordenanza determinó que hasta que no tuviese 29 años no podía emigrar porque estaba en edad de servir a la Patria. Javier escribió a María Elena y le dijo que le liberaba de su compromiso con él y que tratara de rehacer su vida en el extranjero mientras él trataba de rehacer su vida también.

María Elena no aceptó la propuesta de Javier, escribió y llamó por teléfono una y otra vez recordándole la promesa matrimonial: “en lo bueno y en lo malo, hasta que la muerte los separe”. Javier parecía determinado a no ceder en su punto de vista y le aseguró muchas veces que no era que él se hubiese enamorado de otra mujer sino que le parecía injusto mantenerla atada a él y a un futuro incierto. “Por incierto que sea, es el que elegimos los dos cuando tomamos la decisión de casarnos”, respondió ella. Así, año tras año ellos renovaban su compromiso –por teléfono o por carta-hasta que  finalmente cuando llevaban ya 6 años “casados a distancia” se presentó la oportunidad  de que María Elena viajase a su país de origen. En el aeropuerto estaba Javier esperándola. Conversaron, se amaron, y ambos entendieron que la separación impuesta de 10 años era una prueba que ambos querían y debían superar sin desesperarse pero cada día añadiendo esperanza a la llama de su amor. Nueve meses después el fruto de su amor les dio a ambos nuevas razones para esperar y no desmayar. María Elena volvió a su país de origen y en la iglesia del pueblo bautizaron a Luisa. Tres años después Javier y María Elena pudieron reunirse finalmente para empezar juntos su ciclo de crecimiento matrimonial –con mucho amor pero desde el mismo inicio –aprendiendo a vivir juntos, ajustándose el uno al otro.

Historias 7: Enrique y Margot

La importancia de la comunicación

Enrique y Margot se conocieron en las clases de ingles de la Biblioteca Pública del vecindario. Ambos venían de diferentes países Latino-Americanos y llevaban poco tiempo en los Estados Unidos.

Meses después de estar “saliendo juntos” Enrique le propuso matrimonio. Margot no se sentía muy segura porque entre bromas y juegos había notado que “ellos no siempre pensaban igual” pero pensó que “eso no era tan importante” y aceptó su propuesta de matrimonio.

Enrique y Margot asistieron a un “cursillo de preparación” para la boda “por la Iglesia”, que duró un día. Durante el mismo, el pastor y la pareja de voluntarios que dirigían el cursillo les invitaron  a analizar las diferencias y acuerdos que tenían en diferentes tópicos. Enrique tomó a broma la tarea y Margot no se sintió segura para insistir en hacerlo. Días después Margot volvió a sacar el tema, pero Enrique siguió en su posición de no darle importancia a “las cosas de los curas que no que saben nada de matrimonio porque nunca se han casado”.

Cerca de un año después de casados, Margot fue a visitar al Pastor de la parroquia. Llorando le dijo lo angustiada y deprimida que estaba. Ella se sentía “fracasada” pues no lograba cumplir con su trabajo y con todas las tareas de su casa “como él lo esperaba” y sentía que Enrique no le daba importancia a otros aspectos de la vida en común que ella valoraba mucho y las realizaba con gran esmero y cariño.

El párroco pidió ayuda a la pareja que ayudó en la preparación matrimonial, y estos comenzaron a visitar el hogar de Enrique y Margot, como parte de “su seguimiento” después de la boda. El objetivo era ganar la confianza de Enrique y después modelar las respuestas esperadas a los problemas que ellos confrontaban. Así fueron entrenando a Enrique y Margot a escucharse, lo cual es diferente a simplemente oírse. Una táctica que les sirvió fue el repetir o parafrasear lo que el otro acababa de decir,  para así estar seguros que habían entendido lo que cada cual decía. También les fue útil el recordar y aceptar que tener diferencias es normal y que cada cual tiene derecho a no estar de acuerdo en todo lo que el otro cree y dice.

Años más tarde, Enrique y Margot se convirtieron en voluntarios  del programa de preparación matrimonial y su testimonio es uno de los que más efecto tiene en los novios que se preparan para administrarse el sacramento del matrimonio.

El caso de Enrique y Margot es un bello testimonio de la vida real  cuyas enseñanzas pueden leerse en “Convertirse en Compañeros para siempre”

Pornografía

Pornografía en el Internet: Una amenaza moderna para los matrimonios y las familias

Por Gerald Korson

Enrique parecía tenerlo todo—un matrimonio con amor, cuatro hijos pequeños y un sólido cargo administrativo de mando medio en una corporación financiera local. Él y su familia vivían en los suburbios y eran muy activos en su parroquia local, en donde él participaba en el ministerio musical. A los 35 años, Enrique estaba listo para que lo ascendieran a un cargo administrativo más alto y más lucrativo.

Él siempre trabajaba largas horas, tanto en la oficina como en la casa pero, en estos últimos meses, Enrique había empezado a mostrar síntomas de cansancio. Su esposa e hijos lo notaban distante, irritable y deprimido y él pasaba cada vez más y más tiempo frente a la computadora. Con frecuencia él se perdía de asistir a las reuniones familiares aduciendo que tenía que trabajar. Hasta sus compañeros de trabajo se dieron cuenta de un cambio negativo en su humor, su eficiencia y su productividad.  Enrique ya no era el mismo de antes.

Una noche, ya tarde, todo su mundo se le vino abajo a Enrique cuando Ana, su hija de 11 años, se le acercó y vio que él estaba viendo por Internet un video de un hombre y una mujer en plenos actos sexuales. Llena de horror, Ana corrió donde su madre y le conto todo y, de esta manera, su familia, desilusionada de inmediato, tuvo que enfrentar una dura realidad.  

Trágicamente, la situación de Enrique no es única. Aunque la pornografía ha existido a través de los siglos, el problema de la adicción a la pornografía ha crecido de forma impresionante en estos últimos años, principalmente, por su desmesurada presencia en el Internet.

El doctor Patrick Carnes, quien en 1983 fue el primero que propuso la idea de que una persona puede volverse adicta al sexo, dice que la adicción a la pornografía por Internet es “como el crack de la adicción sexual”.  Así como sucede con el crack, al usuario del Internet no le toma mucho tiempo volverse adicto y eso se convierte en realidad en muy pocas semanas.  Y, así como sucede con el crack, el ver pornografía por Internet en forma constante crea un ciclo de adicción muy fuerte el cual es extremadamente difícil de romper sin la ayuda de un experto.

Estos son algunos de los efectos devastadores de la pornografía por Internet en el matrimonio, la familia y el individuo:

Por lo general, la pornografía conduce al desenlace de un matrimonio.

(1)   Destruye la confianza y la intimidad dentro de la relación de la pareja y, con frecuencia, conduce al desenlace del matrimonio en sí.
(2)   Crea obstáculos para una verdadera comunicación  y una interacción personal con el cónyuge y con los demás.
(3)   Estimula en el adicto a la pornografía una visión distorsionada de la sexualidad que le puede ocasionar el deseo de comportarse de una manera más riesgosa, perversa y hasta criminal.
(4)   Esto aparta a la persona de la vida familiar y de su relación con Dios y establece un patrón destructivo para sus hijos.

Se ha convertido en una epidemia

La adicción a la pornografía es una epidemia que ha ido creciendo en la era del Internet. (Ver Porn by the Numbers). Algunos estimados dicen que cerca de un 50% de los hombres que asisten a la iglesia hacen uso de la pornografía, una cifra que no difiere mucho del porcentaje de uso entre la población masculina adulta en general.

Para Robert Peters, presidente de Morality in Media, el Internet es el factor principal en el incremento del uso de la pornografía.

Peters dice: “cuando hablamos del Internet, generalmente se mencionan tres cosas: el acceso, la capacidad de pago y el anonimato. Algunas veces yo agrego una más: la adicción. La pornografía es adictiva en cualquier medio, pero cuando a uno se le presentan tantas oportunidades con sólo apretar un botón en el teclado y uno es tan astuto que logra esconder todo esto de los demás, entonces es muy fácil para la persona alimentar la adicción a la pornografía”.

Estos factores también facilitan el acceso de los niños y de los adolescentes a la pornografía, según lo manifiesta el doctor Richard Fitzgibbons, director del Institute for Marital Healing, ubicado cerca de Filadelfia.

“Desafortunadamente, los niños que están en las escuelas primarias y secundarias pueden, a una tierna edad, crearse un gran y horrible problema con la pornografía”, dice Fitzgibbons. “Ellos asisten a la escuela y conversan con sus amigos acerca de estos sitios pornográficos. Si no fuera por el Internet, estos muchachos no estarían sumergidos en ese mundo de fantasía”.

Las estadísticas arrojan lo siguiente: Según los estudios, el 90 por ciento de los niños de 8 a 16 años han visto pornografía en línea y los menores de 12 a 17 años constituyen el grupo más numeroso de los usuarios de pornografía por Internet.

¿Cómo se desarrolla la adicción a la pornografía?

El hábito de mirar pornografía por Internet puede empezar como una simple curiosidad, ya sea al encontrar un aviso publicitario o un mensaje electrónico algo picante o, al caer de casualidad, en uno de esos sitios en línea. Un hombre pudiese seguir explorando la pornografía en línea porque siente que esto llena una necesidad real o imaginaria, nos dice Mark Houck, cofundador y presidente de The King’s Men, un apostolado católico cuya sede está ubicada en el área de Filadelfia.

“Quizás él se sienta estresado por su trabajo o esté algo aburrido de su vida o esté buscando algún tipo de entretenimiento”, agrega Houck. “Cualquiera que sea su caso, esto empieza con una falsa percepción de su parte, creyendo que estas mujeres y las imágenes que él ve por Internet van a satisfacer sus necesidades. La verdad es que eso nunca va a satisfacer sus necesidades y luego se va a encontrar en una situación peor de la que estaba antes… Él está usando la pornografía como substituto de una relación humana genuina y eso lo hace sufrir”.

Los factores que pudiesen conducir al desarrollo del hábito de mirar pornografía incluyen el estrés, los conflictos conyugales, el egocentrismo o el “principio del placer” un término freudiano para calificar el deseo de evitar el dolor y buscar la satisfacción inmediata.
Algunas veces hay una causa que contribuye a esto y que Fitzgibbons llama “la soledad dentro del matrimonio”.
“La pareja se ha distanciado dentro del hogar”, dice Fitzgibbons. “Ellos se aman pero no están juntos, especialmente en las noches. Ellos se encuentran en habitaciones separadas y hasta en diferentes pisos dentro de la casa. Ese es el peor error”.

Otros conflictos emocionales y personales que pudiesen llevar a la adicción incluyen: una pobre imagen corporal, un excesivo sentido de responsabilidad, la falta de equilibrio en su vida, la desconfianza en los demás, el aislamiento social, la falta de aceptación de parte de sus semejantes y una ira reprimida. Con frecuencia, estos rasgos están arraigados en las experiencias negativas que sufrieron en sus años formativos de la infancia. Otro factor principal que incrementa la vulnerabilidad a la adicción a la pornografía es si uno de sus padres miraba pornografía o era adicto a ella.

Cualesquiera que sean las causas raíces, la atracción de un hombre hacia las imágenes pornográficas pueden producir en él un estado mental “elevado” que le brindan un breve escape de cualquier estrés o desdicha que esté viviendo en su vida cotidiana.

Con el tiempo, la adicción a la pornografía se va intensificando.

Gradualmente, la adicción a la pornografía se va intensificando según vaya haciéndose más tolerante de los diversos niveles de experiencias en línea. Pueda ser que él empiece a buscar pornografía más explícita o perversa. Esto puede atraerlo a las salas de conversación (chat rooms) en donde los usuarios de Internet pueden encontrarse en línea.

Para algunos hombres adictos a la pornografía, la obsesión puede llegar a tal punto que las imágenes y los encuentros en línea ya no logran satisfacer sus deseos. Entonces buscan ser protagonistas de sus propias fantasías pornográficas, por ejemplo, teniendo una aventura amorosa, buscando encuentros sexuales casuales, utilizando prostitutas, yendo a “clubes para caballeros”, participando en actos de voyerismo e, inclusive, en el abuso sexual de otra persona.

Dónde buscar ayuda

Al final, la anonimidad termina cuando el secreto sale a la luz. Según va creciendo la adicción, sus habilidades cognitivas van disminuyendo y empieza a tomar muchos riesgos. Su comportamiento cada vez más arriesgado y sus esfuerzos para esconder sus problemas empiezan a suscitar sospechas entre sus familiares y sus compañeros de trabajo. Su esposa, o alguno de sus hijos, pueden encontrarlo mirando pornografía o descubren su secreto por casualidad cuando él deja una página web abierta o una foto o mensaje electrónico incriminatorio en la pantalla, o no llega a borrar en el historial de su navegador las páginas pornográficas que visitó.

El incremento en la adicción a la pornografía ha traído consigo un incremento en la cantidad de hombres y de parejas que buscan ayuda para superar este problema, aunque al hombre, por lo general, no es el primero en buscar ayuda, dice Fitzgibbons.

Con frecuencia las esposas consideran que el uso de la pornografía es tan dañino como el adulterio.

“Algunas veces es el hombre pero, con más frecuencia, son las esposas quienes primero se dan cuenta que sus esposos tienen este problema,” agrega Fitzgibbons. La mayoría de las esposas consideran que el uso de la pornografía por parte de sus esposos es una traición tan fuerte y tan dañina como si hubiesen cometido adulterio.

“El impacto nocivo en sus matrimonios es bastante profundo”, dice Fitzgibbons. “He escuchado a muchas mujeres decir que, para ellas, esto es el equivalente a haber sostenido una relación amorosa. Algunas de ellas les dicen a sus esposos: ‘A menos que tú abordes este asunto y lo resuelvas, este matrimonio no va a sobrevivir ya que lo que yo siento es una tremenda traición’. Ellas dicen: ‘Cuando tú haces eso, no estás pensando en mí. Tu corazón está cometiendo adulterio’. Y para eso no tenemos respuesta”.

Un arduo camino hacia la rehabilitación

La  mayoría de los terapeutas concuerdan que mirar pornografía por Internet en forma obsesiva puede calificarse como una adicción conductual. Cuando un hombre ve las imágenes, la satisfacción que las acompaña tiende a establecer un “cableado” neuroquímico en su cerebro y fija una impresión permanente en su memoria lo que algunos doctores llaman el “erototoxin effect”, o sea, el efecto de los químicos que secreta el cerebro en esos momentos.

Mark Houck, de The King’s Men, lo explica en palabras sencillas: “Superar la adicción a la pornografía es más difícil que superar la adicción a la heroína. Cuando la persona se rehabilita de una adicción a las drogas, hay un período de desintoxicación de la droga. Cuando se trata de la pornografía uno puede desintoxicarse, pero las imágenes que se grabaron en el cerebro nunca desaparecen. Eso da miedo, ¿verdad?

Ya que la compulsión a la adicción a la pornografía tiene tantas de las mismas causas y efectos de un adulterio, el tratamiento y el asesoramiento son muy parecidos, dice el doctor Fitzgibbons. (Ver How to Strengthen Your Marriage After Porn Addiction).

“En el caso de un adulterio, la esposa diría: ‘Quiero saber todos los detalles’. Así que usted tiene que ser totalmente abierto, transparente y honesto acerca de todos los errores que usted haya cometido, cuándo, dónde y por qué”, agrega.  “Luego debe haber un profundo sentimiento de dolor, un arrepentimiento. Por lo tanto, el tratamiento es exactamente igual que en el caso de adulterio en el sentido que debe haber un verdadero compromiso para identificar los problemas y resolverlos”.

El restablecimiento de la confianza en el cónyuge es, en sí, una tarea difícil. Es necesario que el marido responda, de la forma más paciente, extensa y frecuente, todo lo que la esposa quiera saber. El deberá prestarle mucha más atención y concentrarse más en la amistad conyugal de la pareja. Con el tiempo, si él demuestra que puede ser casto y responsable, podrá renacer en su esposa la confianza que ella le tenía.

Como parte del proceso de recuperación, y como medida preventiva, es necesario que el esposo y la esposa establezcan una buena comunicación interpersonal y que, juntos, compartan su tiempo dedicándolo a la familia, en otras palabras, deberán construir y mantener una fuerte amistad conyugal.

“La amistad conyugal se basa en la conversación, en la comunicación, en el estar presente para el otro—no sólo para sentarse a ver la televisión sino tomarse el tiempo para discutir asuntos comunes o hacer cosas juntos, inclusive, orar juntos”, agrega Fitzgibbons.

Aunque las clínicas para el tratamiento y los grupos de apoyo pueden ser de mucha utilidad, Fitzgibbons enfatiza la necesidad de tener un sólido componente espiritual si es que un hombre desea abordar y superar su adicción de manera eficaz.

“Hemos visto un gran éxito cuando existe el componente espiritual dentro del proceso de recuperación,” agrega Fitzgibbons. “El Señor no quiere que esta oscuridad interfiera con el gran sacramento del matrimonio”.

La oración, la recepción frecuente de los sacramentos, el estudio de la Biblia y los grupos de apoyo pueden ser de mucha utilidad dentro del proceso de recuperación.

Para más información relacionada a este artículo:

Ten Ways That Cyberporn Damages the Marriage Relationship (sólo en inglés)
How to Strengthen Your Marriage After Porn Addiction (sólo en inglés)
Women and Online Pornography (sólo en inglés)
Internet Porn by the Numbers (sólo en inglés)

La enseñanza católica de la Iglesia sobre la castidad y la pornografía:

El Catecismo de la Iglesia Católica, #2354
El Catecismo Católico de los Estados Unidos para los adultos, capítulo 30
U.S. Conference of Catholic Bishops, Renovar la mentalidad de los medios de comunicación (Declaración para superar la explotación del sexo y de la violencia en las comunicaciones)
Comprados a gran precio: La pornografía, un ataque al templo vivo de Dios, carta pastoral del Obispo Paul Loverde

Recursos – Alimenta Tu Matrimonio

Contacta las Oficinas de Vida familiar de tu diócesis (Family life Office). Ellos te informarán sobre recursos y programas que se estén ofreciendo en tu región. La lista de diócesis y sus direcciones electrónicas están disponibles en: www.usccb.org/dioceses

Talleres y Recursos de crecimiento en pareja

  • Talleres y Artículos para mejorar la comunicación en la pareja:
    • Catholic.net
    • Retrouvaille

Para parejas y Familias víctimas de adicciones

Para víctimas de violencia doméstica

Retiros y Programas de asistencia a matrimonios

Diferentes diócesis de Estados Unidos ofrecen programas específicos de ayuda a las parejas de matrimonios. Infórmate de ellos en las Oficinas de Vida Familiar de tu diócesis o a través de tu párroco. Los siguientes son programas ofrecidos a nivel nacional o de varias diócesis en conjunto:

  • Encuentros Matrimoniales (retiro de fin de semana) Encuentro Matrimonial Mundial and Retrouvaille
  • Renovación Conyugal: Disponible en varias diócesis del sur este de los Estados Unidos: www.renovacionconyugal.org

Apoyo de la Iglesia a separados y divorciados

Valores en común

 Por Dora Tobar

Muchos expertos en consejería matrimonial y de pareja coinciden en afirmar que si bien el compromiso o promesas matrimoniales establecen y sellan la relación con la solidez de un vínculo estable, los valores en común crean la unión diaria que favorece y sostiene la convivencia. Ellos son los que hacen posible que dos personas, aunque provengan de mundos muy distintos, se descubran como “almas gemelas”, con “espíritus afines”, o en términos populares, como la “media naranja” con la cual se puede lograr la comunión de vida y de propósitos deseables en un matrimonio.

Qué es un valor

Los valores tienen que ver con lo que motiva a una persona, lo que la hace actuar, lo que le da sentido a su vida. En pocas palabras, “los valores de una persona son, en cierto modo, la propia misma”. Ellos constituyen “el centro de donde salen los intereses; son la razón que hace vibrar a una persona, sus amores, lo que le es más sagrado e importante (Véase, Geneviève Hone y Julien Mercure, las Estaciones de la Pareja”, Sal Terrae, 1993).

Los valores en común crean la unión diaria que favorece y sostiene la convivencia.

Importancia de los valores en la construcción de un matrimonio

Cada persona, a lo largo de su vida, y de acuerdo a los mensajes recibidos y asimilados, crea una lista de valores que constituyen, por así decirlo, “su tesoro.” Esta lista le sirve de parámetro para juzgar si algo le agrada, si va con él o con ella, o por el contrario, si le disgusta, le desagrada o le ofende. De ahí la importancia que los valores tienen para la relación de una pareja: si las dos listas o códigos de valores coinciden, la armonía y el bienestar estarán en gran medida garantizados; será fácil llegar a acuerdos sobre los objetivos en el manejo del dinero, la crianza de los hijos, la distribución de los oficios, etc. En fin, les resultará bastante fácil crear planes juntos y sobre todo diseñar un proyecto común de vida donde ninguno se sienta frustrado, limitado o forzado.

Para tener esta coincidencia en valores no se necesita ser de la misma religión ni del mismo país, pero ciertamente haber crecido en hogares con principios morales y espirituales similares favorece la coincidencia. Cuando, en cambio, son muchos más los valores en los cuales no se coincide, que aquellos que se tienen en común, es de esperarse que la relación sea, si no conflictiva, por lo menos muy difícil.

¿Qué hacer cuando no hay perfecta coincidencia en los valores?

Nadie coincide total y perfectamente con los valores del otro. Siempre habrá entre los cónyuges, gustos, preferencias o formas diferentes de ver la realidad. Eso no debe ser sin embargo la causa de dificultades en la relación. El amor supone la aceptación del otro tal cual es y no implica que el otro sea mi idéntico. Por el contrario, su diferencia puede aportarme formas de ver la vida y de actuar de las cuales puedo aprender mucho y terminar integrándolas en mi propio esquema de valores.

Se trata por tanto de aprender a “manejar” las diferencias, lo cual es diferente de “soportar” o someterse. En la negociación y búsqueda de acuerdos, aprender las técnicas de comunicación y las herramientas para la solución de conflictos será siempre de gran ayuda. Con todo se debe tener igualmente en cuenta los siguientes:

  • Son negociables los valores que no afecten o dañen el bien de ninguno de los cónyuges ni de los hijos: Valores que sean esenciales o fundamentales, tales como: la responsabilidad por la vida y el bien de las personas de la familia; el respeto, la fidelidad, la honradez, la veracidad, la delicadeza en el trato, etc., no son negociables ni renunciables.
  • Valores que son más gustos o apreciaciones se pueden negociar o simplemente aceptar como una característica propia del cónyuge.
  • La pareja debe poder construir su propio código de valores que los identificará como familia y como matrimonio. En esta elaboración el consejo de amigos y parientes puede ser tenido en cuenta pero no debe sustituir la decisión de común acuerdo de la pareja.
  • Todos evolucionamos y las circunstancias pueden hacer que tengamos que renunciar, no a nuestros principios, pero sí a ciertas formas de aplicarlos (Por ejemplo, si ya no se puede cenar todos juntos, por lo menos se puede buscar un día en que se puedan reunir). Tener esta flexibilidad puede facilitar la convivencia.
  • Comprometerse juntos con los valores cristianos y esforzarse por cumplirlos creará en su pareja el tesoro más rico y fructífero que garantizará su unidad y fortaleza como pareja. Recuerden “lo que Dios ha unido no lo separa nadie”.

Lecturas Complementarias:

  • Geneviève Hone y Julien Mercure, las Estaciones de la Pareja”, Sal Terrae, 1993.
  • Doris Helmering, Cómo alcanzar la felicidad con su pareja: Una técnica para logar la armonía en su relación afectiva. Editorial Norma.1988.
  • Elena Llanos, Cómo vivir bien en pareja. Editorial Grijalbo, 1989.
  • J. Dominian, El matrimonio: Guía para fortalecer una convivencia duradera, Ed. Paidos 1996.

Más sobre este tema en Errores y aciertos al escoger pareja y Conflictos y diferencias de carácter.¿Qué valores compartimos?, ¿Somos compatibles?

Trabajo Fuera y Dentro de Casa

 Por Valentín Araya

Uno de los signos más visibles de los cambios en la sociedad actual es el papel que la mujer ocupa en ella. Se ha acelerado su promoción y se le ha reconocido igualdad de derechos y de representación en el hogar y en la sociedad. Consecuentemente, hay un alto número de mamás que se han sumado a las fuerzas laborales.

Este cambio social ha generado cambios en nuestras familias que no siempre son fáciles de manejar y pueden generar conflictos:

  • Conflictos para la mujer, que preferiría no tener que salir fuera de casa a trabajar y desea ser ella personalmente quien provee cuidado y educación a los hijos. Si lo hace es porque se ve forzada por las circunstancias económicas.
  • Conflictos en el hombre. Para algunos hombres, el hecho de que su esposa trabaje fuera de casa contradice la mentalidad de que el hombre debe proveer todo lo económico para la familia y la mujer debe quedarse en casa para realizar los oficios domésticos y cuidar de sus hijos. Y eso puede ser causa de tensiones y frustraciones en el matrimonio. Sin embargo, como lo dice la Iglesia, “El genio femenino se necesita en todos los ámbitos de la sociedad” (Laborem Exercens, 19). Y en muchos casos, el hecho que la mujer se realice humana, cristiana y profesionalmente, fuera de casa, es una bendición para el matrimonio y para los hijos. Lo importante es que los padres encuentren quién, en su ausencia, pueda cuidar bien los niños, y que el trabajo no absorba el tiempo para compartir en familia y en pareja.
  • Conflictos por tareas domésticas. Cuando los dos trabajan es muy importante distribuir adecuadamente las tareas domésticas. Pues a veces las mujeres sufren la injusticia de tener que trabajar tiempo completo fuera de casa y adicionalmente tener que  encargarse también, ellas solas, del trabajo al interior de la casa. El hombre debe entender que el trabajo de casa es un trabajo más del cual los dos son responsables.
  • Impacto en los hijos.  Los hijos pueden ser severamente afectados cuando los padres, primeros responsables y educadores de los hijos no proveen la atención necesaria. Por eso, en su ausencia, ellos deben asegurarse que los hijos  no sólo sean cuidados de peligros, sino también atendidos en sus necesidades psicológicas, emocionales, espirituales e  intelectuales. Lo importante es que los padres encuentren quién, en su ausencia, pueda cuidar bien los niños, y que el trabajo no absorba el tiempo para compartir en familia y en pareja.

Recomendaciones para parejas cuando los dos trabajan:

  1. Eviten poner en riesgo a sus hijos.  En algunos casos es mejor hacer ciertos ajustes económicos y aprender a vivir con menos dinero, que poner en riesgo a sus hijos. En edades escolares los niños requieren que papá o mamá se involucre con ellos en la escuela y si los dos trabajan, es casi imposible hacerlo. Y cuando son adolescentes requieren ser monitoreados de cerca. Si deciden que los dos van a trabajar, busquen las personas profesionales o instituciones que garanticen el bienestar integral de sus hijos.
  2. Dediquen tiempo a sus hijos. Aparte de las necesidades básicas: abrigo, comida y techo, los niños necesitan seguridad, atención, amor, comprensión, comunicación y protección.
  3. Decidan juntos sobre la disciplina y reglas de comportamiento.: Para evitar conflictos por la crianza es muy importante que decidan, en pareja, el tipo de valores y los métodos de disciplina que usarán con sus hijos. Comuniquen, claramente, tal decisión a su niñera. En mi caso, Betty, mi esposa, y yo decidimos que la disciplina la íbamos a impartir nosotros y no nuestra niñera. Así, ella nos decía si los niños habían faltado a una regla y nosotros aplicábamos las consecuencias. Los niños aprenden pronto que aunque alguien les cuida durante el día, sus papás son los encargados de su disciplina y las personas permanentes en sus vidas.
  4. No olviden la diversión. Dediquen tiempo para jugar con sus hijos después de llegar de sus trabajos. Los niños necesitan ese contacto con ustedes y ustedes lo necesitan también. Reserven también un día por semana como día familiar, donde puedan salir con ellos, hacer todo lo que les guste hacer, llevarlos al parque, ir a caminar, etc.
  5. Ayúdenles en sus tareas escolares. Padre de niños en edad escolar, dediquen tiempo para hacer tareas y obligaciones escolares con sus hijos. Ese tiempo es una inversión excelente para el futuro de sus hijos.
  6. Dediquen tiempo para ustedes dos.  No dejen que el trabajo y las tareas hogareñas les roben lo más importante del matrimonio: ser pareja. Dediquen tiempo juntos para platicar, divertirse, pasar tiempo juntos y seguirse conociendo. Pongan en su agenda por lo menos un día por semana para hacerlo. Es mejor pagar unas cuantas horas más a su niñera, que  dejar que su matrimonio se afecte y les lleve a la separación. Si ustedes están bien como pareja, sus hijos estarán mejor.

Para mayor información sobre este tema y otras fuentes de conflictos visita Las soluciones que buscas.

Roles en el matrimonio

Por Valentín Araya

Los roles y funciones que se le adjudican a los hombres y a las mujeres, dentro del matrimonio, se aprenden en el hogar de origen y en el contexto cultural en que crecimos. Tanto el hombre como la mujer pueden llegar al matrimonio con expectativas preestablecidas de lo que será su rol como cónyuge y con los hijos. Por tanto, es muy importante confrontar estas expectativas con su pareja, puesto que la falta de congruencia en este punto puede causar conflictos en el matrimonio.

Lo primero que habría que decirse aquí es que no hay papeles predeterminados para el esposo y la esposa dentro de la vida matrimonial.

Cada miembro de la pareja debe evaluar los roles y expectativas que tiene frente a su cónyuge y ajustarlos a las necesidades reales de la pareja.

Tradicionalmente, y sobre todo en nuestra mentalidad latina, el hombre se definió como el proveedor de todo lo necesario y la mujer como la que se quedaba en casa, encargada del cuidado de los hijos y  de las mil tareas domésticas. Como consecuencia, el hombre aprendía que no tenía responsabilidades en los oficios domésticos ni en el cuidado de sus hijos, pues esas eran “cosas de mujeres”. La mujer por su parte, aceptaba además que ella era la que debía atender al esposo.

Eso fomentaba una división muy drástica entre las actividades masculinas y femeninas dentro de la relación matrimonial y traían un desbalance poco sano al matrimonio.

En algunos hogares latinos, aún en épocas actuales, la mujer tiene que trabajar muchas horas, sin goce de salario, sin derechos y sin ese “tiempo personal” para recargar sus baterías. Todavía hay quienes no consideran el trabajo doméstico como propiamente un trabajo, sino como una “obligación” que tiene la esposa en el matrimonio.

Hoy en día, por el contrario, la sociedad reconoce que el hombre y la mujer participan por igual en el campo laboral fuera de casa y el trabajo doméstico, aunque no es siempre remunerado, es visto como un verdadero trabajo. Así mimo, los hombres están tomando conciencia de que también ellos deben participar por igual en los oficios domésticos, tradicionalmente asignados a las mujeres.

El matrimonio es como un regalo que tanto el esposo como la esposa reciben. En ese regalo vienen ciertos privilegios y derechos, pero también vienen ciertas responsabilidades, obligaciones y tareas y no hay manuales que especifiquen cuáles tareas debe hacer el hombre y cuáles la mujer.

El que la mujer esté naturalmente mejor dotada para realizar ciertas tareas en el hogar, no impide que el hombre pueda aprender a hacerlas. El hogar, el matrimonio y los hijos no son sólo de uno, sino de los dos. Cada miembro de la pareja debe evaluar los roles y expectativas que tiene frente a su cónyuge y ajustarlos a las necesidades reales de la pareja. Comunicación clara y precisa es siempre una herramienta importantísima en este proceso.

Más sobre este tema también en “Profesión y familia”.

Resoluciones de año nuevo…¿Hasta cuando?

Resoluciones de año nuevo….¿Hasta cuándo? Comenzamos un nuevo año y de seguro—como hemos hecho en los años anteriores—escribimos nuestra lista de “nuevos” propósitos…otra vez. Lo más seguro es que el 75% de las resoluciones de nuevo año sean las mismas que nos propusimos cumplir el año anterior, y no lo hicimos. Algunas de ellas de seguro son: bajar de peso, mejorar la figura, cambiar el coche o carro, mudarnos a una nueva casa, conseguir un mejor empleo, ganar la lotería, ayudar a los pobres, estudiar una carrera, hacer las paces con los amigos, familiares, etc. Muchas fáciles de lograr, otras casi imposible de lograr.

En nuestro razonamiento nos damos cuenta que no lo logramos, pero ahí vamos otra vez. ¡Y eso es perfecto! No debemos desanimarnos o perder el impulso de la motivación de las fiestas del año nuevo, por el contrario aprovechemos esta ocasión. Les ofrecemos a continuación unas sugerencias para que este nuevo sea año diferente a los anteriores:

• Pongamos nuestra confianza en Dios, no en nuestra propia fuerza de voluntad.• Recordemos cada vez que pensemos en nuestras resoluciones que somos seres humanos, que nos cansamos, nos equivocamos y cometemos errores, aun así Jesús dio su vida por nosotros y nos alcanzó la vida eterna.

• Evaluemos si nuestras metas están propuestas por la razón correcta, es decir para nuestra felicidad, la de nuestro cónyuge y la de nuestra familia en primer lugar.

• Conversemos sobre nuestras resoluciones con nuestro cónyuge, para que él o ella sepa sobre las metas que estamos tratando de alcanzar y pueda así ser un agente de ayuda y motivación para que las cumplamos y no por el contrario, ser quien nos incite a no cumplirlas.

• Propongamos metas que no solo sean individuales, sino metas que nos unan y nos ayuden como pareja, tales como tener más paciencia para no entrar en discusiones, ponernos de acuerdo en todas las áreas de acción y decisión en nuestra vida de pareja y familiar (ex. cómo hemos de corregir a los hijos, como manejar los conflictos y las finanzas), separar un tiempo regularmente para compartir solos como pareja o en familia con los hijos, moderar o eliminar las actividades o actitudes que ofenden o crean ansiedad a nuestra pareja o nos dañan a nosotros mismos (ex. tomar demasiado, los gastos excesivos, salidas continuas con los amigos y amigas), hacer un balance entre el trabajo y la familia, o corregir cualquier otra cosa que esté afectando la convivencia sana y feliz.

• Las resoluciones para el año deben ser evaluadas frecuentemente, (semanalmente o los más seguido posible) para poder hacer los reajustes de acuerdo a como nos vayamos desenvolviendo.

• Celebremos las metas logradas, hagamos saber a nuestra pareja y nuestros seres queridos de nuestros logros y ¿por qué no? darnos una palmadita en la espalda y también recompensarnos por nuestro esfuerzo.

• Bendigamos a Dios en cada momento de este recorrido por el año que termina que finalmente, es la búsqueda de la felicidad que Cristo nos ha procurado y que debemos compartir.

Por último y no por ser menos importante, la resolución de año nuevo y de todos los días es amar a la persona que Dios nos separó para ser nuestra compañía en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, en la pobreza y en la riqueza, en los momentos de celebración y en los de duelo. ¿Hasta cuándo la misma resolución? Hasta que la muerte nos separe.

Problemas por la migración

Dr. Gelasia Márquez

Los estudios y la experiencia que se desprenden del análisis de la migración Hispana nos muestran que la migración interrumpe el crecimiento interno de la pareja y crea procesos de confusión e inseguridad, desde  el momento en que comienza a planearse: ¿comparten los dos el por qué y el para qué necesitan emigrar?,¿merece la pena el riesgo que se corre?, ¿pueden los dos miembros de la pareja emigrar al mismo tiempo?, ¿tiene la pareja la opción de llevar con ellos a sus hijos?, etc.

Por regla general, los dos miembros de la pareja no emigran juntos sino que viene primero uno de ellos y más tarde, si las condiciones son propicias, viene el otro miembro, y después, si se puede, vienen los hijos. Este desmembramiento de la unidad matrimonial rompe las relaciones emocionales internas hasta ese momento logradas, debilita los patrones de comunicación alcanzados entre ellos, y crea un sentimiento nuevo de soledad al  sentirse cada uno de ellos incompleto sin el otro.

Junto al desarraigo de su medio ambiente cultural y social, la pareja inmigrante experimenta también sentimientos de marginación debido al desconocimiento del lugar, del idioma y de las costumbres. Por eso es primordial que la pareja inmigrante se esfuerce en tener una comunicación franca y abierta entre ellos, para que puedan definir y fortalecer sus sentimientos, y para que discutan igualmente los desafíos y las incertidumbres que enfrentan. La comunicación es así la herramienta clave, capaz de sanar las heridas que el proceso migratorio trae a su relación y la que mejor puede reestablecer la vida emocional e íntima de la pareja.

El caso de Gisela y José y de Carmen y Felipe, que podrán ver ilustrados en las viñetas de Historias con un final feliz pueden servirles de ejemplo.

Las finanzas: Presupuesto Familiar

Por Valentín Araya

El matrimonio es un espacio que exige a los cónyuges compartirlo todo. Esto es, se comparten los cuerpos, los sueños, las actividades y tareas del hogar, las responsabilidades y proyectos; se comparten igualmente el tiempo, los momentos hermosos y los que no son tan hermosos y entre todo ello, se comparte también el dinero. Poder compartirlo todo hace que un matrimonio crezca con raíces fuertes y profundas.

Algunas parejas, envueltas en la magia del enamoramiento y la luna de miel, inician su matrimonio pensando que lo único que tienen que compartir son sus sentimientos, sus cuerpos y algunas otras cosas, y excluyen completamente la parte económica. Conozco incluso parejas con 5 y hasta más años de casados que todavía no han aprendido a compartir el dinero: Ella no sabe cuánto gana él ni qué hace con su dinero y viceversa. Mantienen cuentas de banco separadas; se dividen los gastos de la casa pero no logran hacer la comunión de bienes e intereses que les permita ser “una sola carne” (Gn 2,24).

La falta de una verdadera solidaridad y comunión de bienes puede terminar enfriando la relación e incluso destruyéndola. A continuación se exponen dos tipos de mentalidades que impiden la sana integración de las finanzas en el hogar, para luego hacer algunas recomendaciones.

Mentalidades que llevan a conflictos por las finanzas:

  1. Considerar el dinero como símbolo de poder. Es la mentalidad de quienes creen que las personas valen por lo que tienen, o por lo que pueden aportar. En consecuencia, el que tiene más o gana más se cree superior y con más poder. Cuando esta mentalidad se trae al matrimonio las parejas experimentan resistencias para compartir el dinero (Véase 1 Timoteo 6,10), desigualdades e injusticias que desequilibran el interior de la relación matrimonial.
  2. Actitudes machistas. Desde esta actitud se cree que el hombre es el que debe, no sólo ganar el dinero, sino también manejarlo y tomar todas las decisiones relacionadas con el mismo. En muy raros casos él y ella ganan la misma cantidad de dinero. Si el dinero de ambos no se pone en un fondo común, entonces quien gana más y aporta más a la economía del hogar podría, consciente o inconscientemente, percibirse como la persona con más derechos y por tanto, como la que debe tomar todas las decisiones relacionadas con dinero. Correlativamente esto puede poner en una situación injusta a la persona que no trabaja o que gana menos dinero.

Sugerencias para manejar el dinero en el matrimonio:

Es responsabilidad de cada pareja encontrar una manera sana y justa para manejar las finanzas en el matrimonio. Ciertamente no hay una sola manera. La clave está en buscar una, en la que los dos se sientan confortables para así reducir a un mínimo los conflictos en el matrimonio.

Permítanme mencionar una que ha trabajado muy bien en mi relación matrimonial y en otros matrimonios con los cuales trabajo. Me refiero específicamente a la elaboración y manejo de un  presupuesto familiar. Esta es una herramienta de gran ayuda para manejar sabiamente las finanzas.

Para realizar este Presupuesto Familiar se recomienda a las parejas que:

  1. Abran una sola cuenta de banco en donde se depositen todos los ingresos. Por ejemplo: Siéntense en pareja y apunten la cantidad mensual que cada uno de los dos gana. Apunten también otros ingresos provenientes de pensiones, rentas, etc. No dejen ningún ingreso sin listar. Sumen las cantidades para obtener el total de ingresos del matrimonio.
  2. Hagan una lista de todos los gastos mensuales. Por ejemplo: Ofrenda a la Iglesia, Pago de renta o hipoteca, seguros de la casa y carros, teléfonos, gas y luz, cable, Internet, impuestos sobre la casa, arreglos de casa, comida, pago y mantenimiento de carros, gasolina, ropa, gastos personales de ambos, cuidados médicos y medicinas, niñera, tarjetas de crédito, diversión, regalos, vacaciones, etc. Sume las cantidades para obtener el total de gastos mensuales del hogar.
  3. Obtengan el excedente. Réstenle al total de ingresos, el total de gastos mensuales, para obtener un excedente o dinero sobrante. De ese excedente, tomen una parte para gastos extras como educación, jubilación, ayuda a las familias, emergencias y cuenta de ahorros.
  4. Revisen su presupuesto periódicamente. Tengan en cuenta que las situaciones en el hogar son cambiantes. Por lo tanto, es necesario revisar el presupuesto familiar cada cierto tiempo.
  5. Es recomendable que uno de los dos sea el que escriba los cheques y se responsabilice de llevar las cuentas. Aun así, debe siempre informar al otro pues el hogar es de los dos y los dos son responsables y tienen el derecho de saber cómo va la situación económica.

Este manejo de las finanzas en el matrimonio reduce a un mínimo los conflictos relacionados con dinero.

Más sobre este tema puede verse igualmente en Las soluciones que buscas y Manejo de las finanzas.

Bibliografía complementaria: Victoria Collins, Mi dinero, tu dinero, nuestro dinero: cómo resolver los conflictos del dinero en la vida de pareja. Ed. Norma. 1991