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Hijos propios e hijos de mi pareja

Por Cinthya Arcega de Montalvo

Estás por comenzar una nueva etapa en la vida de pareja donde no sólo constituirás un matrimonio sino también una familia. De hecho, la presencia de los hijos es una realidad que transforma de manera muy especial la vida de pareja. Por eso es esencial que desde ya dialogues con tu pareja sobre temas como éstos:

  • ¿Cuántos hijos queremos y podemos tener?
  • ¿Nos conviene esperar un tiempo razonable para tener nuestro primer hijo?
  • ¿Con cuánto tiempo nos gustaría espaciar el nacimiento de nuestros hijos?
  • ¿Qué sabemos de los métodos de planificación familiar natural? ¿Cuál de ellos utilizaremos?
  • ¿Qué haríamos o cómo reaccionaríamos si alguno de los dos es infértil?
  • ¿Si no podemos concebir, estaremos dispuestos a adoptar?
  • ¿Quién cuidara a nuestros hijos si ambos trabajamos?
  • ¿Qué es lo más importante que deseo ofrecer a mis hijos?
  • ¿Cómo podemos prepararnos para la responsabilidad de la paternidad y la maternidad?

Es posible también que alguno de los dos, o los dos ya tenga hijos de relaciones precedentes. Por tanto, su matrimonio supondrá ajustes y cambios a los cuales todos tendrán que adaptarse. Por eso desde ahora deben dialogar sobre:

  • ¿Qué van a decirles a los hijos?
  • ¿Cómo se mantendrán las relaciones de sus hijos con su padre o madre natural, y sus familias?
  • ¿Cómo se manejará el tema de la disciplina y la autoridad?
  • ¿Cómo se dividirán las responsabilidades de la casa?

Algunos de estos puntos deberán discutirse con los hijos, tanto propios como de la pareja, tratando de establecer, desde ya, acuerdos a los cuales todos se comprometan, y un ambiente sano de diálogo y confianza que facilite la convivencia futura. No olviden que, al igual que ustedes, sus hijos deberán adaptarse a esta nueva vida.

 

Prepararse a tener hijos no es sólo pensar en las responsabilidades que supone el cuidado y atención que las creaturas merecen, sino también prepararse a ser padres. Esto es, a ser formadores. “Nuestros hijos harán lo que hacemos, no lo que les digamos.” Por eso, debemos  desde ya cultivar las virtudes y valores que queremos que nuestros hijos nos imiten y estar muy de acuerdo en aquello que como pareja deseamos transmitir. Así la familia será la cuna no sólo de buenos hijos sino de buenos ciudadanos y personas de Iglesia.

Planificación familiar natural

¿Qué es la Planificación Familiar Natural?

La Planificación Familiar Natural (PFN o NFP por sus siglas en inglés) es una serie de métodos para posponer un embarazo o para lograrlo, basándose, por una parte, en la observación de la fertilidad de la mujer, y, por otra, en la adecuación de la actividad sexual de los esposos a dicha fertilidad. Ayuda a vivir la paternidad de modo responsable, tanto para concebir como para espaciar o limitar los embarazos.

¿Cómo funciona la PFN?

Los métodos modernos de la PFN se basan en el conocimiento científico de la fertilidad y en la decisión de la pareja de donarse en una relación sexual con la posibilidad o no de embarazarse respetando las leyes naturales de fertilidad e infertilidad. Algunos métodos modernos son: el Método de Ovulación Billings, Liga de Pareja a Pareja, el sistema FertilityCare del Modelo Creighton (CrMS), Familia de las Américas y el Método Marquette. Lo que los asemeja es que todos parten de dos hechos científicamente constatables: 1º. Que el hombre es fértil todos los días de su vida mientras que la mujer en cambio lo es sólo algunos días del mes. 2º. Que la fertilidad femenina tiene signos que la pareja puede aprender a reconocer para que absteniéndose de relaciones sexuales en dichos días pueda evitar un embarazo o, por el contrario, planear responsablemente la gestación de una nueva vida.

¿Cómo se aprende un método moderno de la PFN?

Los cursos, libros y talleres que informan y enseñan sobre la PFN están orientados a que la pareja, juntos, aprendan a reconocer y llevar nota de los signos fisiológicos de la fertilidad femenina  (aumento en el flujo y viscosidad del moco cervical, aumento de la temperatura basal de la mujer, pequeña punzada en el bajo vientre, etc.), para que puedan regular su actividad sexual de acuerdo a los signos que la naturaleza misma les ofrece. Este aprendizaje es muy sencillo y su práctica toma tan solo un par de minutos diarios y tiende a volverse una rutina, como un hábito más de la higiene personal. De todos modos, solo personas capacitadas y autorizadas por la Iglesia deben de dar esta instrucción, como aquellas delegadas por las distintas oficinas para la vida familiar, en todas las diócesis del país. Visite esta página para encontrar el coordinador de la PFN de su diócesis.

¿Qué beneficios tiene la PFN?

La PFN no tiene ningún riesgo para la salud de las personas y es muy eficaz, si se aplica con verdadera motivación y consistencia, por parte de la pareja. La PFN no requiere medicinas, ni artilugios, ni cirugía.
A nivel de la vida de la pareja sus beneficios son enormes: La esposa se preserva a sí misma de químicos o aparatos intrusos y permanece con su ciclo natural. El esposo comparte la planificación y responsabilidad para PFN. Ambos aprenden un grado más alto de auto-dominio y un respeto más profundo del uno para el otro, que redunda en mejor intimidad y goce para la pareja. Y por último, la pareja se hace más consciente de su extraordinaria y generosa contribución y responsabilidad como co-creadores con Dios de nuevas criaturas.
Es cierto que PFN involucra sacrificios y abstinencia sexual periódica y puede, a veces, ser un camino difícil, tanto como cualquier vida cristiana seria, ya sea ordenada, consagrada, soltera o casada.

¿Qué quiere decir la paternidad responsable?

La Iglesia Católica nos enseña que el don de la fertilidad es una bendición para la pareja pero también una grave responsabilidad por cuanto implica acoger con amor, criar con responsabilidad y educar a una nueva criatura. Por eso la Iglesia, en el Documento Humane Vitae  (#10) nos recuerda que, “el ejercicio responsable de la paternidad exige que los cónyuges reconozcan plenamente sus propios deberes para con Dios, para consigo mismos, para con la familia y la sociedad, en una justa jerarquía de valores”.

¿Por qué la Iglesia Católica no acepta la anticoncepción?

Los anticonceptivos separan de forma arbitraria y hasta agresiva, el acto conyugal de su natural apertura a la vida, destruyendo u obstruyendo la fertilidad, y con ella el poder creador de Dios que le es encomendado a su responsable arbitrio. Los métodos naturales, en cambio, no interfieren deliberadamente con la apertura a la vida de la unión conyugal, sino que la ajustan al ritmo de la fertilidad, absteniéndose de relaciones sexuales cuando desean espaciar los nacimientos de los hijos, o planeándolas, cuando deciden acoger responsablemente el don de una nueva vida.
Por anticonceptivos se entienden, el aborto y todo tipo de método que le destruya al acto conyugal su capacidad procreadora. Esto incluye todo uso antinatural del acto conyugal (como coitus interruptus o coito interrumpido) y la utilización de todo tipo de anticonceptivos, ya sean de barrera (como los preservativos, etc.), o los químicos (como las píldoras anticonceptivas, los inyectables, y los implantes) y los mecánicos (como los dispositivos intrauterinos). Los métodos químicos y mecánicos mencionados son abortivos y eso hace que su uso sea más grave todavía.

Para mayor información:

Portrait of cute boys and their father looking through pictures at home

Padres y abuelos reflejan el amor de Dios Padre

En el mes de junio celebramos a los padres y abuelos, esos hombres valientes y entregados que están llamados a dar la vida por sus esposas e hijos. Los padres son los cimientos donde se forma la imagen del hombre en los hijos, una imagen que debe emular el amor de Dios. Son también fuente de seguridad, protección y guía no solo para los hijos, sino para el matrimonio y la familia. Pero muchas personas no se dan cuenta de la suprema importancia de la presencia y figura del padre en la familia, la iglesia y la sociedad y como consecuencia toman a la ligera su rol central, particularmente en la vida de los hijos. Por ello, lastimosamente el 50% de los niños hispanos en los Estados Unidos nacen o crecen sin la figura de un padre.

Pocos saben que las hijas, en la crucial edad de la adolescencia, miran al padre como imagen del hombre con el que algún día se casarán. Por ello, si se desea que una hija contraiga matrimonio con un hombre recto, trabajador, buen proveedor, temeroso de Dios, íntegro, libre de vicios, valiente, respetuoso y fiel, entonces el padre debe poseer y vivir esas cualidades. También la presencia y compañía del padre es vital en el sano desarrollo de los hijos, pues es en la figura del padre que el hijo desarrolla la imagen de lo que un hombre está llamado a ser.

Por ello, más que llevar la provisión material a casa por medio del trabajo, padres y abuelos deben no solo amar, sino demostrar su amor a los hijos y nietos. Las expresiones abiertas de cariño, los abrazos y aun los besos de un padre marcan para bien el corazón de los hijos. Por ello, no deben hacer caso a las erradas creencias culturales de que un padre no besa o abraza a un hijo varón, o que demostrar afecto es muestra de debilidad o que las muestras de cariño están reservadas para las madres. ¡Nada más lejos de la realidad!

Padres y abuelos están llamados a dar su tiempo y atención a sus hijos, tiempo que debe ser de calidad. Son muchos los que creen que con solo proveer cosas materiales se está siendo un buen padre. Los estudios reflejan que lo que más los hijos anhelan es tener una relación cercana y amorosa con su padre, uno que escuche sus preocupaciones, conteste sus preguntas de vida y le guie con madurez, experiencia, aplomo y valores, por la senda de la vida. Padres, tomen el tiempo de demostrar a sus hijos cuan importantes son en su vida y cuanto les aman.

El legado de vida que deja un padre amoroso, recto, protector y ejemplar es el fundamento para un matrimonio y una familia sana y feliz. Un padre amoroso y responsable deja una huella indeleble en el corazón de los hijos que refleja la imagen de nuestro Padre Dios. Invitamos a los hombres, en especial a los futuros padres, a ser padres amorosos y responsables y a los hijos e hijas, esposas y demás familiares a celebrar el regalo precioso de nuestros padres.

Familia Hispana: fe y misión

 La Iglesia nos invita, como familia hispana, no sólo a fomentar la fe en Nuestro Señor Jesucristo sino también a conocer más a fondo esta fe católica que nos une como pueblo de Dios.

Esta invitación nos motiva a leer y estudiar el Catecismo, documento que contiene y explica ampliamente nuestra fe. Adicionalmente, en 2012 se celebró el 50 aniversario del Concilio Vaticano II, importantísimo evento que llevó a una renovación total de nuestra Iglesia y donde los laicos fueron llamados a asumir un papel protagónico en la misión evangelizadora de la Iglesia. Por esta razón, la Iglesia también nos invita a tomar el tiempo, individualmente y como familia, para conocer y escudriñar los documentos eclesiales nacidos del Concilio que enriquecen nuestra fe, y donde se puntualiza el papel de los laicos, los matrimonios y las familias en la vida de la Iglesia y la sociedad.

Nadie puede amar y respetar lo que no conoce. Por eso es tan importante que recibamos con gozo la invitación de la Iglesia de conocer y estudiar mas a fondo nuestra rica fe católica. Les invitamos a que  se reúnan en familia a leer, estudiar y reflexionar en el Catecismo de la Iglesia Católica y los documentos de la Iglesia, en especial, los documentos del Concilio Vaticano II.  Conocer mas profundamente nuestra fe católica, aumentará la confianza en Aquel que nos fortalece para enfrentar las pruebas que llegan a toda familia, viviremos mas unidos en Su amor y descansaremos en quienes nuestra provisión, alegría y sustento.

Les invitamos a vivir a fondo como familia hispana, recordando todas aquellas tradiciones culturales de nuestros pueblos que nos llevan a vivirla mas profundamente. Compartamos con nuestros esposos, hermanos, hijos y nietos esta maravillosa fe en Jesucristo, razón de nuestra esperanza.  Y cumplamos así la misión a la cual cada miembro de la familia es llamado en virtud de su bautismo… la misión de compartir el evangelio de Jesucristo a toda en nuestro hogar, trabajo y comunidad.

Matrimonio, base sólida de la familia

Siempre escuchamos decir que la familia es la base de la sociedad, pero pocas veces nos damos cuenta conscientemente de que el matrimonio es a su vez la base sólida en el cual se cimienta la familia. Múltiples estudios psicológicos y sociológicos demuestran claramente que el elemento que más afecta a los hijos, positiva o negativamente, es la calidad de la relación que llevan los padres. Si entre ellos hay constantes discusiones, peleas, insultos y malos tratos, o si simplemente se ignoran y no llevan una relación abierta, amorosa y sana, los hijos crecen inseguros, inestables y hasta rebeldes. Por el contrario, si la relación de los padres es una de armonía, amor, respeto y comunicación positiva y efectiva, los hijos crecen serenos y felices. Realmente no es necesario leer ninguno de estos estudios para darse cuenta, por experiencia vivida, de esta contundente verdad.

No pretendemos decir que debemos tener una relación de pareja “perfecta” para tener una familia estable y feliz. Todos somos humanos y en ciertos momentos cometeremos errores. Pero deseamos crear conciencia de la importancia de tener una relación de pareja sana. Es por ello que las Sagradas Escrituras, el Catecismo de la Iglesia Católica y múltiples documentos eclesiales y teológicos nos indican la importancia del matrimonio para la familia, la Iglesia y la sociedad. Al meditar esta realidad, nos damos cuenta de que si el matrimonio está sólido, la familia también lo está; y si la familia está bien, la sociedad está mucho mejor. No nos sorprende entonces las enseñanzas de la Iglesia que nos muestran que el matrimonio (la unión del hombre y la mujer en una sola carne, unidos en el amor eterno de Dios) es el reflejo vivo del amor de Dios en la tierra.

Por ello, si la pareja quiere tener una familia sólida, estable y feliz, debe primero desarrollar una relación conyugal sana en la cual reine el respeto mutuo y en la que el amor entre los dos sea el vehículo para ofrecer a los hijos, y por consiguiente a la familia entera, un ambiente propicio de amor y paz.

Cuando los hijos se van

Por Alba Liliana Jaramillo

Martha y Jaime son una pareja con 26 años de casados y de sus tres hijos ya dos están fuera del hogar. Este año la ultima hija termina su carrera y va a especializarse a otro país. Esto significa que se quedarán solos y a ambos les aterra la idea, pues durante los últimos 24 años de su vida matrimonial su relación ha girado alrededor de los hijos. Ya ni siquiera recuerdan cuándo fue la última vez que salieron solos a cine o a bailar, o siquiera a caminar y pasar un rato juntos.

Esta etapa, cuando los hijos se van, es como el examen final de la pareja, donde se evalúa si durante todos los años precedentes que estuvieron los hijos en casa, solo hubo espacio para los hijos y no atendieron suficientemente su relación. Por eso, cuando nuevamente se encuentran solos, muchas parejas se dan cuenta que son dos desconocidos; que ya no tienen nada en común y no que no saben cómo compartir como pareja y mucho menos saben cómo seguir creando sueños y nuevas ilusiones.

Es fundamental entonces que en esta etapa empiecen de nuevo a re-descubrirse y compartir juntos. Por lo demás es muy frecuente que uno de los dos o los dos estén ya jubilados. Por tanto se dispone de tiempo extra para reinventar la vida de familia y la intimidad como pareja. Se puede por ejemplo pensar en diversas actividades que vivifiquen y enriquezcan la vida de pareja. Estas actividades pueden ser de carácter lúdico como caminatas, paseos, viajes, entre otros. Pero también pueden compartir intereses comunes como hacer clases de danza, ir un gimnasio, integrarse a un grupo de amigos para jugar cartas, o ir a cine, o a una fundación y dar su tiempo en actividades humanitarias juntos. Así mismo, es necesario revisar la vida espiritual de la pareja, para permitirse fortalecerla a través de diversos programas y experiencias.

Es la etapa en que se han cosechado muchas cosas y por lo tanto es una etapa donde se puede seguir proyectando la pareja a través de algún apostolado que los mantenga útiles y sobre todo que les permita compartir con los más necesitados muchas experiencias y sabidurías que se han ido acumulando a lo largo de los años.

Seis Errores Modernos de los Padres de Familia

Es muy comprensible que los padres de familia de nuestro tiempo cometan errores; esto se debe a la compeljidad de la época moderna ha tomado por sopresa a muchos padres de familia; se debe también, en buena medida, a la crisis intergeneracional que aleja un tanto a los padres de los hijos; se deben atribuir igualmente estos errores modernos de los padres a la permisividad que éstos toleran a los hijos: prueba de esto es que los padres dan todo a cambio de nada; es decir, aceptan hacer enormes sacrificios sin exigir de los hijos una justa correspondencia.
 
El primero de estos errores modernos consiste en conceder a los hijos el celular que éstos exigen según marca y modelo; algunos padres suelen decir que ‘toca concederles lo que pidan porque de lo contrario los ‘matonean’. Desde toda óptica, comprar un smartphone a un niño es un ex-abrupto; lo puede matar por robárselo, o lo puede botar a la caneca de basura por descuido o accidente, perdiendo así una buena cantidad de dólares. Los padres de familia deberán distinguir las diversas etapas de desarrollo de un niño; no pueden considerar en la misma forma al niño de 5 ó 6 años que al adolescente de 12 o al joven de 18 años. El principio de la ‘gradualidad’ tiene mucha importancia en la pedagogía familiar.
 
El segundo error consiste en ‘la soledad móvil’. Los padres de familia, no contentos con ceder a las exigencias de los hijos, ni se enteran qué hacen sus hijos con el celular; les han establecido un horario para el uso permitido?. Les han instalado un sofware de monitoreo de actividades?. Están informados los padres acerca de lo que buscan los hijos en internet?. Cuáles apps descarga?. Matoneo, acoso, sexting, son algunos de los riesgos.
 
El tercer error está en los contenidos de los programas que elijen… Muchos padres no saben cuáles series de películas ven sus hijos en televisión o en internet; y la radio?. No se imaginan la mega-basura que pulula en ciertas emisoras juveniles. Hay padres de familia que son muy ingenuos y crédulos. Hoy se está haciendo frecuente la literatura sobre el ‘cyber-sex’. Incluso ya algunos padres lamentan tener un hijo adicto al ‘cyber-sex’.
 
El cuarto error es el ‘internet a solas’. Un niño sin compañía en internet es como si estuviera parado en pleno centro de una de nuestras grandes ciudades. Qué criterio de selección de programas tiene un niño antes de los 10 años?. Inclusos entre los jóvenes y también entre adultos hoy es frecuente la adición a la pornografía por internet. Hay jóvenes que cuentan que esperan que sus padres se duerman para ellos levantarse a ver programas pornográficos.
 
El quinto error está en los ‘video-juegos’. Los.juegos de ‘video’ están clasificados como las películas, según la edad, y muchos padres no lo saben y compran el video-juego que le pide el hijo, lleno de violencia, sexo y groserías. Los controles parentales son una herramienta de supervisión de sus hijos, en el ciber-espacio. Los padres son los primeros responsables de la seguridad de sus hijos en internet.
 
El sexto error: ‘las redes sociales’. Los padres de familia deben saber que redes como Faceboook, Instagram y Twitter permiten crear perfiles de niños a partir de los 13 años exclusivamente; antes de esta edad los niños que creen cuentas tendrían que estar mintiendo al propio sistema. Podrá suceder que sea el propio padre quien le crea el perfil, pero modificando la edad, cosa que de entrada ya es un mal ejemplo para el niño.
 

 

Mejor enseñar que prohibir. La tarea de los papás, aunque es difícil, es establecer normas y límites; laidea es anticiaparse a que su hijo le diga: ‘papá, quiero tener Facebook’. Antes de que sus amigo se lo propongan, el niño tendrá claro que no puede acceder a la red. Se les debe explicar a los niños que amar es sinónimo de formar.
 
Para más información visite: 

¡El Mejor Amigo de mi Papá es su Celular!

Así un diario colombiano titulaba una de sus páginas. Comienza el artículo diciendo: “la escena ya no es ajena para nadie que, sin importar el escenario, parecen no poder evitar estar más pendientes de sus celulares que de sus propios hijos. Esta parece ser una evidencia de que las nuevas tecnologías amenazan también con fracturar las relaciones familiares”. El diario en mención aporta algunos datos tomados de la revista Pediactrics: “tras hacer un seguimiento a 55 grupos familiares, los autores encontraron que casi en el 75 % de los casos, los adultos utilizaban dispositivos móviles durante la comida con sus niños. El grado de interacción con los dispositivos iba desde no sacar el teléfono o ponerlo sobre la mesa (menos del 10 % de los casos) hasta usarlo casi en forma constante, lo que ocurrió en 40 casos en total”. 
 
No se trata de satanizar la tecnología, sino de llegar a un punto donde ésta se adecue a la familia y no la familia a ella. La psiquiatra Liliana Betancourt considera que el mal manejo de la tecnología en las familias afecta el desarrollo emocional de los pequeños, impactando en su proceso de socialización hasta causar, en el futuro, alteraciones del estado de ánimo. En la medida en que los padres centren su atención en la tecnología, pierden la oportunidad de establecer contacto visual y de detectar expresiones faciales que comunican un mensaje de la vida de sus hijos. Esto puede generar en ellos sentimientos de inseguridad, de rabia y la creencia de que no son importantes en la vida de sus papás. Esto de´’perder la oportunidad de establecer contacto’ es algo muy importante: Norman J. Bull y otros autores señalan la edad de los niños entre 4 y 10 años como una etapa especial en la relación de padres e hijos; es la etapa llamada de la ’heteronomía’, en que los padres son los ‘ídolos’, los mejores personajes en la vida de los niños; pasada esta etapa los padres pierden protagonismo en la vida de sus hijos, porque en la etapa siguiente –la socionomía- son los amigos y compañeros de escuela quienes asumen el protagonismo. La tendencia entre niños y adolescentes a permanecer demasiado tiempo frente a las pantallas de televisión, celulares, tabletas y computadores, incluidos los auriculares, ya tiene un nombre: los ‘screenagers’. En este caso son los adultos (maestros, papás, cuidadores) quienes se quejan del aislamiento de los menores de edad. Hemos llegado al extremo, afirma la psiquiatra Olga Albornoz, en que los papás abren perfiles en Facebook para poder comunicarse con sus hijos y enterarse de lo que están haciendo. Se trata de una situación que no tiene reversa y que tampoco cambiará en el inmediato futuro. Por eso, la especialista aconseja a los padres no rezagarse frente a las nuevas tecnologías e irse adaptando para imponer normas en el ámbito familiar. ¿Qué hacer?
 
Aunque no hay tiempos descritos para el uso de la tecnología en familia, es importante que en cada hogar existan lineamientos sobre la utilización de la misma. Aislar a los hijos o permitir que la tecnología ocupe las funciones de un papá, puede impactar más adelante en los niños solos, que tiendan a ser ansiosos y depresivos, debido a que las primeras personas que tenían que ocuparse de ellos no lo hicieron. El uso del móvil es ya uno de los principales conflictos que llevan a las familias a buscar un ‘mediador’, alguien que logre poner en diálogo a padres e hijos, porque los padres no tienen manera de controlar el uso que hace del móvil el hijo, porque al retirárselo pierde el control sobre el adolescente. Los padres de familia se hallan ante una paradoja: por un lado, sienten la necesidad de cortar un uso inadecuado del teléfono móvil y, por otro, quieren que su hijo lo tenga para poder tenerlo localizado. La demanda de ‘mediación’ se ha incrementado, entre otras razones porque padres y madres de familia se sienten cada vez más inseguros e indefensos en un entorno que les parece cada vez más difícil. 
 
El Concilio Vaticano II fue enfático en subrayar la misión de los padres de familia; las expresiones con que se dirige a ellos son significativas: “los padres deben ser para sus hijos los primeros educadores mediante la palabra y el ejemplo” (LG. n. 11), “la familia la primera escuela de humanismo” (GS. n. 52), “la primera escuela de virtudes sociales” (GE. n. 3), “la familia ayuda a armonizar los derechos personales con las demás exigencias de la vida social” (GS. n. 52). No nos desanimemos ante las presiones fuertes de la tecnología, sino pidamos al Señor que nos guía y que nos ilumine el Espíritu Santo para cumplir con nuestra misión de ser padres de familia.
Aquí hay otros artículos que pueden servir de inspiración en esta tarea:

¿Es Posible el Bullying o Matoneo Entre Los Esposos?

Desde hace varias décadas se viene hablando del bullying o matoneo en las escuelas y colegios, entre niños y adolescentes. En algunos lugares este fenómeno ha revestido una tal gravedad que los gobiernos han debido tomar cartas en el asunto. Un índice de la seriedad del problema lo revela la literatura existente sobre el ‘matoneo’. Wilson Chavarro G. lo define así: “el matoneo o bulluying (en inglés) es un acoso o violencia que tiene su origen en las heridas no asimiladas ni tratadas a tiempo, trayendo consecuencias psicológicas lamentables tanto en quien lo practica (pues se va degenerando a partir de esas actuaciones violentas y antisociales) como en la propia víctima (pues se confunde, baja su autoestima y puede terminar aislándose o en actuaciones lamentables por la depresión que puede llegar a sufrir”. Pero lo que sorprende es que hoy se comience a hablar del ‘matoneo entre parejas de esposos. A este propósito, debemos preguntarnos: ¿qué fue primero: el huevo o la gallina?’. ¿Qué fue primero: el matoneo entre niños y adolescentes, o el matoneo entre esposos’?. Dónde habrán aprendido los niños a matonear?.
 

 

No es necesario indagar mucho para responder al anterior interrogante. Sin lugar a duda, el matoneo entre esposos precedió y con muchos siglos de anterioridad al matoneo infantil con otro nombre: ‘machismo’. Casi diríamos que el ‘machismo’ es tan viejo como el hombre: ya en el Génesis encontramos al primer hombre ‘matoneando’ a su compañera: “la mujer que me diste me dio del árbol y yo comí” (3,11). M. Oraison, pensando en el relato bíblico le hace decir a Adán culpando a Yahve: “por qué me has dado esta compañera causante de catástrofes, que me ha hecho perder la cabeza?” El machismo no es de hoy, es de ayer y de anteayer… Hoy se viste con un nombre nuevo: el ’bullying de pareja’. El ‘bullyin de pareja se viste de piel de oveja con frases como estas: ‘te voy a dejar si no lo haces..’, ‘tú ya no me quieres’, ‘haz esto o te va mal’, ‘yo te ayudo si te portas bien’; e incluso se llega a fingir que alguien nos gusta para luego humillarlo, es también una forma de matoneo. En las relaciones de pareja este matoneo busca dominar y manipular; es complejo y doloroso por los vínculos emocionales que hay entre el agresor y la víctima, los cuales se usan a menudo para maltratar al otro. El matoneo entre parejas va desde gritos, golpes, encierros, pasando por abusos y manipulaciones, incluye celos, posesividad y obsesión, mentiras, insultos, amenazas y hasta maltrato sexual, aislamientos, prohibición de amistades; ataca psicológica, emocional, física y verbalmente; deja secuelas visibles e invisibles como el atropello a la evolución de la sexualidad y la definición de la identidad.
La violencia conyugal e intrafamiliar es un fenómeno reciente en cuanto a su divulgación pública, porque la violencia conyugal es un problema viejo; no se conocía a causa de que la mujer no denunciaba por temor al marido o por no querer desacreditar su hogar. Por este motivo se habla de la violencia conyugal como de un ’iceberg’ cuya punta sobresaliente hace pensar en la mole sumergida del problema. La organización UNICEF, de la ONU, ha mostrado su preocupación por este problema. El matoneo entre esposos es la escuela del matoneo infantil; es allí donde los niños aprenden a golpear, a insultar, a ofender, a hacer daño al otro. Los niños aprenden lo que viven: “Si un niño vive criticado, aprende a condenar; Si un niño vive con hostilidad, aprende a pelear; Si un niño vive avergonzado, aprende a sentirse culpable; Si un niño vive con tolerancia, aprende a ser tolerante; Si un niño vive con estímulo, aprende a confiar; Si un niño vive apreciado, aprende a apreciar; Si un niño vive con equidad, aprende a ser justo; Si un niño vive con seguridad, aprende a tener fe; Si un niño vive con aprobación, aprende a quererse; Si un niño vive con aceptación y amor, aprende a hallar amor en el mundo”.
Happy family with a shopping cart

La Misión de ser Padres

Hoy parece que los padres de familia, como el péndulo de un reloj, han pasado de un extremo al otro: del autoritarismo al permisivismo. Algunos padres han representado este paso con esta afirmación: “somos los últimos hijos que tuvimos miedo a nuestros padres y ahora somos los primeros padres que tenemos miedo a nuestros hijos”.
 
“En el mundo actual, poco se discute de temas interesantes con respecto a la educación como el de la autoridad”, escribe C. Izquierdo; es éste, precisamente, uno de los problemas que afecta profundamente a los padres de familia: el de la autoridad con sus hijos; no saben cómo proceder; a veces se sienten confusos y desorientados.
 
Si se trata de concretar y definir el principal problema de los padres de familia hoy, dos palabras son suficientes para describirlo: confusión e incomunicación. Confusión, porque el fenómeno del cambio, radical y acelerado, tomó por sorpresa a los padres de familia; no están preparados para afrontar los problemas del momento; se encuentran con niños y jóvenes muy liberados. Incomunicación, porque muchos padres de familia tienen a flor de labios la expresión ‘No tengo tiempo’ cuando el hijo pide ser escuchado; el pluri-empleo del padre, el trabajo de la madre fuera del hogar, les quita el tiempo y la disponibilidad a favor de los hijos. “Existen tantos adolescentes, escribe Izquierdo, que nunca escuchan de sus padres una palabra de alivio, de cariño, de atención”. “Me temo,” continúa el autor, “que nuestro mundo está lleno de padres, pero de padres de niños huérfanos. Algunos están ahí, en el hogar, pero es como si no estuvieran; atienden prioritariamente el periódico, la televisión, los negocios, el teléfono-celular, los amigos, pero dejan aparcados a sus hijos, ante la tele, en su habitación, rodeados de cosas; piensan que con llenarlos de satisfacciones materiales ya han cumplido su misión educadora”.
¿Qué consecuencias se derivan de este comportamiento? Lo dice el mismo Izquierdo: “observo a numerosos adolescentes huérfanos de modelos parentales y educativos; suelen moverse en medio de personas mayores que tienen excesiva prisa, que quieren ganar más dinero, que sufren con la incómoda presencia de los hijos. Me encuentro con adolescentes huérfanos de comunicación interpersonal; se arrinconan en una discoteca, se pierden en el anonimato de la masa, huyen de toda profundización, ya que creen que el mundo no tiene sentido”. A este punto de la reflexión, podemos preguntarnos: el suicidio juvenil e infantil, que el mundo conoce con extrañeza, ¿no tendrá una causa primaria en esta incomunicación, en esta orfandad? Sobre el problema del suicidio juvenil e infantil no conocemos estudios al respecto, pero el ambiente dentro de la familia sin duda que tiene un influjo particular para bien o para mal, ciertamente.
Una autoridad familiar bien ejercida, según C. Izquierdo, tiene unas características especiales: la subsistencia de la misma familia, la convivencia y comunicación, el aprendizaje de la obediencia, el equilibrio personal, la responsabilidad para la vida. Los padres han de tomar decisiones diarias que les ayuden a los hijos a respetar los límites, que les ayuden a madurar como personas. La permisividad y el ‘dejar hacer’ son enemigos de la autoridad que ayuda a crecer.
No hay autoridad sin respeto fundamentado en la integridad, la sinceridad y la empatía con el prójimo, nunca en el miedo y en la imposición. Un estudio de la Universidad de Navarra (España) comprobó que el prestigio de los padres ante los hijos no depende ni del dinero que ganan, ni del carro que tienen, ni de la práctica de un deporte, ni tan siquiera del cargo que ocupan, sino que depende de tres factores: del ser persona humilde, generosa, serena, del modo de trabajar y del modo de tratar a los demás.