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Fe y vida espiritual

Para crecer juntos en la espiritualidad, trata siempre de acentuar los momentos y prácticas religiosas que los dos tienen en común.

Por Edgar Montalvo

Iniciar la vida matrimonial es, como su significado lo dice, comenzar una nueva vida, donde ya no eres tu sólo quien la construye sino la pareja. Por eso el diálogo, las negociaciones y los acuerdos se convertirán en el pan diario de cada día. Se trata pues de encontrar el punto medio donde ambos se encuentren satisfechos. Debes igualmente tener en cuenta que estos momentos y puntos de desacuerdo son la oportunidad perfecta para conocerte y conocer a tu esposo(a).

Este proceso no es siempre fácil. Sobre todo al inicio del matrimonio, descubrirás que las cosas más rutinarias de la vida pueden ser tema de discusión. Así por ejemplo, puedes encontrar discusiones por cómo llegar a tal o cual lado, cómo se cocina tal o cual platillo y hasta por cómo poner el rollo de papel higiénico en el baño. Pero también hay temas serios donde las convicciones y pensamientos íntimos de cada uno o de los dos están en juego y que por tanto son muy importantes. Ese es el caso de la de la fe y de la vida espiritual, tal como es vista por cada uno, y por tanto de las actitudes que como pareja deben o pueden asumir al respecto. 

Lo aconsejable es por eso que este tema se incluya en las conversaciones y los acuerdos previos a la convivencia matrimonial. Con miras a ayudarte en ese diálogo, te damos a continuación algunos consejos:

Para construir un hogar católico entre dos católicos:

Es muy común que, dentro de la comunidad hispana, se formen parejas que comparten la misma fe católica. Sin embargo, es probable que uno de los dos no tenga el mismo desarrollo espiritual ni el mismo nivel de compromiso con la fe. Es decir, que sea, como se dice coloquialmente,  solo “un calienta bancas” o “católico de miércoles de Ceniza y de fiestas patronales.” Es ahí cuando las cosas se comienzan a complicar. Si tu te encuentras en un caso como este, es muy recomendable que no intentes chantajear a esta persona emocionalmente para que haga lo que tu deseas pues puedes no sólo fastidiarlo sino incluso hacer que la persona se aleje aún más de la fe.

Trata más bien de acentuar los momentos y prácticas religiosas que los dos tienen en común. Intenta también ir, paso a paso, creando oraciones que los dos puedan hacer ‘juntos” a la hora de la comida, al despertar, y al dormir. No se trata de hacer todo un rosario al inicio pero sí de ir rodeando tu vida de la presencia de Cristo Jesús para que sea Su amor lo que los una y la fe no se vuelva una causa de divisiones.

Y si ambos son católicos pero nunca se han involucrado de lleno en la vida espiritual es muy recomendable que adopten juntos este nuevo estilo de vida que al final de cuentas, es el mismo que sus hijos adoptarán en un futuro. La preparación al matrimonio que ahora están haciendo puede ser un buen comienzo para que juntos se interesen por preguntar y saber un poco más de los fundamentos de la fe; para que los dos se confiesen y al preparar la Eucaristía de su día de bodas, conozcan mejor la belleza de la Misa y se interesen en seguirla frecuentando. Así, cuando sean ya esposos podrán buscar siempre en este Sacramento la fuerza para seguirse amando y entregando como Jesús. Este esfuerzo de celebrar juntos la Eucaristía y de ir creciendo en la fe es algo de lo cual nunca se arrepentirán pues es la garantía de grandes beneficios para la pareja. Miles de parejas dan testimonio de que su vida ha sido diferente desde cuando invitaron a Jesús a entrar en sus hogares y en su corazón.

Para Parejas donde uno es cristiano católico y el otro es cristiano de otra denominación o no es cristiano:

En este caso el respeto de la conciencia y fe del otro es decisivo: Ninguno de los dos debe por tanto intentar y mucho menos forzar a que el otro cambie de religión. Busquen más bien el equilibrio dando lugar a que cada cual crezca en su fe, y establezcan formas de oración en que juntos puedan unirse, ya sea leyendo y meditando la Sagrada Escritura (si ambos creen en Jesús), o compartiendo ritos u oraciones que sean comunes a las dos iglesias o que sean aceptables por los dos. Y por supuesto, hagan que sea su vida de amor y los valores  compartidos los que fundamenten su vida en común. Así aprovecharán lo mejor de ambas religiones.

Es igualmente importante no hacer críticas explícitas a la religión o la Iglesia del otro pues esto puede herir susceptibilidades y crear grandes divisiones en la pareja. Es de desear por eso que las parejas de cristianos, aunque no sean de la misma denominación, pertenezcan a Iglesias que mantienen un buen diálogo ecuménico y que no se condenan entre sí.

Debe igualmente quedar claro que, la Iglesia pide a la pareja con disparidad de culto (“matrimonios mixtos”) que se comprometa a bautizar y educar a los hijos dentro de la fe católica. Por eso, este punto debe ser discutido y acordado claramente antes del matrimonio.

Por último recuerda que la religiosidad y vida espiritual es algo que enriquece mucho nuestra vida personal y de pareja. Ella es parte de esa probadita de cielo que Dios tiene preparado para nosotros y debe comenzar a hacerse posible a través de nuestro amor por los demás y por tanto por nuestra pareja.

Más sobre este tema en Espiritualidad y FeEspiritualidad del matrimonio, Oración y Matrimonios Mixtos. Véase también Catecismo de la Iglesia Católica, 1641-1642 y 1633-1637.

 

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