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Las Tres “T” en la Familia

En su viaje reciente del Papa Francisco a Sud-América, aludiendo a la ‘cuestión social’, hizo referencia a las tres ‘T’: ‘TECHO, TRABAJO, TIERRA’. Tres elementos en los que se ve involucrada la familia, como elementos muy importantes para su adecuado desarrollo. En la Carta de los derechos de la familia, publicada por la Sta. Sede (1.983) se pueden encontrar alusiones expresas a estos tres elementos.

A propósito de ‘TECHO’ dijo el Papa Francisco: “una casa para cada familia. Hoy hay tantas familias sin vivienda, o bien porque nunca la han tenido, o bien porque la han perdido por diferentes motivos. Familia y vivienda van de la mano. Pero además, un techo, para que sea hogar, tiene una dimensión comunitaria. Hoy vivimos en inmensas ciudades que se muestran modernas, orgullosas y hasta vanidosas. Ciudades que ofrecen innumerables placeres y bienestar para una minoría feliz…. pero se le niega el techo a miles de vecinos y hermanos nuestros, incluso niños”. Es el problema del cordón de miseria que rodea a las grandes ciudades.

 

Respecto del TRABAJO dijo el Papa: “el desempleo juvenil, la informalidad y la falta de derechos laborales son inevitables, son resultado de una previa opción social, de un sistema económico que pone los beneficios por encima del ser humano. Todo trabajador, esté o no esté en el sistema formal de trabajo asalariado, tiene derecho a una remuneración digna, a la seguridad social y a una cobertura jubilatoria.

 

El Papa Juan XXIII habló en su tiempo acerca del salario familiar: aludía a que el obrero, el trabajador debe ganar un salario, no como individuo aislado, sino como miembro responsable de una familia (una esposa, unos hijos), y él mismo comenzó a dar ejemplo organizando el salario familiar para los empleados del estado vaticano, e instó a todos los estados del mundo a hacer otro tanto.

 

En muchos países se habla de ‘salarios de hambre’… Incluso, se da el caso discriminatorio: a un hombre soltero o casado sin hijos o con pocos hijos se le brinda la posibilidad de trabajo en las empresas, mientras que a un padre de familia con varios hijos se le niega para no tener que pagar el subsidio familiar.

 

La TIERRA es la tercera ‘T’ a que alude el Papa: “me preocupa la erradicación de tantos hermanos campesinos que sufren el desarraigo, y no por guerras o desastres naturales. El acaparamiento de tierras, la desforestación, la apropiación del agua, los agro-tóxicos inadecuados, son algunos de los males que arrancan al ser humano de su tierra natal”.

 

También sobre la posesión de la tierra hay una estadística significativa: si distribuimos la población mundial en tres grupos y los bienes creados disponibles en cinco grupos, tendremos este resultado: una tercera parte de la población está apoderada de las cuatro quintas partes de los bienes; esto equivale a decir que mientras unos pocos mueren de indigestión, muchos mueren de hambre.

 

Este el problema del latifundio de unos cuantos y el minifundio, si es que lo tienen, de muchos. La propiedad sobre la tierra tiene una dimensión social. El texto bíblico del Génesis hace hablar a Yhavé diciendo: “sed señores de toda la creación y dominadla”; ser señor el hombre y la mujer de cuanto fue creado significa, en primer lugar, tener un techo para abrigarse, tener un trabajo digno para sustentar a la familia, tener un trozo de tierra suficiente para ejercer su´ señorío.

 

El Concilio Vaticano II, refiriéndose a la vida económico-social, escribió en la Gaudium et spes que  “el hombre es el autor, el centro y el fin de toda la vida económico-social” (n. 63). Y un poco más adelante añade: “el lujo pulula junto a la miseria. Mientras unos pocos disponen de un poder amplísimo de decisión, muchos carecen de toda iniciativa y de toda responsabilidad, viviendo con frecuencia en condiciones de vida y de trabajo indignas de la persona humana”.

 

Techo, trabajo, tierra, tres condiciones para que el individuo y la familia puedan desarrollar su vocación de ‘señores’ de la creación. El mundo fue creado para todos, no para unos pocos. La doctrina social de la iglesia ha elaborado abundante literatura sobre estos tópicos; desafortunadamente se queda en los anaqueles de las librerías o de las bibliotecas; es doctrina que hace falta llevarla a la práctica; esto de poner por obra la doctrina social de la iglesia es competencia de los laicos comprometidos.

 

El Concilio Vaticano II fue enfático en subrayar la misión de los laicos: “a la conciencia bien formada del seglar toca lograr que la ley divina quede grabada en la ciudad terrena. Pero no piensen que sus pastores están siempre en condiciones de poderles dar inmediatamente solución concreta en todas las cuestiones, aun graves, que surjan. No es esta su misión. Cumplan más bien los laicos su propia función con la luz de la sabiduría cristiana y con la observancia atenta de la doctrina del Magisterio” (Gaudium et spes n. 43). Pero sí creemos que es tarea de la jerarquía motivar y preparar a los laicos para cumplir su misión.
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¡No se Preocupe por el mañana!

 

Una de las grandes preocupaciones del ser humano es pensar siempre en el mañana, a tal punto que todo el sacrificio que usted hace hoy está dirigido a planear el futuro. Se trabaja más de 40 horas pensando en pagar las deudas del mañana; se está fuera del hogar los siete días de la semana pensando en conseguir una buena casa o el carro último modelo; se está pendiente de la moda y de los estilos que mañana estarán en las tiendas; se está atento de lo nuevo que la tecnología trae al mercado; se planean las próximas vacaciones acabando de llegar de las mismas la semana pasada. Se piensa tanto en el mañana que se nos olvida que existe el hoy.

 

El evangelio de Mateo, nos recuerda una de las tantas recomendaciones de Jesús: No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir…el mañana traerá su propio agobio” (Mateo 6,25). No nos preocupemos tanto por el mañana, mejor estemos atentos por el hoy; estemos atentos por darle gracias a Dios si hoy puedes respirar; si amaneciste con vida; si hoy tienes a tu familia en la misma casa; si hoy puedes apreciar lo que sucede en un día; si hoy le dijiste a los tuyos que los amas; si hoy le dedicaste tiempo a tu familia; si hoy disfrutas de lo mucho o poco que tienes; si hoy te dedicas a ser feliz, si hoy…

 

No se preocupe por el mañana, porque no existe; tampoco se preocupe por lo que hizo o no ayer; lo pasado no se vuelve a repetir. Preocúpese por el hoy, por disfrutar cada minuto, cada hora, cada momento con los que están a su lado. Preocúpese por ser feliz hoy con lo que tiene, como usted es, preocúpese hoy por vivir este día como si fuera el último; que tal que mañana usted ya no volviera a respirar; de qué le sirvió tanto pensar en el mañana y trabajar más de 40 horas.

 

Con esto no queremos decir que el planear, programar y proyectar el futuro no sea importante; al contrario, es fundamental en la medida en que el punto inicial sea el hoy. Si te preocupas por tu familia hoy, garantizarás mañana que tu familia estará allí, a tu lado, cuando la edad, la tristeza y los problemas te rodeen.

 

Te invitamos para que hoy, hagas un compromiso: esfuérzate por ser feliz, por hacer feliz a los tuyos y compartir un poco de felicidad en tu parroquia.
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Dar todo a cambio de nada, Educación Equivocada

Esta reflexión nos la sugiere ‘la parábola de los talentos’ que narra el Evangelista S. Mateo (25, 14-28). Nuestros padres y abuelos sin duda que la habrán tenido presente al educar a sus hijos. En nuestro tiempo parece haberse olvidado este mensaje; los padres de familia modernos son exageradamente contemplativos con sus hijos, les ahorran hasta el más mínimo esfuerzo.
 
Como fruto, en buena parte, de esta conducta, tenemos hoy el fenómeno de los ‘jovenes adultos’; en cada país reciben un nombre determinado… Son aquellos jóvenes de 25, 30 años que aún viven con sus padres: son tal vez ya profesionales, viven a expensas de sus padres, aunque ganen un buen sueldo…; quizás sus padres no les exigen ninguna cooperación con el presupuesto de la familia, porque dicen no necesitar ayuda… Y cuando llegan a casarse, sus padres les pagan los gastos de la boda, el viaje de luna de miel y les dan casa para vivir…
 
Pero la costumbre de “darlo todo a cambio de nada” ya comenzó desde hace tiempo, desde la infancia; dan comida, vestido, estudio, medicinas, paseos, diversiones, comodidades, etc, Creen que el niño (a), el adolescente, también el joven, no tienen nada que dar a sus padres, a cambio de todo lo que reciben. Ni siquiera ‘dar las gracias’.
 
Estamos cultivando una ‘cultura de los derechos’, olvidando que derechos y deberes son términos correlativos: lo uno conlleva lo otro. Por esto se habla de los ‘derechos del niño’, pero no se hace mención de los deberes… Por este camino hemos llegado ya a que los niños acudan a la tutela estatal para demandar a sus padres por algo que ellos creen que es su derecho.
 
Esta conducta de ‘dar todo a cambio de nada’ ha generado en la conciencia de los niños, incluso de los jóvenes, la mentalidad de que no tiene sentido vivir si no reciben cuanto quieren o necesitan. Como consecuencia de esta mentalidad apareció en Europa la ola de suicidos juveniles y posteriormente el suicidio de niños.
La vida humana se inscribe dentro de una red de relaciones interpersonales en las que es necesaria la correspondencia; el principio tradicional del ‘doy para que me des’ tiene alguna aplicación: los padres dan lo necesario para vivir (comida, vestido, educación…) y el hijo (a) lo sabrá aprovechar debidamente; por lo menos entenderá que debe obedecer, que debe respetar, que debe dar buen rendimiento en el estudio, etc; al menos, sabrá decir ‘gracias’.
 
La vida humana, con su red de relaciones interpersonales, implica el ‘compromiso’. Educar es hacer entender la realidad de que todos estamos comprometidos, en alguna forma, con los demás; así lo exige el hecho de vivir en relación con los demás. No comprometerse en alguna medida es evadir mi participación en la vida de hogar, de comunidad, de sociedad.
 

 

“Familias numerosas, favorecieron la imposición de tareas a los hijos como bañar, alimentar, vestir y hasta cuidar a sus hermanos menores, mientras sus padres, particularmente la mamá, atendían a los más pequeños. Algunos padres que vivieron esta experiencia evitan que sus hijos la sufran, educándolos sin responsabilidades y exigencias. Será ésta una buena forma de educar?. Dar todo a cambio de nada es un error en la pedagogía familiar.
 
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Celebración Guadalupana, Celebración Familiar

Durante estos días de Adviento, la Iglesia universal se llena de gozo a través de dos celebraciones marianas previas al nacimiento de Jesús: La Fiesta a la Inmaculada Concepción (diciembre 8) y a Nuestra Señora de Guadalupe (diciembre 12).
 
Esta fiesta guadalupana, que nuestros hermanos mexicanos han propagado desde la Basílica y Santuario de Guadalupe ubicado en el cerro del Tepeyac  hasta los confines del mundo, lleva consigo una serie de tradiciones que como católicos y especialmente como hispanos, nos debemos de sentir orgullosos, ya que gracias a la figura de la “Virgen Morenita” recordamos nuestras raíces (de dónde venimos, nuestros antepasados indígenas, los platos típicos) entendemos que la gracia de Dios es para todos (no solamente para el rico o religioso, sino también para el pobre o aquel con poca formación doctrinal), comprendemos que para Dios no hay cosas imposibles (florecieron rosas de castilla en invierno) pero sobre todo, vivimos esta fiesta en familia (abuelos, padres, hijos y familiares se congregan bajo un mismo fin).
Nos queremos detener es esta última tradición porque nos parece importante resaltar que la familia hispana -concretamente en los Estados Unidos-  sin importar su origen cultural sigue participando de esta CELEBRACIÓN EN FAMILIA, superando en algunos Estados las inclemencias del frio o  la Nieve; sigue participando de esta CELEBRACIÓN EN FAMILIA, a pesar del cansancio que depara el trabajo duro de todo un día; sigue participando de esta CELEBRACION EN FAMILIA, padres que viven esta fecha con mucha piedad al conocer un poco más el significado y la importancia que tiene para su cultura esta fiesta, junto a sus hijos que siendo americanos (la mayoría de ellos) aprenden y fortalecen esta tradición para el futuro. Siguen participando de eta CELEBRACION EN FAMILIA, porque es  un motivo más para compartir a través de un delicioso plato lo que tenemos, y hacer comunidad por medio de la piedad y la tradición popular, impulso y luz en la Nueva Evangelización.
 
Familia, los invitamos a continuar haciendo de esta Fiesta Guadalupana, una de las grandes celebraiones parroquiales, ya que a través de ella podemos buscar el mejor pretexto para entender que en el extranjero no existen diferencias de banderas, puesto que como hispanos, formamos una sola comunidad. Así, “Desde entonces para el hispano, ser guadalupano es algo esencial”
 
Que Nuestra Madre del cielo, siga intercediendo por cada una de las familias, haciendo de los imposible, posible para la Gloria de Dios .
 
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¿Y su hijo habla español?

Se acuerdan cuando salimos de nuestro país de origen?  Muy posiblemente las maletas estaban cargadas de sueños y esperanzas, deseábamos una vida mejor, queríamos por medio del trabajo comprar la casa y el carro preferido, anhelábamos reunir la mayor cantidad de dinero para enviar unos cuantos dólares a los que quedaron en la capital, en el pueblo o en el rancho; y lo más importante, pensábamos en un futuro mejor para nuestros hijos, ya que este país al tenerlo todo, las posibilidades de que ellos alcancen sus metas son casi seguras.
 
Con el pasar del tiempo nos fuimos acostumbrando  a la cultura  norteamericana, el día a día se convirtió en una escuela de aprendizaje, desde el idioma mismo hasta la manera de esperar pacientemente cuando el semáforo esta en rojo. Todo esto que hemos adquirido, lo hemos almacenado junto a aquello que seguimos haciendo con mucho orgullo y que nos recuerda  de dónde venimos: a caso dejamos de comer tortillas, tamales, mole, frijoles o arroz con gandules? A caso dejamos de tomar café? A caso dejamos de escuchar la música que identifica nuestra raza? A caso dejamos de seguir alentando a nuestro equipo de fútbol? A caso dejamos de hablar español?  A caso…  tal vez no, el problema es que nuestros hijos (algunos) se olvidaron de hacerlo cuando llegaron y eran unos niños, o los que nacieron acá no llevan consigo  ese gen al que llamamos latinos.
 
Hoy, nuestras raíces culturales se han ido perdiendo en la familia. En ocasiones el tiempo y el trabajo no permiten que se pase un fin de semana juntos, en algunos casos el facilismo hace que sea más práctico comer algo rápido y cada quien de la familia  comprar su propia comida para la semana, y  porque a ciertos padres les causa vergüenza seguir haciendo  lo que antes hacían, a tal punto que se prohíbe en la casa hablar  Español.
 
Familia, en nosotros está en que el  legado cultural que nos ha acompañado por años no se pierda. De cada uno de los que conformamos la raza latina depende que las futuras generaciones sigan disfrutando y fortaleciendo las tradiciones, fiestas, maneras de ser y sentir como solamente el latino lo puede hacer. Ojalá que dentro de 40 años nuestros nietos sigan teniendo en su mesa tortillas y café para compartir, que siga existiendo el deseo de ayudar a los que viven lejos, que las posadas de diciembre y las roscas de enero sigan siendo un motivo para estar en familia,  que el español siga siendo su lengua primordial y que la Eucaristía siga siendo parte de ellos como fuente de fe y servicio.
 
Pidámosle a Dios que siga bendiciendo este país que nos ha permitido cumplir en gran parte los sueños y esperanzas que trajimos hace años; a la vez,  por lo que somos, para que el tiempo y la distancia no borre la herencia cultural de los nuestros.
 

 

Pregunta a reflexionar: si vives en los Estados Unidos: ¿En su familia se habla español?

¿Por qué celebrar los 15 años de su hija?

Una de las fiestas a la que nosotros los hispanos o latinos dedicamos un buen tiempo es la celebración de los 15 años con interminables justificaciones: lo hacemos en honor a nuestra hija por la nueva etapa que comienza, en alegría porque una de nuestras familiares se merece eso y mucho más, en acompañamiento porque es la hija de mi mejor vecino y debo estar presente, en elección porque hago parte del grupo de chambelanes, damas o padrinos. En fin, las razones parecen ser muchas para tal ceremonia o recepción. De todo esto, ¿se ha  puesto pensar cuánto vale la fiesta en términos económicos? ¿Cuánto vale en sacrificio, tiempo y dedicación la logística de este evento?

La celebración de los 15 años se remonta a los aztecas y mayas de México, quienes realizaban ritos de pubertad para indicar la entrada de las mujeres a la vida adulta y la aceptación de responsabilidades. En estas culturas, al llegar a la edad de 15 años, las jóvenes salían de la familia a la escuela telpochcalli donde aprendían la historia y tradiciones de su cultura y se preparaban para el matrimonio. Con la conquista, los españoles, que eran católicos, incluyeron en la tradición indígena la Eucaristía. En el siglo XIX, el emperador de México Maximiliano y su esposa Carlota introdujeron el vals y  vestidos elegantes. En el 2004, la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos aprobó una liturgia específica para esta celebración en que la joven es presentada ante la comunidad parroquial como persona adulta y recibe una bendición que incluye –según el texto de los obispos- “el compromiso de la quinceañera con Dios y con la Virgen María para vivir su vida de acuerdo a las enseñanzas de Cristo”.

De esta manera podemos decir que la fiesta de 15 años tiene dos objetivos importantes. El primero es la acción de gracias que los padres hacen en la Eucaristía por ser formadores de un ser que ellos procrearon con amor y del que fueron sus guías en cada lágrima y risa que pudo sentir. El segundo objetivo es asumir las responsabilidades, toma de decisiones lógicas y la importancia del servicio en la familia y en la comunidad que a partir de este momento la quinceañera adquiere.

La fiesta de los 15 años no es un vestido costoso, una limosina, recepción con todas las comidas, cerveza y licor de todos los sabores y colores, alquiler de un salón, contratación de grupos musicales o DJs, una decoración exagerada, etc. La fiesta de 15 años es una ceremonia sencilla pero sobria, con invitados pero allegados a la familia, una recepción con lo necesario, una comida pero compartida con amor, una fiesta pero sin exceder en la música y en el licor.  Recuerde que la celebración es para su hija, no para todo el vecindario.

Si económicamente usted es de las personas que podría “tirar la casa por la ventana”, como decimos coloquialmente, hágalo ya que hace parte del grupo minoritario al que no le afecta la crisis económica por la que estamos pasando. Pero si el caso es diferente, lo invitamos a que sea sencillo en este acontecimiento. Su hija lo entenderá si hay un diálogo fraterno con ella.

Es posible que la fiesta de 15 años, que dura un poco más de doce horas, no se convierta en quince años de deuda con el banco, pérdida de la casa que con tanto sacrificio compró o problemas con el amigo que le prestó el dinero.

Madres guerreras

El mes de mayo llega para gozo de muchos: es primavera, flores por doquier, colores, aromas y, por supuesto, la alegría de todo ser humano, la madre. Nos alegramos porque desde niños en las escuelas nos enseñan a hacer manualidades para regalar al ser amado que nos dio la vida, cuida y nos ama por el sólo hecho de haber nacido de ella, sin importar cómo seamos y que siempre nos ven como lo mejor que les ha pasado.

De adultos, veneramos ese ser que ya ha envejecido, ha perdido velocidad, agudeza visual y mental, se ha vuelto temerosa y más sobreprotectora que nunca. Para este tiempo, ya somos padres y madres con la oportunidad de entender muchas de las cosas que criticamos y rechazamos de ellas en el tiempo de mayor hostilidad de nuestra vida. En nuestra familia vivimos intensamente los últimos días de mi madre y me han inspirado a escribir un libro precisamente sobre aquellos días al ser diagnosticada con un cáncer terminal que surgió de un día para el otro y que terminaron con su existencia en menos de dos meses.

Doy gracias a Dios porque ese tiempo nos dio la oportunidad de llevarla en gracia y santidad a las puertas del cielo, recibimos y dimos amor, ternura, recordamos y perdonamos y nos dimos a tiempo completo. Cada minuto fue vivido al máximo. Hubo mucho que compartir porque realmente éste no fue el único momento de su vida que compartimos; siempre estuvimos presentes, físicamente o espiritualmente.

Nuestra cultura hispana ha heredado a la madre como el elemento aglutinante de la familia, porque, lamentablemente, aún sufrimos el abandono de los hombres que no asumen responsabilidad y no creen en la familia como resguardo y refugio del amor conyugal y filial.

Queremos invitar en este mes a orar por nuestras madres como espejo del amor maternal de nuestro Señor, en agradecimiento por haber dicho sí a la vida, recibiéndola y protegiéndola contra toda adversidad. A la vez, pedir porque las familias uniparentales sean cada vez más la excepción y predominen nuestras familias nucleares con padres y madres comprometidos y unidos en el amor, bendecidos por Dios en el Sacramento del Matrimonio.

¿Sabes conjugar el verbo tener?

Cuando estás aprendiendo un idioma, el profesor dentro de sus exigencias te pide conjugar los verbos en todas las formas utilizando las categorías de pronombres personales. Un ejemplo de ello es la acción tener que en el presente se conjugaría de la siguiente manera: yo tengo, tú tienes, ella tiene, él tiene, nosotros tenemos y ellos tienen. Así, este verbo indicaría que todos tenemos y a nadie le hace falta.

El problema de este verbo cuando se confronta con la realidad en la que vivimos, muchos de nosotros solamente sabemos conjugar el yo tengo y se nos ha olvidado que los demás, por muchas situaciones, problemas, falta de oportunidades, discriminación e incomprensión, no tienen.

Sería importante hacer realidad lo que en teoría nosotros aprendemos de memoria en la escuela con este verbo, en el cual yo tengo porque trabajo dignamente, usted tiene porque es una persona ejemplar y solidaria, ella tiene porque sirve de manera desinteresada a la comunidad, él tiene porque siempre se acuerda de los necesitados, nosotros tenemos porque compartimos y ellos tienen porque se acuerdan de sus paisanos.

Si nosotros lográramos, no solamente aprender los tiempos de este verbo, sino también comprender  el significado que lo rodea, seguramente nadie sufriría la injusticia social que algunos países padecen, nadie sería llamado pobre porque cada uno tendría lo equitativo a su talento y nadie tendría que abandonar familia y tierra porque el sueño estaría allí donde nació y se formó. El tener implica que si yo en el pasado no tuve, hoy puedo tener gracias a mi superación personal, para que en el futuro pueda seguir adquiriendo todo lo que esté a mi alcance.

¿Te gustaría conocer la fórmula para que esto se hiciera realidad? Es muy fácil, lo único que debes hacer es complementar el yo con el tú, de tal forma que cuando yo tenga me acuerde de los que no tienen para que juntos podamos experimentar lo que las primeras comunidades cristianas hacían en el siglo primero: “Todos los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en común: vendían sus propiedades y sus bienes, y distribuían el dinero entre ellos, según las necesidades de cada uno” (Hechos de los Apóstoles 2, 44-45 Biblia Católica de la Familia).

Padres, el reto que tenemos ahora es enseñarles a nuestros hijos que los verbos, no solamente se pueden conjugar, sino que también se pueden llevar a la práctica cuando pensamos en el prójimo. Si yo tengo, mi hermano también debe tener.

Pregunta a reflexionar: Como padre de familia, ¿qué tipo de educación les estás inculcando a tus hijos en torno al “tener”?

La bendición de ser una familia hispana

Del 15 de septiembre al 15 de octubre, se celebra el Mes de la Herencia Hispana. Este hecho me ha llevado a reflexionar junto a mi esposo Ricardo sobre cómo el ser hispanos ha impactado nuestra realidad como familia.  De esta reflexión ha florecido una sonrisa en mis labios y una oración de agradecimiento a Dios por la gracia de ser hispanos.

Gracias a nuestras raíces hispanas, Ricardo y yo hemos aprendido el profundo valor de la familia. Y no solo de la familia nuclear –padre, madre e hijos- sino el infinito valor de la familia extendida.  Abuelos y abuelas, tíos y tías, sobrinos y sobrinas, primos y primas, suegras y suegros, yernos y nueras, compadres y comadres; en fin, un ramillete de vidas unidas por los lazos de la sangre, del amor y de una cultura rica en costumbres,  historia  y fe que alimentan la vida familiar.

Gracias a que somos una familia hispana mi esposo, nuestro hijo y yo cenamos juntos todos los días dando gracias a Dios por el pan de cada día.  Gracias a que somos hispanos oramos el Santo Rosario en familia y meditamos a diario en la Palabra de Vida.  Gracias a nuestra hispanidad, compartimos abiertamente besos y abrazos que fomentan la cercanía y el amor familiar, buscamos visitar regularmente y compartir con nuestros familiares, celebramos en familia los quince años de nuestras niñas y la Navidad no es una época vacía dirigida solo a adquirir regalos.  Gracias a nuestra cultura, no vamos a enviar a nuestro hijo a vivir independientemente cuando cumpla 18 años; más bien lo alentaremos a quedarse en casa, gozando del calor de nuestro hogar, junto a abuelas y tíos, hasta el día en que forme su propia familia y le motivaremos a enseñarle estos valores a sus hijos y a los hijos de sus hijos.

Esta reflexión nos trajo a la conciencia el orgullo que sentimos de formar parte de una familia hispana, Católica, Apostólica y Romana, regalo que recibimos por gracia de Dios y que llena nuestras vidas de pura bendición.