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Cohabitación, unión libre y matrimonio

Al entregar sus cuerpos y compartir el mismo espacio vital, lo piensen o no, las personas están dando mucho de sí y sin ninguna garantía.

Por Hermana Patricia Brown

La cohabitación o unión libre es el tipo de relación que establece una pareja cuando sin estar casada por la Iglesia o por lo civil y sin tener intención definitiva de casarse, comparten techo y cama. La unión libre "de hecho" es cuando una pareja vive como matrimonio estable, sin haberse casado. La diferencia entre la cohabitación y la unión libre de hecho es que la primera carece de todo compromiso e institucionalidad (matrimonio a prueba), mientras que en las segundas hay intención de permanecer viviendo así.

Con todo, tanto la cohabitación como la unión libre de hecho, se caracterizan por su inestabilidad y falta de compromiso de la pareja entre sí, ante la sociedad y frente a los hijos que puedan surgir de la relación. Por eso, la Iglesia Católica advierte repetidas veces a sus fieles sobre el gran peligro de arriesgar sus vidas emotivas dentro de este tipo de relación e invita a las parejas a que consideren los beneficios de un verdadero matrimonio:

  • Al entregar sus cuerpo y compartir el mismo espacio vital, lo piensen o no, las personas están dando mucho de sí y poniendo en juego su intimidad, su futuro, su emotividad y el futuro de una posible creatura, sin que se ofrezca ninguna garantía de ser aceptado, amado y respetado “para siempre” (indisolubilidad) como lo ofrece en cambio un compromiso matrimonial.
  • En muchos casos, la unión libre se toma como una forma de “ensayar” o “probar” si la relación puede o no funcionar. Se parte por tanto del hecho que en cualquier momento me van a dejar o puedo dejar a la otra persona. Por eso, se pregunta el Catecismo de la Iglesia Católica, ¿qué puede significar una unión en la que las personas no se comprometen entre sí y testimonian con ello una falta de confianza en el otro, en sí mismo, o en el porvenir? (CIC 2390).
  • La gran mayoría de las uniones libres terminan acabándose en los primeros 5 años y entre las que parecen “estables” hay más divorcios que entre los casados.
  • Son muchas menos las parejas que después de convivir se casan que las que deciden casarse sin haber convivido antes.
  • Los problemas de salud (causado generalmente por abuso de alcohol, droga y tabaco), los malos tratos, el desempleo y los problemas con los hijos son mucho más frecuentes entre personas que viven en unión libre.
  • La vida sexual que en sí misma es “la entrega más íntima” entre un hombre y una mujer, se ve contradictoriamente afectada en la unión libre dada la falta de entrega y compromiso real en que se vive. De ahí el dolor y efectos psicológicos que padecen quienes terminan siendo “dejados”, pues se sienten engañados, frustrados y ofendidos en su dignidad y confianza en el amor del otro. A este daño se agrega el hecho que quienes viven en unión libre no desean tampoco el compromiso de un hijo. Por eso su entrega está marcada por la falta de generosidad que supone el estar abiertos a la vida. En pocas palabras, como lo enseña la Iglesia, la entrega sexual supone el compromiso matrimonial. De otro modo se transforma en un acto egoísta y profundamente dañino y por eso es pecaminoso.
  • Un alto porcentaje de jóvenes hispanos comienzan a cohabitar y reproducirse desde muy temprana edad. Como consecuencia, estos jóvenes, especialmente la madre, posee menores estudios y menores posibilidades de trabajo e ingresos. Se produce así una consolidación y profundización de la pobreza.
  • En familias de precaria constitución, como lo son las que cohabitan, hay mayores índices de violencia.
  • Los hijos de convivientes tienen menores índices de escolaridad.
  • La primera escuela del amor es la familia. Pero, ¿qué clase de relación pueden enseñar quienes no fundan sus relaciones en la responsabilidad y el compromiso incondicional?

Tampoco el matrimonio civil reúne las características necesarias de una unión para siempre ni está basado, como el matrimonio católico, en el amor de Dios que trasciende los impulsos humanos e invita por tanto a una entrega a imitación de Cristo en la Cruz.

¿Cómo puede una pareja que lleva muchos años de unión libre casarse en el templo parroquial?

Lo más práctico es hablar con el párroco o el diácono de la Iglesia donde se van a casar. Este tipo de matrimonio se conoce también como “convalidación” y por eso, si se estima conveniente, el párroco exime a los contrayentes del requisito del curso pre-matrimonial y organiza para ellos ceremonias privadas.

 

Para mayor información, visita:

  • Nuestra sección Prepara tu matrimonio
  • Familiaris Consortio, 13 y 81
  • Vaticano II, Gaudium et Spes, 48; Catecismo de la Iglesia Católica, 1643
  • USCCB Bishops, Human Sexuality, Chapter III; Pontificio Concilio para la familia, Sexualidad Humana. Verdad y Significado, 14-15
  • Familias, matrimonios y uniones de hecho, Consejo Pontificio para la Familia, 2000

 

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