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Desafíos al verdadero amor conyugal

Dios creó al hombre y la mujer a su imagen y semejanza (Gen. 1:25). Y siendo que Dios es el amor mismo, inscribió en la naturaleza del hombre y la mujer ese mismo amor divino.  Por ello, el amor conyugal verdadero, según el diseño de Dios requiere que tanto el hombre como la mujer se amen el uno al otro con el amor de Dios, es decir, amando como Dios ama.   El amor de Dios es un amor que siempre busca el bien del amado, un amor que se da por entero, sin reservas, un amor que se da porque quiere, no porque le obligan, un amor fiel y leal en todo momento y ante todos, y un amor que da frutos de vida, alegría y paz.

Pero el mundo siempre presenta desafíos que buscan aniquilar el verdadero amor, que son vehículos que tienen como fin destruir el plan de Dios para el matrimonio y por consiguiente, la felicidad y santidad que son el propósito ultimo del matrimonio; particularmente el matrimonio de una pareja que invita a Dios como centro de sus vidas, pues ellos son el reflejo mas claro del amor de Dios en la tierra.  Estos desafíos son no solo constantes sino persistentes, por ello hay que tenernos presente y estar astutos como parejas para no caer en sus redes.

Un desafío que es evidencia tangible de que el amor conyugal no es verdadero es el egoísmo, puesto que éste se puede considerar de alguna manera como la antítesis del verdadero amor.  Pues si el verdadero amor consiste darse totalmente y buscar siempre el bien de la persona amada, el egoísmo es simple y llanamente buscar el bien propio, el propio placer, aun a expensas de la persona amada.  Por ende el egoísmo se manifiesta en conductas que buscan usar a la pareja para beneficio propio.  Podemos ver entonces que el egoísmo, más que desafío es un dardo destinado a destruir el amor verdadero.  Por ello es que del egoísmo nacen la mayoría de los desafíos al verdadero amor conyugal.  Veamos.

Del egoísmo nace el desafío de la infidelidad que ataca y en muchos casos destruye la pareja.  La infidelidad nace del egoísmo que mueve al infiel a gozar de un placer vano, pasajero y vacío de todo compromiso y respeto a la pareja sólo por el propio placer.  Es escoger el propio placer aun a expensas de la dignidad y la felicidad de la pareja a la cual se le ha dado palabra de fidelidad y lealtad, aun cuando éste pone en riesgo su salud física, emocional y espiritual.

De igual modo las adicciones, inclúyanse la adicción al alcohol, las drogas, el sexo (y su gran aliada, la pornografía), que llevan a la persona humana a someterse y ser esclava de la necesidad constante de recibir un momento de relajación y placer, aunque este dure poco tiempo y luego tenga que recurrirse a repetir la conducta que produce esa pasajera gratificación.  Esto todo a expensas de la felicidad y tranquilidad de la pareja de aquella persona víctima y presa de la adicción, pues su dependencia resulta en el rechazo y el maltrato al bienestar físico, emocional, espiritual y económico de la pareja y la familia.

También el egoísmo es padre de otro importante desafío, la comunicación inefectiva.  Y es que la comunicación amorosa, respetuosa, empática y efectiva que es necesaria para el éxito del matrimonio se basa justamente en enfocar nuestra comunicación en escuchar el sentir y las necesidades del ser amado, más que en el demandar que se nos escuche, entienda y complazca sin tener en cuenta el sentir y las necesidades de la pareja.

El egoísmo es también padre del individualismo que rige la propia vida buscando siempre ser el centro de todo y que todo lo que se haga o se diga sea para sacar beneficio personal, y no el bien del ser amado.  También el hedonismo es hijo del egoísmo y en la cultura actual es un desafío peligrosísimo que puede acabar con la vida del matrimonio.  El hedonista es aquel que rige su vida pensando que si algo le produce placer, pues lo hace, a expensas de todo y de todos.   Estos son solo algunos de los más importantes desafíos que enfrenta el amor conyugal y que pueden impedir que la pareja disfrute de un matrimonio verdaderamente sano y feliz.

Pero la buena noticia es que si la pareja voluntaria e intencionalmente invita a Dios a ser el centro y roca de sus vidas, y juntos así lo claman en su oración conyugal, el Espíritu Santo se derramará sobre la pareja, purificará su amor, compromiso e intenciones, y les dará a ambos la fuerza para sobrellevar y aun vencer todos los desafíos que el mundo les presente.  Por ello es importantísimo que la pareja se mantenga unida en oración y que unida frecuentemente reciba los sacramentos, en especial la Eucaristía, que es la viva presencia de Dios en sus vidas y la fuente de gracia, fuerza y bendición que ciertamente les hará que su amor triunfe sobre toda desafío que pueda atacar su amor y compromiso.  También le instamos a que alimente su matrimonio con los recursos, reflexiones, videos y consejos que les ofrece www.portumatrimonio.org, recordando siempre que con Cristo ¡somos más que vencedores!

El Poder del Perdón

Por Dora Tobar

Las ofensas provenientes de nuestros seres queridos suelen doler más porque al daño recibido se le suma el sentimiento de haber sido de alguna manera traicionados en nuestra confianza, nuestros afectos o nuestras expectativas.

Por eso los errores entre esposos tienden a convertirse no sólo en “problemas por resolver” sino en “dolores del corazón” que amenazan la relación misma y que hacen hasta dudar del amor. Muchas parejas empiezan así por preguntarse: “¿Cómo pudo hacerme esto?”, “¿Cómo a mí que tanto lo(a) quiero”, “¿Por qué si yo tanto he hecho o dado por él(ella)?

Lo primero es por tanto entender que toda persona se equivoca pues está siempre en proceso de aprender y desarrollarse. Y tu cónyuge no es la excepción. Además, muchos de las limitaciones de los adultos para expresar el amor, como se debiera, provienen de las heridas emocionales que esa persona recibió en su infancia. Por eso, lo más probable es que detrás de los errores de tu pareja hay un niño o una niña herida que todavía debe crecer.

Ahora bien, si has logrado entender esos dos datos (que tu pareja no es perfecta y que posiblemente detrás de sus errores hay un niño o una niña herida que todavía debe crecer), estás entonces listo(a) para cambiar tu odio y frustración y empezar a sanar tu corazón, y tu relación con el poder del perdón. Pero para que entiendas mejor de lo que se trata, es preciso entender bien qué es perdonar:

¿Qué es perdonar?

Muchas personas temen que al perdonar le van a dar a la otra persona el poder de seguirlas ofendiendo, o que se van a rebajar o humillar. Sin embargo, es importante saber que:

  • Perdonar no es aceptar lo inaceptable ni justificar males como maltratos, abusos, faltas de solidaridad o infidelidades. Tampoco es hacer de cuanta que no ha pasado nada. Eso sería forzarnos o ignorar la realidad y a acumular resentimientos. Igualmente, perdonar no es tratar de olvidar lo que me han hecho, pues siempre es bueno aprender de lo vivido.
  • Perdonar es sobre todo liberarse de  los sentimientos negativos y destructivos, tales como el rencor, la rabia, la indignación, que un mal padecido nos despertó y optar por entender que está en mis manos agregarle sufrimiento al daño recibido o poner el problema donde está: en la limitación que tuvo mi cónyuge de amar mejor, en una determinada circunstancia.
  • En síntesis, perdonar es: Otra manera, distinta de la rabia y el rencor, de ver a las personas y circunstancias  que creemos nos han causado dolor y problemas. Es,poder mirara mi cónyuge y sus acciones negativas, con el realismo y la misericordia propias de Dios que, sin desconocer nuestras faltas, no nos identifica con el pecado y nos da la ocasión de ser mejores.

¿Por qué perdonar?

  • Porque mientras con el odio y el rencor quedamos atados al mal que nos han hecho y estancamos la relación matrimonial concentrándonos sólo en el error y el dolor que una determinada acción nos causó, el perdón nos da la oportunidad de ver la falta como un error real pero sin la carga emocional que nos daña. Entonces, además de recuperar la paz, recobramos la lucidez para evaluar el daño en su dimensión real y tomar las medidas necesarias frente a la relación.
  • Porque soy yo mismo(a) quien es responsable de producir la rabia o el odio y de aferrarme a ellos. La rabia, es una forma de satisfacer mi ego igualmente herido.
  • Porque mi cónyuge, es mucho más que su error. Sin querer justificar su falta, es claro que detrás de su acción hay un “niño o niña herido (a)” por los condicionamientos de su pasado, pidiéndonos, a través de su rabia, violencia o agresión, que lo auxiliemos, lo amemos, lo respetemos”.
  • Es claro igualmente que si mi cónyuge me entregó un día su vida en matrimonio es porque me ama y que por tanto, lo más seguro es que su equivocación no fue deliberada sino el fruto de sus limitaciones como ser humano en proceso.
  • Porque amar al cónyuge supone aceptar que es limitado y renunciar a mis expectativas a cambio de su realidad y buena voluntad de hacer lo mejor posible.

Diferencia entre perdón y reconciliación

Mientras el perdón es una decisión de cada persona, al interior de su propio corazón, la reconciliación supone la recuperación de la relación entre los dos. Lo ideal es por tanto que, una vez me libere de la rabia y renuncie a identificar a mi cónyuge con el error que cometió, nos dispongamos juntos a analizar el daño y buscar, en la medida de lo posible, una reparación.
Dicha reparación supone que el ofensor reconozca su error, valore el efecto de lo que causó y pida perdón. El ofendido debe entonces igualmente aceptar las disculpas y ofrecer su perdón como la base para iniciar de nuevo una relación, sin rabia ni rencores, pero sabiendo que hay algo por mejorar.

Mientras exista por tanto la voluntad de cambiar y la sensibilidad para aceptar las propias limitaciones y lo que ellas pueden causar, el perdón y la reconciliación serán casi siempre posibles. Así el matrimonio se convierte en la escuela de amor donde cada persona debe encontrar un espacio donde es amada y aceptada, aún en esas realidades que no fueron amadas y aceptadas en la propia familia. Y mientras es retada a cambiar puede, por amor, liberarse poco a poco de sus limitaciones de carácter y sentir que puede crecer en su capacidad de dar y recibir amor.

Esta oferta de perdón y reconciliación, no debe sin embargo ser forzada con manipulaciones como “si me amas realmente debes…”; tampoco con presiones como: “yo he hecho mucho por ti, por lo tanto tu…”. No. La oferta del perdón debe ser gratis, y la reconciliación un acto que los dos ofrecen y se comprometen de manera igualmente gratuita a realizar, por que nace del deseo de seguir amando y del dolor de haber herido al otro, sin pretenderlo o sin saberlo.

Hay sin embargo realidades que, si bien podemos perdonar, rompieron totalmente la confianza o demostraron que definitivamente la otra persona no está en condiciones de vivir en pareja. En tales circunstancias la reconciliación no es aconsejable. Tal es el caso de personas con vicios, depravaciones o deformaciones serias de su personalidad o conducta que pueden seguir dañando a la pareja y los hijos, y frente a los cuales el cónyuge está en el derecho de protegerse mediante la separación.

 

Sigue reflexionando sobre el perdón en el matrimonio con estos artículos:

Cómo salvamos nuestro matrimonio

La felicidad, el sufrimiento y el sentido de la Pascua

Me Perdono, me perdonas y te perdono,

El Perdón en la pareja sí es posible

Espiritualidad del matrimonio

En proceso de devenir en una sola alma

 Por Alicia Pérez

Al casarse las parejas, eligen a la persona que desean les acompañe por el resto de sus vidas. Con esta persona han de crecer como personas y como pareja. Y para las parejas cristianas y sobre todo para aquellas que escogieron hacer de su relación un sacramento, es decir, que fueron ante el altar y prometieron amarse mutuamente como Cristo ama, su vida va a tener un significado muy especial. “Por eso dejara el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y los dos se harán una sola carne” (Génesis 2, 24 y Efesios 5:31).

Ahora bien, para que la riqueza y la gracia del sacramento del matrimonio dé sus frutos, es esencial que juntos descubran, cada día, cuál es el plan de Dios para ellos. Para tal fin, deberán de mantenerse cerca de Dios y de los medios que les llevan a Dios y a su gracia. Esto es una labor individual y de pareja. Por un lado cada uno ha de buscar a Dios de acuerdo a su espiritualidad. (Entendemos por espiritualidad la manera en que vivimos nuestra relación con Dios y con los demás y cómo la vivimos en las situaciones diarias de la vida). Aún cuando su espiritualidad sea diferente e inclusive cuando pertenecen a religiones diferentes, las parejas pueden encontrar maneras conjuntas para vivir su relación con Dios y descubrir cómo quiere Dios que vivan su matrimonio y transmitan su fe y su espiritualidad a sus hijos.

Para que se entienda mejor de lo que se trata, permítanme contarles una historia: Una pareja muy cercana a mi corazón me contó que al acercarse una navidad, los dos decidieron ponerse de acuerdo en cómo iban a celebrar y a transmitir su fe a su hijo. Entonces, cada uno le contó al otro cuáles eran las tradiciones con las que habían crecido en su casa y lo que estas significaban para su vida. Cuando tocaron el punto de cómo iban a  enfocar para su pequeño el nacimiento de Jesús y cómo iban a abrir sus regalos, decidieron que iban a envolver una imagen del niño Jesús en una cajita de regalo y la iban a poner debajo del árbol de Navidad. Cuando llegaran de sus celebraciones a la intimidada de su hogar, el niño encontraría esta cajita debajo del árbol y al abrirla encontraría un niño Jesús. Esto les daría la oportunidad de hablar del verdadero significado de la Navidad, de arrullar al niño y cantarle villancicos; y para celebrar, le darían al niño su regalo de Navidad.

Cada pareja va escogiendo cómo va a vivir su espiritualidad, pero para ello necesitan crear antes una vida íntima en que puedan compartir sus pensamientos, sus ilusiones, su historia, los sueños que juntos tienen; y decidan cómo van a vivir su vida matrimonial y de familia (véase Convertirse en compañeros para siempre). Por eso, como parte de su compromiso espiritual,  han de evitar todo aquello que pueda alejarlos del verdadero sentido del amor. Las estadísticas de hoy en día nos muestran un panorama muy triste. Por un lado los altos niveles de divorcio causado por la pornografía y la infidelidad matrimonial, y por el otro lado, la falta del desarrollo del amor matrimonial debido al egoísmo e inclusive al materialismo.

Por eso es importante que, desde un principio, los esposos se entreguen libre y mutuamente el uno al otro y busquen todo aquello que les una y les haga crecer. Permítanme sugerir algunas prácticas que les pueden ser de utilidad:

  • Oren el uno por el otro. Encomienden a Dios las necesidades de su pareja.
  • Pídanle a Dios la gracia para amar a su pareja como Dios les ama.
  • Oren juntos por las necesidades de su familia y del mundo que les rodea.
  • Busquen oportunidades para servir como pareja o como familia. Por ejemplo, a través del Movimiento Familiar Cristiano, Encuentros Matrimoniales y otras organizaciones, actividades o ministerios en su parroquia o su región.
  • Cuiden los sentidos, evitando el uso de programas o imágenes que dañen su espiritualidad y su vida matrimonial.
  • Eviten la pornografía y aquellos programas que dañen su imagen del matrimonio.
  • Ábranse a todo aquello que de vida como pueden ser los actos de cariño y de comprensión.
  • Procuren lo que hace feliz a su pareja.
  • Eviten a toda costa usar a su pareja para sus propios fines.
  • Sean fieles a sus votos matrimoniales: “prometo serte fiel en la salud y en la enfermedad, y amarte y respetarte todos los días de mi vida”.
  • Busquen oportunidades para hacer cosas juntos como salir a dar un paseo, practicar un deporte, etc.
  • Procuren hacer citas (dates) pero nunca las usen para discutir o pretender resolver conflictos.
  • Hagan citas especiales para hablar sobre un problema o un conflicto, y de preferencia busquen un lugar que no sea su alcoba para el encuentro.
  • Busquen ayuda profesional cuando consideren que no están teniendo los resultados deseados en su relación. No lo eviten. Su matrimonio es demasiado importante.
  • Decidan todos los días al despertar, que van a amar a su pareja y busquen maneras de demostrarlo.

Que hermoso es ver parejas que han logrado devenir en una sola alma. Esperamos que su matrimonio sea uno de ellos y que juntos lleguen a vivir su vocación a la felicidad como pareja.

Más sobre el tema en Espiritualidad y fe, Comunicación y Espiritualidad del matrimonio.

Altibajos en el camino: cuando la burbuja se rompe

Por Valentín Araya

Una simple mirada lo inicia todo. Esa primera mirada, ese primer contacto ocular con esa persona tan especial, es el primer eslabón de una serie de acontecimientos en la vida de una pareja.  Una mirada que vuela como paloma mensajera, llevando un mensaje: “me gustas”. Y esa mirada, que correspondida casi al instante, responde con delicadeza “tú también me gustas”.

A partir de ahí, dos vidas, la de un hombre y una mujer se encuentran, comienzan a acercarse, a atraerse, a enamorarse, a amarse, a enlazarse, hasta quedar fundidas en una sola, el día de su boda.

Ese día, adornado con ilusiones y delicadezas, alegrías y felicitaciones, música y poesía, baile y celebración, envuelve a los novios en una burbuja de felicidad y armonía que les hace creer que la felicidad y la realización permanentes han llegado a sus vidas.

Esa burbuja tan cómoda y gratificante que les ha elevado, junto con sus ilusiones y sus sueños, les mantiene en el aire por un tiempo y luego se rompe y cae, algunas veces suavemente, otras veces, bruscamente, haciendo despertar a la feliz pareja a una nueva realidad.

A partir de ahí, hay cambios por hacer, hábitos por cambiar, habilidades por aprender, situaciones por resolver, cosas por aceptar y proyectos comunes por realizar. Todo matrimonio pasa por ese proceso de transformación.

Toda persona necesita dejarse cambiar por el matrimonio para poder vivir en matrimonio. Las resistencias al cambio sólo niegan a la pareja la posibilidad de ser feliz y le pueden llevar a envolverse en situaciones difíciles y dolorosas que podrían llevarles al divorcio.

Toda persona necesita dejarse cambiar por el matrimonio para poder vivir en matrimonio

En otras palabras, los altibajos en el camino del amor existen, pero pueden ser la ocasión de crecer y madurar en el amor. Por eso lo invitamos a que en esta sección considere los siguientes temas:

Ante las desilusiones

Por Cinthya de Montalvo

El dicho popular que dice “el tigre no es como lo pintan” vale también para el matrimonio. Antes de casarnos pudimos fabricar ideas románticas del amor conyugal, de la maternidad y paternidad. Pudimos imaginar un hogar siempre armónico, un padre siempre cariñoso (además de trabajador y responsable), una madre siempre amorosa y unos hijos siempre obedientes.

La verdad es que estas realidades no se dan por sí solas. Hay que trabajarlas, negociarlas, construirlas poco a poco. La relación conyugal es un estira y afloja donde constantemente hay que expresar las propias necesidades y negociarlas con las necesidades del otro, hasta llegar a acuerdos que satisfagan a los dos.

Una negociación no sirve tampoco de una vez y para siempre. Cambiadas las circunstancias de la vida se puede replantear o sentir que lo acordado unos meses atrás ya no satisface como antes. Por eso hay que estar abiertos a escuchar, negociar y hasta ceder, no una vez, sino varias veces. Esto no quiere decir que siempre eres t quien tiene que ceder. El ceder debe ser de ambos lados para lograr tener un relación armónica. Se debe igualmente saber que no estamos obligados a ceder en aquello que es propio de nosotros y que consideramos una característica personal irrenunciable. Pero sí podemos, por amor, dejar de darle tanta importancia a cosas que no son tan relevantes en nuestra vida.

Si estás pasando por una situación difícil en tu relación matrimonial o de familia, lo primero que tienes que hacer es respirar profundo, tener una actitud positiva. Es decir, es importante pensar que “todo en esta vida tiene solución, excepto la muerte”, y por el amor que le tienes a tu esposo o esposa y familia, vale la pene que busques y logres soluciones a estos problemas. Está claro que solo(a) no puedes. Se necesita del Todo Poderoso para salir avante de la situación.

Es vital que identifiques cuál es el problema del momento. Muchas veces se busca ayuda cuando se tiene ya una bola de nieve que los supera en tamaño. Por eso se debe identificar muy bien cuál es el problema inmediato, para poder ir desenmarañando esa bola de dificultades. Ya identificado el problema, habrá que recurrir al diálogo sincero y profundo con tu cónyuge. Recuerda siempre que es con la persona que está a tu lado que vas a hacer equipo para superar esta situación.

He aquí algunas recomendaciones para  llevar acabo un diálogo fructífero:

  •  Busca el momento, el lugar y el tiempo oportuno.
  •  Entra a dialogar de mutuo acuerdo y con la mayor disposición de encontrar una solución.
  •  Escucha con atención, mirando a los ojos al que habla, con serenidad, sin juzgar lo que te está diciendo, respetando su opinión y sin interrumpir mientras el otro habla.
  •  Expresa con claridad, de forma directa y sencilla tu punto de vista o tu necesidad y concéntrate en el problema, hablar realmente del problema del momento, sin traer a colación otros asuntos o situaciones pasadas, porque entonces la bola de nieve seguirá creciendo. Así por ejemplo, es mejor decir “me siento sola e incomprendida y necesito que me escuches”, a decir “es que tu nunca me escuchas”, etcétera.
  •  Sé humilde y dispuesto a perdonar y pedir perdón, pues tu esposo(a) y tus hijos son lo más importante en tu vida.
  •  Dialoga hasta llegar a un acuerdo o solución y lleva a la práctica lo acordado.

Después de tener un diálogo sincero y profundo te sentirás más descansado y en paz. Cada discusión resuelta es como una ganancia que se va acumulando y dejando la sensación de que realmente, a pesar de las diferencias, los dos pueden entenderse. Y es que de hecho, las dificultades significan que hay algo del otro que aún no conozco. Por eso, después de un diálogo los dos han ganado en intimidad y conocimiento. Cuando en cambio el diálogo o la discusión no se da, se van acumulando sensaciones de frustración que pueden crecer como una avalancha y la bola de nieve un día puede amenazar atraparlos.

Cuando estés dialogando y veas que el diálogo se está tornando en una discusión ofensiva, proponle a tu cónyuge que se tomen de las manos, se vean a los ojos y eleven una oración al Creador. Después de este pequeño espacio, continúen con su conversación.

Te recomendamos igualmente que, como preparación al diálogo y antes de comenzarlo, le pidas  a tu esposo(a) que lea este artículo, u otro parecido que pueda servirles de orientación en la cual los dos puedan basarse. Esto hará que ambos estén en el mismo canal y con similares actitudes y disposición.

Cuando la relación está muy deteriorada o crees que requiere, que una tercera persona intervenga porque ya entre ustedes dos no pueden llegar a acuerdos o bien no saben como resolverlo, es bueno buscar un profesional, un guía espiritual o una persona recomendable por su conocimiento en el tema o su sabiduría, para que les proporcione una consejería matrimonial. Hay también terapias de grupos o grupos de apoyo a matrimonios que pueden serles útil. Eviten recurrir a un familiar o persona allegada a los dos.

Si un día pudieron entenderse y amarse es muy probable que también ahora lo puedan hacer. No olviden pues los sueños y alegrías que los unieron. Tener la voluntad de mejorar su vida conyugal y familiar es una energía poderosa para salir adelante, y recuerden que cuentan siempre con la gracia de Dios.

Más sobre el tema en Herramientas para la solución de conflictos y nuestra sección Las soluciones que buscas y Cuándo buscar consejería.

El Sentido Acción de Gracias

El día de Acción de Gracias, es una de las fechas nacionales más importante en los Estados Unidos; fue celebrada por primera vez en 1621 por los pobladores de la Colonia de Plymouth, Massachusetts.
Cuenta la historia que estos Pilgrims (peregrinos o primeros inmigrantes) en el año de 1620 escaparon  de la pobreza en Inglaterra y se embarcaron en el “Mayflower” buscando libertad en el Nuevo Mundo. Una tormenta los sacó de su ruta y en noviembre de ese mismo año, llegan al norte de Plymouth. El primer invierno fue de grandes penurias para los colonizadores, sin embargo, aquellos que sobrevivieron, continuaron luchando y en la primavera sembraron su primera cosecha de maíz gracias a Squanto, un indio guerrero, que se hizo amigo de ellos. Les  enseñó a los colonizadores cómo sembrar y cultivar el maíz, y los ayudó a establecer buenas relaciones con las tribus indias vecinas. En 1621 en un gesto de amistad, los Pilgrims invitaron a los indios vecinos para que juntos celebraran una fiesta, en la que compartieron pavos y gansos, maíz, langostas, almejas, calabazas y frutas secas.
 
Este gesto realizado entre la comunidad indígena y los primeros inmigrantes, nos hace reflexionar que esta fecha no es solamente para que en familia nos reunamos y alrededor de una cena y demos gracias a Dios por todos los dones recibidos. Es un día para que junto a lo mencionado, reflexionemos a manera de examen de conciencia, las actitudes que hemos tenido con el prójimo, es decir, con la persona próxima a mi familia, que tal vez no es de aquí sino de allá; que tal vez no habla el idioma de aquí sino el de allá; que tal vez no tiene “papeles” de aquí sino los de allá; que tal vez se le dificulta adaptarse al estilo de vida de aquí porque todavía actúa como si estuviera allá. Que tal vez…    
Manifestémosle a Dios nuestro agradecimiento no solamente por todo lo que hemos recibido, sino por las acciones que él nos permitió hacer por el otro. Imitemos el gesto realizado hace tantos años atrás por el indio guerreo Squanto, quien sin importar la condición de los Pilgrims, les brindó su ayuda para que salieran adelante y vencieran el hambre y las incomodidades que como inmigrantes se vive al llegar a tierra extranjera.
 
¡Feliz día de “Acción de Gracias”! 

La Mesa de Familia

La mesa siempre ha tenido un puesto de preferencia dentro del ambiente de familia; sobre ella  el esposo y padre de familia hace el balance de entradas y de gasto al final del mes; sobre ella la esposa y madre arregla el vestuario de todos; sobre ella los niños hacen sus  tareas de escuela; en torno a la mesa se reúne la familia para las comidas; alrededor de la mesa se entretiene la familia con los amigos que vienen de visita.  De verdad, la mesa constituye un centro especia en la vida de la familia.
 
También para nuestra iglesia la mesa es como el centro de la comunidad cristiana:  la mesa de la comunidad cristiana es el altar;  entorno  al altar se hace la lectura de la Carta que Dios ha enviado a los hombres, o sea la S. Escritura; sobre el altar desciende el Espíritu de Cristo para convertirlos en su cuerpo y en su sangre;  alrededor del altar gira la comunidad para participar del banquete eucarístico.
 
Con razón que ya S. Pablo, en algunas de sus cartas,  da saludos a la comunidad que se reúne en la iglesia (en la casa) de Aquila y Priscila. Así quería decir que la casa de los primeros cristianos la consideraba ‘como una  iglesia.  Será S. Juan Crisóstomo, un Padre de la comunidad cristiana primitiva (siglo IV) quien afirme que la casa de los cristianos es ciertamente ‘una pequeña iglesia’. Fue este mismo Padre quien sugirió cuatro paralelos interesantes: la gran iglesia, Basílica o templo y la casa material  de la familia;  la gran comunidad que se reúne en el templo y la pequeña comunidad familiar;  el altar del templo y la mesa de familia; el culto eucarístico en el templo y el culto que rinde la familia a Dios en la pequeña iglesia doméstica; los ministros del templo y los padres de familia dentro de la pequeña iglesia que es la familia.
 
El Papa Francisco volvió a tomar esta hermosa comparación;  lo hacía  a propósito de  las consecuencias nocivas que los medios de comunicación están causando al diálogo familiar: la televisión en la sala comedor y el uso desmoderado de los celulares impiden la comunicación y el diálogo entre los miembros de familia; parecería que padres e hijos están más  interesados en la comunicación  con personas distantes   que con las presentes; esto una muestra del individualismo que está minando la unidad de la familia; es también falta de interés y de respeto por la familia.
 
Son los padres de familia quienes deben salvar y recuperar este espacio vital  en torno a la mesa familiar; este espacio de diálogo, comunicación y de intercambio entre los miembros de la familia no puede perderse, so pena de acabar con la comunión familiar; es un momento de encuentro y de intercambio de experiencias del día; es el momento de mirarse a la cara, de sonreír, de hablar, incluso de reconciliarse y reforzar el espíritu familiar.  
 

 

La unidad de la familia pide mucho altruismo;  el individualismo lo destruye; el altruismo humaniza, el egoísmo, el individualismo,  deshumaniza.
 
Para mas informacion, visite: Iglesias Domesticas

¿Por qué debemos celebrar el día del Padre?

Ya es común para muchos de nosotros celebrar este día; muchos crecimos haciendo tarjetas, preparando detalles y buscando regalos, para recordarles a nuestros padres en su día, lo importante que son, lo que significan en nuestras vidas, llenarlos de atenciones y de mimos. Está fiesta nació en los Estados Unidos gracias a la hija del veterano de la Guerra Civil, el Sr. Henry Jackson Smart; la Señorita Sonora Smart Dodd, quien al igual que sus cinco hermanos, perdió a su madre cuando dio a luz al sexto de ellos. Desde entonces el Sr. Smart, crio y educó a sus seis hijos, solo y sin ayuda, en una granja del estado de Washington. Mientras ella escuchaba un sermón sobre el día de la Madre en el año de 1909, nació en su mente la idea de celebrar este día tan especial. Esta idea no prospero sino hasta el año de 1966 cuando el Presidente Lyndon Johnson lo declaró como fiesta nacional que se celebraría el tercer domingo del mes de Junio.  
  
Sin embargo, esta celebración al igual que tantas otras, se han convertido en un negocio y para muchos en un día superficial, incluso en otras religiones y culturas, no festejan este día. Los dueños de los grandes almacenes lo aprovechan para salir de su inventario y cumplir con la meta del mes de junio. Otros viven este día sin el verdadero sentido y se traduce en la excusa perfecta, para dar un detalle a ese papá que nunca se llama, al que está olvidado de la sociedad y de la familia, aquel que por viejo se encuentra en un hogar geriátrico. Muchos no queremos festejarlo porque tal vez, tenemos resentimiento o rencor porque nuestro viejo no fue el modelo perfecto de papá; desafortunadamente, hay muchos que no conocen a sus progenitores porque fueron abandonados desde muy niños, y otros crecieron siendo huérfanos de padre y madre.  
 
La palabra Padre, se deriva del latín Pater (jefe de familia, patrono, defensor o protector). A nivel católico esta definición pasa de ser simple a resumir todo el Ministerio de la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. No es una definición vacía y sin sentido, significa que, desde el Padre, Creador de toda la humanidad, se le dio un papel protagónico a quien llamaríamos Papá y Padre. Los que han escuchado y aplicado muy bien su responsabilidad, merecen el reconocimiento de sus esfuerzos, de su arduo e incansable trabajo en pro del bienestar de su familia. Aquellos que sin importar el cansancio o dolor físico apuestan por la educación de sus hijos, basada en el amor y el respeto por sus padres y por el prójimo; en la fe y en la caridad, en la ayuda desmedida a los demás para la construcción de un mundo mejor. Papás quienes creen que criar hijos bajo estos y otros invaluables principios, dejará un futuro próspero y vivible para las futuras generaciones.
 
Debemos entonces, festejar diariamente y en especial este día, el Día del Padre; no olvidando por supuesto a todas esas personas que han tenido que ser Padre y Madre a la vez, me refiero a las madres solteras, a aquellos hombres que han asumido el rol de papás progenitores sin serlo, aquellos que deseando serlo, no han podido y decidieron adoptar a un niño huérfano. A todos los demás que en algún momento de su vida ha hecho las veces de padres y madres, dando un consejo y ayudando a los hijos perdidos y olvidados. A todos ellos un “Feliz Día del Padre”

A los pies de la Virgen del Parto

La Basílica de San Agustín en Roma, ubicada en proximidades de la plaza Navona,  es una de las primeras iglesias romanas construidas durante el Renacimiento en el año de 1420,  y reconstruida entre los años 1479 y 1483. Todos los días, esta Basílica recibe miles de peregrinos, entre turistas y devotos católicos, quienes la visitan para apreciar las bellas obras de arte como la Virgen de Loreto de Caravaggio, un fresco del Profeta Isaías de Rafael, la tumba de Santa Mónica, madre de San Agustín, y un lienzo de Guercino representando a los Santos Agustín, Juan Evangelista y Jerónimo, entre otros.
 
Cuando entras a la Basílica,  a tu mano izquierda, encuentras uno de los lugares más visitados por las parejas. Se trata de la Virgen del Parto, obra de Jacopo Sansovino (1518), donde la leyenda cuenta que la estatua fue realizada adaptando una antigua esfinge que retrata a Agrippina con su hijo Nerón en brazos.
 
Las parejas embarazadas o con el anhelo de serlo, postrados ante la virgen, le imploran a ella por un parto sano o el milagro de ser padres.  Nosotros no fuimos la excepción; tuvimos la fortuna de estar ante los pies de la Madre de Jesús y pedirle a ella para que cuide todo el proceso de embarazo de Andrea, siga bendiciendo en su desarrollo a nuestro hijo Thomás y nos conceda la dicha de tenerlo en nuestros brazos el 23 de noviembre.
Son muchos los milagros que  las parejas han obtenido. Basta con mirar alrededor de la virgen los detalles con la foto de los niños nacidos que le llevan a la Virgen a manera de promesa. 
 
Compartimos con ustedes la bella oración a la  Virgen del Parto, para que juntos encomendemos a las parejas que esperan en los próximos meses el nacimiento de su hijo; o por aquellas que desde la fe inagotable en Nuestro Señor, serán bendecidos con un bebé, en el tiempo de Dios.
 
Santa Madre de Dios y Virgen del Parto Divino,
venimos a tus pies para alabarte: Tú eres la hija predilecta
de Dios Padre, Tú eres la Madre de Dios Hijo hecho hombre,
Tú eres Templo de dios Espíritu Santo.
Tú eres la Virgen elegida desde la eternidad para
colaborar en la obra de nuestra salvación.
Pide a tu Hijo Jesús para nosotros una fe fuerte,
una esperanza sólida, una caridad generosa.
Virgen Madre, Confiamos a tu protección todas las madres
que te imploramos la salud para sus hijos y un parto sano,
de modo que la vida que llevan en su seno sea
defendida de todo peligro.
Concédeles poder volver ante ti con su criatura
para dar gracias a Dios, que obra maravillas
en quienes se acogen a Él con confianza.
Virgen del Parto, protege y defiende con amor todos los niños,
para que regenerados en el agua del bautismo
e incorporados a la Iglesia, crezcan serenos, llenos de vida,
se conviertan en testimonios valientes de tu Hijo Jesús y perseveren,
con la gracia del Espíritu Santo, en el camino de santidad. Amén.
Ave María…
Virgen del Parto Divino – Ruega por nosotros.