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¿Qué estás dispuesto a compartir?

Cinthya Arcega de Montalvo

Es posible que ante esta pregunta tu primera reacción sea contestar: ¡“Por supuesto que todo”! Y ciertamente esta es la repuesta correcta de quien está pensando seriamente en contraer matrimonio. Sin embargo, es muy importante que te asegures de que has entendido lo que realmente implica “entregarlo todo” y que tu respuesta no sea sólo el impulso romántico, pero tal vez ciego o insensato, que las emociones de tu amor, o la proximidad de tu boda puedan producirte.

De hecho, tu matrimonio será el mayor compromiso que adquieras en tu vida. Es decir, te vas a “comprometer” a unir tu vida a otra persona compartiéndole, no sólo tus bienes y riquezas sino también lo que te es más íntimo, tu vida emotiva, tus sentimientos, tus sueños, tus proyectos para el fututo, tus valores, etc. Mejor dicho, se trata de darte libremente y por completo a la otra persona.

Esta entrega supone igualmente, recibir la donación del otro. Es decir, la aceptación del otro tal cual es, de tal manera que encuentre en mí comprensión, tolerancia, respeto. Y esto debe ser recíproco, es decir la entrega debe ser generosa y de ambos lados, de tal manera que ninguno quede engañado o se sienta minusvalorado. Por eso al casarte te comprometes también a tener la suficiente delicadeza para agradecer todos los detalles y gestos de amor que te entregan, por insignificante que parezcan, y a estar atento a lo que dices o haces, de tal forma que tu amado no se ofenda.

Esta capacidad de  entrega va a ser lo que haga de tu vida de pareja una relación feliz, donde cada uno pueda seguir creciendo como persona, como pareja y, cuando lleguen los hijos, como familia.

Entre más puedas compartir con tu pareja lo que eres, lo que tienes, tus ideas e ideales, así como lo que sientes y deseas, la unión indisoluble que esperas tener al contraer matrimonio, será cada vez más fuerte.

Si le entregas el don de la confianza a tu pareja y estás dispuesto a dialogar abiertamente con ella,  la otra persona te conocerá mejor y este conocimiento profundo se convertirá en  la base para que te comprenda mejor, para que te acepte más profundamente y para que su amor sea más íntimo. De otra manera ustedes pueden volverse  como extraños que, aunque vivan juntos, cada uno ignore lo que el otro piensa, quiere o siente.

Resumiendo, podemos decir que en el matrimonio compartimos:

  • Por el hecho de estar basado en una alianza irrompible, en el matrimonio se crea la confianza necesaria donde cada cual se debe sentir libre de compartir desde sus más profundos y sinceros anhelos hasta los mas excéntricos sueños.
  • Debemos poder compartir nuestros ideales, ilusiones, deseos, problemas, limitaciones, frustraciones, fracasos, triunfos.
  • Se comparte el mismo espacio (casa) y el tiempo extra que el trabajo nos deja.
  • También se debe tener una economía en común.
  • Se da la libertad y confianza para compartir nuestros cuerpos en  la relación íntima propia del matrimonio;
  • Debemos poder compartir con nuestra pareja los gustos que tengamos en común como canciones, artículos de periódico, programas de televisión, etc.

En fin, todo lo que rodea nuestras vidas es digno de compartirse y de ser recibido con respeto y gratitud.

Responsabilidades compartidas:

Otro aspecto muy importante es entender las responsabilidades que se adquieren en común y a las cuales deben contribuir los dos.

  • Compartimos las actividades, labores y responsabilidades que suponen el mantenimiento de una casa tales como la limpieza, el orden, la administración, y la cocina. Estas actividades debe por tanto repartirse de común acuerdo evitando que la carga caiga sobre una sola de las personas.
  • Compartimos la responsabilidad de manejar con respeto y responsabilidad el don de la fertilidad.
  • Compartimos la responsabilidad de la crianza y formación humana y religiosa de los hijos

¿Sientes que no estás listo para esta entrega?

Si sentiste miedo al tratar de contestar la pregunta acerca de lo que estás dispuesto a compartir, o sentiste que sólo estás dispuesto a compartir algunas cosas, es bueno que examines cuál es la raíz de tu reacción:

  • Si tu pareja no te inspira la confianza necesaria para  darlo todo por ella, entonces, no están listos. La confianza no se puede inventar. O se siente o no se siente.
  • Es posible que esta falta de confianza provenga del hecho que tu pareja “no es de confiar”, o que tú, por razones emocionales que vale la pena averiguar, sufres de celos, te cuesta confiar, o te cuesta compartir.

Cualquiera de estas razones son suficientemente serias como para que las tomes en cuenta antes de apresurarte a asumir un compromiso ante la otra persona y ante Dios. Quizás sea cuestión de tiempo, o valga la pena examinar si has escogido la persona correcta. Recuerda que nada debe obligarte. Tu entrega debe nacer de una decisión consciente, feliz y libre.

Intimidad y sexualidad

Dora Tobar, PHD

La característica esencial del amor matrimonial es su condición de entrega total de la vida, con el propósito de constituir una comunidad de personas que se dan mutua seguridad, placer, compañía, consuelo y apoyo. Por eso el tipo de intimidad que esta entrega establece incluye la donación libre y gozosa de nuestros cuerpos a través de la intimidad sexual, pero no se  limita sólo a ella. Es más, el grado de complementariedad y beneficios de la sexualidad tiene que ver con el grado de intimidad que la pareja ha alcanzado en los diferentes aspectos de su vida. Esto es, con el grado de comunicación, de confianza, de respeto, de trato delicado y con la solidaridad y mutuo apoyo en su convivencia diaria.

Se puede por eso decir que, a excepción de las limitaciones que a veces una enfermedad o una disfunción biológica pueda traer a la vida sexual, la gran mayoría de los problemas que afrontan las parejas en la cama, tiene que ver con su intimidad en la vida diaria. Así por ejemplo, es muy difícil que la esposa se sienta atraída y dispuesta a dar todo de sí en la noche, a un esposo que durante el día no ha hecho más que criticarla u ofenderla, o que la vio cansada y no le dio una mano en las tareas de la casa.

La mayoría de los problemas que afrontan las parejas en la cama, tiene que ver con su intimidad o trato en la vida diaria

Para mejorar el nivel de intimidad, una pareja debe por eso tener en cuenta, al menos  lo siguiente:

  1. La intimidad supone aceptación: Aceptamos a nuestro cónyuge cuando le hacemos sentir que, aún sabiendo sus defectos y limitaciones, tanto de carácter como físicos,  ella o él, es la persona más importante en nuestras vidas y que por eso, puede contar siempre con nosotros. Esto lo demostramos a través de la atención con la cual escuchamos, a través de las palabras de consuelo que le damos, a través del interés y preocupación que manifestamos por saber cómo se siente la otra persona, y por la forma como, aún cuando manifestamos nuestros desacuerdos, lo hacemos sin juzgar las intenciones del otro.
  2. La intimidad supone confianza: la confianza no es algo que se pueda exigir sino una realidad que nace espontáneamente entre dos que se sienten aceptados. Pero la confianza se puede cultivar. Para ello, es preciso partir de un acto de fe fundamental: creer que en ningún momento el otro tiene la intención explícita de ofendernos o hacernos daño. Esta actitud de confianza en las buenas intenciones del otro y en su bondad fundamental es decisiva para que se de un diálogo abierto entre las parejas, tanto a nivel de las diferencias de opinión o modos de actuar, como sobre las preferencias que tenemos a nivel íntimo.

La falta de confianza puede en cambio obstaculizar todos los niveles de comunicación tanto emocionales como corporales. Conozco por ejemplo parejas que se sienten muy incómodas en la intimidad porque su cónyuge tiene mal aliento y tiene pena de decírselo. Esto la ha llevado a desarrollar un gran desgano y fastidio por la sexualidad y su esposo no sabe lo que pasa y piensa que ya no lo quieren.
Gracias a la confianza las parejas deben poder decirse qué caricia les agrada más y cuál en cambio no les agrada o les satisface. En pocas palabras, la confianza crea la complicidad y amistad que se requiere entre dos buenos amantes y que los hace compañeros para siempre.
Esa confianza debe poder dar igualmente a la pareja la libertad tanto de poder sugerir tener una relación como poder negarse a ella porque no se siente con ganas de hacerlo, sin que esto lleve al otro a pensar que lo están rechazando o que no lo aman.

Y cuando, con el paso de los años, la intimidad sexual no sea la que prime, la confianza puede mantener en la pareja el grado de unidad gracias al cual se experimenta que no hay secretos entre los dos; que con el cónyuge se pueden abordar aun los temas más difíciles como sentimientos respecto de la relación con su familia, o los problemas de trabajo, incluso nuestros dilemas de conciencia.

  1. La intimidad supone la ternura. La ternura se compone de gestos o palabras generosas con las cuales una persona acaricia no sólo el cuerpo sino también el alma de la otra persona. Es decir, son esas miradas de admiración, esa guiñada de ojo que le levanta el ánimo a nuestro cónyuge; son las flores con las cuales queremos decirle a alguien: “Hoy pensé especialmente en ti”; es el abrazo de consuelo o de compañía con que recibimos a nuestra pareja después de un día de trabajo. Pueden ser también los “piropos” o frases de halago que, aunque pase el tiempo y el espejo  deje ver el deterioro, hagan sentir a nuestra pareja que la seguimos admirando y amando. En fin, el poder de la ternura es tal, que podemos decir que es el mayor y mejor afrodisíaco, no sólo porque motiva a las caricias, sino porque mantiene a la pareja enamorados.

Por todo esto es claro que “hacer el amor” es mucho más que ir a la cama. Es desarrollar en todos los aspectos de la comunicación y convivencia las posibilidades de entrega e intimidad de las cuales Dios nos ha hecho capaces, y que con su gracia podemos siempre mejorar.

Más sobre este tema se puede ver en: Alba Liliana Jaramillo, Las soluciones que buscas/ en lo sexual. Lecturas que pueden ayudar: Zig Ziglar , Cómo hacer que el romance no muera con el matrimonio. Ed. Norma, 1991; Hendrix Harville Amigos y amantes: la relación de pareja ideal. Editorial Norma 1991

Familia Hispana: fe y misión

 La Iglesia nos invita, como familia hispana, no sólo a fomentar la fe en Nuestro Señor Jesucristo sino también a conocer más a fondo esta fe católica que nos une como pueblo de Dios.

Esta invitación nos motiva a leer y estudiar el Catecismo, documento que contiene y explica ampliamente nuestra fe. Adicionalmente, en 2012 se celebró el 50 aniversario del Concilio Vaticano II, importantísimo evento que llevó a una renovación total de nuestra Iglesia y donde los laicos fueron llamados a asumir un papel protagónico en la misión evangelizadora de la Iglesia. Por esta razón, la Iglesia también nos invita a tomar el tiempo, individualmente y como familia, para conocer y escudriñar los documentos eclesiales nacidos del Concilio que enriquecen nuestra fe, y donde se puntualiza el papel de los laicos, los matrimonios y las familias en la vida de la Iglesia y la sociedad.

Nadie puede amar y respetar lo que no conoce. Por eso es tan importante que recibamos con gozo la invitación de la Iglesia de conocer y estudiar mas a fondo nuestra rica fe católica. Les invitamos a que  se reúnan en familia a leer, estudiar y reflexionar en el Catecismo de la Iglesia Católica y los documentos de la Iglesia, en especial, los documentos del Concilio Vaticano II.  Conocer mas profundamente nuestra fe católica, aumentará la confianza en Aquel que nos fortalece para enfrentar las pruebas que llegan a toda familia, viviremos mas unidos en Su amor y descansaremos en quienes nuestra provisión, alegría y sustento.

Les invitamos a vivir a fondo como familia hispana, recordando todas aquellas tradiciones culturales de nuestros pueblos que nos llevan a vivirla mas profundamente. Compartamos con nuestros esposos, hermanos, hijos y nietos esta maravillosa fe en Jesucristo, razón de nuestra esperanza.  Y cumplamos así la misión a la cual cada miembro de la familia es llamado en virtud de su bautismo… la misión de compartir el evangelio de Jesucristo a toda en nuestro hogar, trabajo y comunidad.

Cuatro pasos para rezar con tu cónyuge

Por Chris Stravitsch, MA, LPC, LMFT-A

¿Se ha preguntado alguna vez cómo rezar más íntimamente con su esposo? ¿Le gustaría estar espiritualmente más cerca de su esposa? Puesto que la misa es la oración perfecta entre Cristo y su Esposa, la Iglesia, las parejas pueden aprender mucho de la misa acerca de cómo rezar juntos como esposos y de cómo a la vez aumentar su intimidad. Los esposos que quieren aprender a rezar juntos pueden comenzar por seguir la misma estructura que sigue la misa. Así que observemos primero cómo el Pueblo de Dios, la Iglesia, reza durante la misa, y luego exploraremos cuatro pasos sencillos para rezar con su cónyuge.

Estructura de la Misa

La misa consta de cuatro partes: el Rito de Entrada, la Liturgia de la Palabra, la Liturgia Eucarística y el Rito de Conclusión. En el Rito de Entrada, la Iglesia se reúne, hace la señal de la cruz, y le pide perdón a Dios, lo cual prepara nuestros corazones para una unión más profunda con Él. Luego viene la Liturgia de la Palabra, durante la cual escuchamos activamente las lecturas de las escrituras. Esta etapa se puede comparar con una conversación entre Cristo y la Iglesia; Cristo nos habla en las lecturas y nosotros cantamos salmos a Dios con el corazón. Después, en la Liturgia Eucarística, Cristo y la Iglesia intercambian su amor mutuo. Mediante la transformación del pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, Cristo se hace substancialmente presente. Él se nos da en la Eucaristía; nosotros, a la vez, lo recibimos y nos entregamos a Él, profundizando -una íntima unión. Finalmente, el Rito de Conclusión nos recuerda ir en paz a servir al Señor siempre.

Cuatro pasos sencillos

Rezar con su esposo debería ser sencillo y enriquecedor. Se puede comenzar por seguir la estructura de la misa. He aquí un proceso de cuatro pasos para rezar juntos como esposo y esposa.

Primer paso: Reconciliarse y llenarse de gozo

Primero, aparten algún tiempo durante la semana para los dos, a solas; reúnanse en un lugar cómodo o den un paseo tomados de las manos. Hagan la señal de la cruz y tómense un momento para estar presentes el uno para el otro y para Dios, como al comienzo de la misa. Al comenzar, tómense un tiempo para reconciliarse; hablen de cómo podrían haber herido al otro durante la semana, luego pidan perdón y perdónense. Esto les ayudará a acercarse a Dios con el corazón abierto y a estar unidos en la oración. Una vez se hayan reconciliado, llénense de gozo ofreciendo una oración de acción de gracias a Dios.

Segundo paso: Descubrir a Dios juntos

El segundo paso se basa en la Liturgia de la Palabra. Luego de reconciliarse y llenarse de gozo, pasen un tiempo descubriendo a Dios juntos. Hay varias formas de hacer esto; por ejemplo, podrían leer la Biblia y comentar juntos el pasaje leído. Si no saben por dónde comenzar a leer la Biblia, una buena opción es leer el evangelio que se proclamará el siguiente domingo. Las lecturas de la misa de cada día se pueden ver en evangelio del dia.

Otra opción es leer los salmos, que han sido llamados el “libro de oraciones”. Los salmos expresan dolor y gozo, temor y esperanza, anhelo de Dios, y alabanza. Al mirar los títulos de los salmos juntos pueden encontrar alguno con el que puedan identificarse en ese momento. Recen con el salmo pausadamente y luego comenten cómo el salmo les mueve por dentro y en qué los hace pensar.

Otra manera de acercarse a Dios juntos es simplemente hablar de lo que piensan en sus mentes y lo que sienten en sus corazones. ¿De qué están agradecidos esta semana? ¿Qué dificultades se presentan en sus vidas? ¿Qué necesitan del otro y de Dios? Respondan estas preguntas honestamente y luego ofrezcan oraciones de petición a Dios. Recuerden dar gracias a Dios al verle responder fielmente a sus peticiones.

Tercer paso: Compartir el amor

El tercer paso se deriva de la Liturgia Eucarística. Después de descubrir a Dios juntos, pueden profundizar en la oración compartiendo su amor mutuo. Compartir el amor en el contexto de la oración puede incluir un beso, descansar en los brazos del otro, cuidar del esposo enfermo, decir unas palabras de apoyo o alguna otra genuina muestra de amor. Nuevamente, tengan un corazón agradecido a medida que su intimidad profundiza la presencia de Dios.

Cuarto paso: Servir al otro por reverencia a Cristo

A medida que su tiempo juntos se acerca al final, recuerden irse en paz para servir al Señor y el uno al otro. ¡La oración y la intimidad nunca terminan! Que su servicio e intimidad vivan cada día mientras cocinan, limpian, escuchan, trabajan, etc. El fruto que brotará de su rutina de oración bendecirá su matrimonio, profundizará su amor por Dios y el del uno por el otro, y les permitirá reflejar el amor entre Cristo y su amada esposa, la Iglesia.

Chris Stravitsch es becario de HLI America, una iniciativa educacional de Vida Humana International (Human Life International) y miembro de la facultad del Seminario de la Asuncion (Assumption Seminary) en San Antonio, Texas. Sus trabajos pueden encontrarse tanto en inglés como en español en el foro sobre la verdad y la caridad (Truth and Charity Forum) en www.hliamerica.org

Altibajos en el camino: cuando la burbuja se rompe

Por Valentín Araya

Una simple mirada lo inicia todo. Esa primera mirada, ese primer contacto ocular con esa persona tan especial, es el primer eslabón de una serie de acontecimientos en la vida de una pareja.  Una mirada que vuela como paloma mensajera, llevando un mensaje: “me gustas”. Y esa mirada, que correspondida casi al instante, responde con delicadeza “tú también me gustas”.

A partir de ahí, dos vidas, la de un hombre y una mujer se encuentran, comienzan a acercarse, a atraerse, a enamorarse, a amarse, a enlazarse, hasta quedar fundidas en una sola, el día de su boda.

Ese día, adornado con ilusiones y delicadezas, alegrías y felicitaciones, música y poesía, baile y celebración, envuelve a los novios en una burbuja de felicidad y armonía que les hace creer que la felicidad y la realización permanentes han llegado a sus vidas.

Esa burbuja tan cómoda y gratificante que les ha elevado, junto con sus ilusiones y sus sueños, les mantiene en el aire por un tiempo y luego se rompe y cae, algunas veces suavemente, otras veces, bruscamente, haciendo despertar a la feliz pareja a una nueva realidad.

A partir de ahí, hay cambios por hacer, hábitos por cambiar, habilidades por aprender, situaciones por resolver, cosas por aceptar y proyectos comunes por realizar. Todo matrimonio pasa por ese proceso de transformación.

Toda persona necesita dejarse cambiar por el matrimonio para poder vivir en matrimonio. Las resistencias al cambio sólo niegan a la pareja la posibilidad de ser feliz y le pueden llevar a envolverse en situaciones difíciles y dolorosas que podrían llevarles al divorcio.

Toda persona necesita dejarse cambiar por el matrimonio para poder vivir en matrimonio

En otras palabras, los altibajos en el camino del amor existen, pero pueden ser la ocasión de crecer y madurar en el amor. Por eso lo invitamos a que en esta sección considere los siguientes temas:

Alimentando la pasión y el amor

Por Dora Tobar

Toda relación de pareja pasa por distintas etapas, que se refleja en la forma en la que ambos experimentan y expresan sus emociones.

Muchos sin embargo olvidan este dato y piensan por eso que mantener la pasión y el amor es tratar de vivir lo mismo que se experimentó durante el enamoramiento o etapa inicial de la atracción, donde el goce de las sensaciones corporales y emocionales parecía ser tan intenso.

Sin embargo, esto es una ilusión sin sentido. Nada hay tan ficticio y pasajero como el enamoramiento. Las sensaciones de los enamorados son sólo el fruto de unas sustancias llamadas feromonas, que duran en el cuerpo máximo 3 años, y que nos hacen sentir agrado, no por la persona en sí, sino por la excitación que esa persona causa en nosotros cuando nos acaricia, o está a nuestro lado.

En cambio, las sensaciones de bienestar y agrado que provienen de la intimidad, es decir, de la unión profunda de quienes se aman realmente, es intensa, y en vez de agotarse, puede siempre crecer.

Fomentar la intimidad es crear un ámbito de convivencia donde cada cual puede ser él mismo, expresar sus sentimientos, tener la sensación de que el otro realmente lo entiende, al tiempo que experimenta una vida sexual placentera.

La clave entonces de un matrimonio feliz está en que los dos se dan la tarea de cultivar y proteger el tesoro de su intimidad. Y puesto que se trata de una continua aceptación y descubrimiento del otro, tal cual es, no hay reglas universales, sino que cada pareja debe poder encontrar su propio camino a la intimidad. Sin embargo se pueden dar algunas recomendaciones:

Lo que favorece el crecimiento en el amor e intimidad:

  • Evitar definir al otro o sus actitudes (Ej.: Este es un refunfuñón, o un perezoso que no le gusta salir al campo, etc.) pues esto encasilla a la otra persona y ella terminará actuando como fue definida.
  • Darse la oportunidad de descubrir aspectos nuevos del otro: “Una relación interesante es una relación en la cual la pareja aprende cada vez más el uno del otro” (A. Van Steenwegen, Amor: Palabra de Acción, 1993).
  • Hacer del diálogo la oportunidad para conocer cada vez más de la pareja, sin centrarse sólo en los problemas por discutir o acordar.
  • Buscar toda ocasión para hacer sentir al otro como la persona más importante de tu vida.
  • Sorprender a la pareja con detalles o gestos de cariño y servicio.
  • Estar siempre atento a responder a las necesidades de la pareja: las que expresa y las que le cuesta expresar.
  • Escuchar al otro sin presuponer de entrada lo que quiere decir.
  • No definir la relación desde las dificultades, sino centrar más la atención sobre los puntos fuertes o positivos que unen.
  • Cultivar las diversiones y momentos de entretenimiento en común.
  • Cultivar amistades con parejas positivas con la cuales puedan enriquecer su propia relación y buscar apoyo.
  • Creer siempre en la buena voluntad del otro y confiar en que la otra persona no tiene la intención explícita ni implícita de hacerme daño.
  • Romper los ciclos de discusión o la monotonía de las expresiones con gestos sorprendentes como abrazar cuando el otro no se lo espera, interrumpir una discusión y darse tiempo, ir a esperar al otro a la salida del trabajo como cuando eran novios, etc.
  • Evitar hacer de los errores parecidos una lista de tal manera que cada vez que haya una dificultad tengamos la sensación de que “volvimos a lo mismo”.
  • Orar siempre por la pareja y por la posibilidad de amarse y amar al otro siempre mejor.
  • Buscar ayuda profesional cuando se estime necesario.

Algunas actitudes que estancan la relación:

  • Creer que ya conocemos todo del otro.
  • Dejar de conquistar el corazón y el interés del otro.
  • Definir a la persona desde sus errores o limitaciones, o desde la imagen que nos hemos formado de él o ella.
  • Desconfiar del poder del diálogo.
  • Cruzar el límite del respeto con humillaciones, insultos, burlas.
  • Creer que la ternura o la pasión ya no son posible entre los dos.
  • Dejar de proponer alternativas para compartir pasatiempos o actividades.
  • Incluir a la familia en las discusiones o decisiones de la pareja.

Más sobre el tema en Comunicación y Herramientas para la solución de conflictos.

Lecturas complementarias: Luis Valdez Castellanos S.J., Comunicación y manejo de sentimientos, Liturgical Press, 2003; Alfons Vansteenwegen, Amor: Palabra de Acción. Reglas de juego para la relación de parejas, Editorial Lumen, 1993; J. Dominian, El matrimonio: Guía para fortalecer una convivencia duradera. Ed. Paidos 1996; Zig Ziglar , Cómo hacer que el romance no muera con el matrimonio. Ed. Norma, 1991

El Sentido Acción de Gracias

El día de Acción de Gracias, es una de las fechas nacionales más importante en los Estados Unidos; fue celebrada por primera vez en 1621 por los pobladores de la Colonia de Plymouth, Massachusetts.
Cuenta la historia que estos Pilgrims (peregrinos o primeros inmigrantes) en el año de 1620 escaparon  de la pobreza en Inglaterra y se embarcaron en el “Mayflower” buscando libertad en el Nuevo Mundo. Una tormenta los sacó de su ruta y en noviembre de ese mismo año, llegan al norte de Plymouth. El primer invierno fue de grandes penurias para los colonizadores, sin embargo, aquellos que sobrevivieron, continuaron luchando y en la primavera sembraron su primera cosecha de maíz gracias a Squanto, un indio guerrero, que se hizo amigo de ellos. Les  enseñó a los colonizadores cómo sembrar y cultivar el maíz, y los ayudó a establecer buenas relaciones con las tribus indias vecinas. En 1621 en un gesto de amistad, los Pilgrims invitaron a los indios vecinos para que juntos celebraran una fiesta, en la que compartieron pavos y gansos, maíz, langostas, almejas, calabazas y frutas secas.
 
Este gesto realizado entre la comunidad indígena y los primeros inmigrantes, nos hace reflexionar que esta fecha no es solamente para que en familia nos reunamos y alrededor de una cena y demos gracias a Dios por todos los dones recibidos. Es un día para que junto a lo mencionado, reflexionemos a manera de examen de conciencia, las actitudes que hemos tenido con el prójimo, es decir, con la persona próxima a mi familia, que tal vez no es de aquí sino de allá; que tal vez no habla el idioma de aquí sino el de allá; que tal vez no tiene “papeles” de aquí sino los de allá; que tal vez se le dificulta adaptarse al estilo de vida de aquí porque todavía actúa como si estuviera allá. Que tal vez…    
Manifestémosle a Dios nuestro agradecimiento no solamente por todo lo que hemos recibido, sino por las acciones que él nos permitió hacer por el otro. Imitemos el gesto realizado hace tantos años atrás por el indio guerreo Squanto, quien sin importar la condición de los Pilgrims, les brindó su ayuda para que salieran adelante y vencieran el hambre y las incomodidades que como inmigrantes se vive al llegar a tierra extranjera.
 
¡Feliz día de “Acción de Gracias”! 

Seis Errores Modernos de los Padres de Familia

Es muy comprensible que los padres de familia de nuestro tiempo cometan errores; esto se debe a la compeljidad de la época moderna ha tomado por sopresa a muchos padres de familia; se debe también, en buena medida, a la crisis intergeneracional que aleja un tanto a los padres de los hijos; se deben atribuir igualmente estos errores modernos de los padres a la permisividad que éstos toleran a los hijos: prueba de esto es que los padres dan todo a cambio de nada; es decir, aceptan hacer enormes sacrificios sin exigir de los hijos una justa correspondencia.
 
El primero de estos errores modernos consiste en conceder a los hijos el celular que éstos exigen según marca y modelo; algunos padres suelen decir que ‘toca concederles lo que pidan porque de lo contrario los ‘matonean’. Desde toda óptica, comprar un smartphone a un niño es un ex-abrupto; lo puede matar por robárselo, o lo puede botar a la caneca de basura por descuido o accidente, perdiendo así una buena cantidad de dólares. Los padres de familia deberán distinguir las diversas etapas de desarrollo de un niño; no pueden considerar en la misma forma al niño de 5 ó 6 años que al adolescente de 12 o al joven de 18 años. El principio de la ‘gradualidad’ tiene mucha importancia en la pedagogía familiar.
 
El segundo error consiste en ‘la soledad móvil’. Los padres de familia, no contentos con ceder a las exigencias de los hijos, ni se enteran qué hacen sus hijos con el celular; les han establecido un horario para el uso permitido?. Les han instalado un sofware de monitoreo de actividades?. Están informados los padres acerca de lo que buscan los hijos en internet?. Cuáles apps descarga?. Matoneo, acoso, sexting, son algunos de los riesgos.
 
El tercer error está en los contenidos de los programas que elijen… Muchos padres no saben cuáles series de películas ven sus hijos en televisión o en internet; y la radio?. No se imaginan la mega-basura que pulula en ciertas emisoras juveniles. Hay padres de familia que son muy ingenuos y crédulos. Hoy se está haciendo frecuente la literatura sobre el ‘cyber-sex’. Incluso ya algunos padres lamentan tener un hijo adicto al ‘cyber-sex’.
 
El cuarto error es el ‘internet a solas’. Un niño sin compañía en internet es como si estuviera parado en pleno centro de una de nuestras grandes ciudades. Qué criterio de selección de programas tiene un niño antes de los 10 años?. Inclusos entre los jóvenes y también entre adultos hoy es frecuente la adición a la pornografía por internet. Hay jóvenes que cuentan que esperan que sus padres se duerman para ellos levantarse a ver programas pornográficos.
 
El quinto error está en los ‘video-juegos’. Los.juegos de ‘video’ están clasificados como las películas, según la edad, y muchos padres no lo saben y compran el video-juego que le pide el hijo, lleno de violencia, sexo y groserías. Los controles parentales son una herramienta de supervisión de sus hijos, en el ciber-espacio. Los padres son los primeros responsables de la seguridad de sus hijos en internet.
 
El sexto error: ‘las redes sociales’. Los padres de familia deben saber que redes como Faceboook, Instagram y Twitter permiten crear perfiles de niños a partir de los 13 años exclusivamente; antes de esta edad los niños que creen cuentas tendrían que estar mintiendo al propio sistema. Podrá suceder que sea el propio padre quien le crea el perfil, pero modificando la edad, cosa que de entrada ya es un mal ejemplo para el niño.
 

 

Mejor enseñar que prohibir. La tarea de los papás, aunque es difícil, es establecer normas y límites; laidea es anticiaparse a que su hijo le diga: ‘papá, quiero tener Facebook’. Antes de que sus amigo se lo propongan, el niño tendrá claro que no puede acceder a la red. Se les debe explicar a los niños que amar es sinónimo de formar.
 
Para más información visite: 

¡El Mejor Amigo de mi Papá es su Celular!

Así un diario colombiano titulaba una de sus páginas. Comienza el artículo diciendo: “la escena ya no es ajena para nadie que, sin importar el escenario, parecen no poder evitar estar más pendientes de sus celulares que de sus propios hijos. Esta parece ser una evidencia de que las nuevas tecnologías amenazan también con fracturar las relaciones familiares”. El diario en mención aporta algunos datos tomados de la revista Pediactrics: “tras hacer un seguimiento a 55 grupos familiares, los autores encontraron que casi en el 75 % de los casos, los adultos utilizaban dispositivos móviles durante la comida con sus niños. El grado de interacción con los dispositivos iba desde no sacar el teléfono o ponerlo sobre la mesa (menos del 10 % de los casos) hasta usarlo casi en forma constante, lo que ocurrió en 40 casos en total”. 
 
No se trata de satanizar la tecnología, sino de llegar a un punto donde ésta se adecue a la familia y no la familia a ella. La psiquiatra Liliana Betancourt considera que el mal manejo de la tecnología en las familias afecta el desarrollo emocional de los pequeños, impactando en su proceso de socialización hasta causar, en el futuro, alteraciones del estado de ánimo. En la medida en que los padres centren su atención en la tecnología, pierden la oportunidad de establecer contacto visual y de detectar expresiones faciales que comunican un mensaje de la vida de sus hijos. Esto puede generar en ellos sentimientos de inseguridad, de rabia y la creencia de que no son importantes en la vida de sus papás. Esto de´’perder la oportunidad de establecer contacto’ es algo muy importante: Norman J. Bull y otros autores señalan la edad de los niños entre 4 y 10 años como una etapa especial en la relación de padres e hijos; es la etapa llamada de la ’heteronomía’, en que los padres son los ‘ídolos’, los mejores personajes en la vida de los niños; pasada esta etapa los padres pierden protagonismo en la vida de sus hijos, porque en la etapa siguiente –la socionomía- son los amigos y compañeros de escuela quienes asumen el protagonismo. La tendencia entre niños y adolescentes a permanecer demasiado tiempo frente a las pantallas de televisión, celulares, tabletas y computadores, incluidos los auriculares, ya tiene un nombre: los ‘screenagers’. En este caso son los adultos (maestros, papás, cuidadores) quienes se quejan del aislamiento de los menores de edad. Hemos llegado al extremo, afirma la psiquiatra Olga Albornoz, en que los papás abren perfiles en Facebook para poder comunicarse con sus hijos y enterarse de lo que están haciendo. Se trata de una situación que no tiene reversa y que tampoco cambiará en el inmediato futuro. Por eso, la especialista aconseja a los padres no rezagarse frente a las nuevas tecnologías e irse adaptando para imponer normas en el ámbito familiar. ¿Qué hacer?
 
Aunque no hay tiempos descritos para el uso de la tecnología en familia, es importante que en cada hogar existan lineamientos sobre la utilización de la misma. Aislar a los hijos o permitir que la tecnología ocupe las funciones de un papá, puede impactar más adelante en los niños solos, que tiendan a ser ansiosos y depresivos, debido a que las primeras personas que tenían que ocuparse de ellos no lo hicieron. El uso del móvil es ya uno de los principales conflictos que llevan a las familias a buscar un ‘mediador’, alguien que logre poner en diálogo a padres e hijos, porque los padres no tienen manera de controlar el uso que hace del móvil el hijo, porque al retirárselo pierde el control sobre el adolescente. Los padres de familia se hallan ante una paradoja: por un lado, sienten la necesidad de cortar un uso inadecuado del teléfono móvil y, por otro, quieren que su hijo lo tenga para poder tenerlo localizado. La demanda de ‘mediación’ se ha incrementado, entre otras razones porque padres y madres de familia se sienten cada vez más inseguros e indefensos en un entorno que les parece cada vez más difícil. 
 
El Concilio Vaticano II fue enfático en subrayar la misión de los padres de familia; las expresiones con que se dirige a ellos son significativas: “los padres deben ser para sus hijos los primeros educadores mediante la palabra y el ejemplo” (LG. n. 11), “la familia la primera escuela de humanismo” (GS. n. 52), “la primera escuela de virtudes sociales” (GE. n. 3), “la familia ayuda a armonizar los derechos personales con las demás exigencias de la vida social” (GS. n. 52). No nos desanimemos ante las presiones fuertes de la tecnología, sino pidamos al Señor que nos guía y que nos ilumine el Espíritu Santo para cumplir con nuestra misión de ser padres de familia.
Aquí hay otros artículos que pueden servir de inspiración en esta tarea:
Happy family with a shopping cart

La Misión de ser Padres

Hoy parece que los padres de familia, como el péndulo de un reloj, han pasado de un extremo al otro: del autoritarismo al permisivismo. Algunos padres han representado este paso con esta afirmación: “somos los últimos hijos que tuvimos miedo a nuestros padres y ahora somos los primeros padres que tenemos miedo a nuestros hijos”.
 
“En el mundo actual, poco se discute de temas interesantes con respecto a la educación como el de la autoridad”, escribe C. Izquierdo; es éste, precisamente, uno de los problemas que afecta profundamente a los padres de familia: el de la autoridad con sus hijos; no saben cómo proceder; a veces se sienten confusos y desorientados.
 
Si se trata de concretar y definir el principal problema de los padres de familia hoy, dos palabras son suficientes para describirlo: confusión e incomunicación. Confusión, porque el fenómeno del cambio, radical y acelerado, tomó por sorpresa a los padres de familia; no están preparados para afrontar los problemas del momento; se encuentran con niños y jóvenes muy liberados. Incomunicación, porque muchos padres de familia tienen a flor de labios la expresión ‘No tengo tiempo’ cuando el hijo pide ser escuchado; el pluri-empleo del padre, el trabajo de la madre fuera del hogar, les quita el tiempo y la disponibilidad a favor de los hijos. “Existen tantos adolescentes, escribe Izquierdo, que nunca escuchan de sus padres una palabra de alivio, de cariño, de atención”. “Me temo,” continúa el autor, “que nuestro mundo está lleno de padres, pero de padres de niños huérfanos. Algunos están ahí, en el hogar, pero es como si no estuvieran; atienden prioritariamente el periódico, la televisión, los negocios, el teléfono-celular, los amigos, pero dejan aparcados a sus hijos, ante la tele, en su habitación, rodeados de cosas; piensan que con llenarlos de satisfacciones materiales ya han cumplido su misión educadora”.
¿Qué consecuencias se derivan de este comportamiento? Lo dice el mismo Izquierdo: “observo a numerosos adolescentes huérfanos de modelos parentales y educativos; suelen moverse en medio de personas mayores que tienen excesiva prisa, que quieren ganar más dinero, que sufren con la incómoda presencia de los hijos. Me encuentro con adolescentes huérfanos de comunicación interpersonal; se arrinconan en una discoteca, se pierden en el anonimato de la masa, huyen de toda profundización, ya que creen que el mundo no tiene sentido”. A este punto de la reflexión, podemos preguntarnos: el suicidio juvenil e infantil, que el mundo conoce con extrañeza, ¿no tendrá una causa primaria en esta incomunicación, en esta orfandad? Sobre el problema del suicidio juvenil e infantil no conocemos estudios al respecto, pero el ambiente dentro de la familia sin duda que tiene un influjo particular para bien o para mal, ciertamente.
Una autoridad familiar bien ejercida, según C. Izquierdo, tiene unas características especiales: la subsistencia de la misma familia, la convivencia y comunicación, el aprendizaje de la obediencia, el equilibrio personal, la responsabilidad para la vida. Los padres han de tomar decisiones diarias que les ayuden a los hijos a respetar los límites, que les ayuden a madurar como personas. La permisividad y el ‘dejar hacer’ son enemigos de la autoridad que ayuda a crecer.
No hay autoridad sin respeto fundamentado en la integridad, la sinceridad y la empatía con el prójimo, nunca en el miedo y en la imposición. Un estudio de la Universidad de Navarra (España) comprobó que el prestigio de los padres ante los hijos no depende ni del dinero que ganan, ni del carro que tienen, ni de la práctica de un deporte, ni tan siquiera del cargo que ocupan, sino que depende de tres factores: del ser persona humilde, generosa, serena, del modo de trabajar y del modo de tratar a los demás.