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Opciones para la liturgia de matrimonios

Paso 3 para preparar la Liturgia del Sacramento del Matrimonio: Escoger los elementos opcionales

 

 

P. Heliodoro Lucatero

De todos los sacramentos de la Iglesia Católica, el que tiene más flexibilidad y opciones para su celebración y validez es el sacramento del matrimonio. El derecho de la Iglesia prescribe que para que sea válido un matrimonio debe de tener tres elementos básicos: el consentimiento, la bendición e intercambio de los anillos, y la bendición nupcial.

Los demás símbolos se pueden incluir o excluir dependiendo de las circunstancias y el gusto de los novios, como lo son las arras, el lazo, la Biblia y el Rosario y el ramo de flores para la Virgen.

El Intercambio de las Arras

Antes de la introducción de los anillos en la celebración del matrimonio en España por el rito romano sólo existían las arras como signo de intercambio de promesas. Una vez que las arras se reemplazaron por los anillos, estas quedaron en el rito como signo de ayuda mutua entre los nuevos esposos. En el pasado ha sido una constante que el marido trabaje fuera del hogar y sea el proveedor financiero de la familia, y la mujer tradicionalmente ha sido la que trabaja en el hogar y la que ha cuidado de que los bienes del hogar sean bien administrados. Por lo tanto el rito de las entrega de las arras consiste en lo siguiente: el esposo toma las arras del celebrante y las entrega a la esposa diciendo:

N. recibe también estas arras:
son prenda del cuidado que tendré
de que no falte lo necesario
en nuestro hogar.

La esposa contesta recibiendo las arras:
Yo las recibo
en señal del cuidado que tendré
de que todo se aproveche
en nuestro hogar.

En el presente, entre los hogares hispanos en los Estados Unidos, es cada día  más común  que el marido y la mujer trabajen fuera del hogar para contribuir los dos al mantenimiento económico del hogar. De esta manera el formulario de arriba podría quedar obsoleto ya que no expresaría la realidad de la familia actual. Por lo tanto el libro Don y Promesa hace varias sugerencias para adaptar este rito a las circunstancias presentes. Una posibilidad es que la entrega de las arras sea mutua:

El novio entrega las arras a la novia diciendo: N. “Estas arras te doy en señal de matrimonio”.
La novia responde: “Yo las recibo”.
Luego en viceversa se repite el rito, la novia entrega las arras y el novio las recibe.
La otra sugerencia es que el novio entregue las arras después de haberlas recibido del celebrante diciendo: “Recibe estas arras como prenda del esfuerzo que haremos para vivir sencillamente en imitación de Cristo y del Evangelio”.
La novia dice: “Las recibo como señal del cuidado que tendremos de que nuestros bienes se compartan con los más pobres que encontremos por el camino”( Véase, Gomez, Raúl, Lucatero, Heliodoro y Sánchez, Sylvia. Don y Promesa: Costumbres y tradiciones en los ritos matrimoniales hispanos. Segunda Edición. Instituto Nacional Hispano de Liturgia y Oregon Catholic Press: Pórtland, 2005, pp. 12-4.)

El Lazo

El lazo simboliza en la nueva pareja la unión indisoluble del matrimonio y tiene sus orígenes en la antigüedad y la Edad Media. El lazo es descrito por San Isidoro de Sevilla como una guirnalda de color blanco y púrpura que se coloca sobre los hombros de los novios; el blanco simbolizando la pureza del matrimonio y el púrpura la sangre de la futura generación (Véase,  Searle, Mark and Stevenson, Kenneth. Documents of the Marriage Liturgy. Collegeville, MN: The Liturgical Press, A Pueblo Book, 1992, p. 125.)

Hace años el lazo más común era una guirnalda de azares con dos círculos unidos por una cruz, pero ahora es más común dos guirnaldas en forma de rosario, también, unidas por una cruzo crucifijo. El lazo se coloca comúnmente después del rito del matrimonio y una vez que los novios se pongan de rodillas. En Cuba y Puerto Rico, en lugar del lazo, se acostumbra la mantilla que se coloca sobre los hombros de los novios, también, en señal de unión.

Biblia y Rosario

En los Estados Unidos los hispanos de origen mexicano tienen la costumbre de entregar a los novios, después del intercambio de anillos y arras, la Biblia y el Rosario, que simbolizan la vida de oración de los nuevos esposos.

El Ramo de Flores para la Virgen

En la Sagrada Familia, la Virgen María se nos presenta como modelo de esposa y madre; de ahí que exista la costumbre de que los nuevos esposos presenten a la Virgen un ramo de flores, no solamente para reconocerla como modelo de esposa y madre, sino también como intercesora del bienestar y éxito de la nueva pareja de esposos.

 

Seguir al Paso 4: Invitar a los lectores

La Leyenda del “Punto Negro”

Cierto día un profesor entró en el aula de clase y le dijo a los alumnos que se prepararan para una prueba relámpago. Todos se ubicaron en sus asientos aguardando asustados el examen que venía. Entonces el profesor fue entregando las pruebas con el texto para abajo, como era su costumbre. Después que todos recibieron la hoja, pidió que la voltearan. Para sorpresa de todos, no había ninguna pregunta o escrito; solo un punto negro al centro de la hoja. El profesor, viendo la expresión de sorpresa que todos tenían, dijo lo siguiente: ahora Uds. van a escribir un comentario sobre lo que están viendo. Todos los alumnos, confundidos, comenzaron entonces la terrible e inexplicable tarea. Terminado el tiempo, el maestro recogió las hojas y se puso de frente de la clase y comenzó a leer las redacciones una a una en voz alta.

Todas las pruebas, sin excepción, definían el punto negro, intentando dar explicaciones de su presencia al centro de la hoja. Terminada la lectura, con la sala en silencio, el profesor comenzó a explicar: esta prueba no será para la nota; solo sirve de lección para todos. Nadie en la sala habló sobre la hoja en blanco. Todos centraron su atención en el punto negro.

Esto acontece en nuestras vidas: en la vida de cada uno, en la vida de pareja y de familia, como también en la sociedad. El Evangelio de S. Mateo (7,1-5) exhorta a quitarnos la viga que tenemos en la vista antes de quitar la mota del ojo de mi hermano; nos da a entender que debemos mirar primero los propios defectos antes de censurar los defectos del prójimo.

Un mito griego quiso explicar por qué somos más propensos a ver las fallas del hermano antes que las propias: la divinidad pagana había colocado sobre los hombros de los hombres unas alforjas que debían llevar sobre el pecho y a la espalda; en la alforja delantera llevaban los defectos ajenos y a la espalda los propios; por esta razón, ven más fácilmente las fallas ajenas. Así entendemos por qué aquellos niños de la leyenda centraron su reflexión sobre ‘el punto negro’ y no sobre ‘la hoja en blanco’.

Aquel el profesor hizo tomar conciencia del hecho frecuente de centrar la observación en la mota que tienen en los ojos los demás mientras olvidamos la viga que tenemos delante que nos impide ver lo mucho que hay de bueno en  la creación, en las personas. Hemos llegado al punto que la buena notica en la radio, en la prensa, en la pequeña pantalla, no nos llama la atención; estamos a la expectativa, a la caza de la mala noticia y es ésta la que hace impacto.

Esta actitud de centrarnos en ‘el punto negro’ es muy frecuente: los esposos entre sí se reprochan sus defectos, olvidando las cualidades y virtudes del cónyuge; los padres de familia advierten a sus hijos su mala conducta, pero pasan por alto lo bueno que hace el hijo(a). E. Villagrán anota que “muchas veces los padres de familia se dirigen a los hijos para mandarlos, para castigarlos, para llamarles la atención, para corregirlos, pero muy pocas veces o ninguna para alabarlos, felicitarlos, motivarlos, aplaudirlos, reconocer sus cualidades, aciertos, éxitos y progresos”.

Y añade: “se debe felicitar, incentivar, agradecer, alentar, motivar a los hijos para que se sientan contentos y dispuestos a seguir luchando por su propio provecho y perfeccionamiento. A los hijos les agrada mucho escuchar de sus padres palabras de cariño y de entusiasmo; esto les ayuda a valorizar lo que hacen y a valorizarse como personas”. A quién no le agrada recibir una alabanza, una palabra de estímulo?. Reconocer lo mucho que hay de bueno en las personas es, en última instancia, un reconocimiento al Creador que ha distribuido sus perfecciones y talentos entre los hombres.

Todos los hombres somos una página en blanco en la que debemos escribir nuestra propia historia, construida a base del desarrollo de los muchos talentos que Dios nos ha dado. Ésta es nuestra gran responsabilidad, pero también nuestra mejor honra y satisfacción: hacer de la página en blanco un testimonio de la bondad que hay en nuestro ser.

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La Pareja – Familia Está Llamada a la Perfección Cristiana

Tradicionalmente la pareja – familia estaba excluida de la posibilidad de llegar a
la perfección cristiana; se afirmaba que la santidad era ‘monopolio’ de los obispos y
de losreligiosos(as). En el siglo XVIII S. Alfonso M. De Liguori, Doctor de la iglesia,
en sus escritos pastorales reivindicó el derecho a la perfección cristiana de
todos los hombres, incluso de las parejas y familias. En el catálogo de los
santos han prevalecido los Papas, los clérigos y los religiosos; de las 1.000
personas canonizadas por Juan Pablo II, solo 75 han llevado vida de familia.
Esto revela que de verdad había un ‘monopolio’ de la santidad para unos pocos,
cuando la llamada a la santidad es para todos: “sed santos como Yo soy Santo”,
dice el Señor (Lev. 19,2).

Pero será con el Concilio Vaticano II cuando esta doctrina de la llamada universal a
la santidad tenga un pleno respaldo. La Constitución dogmática Lumen gentium en su
capítulo quinto afirma: “es, pues, completamente claro que todos los fieles de
cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana
y a la perfección de la caridad” (n. 40). Refiriéndose a los esposos, dice:
“los esposos y padres cristianos, siguiendo su propio camino, mediante la
fidelidad en el amor, deben sostenerse mutuamente en la gracia a lo largo de
toda la vida e inculcar la doctrina cristiana y las virtudes evangélicas a los
hijos amorosamente recibidos de Dios” (n. 41).

Durante el Sínodo de Obispos sobre la familia (1.980) los padres sinodales sugirieron
al Papa Juan Pablo II canonizar al final del sínodo a una pareja de esposos; el Papa
estuvo de acuerdo y ordenó que escogiera la pareja; en aquel momento no fue posible,
pero posteriormente este mismo Papa elevó al honor de los altares como ‘beatos’
a los esposos italianos Quatrocchi, padres de varios hijos religiosos. Desde
entonces la iglesia ha reconocido la virtud heroica de varios esposos y esposas.
Un caso singular en la historia de la iglesia es la familia de S. Bernardo de
Claraval, llamada ‘la familia que alcanzó a Cristo’: en ella padres e hijos
todos han sido reconocidos como santos.

Un motivo histórico de la prevalencia de personas célibes en el catálogo de los
santos fue el prejuicio que se tuvo de frente a la sexualidad; se le consideraba como
fuente de pecado; lo único que excusaba de pecado en el ejercicio conyugal de la
sexualidad era la razón de servir a la procreación; modernamente, la sexualidad
ha sido reivindicada y se le mira como algo bueno y positivo; Dios creó al ser
humano como varón y mujer, y esto le pareció muy bien. El matrimonio que, a
causa de los prejuicios teológicos de otra época fue colocado en el último
lugar del ‘septenario’, hoy es considerado como el primer sacramento de la
historia; el ‘sacramento más antiguo’, lo llama un teólogo laico, Giorgio
Campanini.

La Lumen gentium afirma explícitamente: “los esposos se constituyen en testigos y
colaboradores de la fecundidad de la madre iglesia, como símbolo y participación de aquel
amor con que Cristo amó a su esposa y se entregó a sí mismo por ella” (n. 41). La
teología posconciliar ha desarrollado ampliamente algunas categorías nuevas en torno
a la pareja–familia como son: ‘imagen de la Trinidad’, ‘pequeña iglesia’,
‘templo de la vida’. Estas categorías revelan la alta dignidad de la
pareja-familia delante de Dios y de los hombres.

Juan Pablo II en la Familiaris consortio relievando la dignidad de la familia dedujo
la gran responsabilidad de realizar lo que ella misma es: “familia, sé lo que eres”.
Esta consigna la dijo aludiendo a la identidad y misión de la pareja-familia: “en
el designio de Dios Creador y Redentor la familia descubre no solo su
‘identidad’ –lo que es-, sino también su ‘misión’ lo que puede y debe hacer. El
cometido que ella por vocación de Dios está llamada a desempeñar en la
historia, brota de su mismo ser y representa su desarrollo dinámico y
existencial. Toda familia descubre y encuentra en sí misma la llamada
imborrable que define a la vez su dignidad y su responsabilidad: familia, sé lo
que eres” (FC. n. 17).

La perfección cristiana a la que está llamada la pareja-familia se inscribe en un
proceso dinámico de crecimiento; la Constitución pastoral del Concilio Vaticano II
Gaudium et spes, aludiendo a esta perfección humana y cristiana emplea
verbos en futuro: “con la unión íntima de sus personas y actividades se ayudan
y se sostienen mutuamente, adquieren conciencia de su unidad y la logran cada
vez más plenamente” (n. 48); “llegan cada vez más a su propia perfección y a su
mutua santificación y, por tanto, conjuntamente a la glorificación de Dios” (n.
48).

Cómo célula vital de la iglesia y de la comunidad es en la pareja y familia donde se
inicia el proceso de respuesta a la llamada de Dios a todos los hombres y mujeres a ser
santos como Él es Santo.

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Eligiendo las Lecturas

Siento que la vida se ha vuelto un poco loca este mes. Primero, hubo un poco de drama con la boda. Para los que no leyeron la última publicación, el sitio para la recepción que habíamos reservado el julio pasado se cerró en Febrero y nos dejó buscando un lugar alternativo. Por fin encontramos un sitio cuando otra pareja en el listado de espera decidió no tomar el sitio.
 
También, hace poco empecé mi nuevo trabajo como profesora de inglés en la Universidad de Chile. Como se pueden imaginar, planear una clase nueva como profesora de primer año ocupa mucho tiempo así que entre ello y preparando mi tesis de maestría, he estado trabajando muy tarde por las noches (y probablemente será así por el resto del semestre). Juan acaba de terminar su práctica profesional y regresó a la universidad para lo que parece que será un semestre difícil.
 
Pero, entre toda esta actividad surge la cuaresma llamando a la tranquilidad, crecimiento espiritual, conversión, y reflexión. Ha sido muy difícil realmente entrar en el espíritu de la cuaresma con todas estas nuevas actividades en nuestras vidas y toda la locura que las acompaña. Mientras he adherido a mi sacrificio de cuaresma, el libro que planeaba terminar, Introducción a la vida devota (el cual es fantástico por si acaso) está todavía en mi velador desde enero sin leer. Aun así, Juan y yo creemos firmemente que si algo es importante, uno siempre puede hacer tiempo para ello. En la próximas semanas vamos a intentar dar más tiempo para la fe, para nuestra novena de boda, para la misa en la catedral, y para las actividades provida en la cuales vamos a estar participando.
 
En toda esta locura, una cosa que sí hemos hecho como una pareja en esta cuaresma es elegir las lecturas de la boda. Sí no has planeado tu misa de boda todavía, déjame decirte que esta es una de las mejores partes de planear tu día. En verdad, estuve bastante sorprendida cuando vi cuantas opciones hay para las lecturas, los salmos, las peticiones, y las bendiciones. Es fantástico porque te da la oportunidad de reflejar tu propia vocación dentro de la vocación de matrimonio, y como Dios ha hablado a ustedes como  una pareja, y luego ver eso reflejado en las lecturas y oraciones de tu boda.
 
Juan y yo empezamos a pensar en las lecturas para nuestra boda cuando hicimos un retiro para preparación matrimonial en el pequeño pueblo de Marathon, WI en Julio 2014. Tuvimos que hacer el retiro requerido en este tiempo ya que sabíamos que estaríamos fuera del país hasta casi la fecha de la boda. El retiro tuvo lugar en un monasterio hermoso convertido en un centro de retiro con un bosque alrededor y un riachuelo que cruza la propiedad. Al final del primer día, decidimos leer juntos las opciones para las lecturas en el librito que nos habían entregado mi parroquia. Mientras las leíamos y orábamos con ellas, escogimos algunas de nuestras favoritas.
 
Desde ese día no habíamos específicamente mirado las lecturas de nuevo. Es interesante porque, creo que si hubiéramos reunido, digamos, cuatro veces para elegir las lecturas, podríamos haber elegido cuatro lecturas distintas. Cuando vimos las lecturas hace una semana antes de la Misa, decidimos rápidamente la primera lectura, la de Tobías en lo cual Tobías y su novia Sara empiezan su matrimonio con una oración pidiendo la bendición de Dios. Juan especialmente quería esta lectura, ya que la parte que describe el plan de Dios en la creación para el matrimonio y la parte con la oración para vivir juntos hasta un vejez feliz son muy significativas para él. Para el evangelio, elegimos sin mucha dificultad la lectura en la cual Jesús cita a Génesis para explicar el plan de Dios para el matrimonio. La segunda lectura era más difícil elegir. Habíamos pensado antes que usaríamos a Efesias (Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia) o Corintios (El amor es paciente, es bondadoso). Aunque las dos son lecturas muy hermosas, y muy ricas en teológica matrimonial, no estuvimos seguros de ellas. Mencioné que me había gustado la lectura de Filipenses (2:4-9), aunque no la recordaba muy bien. Mientras la leíamos juntos en silencio, pensé que esta era la lectura. Juan expresó lo mismo cuando terminó de leer y dijo, “Esta es.”
 
La lectura de Filipenses, mientras tal vez menos usada que las otras que estuvimos considerando, es también muy hermosa. Empieza con la exhortación de “alegrarse siempre en el Señor” y “no angustiarse por nada,” sino poner nuestra confianza en el Señor. Finalmente, se concluye con una instrucción a enfocarnos en todas las cosas verdaderas y nobles, justas y puras mientras vamos caminando en nuestras vidas de fe. Un consejo sencillo, pero profundo y a veces muy desafiante. Es como un manual práctico para vivir una vida matrimonial feliz y sana.
 
Redescubrir y luego elegir esta lectura para nuestra boda ha sido para mí un verdadero regalo durante el tiempo ocupado en nuestras vidas porque nos recuerda a dar prioridad a las cosas más importantes y “no angustiarnos por nada,” y una invitación de Dios a siempre confiar en él.
 
Así que si no has elegido tus lecturas todavía, espero que disfrutes mucho de esta maravillosa oportunidad para descubrir lo que Dios quiere decir de ustedes y a ustedes cuando empiecen su vida matrimonial. Qué se diviertan descubriendo cuales son las lecturas más significativas para ti y tu novio/a y por qué. Seguramente va a ser una de las preparaciones más importantes que harán juntos.
Aquí encontrarás las opciones de las lecturas y comentarios de un licenciado en teología sagrada para ayudarlos a eligir: Lecturas bíblicas para la liturgia nupcial

La Reconciliación Comienza Por Casa…

De ‘reconciliación’ se habla desde hace mucho rato; para lograr la reconciliación en los conflictos bélicos, étnicos, incluso religiosos, en muchos países del mundo se están haciendo ingentes esfuerzos, a veces con mediocres resultados. Pero el término ‘reconciliación’ aparece ya implícito en épocas muy antiguas. Adán y Eva, sintiéndose culpables de su pecado, se escondieron de la presencia de Yhavé (Gén. 3,1-19); David reconoció su culpa ante el reproche del profeta Natán (II. Sam. 12,1-15); el Apóstol Pablo, ya en el Nuevo Testamento, siente el reproche interior de su conciencia que lo lleva a reconocer la incoherencia en su conducta (Rom. 7,14-24). Todos, en fín, alcanzaron la reconciliación.
 
La conciencia de pecado a lo largo de la historia atestigua que el hombre es víctima de su propia mala conducta y lo lleva a buscar la paz, la reconciliación, en alguna parte. El profeta Jeremías entendía el pecado como alejamiento de Dios; por esta razón en su oración concebía la reconciliación como un ‘volver a Dios’: “hazme volver y volveré” (Jer. 31,18). Es, pues, un hecho histórico el sentido de culpa y la necesidad de reconciliación.
 
Los Estados civiles han hecho esfuerzos especiales por lograr la reconciliación entre los pueblos en conflicto; el derecho civil ha creado categorías especiales (perdón, indulto, amnistía) como medios para lograr el reencuentro de los pueblos en lucha. Surge una pregunta a este respecto: la reconciliación viene de fuera hacia adentro?; o mejor, va de adentro hacia afuera?. Por esta razón afirmamos que la reconciliación comienza por casa. Algunos escritores se han referido a la lucha proverbial entre amor y odio a lo largo de la historia; uno y otro han intentado prevalecer sobre su contrario. El campo en que se libra esta batalla es el corazón del hombre. Incluso el Evangelio de S. Mateo (10,35) alude a que “los enemigos de cada cual serán los que conviven con él”; es decir, los de su propia casa. La reconciliación, pues, deberá comenzar por casa; un ejemplo típico es el caso de Zaqueo a quien Jesús de Nazareth le confirmó en su propia casa, al conocer la actitud de conversión, “hoy la salvación ha llegado a esta casa” (Lc. 19,9). 
 
Encuentro en el Documento de Puebla un testimonio válido para dar fundamento a la afirmación de que la reconciliación comienza por casa: Puebla alude a los cuatros rostros del amor humano que “encuentran su pleno desarrollo en la vida de familia: nupcialidad, paternidad-maternidad, filiación y hermandad” (n. 583). Desde esta perspectiva es posible afirmar que la reconciliación es la reconstrucción de cada uno de los rostros de la familia cuando el pecado del odio, del rechazo, de la venganza, irrumpe en el corazón humano generando una ruptura. Reconstruir el rostro del amor conyugal entre los esposos, entre padres e hijos, entre hermanos, es operar la reconciliación intergeneracional. A partir de esta reconciliación en el núcleo mismo de la familia, en la que es “la célula vital y fundamental de la sociedad“ (AA. n. 11) se podrá llegar a niveles más amplios cada vez, porque “el bien es, por naturaleza, difusivo”, como afirmó el ‘Doctor Angélico’. Los padres de familia comprenderán que tienen una responsabilidad muy especial de frente a la reconciliación dentro y fuera de su casa; el Concilio  Vaticano II les reconoció un ‘protagonismo’ propio en la sociedad y en la iglesia. 

 

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Hagamos La Verdad Con Amor

Hacer la verdad con amor es una sentencia que encontramos en la Carta a los Efesios (4,15); aparece en el contexto de la construcción de la comunidad cristiana como cimentada en los dos pilares de la verdad y del amor. Ya en el Antiguo Testamento, en la plegaria de los Salmos, el israelita oraba a Yhavé invocándolo en estos términos: Señor, Tú que hiciste alianza con tu pueblo por amor, permanece fiel (en la verdad) a tu alianza.

Hacer la verdad con amor era un principio pedagógico que ya usaban los antiguos romanos: “firmiter in re, suaviter in modo”, que traducida a nuestra lengua española equivale a decir: mantenerse firmes en los principios, pero siendo flexibles en el modo de aplicarlos. Vemos claramente que la equivalencia del slogan de los romanos con la sentencia bíblica es patente. Uno y otro, que tienen plena validez en la pedagogía familiar; pero hoy han entrado en crisis en la educación en familia y en la escuela.

Esta crisis se manifiesta en el paso del rigorismo, al permisivismo. Solemos decir que los “extremos son viciosos”; ciertamente que lo son; el rigorismo genera niños miedosos y el permisivismo hace niños sin Dios y sin ley. Un autor describió este cambio, refiriéndose a los padres de familia, con estas palabras: “somos los últimos hijos que fuimos regañados por nuestros padres y ahora somos los primeros padres en ser regañados por nuestros hijos”.

Se hace necesario buscar y encontrar el equilibrio entre autoridad y flexibilidad. No es fácil, pero sí es posible. La sentencia de la Carta a los Efesios y el slogan de los antiguos romanos nos dan una pista: los padres de familia deben saben conciliar los grandes principios de la verdad, de la justicia, de la solidaridad, etc, con la exigencia de amor, de comprensión, de flexibilidad, de acompañamiento que necesitan el niño, el adolescente, el joven en el proceso gradual y progresivo de su crecimiento. 

Este acompañamiento tiene sus fases o etapas: el niño, el adolescente, el joven, necesitan un trato diferenciado según su edad, su carácter, su desarrollo. No es lo mismo el niño de cinco años, que el chico de doce o joven de dieciocho años; cada uno de ellos experimenta cambios diversos, vive situaciones distintas, afronta problemas diferentes, de acuerdo a la etapa de su desarrollo y de su edad. Aplicar la sentencia bíblica de “hacer la verdad con amor”, o el principio de los romanos –“firmes en defender los valores humanos y cristianos, pero flexibles en el modo de aplicarlos”- quiere decir, inculcar las normas de vida haciendo ver que son razonables y justas, pero sin autoritarismo, sin acritud, sin ánimo de amenaza o de venganza. Laberthonnière, un escritor francés, escribió que “en la familia, como en cualquier otra institución, la autoridad de quien enseña debe respetarse tanto como la libertad de quien es enseñado”.

La corrección en familia entra en esta perspectiva de la conciliación de la verdad con el amor; el Libro de los Proverbios, en el Antiguo Testamento, afirma que “Dios reprende a aquel que ama como un padre a su hijo querido” (3,12). El padre, la madre de familia, al castigar deben hacer sentir que lo hacen precisamente porque aman al hijo. La corrección con odio, con desprecio engendra odio y rechazo; la corrección con amor genera aceptación y hasta gratitud. El Evangelio de S. Lucas nos cuenta que Jesús en Nazareth iba creciendo en edad, en sabiduría y en gracia delante de Dios y de los hombre (2,52). Se podría añadir: crecía bajo la mirada tierna y dulce de María, bajo la autoridad de José y bajo el amor y la comprensión de ambos.

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Me Perdono, me perdonas y te perdono

El Evangelio de Mateo nos trae la gran respuesta que Jesús le dio a Pedro cuando éste le pregunta cuántas veces se debe perdonar al hermano, ya que la ley de los judíos daba una cantidad limitada de tres veces.  Pedro, queriendo ser mucho más generoso, lo multiplicó por dos y le agregó uno más, creyendo que la respuesta de siete veces iba a ser la misma del Maestro. Cuál sería la sorpresa de Pedro al escuchar de Jesús que debemos de perdonar hasta setenta veces siete, es decir: SIEMPRE. Por ello le cuenta la parábola del Rey que ajustó cuentas con sus empleados, perdonando a uno de ellos todo lo que le debía; pero éste al no hacer lo mismo con uno de sus compañeros fue llamado nuevamente por el Rey para ser recriminado por lo que no hizo: PERDONAR, y fue llevado  a la cárcel para que pagara todo lo que debía. (Leer Mateo 18: 21-35)
 
Padres, la manera de enseñar a la familia el tema del perdón es a través de nuestro ejemplo; es decir, por medio del testimonio que nosotros demos  interna (me perdono) y externamente (me perdonas y te perdono) en el hogar. Estas tres maneras  de perdonar van de  la mano, puesto que uno da de acuerdo lo que tiene en el corazón. Para ello,  los invitamos que analicen su vida personal a través de una serie de preguntas que les ayudarán a evaluar su relación con el perdón:
 
Me perdono: Haz cometido errores en tu vida? Cuáles? Sigues repitiendo esos errores? Quisieras cambiar esos errores por oportunidades? Quieres perdonarte? Te comprometes a no volverlos hacer? 
Me perdonas:  Haz ofendido a alguien con tu actitud o con tus acciones? Le has pedido perdón? Quisieras pedirle perdón nuevamente o por primera vez a él o ella? Te comprometes a cambiar esa actitud o manera de ser que no te deja crecer como persona?
Te perdono:  Te han pedido perdón? Cuál fue tu reacción? Perdonaste de verdad? Quieres perdonarlo de verdad? Estas dispuesto a decirle a él o ella que los perdonaste de corazón?
Padres, éstas tres maneras de trabajar el perdón, pueden ayudarnos a crear fuertes lazos de amistad en la comunidad y amor en la familia. Recuerden que el perdón no solamente se enseña sino que también se practica, y que mejor que desde el hogar.
Lo interesante del perdón es que es setenta veces siete, es decir: SIEMPRE; no siete veces como supuso Pedro o tres como creían los judíos. Todavía estamos a tiempo, comencemos ya!
 
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¿Y dónde está tu Espiritu Santo?

El evangelio de Juan nos recuerda a quella experiencia inolvidable que vivieron los discípulos al anochecer de ese primer día de la semana: la visita de Jesús despúes de 50 días a la resurrección y su soplo de aliento para que ellos no siguieran encerrados en sus casas por miedo, al contrario los envió por todo el mundo a perdonar pecados o a retenerlos, si es el caso.
 
Este pasaje bíblico nos debe llevar a una reflexión seria sobre nuestro papel en la comunidad, de tal manera que nos preguntemos: y como católico, sigo encerrado en mi casa? Sigo encerrado en mi egoismo? Sigo encerrado en mi rutina diaria? Sigo encerrado en mi caja de cristal pensando que que yo soy más bueno que los demás? Sigo encerrado en la idea de condenar y calificar a los otros como pecadores, simplemente porque ellos no piensan o no actúan como yo? Sigo encerrado en no colaborar y prestar un servicio a mi comunidad en aquello que sé o que podría aprender? Sigo encerrando el talento que llevo en mi ser y que me fue dado gracias al Espíritu santo?
 
Jesús, antes de exhalar su aliento sobre los discípulos les pidió que salieran de ese encierro en el que andaban por el miedo o tal vez por cobardía, ya que así como el Padre lo envió, él estaba haciendo lo mismo con ellos, para  que continuaran con la obra de perdonar pecados; no como piensan algunos que se creen con poderes sobrenaturales o mágicos, sino a través del acompañamiento sin importar la condición del otro (Jesús y Zaqueo), de hacer valer al otro como persona  (Jesús y mujer adúltera), de hablar con aquella persona sin importar su status migratorio (Jesús y la Samaritana), de hacer parte de una comunidad unida por la oración y el servicio (la multiplicación de los panes), de ser justo y respetuoso con la norma estatal (Lucas 20,25). En fin,  Jesús antes de exhalar su aliento y depositar en cada uno de ellos el Espíritu Santo, pensó en todo esto para que tuviera sentido la fuerza que estaba inyectando en los discípulos.
 
Por eso, es importante que hoy te preguntes dondé está el Espiritu Santo que recibiste en los sacramentos? Si la respuesta te lleva a enumerar muchas obras buenas que has podido realizar a imagen de Jesús, felicitaciones!; pero si la respuesta es no, valdría la pena entonces en buscarlo para saber dónde lo dejaste la última vez que lo traías contigo; tal vez estará encerrado con doble cadena y candado de seguridad antiservicio.
 

Si Jesús sopló su aliento enviando el Espíritu Santo, sopla  tú más fuerte en tu comunidad.    

¿Tú, estás vivo o muerto?

Existe un una discusión entre Jesús y  los saduceos, un grupo de sacerdotes ricos y poderosos,  asociados al Templo de Jerusalén que en algunas ocasiones eran velicosos y groseros en sus interacciones sociales. El tema de discusión gira en torno a la resurreción, ya que ellos le preguntan a Jesús cuál de los siete hermanos que murieron y se casaron con la misma mujer le pertenecerá en la otra vida?
 
Jesús, frente al cuestionamiento responde que en la otra vida todos seremos tratados como ángeles y no volveremos a morir ni a casarnos nuevamente,  porque gozaremos de la resurreción ya que nuestro Padre, es un Dios de vivos, no de muertos. (Ver San Marcos 12, 18-27)
 
Que tan importante es entender que somos hijos de un Padre vivo, que esta presente en cada movimiento que realizamos, en cada cosa que proyectamos, en cada meta planeada, en cada acción que hacemos desde la mañana hasta que termina el día. Eso quiere decir, que si nos sentimos verdaderos cristianos católicos tenemos que vivir cada momento con toda intensidad, tenemos que reflejar al otro (hijos, esposa, esposo, familiares, amigos, comunidad, etc.) que estamos vivos, que existimos, que estamos presentes, que soy persona, que tambien siento, que también valgo, que soy un ser único e irrepetible sobre la tierra.
 
No podemos como cristianos católicos proyectar acciones o pensamientos de muerte, no podemos sentirnos tristes, sin metas, deprimidos, sin ganas de vivir; sintiéndonos despreciados o acomplejados, menos personas a pesar de los problemas que tal vez estemos teniendo.
 
Somos hijos de un Dios vivo, somos personas que podemos aprovechar al máximo nuestras cualidades y ponerlas al servicio de la familia y la comunidad.
 
Preguntémosnos hoy: ¿estás vivo o muerto? Si tal vez no sabes, mírate en el espejo y te darás cuenta que tu rostro te ayudará a encontrar la respuesta. Si estás vivo, proyecta ese ánimo a los tuyos, pero si estas muerto en vida, entonces que descanses en paz.

 

Dichosos los…

El Evangelio de Mateo nos trae como reflexión las bienaventuranzas que Jesús enseñó a la gente que lo acompañaba de camino al monte, lugar predilecto por el maestro para orar. En este sermón, Jesús utiliza una palabra clave en cada frase que repite: “dichosos” o en algunas traducciones bíblicas “bienaventurados”; palabra que enmarca la verdadera felicidad que el hombre debe vivir o buscar (ver Mateo 5, 3-12).

Para el Maestro, dichoso es aquella persona que sufre cualquier adversidad que la vida misma le ha proporcionado  (pobreza, sufrimiento, hambre, persecución o insulto) o realiza cualquier acción que beneficia a los demás (misericordia, paz, justicia o amor). Lo común de esta dicha o bienaventuranza es que el Reino de Dios es la recompensa que disfrutaremos si con paciencia soportamos los problemas o con liderazgo nos comprometemos por el hermano.

Preguntémonos: ¿soy dichoso con mi vida, a pesar de mis errores?, ¿soy dichoso a pesar de las dificultades que estoy pasando (desempleo, status migratorio) y no me dejan avanzar?, ¿soy dichoso ayudando a los demás?, ¿soy dichoso con mi familia, a pesar de la distancia o los disgustos que a veces se presentan?, ¿soy dichoso con lo que soy?

Jesús nos invita a través del este “Sermón del Monte” a ser dichosos con lo que tenemos o somos, a ser dichosos con lo poco o mucho que hay en nuestra casa, a ser dichosos por la familia que tengo, así hayan problemas o disgustos; ser dichosos con las buenas obras que realizo en favor de la comunidad, así sea poco o mucho; a ser dichoso por lo que somos, por la raza que nos tocó, por el idioma, por nuestro origen, por nuestra cultura.  Ser dichosos, es la cuota inicial para que usted garantice el Reino de los cielos; las demás cuotas usted las pagará amando lo que tiene, luchando para ser mejor persona y siendo solidario con el otro.

Recuerde que la vida es la gran bienaventuranza que cada uno de nosotros tiene. En nuestras manos está la misión de hacer que cada mañana al despertarnos hagamos de ese día el mejor de los días aceptando las dificultades (diferente a ser conformistas) y obrando en pro del hermano.

Para finalizar, te invitamos a que hagas una lista de respuestas con la siguiente pregunta: ¿Por qué soy dichoso o bienaventurado?