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Retiro en casa para parejas – Sexto Día

Sexto día: Resolver cambiar nuestros hábitos

 

Esto sexto hábito propone a las parejas a recordar las promesas que se hicieron en su boda. Es un llamado a asumir el arduo trabajo de cambiar nuestra vida, para Dios, nuestro cónyuge y nuestros hijos, con nuestras promesas matrimoniales como ancla. Debe conmovernos hacia un compromiso más profundo con el Señor, seguido de una resolución renovada de cambiar nuestras vidas por amor a Él.

 

Nuestra relación con Cristo

 

En comparación con las promesas que hicimos en el matrimonio, consideremos cómo también hacemos una promesa a Dios en la celebración de la Misa. Después de la Liturgia de la Palabra, solemos recitar el Credo. El Credo es el punto culminante de la Liturgia de la Palabra, el momento en el que reafirmamos nuestras creencias y nos comprometemos con ellas con nuestra vida. El Credo es nuestra profesión de fe y una renovación de nuestros votos bautismales a Dios. Estamos llamados a reflexionar sobre el compromiso que hicimos con Dios, en presencia de nuestra familia y amigos, a vivir estas enseñanzas de Cristo en nuestro mundo de hoy.

El Credo no es solo lo que creemos, también es nuestro grito de victoria. Es a lo que nos dedicamos cada vez que decimos ‘amén’ o, con algunas formas del Credo, cuando decimos ‘acepto’. Debe ser una declaración de lo que creemos y por lo que estamos dispuestos a morir en cualquier momento. Estas premisas son a las que se aferraron tantos santos en el pasado cuando fueron perseguidos, torturados y asesinados. El Credo debe inspirarnos a perseverar en hacer de nuestra vida un testimonio vivo de nuestro Señor y Salvador. Debe inspirarnos no sólo a vivir nuestra fe, sino a anunciarla al mundo entero con palabras y obras. El Credo debe ser declarado con el corazón decidido a vivir mejor la voluntad de Dios. Entonces, surge la pregunta: “¿Estamos dispuestos a hacer lo que sea necesario para vivir una vida más amorosa y centrada en Cristo a partir de ahora?”

Primero leamos o meditemos sobre las palabras de la oración del Padre Nuestro. A través de esta oración, estamos afirmando que queremos que se haga la voluntad de Dios aquí en la tierra como en el cielo. ¿Estamos dispuestos a hacer lo necesario para que su voluntad se cumpla a través de nosotros? Muchas veces esto significa negarnos a nosotros mismos y tomar nuestra cruz para seguir sus mandamientos de amar y sacrificarnos por los demás. ¿Estamos listos para hacer esto? Cuando decimos, “perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”, ¿estamos listos para empezar a perdonar verdaderamente a los que nos han hecho daño, sabiendo que Dios nos perdonará de la misma manera que nosotros perdonamos a los demás? Dios nos llama a tener un corazón contrito y humilde, que busca ser más como Cristo. Él nos está llamando a volver a comprometer nuestros corazones y nuestras vidas con Él resolviendo cambiar nuestras vidas y mejorar nuestra relación con Él por amor. En la oración buscamos el don de ser alimentados por nuestro Señor Eucarístico mientras le pedimos “Danos hoy nuestro pan de cada día”. Por último, declaramos nuestra dependencia de Él para que nos ayude a cambiar nuestras acciones pecaminosas que nos separan de Él y le pedimos la gracia de mejorar nuestras vidas mientras concluimos con, “no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal”.

Cristo mismo nos dio esta oración perfecta. No solo reconoce nuestro compromiso y nuestro amor y honor por Dios, sino que también declara la forma en que queremos que nuestras vidas reflejen su voluntad. Este nuevo compromiso y determinación nos permite entrar más profundamente en la recepción de nuestro Señor en la Eucaristía y es un gran modelo para construir nuestra unión conyugal con nuestro cónyuge aquí en la tierra.

 

Nuestra relación uno con el otro

 

Para que ocurra una verdadera sanación en un matrimonio que está emocionalmente ‘desnutrido’, tiene que pasar por una transformación. Dado que el pecado ha estado en el centro de todas las relaciones interpersonales desde la caída del hombre y la mujer en el Jardín del Edén, cada relación se ve obligada a lidiar con las complicaciones que surgen de él. Nos guste o no, todos pecamos y todos necesitamos la gracia diaria para luchar contra nuestras inclinaciones pecaminosas. Si no trabajamos intencionalmente contra ellos, tienden a convertirse en patrones profundamente arraigados en nuestras vidas que pueden ser muy difíciles de eliminar o cambiar. Por lo tanto, debemos pasar por una transformación para encontrar la sanación.

Estar comprometidos con las promesas que le hicimos a nuestro cónyuge en el matrimonio es fundamental para construir un matrimonio verdaderamente eucarístico. Una cosa es decir que lamentamos los errores que hemos cometido. Sin embargo, sin la determinación de cambiar nuestros comportamientos negativos, le comunicamos a nuestro cónyuge que no lo lamentamos de verdad ni tomamos en serio mejorar las cosas en nuestra relación. Podemos pedir perdón, y podemos ser perdonados, pero si no empezamos a cambiar los patrones que crearon nuestros problemas originales, eventualmente nos encontraremos alejándonos de la construcción de la unidad conyugal. Nuestros viejos patrones destructivos nos mantendrán atrapados en el ciclo de la división conyugal. En cambio, al enmendar nuestros patrones negativos, trabajamos para sanar y reconstruir la confianza rota.

Los cónyuges estamos juntos en este camino para animarnos, para levantarnos, para sanar las heridas del camino, para alegrarnos en el éxito, para llorar en el dolor y para ayudarnos mutuamente a descubrir el deseo más profundo mientras aprendemos a amar profundamente a Dios y uno al otro. Cada día debe ser un nuevo compromiso de nuestras vidas con nuestro cónyuge. Nuestras promesas conyugales deben impulsarnos a hacer los cambios necesarios para eliminar las barreras a nuestro amor y construir nuevas formas de servirnos generosamente el uno al otro.

Diálogo:

  1. ¿Cuál es un patrón en tu vida que te gustaría cambiar por el bien de nuestra relación y cómo puedo apoyarte para que lo logres?
  2. ¿Qué herramientas podemos utilizar para mantener nuestro matrimonio creciendo y en un camino saludable?
  3. Esta semana, busquemos hacer cambios intencionales en ciertos comportamientos que beneficiarán nuestro matrimonio.

 

Oración:

 

Señor, ayúdanos en este camino de hacer, de todo corazón, que nuestro matrimonio sea un Matrimonio Eucarístico. Ayúdanos a reconocer los patrones en nuestras propias vidas que son destructivos para nuestro matrimonio y danos a cada uno de nosotros la fuerza y el conocimiento para cambiarlos. Ayúdanos a mantener siempre nuestras promesas de matrimonio en nuestros corazones, para que nos motiven a amarnos y respetarnos el uno al otro. Te ofrecemos esta oración, Señor Jesús, a través de María y en unión con San José.

Descargar el Sexto Día en PDF

Siguiente – Séptimo día: Entrega Eucarística

Ver el Retiro Completo aquí

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