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Lecturas bíblicas sobre el matrimonio

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“Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine a los peces del mar, a las aves del cielo, a los animales domésticos y a todo animal que se arrastra sobre la tierra”.

MATRIMONIO

LECTURAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO

1.     Gén 1, 26-28. 31

        Hombre y mujer los creó.

Del libro del Génesis

1, 26-28. 31

Dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine a los peces del mar, a las aves del cielo, a los animales domésticos y a todo animal que se arrastra sobre la tierra”. 

Y creó Dios al hombre a su imagen;

a imagen suya lo creó;

hombre y mujer los creó.

 Y los bendijo Dios y les dijo: “Sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todo ser viviente que se mueve sobre la tierra”. 

Vio Dios todo lo que había hecho y lo encontró muy bueno.

Palabra de Dios.

 2.     Gén 2, 18-24 (n. 6)

        Serán los dos una sola carne. 

Del libro del Génesis

2, 18-24

En aquel día, dijo el Señor Dios: “No es bueno que el hombre esté  solo. Voy a hacerle a alguien como él, para que lo ayude”.

Entonces el Señor Dios formó de la tierra todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo, y los llevó ante Adán para que les pusiera nombre y así todo ser viviente tuviera el nombre puesto por Adán.

Así, pues, Adán les puso nombre a todos los animales domésticos, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no hubo ningún ser semejante a Adán para ayudarlo.

Entonces el Señor Dios hizo caer al hombre en un profundo sueño, y mientras dormía, le sacó una costilla y cerró la carne sobre el lugar vacío.

Y de la costilla que le había sacado al hombre, Dios formó una mujer. Se la llevó al hombre y éste exclamó:

“Ésta sí es hueso de mis huesos

y carne de mi carne.

Ésta será llamada mujer,

porque ha sido formada del hombre”.

Por eso el hombre abandonará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.

Palabra de Dios.

3.     Gén 24, 48-51. 58-67 (n. 14)

        Con el amor de Rebeca, Isaac se consoló de la muerte de su madre.

Del libro del Génesis

24, 48-51. 58-67

En aquellos días, Eliezer, el siervo de Abraham, le dijo a Labán, hermano de Rebeca, y a Betuel, el padre de ella: “Bendigo al Señor, Dios de mi amo Abraham, que me ha traído por buen camino para tomar a la hija de su hermano y llevársela al hijo de mi amo. Díganme, pues, si por amor y lealtad a mi amo, aceptan o no, para que yo pueda actuar en consecuencia”.

Labán y Betuel le contestaron: “Todo esto lo ha dispuesto el Señor; nosotros no podemos oponernos. Ahí está Rebeca: tómala y vete, para que sea la mujer del hijo de tu amo, como lo ha dispuesto el Señor”. Llamaron, entonces, a Rebeca y le preguntaron si quería irse con ese hombre, y ella respondió que sí.

Así pues, despidieron a Rebeca y a su nodriza, al criado de Abraham y a sus compañeros. Y bendijeron a Rebeca con estas palabras: “Hermana nuestra, que tus descendientes se cuenten por millares y que conquisten las ciudades enemigas”. Rebeca y sus compañeras montaron en los camellos y se fueron con el criado de Abraham, encargado de llevar a Rebeca.

Isaac acababa de regresar del pozo de Lajay-Roí, pues vivía en las tierras del sur. Una tarde Isaac andaba paseando por el campo, y al levantar la vista, vio venir unos camellos. Cuando Rebeca lo vio, se bajó del camello y le preguntó al criado: “¿Quién es aquel hombre que viene por el campo hacia nosotros?” El criado le respondió: “Es mi señor”. Entonces ella tomó su velo y se cubrió el rostro.

El criado le contó a Isaac todo lo que había hecho. Isaac llevó a Rebeca a la tienda que había sido de Sara, su madre, y la tomó por esposa y con su amor se consoló de la muerte de su madre.

Palabra de Dios.

4.     Tob 7, 6-14 (n. 65)

        Que el Señor del cielo los acompañe, tenga misericordia de ustedes y les conceda su paz.

Del libro de Tobías

7, 6-14

En aquellos días, Ragüel besó a Tobías y entre lágrimas le dijo:
 “¡Que Dios te bendiga, porque eres hijo de un padre verdaderamente bueno e irreprochable! ¡Qué gran desgracia que un hombre justo y que hacía tantas limosnas se haya quedado ciego!” Y llorando, estrechó entre sus brazos a Tobías, hijo de su hermano. También Edna, su esposa, y Sara, su hija, rompieron a llorar. Ragüel los acogió cordialmente y mandó matar un carnero de su rebaño.

Después, se lavaron, se purificaron y se sentaron a la mesa. Entonces Tobías le dijo a Rafael: “Azarías, hermano, dile a Ragüel que me dé la mano de mi hermana Sara”. Ragüel alcanzó a escucharlo y le dijo a Tobías: “Come y bebe y descansa tranquilamente esta noche. Nadie tiene más derecho que tú, hermano, para casarse con mi hija Sara, y a nadie se la puedo yo dar sino a ti, porque tú eres mi pariente más cercano. Pero tengo que decirte una cosa, hijo. Se la he entregado a siete parientes nuestros y todos murieron antes de tener relaciones con ella. Por eso, hijo, come y bebe y el Señor cuidará de ustedes”.

Tobías replicó: “No comeré ni beberé, hasta que no hayas tomado una decisión acerca de lo que te he pedido”. Ragüel le contestó: “Está bien. Según la ley de Moisés, a ti se te debe dar. El cielo mismo lo ha decretado. Cásate, pues, con tu hermana; desde ahora tú eres su hermano, y ella, tu hermana. Desde hoy y para siempre será tu esposa. Hijo, que el Señor del cielo los acompañe durante esta noche, tenga misericordia de ustedes y les conceda su paz”.

Ragüel mandó llamar a su hija Sara, ella vino, y tomándola de la mano, se la entregó a Tobías, diciéndole: “Recíbela, pues, según lo prescrito en la ley de Moisés. A ti se te da como esposa. Tómala y llévala con bien a la casa de tu padre. Y que el Señor del cielo les conceda a ustedes un buen viaje y les dé su paz”.

Entonces Ragüel llamó a la madre de Sara y le pidió que trajera papel para escribir el acta de matrimonio, en que constara que su hija había sido entregada por esposa a Tobías, de acuerdo con lo establecido en la ley de Moisés. La esposa de Ragüel trajo el papel. Y él escribió y firmó. Y después se sentaron a cenar.

Palabra de Dios.

5.     Tob 8, 4-8 (n. 66)

        Haz que los dos juntos vivamos felices hasta la vejez.

Del libro de Tobías

8, 4-8

La noche de su boda, Tobías se levantó y le dijo a Sara: “¡Levántate, hermana! Supliquemos al Señor, nuestro Dios, que tenga misericordia de nosotros y nos proteja”. Se levantó Sara y comenzaron a suplicar al Señor que los protegiera, diciendo: “Bendito seas, Dios de nuestros padres y bendito sea tu nombre por los siglos de los siglos. Que te bendigan los cielos y todas tus creaturas por los siglos de los siglos. Tú creaste a Adán y le diste a Eva como ayuda y apoyo, y de ambos procede todo el género humano. Tú dijiste: ‘No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacer a alguien como él, para que lo ayude’ ”.

“Ahora, Señor, si yo tomo por esposa a esta hermana mía, no es por satisfacer mis pasiones, sino por un fin honesto. Compadécete, Señor, de ella y de mí y haz que los dos juntos vivamos felices hasta la vejez”.

Y los dos dijeron: “Amén, amén”.

Palabra de Dios.

6.     Cant 2, 8-10. 14. 16; 8, 6-7 (n. 88)

        El amor es fuerte como la muerte.

Del libro del Cantar de los Cantares

2, 8-10. 14. 16; 8, 6-7

Aquí viene mi amado saltando por los montes,

retozando por las colinas.

Mi amado es como una gacela, es como un venadito,

que se detiene detrás de nuestra tapia,

espía por las ventanas y mira a través del enrejado.

Mi amado me habla así:

“Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven.

Paloma mía, que anidas en las hendiduras de las rocas,

en las grietas de las peñas escarpadas,

déjame ver tu rostro y hazme oír tu voz,

porque tu voz es dulce y tu rostro encantador”.

Mi amado es para mí y yo para mi amado.

Grábame como un sello en tu brazo,

como un sello en tu corazón,

porque es fuerte el amor como la muerte,

es cruel la pasión como el abismo;

es centella de fuego, llamarada divina;

las aguas torrenciales no podrán apagar el amor

ni anegarlo los ríos.

Palabra de Dios.

7.     Eclo (Sir) 26, 1-4. 16-21 (n. 101)

        Como el sol que brilla en el cielo del Señor, así es la mujer bella en su casa bien arreglada.

Del libro del Eclesiástico (Sirácide)

26, 1-4. 16-21

Dichoso el marido de una mujer buena:

se doblarán los años de su vida.

La mujer hacendosa es la alegría de su marido,

y él vivirá su vida en paz.

La mujer buena es un tesoro:

lo encuentran los que temen al Señor;

sean ricos o pobres, estarán contentos

y siempre vivirán con alegría.

La mujer servicial alegra a su marido;

la que es cuidadosa le causa bienestar.

La mujer discreta es un don del Señor;

y la bien educada no tiene precio.

La mujer modesta duplica su encanto

y la que es dueña de sí supera toda alabanza.

Como el sol que brilla en el cielo del Señor,

así es la mujer bella en su casa bien arreglada.

Palabra de Dios.

8.     Jer 31, 31-32. 33-34 (n. 150)

        Haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva.

Del libro del profeta Jeremías

31, 31-32. 33-34

“Se acerca el tiempo, dice el Señor,

en que haré con la casa de Israel

y la casa de Judá una alianza nueva.

No será como la alianza que hice con los padres de ustedes,

cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto.

Ésta será la alianza nueva

que voy a hacer con la casa de Israel:

Voy a poner mi ley en lo más profundo de su mente

y voy a grabarla en sus corazones.

Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.

Ya nadie tendrá que instruir a su prójimo ni a su hermano,

diciéndole: ‘Conoce al Señor’,

porque todos me van a conocer,

desde el más pequeño hasta el mayor de todos”.

Palabra de Dios.

 

LECTURAS DEL NUEVO TESTAMENTO

 

1.     Rom 8, 31-35. 37-39 (n. 506)

        ¿Qué cosa podrá apartarnos del amor con que nos ama Cristo?

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos

8, 31-35. 37-39

Hermanos: Si Dios está a nuestro favor, ¿quién estará en contra nuestra? El que no nos escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no va a estar dispuesto a dárnoslo todo, junto con su Hijo? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Si Dios mismo es quien los perdona, ¿quién será el que los condene? ¿Acaso Jesucristo, que murió, resucitó y está a la derecha de Dios para interceder por nosotros?

¿Qué cosa podrá apartarnos del amor con que nos ama Cristo? ¿Las tribulaciones? ¿Las angustias? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La espada?

Ciertamente de todo esto salimos más que victoriosos, gracias a aquel que nos ha amado; pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni el presente ni el futuro, ni los poderes de este mundo, ni lo alto ni lo bajo, ni creatura alguna podrá apartarnos del amor que nos ha manifestado Dios en Cristo Jesús.

Palabra de Dios.

2.     Rom 12, 1-2. 9-18 (forma breve: 1-2. 9-13) (n. 509)

        Ofrézcanse ustedes mismos como una ofrenda viva, santa y agradable a Dios.

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos

12, 1-2. 9-18

Hermanos: Por la misericordia que Dios les ha manifestado, los
exhorto a que se ofrezcan ustedes mismos como una ofrenda viva, santa y agradable a Dios, porque en esto consiste el verdadero culto. No se dejen transformar por los criterios de este mundo; sino dejen que una nueva manera de pensar los transforme internamente, para que sepan distinguir cuál es la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto.

Que el amor de ustedes sea sincero. Aborrezcan el mal y practiquen el bien; ámense cordialmente los unos a los otros, como buenos hermanos; que cada uno estime a los otros más que a sí mismo. En el cumplimiento de su deber, no sean negligentes y mantengan un espíritu fervoroso al servicio del Señor. Que la esperanza los mantenga alegres; sean constantes en la tribulación y perseverantes en la oración. Ayuden a los hermanos en sus necesidades y esmérense en la hospitalidad.

Bendigan a los que los persiguen; bendíganlos, no los maldigan. Alégrense con los que se alegran; lloren con los que lloran. Que reine la concordia entre ustedes. No sean, pues, altivos; más bien pónganse al nivel de los humildes.

A nadie devuelvan mal por mal. Esfuércense en hacer el bien delante de todos los hombres. En cuanto de ustedes depende, hagan lo posible por vivir en paz con todo el mundo.

Palabra de Dios.

O bien: Forma breve:

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos

12, 1-2. 9-13

Hermanos: Por la misericordia que Dios les ha manifestado, los
exhorto a que se ofrezcan ustedes mismos como una ofrenda viva, santa y agradable a Dios, porque en esto consiste el verdadero culto. No se dejen transformar por los criterios de este mundo, sino dejen que una nueva manera de pensar los transforme internamente, para que sepan distinguir cuál es la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto.

Que el amor de ustedes sea sincero. Aborrezcan el mal y practiquen el bien; ámense cordialmente los unos a los otros, como buenos hermanos; que cada uno estime a los otros más que a sí mismo. En el cumplimiento de su deber, no sean negligentes y mantengan un espíritu fervoroso al servicio del Señor. Que la esperanza los mantenga alegres; sean constantes en la tribulación y perseverantes en la oración. Ayuden a los hermanos en sus necesidades y esmérense en la hospitalidad.

Palabra de Dios.

3.     1 Cor 6, 13-15. 17-20 (n. 528)

        Sus miembros son templo del Espíritu Santo.

De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios

6, 13-15. 17-20

Hermanos: El cuerpo no es para fornicar, sino para servir al Señor; y el Señor, para santificar el cuerpo. Dios resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros con su poder.

¿No saben ustedes que sus cuerpos son miembros de Cristo? Y el que se une al Señor, se hace un solo espíritu con él. Huyan, por lo tanto, de la fornicación. Cualquier otro pecado que cometa una persona, queda fuera de su cuerpo; pero el que fornica, peca contra su propio cuerpo.

¿O es que no saben ustedes que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que han recibido de Dios y habita en ustedes? No son ustedes sus propios dueños, porque Dios los ha comprado a un precio muy caro. Glorifiquen, pues, a Dios con el cuerpo.

Palabra de Dios.

4.     1 Cor 12, 31–13, 8 (n. 543)

        Si no tengo amor, nada me sirve.

De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios

12, 31–13, 8

Hermanos: Aspiren a los dones de Dios más excelentes. Voy a
mostrarles el camino mejor de todos. Aunque yo hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, no soy más que una campana que resuena o unos platillos que aturden. Aunque yo tuviera el don de profecía y penetrara todos los misterios, aunque yo poseyera en grado sublime el don de ciencia y mi fe fuera tan grande como para cambiar de sitio las montañas, si no tengo amor, nada soy. Aunque yo repartiera en limosnas todos mis bienes y aunque me dejara quemar vivo, si no tengo amor, de nada me sirve.

El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no es presumido ni se envanece; no es grosero ni egoísta; no se irrita ni guarda rencor; no se alegra con la injusticia, sino que goza con la verdad. El amor disculpa sin límites, confía sin límites, espera sin límites, soporta sin límites. El amor dura por siempre.

Palabra de Dios.

5.     Ef 5, 2. 21-33 (forma breve: 2. 25-32) (n. 593)

        Éste es un gran misterio, y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.

De la carta del apóstol san Pablo a los efesios

5, 2. 21-33

Hermanos: Vivan amando, como Cristo, que nos amó y se entregó por nosotros.

Respétense unos a otros, por reverencia a Cristo: que las mujeres respeten a sus maridos, como si se tratara del Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza y salvador de la Iglesia, que es su cuerpo. Por lo tanto, así como la Iglesia es dócil a Cristo, así también las mujeres sean dóciles a sus maridos en todo.

Maridos, amen a sus esposas como Cristo amó a su Iglesia y se entregó por ella para santificarla, purificándola con el agua y la palabra, pues él quería presentársela a sí mismo toda resplandeciente, sin mancha ni arruga ni cosa semejante, sino santa e inmaculada.

Así los maridos deben amar a sus esposas, como cuerpos suyos que son. El que ama a su esposa se ama a sí mismo, pues nadie jamás ha odiado a su propio cuerpo, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo.

Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. Éste es un gran misterio, y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.

En una palabra, que cada uno de ustedes ame a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete a su marido.

Palabra de Dios.

O bien: Forma breve:

De la carta del apóstol san Pablo a los efesios

5, 2. 25-32

Hermanos: Vivan amando, como Cristo, que nos amó y se entre gó por nosotros.

Maridos, amen a sus esposas como Cristo amó a su Iglesia y se entregó por ella para santificarla, purificándola con el agua y la palabra, pues él quería presentársela a sí mismo toda resplandeciente, sin mancha ni arruga ni cosa semejante, sino santa e inmaculada.

Así los maridos deben amar a sus esposas, como cuerpos suyos que son. El que ama a su esposa se ama a sí mismo, pues nadie jamás ha odiado a su propio cuerpo, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo.

Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. Éste es un gran misterio, y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.

Palabra de Dios.

6.     Col 3, 12-17 (n. 611)

        Sobre todo, tengan amor, que es el vínculo de la perfecta unión.

 

De la carta del apóstol san Pablo a los colosenses

3, 12-17

H ermanos: Puesto que Dios los ha elegido a ustedes, los ha con-
sagrado a él y les ha dado su amor, sean compasivos, magnánimos, humildes, afables y pacientes. Sopórtense mutuamente y perdónense cuando tengan quejas contra otro, como el Señor los ha perdonado a ustedes. Y sobre todas estas virtudes, tengan amor, que es el vínculo de la perfecta unión.

Que en sus corazones reine la paz de Cristo, esa paz a la que han sido llamados como miembros de un solo cuerpo. Finalmente, sean agradecidos.

Que la palabra de Cristo habite en ustedes con toda su riqueza. Enséñense y aconséjense unos a otros lo mejor que sepan. Con el corazón lleno de gratitud, alaben a Dios con salmos, himnos y cánticos espirituales, y todo lo que digan y todo lo que hagan, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dándole gracias a Dios Padre, por medio de Cristo.

Palabra de Dios.

7.     1 Pe 3, 1-9 (n. 669)

        Vivan en armonía, sean compasivos, ámense como hermanos.

De la primera carta del apóstol san Pedro

3, 1-9

Ustedes, mujeres, sean respetuosas con sus maridos, para que,
incluso si algunos de ellos se resisten a creer en la palabra de salvación, sean ganados no por palabras, sino por la conducta intachable y recatada de ustedes.

No se preocupen tanto del adorno exterior: los peinados, las joyas y los vestidos, sino de adornar interiormente el corazón con la belleza inalterable de un espíritu apacible y sereno. Esto es lo que vale a los ojos de Dios.

Así se engalanaban en otro tiempo las santas mujeres, que tenían puesta su esperanza en Dios y eran dóciles con sus maridos, como Sara, que obedecía a Abraham y lo llamaba su señor. Pues, si ustedes hacen el bien y no se dejan intimidar por nada, serán dignas hijas de ella.

En cuanto a ustedes, maridos, vivan la vida matrimonial en un clima de comprensión y respeto, teniendo en cuenta que la mujer es una persona más delicada y que, junto con ella, ustedes participan de la vida de la gracia. Así, tendrán asegurado el fruto de sus oraciones.

Finalmente, vivan todos en armonía, sean compasivos, ámense como hermanos, sean bondadosos y humildes. No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto; al contrario, pídanle a Dios cosas buenas para todos, pues han sido llamados por él a poseer como herencia los bienes del cielo.

Palabra de Dios.

8.     1 Jn 3, 18-24 (n. 684)

        Amemos de verdad y con las obras.

De la primera carta del apóstol san Juan

3, 18-24

Hijos míos, no amemos solamente de palabra, amemos de verdad
y con las obras. En esto conoceremos que somos de la verdad, y delante de Dios tranquilizaremos nuestra conciencia de cualquier cosa que ella nos reprochare, porque Dios es más grande que nuestra conciencia y todo lo conoce. Si nuestra conciencia no nos remuerde, entonces, hermanos míos, nuestra confianza en Dios es total.

Puesto que cumplimos los mandamientos de Dios y hacemos lo que le agrada, ciertamente obtendremos de él todo lo que le pidamos. Ahora bien, éste es su mandamiento: que creamos en la persona de Jesucristo, su Hijo, y nos amemos los unos a los otros, conforme al precepto que nos dio.

Quien cumple sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él. En esto conocemos, por el Espíritu que él nos ha dado, que él permanece en nosotros.

Palabra de Dios.

9.     1 Jn 4, 7-12 (n. 686)

        Dios es amor.

De la primera carta del apóstol san Juan

4, 7-12

Queridos hijos: Amémonos los unos a los otros, porque el amor
viene de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama, no conoce a Dios, porque Dios es amor. El amor que Dios nos tiene se ha manifestado en que envió al mundo a su Hijo unigénito, para que vivamos por él.

El amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero y nos envió a su Hijo, como víctima de expiación por nuestros pecados.

Si Dios nos ha amado tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros. A Dios nadie lo ha visto nunca; pero si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y su amor en nosotros es perfecto.

Palabra de Dios.

10.   Apoc 19, 1. 5-9 (n. 704)

        ¡Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero!

Del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan

19, 1. 5-9

Yo, Juan, oí algo parecido a la voz potente de una gran muchedumbre, que decía en el cielo: “¡Aleluya! Nuestro Dios es un Dios salvador, lleno de gloria y de poder”.

Y del trono de Dios salió una voz que decía: “Alaben a nuestro Dios, todos sus siervos, los que lo temen, pequeños y grandes”.

Oí entonces algo como el rumor de una muchedumbre inmensa, como el estruendo de un río caudaloso y el retumbar imponente de los truenos. Decían: “¡Aleluya!” El Señor, Dios nuestro, todopoderoso, ha establecido su reinado. Llenémonos de gozo y alegría y alabemos la grandeza del Señor, porque ha llegado el tiempo de las bodas del Cordero, y su esposa ya está preparada. Dios le ha concedido vestirse de lino finísimo y deslumbrante”. El lino representa las obras bue­nas de los santos.

Entonces un ángel me dijo: “Escribe: ‘Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero’ ”.

Palabra de Dios.

 

ACLAMACIONES

 

1.     1 Jn 4, 7 (n. 1034)

        Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.

2.     1 Jn 4, 8. 11 (n. 1035)

        Dios es amor. Si Dios nos ha amado tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros.

3.     1 Jn 4, 12 (n. 1037)

        Si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.

4.     1 Jn 4, 16 (n. 1038)

        Quien permanece en el amor, permanece en Dios, y Dios en él, dice el Señor.

 

EVANGELIOS

  • Mt 5, 1-12 (n. 193)

            Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos.

    Del santo Evangelio según san Mateo 5, 1-12

    En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al
    monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles y les dijo:

    “Dichosos los pobres de espíritu,

    porque de ellos es el Reino de los cielos.

    Dichosos los que lloran,

    porque serán consolados.

    Dichosos los sufridos,

    porque heredarán la tierra.

    Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,

    porque serán saciados.

    Dichosos los misericordiosos,

    porque obtendrán misericordia.

    Dichosos los limpios de corazón,

    porque verán a Dios.

    Dichosos los que trabajan por la paz,

    porque se les llamará hijos de Dios.

    Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,

    porque de ellos es el Reino de los cielos.

    Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos”.

    Palabra del Señor.

  • Mt 5, 13-16 (n. 196)

            Ustedes son la luz del mundo.

    Del santo Evangelio según san Mateo 5, 13-16

    En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes son la sal
    de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolve­rá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.

    Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa.

    Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos.

    Palabra del Señor.

  • Mt 7, 21. 24-29  (forma breve: 21. 24-25) (n. 205)

            Edificó su casa sobre roca.

    Del santo Evangelio según san Mateo 7, 21. 24-29

    En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No todo el que me
    diga: ‘¡Señor, Señor!’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos.

    El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca.

    El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre imprudente, que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos, dieron contra aquella casa y la arrasaron completamente’’.

    Cuando Jesús terminó de hablar, la gente quedó asombrada de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.

    Palabra del Señor.

    O bien: Forma breve:

    Del santo Evangelio según san Mateo

    7, 21. 24-25

    En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No todo el que me
    diga: ‘¡Señor, Señor!’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos.

    El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca”.

    Palabra del Señor.

  • Mt 19, 3-6 (n. 240)

            Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.

    Del santo Evangelio según san Mateo 19, 3-6

    En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y, para ponerle una trampa, le preguntaron: “¿Le está permitido al hombre divorciarse de su esposa por cualquier motivo?”

    Jesús les respondió: “¿No han leído que el Creador, desde un principio los hizo hombre y mujer, y dijo: ‘Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, para unirse a su mujer, y serán los dos una sola carne?’ De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Así pues, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”.

    Palabra del Señor.

  • Mt 22, 35-40 (n. 247)

            Éste es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste.

    Del santo Evangelio según san Mateo 22, 35-40

    En aquel tiempo, un fariseo que era doctor de la ley, le preguntó a
    Jesús, para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?”

    Jesús le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas”.

    Palabra del Señor.

  • Mc 10, 6-9 (n. 275)

            Ya no son dos, sino una sola carne.

    Del santo Evangelio según san Marcos 10, 6-9

    En aquel tiempo, Jesús dijo: desde el principio, al crearlos, Dios
    los hizo hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Por eso, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”.

    Palabra del Señor.

  • Jn 2, 1-11 (n. 369)

            Esto que hizo Jesús en Caná de Galilea fue el primero de sus signos milagrosos.

    Del santo Evangelio según san Juan 2, 1-11

    En aquel tiempo, hubo una boda en Caná de Galilea, a la cual
    asistió la madre de Jesús. Éste y sus discípulos también fueron invitados. Como llegara a faltar el vino, María le dijo a Jesús: “Ya no tienen vino”. Jesús le contestó: “Mujer, ¿qué podemos hacer tú y yo? Todavía no llega mi hora”. Pero ella dijo a los que servían: “Hagan lo que él les diga”.

    Había allí seis tinajas de piedra, de unos cien litros cada una, que ser­vían para las purificaciones de los judíos. Jesús dijo a los que ser­vían: “Llenen de agua esas tinajas”. Y las llenaron hasta el borde. Entonces les dijo: “Saquen ahora un poco y llévenselo al encargado de la fiesta”. Así lo hicieron, y en cuanto el encargado de la fiesta probó el agua convertida en vino, sin saber su procedencia, porque sólo los sirvientes la sabían, llamó al novio y le dijo: “Todo el mundo sirve primero el vino mejor, y cuando los invitados ya han bebido bastante, se sirve el corriente. Tú, en cambio, has guardado el vino mejor hasta ahora”.

    Esto que hizo Jesús en Caná de Galilea fue el primero de sus signos. Así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.

    Palabra del Señor.

  • Jn 15, 9-12 (n. 410)

            Permanezcan en mi amor.

    Del santo Evangelio según san Juan 15, 9-12

    En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Como el Padre me
    ama, así los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena.

    Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado’’.

    Palabra del Señor.

  • Jn 15, 12-16 (n. 412)

            Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros.

    Del santo Evangelio según san Juan 15, 12-16

    En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Éste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande a sus amigos que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre.

    No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre’’.

    Palabra del Señor.

  • Jn 17, 20-26  (forma breve: 20-23) (n. 422)

            Que su unidad sea perfecta.

    Del santo Evangelio según san Juan 17, 20-26

    En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: “Padre, no
    sólo te pido por mis discípulos, sino también por los que van a creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti somos uno, a fin de que sean uno en nosotros y el mundo crea que tú me has enviado.

    Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que su unidad sea perfecta y así el mundo conozca que tú me has enviado y que los amas, como me amas a mí.

    Padre, quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que me has dado, para que contemplen mi gloria, la que me diste, porque me has amado desde antes de la creación del mundo.

    Padre justo, el mundo no te ha conocido; pero yo sí te conozco y éstos han conocido que tú me enviaste. Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que me amas esté en ellos y yo también en ellos’’.

    Palabra del Señor.

    O bien: Forma breve:

    Del santo Evangelio según san Juan 17, 20-23

    En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: “Padre, no
    sólo te pido por mis discípulos, sino también por los que van a creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti somos uno, a fin de que sean uno en nosotros y el mundo crea que tú me has enviado.

    Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que su unidad sea perfecta y así el mundo conozca que tú me has enviado y que los amas, como me amas a mí’’.

    Palabra del Señor.

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