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El Matrimonio y el Ministerio Familiar entre los católicos hispanos/latinos

En 1983, los obispos de Estados Unidos escribieron una carta pastoral sobre el ministerio hispano titulada “La presencia hispana: esperanza y compromiso”. La carta pastoral produjo una gran alegría entre los católicos hispanos cuando escucharon decir a los obispos: “En este momento de gracia reconocemos que la comunidad hispana que vive entre nosotros es una bendición de Dios”. Los obispos dijeron también que los hispanos ejemplifican y fomentan los valores esenciales para el servicio a la Iglesia y a la sociedad, incluyendo un profundo y respetuoso amor por la vida familiar en la que toda la familia extendida halla sus raíces, su identidad y su fortaleza. Hoy, este don de familia es compartido por millones de católicos hispanos en más de 4,500 parroquias en los que está presente el ministerio hispano. Particularmente, el amor a la familia se percibe mucho a través de los innumerables niños hispanos de toda edad presentes los domingos en las liturgias en español a lo largo y ancho del país.

La solidez de los matrimonios y de las familias hispanas está enraizada en una cultura profundamente católica, la cual puede salir adelante hasta en las situaciones más difíciles. Los datos de la Oficina Nacional del Censo de 2009 muestran que, de los 10,5 millones de familias hispanas que residen en los Estados Unidos, 66% están constituidas por una pareja casada y 41% por una pareja casada con hijos menores de 18 años. Asimismo, un 69% de los niños hispanos viven con ambos padres casados. Estos porcentajes son bastante más altos que el promedio general en las familias de este país, que apenas llega a un 44%.

Sin embargo, este “índice de éxito” no debe darse por sentado. Las parejas y las familias hispanas no están inmunes a los diversos factores sociales que hoy corroen al matrimonio y a la vida familiar. Es más, muchas familias hispanas tienen que enfrentar el impacto directo que ocasiona la emigración desde sus países nativos la cual deja a cónyuges y a familias enteras divididas por fronteras. Estas personas sufren además dolorosas separaciones bajo un sistema de inmigración ineficaz que no sólo dificulta sus esfuerzos para la reunificación, sino que también separa al esposo(a) de su esposa(o) y a los hijos de sus padres debido a las deportaciones que, con frecuencia, se llevan a cabo sin tomar en cuenta la vida familiar y la dignidad humana.

La Iglesia puede hacer la diferencia al mantener unidos a los matrimonios y a las familias hispanas. El apoyo que las parejas hispanas encuentran en sus parroquias y en otras comunidades basadas en la fe, puede ser la clave para un matrimonio sólido y una familia saludable. Los estudios muestran que las familias hispanas que tienen lazos fuertes con su comunidad de fe tienen más probabilidad de alcanzar un nivel educativo más elevado así como la prosperidad económica y social. ¿Qué puede hacer la Iglesia, hoy y en el futuro, para brindar un ambiente saludable y un sentido de comunidad a las parejas y a las familias hispanas que están creciendo en parroquias culturalmente diversas? La respuesta a esta pregunta no sólo se encuentra en lo que hacemos, sino en quiénes somos y en cómo interactuamos unos con otros.

Primero, los sacerdotes y los ministros eclesiales laicos necesitan estar más conscientes y más comprometidos con el llamado para recibir a los hispanos, abrazarlos y caminar con ellos; dejando de lado el lenguaje de “nosotros-ellos” y pasando al lenguaje de todos-nosotros-juntos. Debemos convertir a la Iglesia en “la casa y la escuela de la comunión” (Novo Millennio Ineunte, 43).

Segundo, lo que hacemos como ministros católicos deberá estar enraizado en el doble compromiso que tenemos con el mensaje de Cristo y con las personas con las que vivimos y hacemos nuestro ministerio. Esto exige un profundo conocimiento de Cristo y de su mensaje, así como un conocimiento interpersonal de las familias hispanas en nuestra parroquia y del contexto cultural, religioso, social y económico en el cual viven ellas. Este conocimiento brota del esfuerzo que ponemos para saber escucharlas y de nuestro sensible y genuino interés en las necesidades, aspiraciones e ideas que tengan estas personas en su vida.

Tercero, los ministros ordenados y laicos necesitan ser unos comunicadores eficaces del mensaje de Cristo entre las personas que hablan español y que tienen una cultura y una manera particular de hacer las cosas. Esto incluye un conocimiento de la manera en la que las familias hispanas toman decisiones, aprenden, se organizan y se juntan con otros grupos. Tales conocimientos y compromiso nos ayuda a acoger y a empoderar a los padres hispanos/latinos para que desarrollen y ejerciten su liderazgo en la familia y en la sociedad.

¡Trabajemos activamente para mantener fuertes a las familias hispanas/latinas en los años venideros!

 

Recursos para ministros de la pastoral familiar:

  • Se ha formado la Federación para la Pastoral Familiar Hispana para los que ejercen algún ministerio con parejas y familias hispanas/latinas en los Estados Unidos. Algunos de sus propósitos son proveer formación para los líderes, acompañarse mutuamente, abogar por mejores recursos para la pastoral familiar hispana y fomentar una colaboración más estrecha entre los ministros. ¡Considere formar parte de la federación!
  • El texto en español de Llamados a la Alegría del Amor: Marco Pastoral Nacional para el Ministerio de Matrimonio y Vida Familiar está disponible en línea y en la tienda de la USCCB. Inspirado principalmente por la Exhortación apostólica postsinodal, Amoris Laetitia, este documento presenta un marco de principios pastorales para el ministerio y la defensa del matrimonio y la vida familiar que puede servir como un recurso para ayudar a la planificación pastoral en parroquias, diócesis o eparquías en todo el país. Este marco se ofrece en continuidad con la carta pastoral El Matrimonio: El Amor y la Vida en el Plan Divino como contraparte práctica y pastoral de los principios teológicos sobre el matrimonio que allí se presentan
  • Familias de discípulos misioneros: Creando una cultura de encuentro en la iglesia doméstica Una guía bilingüe (español/inglés) para las familias católicas en los Estados Unidos que les ayuda a reflexionar en familia, compartir sus experiencias de fe, acompañarse unos a otros, fortalecer su iglesia doméstica y salir al encuentro de los demás. Para aprender más visite: https://portumatrimonio.org/fdm

Espiritualidad y fe

 Por Dora Tobar, PHD

Como muestran las estadísticas, de 500 parejas felizmente casadas, más de la mitad consideró que la espiritualidad y la fe es el elemento que más contribuye a su felicidad (véase CARA, Marriage in The Catholic Church: A Survey of U.S. Catholics, October 2007). Particularmente en las familias hispanas, el orar juntos demostró ser la fuente de la cual sus miembros se nutren para sobrellevar los retos que afectan particularmente a esta comunidad, tales como las adversidades económicas y la migración.

La razón de este beneficio puede verse desde muchos aspectos. Podemos comenzar diciendo que, aunque lo sepamos o no, desde el instante mismo en que nos sentimos atraídos por nuestra pareja, Dios estaba ya ahí, en medio de nosotros. Pues, sólo un Dios de Amor pudo haber hecho posible que sintiéramos el impulso de salir de nuestra soledad egoísta, al encuentro de otro ser y de desear incluso entregarle, aunque no sea de nuestra familia ni de nuestro grupo de allegados, todo lo que somos: nuestro cuerpo, lo que ganamos, lo que sentimos y hasta lo que podemos llegar a ser. Y si esta aventura de “despojo y solidaridad” en vez de asustarnos y sentirla como una pérdida, la experimentamos como una de las fuentes más grande de realización, es porque este Dios nos hizo parecidos a El. Es decir, porque las fibras más íntimas de nuestro cuerpo y sentimientos están hechos con la misma realidad trascendente por la cual Dios no es soledad sino Trinidad. En pocas palabras, ¡porque somos a imagen y semejanza de Dios!

De ahí que el rostro de los enamorados tengan la semblanza angelical de quien se siente entre el cielo y la tierra. De ahí también la energía vital y entusiasta que mueve a los esposos a desear, siempre y cada vez más, ser una sola carne o una unidad indisoluble con el cónyuge. Amar es por tanto la experiencia más espiritual que podemos vivir como seres humanos. Pero por eso mismo, no podemos amar verdaderamente sin Dios. Sin El, nuestros impulsos físicos y emocionales pueden terminar usándose para el disfrute egoísta del placer, y entonces, donde debió haber habido encuentro y entrega generosa, se crea un vacío que duele y hace más daño que la soledad.

Igualmente, los esposos saben muy bien que a medida que la relación avanza, el amor va dejando de ser una sensación “entre las nubes” para convertirse en el contacto real con otro ser humano que necesita ser escuchado, servido, aceptado, con sus defectos y atendido dentro las limitaciones y circunstancias que la vida nos presenta. Entonces, la conquista de este corazón se vuelve verdadera entrega. Deja de ser la “visión encumbrada” de la divinidad como la que tuvieron los apóstoles en el Tabor para convertirse en el encuentro de un Dios que está en el rostro poco romántico del crucificado. Es decir, el amor matrimonial, con su específica condición de entrega de la vida, es una realidad que puede aproximarnos a la forma como Dios ama, pero por eso, supone el salto trascendente de fe o capacidad de donación y sacrificio que sólo Cristo puedo realizar de forma completa y total en la cruz.

¿Quién mejor que Cristo entonces para ser el depositario de nuestros sueños de entrega y de apasionada donación de nosotros mismos? ¿Cómo garantizarle a nuestro cónyuge que le seremos fieles en tristeza y alegría, en salud y enfermedad, en tiempos de prosperidad o en tiempos de crisis económica, si nuestro pobre corazón no se nutre con la entrega misma de Cristo en la cruz? Por lo demás, no creo que haya alguien que no desee ser amado de esta manera. Por lo tanto, la clave de nuestro matrimonio está aquí: en que la gracia permanente del amor de Jesús invocada el día de la celebración de nuestro matrimonio siga siendo cada día el objeto de nuestras oraciones, para que en todo lo que hagamos por nuestro cónyuge y nuestros hijos, imitemos cada vez mejor la donación sincera y total de Jesús en la cruz.

Ahora bien, dentro de todas las oraciones ninguna es tan completa ni puede alimentar mejor a la pareja de cristianos como la Eucaristía (CIC, 1644). Ella, centro y culmen del misterio cristiano, nos invita a comulgar con el Cristo que se entregó sin mediada y a hacer de esta comunión la fuerza que nos transforme en “cuerpo de Cristo” o presencia viva de su amor para otros. Por eso, los esposos que juntos busquen esta comunión y se nutran de ella, seguramente no sólo vivirán a través de los retos y altibajos de la vida una relación matrimonial satisfactoria, sino también una vida santa (CIC 1641-1642).

Más sobre este tema en Espiritualidad del matrimonio y La oración. También recomendamos leer los siguientes documentos de la Iglesia:

Profesión y familia

 Por Edgar D. Montalvo

Al Iniciar una nueva etapa en la vida es siempre importante estar seguros que sabemos lo que deseamos y los retos que esa meta nos significa. Esto es aún más importante ahora que estés pensando en contraer matrimonio.

Ahora bien, uno de los aspectos importantes por pensar y definir en este momento de tu vida es cómo vas a coordinar tus expectativas frente a tu profesión y la vida familiar al lado de tu pareja y de unos posibles hijos. Es entonces el momento para que dialogues con tu pareja sobre, al menos, los siguientes puntos:

Temas a dialogar:

  • ¿Podemos vivir con el salario de uno sólo de nosotros o es absolutamente necesario que los dos trabajemos?
  • ¿Es necesario que los dos, o al menos uno de los dos busque un trabajo más remunerativo?
  • Si los dos no han terminado los estudios, ¿cómo van a seguirse financiando los estudios, compartiendo los gastos y apoyándose mutuamente?
  • Si tienen hijos, ¿quién se encargará de cuidarlos mientras los dos, o uno de los dos, trabaja?
  • ¿Cómo se distribuirán las tareas de la crianza y los oficios de la casa para que cada cual pueda seguir desarrollando su vida de estudios o desarrollo profesional?

Para llevar a cabo este diálogo hay que tener la mente lo suficientemente abierta como para saber que las profesiones o trabajos de los dos son igualmente importantes y que por tanto deben llegar a un acuerdo que satisfaga a los dos, al tiempo que atienden las nuevas responsabilidades que un matrimonio y un hogar en común suponen.

También debes pensar que al escoger tu actual profesión o trabajo seguramente te motivaron los siguientes factores: el gusto que tenemos por esa actividad y la remuneración económica que obtendremos de ella. Sin embargo, al pasar de los años probablemente te has dado cuenta que aunque estos dos factores son importantes, no son los únicos. Y el hecho de comenzar una vida de matrimonio y familia es la ocasión perfecta para que consideres estos otros factores:

  1. Se debe trabajar para vivir y no vivir para trabajar

    • Vivimos bajo el influjo de una cultura consumista e individualista que fácilmente puede arrastrarnos a la adicción por el trabajo, con el riesgo de perder así la razón y el fin mismo del trabajo: ser un instrumento y no un fin.
    • El trabajo debe de ser el medio para realizar tus metas personales y familiares y no el medio para abstraerse del mundo exterior y sus responsabilidades. Todos los excesos son malos y aunque este exceso cause un bien aparente (como la remuneración económica) a la larga se perderá el foco de lo que es verdaderamente importante: amar y servir a los demás. Así que como dicen en mi pueblo, “ni tanto, que queme al santo, ni poco, que no lo alumbre”.
  2. El trabajo debe ser un medio de servicio comunitario

A cada uno de nosotros se nos han dado talentos especiales que nos han ayudado a que nos desarrollemos profesionalmente y tengamos una remuneración. Pero no debemos de olvidar que estos talentos no sólo deben ser usados para beneficio personal sino también para servir a la sociedad y sobre todo a aquellos menos favorecidos, tanto en recursos como en talentos.

No olvides por eso las donaciones a instituciones no lucrativas, o a aquellos que no tienen hogar, a los ancianos y demás necesitados que están entre nosotros, por que el Señor ha permitido que nunca seamos tan pobres que no tengamos algo que dar. A final de cuentas Dios no se deja ganar en la generosidad y verás como tus buenas acciones serán recompensadas por El, en el momento exacto.

En fin, al hablar con tu pareja sobre este asunto tan decisivo en la vida de las personas, ten siempre en mente que “tu profesión es tan importante como la de tu pareja”. No olvides los puntos que te acabamos de mencionar: sean realistas y hagan un amplio análisis de su economía como pareja.  Establezcan las metas que cada cual tiene en su vida y hablen de la forma como cada cual puede apoyar al otro en esas metas, a corto, mediano y largo plazo, al tiempo que está abierto a los cambios y ajustes que la nueva vida de pareja le supondrá, como el hecho de cuidar y educar a los hijos.

No pierdas pues de vista que en este diálogo estás planeando tu futuro profesional, el de la personal que amas y el de tus hijos. Así podrás sin lugar a dudas llegar al balance que los dos esperan y necesitan.

Más sobre el tema en Trabajo fuera y dentro de casa.

Solución de conflictos y diferencias de carácter

 Por Alba Liliana Jaramillo

El carácter es la manera como una persona ha aprendido, a lo largo de su vida, a reaccionar y comportarse ante las diferentes situaciones. Por eso el carácter tiene mucho que ver con las herramientas que una persona usa para relacionarse o solucionar conflictos dentro de la vida de pareja.

A continuación encontrarás una descripción de los rasgos más característicos de los distintos tipos de carácter, tal como se han logrado identificar. Trata de ver cuál de esos tipos corresponde mejor a tu manera de comportarte y a la de tu pareja. Debes sin embargo tener en cuenta que estas características sobresalientes o aspectos fundamentales de la manera de ver la vida no definen totalmente ni para siempre a una persona. Todos podemos evolucionar y aprender a manejar nuestro carácter y hasta mejorarlo. Pero para ello debemos partir de reconocer dónde estamos en este momento:

  • Quien tiene un carácter nervioso, es una persona variable y tiende a ser inconstante en sus objetivos. Tiende a distraerse con sus pensamientos de inseguridad.
  • El flemático en cambio es sereno; más bien introvertido. Está atento a  comprender lo fundamental de la vida y tiende a ser ordenado.
  • En el caso del sentimental es sensible y fácilmente tiende a la frustración. Le cuesta adaptarse a nuevos retos.
  • En cuanto al colérico su carácter es irritable y tiende a ser disperso. Se tensiona con facilidad.
  • Los apasionados son imaginativos y están casi siempre ocupados.
  • Los apáticos son casi siempre introvertido, lentos en el actuar, poco sensibles y rutinarios.
  • Los sanguíneos son cerebrales, racionales, objetivos. Se adaptan fácilmente
  • Los amorfos en cambio son carentes de entusiasmo, casi siempre son perezosos, buscan soluciones fáciles y tienden a ser desordenados.

Para evitar el conflicto en una pareja con diferencias de carácter, es recomendable:

  • Trata de conocer más sobre las características del carácter del otro, para que sepas cuáles son sus puntos débiles y cuáles son sus fortalezas. Así, aprenderás a no atacarlo por la debilidad.
  • No trates de adivinar lo que el otro está pensando o sintiendo. Cada uno debe hablar de lo que siente y piensa.
  • Es muy importante que cada uno tenga espacio para expresar lo que siente y piensa, sin acaparar la palabra hasta tal punto que el otro ni siquiera puede hablar.
  • Repetir lo que el otro dijo es una buena técnica de comunicación. Esto ayuda a dar mayor claridad a lo que se entendió para evitar mal entendidos.
  • Cuando una pareja tiene diferencias de carácter, la comunicación asertiva es fundamental, es decir, deben ser directos, honestos, sin faltar al respeto es decir, sin humillar o juzgar al otro.
  • Para tener éxito en la comunicación es importante igualmente expresar con claridad lo que se quiere decir, pero también fijarse en lo que está detrás de lo que se dice (actitud y gestos) y de la forma en que se dice.

Ante conflictos ya creados en parejas con diferente carácter se debe:

  • Tener presente que, desde sus respectivos puntos de vista, ambos pueden tener la razón. Por lo tanto es necesario que ambos puedan ceder. Así el poder no se concentra en aquel que cree tener la razón siempre.
  • Es fundamental no tomar represalias frente a los comportamientos del otro, sino que exista de parte de ambos una disposición para llegar a acuerdos. Ambos deben estar dispuestos a dar lo mejor de sí mismos y no ocultar sentimientos que los llenen de veneno y rencor. Si es necesario, es importante sacar esos sentimientos y expresarle a la pareja lo dolido que se está por alguna situación en especial, para que el otro pueda entender lo que el otro está sintiendo.
  • Cuando los problemas y las diferencias de carácter se ventilan adecuadamente a través de una defensa adecuada de los propios puntos de vista, la pareja empieza a cultivar una actitud de confianza y esperanza en que los problemas van a tener siempre una solución adecuada.

Más sobre este tema en Herramientas para solución de conflictos y Comunicación. Lecturas complementarias: Geneviève Hone y Julien Mercure, Las Estaciones de la Pareja, Ed. Sal Terrae, 1996; Aaron Beck, Con el amor no basta: cómo superar malentendidos, resolver conflictos y enfrentarse a los problemas de pareja.  Ed. Paidos 1990; Escobar Isaza, Gustavo Adolfo, Hacerse Pareja: Guía para construir una relación duradera. Editorial Mad, SL, 2005

¿Cómo sé si lo que siento es verdadero amor?

 Por Dora Tobar

Es muy fácil confundir el amor con los sentimientos de agrado y fascinación que una persona nos despierta y terminar así haciendo promesas y entregas de amor cuando aún no estamos listos.

Afortunadamente, varias ciencias modernas como la psicología y hasta la bio-química han salido hoy al paso de los enamorados para ayudarles a clarificar sus sentimientos. Con base en esos datos podemos por eso decir, desde ya, que el amor a primera vista no existe. Toda relación de pareja, por tratarse del encuentro entre dos personas, pasa por distintas etapas hasta llegar, algunas veces, al amor.

Identificar en qué etapa de la relación vas con tu pareja te ayudará a saber también qué tipo de opción les conviene más y cómo pueden orientar su relación hacia la conquista del amor verdadero.

Las etapas del amor:

La relación de pareja pasa por distintas etapas que se pueden identificar como el enamoramiento o atracción, la etapa romántica o del “Te quiero” y finalmente “El amor”.

  1. El enamoramiento:

    Es la etapa rosa y apasionante en que una pareja se siente fuertemente atraída y fascinada por otra la otra persona. Estas sensaciones son tan fuertes y placenteras que muchas parejas creen que este es el amor.

    Sin embargo, la atracción que une a los enamorados no es más que el efecto de unas sustancias llamadas feromonas que, además de alterar nuestros sentidos y hacernos sentir gran goce y pasión ante el más mínimo contacto con la otra persona, nos hace creer que con nadie podríamos ser tan felices.

    Es decir, el agrado físico es tan fuerte que la mente también queda como enceguecida o fascinada. Por eso los enamorados no ven los defectos de su pareja e incluso dudan que pueda tenerlos. Todo parece perfecto.

    A esta falta de objetividad se suma el hecho que, los enamorados, si no mienten sobre ellos mismos, por lo menos esconden sus errores y exageran sus virtudes pues desean conquistar a todo precio la persona que les proporciona tan gratas sensaciones.

    En conclusión, el enamoramiento es una fase donde prima el placer pero donde se carece de realismo pues no sabemos aún cómo es realmente la otra persona. De hecho, durante el enamoramiento, lo que amamos del otro no es lo que él o ella es, sino lo que sus caricias, detalles y compañía me producen cuando me toca, me habla o me invita.
    Estas sensaciones son además pasajeras pues el efecto de las feromonas dura máximo 3 años. Si durante este tiempo la pareja no se ha dado la oportunidad de dialogar mucho y esforzarse por conocer la realidad del otro, en vez de quedarse engolosinada en encuentros llenos de caricias pero con poco contenido, la relación se acaba. Si además se tienen relaciones sexuales durante esta etapa, el efecto enceguecedor de las feromonas se duplicará creando una sensación ficticia de intimidad.

    El enamoramiento no es la etapa para la entrega que supone la vida sexual y matrimonial.

  2. Etapa Romántica o del “Te-Quiero”

    En la etapa romántica la pareja empieza a compartir más y por tanto a conocerse mejor. Al ir entrando en el mundo de la otra persona, de sus gustos, de sus ideas, de sus características, de sus habilidades, etc., empiezan a aparecer las cosas que realmente nos atraen de la persona, y no sólo de su cuerpo. Se empieza a disfrutar de lo que la persona es, y no únicamente de lo que esa persona causa en mí.

    Algunas de las característica que descubrimos en la pareja son reales. Podemos ya ver algunos defectos,  pero también puede haber todavía mucha fantasía o idealización (amo los sueños que el otro despierta en mi). Por eso es importante recordar que apenas se está comenzando el conocimiento de la otra persona.

    Junto a la pasión de las feromonas, en la etapa romántica aparece la ternura. Ésta busca llegar a lo profundo de la otra persona para halagarla o hacerla sentir bien.

    Con todo, la etapa romántica no es todavía el amor. Aún no conozco a la otra persona como para saber si estaría ya dispuesto(a) a entregarle las  llaves de mi casa o la clave secreta de mi cuenta bancaria. Y si eso es así, entonces es signo de que aún no estamos listos para una entrega total como la que supone la sexualidad o el matrimonio.

  1. El Amor:

    El amor no es el arrebato ciego y apasionado de los enamorados. Tampoco es la idealización rosa de los románticos. El amor es la unión estrecha, la confianza profunda y el deseo de buscar en todo el bien de la otra persona. Este sentimiento surge cuando se conoce a la pareja y se es feliz con lo que se sabe ella. Entonces nace el impulso confiado de dar todo de sí y de recibir todo lo que el otro es, para formar un “nosotros”.

    En otras palabras,en el amor la confianza y la generosidad son los elementos claves y se relacionan mutuamente: porque confiamos, deseamos entregar generosamente toda nuestra vida. Pero no se puede llegar a la confianza sin el conocimiento mutuo.

    Por eso podemos decir que el amor se compone de cuatro elementos:

    Conocimiento:

    Y conocerse significa al menos que:

    • Sé de dónde vienes y a dónde vas.
    • Sé cómo reaccionas cansado, con rabia, bajo estrés, cuando estás contento.
    • Sé gran parte de tus defectos y cualidades.
    • Sé tus valores y los comparto.
    • Aunque no eres perfecto(a).

    Aceptación:

    • Admiro lo que eres.
    • Me gusta tu físico y tu manera de ser.
    • Entre todas las personas que pueden gustarme, te escojo a ti.
    • No espero que cambies para amarte. Aunque no cambies así te quiero.

    Confianza:

    1. Sé que en ningún momento quieres hacerme daño.
    2. Puedo confiarte mi salud, mi dinero, mi futuro porque sé que deseas cuidar de mi.

    Deseo de entrega:

    • Verte feliz me satisface.
    • Conozco tus aspiraciones y estoy dispuesto(a) a apoyarlas.
    • Ofrezco todo de mi para que buscar tu bien tanto material, sexual como emocional.
    • Estoy dispuesto (a) invertir todas mis energías en acompañarte, entenderte y servirte, aún cuando me implique renuncia y sacrificio.

Para quien es creyente es claro que no hay mejor definición de amor que la que Jesús nos dio: “No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos” (Juan 15,13). Así, el amor deja de ser sólo un sentimiento y se convierte en la permanente acción de auto-donación o entrega por el bien del otro.

En una pareja no siempre los dos llegan juntos, o al mismo tiempo a desarrollar este tipo de amor. Si después de un periodo uno de los dos, o los dos, no avanzan hasta alcanzar este amor de entrega es porque no están listos para ser un matrimonio.

El amor debe ser alimentado permanentemente. Por eso, el hecho de que una pareja se case amándose, no implica que ya tiene su felicidad garantizada. Cada cual debe esforzarse por cuidar y avanzar en la entrega, la confianza, el mutuo conocimiento y la aceptación del otro.

Más sobre este tema en El compromiso y Qué estoy dispuesto a compartir. Lecturas Complementarias: M. Scott Peck, Nueva Psicología del Amor, MC Editorial, 1998.

¿Dónde se puede celebrar el Sacramento del Matrimonio?

¿Nos podemos casar en un parque o en la playa?

Hoy en día, muchas parejas sueñan con casarse en un lugar exótico: una playa, un escenario natural elaborado, una ciudad ajena a sus vidas cotidianas. Esto se conoce como “bodas de destino” y su práctica se hace cada vez más popular entre parejas de novios. Sin embargo, para nosotros, los católicos, y según las enseñanzas de nuestra Iglesia, las bodas de destino no son una posibilidad. Tampoco se puede tener una boda católica en un parque, ya que el templo parroquial es el lugar apropiado para la celebración del matrimonio.

¿Por qué hay que casarnos en la parroquia?

El templo parroquial es un espacio sagrado donde contamos con la presencia real, sacramentada, viva y presente de Nuestro Señor Jesucristo en el Tabernáculo. Recordemos también que fue en la iglesia donde fuimos recibidos como hijos de Dios en la comunidad de fe a través del bautismo, donde recibimos por primera vez el cuerpo y la sangre del Señor y donde fuimos confirmados en nuestra fe. Los Sacramentos son signos y símbolos del amor infinito de Dios, y nos ayudan crecer en madurez espiritual. En fin, todas nuestras grandes alianzas y experiencias de fe ocurrieron dentro del templo parroquial y por ello es justamente allí donde debemos celebrar este evento único en la vida. Un evento en el cual contraeremos una alianza de amor de por vida con nuestra pareja y con Dios: nuestro matrimonio. El matrimonio es un sacramento, o sea, un signo visible de la gracia de Dios que es invisible en el cual Dios sella la pareja con su amor, su gracia y su presencia, que será la roca firme que sustentará el matrimonio.  

Es esta gracia divina que se recibe en el Sacramento del Matrimonio la que ayudará a pareja en los momentos difíciles a superar las pruebas que trae la vida. Es la presencia de Dios, quien es el amor mismo, la que ayudará a la pareja a mantener viva la llama de su amor, a amarse como Dios ama, buscando siempre el bien del ser amado, aun en los momentos en los que se “termina la luna de miel”. Los ayudará a crecer en perdón, humildad, respeto, responsabilidad, confianza, y más. Por ello, debemos celebrar nuestra boda en el templo parroquial, pues la celebración del Sacramento es un evento sagrado y, por lo tanto, infinitamente más importante que cualquier otro escenario, por más hermoso e impresionante que este sea.

Poner el sacramento encima de la fiesta

Por este motivo, la Iglesia no autoriza la celebración de un matrimonio sacramental fuera del recinto santo del templo parroquial. Exhortamos a todas las parejas comprometidas a que planeen el lugar de su recepción (la cual sí puede ser en la playa o cualquier otro lugar exótico) alrededor de la iglesia, y no la celebración del matrimonio en la iglesia alrededor de su lugar predilecto para la recepción. Es importante que la pareja tenga sus prioridades en orden y no pierda la perspectiva de lo que es realmente importante, ya que sin duda recibir el sacramento es supremamente más importante que cualquier fiesta.

Casarse en la iglesia es crucial para el éxito del matrimonio ya que para recibir el sacramento la Iglesia nos pide que recibamos una buena preparación matrimonial. Este requisito no está diseñado para hacerle el proceso difícil a la pareja. Más bien, la Iglesia en su sabiduría y su amor por sus hijos, exige una preparación matrimonial para que la pareja tenga un concepto claro de la alianza indisoluble a la cual se comprometen. También se requiere esta preparación ya que está comprobado que las parejas que lo reciben (a través de un sólido curso pre-matrimonial y un inventario matrimonial) perciben una reducción de 50% en la incidencia de divorcio. Adicionalmente, las parejas que abrazan un método de planificación familiar natural en su vida matrimonial reducen el índice de divorcio a menos del 5%, lo cual podemos considerar como un “seguro matrimonial”.

Recordemos, como hemos compartido en otros artículos, que la boda es un día, pero el matrimonio es para toda la vida. Es después de la boda, cuando se consuma el matrimonio en el acto íntimo que comienza el camino del matrimonio. Un camino que es mucho más hermoso, pleno y seguro cuando lo caminamos de la mano de Dios.

La Biblia Luz y Guía para el Matrimonio y la Familia

En el mes de septiembre, la Iglesia celebra el mes de la Biblia.  Esto se debe a que fue un 26 de septiembre de 1569 que se terminó de imprimir la primera Biblia en español.  Gracias a la realización de esta edición traducida por Casiodoro de Reina, los hispanoparlantes hemos tenido el privilegio de acceder a la Palabra de Dios en nuestro idioma.

Ciertamente, la Biblia es la Palabra de Dios inspirada por el Espíritu Santo.   En ella, Dios se revela a la humanidad y manifiesta su Plan perfecto para nosotros, el cual podemos resumir en solo una palabra: Amor.  El Evangelio según San Juan afirma que Aquel que es la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros.  Por ello podemos de alguna manera decir que la Biblia es Dios mismo;  y quien la lee está frente al mismo Dios; y el que está frente a Dios es iluminado, es transfigurado por la luz que proviene de Dios.

Por ello, el matrimonio y la familia que lee y medita en la Palabra, juntos la  comparten y oran inspirados por ella, son necesariamente iluminados por el mismo Dios y transformados en El, quien es el Amor, y llevados a un compromiso de vida donde reina el Amor.  Les invitamos en este mes de la Biblia a reunirse como matrimonio y como familia a leer, meditar y orar con la Palabra y le instamos a mantener siempre esta sana costumbre.  Y Dios, quien no se deja ganar en generosidad les dará la luz para entender su mensaje, la sabiduría para hacer las mejores decisiones, la fuerza para superar las pruebas y el amor para formar matrimonios y familias ¡que inspiran!

La Biblia Católica de la Familia: Un recurso para fomentar y vivir la fe en familia

En otros artículos hemos hablado sobre la Biblia como fuente de fe y esperanza para el matrimonio y como vehículo para, reflexionando en ella, mantenerse como esposos unidos en el amor; un amor que ellos reciben como regalo que Dios quien es Amor mismo. Mencionamos también que la Palabra de Dios contenida en la Biblia es alimento que da frutos de vida en la pareja.

Ahora queremos puntualizar que los beneficios que generan la lectura, reflexión y práctica de la Palabra de Dios son también extensivos a toda la familia. Por tanto, les animamos a escuchar el llamado de nuestra Santa Madre Iglesia que en el Año de la Fe nos invita y motiva a leer, reflexionar, compartir y escudriñar la Palabra de Dios en familia para que ésta genere frutos de vida no solo en los esposos, sino en los hijos; frutos que se manifiesten en una fe viva y se traduzcan en obras que reflejen el amor de Dios tanto en la familia como en la comunidad de fe y la sociedad.

Estamos conscientes de que muchas familias entienden estas verdades y desean compartir en familia la Palabra de Dios, pero no saben cómo hacerlo de una manera entretenida y efectiva. En septiembre, también celebramos el mes de la herencia hispana que nos recuerda con orgullo los valores familiares y las profundas raíces de fe católica, tan importantes para nuestras familias hispanas. Y precisamente los beneficios de leer, reflexionar y vivir la Palabra de Dios y la importancia de fomentar nuestros valores y catolicidad en nuestras familias fueron los que inspiraron la elaboración de la Biblia Católica de la Familia como un recurso rico y efectivo para ayudar a los padres de familia, los hijos y aun la familia extendida, a lograr el objetivo de leer, compartir, profundizar y hacer vida en el seno de la familia hispana.

Esta edición de la Biblia fue elaborada por un equipo de hispanos para hispanos (y por lo tanto, con un alto sentido de nuestras raíces hispanas) para ayudarles a comprender la Palabra, orar con ella, conocer los personajes de la Biblia y dar a la familia hispana motivación e ideas prácticas de cómo vivir la Palabra en familia y cómo motivar a todos sus miembros a realizar obras de servicio y misericordia entre ellos y por los demás.

La Biblia Católica de la Familia cuenta también con cientos de artículos de reflexión y múltiples recursos que alimentan la fe católica en familia y que ayudan a los miembros de la familia a superar los retos de la vida. Estos recursos incluyen entre otros un índice temático de lecturas bíblicas y reflexiones para ayudar a superar situaciones tales como la pérdida de un ser querido, la falta de perdón y momentos de enfermedad, tiempos en los que la perseverancia es necesaria.

En otras palabras, la Biblia Católica de la Familia ofrece una infinidad de recursos que alimentan la vida de la familia desde nuestro contexto cultural hispano. Le invitamos a que acepte la exhortación de nuestra Iglesia a fomentar la fe en familia a través de la lectura, reflexión y vivencia de la Biblia en familia y maravíllese de cómo esta práctica dará frutos de amor, unión y vida en todos los aspectos de su vida familiar.

La Biblia Católica de la Familia es una iniciativa de Center for Ministry Development e Editorial Verbo Divino. Para más información, los invitamos a visitar https://verbodivino.org/product/biblia-catolica-de-la-familia-tapa-rustica/ 

Artículos de Por Tu Matrimonio relacionados a la Biblia y su uso en la familia

Recursos para la Biblia de otras organizaciones católicas:

Lecturas bíblicas para la celebración

Del Antiguo Testamento:

Hombre y mujer los creó.
Lectura del libro del Génesis: 1, 26-28. 31

Dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine a los peces del mar, a las aves del cielo, a los animales domésticos y a todo animal que se arrastra sobre la tierra”.
Y creó Dios al hombre a su imagen;
a imagen suya lo creó;
hombre y mujer los creó.
Y los bendijo Dios y les dijo: “Sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todo ser viviente que se mueve sobre la tierra”.
Vio Dios todo lo que había hecho y lo encontró muy bueno.
Palabra de Dios.

Serán los dos una sola carne
Lectura del libro del Génesis: 2,18-24 

En aquel día, dijo el Señor Dios: “No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle a alguien como él, para que lo ayude”. Entonces el Señor Dios formó de la tierra todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo, y los llevó ante Adán para que les pusiera nombre y así todo ser viviente tuviera el nombre puesto por Adán. Así, pues, Adán les puso nombre a todos los animales domésticos, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no hubo ningún ser semejante a Adán para ayudarlo. Entonces el Señor Dios hizo caer al hombre en un profundo sueño, y mientras dormía, le sacó una costilla y cerró la carne sobre el lugar vacío. Y de la costilla que le había sacado al hombre, Dios formó una mujer. Se la llevó al hombre y éste exclamó: “Ésta sí es hueso de mis huesos  y carne de mi carne.
Ésta será llamada mujer,
porque ha sido formada del hombre”.  Por eso el hombre abandonará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.  Palabra de Dios.

Con el amor de Rebeca, Isaac se consoló de la muerte de su madre
Lectura del libro del Génesis: 24, 48-51. 58-67

En aquellos días, Eliezer, el siervo de Abraham, le dijo a Labán, hermano de Rebeca, y a Betuel, el padre de ella: “Bendigo al Señor, Dios de mi amo Abraham, que me ha traído por buen camino para tomar a la hija de su hermano y llevársela al hijo de mi amo. Díganme, pues, si por amor y lealtad a mi amo, aceptan o no, para que yo pueda actuar en consecuencia”.
Labán y Betuel le contestaron: “Todo esto lo ha dispuesto el Señor; nosotros no podemos oponernos. Ahí está Rebeca: tómala y vete, para que sea la mujer del hijo de tu amo, como lo ha dispuesto el Señor”. Llamaron, entonces, a Rebeca y le preguntaron si quería irse con ese hombre, y ella respondió que sí.
Así pues, despidieron a Rebeca y a su nodriza, al criado de Abraham y a sus compañeros. Y bendijeron a Rebeca con estas palabras: “Hermana nuestra, que tus descendientes se cuenten por millares y que conquisten las ciudades enemigas”. Rebeca y sus compañeras montaron en los camellos y se fueron con el criado de Abraham, encargado de llevar a Rebeca.

Isaac acababa de regresar del pozo de Lajay-Roí, pues vivía en las tierras del sur. Una tarde Isaac andaba paseando por el campo, y al levantar la vista, vio venir unos camellos. Cuando Rebeca lo vio, se bajó del camello y le preguntó al criado: “¿Quién es aquel hombre que viene por el campo hacia nosotros?” El criado le respondió: “Es mi señor”. Entonces ella tomó su velo y se cubrió el rostro.
El criado le contó a Isaac todo lo que había hecho. Isaac llevó a Rebeca a la tienda que había sido de Sara, su madre, y la tomó por esposa y con su amor se consoló de la muerte de su madre.
Palabra de Dios.

Que el Señor del cielo los acompañe, tenga misericordia de ustedes y les conceda su paz.
Lectura del libro de Tobías: 7, 6-14

En aquellos días, Ragüel besó a Tobías y entre lágrimas le dijo:
“¡Que Dios te bendiga, porque eres hijo de un padre verdaderamente bueno e irreprochable! ¡Qué gran desgracia que un hombre justo y que hacía tantas limosnas se haya quedado ciego!” Y llorando, estrechó entre sus brazos a Tobías, hijo de su hermano. También Edna, su esposa, y Sara, su hija, rompieron a llorar. Ragüel los acogió cordialmente y mandó matar un carnero de su rebaño.

Después, se lavaron, se purificaron y se sentaron a la mesa. Entonces Tobías le dijo a Rafael: “Azarías, hermano, dile a Ragüel que me dé la mano de mi hermana Sara”. Ragüel alcanzó a escucharlo y le dijo a Tobías: “Come y bebe y descansa tranquilamente esta noche. Nadie tiene más derecho que tú, hermano, para casarse con mi hija Sara, y a nadie se la puedo yo dar sino a ti, porque tú eres mi pariente más cercano. Pero tengo que decirte una cosa, hijo. Se la he entregado a siete parientes nuestros y todos murieron antes de tener relaciones con ella. Por eso, hijo, come y bebe y el Señor cuidará de ustedes”.

Tobías replicó: “No comeré ni beberé, hasta que no hayas tomado una decisión acerca de lo que te he pedido”. Ragüel le contestó: “Está bien. Según la ley de Moisés, a ti se te debe dar. El cielo mismo lo ha decretado. Cásate, pues, con tu hermana; desde ahora tú eres su hermano, y ella, tu hermana. Desde hoy y para siempre será tu esposa. Hijo, que el Señor del cielo los acompañe durante esta noche, tenga misericordia de ustedes y les conceda su paz”.

Ragüel mandó llamar a su hija Sara, ella vino, y tomándola de la mano, se la entregó a Tobías, diciéndole: “Recíbela, pues, según lo prescrito en la ley de Moisés. A ti se te da como esposa. Tómala y llévala con bien a la casa de tu padre. Y que el Señor del cielo les conceda a ustedes un buen viaje y les dé su paz”.

Entonces Ragüel llamó a la madre de Sara y le pidió que trajera papel para escribir el acta de matrimonio, en que constara que su hija había sido entregada por esposa a Tobías, de acuerdo con lo establecido en la ley de Moisés. La esposa de Ragüel trajo el papel. Y él escribió y firmó. Y después se sentaron a cenar. Palabra de Dios.

Haz que los dos juntos vivamos felices hasta la vejez.
Lectura del libro de Tobías 8, 4-8

La noche de su boda, Tobías se levantó y le dijo a Sara: “¡Levántate, hermana! Supliquemos al Señor, nuestro Dios, que tenga misericordia de nosotros y nos proteja”. Se levantó Sara y comenzaron a suplicar al Señor que los protegiera, diciendo: “Bendito seas, Dios de nuestros padres y bendito sea tu nombre por los siglos de los siglos. Que te bendigan los cielos y todas tus creaturas por los siglos de los siglos. Tú creaste a Adán y le diste a Eva como ayuda y apoyo, y de ambos procede todo el género humano. Tú dijiste: ‘No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacer a alguien como él, para que lo ayude’ ”.“Ahora, Señor, si yo tomo por esposa a esta hermana mía, no es por satisfacer mis pasiones, sino por un fin honesto. Compadécete, Señor, de ella y de mí y haz que los dos juntos vivamos felices hasta la vejez”. Y los dos dijeron: “Amén, amén”. Palabra de Dios.

El amor es más fuerte que la muerte
Lectura del libro del Cantar de los cantares: 2, 8-10.14.16; 8, 6-7

Aquí viene mi amado saltando por los montes,
retozando por las colinas.
Mi amado es como una gacela, es como un venadito,
que se detiene detrás de nuestra tapia,
espía por las ventanas y mira a través del enrejado. Mi amado me habla así:
“Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven.
Paloma mía, que anidas en las hendiduras de las rocas,
en las grietas de las peñas escarpadas,
déjame ver tu rostro y hazme oír tu voz,
porque tu voz es dulce y tu rostro encantador”.
Mi amado es para mí y yo para mi amado. Grábame como un sello en tu brazo,
como un sello en tu corazón,
porque es fuerte el amor como la muerte,
es cruel la pasión como el abismo;
es centella de fuego, llamarada divina;
las aguas torrenciales no podrán apagar el amor
ni anegarlo los ríos.  Palabra de Dios

Como el sol que brilla en el cielo del Señor, así es la mujer bella en su casa bien arreglada.
Lectura del libro de Eclesiástico (Sirácide): 26, 1-4. 16-21

Dichoso el marido de una mujer buena: se doblarán los años de su vida. La mujer hacendosa es la alegría de su marido, y él vivirá su vida en paz. La mujer buena es un tesoro: lo encuentran los que temen al Señor; sean ricos o pobres, estarán contentos y siempre vivirán con alegría. La mujer servicial alegra a su marido; la que es cuidadosa le causa bienestar. La mujer discreta es un don del Señor; y la bien educada no tiene precio. La mujer modesta duplica su encanto y la que es dueña de sí supera toda alabanza. Como el sol que brilla en el cielo del Señor, así es la mujer bella en su casa bien arreglada. Palabra de Dios.

Haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva.
Lectura del libro del profeta Jeremías: 31, 31-32. 33-34

“Se acerca el tiempo, dice el Señor, en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. No será como la alianza que hice con los padres de ustedes, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto. Ésta será la alianza nueva que voy a hacer con la casa de Israel: Voy a poner mi ley en lo más profundo de su mente y voy a grabarla en sus corazones. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Ya nadie tendrá que instruir a su prójimo ni a su hermano, diciéndole: ‘Conoce al Señor’, porque todos me van a conocer, desde l más pequeño hasta el mayor de todos”. Palabra de Dios.

 

Lecturas del Nuevo Testamento

¿Qué podrá apartarnos del amor con que nos ama Cristo?
Lectura de la Carta del apóstol San Pablo a los Romanos: 8, 31-35. 37-39 

Hermanos: Si Dios está a nuestro favor, ¿quién estará en contra nuestra? El que no nos escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no va a estar dispuesto a dárnoslo todo, junto con su Hijo? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Si Dios mismo es quien los perdona, ¿quién será el que los condene? ¿Acaso Jesucristo, que murió, resucitó y está a la derecha de Dios para interceder por nosotros? ¿Qué cosa podrá apartarnos del amor con que nos ama Cristo? ¿Las tribulaciones? ¿Las angustias? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La espada? Ciertamente de todo esto salimos más que victoriosos, gracias a aquel que nos ha amado; pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni el presente ni el futuro, ni los poderes de este mundo, ni lo alto ni lo bajo, ni creatura alguna podrá apartarnos del amor que nos ha manifestado Dios en Cristo Jesús.  Palabra de Dios.

Ofrézcanse ustedes mismos como una ofrenda viva, santa y agradable a Dios.
De la carta del apóstol san Pablo a los Romanos: 12, 1-2. 9-18. (forma breve: 1-2. 9-13)

Hermanos: Por la misericordia que Dios les ha manifestado, los   exhorto a que se ofrezcan ustedes mismos como una ofrenda viva, santa y agradable a Dios, porque en esto consiste el verdadero culto. No se dejen transformar por los criterios de este mundo; sino dejen que una nueva manera de pensar los transforme internamente, para que sepan distinguir cuál es la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto.Que el amor de ustedes sea sincero. Aborrezcan el mal y practiquen el bien; ámense cordialmente los unos a los otros, como buenos hermanos; que cada uno estime a los otros más que a sí mismo. En el cumplimiento de su deber, no sean negligentes y mantengan un espíritu fervoroso al servicio del Señor. Que la esperanza los mantenga alegres; sean constantes en la tribulación y perseverantes en la oración. Ayuden a los hermanos en sus necesidades y esmérense en la hospitalidad.Bendigan a los que los persiguen; bendíganlos, no los maldigan. Alégrense con los que se alegran; lloren con los que lloran. Que reine la concordia entre ustedes. No sean, pues, altivos; más bien pónganse al nivel de los humildes.A nadie devuelvan mal por mal. Esfuércense en hacer el bien delante de todos los hombres. En cuanto de ustedes depende, hagan lo posible por vivir en paz con todo el mundo. Palabra de Dios.

O bien: Forma breve: De la carta del apóstol san Pablo a los Romanos: 12, 1-2. 9-13

 Hermanos: Por la misericordia que Dios les ha manifestado, los exhorto a que se ofrezcan ustedes mismos como una ofrenda viva, santa y agradable a Dios, porque en esto consiste el verdadero culto. No se dejen transformar por los criterios de este mundo, sino dejen que una nueva manera de pensar los transforme internamente, para que sepan distinguir cuál es la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto. Que el amor de ustedes sea sincero. Aborrezcan el mal y practiquen el bien; ámense cordialmente los unos a los otros, como buenos hermanos; que cada uno estime a los otros más que a sí mismo. En el cumplimiento de su deber, no sean negligentes y mantengan un espíritu fervoroso al servicio del Señor. Que la esperanza los mantenga alegres; sean constantes en la tribulación y perseverantes en la oración. Ayuden a los hermanos en sus necesidades y esmérense en la hospitalidad.  Palabra de Dios.

Sus miembros son templo del Espíritu Santo.                                                                                                                                              Lectura de la Primera Carta del apóstol San Pablo a los Corintios: 6, 13-15. 17-20

Hermanos: El cuerpo no es para fornicar, sino para servir al Señor; y el Señor, para santificar el cuerpo. Dios resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros con su poder. ¿No saben ustedes que sus cuerpos son miembros de Cristo? Y el que se une al Señor, se hace un solo espíritu con él. Huyan, por lo tanto, de la fornicación. Cualquier otro pecado que cometa una persona, queda fuera de su cuerpo; pero el que fornica, peca contra su propio cuerpo. ¿O es que no saben ustedes que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que han recibido de Dios y habita en ustedes? No son ustedes sus propios dueños, porque Dios los ha comprado a un precio muy caro. Glorifiquen, pues, a Dios con el cuerpo. Palabra de Dios.

Si no tengo amor, nada soy
Lectura de la Primera Carta del apóstol San Pablo a los Corintios: 12, 31-13,8

Hermanos: Aspiren a los dones de Dios más excelentes. Voy a mostrarles el camino mejor de todos. Aunque yo hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, no soy más que una campana que resuena o unos platillos que aturden. Aunque yo tuviera el don de profecía y penetrara todos los misterios, aunque yo poseyera en grado sublime el don de ciencia y mi fe fuera tan grande como para cambiar de sitio las montañas, si no tengo amor, nada soy. Aunque yo repartiera en limosnas todos mis bienes y aunque me dejara quemar vivo, si no tengo amor, de nada me sirve.El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no es presumido ni se envanece; no es grosero ni egoísta; no se irrita ni guarda rencor; no se alegra con la injusticia, sino que goza con la verdad. El amor disculpa sin límites, confía sin límites, espera sin límites, soporta sin límites. El amor dura por siempre.  Palabra de Dios

Éste es un gran misterio, y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.
De la carta del apóstol san Pablo a los efesios 5, 2. 21-33

Hermanos: Vivan amando, como Cristo, que nos amó y se entre-
gó por nosotros. Respétense unos a otros, por reverencia a Cristo: que las mujeres respeten a sus maridos, como si se tratara del Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza y salvador de la Iglesia, que es su cuerpo. Por lo tanto, así como la Iglesia es dócil a Cristo, así también las mujeres sean dóciles a sus maridos en todo. Maridos, amen a sus esposas como Cristo amó a su Iglesia y se entregó por ella para santificarla, purificándola con el agua y la palabra, pues él quería presentársela a sí mismo toda resplandeciente, sin mancha ni arruga ni cosa semejante, sino santa e inmaculada. Así los maridos deben amar a sus esposas, como cuerpos suyos que son. El que ama a su esposa se ama a sí mismo, pues nadie jamás ha odiado a su propio cuerpo, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. Éste es un gran misterio, y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia. En una palabra, que cada uno de ustedes ame a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete a su marido. Palabra de Dios.

O bien: Forma breve:
De la carta del apóstol san Pablo a los efesios 5, 2. 25-32

Hermanos: Vivan amando, como Cristo, que nos amó y se entregó por nosotros. Maridos, amen a sus esposas como Cristo amó a su Iglesia y se entregó por ella para santificarla, purificándola con el agua y la palabra, pues él quería presentársela a sí mismo toda resplandeciente, sin mancha ni arruga ni cosa semejante, sino santa e inmaculada. Así los maridos deben amar a sus esposas, como cuerpos suyos que son. El que ama a su esposa se ama a sí mismo, pues nadie jamás ha odiado a su propio cuerpo, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. Éste es un gran misterio, y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia. Palabra de Dios.

Sobre todo, tengan amor, que es el vínculo de la perfecta unión
De la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses: 3, 12-17 

Hermanos: Puesto que Dios los ha elegido a ustedes, los ha con-sagrado a él y les ha dado su amor, sean compasivos, magnánimos, humildes, afables y pacientes. Sopórtense mutuamente y perdónense cuando tengan quejas contra otro, como el Señor los ha perdonado a ustedes. Y sobre todas estas virtudes, tengan amor, que es el vínculo de la perfecta unión. Que en sus corazones reine la paz de Cristo, esa paz a la que han sido llamados como miembros de un solo cuerpo. Finalmente, sean agradecidos.Que la palabra de Cristo habite en ustedes con toda su riqueza. Enséñense y aconséjense unos a otros lo mejor que sepan. Con el corazón lleno de gratitud, alaben a Dios con salmos, himnos y cánticos espirituales, y todo lo que digan y todo lo que hagan, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dándole gracias a Dios Padre, por medio de Cristo.  Palabra de Dios.

Vivan en armonía, sean compasivos, ámense como hermanos.
De la primera carta del apóstol san Pedro: 3, 1-9

Ustedes, mujeres, sean respetuosas con sus maridos, para que, incluso si algunos de ellos se resisten a creer en la palabra de salvación, sean ganados no por palabras, sino por la conducta intachable y recatada de ustedes. No se preocupen tanto del adorno exterior: los peinados, las joyas y los vestidos, sino de adornar interiormente el corazón con la belleza inalterable de un espíritu apacible y sereno. Esto es lo que vale a los ojos de Dios. Así se engalanaban en otro tiempo las santas mujeres, que tenían puesta su esperanza en Dios y eran dóciles con sus maridos, como Sara, que obedecía a Abraham y lo llamaba su señor. Pues, si ustedes hacen el bien y no se dejan intimidar por nada, serán dignas hijas de ella. En cuanto a ustedes, maridos, vivan la vida matrimonial en un clima de comprensión y respeto, teniendo en cuenta que la mujer es una persona más delicada y que, junto con ella, ustedes participan de la vida de la gracia. Así, tendrán asegurado el fruto de sus oraciones. Finalmente, vivan todos en armonía, sean compasivos, ámense como hermanos, sean bondadosos y humildes. No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto; al contrario, pídanle a Dios cosas buenas para todos, pues han sido llamados por él a poseer como herencia los bienes del cielo. Palabra de Dios.

Amemos de verdad y con las obras
Lectura de la primera carta del apóstol San Juan: 3, 18-24

Hijos míos, no amemos solamente de palabra, amemos de verdad y con las obras. En esto conoceremos que somos de la verdad, y delante de Dios tranquilizaremos nuestra conciencia de cualquier cosa que ella nos reprochare, porque Dios es más grande que nuestra conciencia y todo lo conoce. Si nuestra conciencia no nos remuerde, entonces, hermanos míos, nuestra confianza en Dios es total. Puesto que cumplimos los mandamientos de Dios y hacemos lo que le agrada, ciertamente obtendremos de él todo lo que le pidamos. Ahora bien, éste es su mandamiento: que creamos en la persona de Jesucristo, su Hijo, y nos amemos los unos a los otros, conforme al precepto que nos dio. Quien cumple sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él. En esto conocemos, por el Espíritu que él nos ha dado, que él permanece en nosotros. Palabra de Dios.

Amémonos los unos a los otros.
Lectura de la primera carta del apóstol San Juan: 4, 7-12

Hermanos míos: Amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.  El que no ama, no conoce a Dios porque Dios es amor.  El amor que Dios nos tiene se ha manifestado en que envió al mundo a su Hijo unigénito para que vivamos por él.El amor consiste en esto: No en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero y nos envió a su Hijo, como víctima de expiación por nuestros pecados.Si Dios ha amado tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros.  A Dios nadie lo ha visto nunca; pero si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nostros y su amor entre nosotros es perfecto.Palabra de Dios.

¡Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero! Del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan: 19, 1. 5-9

Yo, Juan, oí algo parecido a la voz potente de una gran muchedumbre, que decía en el cielo: “¡Aleluya! Nuestro Dios es un Dios salvador, lleno de gloria y de poder”. Y del trono de Dios salió una voz que decía: “Alaben a nuestro Dios, todos sus siervos, los que lo temen, pequeños y grandes”. Oí entonces algo como el rumor de una muchedumbre inmensa, como el estruendo de un río caudaloso y el retumbar imponente de los truenos. Decían: “¡Aleluya!” El Señor, Dios nuestro, todopoderoso, ha establecido su reinado. Llenémonos de gozo y alegría y alabemos la grandeza del Señor, porque ha llegado el tiempo de las bodas del Cordero, y su esposa ya está preparada. Dios le ha concedido vestirse de lino finísimo y deslumbrante”. El lino representa las obras bue­nas de los santos. Entonces un ángel me dijo: “Escribe: ‘Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero’ ”. Palabra de Dios.

Aclamaciones

 1 Jn 4, 7 (n. 1034)

Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.

 1 Jn 4, 8. 11 (n. 1035)

Dios es amor. Si Dios nos ha amado tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros.

 1 Jn 4, 12 (n. 1037)

Si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.

 1 Jn 4, 16 (n. 1038)

Quien permanece en el amor, permanece en Dios, y Dios en él, dice el Señor.

Lecturas Del Evangelio

Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos.
Del santo Evangelio según san Mateo: 5, 1-12   

En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al  monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles y les dijo: “Dichosos los pobres de espíritu,
porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos los que lloran,
porque serán consolados.
Dichosos los sufridos,
porque heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,
porque serán saciados.
Dichosos los misericordiosos,
porque obtendrán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón,
porque verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz,
porque se les llamará hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos”. Palabra del Señor.

Ustedes son la luz del mundo                                                                                                                                                            Del santo Evangelio según san Mateo: 5, 13-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolve­rá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente. Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa. Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos. Palabra del Señor.

Edificó su casa sobre roca
Del santo Evangelio según san Mateo: 7, 21. 24-29   

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No todo el que me  diga: ‘¡Señor, Señor!’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos.El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre imprudente, que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos, dieron contra aquella casa y la arrasaron completamente’’. Cuando Jesús terminó de hablar, la gente quedó asombrada de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.  Palabra del Señor.

O bien: Forma breve:
Del santo Evangelio según san Mateo: 7, 21. 24-25

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No todo el que me  diga: ‘¡Señor, Señor!’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos. El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca”.  Palabra del Señor.

Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre                                                                                                                                        Del santo Evangelio según san Mateo: 19, 3-6

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y, para ponerle una trampa, le preguntaron: “¿Le está permitido al hombre divorciarse de su esposa por cualquier motivo?” Jesús les respondió: “¿No han leído que el Creador, desde un principio los hizo hombre y mujer, y dijo: ‘Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, para unirse a su mujer, y serán los dos una sola carne?’ De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Así pues, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”. Palabra del Señor.

Amarás a Dios y a tu projimo como a ti mismo
Lectura del santo Evangelio según San Mateo: 22, 35-40

En aquel tiempo, un fariseo que era doctor de la ley, le preguntó a  Jesús, para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?”Jesús le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas”.   Palabra del Señor.

Ya no son dos, sino una sola carne                                                                                                                                                    Del santo Evangelio según san Marcos: 10, 6-9

En aquel tiempo, Jesús dijo: desde el principio, al crearlos, Dios los hizo hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Por eso, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”. Palabra del Señor.

Esto que Jesús hizo en Caná de Galilea, fue el primero de sus signos milagrosos
Lectura del santo Evangelio según San Juan: 2, 1-11 

En aquel tiempo, hubo una boda en Caná de Galilea, a la cual  asistió la madre de Jesús. Éste y sus discípulos también fueron invitados. Como llegara a faltar el vino, María le dijo a Jesús: “Ya no tienen vino”. Jesús le contestó: “Mujer, ¿qué podemos hacer tú y yo? Todavía no llega mi hora”. Pero ella dijo a los que servían: “Hagan lo que él les diga”.Había allí seis tinajas de piedra, de unos cien litros cada una, que ser­vían para las purificaciones de los judíos. Jesús dijo a los que ser­vían: “Llenen de agua esas tinajas”.  Y las llenaron hasta el borde. Entonces les dijo: “Saquen ahora un poco y llévenselo al encargado de la fiesta”.  Así lo hicieron, y en cuanto el encargado de la fiesta probó el agua convertida en vino, sin saber su procedencia, porque sólo los sirvientes la sabían, llamó al novio y le dijo: “Todo el mundo sirve primero el vino mejor, y cuando los invitados ya han bebido bastante, se sirve el corriente. Tú, en cambio, has guardado el vino mejor hasta ahora”. Esto que hizo Jesús en Caná de Galilea fue el primero de sus signos. Así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.   Palabra del Señor.

Permanezcan en mi amor
Lectura del santo Evangelio según San Juan: 15, 9-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Como el Padre me   ama, así los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena. Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado’’.  Palabra del Señor

Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros Del santo Evangelio según san Juan: 15, 12-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande a sus amigos que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre. No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre’’. Palabra del Señor.

Que su unidad sea perfecta
Lectura del santo Evangelio según San Juan: 17, 20-26 

En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: “Padre, no sólo te pido por mis discípulos, sino también por los que van a creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti somos uno, a fin de que sean uno en nosotros y el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que su unidad sea perfecta y así el mundo conozca que tú me has enviado y que los amas, como me amas a mí. Padre, quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que me has dado, para que contemplen mi gloria, la que me diste, porque me has amado desde antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido; pero yo sí te conozco y éstos han conocido que tú me enviaste. Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que me amas esté en ellos y yo también en ellos’’. Palabra del Señor.

O bien: Forma breve:                                                                    
Del santo Evangelio según san Juan: 17, 20-23

En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: “Padre, no sólo te pido por mis discípulos, sino también por los que van a creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti somos uno, a fin de que sean uno en nosotros y el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que su unidad sea perfecta y así el mundo conozca que tú me has enviado y que los amas, como me amas a mí’’. Palabra del Señor.

Opciones para la liturgia de matrimonios

Paso 3 para preparar la Liturgia del Sacramento del Matrimonio: Escoger los elementos opcionales

 

 

P. Heliodoro Lucatero

De todos los sacramentos de la Iglesia Católica, el que tiene más flexibilidad y opciones para su celebración y validez es el sacramento del matrimonio. El derecho de la Iglesia prescribe que para que sea válido un matrimonio debe de tener tres elementos básicos: el consentimiento, la bendición e intercambio de los anillos, y la bendición nupcial.

Los demás símbolos se pueden incluir o excluir dependiendo de las circunstancias y el gusto de los novios, como lo son las arras, el lazo, la Biblia y el Rosario y el ramo de flores para la Virgen.

El Intercambio de las Arras

Antes de la introducción de los anillos en la celebración del matrimonio en España por el rito romano sólo existían las arras como signo de intercambio de promesas. Una vez que las arras se reemplazaron por los anillos, estas quedaron en el rito como signo de ayuda mutua entre los nuevos esposos. En el pasado ha sido una constante que el marido trabaje fuera del hogar y sea el proveedor financiero de la familia, y la mujer tradicionalmente ha sido la que trabaja en el hogar y la que ha cuidado de que los bienes del hogar sean bien administrados. Por lo tanto el rito de las entrega de las arras consiste en lo siguiente: el esposo toma las arras del celebrante y las entrega a la esposa diciendo:

N. recibe también estas arras:
son prenda del cuidado que tendré
de que no falte lo necesario
en nuestro hogar.

La esposa contesta recibiendo las arras:
Yo las recibo
en señal del cuidado que tendré
de que todo se aproveche
en nuestro hogar.

En el presente, entre los hogares hispanos en los Estados Unidos, es cada día  más común  que el marido y la mujer trabajen fuera del hogar para contribuir los dos al mantenimiento económico del hogar. De esta manera el formulario de arriba podría quedar obsoleto ya que no expresaría la realidad de la familia actual. Por lo tanto el libro Don y Promesa hace varias sugerencias para adaptar este rito a las circunstancias presentes. Una posibilidad es que la entrega de las arras sea mutua:

El novio entrega las arras a la novia diciendo: N. “Estas arras te doy en señal de matrimonio”.
La novia responde: “Yo las recibo”.
Luego en viceversa se repite el rito, la novia entrega las arras y el novio las recibe.
La otra sugerencia es que el novio entregue las arras después de haberlas recibido del celebrante diciendo: “Recibe estas arras como prenda del esfuerzo que haremos para vivir sencillamente en imitación de Cristo y del Evangelio”.
La novia dice: “Las recibo como señal del cuidado que tendremos de que nuestros bienes se compartan con los más pobres que encontremos por el camino”( Véase, Gomez, Raúl, Lucatero, Heliodoro y Sánchez, Sylvia. Don y Promesa: Costumbres y tradiciones en los ritos matrimoniales hispanos. Segunda Edición. Instituto Nacional Hispano de Liturgia y Oregon Catholic Press: Pórtland, 2005, pp. 12-4.)

El Lazo

El lazo simboliza en la nueva pareja la unión indisoluble del matrimonio y tiene sus orígenes en la antigüedad y la Edad Media. El lazo es descrito por San Isidoro de Sevilla como una guirnalda de color blanco y púrpura que se coloca sobre los hombros de los novios; el blanco simbolizando la pureza del matrimonio y el púrpura la sangre de la futura generación (Véase,  Searle, Mark and Stevenson, Kenneth. Documents of the Marriage Liturgy. Collegeville, MN: The Liturgical Press, A Pueblo Book, 1992, p. 125.)

Hace años el lazo más común era una guirnalda de azares con dos círculos unidos por una cruz, pero ahora es más común dos guirnaldas en forma de rosario, también, unidas por una cruzo crucifijo. El lazo se coloca comúnmente después del rito del matrimonio y una vez que los novios se pongan de rodillas. En Cuba y Puerto Rico, en lugar del lazo, se acostumbra la mantilla que se coloca sobre los hombros de los novios, también, en señal de unión.

Biblia y Rosario

En los Estados Unidos los hispanos de origen mexicano tienen la costumbre de entregar a los novios, después del intercambio de anillos y arras, la Biblia y el Rosario, que simbolizan la vida de oración de los nuevos esposos.

El Ramo de Flores para la Virgen

En la Sagrada Familia, la Virgen María se nos presenta como modelo de esposa y madre; de ahí que exista la costumbre de que los nuevos esposos presenten a la Virgen un ramo de flores, no solamente para reconocerla como modelo de esposa y madre, sino también como intercesora del bienestar y éxito de la nueva pareja de esposos.

 

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