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Por Tu Matrimonio

Crónicas de ultramar

De Emilio Piñero Guilamany

Decía una frase en una oración que me repetían cuando era mocito “Señor, házme dócil a tus inspiraciones”.
Como todo lo que tiene enjundia y contenido, no arraigó en mí con velocidad supersónica pero, debió calarme hasta los tuétanos de los huesos, para con los años aparecer de nuevo cual artrosis, osea nada contemplativa.
Dócil, equivale a piedra, madera o espíritu que, se deja labrar con facilidad, moldeada suavemente por una mano amorosa que obra con paciencia de quien confía. Inspiración, es el estímulo que anima la labor creadora en cualquier ámbito, incluyendo el personal, que acostumbra a ser una brisa desconocida procedente de no sabes quien, aunque lo intuyas.

Así es el matrimonio, queridos lectores y, de su seguimiento más o menos respetado, depende tu familia, estabilidad y crecimiento personal.
Al igual que la conversión es un proceso que nunca termina, el matrimonio conlleva una renovación constante en la que los engranajes deben encajar con mimo, negociación, renuncia y apego lleno de agradecimiento. Es algo tan sencillo de decir que, ya lo he dicho. Sin embargo es una tarea que necesita de sangre, sudor y lágrimas. Nuestra naturaleza pecadora es impedimento sustancial suficiente para poner todo en riesgo y, por si las moscas, el diablo anda siempre al acecho, poniendo todos los palos del mundo en las ruedas para que todo se ponga “patas arriba”.

No te uniste a tu mujer para lucirla en el corral, ni para tener una fregona en casa que te hiciera de caniche aventajado. Tampoco tomaste marido para ser envidiado por nadie, ni por nada. Algo nuevo surgió, que alentó expectativas diferentes que conducen al respeto, a la prudencia, al deseo de instalarse en un nido de amor que sea perdurable. Una nueva ilusión sin límites, que el tiempo se encargará de moldear. Es el paso de la chispa o la llama espectacular, a una brasa serena que no se apaga y en la que aprenderán a arder nuevos leños.

Reconocer el bien mayor, por encima de los sueños que los tiempos transcurridos no disiparon. Valorar aquello de que puedas disponer, aceptando sus urgencias y, sus calmas. Al igual que tú, todos escondemos datos que resultan sorprendentes, por lo que los tiempos de noviazgo son necesarios, para conocimiento y reconocimiento del “pavo o pava” que te llevarás a casa. Eso, no lamento decirlo, limita otras investigaciones, que aportan poco, engañan mucho y representan un 0, algo %, de lo que resultará vital en la vida.
Alguien dijo en una ocasión que “en la posición horizontal, casi todo se une, y casi todos se entienden” (salvo casos de agresión, que no son ahora el caso).

Ver un anciano tomando de la mano a su media naranja, paseando sin prisa, con algún beso depositado en la mano ligeramente temblorosa, no tanto por los nervios como, por achaques propios de la edad, es una realidad absoluta que culmina la verdad verdadera del amor entrañable.
Es el amor de Dios, encarnado en dos corazones purificados por las contrariedades. Que aprendió a ser paciente, anticipándose a ser servido, sirviendo; que la envidia impide ser feliz con lo que se es y se tiene; que alardear acaba llevando a la última banca; que cuanto has precisado y necesitas, está ahí, a tu vera, con toda la pasión de siempre, amaneciendo en la profundidad de sus ojos cansados, que continúan centelleando cuando te miran.

No busques más, lo tienes todo. Una totalidad de la que los tuyos deben aprender. Coherencia y, no miccionar fuera de la jardinera. Nadie os dará más que quien aceptó internarse en lo desconocido, cuándo había muy poco que compartir y mucho que laborar, abandonando las seguridades y el calor de los nidos de progenitores.

De lo sembrado, se recoge y disfruta a continuación, siendo ejemplo para siguientes generaciones que, ocupados entre tanto modernismo que habla sin descanso de posesiones, están a verlas venir, sin saber lo que esperar. Con el tiempo, hasta las piedras maduran. El mundo es cíclico y los que antes eran un poco burros, ahora son un mucho asnos.

¡Al fin, todos con cuatro patas, las orejas largas y vamos detrás de las zanahorias de turno!