Como va el matrimonio, así va la familia
En la medida que los esposos se amen, respeten, consideren y se comuniquen entre sí, así también lo harán los hijos tanto en el seno del hogar como en el mundo.
En 20 siglos de historia, el Magisterio de la Iglesia ha generado miles de páginas de enseñanzas sobre el matrimonio y la familia entre exhortaciones apostólicas, encíclicas y documentos conciliares. Sorprendentemente, el Beato Juan Pablo II, redactó más de la mitad de todas esas páginas en sólo 26 años de pontificado Por ello, Juan Pablo II fue conocido, entre otras cosas, como el Papa defensor de las familias. Recordemos que durante una de sus homilías en Australia, Juan Pablo II aseveró que “así como va la familia, así va la nación y así va el mundo en que vivimos”. Estas sabias y profundas palabras nos recuerdan que ciertamente la familia es la base de la sociedad y que la salud de la sociedad depende de la salud de las familias que la comprenden.
Juan Pablo II también nos enseñó con particular atención en su Exhortación Apostólica Familiaris Consortio y en su Carta a las Familias, que la familia es la primera escuela donde la persona humana aprende a amar. También es la familia el lugar idóneo donde la persona humana aprende y afirma los valores morales y las virtudes esenciales necesarias para llevar una vida sana, productiva y feliz.
Pero si continuamos esta línea de reflexión, también podemos concluir que, si la familia es la base de la sociedad, el matrimonio es a su vez la base de la familia ya que es de la unión del hombre y la mujer de la cual nace la familia. Y es que está más que comprobado que cómo se amen los padres es como amarán los hijos, con el respeto que se traten los padres es que los hijos tratarán a padres, hermanos y demás personas, como sean los padres de afectuosos, así serán los hijos, y con el respeto y la dignidad que se comuniquen los padres entre ellos, es que se comunicarán los hijos, no sólo en el seno de la familia, sino también en la sociedad.
Es también en el trato amable y amoroso entre los padres, que se fundamentan la seguridad, la estabilidad y la felicidad de los hijos. Esta definirá a su vez cuán fructífera será la vida de los hijos en la familia y la sociedad. En conclusión, es de crucial importancia que los esposos se den cuenta que es su ejemplo de vida el espejo donde se miran los hijos para aprender a amar y donde aprenden a respetar su propia dignidad y la de los demás. En la medida que los esposos se amen, respeten, consideren y se comuniquen entre sí, así también lo harán los hijos y así será la calidad de vida tanto en el seno del hogar como en el mundo. Por consiguiente, podemos confiadamente añadir a las sabias palabras de Juan Pablo II que como va el matrimonio, así va la familia.
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