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Historias con un final feliz

Acompañando y Sosteniendo
Dr. Gelasia Márquez

El Papa Juan Pablo II en su Exhortación Apostólica Familiaris Consortio (65) nos dice que ayudar a las parejas es “acompañarles en su caminar a través de las diversas etapas de su formación y desarrollo”.

Las Ciencias Sociales y la experiencia nos enseñan que tanto las personas como los matrimonios, desde su mismo inicio, pasan por fases de crecimiento que son predecibles.

Crecemos cuando adquirimos nuevas formas de ver la vida, de entender, de relacionarnos, de comunicarnos, de tomar decisiones, y de actuar dentro de la experiencia matrimonial y familiar. Cuando un miembro de la pareja o de la familia crece, la pareja como tal se ve retada a hacer ajustes en su relación que correspondan a las nuevas circunstancias y necesidades de cada persona y de la pareja o la familia en general.

El crecimiento dentro del matrimonio y de la familia conlleva un período inicial llamado crisis. La palabra crisis se asocia con las palabras reto, cambio, desbalance, inestabilidad. La crisis es una oportunidad de crecimiento pero puede ser también una ocasión de estancamiento y de deterioro en las relaciones matrimoniales y en las relaciones familiares.

Algunas crisis son esperadas o predecibles, pero su magnitud o impacto no es igual en cada pareja. Muchos factores individuales y sociales intervienen para  facilitar o para entorpecer los cambios necesarios en el procesos de crecimiento. Entre los factores personales que pueden entorpecer la resolución de una crisis matrimonial están las dificultades psicológicas tales como depresión, inmadurez emocional, alcoholismo o tendencias obsesivas en uno de los miembros de la pareja. De modo similar, entre las situaciones sociales que pueden influir pero no necesariamente entorpecer podemos anotar el no tener vivienda propia y tener que vivir agregado en casa de un familiar, o el que uno de los miembros de la pareja  tenga que añadir horas extras de trabajo para poder cubrir los gastos básicos semanales.

Además de las crisis predecibles a veces surgen crisis no esperadas, cuyo impacto puede ser enorme. Tal es el caso, para los padres, de la muerte de un hijo, o para la familia, la separación  de la pareja, la aparición de una enfermedad terminal a temprana edad, la pérdida del trabajo cuando hay un solo proveedor en la familia, y la migración con el consiguiente periodo de ajuste y aculturación a las nuevas condiciones de vida.

Ante la crisis la pareja y la familia  están llamadas a ejercer el poder creativo que Dios puso en sus manos, para que cuide del amor y de la vida (Véase, Familiaris Consortio, 17). Este cuidado, dicen los sociólogos, implica cuatro tareas: regenerar la especie humana a través de la reproducción, introducir a los nuevos miembros de la familia en la comunidad étnica y cultural a la cual pertenecen los padres, cubrir las necesidades básicas (tanto fisiológicas como psicológicas) para que cada persona pueda desarrollar sus capacidades, y formar miembros maduros, productivos y solidarios de la sociedad (Winch, 1977). Para poder llevar a cabo estas tareas el matrimonio y la familia necesitan estar en una continua relación e intercambio con el grupo comunitario al que pertenecen (Bronfenbrenner, 1986). Esta relación entre el matrimonio y la familia con la comunidad en que vive debe ser recíproca, donde ambas partes se articulen la una con la otra y se reconozcan y apoyen mutuamente.

Ahora bien, según datos del Censo del año 2000, el 40% de los hispanos residentes en los Estados Unidos nacieron en un país Latino Americano. Esto significa que casi la mitad de los Hispanos han dejado atrás sus comunidades de origen y con ellas, la fuente de su cultura, su ambiente vital, su contexto humano emotivo, económico, social y hasta eclesial. Por eso, a la desorientación inicial normal que sufren los inmigrantes, se une la confusión que acarrea las diferencias de idioma, valores, costumbres, formas de relacionarse, etc., así como la urgente necesidad de cubrir las necesidades vitales de empleo, vivienda, abrigo, salud, escuela para los hijos, y la falta de guía práctica en la comunidad que ayude a sortear estas dificultades con prudencia y caridad.

Esta situación representa por tanto una crisis que puede llevar a un proceso de crecimiento o acarrear graves dificultades para la pareja y la familia. Cuando revisamos los estudios científicos llevados a cabo con los matrimonios y con las familias inmigrantes hispanas vemos que el proceso de transición cultural que sigue al momento de la migración  conlleva que la propia identidad de la persona sea puesta a prueba, y que se creen interrupciones, estancamientos, retrocesos, deterioros y reacciones negativas dentro de las dinámicas de crecimiento psico-social y de madurez no sólo en los individuos sino, sobre todo, en los matrimonios migrantes y sus familias.

En la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio (77) el Papa Juan Pablo II desea que las familias de emigrantes puedan “tener la posibilidad de encontrar siempre en la Iglesia su patria”, donde sean asistidas en su propio idioma y cultura. De ahí que “Por tu Matrimonio” tiene un espacio especial para acompañar y sostener a los matrimonios y las familias inmigrantes hispanas en transición cultural. Las historietas ilustradas que podrán apreciar a continuación desean mostrar esta problemática y dar a las parejas que se encuentran en este proceso de crisis por la migración, luces para que puedan seguir un camino de crecimiento y superación, más allá y a través de las dificultades.

Historias 5: Carmen y Felipe

Saber pedir ayuda

Felipe escuchó atentamente todo lo que su hermano Juan le explicaba acerca del país a donde él había migrado y las oportunidades de trabajo que allí habían. Felipe le pidió a su esposa que le acompañara a ver cómo les iba a ellos. Carmen no quería hacerlo. Prefería que él migrase solo y que le enviase dinero para el sostén de la familia como hacía Juan. Le dolía mucho separarse de los niños y aunque sabía que ellos iban a estar bien cuidados con su hermana y su cuñada, no quería dar el paso. La presión de su esposo y del hermano de éste le llevaron a aceptar el reto de migrar y romper la unidad familiar al dejar a los hijos al cuidado de otros.

Una vez en el país que les acogió, Carmen no lograba “perdonarse” por “lo que había hecho”. Se sentía físicamente mal y continuamente tenía que tomar “cocimientos” para aliviar el malestar de su estómago. Su pobre estado de ánimo no la ayudaba en los trabajos. Aunque nunca faltó, se sentía “como ida” y no podía concentrarse en lo que tenía que hacer. La supervisora la fue cambiando de una tarea a otra hasta que un día la llamó y le preguntó cómo se sentía y cómo podía ayudarla. Carmen estalló en llanto y cuando pudo calmarse le contó a la supervisora lo que le pasaba. La supervisora le dio el nombre de un Centro de Atención Comunitaria donde podía ir por consejería para ayudarla a sentirse mejor.

Carmen le contó a Felipe de la ayuda que le ofrecían, pero éste le contestó malhumorado “tu no estás loca”, “tu no necesitas que nadie te diga lo que tienes que hacer”, “debes ser fuerte y echar pa’ adelante que aquí no vinimos para andar con melindres”. Lejos de mejorar, Carmen se sintió más sola que nunca y empezó a pensar en regresar por su cuenta a su país. Como su rendimiento en la factoría era cada día peor, la supervisora habló de nuevo con ella y se ofreció ir con ella al Centro de Atención. La trabajadora social que le asignaron le explicó que tanto su reacción emocional como física era normal y que muchas mujeres que llegaban a este país en contra de su voluntad pasaban por las mismas circunstancias.

Después de tres meses de ir “a conversar” con la trabajadora social dos veces por semana, Carmen empezó a sentirse mucho mejor. Y, por sugerencia de la trabajadora social, empezó a contarle a su esposo no sólo cómo se había sentido sino el por qué se había sentido así. Su esposo entonces le confesó que él también se sentía muy mal por haber roto la unidad familiar y le explicó que su forma de lidiar con sus sentimientos era ponerse “duro” consigo mismo y no pensar, para no flaquear. Poco a poco, Carmen y Felipe fueron sintiendo que estaban más unidos que antes porque ahora sufrían juntos, compartían el dolor de no tener con ellos a sus hijos, y buscaban juntos la forma de volver a tener toda la familia unida.

Para profundizar más en las enseñanzas que los casos de Gisela y José y de Carmen y Felipe nos dejan, lean nuestra sección Problemas por la Migración.

Historias 7: Enrique y Margot

La importancia de la comunicación

Enrique y Margot se conocieron en las clases de ingles de la Biblioteca Pública del vecindario. Ambos venían de diferentes países Latino-Americanos y llevaban poco tiempo en los Estados Unidos.

Meses después de estar “saliendo juntos” Enrique le propuso matrimonio. Margot no se sentía muy segura porque entre bromas y juegos había notado que “ellos no siempre pensaban igual” pero pensó que “eso no era tan importante” y aceptó su propuesta de matrimonio.

Enrique y Margot asistieron a un “cursillo de preparación” para la boda “por la Iglesia”, que duró un día. Durante el mismo, el pastor y la pareja de voluntarios que dirigían el cursillo les invitaron  a analizar las diferencias y acuerdos que tenían en diferentes tópicos. Enrique tomó a broma la tarea y Margot no se sintió segura para insistir en hacerlo. Días después Margot volvió a sacar el tema, pero Enrique siguió en su posición de no darle importancia a “las cosas de los curas que no que saben nada de matrimonio porque nunca se han casado”.

Cerca de un año después de casados, Margot fue a visitar al Pastor de la parroquia. Llorando le dijo lo angustiada y deprimida que estaba. Ella se sentía “fracasada” pues no lograba cumplir con su trabajo y con todas las tareas de su casa “como él lo esperaba” y sentía que Enrique no le daba importancia a otros aspectos de la vida en común que ella valoraba mucho y las realizaba con gran esmero y cariño.

El párroco pidió ayuda a la pareja que ayudó en la preparación matrimonial, y estos comenzaron a visitar el hogar de Enrique y Margot, como parte de “su seguimiento” después de la boda. El objetivo era ganar la confianza de Enrique y después modelar las respuestas esperadas a los problemas que ellos confrontaban. Así fueron entrenando a Enrique y Margot a escucharse, lo cual es diferente a simplemente oírse. Una táctica que les sirvió fue el repetir o parafrasear lo que el otro acababa de decir,  para así estar seguros que habían entendido lo que cada cual decía. También les fue útil el recordar y aceptar que tener diferencias es normal y que cada cual tiene derecho a no estar de acuerdo en todo lo que el otro cree y dice.

Años más tarde, Enrique y Margot se convirtieron en voluntarios  del programa de preparación matrimonial y su testimonio es uno de los que más efecto tiene en los novios que se preparan para administrarse el sacramento del matrimonio.

El caso de Enrique y Margot es un bello testimonio de la vida real  cuyas enseñanzas pueden leerse en “Convertirse en Compañeros para siempre”

Recursos – Alimenta Tu Matrimonio

Contacta las Oficinas de Vida familiar de tu diócesis (Family life Office). Ellos te informarán sobre recursos y programas que se estén ofreciendo en tu región. La lista de diócesis y sus direcciones electrónicas están disponibles en: www.usccb.org/dioceses

Talleres y Recursos de crecimiento en pareja

  • Talleres y Artículos para mejorar la comunicación en la pareja:
    • Catholic.net
    • Retrouvaille

Para parejas y Familias víctimas de adicciones

Para víctimas de violencia doméstica

Retiros y Programas de asistencia a matrimonios

Diferentes diócesis de Estados Unidos ofrecen programas específicos de ayuda a las parejas de matrimonios. Infórmate de ellos en las Oficinas de Vida Familiar de tu diócesis o a través de tu párroco. Los siguientes son programas ofrecidos a nivel nacional o de varias diócesis en conjunto:

  • Encuentros Matrimoniales (retiro de fin de semana) Encuentro Matrimonial Mundial and Retrouvaille
  • Renovación Conyugal: Disponible en varias diócesis del sur este de los Estados Unidos: www.renovacionconyugal.org

Apoyo de la Iglesia a separados y divorciados

Trabajo Fuera y Dentro de Casa

 Por Valentín Araya

Uno de los signos más visibles de los cambios en la sociedad actual es el papel que la mujer ocupa en ella. Se ha acelerado su promoción y se le ha reconocido igualdad de derechos y de representación en el hogar y en la sociedad. Consecuentemente, hay un alto número de mamás que se han sumado a las fuerzas laborales.

Este cambio social ha generado cambios en nuestras familias que no siempre son fáciles de manejar y pueden generar conflictos:

  • Conflictos para la mujer, que preferiría no tener que salir fuera de casa a trabajar y desea ser ella personalmente quien provee cuidado y educación a los hijos. Si lo hace es porque se ve forzada por las circunstancias económicas.
  • Conflictos en el hombre. Para algunos hombres, el hecho de que su esposa trabaje fuera de casa contradice la mentalidad de que el hombre debe proveer todo lo económico para la familia y la mujer debe quedarse en casa para realizar los oficios domésticos y cuidar de sus hijos. Y eso puede ser causa de tensiones y frustraciones en el matrimonio. Sin embargo, como lo dice la Iglesia, “El genio femenino se necesita en todos los ámbitos de la sociedad” (Laborem Exercens, 19). Y en muchos casos, el hecho que la mujer se realice humana, cristiana y profesionalmente, fuera de casa, es una bendición para el matrimonio y para los hijos. Lo importante es que los padres encuentren quién, en su ausencia, pueda cuidar bien los niños, y que el trabajo no absorba el tiempo para compartir en familia y en pareja.
  • Conflictos por tareas domésticas. Cuando los dos trabajan es muy importante distribuir adecuadamente las tareas domésticas. Pues a veces las mujeres sufren la injusticia de tener que trabajar tiempo completo fuera de casa y adicionalmente tener que  encargarse también, ellas solas, del trabajo al interior de la casa. El hombre debe entender que el trabajo de casa es un trabajo más del cual los dos son responsables.
  • Impacto en los hijos.  Los hijos pueden ser severamente afectados cuando los padres, primeros responsables y educadores de los hijos no proveen la atención necesaria. Por eso, en su ausencia, ellos deben asegurarse que los hijos  no sólo sean cuidados de peligros, sino también atendidos en sus necesidades psicológicas, emocionales, espirituales e  intelectuales. Lo importante es que los padres encuentren quién, en su ausencia, pueda cuidar bien los niños, y que el trabajo no absorba el tiempo para compartir en familia y en pareja.

Recomendaciones para parejas cuando los dos trabajan:

  1. Eviten poner en riesgo a sus hijos.  En algunos casos es mejor hacer ciertos ajustes económicos y aprender a vivir con menos dinero, que poner en riesgo a sus hijos. En edades escolares los niños requieren que papá o mamá se involucre con ellos en la escuela y si los dos trabajan, es casi imposible hacerlo. Y cuando son adolescentes requieren ser monitoreados de cerca. Si deciden que los dos van a trabajar, busquen las personas profesionales o instituciones que garanticen el bienestar integral de sus hijos.
  2. Dediquen tiempo a sus hijos. Aparte de las necesidades básicas: abrigo, comida y techo, los niños necesitan seguridad, atención, amor, comprensión, comunicación y protección.
  3. Decidan juntos sobre la disciplina y reglas de comportamiento.: Para evitar conflictos por la crianza es muy importante que decidan, en pareja, el tipo de valores y los métodos de disciplina que usarán con sus hijos. Comuniquen, claramente, tal decisión a su niñera. En mi caso, Betty, mi esposa, y yo decidimos que la disciplina la íbamos a impartir nosotros y no nuestra niñera. Así, ella nos decía si los niños habían faltado a una regla y nosotros aplicábamos las consecuencias. Los niños aprenden pronto que aunque alguien les cuida durante el día, sus papás son los encargados de su disciplina y las personas permanentes en sus vidas.
  4. No olviden la diversión. Dediquen tiempo para jugar con sus hijos después de llegar de sus trabajos. Los niños necesitan ese contacto con ustedes y ustedes lo necesitan también. Reserven también un día por semana como día familiar, donde puedan salir con ellos, hacer todo lo que les guste hacer, llevarlos al parque, ir a caminar, etc.
  5. Ayúdenles en sus tareas escolares. Padre de niños en edad escolar, dediquen tiempo para hacer tareas y obligaciones escolares con sus hijos. Ese tiempo es una inversión excelente para el futuro de sus hijos.
  6. Dediquen tiempo para ustedes dos.  No dejen que el trabajo y las tareas hogareñas les roben lo más importante del matrimonio: ser pareja. Dediquen tiempo juntos para platicar, divertirse, pasar tiempo juntos y seguirse conociendo. Pongan en su agenda por lo menos un día por semana para hacerlo. Es mejor pagar unas cuantas horas más a su niñera, que  dejar que su matrimonio se afecte y les lleve a la separación. Si ustedes están bien como pareja, sus hijos estarán mejor.

Para mayor información sobre este tema y otras fuentes de conflictos visita Las soluciones que buscas.

Valores en común

 Por Dora Tobar

Muchos expertos en consejería matrimonial y de pareja coinciden en afirmar que si bien el compromiso o promesas matrimoniales establecen y sellan la relación con la solidez de un vínculo estable, los valores en común crean la unión diaria que favorece y sostiene la convivencia. Ellos son los que hacen posible que dos personas, aunque provengan de mundos muy distintos, se descubran como “almas gemelas”, con “espíritus afines”, o en términos populares, como la “media naranja” con la cual se puede lograr la comunión de vida y de propósitos deseables en un matrimonio.

Qué es un valor

Los valores tienen que ver con lo que motiva a una persona, lo que la hace actuar, lo que le da sentido a su vida. En pocas palabras, “los valores de una persona son, en cierto modo, la propia misma”. Ellos constituyen “el centro de donde salen los intereses; son la razón que hace vibrar a una persona, sus amores, lo que le es más sagrado e importante (Véase, Geneviève Hone y Julien Mercure, las Estaciones de la Pareja”, Sal Terrae, 1993).

Los valores en común crean la unión diaria que favorece y sostiene la convivencia.

Importancia de los valores en la construcción de un matrimonio

Cada persona, a lo largo de su vida, y de acuerdo a los mensajes recibidos y asimilados, crea una lista de valores que constituyen, por así decirlo, “su tesoro.” Esta lista le sirve de parámetro para juzgar si algo le agrada, si va con él o con ella, o por el contrario, si le disgusta, le desagrada o le ofende. De ahí la importancia que los valores tienen para la relación de una pareja: si las dos listas o códigos de valores coinciden, la armonía y el bienestar estarán en gran medida garantizados; será fácil llegar a acuerdos sobre los objetivos en el manejo del dinero, la crianza de los hijos, la distribución de los oficios, etc. En fin, les resultará bastante fácil crear planes juntos y sobre todo diseñar un proyecto común de vida donde ninguno se sienta frustrado, limitado o forzado.

Para tener esta coincidencia en valores no se necesita ser de la misma religión ni del mismo país, pero ciertamente haber crecido en hogares con principios morales y espirituales similares favorece la coincidencia. Cuando, en cambio, son muchos más los valores en los cuales no se coincide, que aquellos que se tienen en común, es de esperarse que la relación sea, si no conflictiva, por lo menos muy difícil.

¿Qué hacer cuando no hay perfecta coincidencia en los valores?

Nadie coincide total y perfectamente con los valores del otro. Siempre habrá entre los cónyuges, gustos, preferencias o formas diferentes de ver la realidad. Eso no debe ser sin embargo la causa de dificultades en la relación. El amor supone la aceptación del otro tal cual es y no implica que el otro sea mi idéntico. Por el contrario, su diferencia puede aportarme formas de ver la vida y de actuar de las cuales puedo aprender mucho y terminar integrándolas en mi propio esquema de valores.

Se trata por tanto de aprender a “manejar” las diferencias, lo cual es diferente de “soportar” o someterse. En la negociación y búsqueda de acuerdos, aprender las técnicas de comunicación y las herramientas para la solución de conflictos será siempre de gran ayuda. Con todo se debe tener igualmente en cuenta los siguientes:

  • Son negociables los valores que no afecten o dañen el bien de ninguno de los cónyuges ni de los hijos: Valores que sean esenciales o fundamentales, tales como: la responsabilidad por la vida y el bien de las personas de la familia; el respeto, la fidelidad, la honradez, la veracidad, la delicadeza en el trato, etc., no son negociables ni renunciables.
  • Valores que son más gustos o apreciaciones se pueden negociar o simplemente aceptar como una característica propia del cónyuge.
  • La pareja debe poder construir su propio código de valores que los identificará como familia y como matrimonio. En esta elaboración el consejo de amigos y parientes puede ser tenido en cuenta pero no debe sustituir la decisión de común acuerdo de la pareja.
  • Todos evolucionamos y las circunstancias pueden hacer que tengamos que renunciar, no a nuestros principios, pero sí a ciertas formas de aplicarlos (Por ejemplo, si ya no se puede cenar todos juntos, por lo menos se puede buscar un día en que se puedan reunir). Tener esta flexibilidad puede facilitar la convivencia.
  • Comprometerse juntos con los valores cristianos y esforzarse por cumplirlos creará en su pareja el tesoro más rico y fructífero que garantizará su unidad y fortaleza como pareja. Recuerden “lo que Dios ha unido no lo separa nadie”.

Lecturas Complementarias:

  • Geneviève Hone y Julien Mercure, las Estaciones de la Pareja”, Sal Terrae, 1993.
  • Doris Helmering, Cómo alcanzar la felicidad con su pareja: Una técnica para logar la armonía en su relación afectiva. Editorial Norma.1988.
  • Elena Llanos, Cómo vivir bien en pareja. Editorial Grijalbo, 1989.
  • J. Dominian, El matrimonio: Guía para fortalecer una convivencia duradera, Ed. Paidos 1996.

Más sobre este tema en Errores y aciertos al escoger pareja y Conflictos y diferencias de carácter.¿Qué valores compartimos?, ¿Somos compatibles?

Conflictos en la crianza de los hijos

Por Valentín Araya

Algunas parejas tienden a contemplar la paternidad y la maternidad sólo desde su aspecto romántico. Piensan en lo bello de tener a un bebé entre sus brazos para llenarlo de caricias y amor. Desean tener ese primer bebé para que su amor “sea completo”.

Y no es para menos pues, como dice el catecismo de la Iglesia Católica, “Por su naturaleza misma, la institución del matrimonio y el amor conyugal están ordenados a la procreación y a la educación de la prole” (CIC #1652). Sin embargo, la llegada de ese primer bebé trae muchos cambios que pueden introducir una serie de conflictos en la pareja.

Un bebé demanda cuidados que implican desvelos, gastos extras, medicinas y  sacrificios. A partir de ahora hay que buscar y confiar en una niñera, si es que los dos trabajan y orientar las actividades de pareja al cuidado y protección de esa criatura. Por eso, con frecuencia la pareja se enfoca completamente en el bebé y se olvida de su propia relación matrimonial. Esto mismo puede llegar a afectar  la comunicación, los momentos de esparcimiento y de intimidad, con consecuencias no muy saludables para la relación matrimonial.

Los dos deben de estar a cargo de los niños

Hay hogares en los que el hombre asume que la mamá es la única responsable del cuidado de los hijos, olvidando que fueron los dos quienes los concibieron y que por tanto, su educación y crianza es responsabilidad de los dos.

También es responsabilidad de los dos impartir una disciplina sana a los niños.Para esto, la pareja necesita ponerse de acuerdo en las reglas y formas de disciplina que empleará en la educación de sus hijos. Los niños resienten cuando no hay ese acuerdo y uno de los dos padres cede la autoridad disciplinaria al otro. Esto sucede cuando por ejemplo, la madre que dice a su hijo: “Ya verás cuando venga tu papá”. Así, los niños perciben que ella no tiene autoridad para disciplinarles y que en la pareja ella no tiene el mismo valor que su papá. Esto puede traer graves consecuencias para el futuro del niño y para la pareja.

Los padres deben igualmente tener en cuenta que la educación de los hijos es una tarea continua e integral. Es decir, debe proveer una formación en el aspecto físico, emocional, intelectual y espiritual. En este punto, es importante que los padres se pregunten: ¿Qué valores necesitamos transmitirle a nuestro hijo o hija en este proceso formativo, de aquí hasta los 18 años, para que se convierta en una persona trabajadora y de respeto; honesta e íntegra; fiel y cariñosa; en una persona de Dios que sepa amar y servir a su comunidad?

Formas de disciplina

Hay algunas parejas que tienen dificultad en ponerse de acuerdo en los métodos o formas de disciplinar sus hijos. Puede darse el caso que uno de los dos quiera utilizar el castigo físico, pues quizás desconoce otras maneras o porque ese fue el método que utilizaron con él o ella. Sin embargo, aunque esa era una forma de disciplina aceptada en el pasado, hoy día, la mayoría de psicólogos están de acuerdo en que el castigo físico no es una manera sana y aceptable de disciplina. Por tanto, es necesario que los padres hablen sobre esto y aprendan juntos métodos prácticos para disciplinar, sin recurrir al castigo físico o las agresiones.

Hay otras parejas que aunque están de acuerdo en las reglas, uno de los dos es más  permisivo que el otro y no aplica a sus hijos las consecuencias disciplinarias por haber roto una regla, o  el otro es más estricto y pone castigos más severos de lo que realmente debiera. Esto causa muchos problemas en la pareja y gran confusión emocional y moral en los hijos.

Sugerencias

  1. No discutan las diferencias de opinión sobre la disciplina delante de sus hijos. Busquen un acuerdo en privado y luego preséntelo a los hijos
  2. Nadie nace aprendido.  El hecho de ser padres no nos da automáticamente la sabiduría para educarlos. Busquen cursos, talleres, libros y películas que pueden ayudarles.
  3. La persona no pude dar lo que no tiene. Si tienen autoestima baja busquen maneras para mejorarla, pues una autovaloración sana de si mismo/a, dará seguridad y confianza a sus hijos y por ende,  los elementos necesarios para que crezcan con una autoestima sana. Para esto no necesitan presentarse como personas prefectas frente a sus hijos, sino como personas con valor y dignidad.
  4. Hablen mucho con sus hijos. Esto les ayudará a confiar en sí mismos y a entender sus propias emociones.
  5. Dediquen tiempo a las tareas escolares de sus hijos.
  6. Los hijos aprenden lo que ven. Enséñeles pues, con su ejemplo, cómo relacionarse con los demás, cómo afrontar las dificultades de la vida, cómo ser personas de bien de una manera integral y cómo vivir unidos a Dios, practicando los valores cristianos.

Enfermedades físicas y mentales

Dr. Alba Liliana Jaramillo

La pareja debe ser consciente de que no siempre se puede escapar a situaciones límites como la enfermedad, el fracaso, el dolor y la muerte. Todos deben pues, de alguna manera estar preparados para minimizar los efecto desastrosos que tales situaciones pueden acarrear a la vida de pareja mediante el fortalecimiento continuo de la relación y la toma de conciencia de que el amor implica sacrificio, entrega generosa, tolerancia y atención delicada de las necesidades del otro. Esto es particularmente cierto cuando el compromiso de amar en salud y enfermedad se convierte en el reto de cada diario, como se considerará a continuación:

El reto no es sólo para el cónyuge que ahora debe dar más cuidados y sacrificios que los que puede recibir, sino para el enfermo mismo que debe ahora aprender a depender y dejarse servir.

Retos ante las enfermedades mentales:

Las enfermedades mentales, aunque no siempre son tan visibles y por eso nos parecen menos alarmantes son sin embargo muy delicadas y pueden interferir directamente en la relación matrimonial e incluso imposibilitarla.

Por eso, si su pareja empieza a presentar síntomas como decaimiento, depresión, angustia, falta de motivación, estrés, agresión incontrolada, entre otros, y estos síntomas son frecuentes y duraderos, es muy importante consultar a un médico lo antes posible para así valorar el tipo de enfermedad que se padece y sobre todo la clase de tratamiento que la persona necesita.

Se debe tener en cuenta que algunas enfermedades mentales como las psicosis, las neurosis, entre otras, interfieren directamente en la relación de pareja y de familia. Por eso, una vez establecido el diagnóstico y el deterioro de esa enfermedad, el especialista determinará si es necesaria que la persona sea internada en un centro especializado o si puede continuar viviendo con la familia. Y entonces se podrán valorar también las consecuencias que esto acarrea para la pareja.

El cónyuge de un enfermo mental necesita no sólo lugares donde pueda expresar su carga emocional ante personas que realmente entiendan lo que es atender un enfermo de esta clase, sino también instrucciones claras y profesionales de cómo acompañar y favorecer el proceso de curación sin empeorar la relación de pareja.

Las redes de apoyo son por eso claves para que el cónyuge pueda asumir el cuidado o atención del enfermo, sin que esto le implique también que él o ella termine deprimida, angustiada o desesperada. Estas redes de apoyo, pueden darse entre vecinos, la  parroquia, personas que hayan tenido una enfermedad similar, páginas especializadas de Internet u organizaciones tales como: www.nami.org/español.

Retos de las enfermedades físicas:
Cuando una pareja decide comprometerse mutuamente a amarse sabe que esto implica cuidar del otro en toda circunstancia. De  alguna manera todos sabemos igualmente lo vulnerables y frágiles que somos los seres humanos. Sin embargo, la realidad de las enfermedades, sobre todo las de tipo crónico y degenerativas como la diabetes avanzada, una parálisis o una invalidez, pone a la pareja ante una crisis normal y la necesidad de hacer reajustes en su relación, no siempre fáciles de asumir.

La pareja se ve obligada por ejemplo a una reacomodación de todos los aspectos de la vida cotidiana: horarios de trabajo más flexibles; búsqueda de una casa o de un nuevo espacio que se ajuste a las necesidades del enfermo; redistribución de las finanzas  y de los gastos así como de las labores del hogar, etc. Muy posiblemente sea necesario pensar en buscar ayuda extra para que el cuidado del enfermo no sobrecargue o agote al cónyuge o a la familia en general. Muchas enfermedades limitarán incluso la vida sexual de la pareja y entonces será necesario busca expresiones de cariño y ternura que mantengan vivo el necesario intercambio de afecto. En fin, se trata de un cambio general de planes y de formas de vivir la relación que pone necesariamente en prueba la capacidad de flexibilidad y apertura a los cambios.

El reto no es sólo para el cónyuge que ahora debe dar más cuidados y sacrificios que los que puede recibir, sino para el enfermo mismo que debe ahora aprender a depender y dejarse servir. El sacrificio y la entrega generosa cobran pues aquí una dimensión muy especial que, si la logran asumir ayudará a la pareja a trascender su amor a niveles no imaginados. La entrega de Jesús en la cruz será sin duda el ejemplo que mejor los anime y la fuerza de amor que mejor pueda moverlos. Las oraciones y atenciones de la comunidad a estas parejas no deben igualmente faltar.

Las finanzas: Presupuesto Familiar

Por Valentín Araya

El matrimonio es un espacio que exige a los cónyuges compartirlo todo. Esto es, se comparten los cuerpos, los sueños, las actividades y tareas del hogar, las responsabilidades y proyectos; se comparten igualmente el tiempo, los momentos hermosos y los que no son tan hermosos y entre todo ello, se comparte también el dinero. Poder compartirlo todo hace que un matrimonio crezca con raíces fuertes y profundas.

Algunas parejas, envueltas en la magia del enamoramiento y la luna de miel, inician su matrimonio pensando que lo único que tienen que compartir son sus sentimientos, sus cuerpos y algunas otras cosas, y excluyen completamente la parte económica. Conozco incluso parejas con 5 y hasta más años de casados que todavía no han aprendido a compartir el dinero: Ella no sabe cuánto gana él ni qué hace con su dinero y viceversa. Mantienen cuentas de banco separadas; se dividen los gastos de la casa pero no logran hacer la comunión de bienes e intereses que les permita ser “una sola carne” (Gn 2,24).

La falta de una verdadera solidaridad y comunión de bienes puede terminar enfriando la relación e incluso destruyéndola. A continuación se exponen dos tipos de mentalidades que impiden la sana integración de las finanzas en el hogar, para luego hacer algunas recomendaciones.

Mentalidades que llevan a conflictos por las finanzas:

  1. Considerar el dinero como símbolo de poder. Es la mentalidad de quienes creen que las personas valen por lo que tienen, o por lo que pueden aportar. En consecuencia, el que tiene más o gana más se cree superior y con más poder. Cuando esta mentalidad se trae al matrimonio las parejas experimentan resistencias para compartir el dinero (Véase 1 Timoteo 6,10), desigualdades e injusticias que desequilibran el interior de la relación matrimonial.
  2. Actitudes machistas. Desde esta actitud se cree que el hombre es el que debe, no sólo ganar el dinero, sino también manejarlo y tomar todas las decisiones relacionadas con el mismo. En muy raros casos él y ella ganan la misma cantidad de dinero. Si el dinero de ambos no se pone en un fondo común, entonces quien gana más y aporta más a la economía del hogar podría, consciente o inconscientemente, percibirse como la persona con más derechos y por tanto, como la que debe tomar todas las decisiones relacionadas con dinero. Correlativamente esto puede poner en una situación injusta a la persona que no trabaja o que gana menos dinero.

Sugerencias para manejar el dinero en el matrimonio:

Es responsabilidad de cada pareja encontrar una manera sana y justa para manejar las finanzas en el matrimonio. Ciertamente no hay una sola manera. La clave está en buscar una, en la que los dos se sientan confortables para así reducir a un mínimo los conflictos en el matrimonio.

Permítanme mencionar una que ha trabajado muy bien en mi relación matrimonial y en otros matrimonios con los cuales trabajo. Me refiero específicamente a la elaboración y manejo de un  presupuesto familiar. Esta es una herramienta de gran ayuda para manejar sabiamente las finanzas.

Para realizar este Presupuesto Familiar se recomienda a las parejas que:

  1. Abran una sola cuenta de banco en donde se depositen todos los ingresos. Por ejemplo: Siéntense en pareja y apunten la cantidad mensual que cada uno de los dos gana. Apunten también otros ingresos provenientes de pensiones, rentas, etc. No dejen ningún ingreso sin listar. Sumen las cantidades para obtener el total de ingresos del matrimonio.
  2. Hagan una lista de todos los gastos mensuales. Por ejemplo: Ofrenda a la Iglesia, Pago de renta o hipoteca, seguros de la casa y carros, teléfonos, gas y luz, cable, Internet, impuestos sobre la casa, arreglos de casa, comida, pago y mantenimiento de carros, gasolina, ropa, gastos personales de ambos, cuidados médicos y medicinas, niñera, tarjetas de crédito, diversión, regalos, vacaciones, etc. Sume las cantidades para obtener el total de gastos mensuales del hogar.
  3. Obtengan el excedente. Réstenle al total de ingresos, el total de gastos mensuales, para obtener un excedente o dinero sobrante. De ese excedente, tomen una parte para gastos extras como educación, jubilación, ayuda a las familias, emergencias y cuenta de ahorros.
  4. Revisen su presupuesto periódicamente. Tengan en cuenta que las situaciones en el hogar son cambiantes. Por lo tanto, es necesario revisar el presupuesto familiar cada cierto tiempo.
  5. Es recomendable que uno de los dos sea el que escriba los cheques y se responsabilice de llevar las cuentas. Aun así, debe siempre informar al otro pues el hogar es de los dos y los dos son responsables y tienen el derecho de saber cómo va la situación económica.

Este manejo de las finanzas en el matrimonio reduce a un mínimo los conflictos relacionados con dinero.

Más sobre este tema puede verse igualmente en Las soluciones que buscas y Manejo de las finanzas.

Bibliografía complementaria: Victoria Collins, Mi dinero, tu dinero, nuestro dinero: cómo resolver los conflictos del dinero en la vida de pareja. Ed. Norma. 1991

Las soluciones que buscas

 Por Alba Liliana Jaramillo (Psicóloga)

En la vida sexual

¿Cuándo y cómo comienzan los problemas sexuales?
Otoniel y Carmenza son un matrimonio que lleva 5 años de casados y durante este tiempo no han hablado de sus necesidades sexuales y esta situación está generando, sobre todo a Carmenza, sensaciones de  apatía y rechazo cada vez que su esposo le propone hacer el amor. Este y muchos casos parecidos dejan ver que en gran proporción las dificultades que los esposos encuentran en su comunicación corporal o sexual tiene que ver también con las dificultades para comunicarse a través de la palabra. El diálogo es entonces clave.

La sexualidad es sin duda un aspecto muy importe en la vida de un matrimonio pues genera muchos dinamismos que colaboran con el desarrollo y fortalecimiento de la relación conyugal. Lograr por tanto un buen nivel de diálogo corporal es importante. Por eso se recomienda tener en cuenta:

  • La sexualidad ocupa un lugar primordial en la vida matrimonial. Se debe evitar por eso que el afán por el trabajo, los problemas domésticos o las preocupaciones por los  hijos la afecten.
  • Durante la etapa de crianza de los hijos y de mucho trabajo, los esposos deben escapar de vez en cuando de la rutina, buscar quién se encargue de los niños por unas horas y planear un momento romántico “solo para ellos”.
  • Los dos deben decidir, de común acuerdo cuándo tener relaciones, teniendo en cuanta el estado de ánimo cada cual y su uso responsable de la planificación natural.
  •  La sexualidad comprende todos los gestos, palabras y actitudes que facilite expresar, mediante nuestro cuerpo, el afecto, respeto y atención por el otro. Por eso no se reduce a los gestos en la cama sino que incluye y comienza con los detalles, el ambiente de buena comunicación y de solidaridad en la vida diaria.
  • La sexualidad es una forma de expresar y celebrar el amor. Por eso, supone que el amor en general se esté alimentando mediante actitudes de confianza, entrega y deseos de agradar al otro. No se puede por eso llegar a la intimidad de la alcoba bravos, con resentimientos o miedos que el diálogo previo no haya resuelto.
  • Durante la relación sexual cada miembro del matrimonio debe expresar abiertamente cuales son sus necesidades sexuales, así como lo que le agrada y le desagrada. De esta forma los dos sentirán que han sido satisfechos. Y concluida la relación, debe también haber espacio para la comunicación abierta, que permita conocer el grado de satisfacción que cada uno logró.
  • Así como la intimidad en las conversaciones va creciendo, también la intimidad en la relación sexual debe estar abierta a la posibilidad de que los esposos crezcan en el conocimiento mutuo de sus cuerpos, descubran cada vez mejor lo que más agrada al otro y les permita romper la rutina de los gestos.
  • Es importante llegar a la relación sin estrés por las responsabilidades externas a la relación,  y sin la presión de pretender que el sexo debe ser perfecto. Se debe hacer de ese momento un verdadero espacio de intimidad donde cada cual escuche las necesidades del otro, respete su ritmo y preferencias  y lo acompañe, con paciencia y delicadeza, hasta su satisfacción.

Más sobre este tema en Intimidad y sexualidad. Algunos libros: Zig Ziglar , Cómo hacer que el romance no muera con el matrimonio. Ed. Norma, 1991; Hendrix Harville Amigos y amantes: la relación de pareja ideal. Editorial Norma 1991; Dagmar O´Connor , Cómo hacer el amor con la misma persona por el resto de su vida y con el mismo entusiasmo, Ed. Planeta, 1989

En el manejo de las finanzas

El caso de Antonio y María:
Ellos son un matrimonio que llevan dos años de casados, con unos ingresos suficientes para suplir sus necesidades económicas, sin embargo, desde novios cada uno respondía por sus propios gastos y nunca hablaron cómo, una vez casados, manejarían su dinero. Ahora hay conflictos permanentes, porque ninguno de los dos se pone de acuerdo en lo que cada uno debe pagar y en las responsabilidades que deben asumir.

Para tener en cuenta:
El manejo de las finanzas es fundamental en la vida cotidiana, y por tanto también en la convivencia matrimonial. Por eso se recomienda:

  • Tener un solo fondo común, donde ambos aporten todo lo que ganan y poseen.
  • Hacer una lista de los compromisos económicos que han adquirido como esposos, así como las proyecciones, de acuerdo al nivel económico que se tenga.
  • El fondo común debe ser manejado por aquel miembro del matrimonio que demuestre mayores habilidades financieras y disciplinarias para hacerlo.
  • En ningún momento el que gane más debe hacer sentir que tiene privilegios en las decisiones y manejo del dinero.
  • Quien maneje el fondo debe consultar siempre al otro sobre una inversión extra e informar periódicamente al otro sobre el estado de las cuentas.
  • Se debe dejar un porcentaje para los gastos individuales de cada uno de los esposos. Así se permite a una cierta independencia para que cada cual supla sus necesidad básicas y sus gustos personales.
  • Cuando haya puntos de vista diferentes frente al manejo del dinero es muy importante que, juntos, escuchen lo que cada uno piensa con respecto al dinero y traten de llegar a acuerdos donde el resultado sea “Ganar-Ganar” para ambos.
  • Si estos acuerdos no son posibles, se hace necesario buscar ayuda especializada (que ojala no sea un pariente) que medie y facilite solucionar este conflicto.

Más consejos y cómo realizar un presupuesto en El manejo de las finanzas, Las finanzas: Presupuesto Familiar.

Lectura complementaria: Victoria Collins, Mi dinero, tu dinero, nuestro dinero: cómo resolver los conflictos del dinero en la vida de pareja. Ed. Norma. 1991

La vida de fe en matrimonio

El caso de Hernando y Mariana:
Los dos pertenecen a la misma religión, pero la manifestación de la fe de cada uno es distinta. Hernando viene de una familia muy religiosa, donde su fe se manifiesta a través de la oración, la celebración de los sacramentos, el apostolado, entre otros. Mariana, en cambio viene de una familia poco practicante. Esto ha generado conflictos, porque Mariana es apática frente a todas las invitaciones que le hace Hernando para participar en la parroquia.  Además cuando Hernando piensa en tener hijos, esta situación lo frena, porque para él, el compartir con los hijos sus creencias y su fe es primordial.

Recomendaciones:

  • La fe es muy importante en la vida de una persona y puede dar grandes beneficios a los esposos cuando se comparte y se manifiesta en prácticas comunes.
  • Sin embargo, no es necesario que los dos tengan el mismo credo  ni manifiesten el mismo interés por la vida espiritual para que puedan tener un buen matrimonio. Lo importante es que cada cual, movido incluso por su fe y caridad,  respete la religión y el proceso espiritual del otro (Véase, Catecismo de la Iglesia Católica, 1634).
  • El diálogo inter-religioso al interior de un matrimonio debe llevarlos a desarrollar y apoyarse mutuamente en el desarrollo de lo que les es común en su fe, y a respetar sus diferencias (CIC, 1636).
  • Ciertamente el mayor problema se presenta en cuanto a la formación cristiana de los hijos. Los esposos deben entonces recordar que, en la celebración de su matrimonio se pidió expresamente que los hijos sean formados en la fe católica. Este acuerdo debe entonces hacer que quien sea realmente practicante asuma la responsabilidad de la formación religiosa, y que el otro cónyuge respete y apoye este proceso (CIC, 1635).
  • En algunos casos, la persona que tiene una mayor fortaleza y conocimiento de la fe, puede también indagar si detrás de la apatía religiosa o rechazo de la fe del cónyuge se esconde un desconocimiento o incluso una tergiversación de muchos aspectos de la religión. Este diálogo franco puede permitir la intimidad y comprensión que facilite incluso el inicio de una conversión y de un camino mutuo hacia la fe.
  • Finalmente, la Iglesia invita también a los esposos practicantes a que oren para el Señor los sostenga en su amor y en su testimonio y para que sus oraciones puedan preparar al cónyuge no creyente a recibir la gracia de la conversión (CIC 1637).

Más sobre este tema en En Proceso de devenir en una sola alma y Matrimonios Mixtos.

La relacion con la familia de mi esposo(a)

El caso de Augusto y Carolina:
Augusto y Carolina se enamoraron perdidamente y a los dos mese de conocerse resolvieron casarse. Después de varios meses de estar casados cada uno empezó a percibir grandes diferencias en el trato y en la manera de ser de los miembros de la familia de su esposo(a). Carolina además comentó con su familia algunos conflictos que empezaba a tener con Augusto.  Esto generó rechazo de su familia hacia Augusto, y sin darse la ocasión de conocerlo por ellos mismos, se hicieron ideas sobre él a partir de los que Carolina les decía.

Recomendaciones:

  • Aceptar a una persona en matrimonio implica necesariamente entrar en relación con su familia y con la forma de ser de esa familia.
  • Cada uno de nosotros hereda comportamientos, formas de pensar y reacciones emocionales provenientes de la familia donde crecimos. Es natural por eso que tengamos diferencias que se manifiestan en la convivencia (Véase, Gelasia Marquez, Las marcas de nuestros padres y nuestra cultura).
  • Precisamente porque cada familia ve las cosas desde su punto de vista, no se debe involucrar en las crisis o conflictos del matrimonio a ninguno de los miembros de la familia, ni política, ni de consanguinidad, pues esto casi siempre lleva a tomar posiciones radicales que, en vez de ayudar al esposo(a), en la mayoría de los casos generan distorsiones de lo que realmente está pasando en la relación.
  • Los esposos deben tener siempre presente que primero esta su relación matrimonial y después están todas las demás relaciones, incluso las familiares. Por eso es muy importante tener presente que el matrimonio que conforma un nuevo hogar , debe hacerlo a partir de las convicciones y costumbres, que ambos decidan, desde el momento de casarse. Las costumbres y convicciones de sus respectivas  familias, solo deben ser incorporadas, cuando ambos estén de acuerdo y vean la conveniencia para hacerlo. Así no se presentaran discusiones como “es que en mi casa se hacia de esta o tal manera”, sino, “así lo hacemos en nuestro nuevo hogar”.

Cuando se presenten conflictos y crisis en el matrimonio es necesario buscar ayuda externa que permita a los esposos ver otros puntos de vista y encontrar otras formas de solucionar el conflicto.

El balance familia-trabajo

El caso de Juanita y José Manuel
Aunque Juanita y José Manuel llevan apenas dos años de casados, ya casi ni si ven y su tiempo para compartir es muy reducido. Ambos trabajan en dos horarios laborales que no coinciden y por lo tanto, mientras el uno termina una primera jornada de trabajo, el otro la empieza. En consecuencia, el poco tiempo que tienen para verse lo tienen que emplear en resolver situaciones cotidianas y conflictos que se han creado por la falta de comunicación. No hay espacio para salir un poco juntos a descansar de la rutina y la vida íntima ha casi desaparecido.

Elementos a considerar:

  • La vida matrimonial necesita ser nutrida permanentemente para que ésta no empiece a morir, pues el amor es una realidad que requiere constante creatividad y sobre todo, espacios de vida en común.
  • Cuando el trabajo empieza a ser la prioridad en la vida y las personas se dedican obsesivamente a él, la relación conyugal y la familia quedan relegados y acaban por ser realmente “abandonados”. Por eso esta situación ha terminado con muchos matrimonios.
  • En importante advertir igualmente que cuando el trabajo absorbe a una persona, lo más seguro es que empiece a presentar síntomas de estrés y enfermedad que pueden llevar a la persona a no responder adecuadamente a su trabajo. Así, se cae en un circulo vicioso, porque se empieza a trabajar más para no fallar, pero el mismo estrés lleva a fallar y enfermarse. Es decir, el trabajo, como todo lo que se vuelve obsesivo, puede convertirse en un vicio y debe ser tratado como tal.
  • Ante esta situación es importante que las personas en el matrimonio analicen dos factores:
    • ¿Hasta dónde realmente nos está afectando esta situación? ¿Qué aspectos de nuestra vida en común se están deteriorando por la falta de tiempo para compartir? Este diagnóstico les ayudará a tomar medidas.
    • ¿Por qué se ha dado esta situación? ¿Será que el trabajo se ha convertido en una forma para escapar de una situación que no hemos afrontado? ó, ¿Estamos tal vez demasiado apegados a un estilo de vida o a ambiciones que están primando sobre nuestra vida afectiva y de familia?

Más sobre este tema en Trabajo fuera y dentro de casa.

Para compartir las labores del hogar

El caso de Antonia y Gustavo
Antonia y Gustavo llevan 5 años de casados. Antonia siempre se queja que Gustavo no colabora en ninguno de los oficios domésticos y por el contrario, muchas veces le aumenta el trabajo doméstico  por el desorden que éste siempre deja en su habitación y después de comer. Esto los lleva a tener discusiones frecuentes al punto que cada vez más la relación gira alrededor de esta situación y dejan de comunicarse en muchos otros aspectos, porque este conflicto siempre sale a flote.

Recomendaciones:

  • El matrimonio es como una empresa que requiere un trabajo en equipo. Cada uno es responsable de aportar, incluso en aquellas cosas simples de la vida cotidiana, como el arreglo de la casa, ir al supermercado, pagar las cuentas, entre otros.
  • Se deben distribuir las labores del hogar de acuerdo al tiempo que cada uno permanece en él. Si solo uno sale a trabajar fuera del hogar y la otra persona trabaja en el hogar, el que sale a trabajar debe colaborar en los fines de semana para que quien trabaja en casa pueda sentir un alivio frente a sus obligaciones. Así mismo el cónyuge que sale a trabajar fuera debe colaborar entre semana no haciendo desorden, ni aumentando el trabajo para el otro.
  • Cuando ambos trabajen fuera del hogar se deben distribuir equitativamente las labores del hogar, para que ninguno sienta una carga extra. Estas labores se pueden incluso intercambiar cada semana o de acuerdo al tiempo que cada uno de los esposos considere pertinente. Así también, pueden encontrar cuales son las cosas en que cada uno se siente más a gusto y cuales son aquellas en que se tiene más habilidad, para sacarle provecho a este espacio para compartir las labores del hogar.
  • Pueden incluso elaborar un cronograma semanal, donde se establezcan prioridades y además, los fines de semana pueden adelantar ciertos oficios que hacen en los días de semana y esto también puede contribuir a no sentir una carga tan pesada después de sus horarios laborales.

Más sobre este tema en Roles en el matrimonio.