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Desafíos al verdadero amor conyugal

Dios creó al hombre y la mujer a su imagen y semejanza (Gen. 1:25). Y siendo que Dios es el amor mismo, inscribió en la naturaleza del hombre y la mujer ese mismo amor divino.  Por ello, el amor conyugal verdadero, según el diseño de Dios requiere que tanto el hombre como la mujer se amen el uno al otro con el amor de Dios, es decir, amando como Dios ama.   El amor de Dios es un amor que siempre busca el bien del amado, un amor que se da por entero, sin reservas, un amor que se da porque quiere, no porque le obligan, un amor fiel y leal en todo momento y ante todos, y un amor que da frutos de vida, alegría y paz.

Pero el mundo siempre presenta desafíos que buscan aniquilar el verdadero amor, que son vehículos que tienen como fin destruir el plan de Dios para el matrimonio y por consiguiente, la felicidad y santidad que son el propósito ultimo del matrimonio; particularmente el matrimonio de una pareja que invita a Dios como centro de sus vidas, pues ellos son el reflejo mas claro del amor de Dios en la tierra.  Estos desafíos son no solo constantes sino persistentes, por ello hay que tenernos presente y estar astutos como parejas para no caer en sus redes. 

Un desafío que es evidencia tangible de que el amor conyugal no es verdadero es el egoísmo, puesto que éste se puede considerar de alguna manera como la antítesis del verdadero amor.  Pues si el verdadero amor consiste darse totalmente y buscar siempre el bien de la persona amada, el egoísmo es simple y llanamente buscar el bien propio, el propio placer, aun a expensas de la persona amada.  Por ende el egoísmo se manifiesta en conductas que buscan usar a la pareja para beneficio propio.  Podemos ver entonces que el egoísmo, más que desafío es un dardo destinado a destruir el amor verdadero.  Por ello es que del egoísmo nacen la mayoría de los desafíos al verdadero amor conyugal.  Veamos.

Del egoísmo nace el desafío de la infidelidad que ataca y en muchos casos destruye la pareja.  La infidelidad nace del egoísmo que mueve al infiel a gozar de un placer vano, pasajero y vacío de todo compromiso y respeto a la pareja sólo por el propio placer.  Es escoger el propio placer aun a expensas de la dignidad y la felicidad de la pareja a la cual se le ha dado palabra de fidelidad y lealtad, aun cuando éste pone en riesgo su salud física, emocional y espiritual.

De igual modo las adicciones, inclúyanse la adicción al alcohol, las drogas, el sexo (y su gran aliada, la pornografía), que llevan a la persona humana a someterse y ser esclava de la necesidad constante de recibir un momento de relajación y placer, aunque este dure poco tiempo y luego tenga que recurrirse a repetir la conducta que produce esa pasajera gratificación.  Esto todo a expensas de la felicidad y tranquilidad de la pareja de aquella persona víctima y presa de la adicción, pues su dependencia resulta en el rechazo y el maltrato al bienestar físico, emocional, espiritual y económico de la pareja y la familia.

También el egoísmo es padre de otro importante desafío, la comunicación inefectiva.  Y es que la comunicación amorosa, respetuosa, empática y efectiva que es necesaria para el éxito del matrimonio se basa justamente en enfocar nuestra comunicación en escuchar el sentir y las necesidades del ser amado, más que en el demandar que se nos escuche, entienda y complazca sin tener en cuenta el sentir y las necesidades de la pareja. 

El egoísmo es también padre del individualismo que rige la propia vida buscando siempre ser el centro de todo y que todo lo que se haga o se diga sea para sacar beneficio personal, y no el bien del ser amado.  También el hedonismo es hijo del egoísmo y en la cultura actual es un desafío peligrosísimo que puede acabar con la vida del matrimonio.  El hedonista es aquel que rige su vida pensando que si algo le produce placer, pues lo hace, a expensas de todo y de todos.   Estos son solo algunos de los más importantes desafíos que enfrenta el amor conyugal y que pueden impedir que la pareja disfrute de un matrimonio verdaderamente sano y feliz. 

Pero la buena noticia es que si la pareja voluntaria e intencionalmente invita a Dios a ser el centro y roca de sus vidas, y juntos así lo claman en su oración conyugal, el Espíritu Santo se derramará sobre la pareja, purificará su amor, compromiso e intenciones, y les dará a ambos la fuerza para sobrellevar y aun vencer todos los desafíos que el mundo les presente.  Por ello es importantísimo que la pareja se mantenga unida en oración y que unida frecuentemente reciba los sacramentos, en especial la Eucaristía, que es la viva presencia de Dios en sus vidas y la fuente de gracia, fuerza y bendición que ciertamente les hará que su amor triunfe sobre toda desafío que pueda atacar su amor y compromiso.  También le instamos a que alimente su matrimonio con los recursos, reflexiones, videos y consejos que les ofrece www.portumatrimonio.org, recordando siempre que con Cristo ¡somos más que vencedores!

 

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